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Múltiples movilizaciones estudiantiles ante medidas antieducativas de Kast y militarización de las aulas
5 de juny, per adiospgou05/06/2026Fuente:Etiquetas:Múltiples movilizaciones estudiantiles ante medidas antieducativas de Kast y militarización de las aulas
5 de junio de 2026 - por La Zarzamora
Por: La Zarzamora
El pasado 3 de junio, se realizaron multitudinarias marchas estudiantiles en las distintas regiones del territorio ocupado por Chile, en respuesta a las últimas medidas antieducativas del gobierno; por un lado el proyecto de megareforma, que actualmente se encuentra en tramitación en el Senado y que implica una serie de recortes económicos que incluyen al sistema de educación, y por otro, la militarización de los establecimientos educacionales, con un aumento progresivo de lo que en un principio fue conocido como «Aula Segura» y que hoy se agudiza en la iniciativa legal «Escuela Protegida».
En regiones, específicamente en Concepción, la convocatoria fue ampliamente concurrida por estudiantes de educación básica, media y universitaria, así como también, por estudiantes de los diferentes Hogares Mapuche, quienes se manifestaron de igual manera por la libertad de lxs presxs políticxs y contra la reforma a la Ley Indígena anunciada por Kast en la cuenta pública, que pretende eliminar los pocos resguardos que existen para proteger las tierras ancestrales, de la usurpación estatal y privada.
En Santiago, las fuerzas represivas actuaron con su común cobardía, reprimiendo a la multitud y dejando a una estudiante de Derecho de la Universidad de Chile, con múltiples fracturas en su rostro, quien deberá ser intervenida quirúrgicamente.
Recortes y Militarización
Cabe recordar que los recortes en educación comprenderían: el PAE (Programa de Alimentación Escolar), el Fondo de Apoyo a la Educación Pública, el Programa de Acompañamiento de Acceso a la Educación Superior, entre otras becas y beneficios.
Por otra parte, Escuela Protegida, iniciativa despachada ya por el Congreso, implica una serie de medidas que transgreden profundamente a la comunidad escolar, enfocándose antipedagógicamente en la criminalización de infancias y adolescencias, permitiendo vulneraciones como: registro y revisión de mochilas, medidas disciplinarias que impiden elementos que resguardan la seguridad facial (ocultamiento del rostro), la eliminación de la gratuidad por 5 años para estudiantes que sean condenados por delitos de ataques a la integridad física, uso de armas o daños graves a la infraestructura, sanciones directas para quienes lideren o participen en la paralización total o parcial de las clases, entre otras.
Es necesario mencionar como antecedente que la intervención policial en las escuelas está ejecutándose hace décadas en Chile, desde que fue promulgada la Ley Aula Segura (Ley 21.128) el año 2018 durante el gobierno de Piñera y que los protocolos de «seguridad» de las escuelas, incluyen la entrada de las fuerzas represivas a los establecimientos y la detención de estudiantes, acciones que disfrazadas como “protocolos de seguridad», se practican con la complicidad de los equipos de gestión escolar de las escuelas, incluyendo, profesores, UTP, directivos, entre otrxs.
Las medidas, que se presentan a la opinión pública como la solución a un problema de seguridad, tienen como uno de sus principales objetivos, coartar la organización y protesta estudiantil, criminalizando a lxs estudiantes y facilitando su procesamiento legal, con complicidad de la estructura educativa.
En un sistema educacional siempre deficiente, de mala calidad e históricamente servil al empresariado y a la productividad país, las medidas del poder significan un gran retroceso en la lucha estudiantil de las últimas décadas.
La escuela a manos del poder empresarial o estatal, es vulnerada desde su esencia, impidiendo las relaciones sanas de aprendizaje y adiestrando a lxs estudiantes, para crear seres sumidos en la ignoracia y fáciles de controlar.
¿Profesor, Profesora consciente, en qué corriente pedagógica se te enseñó a ser cómplice del abuso de poder? ¿En qué ramo te enseñaron a hacer clases en presencia policial?. Son preguntas que nos hacemos, cuando presenciamos el largo silencio de la comunidad educativa, ante un creciente modelo represivo que se agudiza.
Por una educación autónoma e integral, tomemos la educación en nuestras manos.-
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Campaña ¿Teva? No gracias
4 de juny, per adiospgou04/06/2026Fuente:Nota de briega: El pasado 3 de junio se presentó la campaña ¿Teva? no gracias en Santander. El acto tuvo lugar en la librería La Vorágine y estaba organizada por distintos colectivos sociales de Cantabria; Encuentro y solidaridad, la asamblea cántabra contra el rearme y la militarización, Cabezón por Gaza y Pasaje Seguro. Como describe La Vorágine ante la charla de Juan Gervas y Mercedes Pérez-Fernández, Teva en España es un gigante farmacéutico cuyas ganancias dañan la salud de la población Palestina, existiendo razones sólidas para promover un boicot contra esta compañía. En esta conferencia se expuso su historia, el tipo de medicamentos fabrica, así como los negocios y entramados corruptos de esta poderosa multinacional. También se analizó cómo se consolidaron las ventas de TEVA en España y su influencia en los profesionales de la salud y hasta en la definición de enfermedades y criterios diagnósticos.
Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández son médicos jubilados, divulgadores científicos sobre salud pública, atención primaria o salud y mujer. Son impulsores y miembros en España de la plataforma Health Workers for Palestina. En este enlace podéis acceder a la charla.
¿Qué es la compañía Teva?
La compañía farmacéutica TEVA es una empresa multinacional israelí que es líder europeo y uno de los líderes mundiales en la producción de medicamentos genéricos. También produce otros medicamentos propios, de marca, como por ejemplo el Ajovy ©, que se usa en la prevención de las migrañas.


¿Por qué proponemos su boicot?
Desde sus orígenes a principios del siglo XX, esta compañía ha formado parte del entramado económico que sustenta la ocupación del territorio palestino. Ha apoyado explícitamente al Ejército de Israel (IDF) durante el Genocidio en curso y ha facilitado a sus empleados que vayan “a la guerra”. Con los impuestos que paga al gobierno sionista, se financia el apartheid. Entre sus propietarios figuran grupos de inversión sionistas que apoyan la expansión de las colonias de ocupación en Cisjordania, Jerusalén Este y la compra de armas.
Además, Teva se beneficia de la ocupación ilegal, ya que genera un mercado cautivo al facilitarle a Teva posiciones privilegiadas en el mercado farmacéutico de los territorios palestinos ocupados. Esto le permite comercializar ampliamente sus productos farmacéuticos en estos territorios, compitiendo de manera directa y desleal con el resto de empresas farmacéuticas, incluidas las palestinas.
¿Qué es el Boicot y el BDS?
El boicot, o sea, el no consumir productos o servicios de una determinada empresa, es una herramienta de lucha que demostró su efectividad en el movimiento anti-apartheid sudafricano. El boicot a empresas sudafricanas fue clave para derribar el cruel sistema de apartheid.
El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) es un movimiento de liderazgo palestino inspirado en esa experiencia e insta a actuar para presionar a Israel a que respete el derecho internacional.
Desde Septiembre de 2025 el Movimiento BDS identifica a Teva como uno de los objetivos prioritarios para realizar boicot económico a Israel y esta campaña se inserta en esa línea de trabajo.
Más información sobre el movimiento BDS

¿Es ilegal hacer Boicot a Teva?
NO. En Junio de 2020 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo estableció la inocencia de un grupo de activistas franceses del BDS en un caso que los acusaba de participar en un boicot contra productos israelíes en el Carrefour de Illzach – Mulhouse (Francia).
El Tribunal, en su sentencia, establecía que el boicot es un medio peculiar de ejercer la libertad de expresión, ya que combina la expresión de una opinión de protesta con la incitación a un trato diferenciado. Este último puede ser discriminatorio si carece de una justificación objetiva y razonable, si no persigue un fin legítimo o si no existe proporcionalidad entre el medio empleado (es decir, el boicot) y el objetivo perseguido (es decir, rechazar la ocupación ilegal por Israel del territorio palestino ocupado).
Aun así, las actividades de boicot han seguido siendo denunciadas ocasionalmente por las compañías, incluida Teva. En concreto la filial de Teva en Francia (Teva Santé) denunció a Olivia Zémor, presidenta de CAPJPO – Europalestine (Coordination des Appels pour une Paix Juste au Proche-Orient - Europalestine), por haber publicado en su web las acciones de boicot a Teva realizadas por un grupo de activistas el 19 de Noviembre de 2016 ante una farmacia del centro de Lyon (Francia). Repartieron panfletos sobre Teva en la puerta de la farmacia y animaron a no comprar sus medicamentos. Olivia Zémor fue absuelta el 5 de mayo por la Corte de Apelación de Lyon (Cour d'appel de Lyon). El Tribunal alegó que las opiniones publicadas en el sitio web estaban protegidas por el derecho a la libertad de expresión, no incitaban a la discriminación, al racismo o al antisemitismo, ni constituían difamación contra Teva Santé.
En España, en Noviembre de 2025, un médico de un pueblo de Granada fue acusado por un grupo sionista ante el Colegio de Médicos de Granada de violar el Código deontológico por recomendar a sus pacientes y a las farmacias que no consumieran ni dispensaran medicamentos de Teva y de lanzar mensajes “antisemitas”. Tras una gran campaña de apoyo, el Colegio Médico de Granada consideró que no había incurrido en quebrantamiento alguno de sus obligaciones éticas y archivó el caso.
En realidad el boicot a Teva debe mantenerse indefinidamente hasta que se logre la restitución de los plenos derechos del pueblo palestino con el fin del apartheid israelí y de la ocupación de los territorios ocupados de Palestina.
Pero esta Campaña tiene una duración limitada en el tiempo: desde el 1 de Marzo hasta el 1 de Diciembre de 2026. Más allá de esas fechas, cada persona y cada organización deberán seguir ejerciendo la presión sobre Teva por sus propios medios.
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¿Es China el modelo a seguir en la transición energética?
4 de juny, per adiospgou04/06/2026Fuente:Etiquetas:¿Es China el modelo a seguir en la transición energética?
El modelo chino de crecimiento irrestricto de las energías renovables industriales reproduce relaciones de explotación sobre la vida y las personas, y no es accesible para toda la población mundial.
En los últimos años, se está produciendo un debate intenso sobre cómo encarar la crisis ecológica, al que recientemente Martín Lallana hacía una contribución muy valiosa en esta revista. El presente texto sigue ese diálogo e indaga si China debería ser el modelo a emular de transición energética. Es más, si las energías renovables permiten sostener el sistema actual basado en un metabolismo global-urbano-industrial.
La política internacional demuestra la centralidad de los combustibles fósiles
En estos tiempos de incertidumbre también existen certezas meridianas. Una de ellas es que los combustibles fósiles son absolutamente centrales para el funcionamiento del capitalismo contemporáneo que no es separable del metabolismo global-urbano-industrial.
La centralidad fósil queda patente en la política internacional de EEUU con los ataques sobre Venezuela e Irán y las amenazas de anexionarse Canadá. También se refleja a nivel interno: desde la eliminación de restricciones a la extracción en Alaska, hasta el desmantelamiento de los ya limitados compromisos climáticos y regulatorios que condicionaban a la industria fósil.
La política de EEUU, que cuenta con el ejército más destructivo del mundo, es la de quien se puede permitir escoger lo mejor. Y lo mejor a nivel energético para sostener su posición de privilegio son los combustibles fósiles y, especialmente, el petróleo. No las renovables. Trump es un narcisista cuya estrategia política se basa en causar shocks constantes y en una agresividad máxima, pero esto no implica que el Gobierno del hegemón mundial, con todos los poderes empresariales y financieros que le sostienen, actúe sin rumbo. Las políticas de Trump obedecen a un plan.
Pero no solo EEUU muestra el poder de los combustibles fósiles. Probablemente, Rusia no se habría permitido invadir Ucrania si no contase con abundantes reservas en su subsuelo, que le dan una fortaleza energética, económica, diplomática y militar que no puede sostener por otros medios. En India, a pesar de un crecimiento notable de las renovables, la economía sigue siendo abrumadoramente fósil: las renovables solo son un complemento secundario en la tarta energética.
Podríamos pensar que estos ejemplos se deben a las ideologías de extrema derecha de sus gobernantes, pero en otro lugar del espectro político encontramos lo mismo. La política prorenovables de Brasil ha sido mucho más intensa que la de EEUU, Rusia e India, pero en ningún momento ha dejado de apostar por la energía fósil, como muestra la apertura a la explotación petrolera de la desembocadura del Amazonas. Cualitativamente, el cuadro energético es similar al de las otras potencias: una economía que crece apoyada mayoritariamente en los combustibles fósiles.
Los recursos fósiles en el subsuelo de la UE son pocos y se encuentran en una trayectoria claramente declinante
A diferencia de todos los casos anteriores, los recursos fósiles en el subsuelo de la UE son pocos y se encuentran en una trayectoria claramente declinante. Probablemente, este sea el elemento clave para que su apuesta histórica por las renovables sea mayor que en cualquier otro lugar del mundo. En paralelo, la UE ha ido perdiendo peso económico, especialmente industrial. Las renovables no han abierto oportunidades de mayor competitividad a las empresas europeas, sino que parece suceder lo contrario. No se puede asociar este hecho solo al factor energético, pero esto no quita que este sea central, como muestra la historia del capitalismo, en la que todas las potencias hegemónicas han controlado los mejores recursos energéticos de su época.
Y llegamos al caso de China, que nos presentan como el paradigma de electroestado renovable que debemos emular. Su apuesta por las renovables y la electrificación está impulsada por las mismas causas que en la UE, pues China es el principal importador mundial de combustibles fósiles. Pero, a pesar del fuerte crecimiento de las renovables, su economía es abrumadoramente fósil (más que la de la UE) y solo algo más electrificada que la media mundial (29% vs. 21%). Y lo más importante es que su consumo de carbón, petróleo y gas sigue creciendo incluso en la generación de electricidad. En resumen: el coche eléctrico chino se mueve con carbón y eso es lo que permite a China sostener un crecimiento robusto.
Las energías renovables no pueden sustituir a las fósiles
La clave de que nuestro metabolismo global-urbano-industrial, incluido el chino, se sostenga con combustibles fósiles no es técnica, sino física, pues dos características clave de las energías renovables son casi antagónicas a las de las fósiles.
Por un lado, la enorme cantidad de energía solar que incide sobre la superficie terrestre lo hace de forma dispersa. Esto implica que las renovables, que son en su gran mayoría derivadas de esta radiación solar, requieren de mucho territorio para producir una cantidad apreciable de energía. Esto conlleva un conflicto entre los usos del suelo energéticos, agrícolas y ecosistémicos. No podemos olvidar que no estamos asistiendo solo una crisis energética y climática, sino también a una ecosistémica que es tan grave como las anteriores. Además, una transición hacia un modelo agrícola ecológico probablemente exigiría, al menos a medio plazo y hasta que los suelos recuperasen parte de su fertilidad, mantener como mínimo la totalidad de las tierras de cultivo actuales. Es cierto que no existe una exclusión total entre estos tres usos del suelo, pero tampoco una complementariedad absoluta. Solo uno de ellos puede prevalecer. Un ecosistema realmente diverso o una agricultura permacultural no pueden albergar casi placas. El conflicto no puede evitarse.
La energía hidráulica tiene impactos ecológicos y sociales importantes
La segunda implicación de esta naturaleza dispersa es que cubrir una gran cantidad de territorio requiere muchos molinos y paneles. Y su construcción exige cantidades importantes de materiales. Esto tiene implicaciones sobre el impacto minero de las renovables y sobre el agotamiento de los recursos que las sostienen —cuestiones que se abordan más adelante—. Las centrales hidráulicas serían la excepción, ya que constituyen formatos más concentrados de energía, pero su expansión choca con varios límites. El primero es que los mejores saltos de agua ya están aprovechados en la mayoría de las cuencas hidrográficas, como muestra el hecho de que las adiciones anuales de energía hidroeléctrica se encuentran en recesión desde 2013. En segundo lugar, la energía hidráulica tiene impactos ecológicos y sociales importantes. Recordemos una vez más que la crisis ecosistémica no es menos grave que la climática.
La segunda propiedad de las energías renovables que las hace poco compatibles con el funcionamiento del metabolismo global-urbano-industrial, es que operan en formato flujo, no como stock (es decir, no están almacenadas de forma disponible de manera continua). Mientras que los combustibles fósiles pueden quemarse independientemente de si es de día o de noche, o de si llueve o no, esto no ocurre con las renovables. Además, estos flujos son estocásticos (variables, con fluctuaciones) y no controlables.
Para superar esta dificultad, se instalan muchas centrales en distintos lugares para intentar garantizar el suministro, lo que aumenta las necesidades territoriales y materiales de las renovables. Pero la estrategia clave pasa por su conversión de flujo en stock, es decir, su almacenamiento. Por eso insisten tanto en la construcción de gigantescos sistemas de baterías. Existe una variedad grande de tecnologías para la fabricación de estas baterías, pero todas ellas, en mayor o menor medida, usan materiales escasos en cantidades crecientes, lo que apunta de nuevo a impactos mineros y límites materiales.
La biomasa y las centrales hidráulicas son una excepción parcial al funcionamiento como flujo de las renovables. Parcial porque en realidad son un pequeño stock de energías que realmente funcionan como flujos (crecimiento vegetal y pluviosidad). Parcial también porque ya se apuntaron los límites de la energía hidráulica para crecer. Estos límites que se aplican todavía más a las centrales reversibles (que son las que permiten aprovechar el exceso de producción eléctrica renovable): solo se pueden instalar en enclaves muy determinados. En el caso de la biomasa, no son factibles usos masivos sin comprometer los alimentarios y los ecosistemas.
La transición energética supone transformar un sistema que somete la vida a las necesidades de su expansión constante a otro en el que la economía debe acoplarse a los ritmos de los sistemas vivos
Por lo tanto, la transición energética desde un modelo fósil a otro renovable no es una mera sustitución de unas fuentes por otras. Implica pasar de un modelo basado en fuentes concentradas y en stock, a otro basado en fuentes dispersas y en flujo. También de un sistema de alta disponibilidad energética a otro probablemente de menor disponibilidad energética. Supone transformar un sistema que somete la vida a las necesidades de su expansión constante a otro en el que la economía debe acoplarse a los ritmos y limitaciones de los sistemas vivos. Esto resulta difícilmente compatible con el capitalismo global-urbano-industrial, y por eso todas las potencias, incluida China, compiten por acaparar combustibles fósiles que, especialmente el petróleo, muestran signos crecientes de agotamiento.
Dependencia fósil del transporte y de la industria
La incompatibilidad del metabolismo global-urbano-industrial con las renovables puede observarse en dos sectores clave. Por un lado, el transporte, ya que no existirían la globalización ni la urbanización masiva sin una movilidad a largas distancias, de grandes volúmenes y a altas velocidades. Por otro, la industria, tomando como ejemplo el cemento (el principal material producido por la economía humana) y el acero (el componente básico de las máquinas).
El transporte es altísimamente dependiente de derivados del petróleo. Las alternativas son tres: hidrógeno verde, biocarburantes y electrificación. El despliegue del hidrógeno choca con varios problemas. El primero es el límite de disponibilidad de varios elementos requeridos en la electrólisis del agua alimentada por energía solar, la única manera de conseguir hidrógeno de manera algo sostenible. El segundo radica en que todo el ciclo tiene una eficiencia baja. Esto se debe a las propiedades fisicoquímicas del hidrógeno, que obligan a usarlo a alta presión y en recipientes especiales que no reaccionen con él. Esto apunta a un uso restringido.
Es posible construir un reducido parque móvil movido por hidrógeno pero no sostener el actual
Además, en una sociedad industrial descarbonizada el hidrógeno sería necesario para múltiples procesos, entre los que destacan la fabricación de amoniaco (imprescindible en muchas industrias, empezando por la de fertilizantes) y la reducción de metales. Es decir, que la limitada cantidad que se puede obtener habría que repartirla con otros usos clave para sostener la sociedad industrial. En conclusión, el problema no es técnico, sino de escala. Es posible construir un reducido parque móvil movido por hidrógeno, pero no sostener el actual.
La segunda opción consiste en apostar por los biocarburantes:
- Reciclaje de aceites usados. Esto permite un parque móvil muy reducido, pues no hay mucho aceite disponible.
- Fabricar agrocarburantes. Conseguir una cantidad apreciable de agrocombustibles requiere una extensión muy grande de tierra cultivada, lo que choca con los usos de esta para la biodiversidad y alimentarios. Y eso sin considerar los impactos socioambientales del modelo agroindustrial que está detrás de esta opción.
- Producir biometano mediante compostaje anaerobio de materia orgánica. Nuevamente, sería una opción que daría poco producto, ya que debería ser prioritario el compostaje aerobio, que genera un compost de mejor calidad, imprescindible para la recuperación de la fertilidad del suelo. Incluso aunque se priorizase el compostaje anaerobio, las cantidades serían reducidas.
De este modo, los biocombustibles son una alternativa que daría unos montos parcos y permitiría una movilidad muy reducida. De manera que solo queda el motor eléctrico para mantener el vigente modelo. Pero esta opción solo puede sostener un parque móvil si este es también limitado.
En 2024, estaba ya electrificado (contando con los híbridos) el 4,5% del parque móvil mundial y extender ese porcentaje al 100% requeriría una inversión energética (fósil), material (no renovable), temporal y económica que, con toda probabilidad, está más allá de nuestras capacidades y solo en el transporte colectivo puede llegar a tener sentido desde el punto de vista energético. Un buen ejemplo es el caso de China, el principal productor y consumidor de coches eléctricos y donde las cadenas de producción son más cortas. Allí la construcción de un vehículo eléctrico moviliza 35 veces más materiales que uno de combustión. El 48% de ellos provienen de fuera del país y están sujetos a relaciones en muchos casos de tipo colonial.
Pero la inversión no termina en la construcción de vehículos, pues también habría que cambiar la red de gasolineras a electrolineras, extender la red eléctrica a todo el globo y aumentar mucho la generación eléctrica renovable, lo que suma más tensiones materiales, energéticas, temporales y económicas.
Y todo esto sin entrar en el transporte marítimo, por donde discurre el grueso del comercio global, ni el aéreo, totalmente central en la movilidad personal de un mundo interconectado. Ambos medios afrontan dificultades extra para su descarbonización, lo que limita todavía más las opciones de sostener el actual trasiego de bienes y personas.
El transporte marítimo y aéreo afrontan dificultades extra para su descarbonización
En conclusión, transformar el transporte dependiente del petróleo significa modificar dos de los pilares fundamentales del vigente orden: la globalización económica y la vida urbana. Después de los combustibles fósiles, lo que hay es una economía localizada. Localizada y también desindustrializada, entendiendo por industria la fabricación a gran escala de bienes con un alto grado de automatización y especialización, como ejemplifican el cemento (ingrediente clave del hormigón) y el acero.
El hormigón es utilizado extensamente en la construcción por sus propiedades inigualables: versátil, duradero (aguanta el calor, tiene alta resistencia), dúctil y maleable, requiere poco mantenimiento y es barato. Su fabricación está ligada a los combustibles fósiles, como muestra que la producción de cemento es responsable del 7-8% de las emisiones de CO₂ mundiales. Simplemente, no existe alternativa descarbonizada para producir cemento Portland (el que se fabrica hoy en día) y habría que sustituirlo por otros de peores propiedades. Nuevamente, esto pone en cuestión el modelo actual, que tiene uno de sus pilares en la construcción.
En lo que respecta al acero, la opción menos impactante es fabricarlo a partir de chatarra, lo que implica una reducción importante de su uso. Pero el problema no es solo de cantidad, sino también de calidad. Actualmente, existen más de 3.500 tipos de acero para requerimientos muy específicos de distintas ramas de la industria. Usar acero reciclado es perder la posibilidad de fabricar muchos de esos aceros específicos o hacerlo en cantidades mucho más pequeñas. Implica tender hacia técnicas más humildes.
Los problemas de la base material de las renovables industriales
Las tecnologías para aprovechar las energías renovables que se usan en la actualidad tienen una intensidad material mayor que la de sus contrapartes fósiles (1 kW de electricidad renovable cuesta más materiales que otro de combustibles fósiles) y usan elementos que empiezan a escasear sobre la corteza terrestre, lo que pone límites físicos a su expansión. Por ejemplo, si se quisiera electrificar el actual parque móvil, la demanda de varios materiales superaría las reservas disponibles en la corteza terrestre, incluso en un escenario de reducción importante del parque móvil y aumento del reciclaje modelado para el caso español.
Ante estos límites de acceso a recursos, se plantea el paradigma de la economía circular. Pero no es una solución viable porque, aunque se consiguiese el reciclaje total, algo que es imposible termodinámicamente, como lo que se pretende es una gran expansión de las renovables industriales, esto implicaría una tasa de extracción minera casi igual a la actual. Más allá esto, una economía realmente circular solo puede ser una basada en la agroecológica; es decir, ni urbana, ni global, ni industrial.
Otro problema añadido es que un fuerte despliegue de las renovables industriales supone un aumento a corto plazo de las emisiones, como no puede ser de otra manera considerando que implican un masivo despliegue industrial. Esto es inasumible en un momento en el que se están sobrepasando ya o están a punto distintos umbrales de no retorno climático y en el que las emisiones de CO₂ deberían estar cayendo en picado. Por ejemplo, el modelado de un parque móvil que se meta dentro de los límites de seguridad climática es el de una reducción muy importante y optar por vehículos ligeros (motos, bicicletas) y públicos. Nuevamente, ni globalización, ni urbanización.
La misma rapidez con la que tendríamos que enfrentar la emergencia climática la necesitamos para frenar la pérdida de biodiversidad. Ya existe un conflicto entre el despliegue de renovables industriales y la conservación del entorno si atendemos a los altos requisitos de extracción de materiales que requieren. Este conflicto solo puede crecer conforme aumenta dicho despliegue.
La misma rapidez con la que tendríamos que enfrentar la emergencia climática la necesitamos para frenar la pérdida de biodiversidad
Esta dependencia minera aboca a todo el sistema basado en renovables industriales a una falta de soberanía. Que tengamos acceso a sol y viento en el territorio no implica que lo tengamos a los materiales y energías que se requieren para la fabricación de las máquinas que aprovechan esas energías. Ni siquiera a la capacidad productiva para construirlas. Por ejemplo, los principales minerales que se requieren para la fabricación de baterías están en lugares tan variados como Australia, Indonesia, República Democrática de Congo, Chile o China. Su procesado se concentra en China, que además hegemoniza el resto de la fabricación de baterías.
Una geopolítica así no produce independencia energética (ni siquiera para China, pero mucho menos para el resto) y, lo que es peor, no permite vislumbrar escenarios que avancen hacia la superación de las actuales relaciones coloniales. Los agresivos intentos de control de los recursos minerales de Groenlandia, Ucrania o República Democrática de Congo por EEUU son un buen ejemplo.
Conclusiones
Un crecimiento máximo e irrestricto de las renovables industriales como está haciendo China reproduce relaciones de explotación sobre la vida, de tipo colonial y de clase, y no es accesible para toda la población mundial. Además, solo le permite mantener su metabolismo global-urbano-industrial porque en realidad su mix energético es mayoritariamente fósil.
Las energías renovables son sin duda las energías del futuro y permiten tener vidas dignas, pero esto pasa por una drástica reducción del consumo energético y material, una localización de la economía y una integración de esta en el funcionamiento de los ecosistemas, lo que implica un metabolismo de base agroecológica, no industrial. Este metabolismo debe estar impulsado por energías renovables, pero que sean realmente renovables. Todo esto debe ir acompañado por fuertes medidas de redistribución de la riqueza y el poder. Por ello, la transición energética no es simplemente un cambio técnico, sino que requiere de una transformación económica, política y cultural profundas que solo pueden ser abordadas mediante medidas holísticas. Dicho de otro modo, China, es decir, una férrea dictadura capitalista con relaciones coloniales con muchos territorios, dependiente de la globalización, fuertemente urbana y adicta a recursos no renovables no puede ser el modelo que se tiene que seguir.
Miembro de Ecologistas en Acción.
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¡El nº 78 ya está en las calles! ¡El briega en papel ya está aquí!
2 de juny, per adiospgou02/06/2026Etiquetas:Con un número centrado en la defensa de nuestras casas, centros sociales y barrios, damos la bienvenida al paso de la primavera al verano. El número78 del boletín Briega en papel tiene el siguiente contenido:
1. Comunicado 3 de junio El CSOA La Lechuza existe y resiste. Asamblea del CSOA La Lechuza
2. Bloques en lucha en Peñacastillo: Las vecinas organizadas defienden sus hogares
3. Comunicado por el episodio de violencia racista contra un niño de la casa de acogida de Mioño el viernes26 de mayo. Castro x la Igualdad.
4. Otra forma de vivir: Dentro de la lucha por Prosfygika. Artículo de Zoe Peillon en la revista Dope, un periódico callejero trimestral de corte libertario-socialista. Encontrado en Libcom.

Si quereis que el boletín Briega en papel llegue a otros puntos de distribución en Cantabria además de a los habituales, sólo teneis que escribirnos.
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La larga guerra de Israel contra el Líbano
2 de juny, per adiospgou02/06/2026Fuente:Etiquetas:La larga guerra de Israel contra el Líbano
Una historia conjunta de las entidades sionistas y libanesas
En el siguiente análisis, Ayman Makarem, del colectivo mediático From the Periphery, repasa un siglo de violencia colonial en Palestina y el Líbano para arrojar luz sobre la actual ocupación israelí y lo que se necesitaría para resistirla.
Puedes ver una versión en vídeo de este ensayo aquí.
Por tercera vez en mi relativamente corta vida, Israel ha invadido mi país. Han dejado claro que quieren establecer una ocupación a largo plazo del sur del Líbano. No es la primera vez que esto ocurre; varios medios de comunicación y cuentas de redes sociales han publicado cronologías de las invasiones y ataques israelíes contra el Líbano. Estas cronologías suelen centrarse en puntos álgidos importantes, como las invasiones de 1982 o 2006, pero no logran mostrar toda la magnitud y la continuidad de la violencia israelí dirigida contra el Líbano. El enfrentamiento del Líbano con el sionismo se remonta mucho más atrás de lo que la mayoría cree, siendo anterior incluso a la creación del propio Estado de Israel.
Empecemos por Moshe Dayan.
Moshe Dayan fue uno de los primeros líderes sionistas, nacido de padres colonos en Palestina en 1915. Estuvo presente en prácticamente todos los acontecimientos clave de la colonización sionista de Palestina. Se unió a la Haganá —una milicia sionista en la Palestina bajo mandato británico—a la edad de 21 años, participó en la represión de la revuelta palestina de 1936 y luchó en la guerra de 1948, expulsando a grandes grupos de palestinos durante la Nakba. Desde la década de 1950 hasta su muerte en 1981, ocupó altos cargos en el ejército y posteriormente en sucesivos gobiernos israelíes, desempeñando el cargo de ministro de Defensa a finales de la década de 1960.1
Una historia conjunta de las entidades sionistas y libanesas
En el siguiente análisis, Ayman Makarem, del colectivo mediático From the Periphery, repasa un siglo de violencia colonial en Palestina y el Líbano para arrojar luz sobre la actual ocupación israelí y lo que se necesitaría para resistirla.
Moshe Dayan como ministro de Defensa, hacia 1967.
Dayan resume en gran medida la esencia del Estado de Israel. Varias citas que se le atribuyen indican una considerable conciencia de sí mismo sobre lo que él y sus colegas estaban haciendo. Las palabras de los primeros líderes sionistas como Dayan atraviesan la cortina de humo de la propaganda sionista contemporánea. Aquí, describe la fundación del Estado de Israel:
«Llegamos a este país que ya estaba poblado por árabes, y estamos estableciendo aquí un Estado hebreo, es decir, un Estado judío. Se construyeron pueblos judíos en el lugar de los pueblos árabes. Ni siquiera conocéis los nombres de esos pueblos árabes, y no os culpo, porque esos libros de geografía ya no existen; no solo no existen los libros, sino que los pueblos árabes tampoco están allí. No hay un solo lugar construido en este país que no tuviera una antigua población árabe».2
Dijo esto como una persona orgullosa de sus logros. Para quienes conocen la historia de Palestina y su encuentro con el sionismo, esa historia es muy familiar; lo que llama la atención es que provenga de un líder sionista. Sin embargo, Dayan también dijo cosas que revelan partes de la historia que son más oscuras, partes que se ven empañadas por la tendencia a centrarse en grandes puntos álgidos como la Nakba o la Guerra de los Seis Días.
Por ejemplo, a principios de la década de 1950, cuando era comandante del Comando Sur, Dayan desarrolló una política para lidiar con lo que llamaban «infiltrados»: en algunos casos, palestinos expulsados que intentaban regresar a casa o recoger las cosas que habían dejado atrás cuando fueron expulsados de sus tierras; en otros casos, militantes fedayines desorganizados que se «infiltraban» en su propia patria y llevaban a cabo operaciones contra el naciente Estado israelí. Así es como describió su política:
«La represalia es el único método que ha demostrado ser eficaz, no justificado ni moral, pero eficaz, cuando los árabes colocan minas en nuestro territorio. «Si intentamos buscar a ese árabe, no sirve de nada. Pero si hostigamos al pueblo cercano… entonces la población de allí se levanta contra los infiltrados… El método del castigo colectivo ha demostrado ser eficaz hasta ahora… No hay otros métodos eficaces».3
Hay otro término para lo que describe Dayan: terrorismo. O incluso otro: crímenes de guerra. Las palabras de Dayan arrojan luz sobre los periodos entre las grandes rupturas, una historia que a menudo se olvida. Entre 1949 y 1956, se produjeron decenas de miles de «infiltraciones» cada año, y los israelíes llevaron a cabo cientos de sangrientas incursiones de represalia en otras partes de Palestina, concretamente en Gaza y Cisjordania, así como en Jordania y el Líbano.4
En 1955, para poner fin a los retornos y a los ataques desde el norte, Moshe Dayan, entonces jefe del Estado Mayor bajo el gobierno de Moshe Sharett, propuso un plan que sorprendió incluso a su propio primer ministro:
«Todo lo que se necesita es encontrar a un oficial, incluso un capitán serviría, ganarse su corazón o sobornarlo con dinero para que acepte declararse salvador de la población maronita. Entonces el ejército israelí entrará en el Líbano, ocupará el territorio necesario y creará un régimen cristiano que se aliará con Israel. El territorio desde el Litani hacia el sur quedará totalmente anexionado a Israel, y todo encajará en su sitio».5
Esto es precisamente lo que hicieron los israelíes 23 años después, en 1978, cuando el propio Dayan era ministro de Asuntos Exteriores. Unos años antes, en 1974, Moshe Dayan había resumido así sus objetivos:
«Haremos imposible toda forma de vida en el sur del Líbano».6
Moshe Dayan hablando a la prensa como ministro de Defensa en 1974.
Es difícil no ver los paralelismos con lo que dicen hoy los israelíes. Han pasado ya dos años y medio desde el inicio de la guerra genocida en Gaza, y los líderes israelíes han hecho declaraciones como esta una y otra vez. Desde el 2 de marzo de este año, Israel ha desplazado a más de un millón de personas, alegando que nunca se les permitirá regresar, destruido pueblos enteros, invadieron con tropas terrestres, destruyeron hospitales y escuelas, mataron a familias enteras, mató a personal sanitario y a periodistas, y académicos. Si juntamos todo esto, se forma una sola palabra: genocidio. Sus principales objetivos son los libaneses chiitas.

La periodista libanesa Amal Khalil, asesinada por Israel el 22 de abril de 2026 en un ataque de doble golpe.
Con el pleno respaldo de EE. UU., el Gobierno israelí está llevando a cabo una política de genocidio en el Líbano. En los últimos dos meses, el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio no ha emitido una, sino dos alertas de alerta roja por genocidio en el Líbano.
Se trata de una guerra existencial contra el Líbano. Lleva décadas en marcha, pero ahora está llegando a su fin lógico. El objetivo del Gobierno israelí es destrozar el Líbano, desmantelar su capacidad de existir. Para comprender todo esto, debemos examinar la historia conjunta del Líbano y el sionismo.
Una historia conjunta de las entidades sionista y libanesa
El término «entidad libanesa» puede no resultar tan familiar como el de «entidad sionista», pero surge de un análisis de la formación del Estado del Líbano que reconoce las relaciones coloniales que lo configuraron y sus numerosos defectos estructurales y excluyentes. Estos aspectos hacen que el Líbano sea especialmente vulnerable a la explotación por parte de los israelíes, así como de otras potencias regionales. Estos aspectos han mantenido al Líbano en un estado de crisis perpetua desde su fundación.
A continuación, esbozaremos una historia cronológica de las dos entidades y cómo se entrecruzan. Como ayuda, ofrecemos esta cronología, que incluye los ataques e invasiones israelíes en el Líbano, junto con los acontecimientos regionales clave a lo largo del periodo que son esenciales para comprender esta historia.
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Lo que el Líbano está viviendo hoy no es solo consecuencia de las acciones de Hezbolá, de la guerra con Irán o de la presencia de la resistencia palestina en el Líbano; es la culminación de décadas de continuos ataques por parte del Estado de Israel contra nuestra propia soberanía. Debemos entender al Líbano como un vector clave de la colonización europea de toda esta región, que el Estado de Israel ha prolongado y ampliado.
Comenzamos esta historia en plena Primera Guerra Mundial con el Acuerdo Sykes-Picot, redactado en secreto, que trazaba las ambiciones de Gran Bretaña y Francia en caso de una victoria sobre el Imperio Otomano —una victoria que se produjo unos años más tarde. Lo que siguió sigue siendo uno de los ejemplos clásicos de cómo los hombres blancos se repartieron las tierras indígenas de Asia.

El mandato francés sobre el Líbano y Siria.
Tanto la entidad libanesa como la sionista surgieron de las ruinas del Imperio Otomano. Ambas habían existido anteriormente como ideas, pero solo se materializaron en ese momento. El Líbano como Estado fue concebido en este periodo por los franceses. Palestina, por su parte, fue tomada por los británicos, quienes declararon abiertamente su intención de crear una patria judía en Palestina para los sionistas europeos. El documento clave aquí es la Declaración Balfour, que se redactó el mismo año que el acuerdo Sykes-Picot.
La región que las dos potencias coloniales se repartieron se había conocido durante siglos como Bilad al Sham, que a menudo se traduce como «el Levante», pero que más precisamente se traduce como «los países de la izquierda». Si se considera el Hiyaz árabe (la región costera occidental de Arabia Saudí, donde se encuentran La Meca y Medina) como el centro —lo que fue durante siglos de dominio islámico a partir del siglo VII—, al mirar hacia el este, en dirección al sol, Bilad al Sham quedará a la izquierda y Yemen (de la palabra árabe Yameen, «derecha») a la derecha. Coloquialmente, al Sham es también un nombre árabe para Damasco, ya que fue una de las ciudades más importantes de la región.
Durante cientos de años, Bilad al Sham pasó de manos de un gobernante a otro. Luego, en 1918, las fuerzas europeas conquistaron la tierra por primera vez desde las Cruzadas. Aquí es donde realmente comienza nuestra historia.
En 1920, en colaboración con las élites maronitas locales del Monte Líbano, Francia creó lo que se conoce como Gran Líbano, un estado colonial bajo supervisión francesa. Antes de esto, el nombre «Líbano» se refería a la cordillera del Monte Líbano. A día de hoy, los británicos de más edad a veces llaman al Líbano «El Líbano», como «La Ucrania» o «La Gambia». Esto se debe a que esos nombres se referían a una ubicación geográfica más que a un estado.
El Gran Líbano fue una ampliación del Monte Líbano para incluir las zonas circundantes, concretamente las ciudades costeras de Beirut, Saida y Trípoli, así como Akkar al norte, Bekaa al este y Jabal Amel al sur. La idea era separar el Líbano de Siria y del resto de Bilad al-Sham con el fin de crear un Estado viable liderado por una población mayoritariamente cristiana maronita, ya que esta última era favorable a los franceses. La anexión de esos otros territorios garantizaba suficientes tierras de cultivo, acceso a puertos y excedentes de población para este nuevo Estado. También significaba el acceso estratégico a fuentes de agua, como el río Litani.7

El Líbano se creó como una expansión del Monte Líbano mediante la anexión de las ciudades costeras: Akkar al norte, Bekaa al este y Jabal Amel al sur.
El historiador británico Patrick Seale lo resume así:
«[El Gran Líbano] estaba destinado a ser un refugio para la comunidad maronita predominante, los principales aliados de Francia, pero, en términos geopolíticos, también se concibió como una fortaleza francesa en el Mediterráneo oriental, que pudiera utilizarse contra los rivales europeos, así como contra los nacionalistas árabes del interior de Siria».8
Este es el origen de la entidad libanesa. Un Estado cristiano maronita construido para promover los intereses estratégicos de Francia en la región.
Durante este mismo periodo, se fue construyendo lentamente otro Estado étnico al sur del Líbano. Pero en lugar de aliarse con una comunidad local ya existente, los británicos optaron por el colonialismo de asentamiento, con el objetivo de convertir a los sionistas europeos en la fuerza dominante en Palestina.
El desprecio que estos europeos coloniales blancos sentían hacia las poblaciones indígenas quedó patente no solo en estas acciones, sino también en la forma en que describían lo que estaban haciendo. Por ejemplo, en respuesta a las objeciones al uso de la nueva tecnología de los bombardeos aéreos contra la población civil, se dice que Lloyd George, primer ministro del Reino Unido entre 1916 y 1922, afirmó:
«Debemos reservarnos el derecho a bombardear a los negros».9
Esas eran las personas que ahora estaban al mando del Mandato de Palestina. En ese momento, los colonos sionistas llevaban ya casi 40 años estableciéndose en Palestina, aunque muy lentamente. Con el apoyo de los británicos, esa migración aumentó drásticamente, y pronto se hizo evidente para la población palestina local que los británicos estaban dando un trato favorable a las nuevas comunidades judías europeas.

Portada de un periódico palestino con una caricatura que representa a Balfour apoyando la migración y la industria judías en Palestina, así como la privación de derechos de las poblaciones locales.
Al examinar los mapas de 1918 y 1920, podemos ver los inicios del conflicto en la parte sur del Líbano. El primer mapa representa a grandes rasgos el futuro Estado de Israel, así como Palestina, Jordania, el Líbano y partes de Siria, sin fronteras definidas en absoluto.

Un mapa de 1918. Esas líneas rojas son en realidad líneas de tren; no hay fronteras en este mapa. Aunque en su día recorrían el Líbano cientos de kilómetros de vías férreas, la Guerra Civil libanesa las dejó inoperativas. Los últimos trenes dejaron de circular en la década de 1990.
El mapa de 1920 muestra tres líneas que podrían definir la frontera norte del futuro Estado de Israel. La primera es la línea Sykes-Picot; la segunda es la frontera «sugerida», que se extiende hasta el sur del Líbano; la tercera representa una frontera de «máxima exigencia» que abarca todo el territorio hasta el río Litani, incluido este.

Un mapa de 1920.
Sykes-Picot no fue el acuerdo definitivo entre franceses y británicos. En 1923, las dos potencias redactaron un acuerdo más detallado, el acuerdo Paulete-Newcombe, que definía con mayor precisión las fronteras entre el Líbano bajo mandato y Palestina. Este acuerdo modificó las fronteras, situando varias aldeas libanesas bajo la autoridad del Mandato Británico. Gran Bretaña se hizo con el control de unas 20 aldeas libanesas, entre ellas Malakiyya, Saliha y Hunin, todas ellas habitadas por musulmanes chiitas.
Durante los veinte años siguientes, la colonización de Bilad al-Sham se topó con una resistencia constante. El mayor esfuerzo para oponerse al proceso colonial durante este periodo fue la Gran Revuelta Palestina de 1936-1939. Los británicos, junto con milicias de colonos judíos como la Haganá, emplearon una violencia tremenda para aplastar la revuelta. Sin embargo, la rebelión fue tan poderosa que, para aplastarla, los británicos destinaron a Palestina más tropas de las que tenían en todo el subcontinente indio.10 Posteriormente, expulsaron a los líderes supervivientes a países vecinos.
La guerra se apoderó de la región durante los años siguientes; fue uno de los escenarios en los que las potencias europeas se enfrentaron durante la Segunda Guerra Mundial. El Líbano fue uno de los pocos lugares donde británicos y franceses lucharon directamente entre sí. Durante este periodo, las Fuerzas Aliadas armaron y entrenaron a milicianos judíos como Moshe Dayan; esto, en última instancia, los dejó mucho mejor equipados que los ejércitos nacionales de la región.11
En plena guerra, en 1943, tras la derrota del Gobierno de Vichy en el Líbano, las élites libanesas declararon la independencia de Francia. Pero no fue una ruptura amarga; mantuvieron una relación muy amistosa con sus antiguos colonizadores.
Justo después del fin de la Segunda Guerra Mundial, las milicias sionistas intensificaron su propia campaña por la independencia en Palestina. Lo hicieron llevando a cabo atentados terroristas contra los británicos, entre los que destaca el atentado con bomba contra el Hotel Rey David en 1946.12 En mayo de 1948, cuando el Mandato Británico de Palestina estaba a punto de expirar, los británicos estaban ansiosos por desentenderse del conflicto que ellos mismos habían contribuido a crear.
Esto condujo a lo que los árabes denominan la Nakba, la Catástrofe. Cientos de miles de personas palestinas fueron expulsados de Palestina, y al menos 100.000 se dirigieron al Líbano. Las aldeas mencionadas anteriormente (Malakiya, Saliha y Hunin) se encontraban entre las aldeas destruidas cuya población fue expulsada en su totalidad al Líbano.
El Líbano participó muy poco en la guerra que siguió, conocida como la primera guerra árabe-israelí. En la mayoría de los lugares, incluso dentro del territorio libanés, el ejército libanés se retiró, negándose a luchar contra los sionistas. La única localidad en la que el ejército libanés opuso resistencia fue Malakiya, una aldea libanesa con una población mayoritariamente chií que había sido cedida a la Palestina ocupada por los británicos. El ejército libanés logró repeler un ataque tras otro en Malakiya, perdió la localidad, la reconquistó y, de ese modo, demostró que era posible plantar cara. Al final, el ejército libanés solo se retiró de Malakiya tras una intensa presión internacional.13 Desde entonces, un kibutz israelí ocupa su lugar.
Las personas libanesas chiitaa de Malakiya, al igual que las de las demás aldeas sometidas a una limpieza étnica permanente, se convirtieron en refugiados en el Líbano. De hecho, tuvieron el mismo estatus legal que loas palestinas en el Líbano hasta la década de 1990. Tanto para los sionistas que perpetraron la Nakba como para los burócratas de la entidad libanesa, la población chiita de Jabal Amel no era diferente de la palestina.
Las fuerzas sionistas también llevaron a cabo ataques en el sur del Líbano, especialmente durante la Operación Hiram. No solo invadieron el país, sino que también cometieron numerosas masacres contra civiles libaneses, como la masacre de Hula en noviembre de 1948, en la que mataron a aproximadamente 60 civiles. Sus fuerzas se adentraron profundamente en territorio libanés, llegando hasta el río Litani. Finalmente, en 1949, el Líbano acordó un armisticio con el Estado de Israel, lo que nos lleva a nuestro primer alto el fuego.

Un monumento conmemorativo en la localidad sureña de Hula con los nombres de todos los mártires de la masacre de Hula.
El Estado que se fundó a través de esta limpieza étnica, conocido por muchos como la entidad sionista, pasó a ser un Estado expansionista, etnonacionalista y de guarnición armada. Esto resulta evidente para mucha gente hoy en día. Pero no hay tanta gente que comprenda la naturaleza del Estado del Líbano.
La característica definitoria de la entidad libanesa es el sistema político del sectarismo. En 1943, la élite gobernante cristiana maronita y suní redactó el Pacto Nacional, estipulando que el Líbano debía tener un presidente cristiano maronita, un primer ministro suní y un presidente de la Cámara de Representantes chií, un acuerdo que se mantiene hasta hoy. En aquel momento, el presidente tenía un enorme poder ejecutivo y el presidente de la Cámara de Diputados era en gran medida una figura simbólica. Otros cargos del Gobierno se repartían igualmente según criterios sectarios, y la mayoría de ellos recaían en cristianos maronitas.
Es un error pensar que el Líbano tiene este sistema sectario debido a la existencia de numerosas comunidades religiosas. El sistema sectario no es simplemente una expresión orgánica de las divisiones sectarias del país. Es un sistema que permitió a la élite local de las principales sectas, con la élite maronita a la cabeza, convertirse en mediadores entre las potencias coloniales y las poblaciones locales. El intelectual marxista libanés Mehdi Amel ofrece una descripción concisa de este sistema:
«El sectarismo es la forma histórica particular del sistema político a través del cual la burguesía colonial libanesa ejerce su dominio de clase dentro de una relación de dependencia estructural del imperialismo.»14

Mehdi Amel, intelectual marxista libanés, 1936-1987.
Esto puede parecer una sopa de palabras marxistas, pero, de hecho, es increíblemente preciso. Este sistema implica que los diferentes cargos del Estado libanés se reparten entre la élite sectaria —ya sea cristiana o musulmana—, y que un número desproporcionado de esos puestos recae en los cristianos maronitas. Esa política de élite ofrecía un acceso continuado a la financiación europea, que llegó a constituir la columna vertebral de la economía del Líbano en detrimento de las actividades económicas productivas locales, como la industria y la agricultura.15
En la vida cotidiana, esto significa que, como ciudadanos, solo existimos para el Estado como miembros de una u otra secta. Cuando voto en las elecciones, tengo que ir al pueblo de mi padre, y solo puedo votar a candidatos drusos o cristianos, porque son los principales habitantes de mi zona. No existo como ciudadano, como individuo, sino como druso de una zona concreta. Esto es en cierto modo similar al sistema actual del Estado de Israel, donde no existe la ciudadanía universal y el Estado reduce a las personas a su origen étnico. En última instancia, este sistema priva de derechos a la gran mayoría de la población; ni siquiera es representativo.
El sistema sectario del Líbano atravesó varias crisis en las décadas de 1950 y 1960. Sin embargo, la mayor amenaza para su existencia surgió una década más tarde: el Movimiento Nacional Libanés de la década de 1970.
Podemos dividir los principales obstáculos para el funcionamiento del sistema sectario en tres aspectos distintos de la sociedad libanesa. En primer lugar, la existencia en el Líbano de toda una secta, compuesta predominantemente por comunidades agrícolas del sur y el este, que prácticamente no tenía representación dentro del sistema sectario u oligárquico: la población chiita. Ubicadas principalmente en el sur del Líbano, en una región conocida como Jabal Amel, estas comunidades también sufrieron un golpe económico tras la creación del Estado de Israel, ya que su economía dependía en gran medida del comercio.
En segundo lugar, las divisiones reales entre la población no se basaban en la secta o la religión, sino en la clase social, y la élite sectaria no tenía ningún plan serio para hacer frente a las contradicciones de las divisiones de clase coloniales o capitalistas, y mucho menos a las divisiones feudales que aún existían.
Mehdi Amel resume estas dos primeras cuestiones en el mismo texto citado anteriormente:
«El principal obstáculo era la masa trabajadora que pertenece a las “sectas” oprimidas y viven en el campo o en las garras de la pobreza en la capital. A medida que alzaban sus voces, también lo hacían sus actos de resistencia. Exigían que se cambiara el sistema, ya fuera poniendo fin a la hegemonía sectaria sin destruir el sistema en sí, o acabando con el sistema por completo».16
Y el tercer gran obstáculo para el sistema fue la llegada al Líbano de más de 100.000 personas refugiadas palestinas que habían sido expulsados por la fuerza de su país, la mayoría de las cuales eran musulmanes suníes. Esto no solo alteró el equilibrio demográfico cuidadosamente establecido dentro del país, sino que también obligó al Líbano a aceptar el hecho de que no es una isla separada del resto de la región.
Casi inmediatamente después de su expulsión, militantes palestinos fedayines desorganizados comenzaron a llevar a cabo operaciones contra el naciente Estado construido sobre las ruinas de su patria. Esas personas palestinas expulsadas también intentaron regresar a sus hogares.17 En el Líbano, el ejército actuó rápidamente para bloquear estos ataques y a las personas repatriadas, por temor a represalias israelíes. Lo hicieron situando los campos de refugiados palestinos bajo lo que equivale a la ley marcial, controlando los movimientos y la actividad política.
Este fue el contexto en el que Moshe Dayan hizo la declaración citada anteriormente sobre la anexión del Líbano hasta el río Litani para poner fin a estas incursiones transfronterizas de militantes palestinos. Al final, no tuvieron que hacerlo, ya que los ejércitos libaneses demostraron ser bastante eficaces a la hora de reprimir los esfuerzos palestinos.
Al mismo tiempo, Israel estaba ocupado en conflictos con Egipto, Siria y los territorios palestinos que no había logrado capturar en 1948.
Unos cuantos acontecimientos clave llevaron a los israelíes a centrarse más en el Líbano. El primero fue la Revolución Palestina de 1965, que vio la creación de Fatah, el primer intento serio palestino en el exilio por unificarse y organizarse en torno a la lucha armada. La organización más grande era la Organización para la Liberación de Palestina, que en aquel momento tenía su sede principalmente en Jordania, pero que también contaba con una fuerte presencia en el Líbano.

Una manifestación en la que participaron militantes fedayines palestinas hacia 1965.
El siguiente acontecimiento importante fue la derrota de los ejércitos árabes en 1967 y, con ella, el fin de la esperanza de que los regímenes nacionalistas árabes liberaran Palestina. Luego, en 1970, el «Septiembre Negro» en Jordania vio cómo el ejército jordano libraba una guerra contra los militantes palestinos y los expulsaba al Líbano. Fue entonces cuando Israel centró realmente su atención en el Líbano. Con el fin de sofocar los ataques procedentes del norte, los israelíes comenzaron a aplicar una estrategia múltiple.
En primer lugar, atacaron objetivos en las zonas de las que sospechaban que podrían surgir los ataques. Esto fue acompañado de campañas de bombardeos indiscriminados que no distinguían entre objetivos civiles y militares.
En segundo lugar, Israel llevó a cabo ataques intencionados contra civiles con el fin de intentar volverlos en contra de los grupos militantes palestinos. Por ejemplo, en 1974, las Naciones Unidas negociaron un alto el fuego denominado «Tregua de los Olivos» con la esperanza de permitir a los agricultores libaneses cosechar sus aceitunas. Israel lo violó tras solo tres días, llevando a cabo incursiones terrestres y bombardeos aéreos.18
Moshe Dayan había resumido esta política de castigo colectivo en la década de 1950:
«No podíamos impedir cada asesinato de un trabajador en un huerto o de una familia en sus camas. Pero estaba en nuestro poder fijar un alto precio por nuestra sangre, «un precio demasiado alto como para que la comunidad árabe, el ejército árabe o los gobiernos árabes consideraran que valía la pena pagarlo… Estaba en nuestras manos hacer que los gobiernos árabes renunciaran a la “política de la fuerza” hacia Israel, convirtiéndola en una demostración de debilidad».19
Y la tercera estrategia que los israelíes aplicaron en el Líbano fue ganarse el favor de los colaboradores maronitas libaneses, tanto en el sur del Líbano como en Beirut. Ya a principios de la década de 1970, los israelíes estaban armando a la Falange, o Kataeb, un partido maronita de extrema derecha fundado por Pierre Gemayel en 1936 a imagen del partido nazi en Alemania.20
En respuesta a estas condiciones y contradicciones, en 1969, los izquierdistas del Líbano formaron lo que se conoció como el Movimiento Nacional Libanés. Este resultó ser la mayor amenaza para el sistema sectario hasta la fecha. El Movimiento Nacional Libanés era un movimiento explícitamente antisectario y pluralista con fuertes corrientes socialistas; estaba aliado con la OLP. Entendían que la lucha libanesa contra el sistema oligárquico sectario debía estar vinculada a la lucha por la liberación palestina contra el sionismo.21
La élite maronita, organizada principalmente en el Partido Kataeb, odiaba todo esto porque tenía mucho que perder. Bloqueó cualquier cambio en el sistema. Los primeros esfuerzos por cambiarlo adoptaron la forma de maniobras políticas; cuando estas fracasaron, estalló la lucha armada. Este fue el telón de fondo de la guerra civil en el Líbano, que se desencadenó en 1975. Como dijo el futuro presidente Amin Gemayel:
«Hemos intentado salvar las instituciones de cualquier cambio. Aunque la violencia no lleva a ninguna parte, al menos nos ha ayudado a salvar lo que se podía salvar. Fue violencia para conservar el sistema».22
Por su parte, Israel ya llevaba años apoyando a la Falange, acogiendo reuniones con sus líderes, entrenando a sus soldados y enviándoles armas. Preferían el dominio continuado de la élite cristiana maronita a cualquier otra cosa: no solo por su antagonismo mutuo hacia la población palestina, sino también porque, en muchos sentidos, el sistema sectario que elevó a la élite maronita al poder reflejaba su sistema etnonacionalista más que las tendencias pluralistas, de izquierda y pro-palestinas representadas por el Movimiento Nacional Libanés.
Cuando estalló la guerra en el Líbano en 1975, mientras todos los demás frentes se cerraban de facto, Israel centró toda su atención en el Líbano. Continuaron financiando a los Kataeb, a pesar de (o precisamente porque) los Kataeb estaban masacrando palestinos. En 1976, Israel creó lo que denominó la «Buena Frontera» en el sur del Líbano como zona de amortiguación.23 Allí instalaron a Saad Haddad, un oficial que desertó del ejército libanés para servir como virrey de Israel en el sur del Líbano. En esta colaboración con Saad Haddad, los israelíes pudieron finalmente cumplir la fantasía que Moshe Dayan había descrito veinte años antes.

El colaborador Saad Haddad sobre un tanque en el sur del Líbano con banderas libanesas e israelíes.
Tres años después del inicio de la guerra, en 1978, Israel invadió el Líbano en lo que denominaron Operación Litani. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel en aquel momento era el propio Moshe Dayan. Muchos consideran que este fue el comienzo de la ocupación israelí del sur del Líbano, un periodo en el que las fuerzas de Haddad cometieron numerosas masacres en el sur y consolidaron su control en esta zona de amortiguación recién creada.24 Pero la presencia de Israel en el resto del país fue efímera. El 10 de octubre, Estados Unidos, entonces bajo el mandato de Jimmy Carter, impuso un acuerdo de alto el fuego a Israel, que se retiró. Sin embargo, la ocupación del sur continuó, al igual que la resistencia contra ella.
Ese alto el fuego se desarrolló exactamente igual que los que hemos visto más recientemente. Israel siguió bombardeando el sur del Líbano y armando a sus aliados fascistas cristianos maronitas por todo el país, mientras que tanto el pueblo libanés como la OLP actuaban con moderación. Con el tiempo, esto se volvió insostenible. El 15 de julio de 1981, la OLP comenzó finalmente a lanzar cohetes contra Israel; Israel respondió con bombardeos intensivos sobre zonas pobladas del sur, atacando el puerto de Tiro e incendiando una refinería de petróleo.
El 24 de julio, Estados Unidos negoció otro alto el fuego. Una vez más, la OLP lo respetó, mientras que Israel lo violó repetidamente. Luego, el 6 de junio de 1982, cuando el alto el fuego llevaba vigente casi un año, el ejército israelí invadió el Líbano. Esta vez, su excusa fue un intento de asesinato contra el embajador israelí en el Reino Unido, a pesar de que el grupo responsable del atentado se oponía abiertamente a la OLP. De hecho, el ministro de Defensa israelí, Ariel Sharon, llevaba meses planeando la invasión.25
La invasión de 1982 se llevó a cabo a una escala mucho mayor que las anteriores incursiones israelíes. Fue la primera vez que cruzaron el río Litani. Los israelíes sitiaron Beirut y, tras bombardear la ciudad y cortar el suministro de electricidad y agua, lograron imponer un alto el fuego a la OLP.26 Como parte de ese alto el fuego, la OLP accedió a evacuar Beirut, cumpliendo así el principal objetivo declarado de la invasión israelí. Pero los israelíes no se retiraron, ya que otro objetivo de la invasión era garantizar la elección de Bashir Gemayel, líder del Partido Kataeb, como presidente del Líbano.
El 23 de agosto, con los tanques israelíes en las calles, Bashir Gemayel fue elegido presidente, una perspectiva aterradora para la diaspora palestina y la izquierda libanesa. Dos semanas más tarde, Gemayel fue asesinado en un atentado con coche bomba frente a su sede. El asesino fue identificado posteriormente como un maronita libanés, Habib Shartouni, miembro del Partido Nacionalista Socialista Sirio.
No obstante, muchos de los leales a Gemayel culparon rápidamente a los palestinos. Las milicias fascistas cristianas, bajo la protección de los israelíes, cometieron la masacre más notoria de la guerra, la masacre de Sabra y Chatila, en la que los israelíes ayudaron a sus aliados cristianos a matar a más de 2.000 civiles palestinos y libaneses.
Tras esta horrible masacre, la resistencia contra la ocupación israelí aumentó drásticamente. Junto con otras presiones, esto obligó a Israel a retirarse de Beirut en septiembre de 1982. Esta fue la primera vez que una capital árabe se liberó de la ocupación israelí mediante la lucha armada.
Durante este periodo, los estadounidenses crearon la Fuerza Multinacional, que entró para hacer cumplir el alto el fuego entre la OLP e Israel. En septiembre de 1983, EE.UU. envió 2.000 marines al Líbano para garantizar el éxito del Gobierno libanés bajo el mando del hermano de Bashir, Amine Gemayel.

Una insignia de la Fuerza Multinacional en el Líbano (MNF) con las banderas de todas las potencias participantes.
El 23 de octubre de 1983, dos camiones bomba dirigidos contra el cuartel general de los marines estadounidenses y el centro del batallón francés causaron numerosas víctimas. El primero supuso la mayor pérdida de vidas de las fuerzas marinas estadounidenses desde la batalla de Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial. El ataque fue reivindicado por un grupo del que nadie había oído hablar hasta entonces, que más tarde se reveló como Hezbolá, el Partido de Dios.27 Estados Unidos y el resto de la Fuerza Multinacional se vieron obligados a abandonar el Líbano al año siguiente, en gran parte a causa de estos ataques.

Las secuelas del atentado contra los cuarteles de los marines estadounidenses en Beirut, 1983.
En 1985, Israel se «retiró» del Líbano; en realidad, se mantuvo la zona de amortiguación en el sur, donde los soldados y colonos israelíes podían moverse libremente. Esta ocupación continuada condujo al auge de Hezbolá, cuyos guerrilleros llevaron a cabo ataques contra las tropas israelíes y su milicia aliada.
El primer gran intento de Israel por aplastar esta resistencia tuvo lugar en 1993, cuando intentaron sin éxito empujarlos al norte del río Litani. Intentaron lo mismo con un asalto de 17 días en 1996, la «Operación Uvas de la Ira».
La guerra civil libanesa pasó por muchas fases y terminó en 1990 con la firma del Acuerdo de Taif. Pero nunca se abordaron las cuestiones fundamentales que desencadenaron la guerra, ni los problemas que surgieron durante los quince años de combates. Lo que comenzó como una exigencia para poner fin al sistema sectario degeneró en un caos sectario y, en última instancia, se resolvió con algunos cambios en las cuotas sectarias y en el reparto del poder entre la élite sectaria. Los principales perdedores de la guerra, los y las palestinas, fueron culpados de la guerra y perdieron casi toda su presencia política y militar en el país.
La ocupación del sur terminó en 2000, después de que las fuerzas de resistencia que surgieron en respuesta a dicha ocupación —sobre todo Hezbolá— la hicieran insostenible. Pero un territorio se convirtió en un importante punto de fricción: las granjas ocupadas de Shebaa, que los israelíes arrebataron a Siria en 1967. Hezbolá afirmaba que este territorio era libanés, argumentando que la retirada israelí seguía siendo incompleta.28 Otros vieron esto como un intento de seguir legitimando la existencia de Hezbolá como grupo de resistencia armada tras la retirada de las fuerzas de ocupación.
Así comenzó un conflicto transfronterizo de baja intensidad que duró seis años y culminó en la Guerra de Julio de 2006. Israel invadió una vez más el Líbano, destruyendo infraestructuras como depósitos de petróleo, puentes fundamentales y el único aeropuerto internacional del país. Exigían la desmilitarización de toda la región al sur del río Litani. El conflicto terminó con un acuerdo de alto el fuego negociado por la ONU, que estipulaba que las fuerzas de la FPNUL debían ampliar su despliegue hasta el río Litani.

La destrucción de un puente en el Líbano por los ataques aéreos israelíes en 2006.
El período intermedio se caracterizó por una relativa calma entre el Líbano y el Estado de Israel, con pocos enfrentamientos y ataques. Al mismo tiempo, aviones de combate, aviones de reconocimiento y, más tarde, drones israelíes sobrevolaban nuestras cabezas continuamente. Entre 2007 y 2022, Israel violó el espacio aéreo del Líbano más de 22.000 veces, lo que supone unos cuatro vuelos al día.
Este fue también un periodo de levantamientos y violencia en Palestina, concretamente en Gaza. Tras la elección de Hamás en 2006, Israel bloqueó Gaza. Cada pocos años, los israelíes bombardeaban Gaza: lo que ellos llamaban «cortar el césped». Los asentamientos israelíes en Cisjordania se expandieron a lo largo de este periodo. Los israelíes se centraron en consolidar su hegemonía sobre los territorios que habían ocupado desde 1967, al tiempo que lanzaban amenazas contra Hezbolá y el Líbano.
Por su parte, Hezbolá pasó de ser un simple grupo de resistencia armada a convertirse en un actor en la escena política libanesa y en los asuntos regionales —por ejemplo, al involucrarse en la guerra civil siria.
Ese era el clima que precedió a 2023. Tres años después de que las Naciones Unidas declararan que Gaza estaba en camino de convertirse en inhabitable, el brazo armado de Hamás llevó a cabo los ataques del 7 de octubre, desencadenando la guerra regional que continúa hoy en día. Hezbolá respondió al día siguiente abriendo lo que denominaron el Frente de Apoyo, lanzando cohetes contra el norte de Israel.
Estos combates se mantuvieron latentes hasta septiembre de 2024, cuando Israel intensificó drásticamente sus ataques contra el Líbano, comenzando con la tristemente célebre masacre de los buscapersonas. En las semanas siguientes, Israel desplazó a más de un millón de personas, masacró a civiles, mató a gran parte de la cúpula de Hezbolá y atacó los depósitos de armas pertenecientes al grupo. El 30 de septiembre invadió el Líbano, de nuevo con la supuesta intención de hacer retroceder a Hezbolá más allá del río Litani. El 27 de noviembre, alcanzaron un acuerdo de alto el fuego que estipulaba que Hezbolá se desarmaría al sur del río Litani y encomendaba al Gobierno libanés la supervisión de este proceso. Israel permaneció en cinco posiciones en el sur, alegando que se retiraría si el Líbano cumplía con sus obligaciones.

La destrucción de viviendas por los ataques israelíes, 2024.
Durante este alto el fuego, la ONU estima que los israelíes violaron el alto el fuego más de 10.000 veces, mientras que Hezbolá lo violó una sola vez, en respuesta a los ataques israelíes. Las violaciones israelíes incluyeron ataques aéreos casi diarios, asesinatos, demoliciones de viviendas y redadas terrestres.
Entonces, con el telón de fondo de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, Hezbolá lanzó seis cohetes contra Israel, precipitando la nueva escalada que estamos presenciando hoy. Hay muchas teorías sobre por qué lo hicieron. Inicialmente, Hezbolá afirmó que era para vengar el asesinato de Ali Jamenei el día anterior, y que era una respuesta a quince meses de bombardeos israelíes diarios durante el supuesto alto el fuego. Algunos sugieren que la decisión de reanudar las hostilidades bilaterales les ofrecía una forma de romper la dinámica en la que Israel trataba al Líbano como una zona de fuego libre sin ningún tipo de disuasión por parte de Hezbolá, del Estado libanés o de la llamada comunidad internacional. Otros sostienen que fue un intento temerario de recuperar la legitimidad tras las derrotas que sufrió Hezbolá en 2024.
Sea como fuere, aquí estamos ahora. Los israelíes están en el Líbano y pretenden quedarse. Quieren crear una «línea amarilla» en el sur del Líbano, es decir, otra zona de amortiguación. Muchas personas ven esto como una apropiación de tierras que podría dar lugar al establecimiento de asentamientos israelíes permanentes en la zona. Otras creen que Israel está preparando el terreno para una apropiación masiva de recursos, apuntando no solo a la fértil zona agrícola, sino también a las aguas del río Litani. A juzgar por la demolición a gran escala de las aldeas que han capturado, así como por los dos últimos años de ecocidio en el sur (por ejemplo, Israel utilizando munición de fósforo blanco para envenenar la tierra), se puede afirmar con seguridad que el ejército israelí está tratando de cumplir la amenaza que Moshe Dayan lanzó en 1974: «Haremos imposible la vida en el sur del Líbano».

Israel ha utilizado con regularidad munición de fósforo blanco en el sur del Líbano.
Los israelíes están intentando llevar a cabo una limpieza étnica en todo el sur. Aunque el Líbano e Israel acordaron un nuevo alto el fuego el 16 de abril, los israelíes no han cesado en sus ataques. Están destruyendo sin piedad pueblos enteros, asegurándose de que la vida sea imposible, por no hablar del retorno. Esto plantea la posibilidad de una crisis de desplazamiento prolongada, que se suma a las muchas otras crisis que afligen al Líbano en este momento. Este es el tema habitual de los «altos el fuego» unilaterales de Israel, tanto en el Líbano como en Gaza. Para los israelíes, un alto el fuego es una oportunidad para recuperarse, planificar y establecer nuevos hechos sobre el terreno en las zonas que han conquistado. Consideran esto como una única guerra continua, que ya dura casi un siglo.
Israel pretende destruir el Líbano. Eso no cambiará si Hezbolá se desarma. La situación está empujando al país hacia la guerra civil, especialmente con un gobierno actual tan centrado en desarmar a Hezbolá (tanto como fin en sí mismo como con la esperanza de disuadir de alguna manera la agresión israelí). La guerra civil en el Líbano favorecerá el objetivo de Israel de fracturar y debilitar el Estado libanés.
¿Qué se supone que debe hacer la población del Líbano? ¿Qué propuestas hay sobre la mesa? ¿Existe alguna forma viable de poner fin al asalto israelí y permitir que los libaneses desplazados regresen a sus hogares en el sur?
Entre la resistencia y la soberanía
El Líbano se encuentra en una encrucijada. Se están formando dos bandos y ninguno se dirige al otro. Un bando, liderado por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam, busca negociaciones directas con los israelíes. Se han comprometido con el objetivo de monopolizar las armas en manos del Estado, mientras que dejan todo lo relacionado con Israel en manos de la llamada comunidad internacional. El otro bando, liderado predominantemente por Hezbolá, sigue la vía de la lucha armada. Siguiendo el camino que emprendió hace más de cuatro décadas, su principal estrategia es seguir apoyándose en la República Islámica de Irán y en la estrategia militar del llamado «eje de la resistencia».
Para el primer bando, el único problema es Hezbolá: supuestamente, una vez que Hezbolá sea desarmado, Israel dejará de bombardearnos y retirará sus tropas del país. Para el segundo bando, el único recurso es resistir directamente al ejército israelí invasor y continuar la confrontación militar con Israel. Cada uno acusa al otro de traición por trabajar en nombre de una potencia extranjera.
Quienes critican al actual Gobierno lo acusan de sacrificar el sur del Líbano en aras del resto del país. Quienes critican a Hezbolá los acusan de sacrificar el resto del país por el sur. Esta división tiene también un aspecto sectario correspondiente. Si a esto le sumamos la policrisis en el Líbano, especialmente el agotador colapso económico que muchos afirman que es uno de los peores en un siglo, a nivel mundial, todo esto es, sin duda, una receta tóxica para la guerra civil.
¿Cómo impedimos que Israel nos bombardee? ¿Cómo lo sacamos del Líbano? ¿Cómo frenamos el fascismo militante y el descarado expansionismo que se ha convertido en la corriente dominante en la sociedad y la política israelíes? ¿Cómo nos protegemos de la creciente manía imperialista del imperio estadounidense? Aparte de armar a Israel hasta los dientes, Estados Unidos aún no se ha involucrado directamente en el Líbano, pero si la historia sirve de indicio, es muy posible que lo haga en algún momento.
Es difícil responder a estas preguntas, sobre todo porque la mayoría de ellas tienen muy poco que ver con nosotras. Israel se ha convertido en una sociedad profundamente enferma, y encuesta tras encuesta muestra un apoyo mayoritario continuado al genocidio en Gaza, la guerra contra Irán, la guerra contra el Líbano. Los colonos, respaldados por el ejército, están llevando a cabo pogromos a gran escala en Cisjordania. No parece haber ningún mecanismo interno o internacional para detener sus ambiciones expansionistas y genocidas.
Me fui del Líbano en 2021. Me fui por muchas razones, pero la que hizo que quedarme allí fuera insostenible fue que vi venir esta guerra. Vivía aterrorizado constantemente por el ruido de los aviones de combate israelíes sobre mi cabeza. Podía ver el creciente fascismo en la sociedad israelí tal y como era: una sed de dominación y expansión. Israel nunca ha declarado sus fronteras, y hace tiempo que está claro que quieren apoderarse de Gaza y Cisjordania. ¿Y luego qué? ¿Empezarán a desmilitarizar su sociedad? No. La fuerza dominante en Israel, tanto política como socialmente, es la necesidad de un enemigo externo para que no se vuelvan unos contra otros. Esta es una receta para un expansionismo violento sin frenos internos. Hoy, el fuego que los israelíes encendieron en Gaza se está extendiendo al Líbano. ¿Dónde se detendrá?
He criticado públicamente a Hezbolá. El partido ha desempeñado un papel en todo esto. Se ha aliado con fuerzas reaccionarias y corruptas, tanto en el Líbano como en la región. Su respaldo militar al régimen de Assad (una desviación significativa de su objetivo declarado de resistir a Israel) lo ha hecho impopular en la región y puede ser la razón por la que los israelíes violaron su aparato de seguridad en los últimos dos años. Su forma de resistencia claramente sectaria y el respaldo extranjero contribuyen a importantes debilidades estratégicas.
Hezbolá ha demostrado no estar dispuesto o no ser capaz de defender su postura ante el resto del país. Hay muchas razones válidas por las que gran parte de la población libanesa no confía en Hezbolá. Un acontecimiento clave que contribuyó a esta desconfianza, y que no es muy conoci





