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El extractivismo humano detrás de la IA
27 de juny, per Nadia27/06/2026Fuente:Etiquetas:Gemini o Claude responden “como humanos” y este “como” es clave. Para que esto sea posible hay cientos de personas trabajando en producir datos para esos modelos: creando listas de verificación que definen si una respuesta de chatbot es buena o mala, calificando esas anotaciones, determinando cuáles son las mejores respuestas, y hasta explicando cada paso que dieron para llegar a este resultado ideal y produciendo un «rastro de razonamiento» para que la IA lo siga más adelante cuando se encuentre con una tarea similar.
Son personas trabajadoras mal pagadas que se encuentran en situaciones precarias en países como Bulgaria, Siria, Kenia o Argentina donde es posible encontrar mano de obra barata, lo cual dificulta la posibilidad de sindicalizarse o denunciar prácticas poco éticas y exigir mejores condiciones por temor a perder empleos. La mayoría proviene de comunidades pobres y marginadas (refugiados, personas encarceladas, migrantes), y muchas son mujeres que al realizar el trabajo de manera remota también combinan este trabajo con las tareas de cuidado no remuneradas —y también cobran menos, reciben las peores asignaciones y además sufren violencias de género según muestra el proyecto data-workers.org—.
Todo esto para que la máquina hable como un humano, o al menos suene como algo parecido a eso. Porque lo cierto es que, por cómo está el desarrollo tecnológico hoy en día y los resultados que se están viendo, mucho falta para que los modelos sean cien por cien autónomos e inteligentes en un sentido profundo o, como les gusta decir a los tecnófilos, para que sean “emotionally resonant”, e inclusive se habla de cierto estancamiento técnico. Mientras tanto en lo que ya se anticipa como una burbuja “peor que la de las dot.com”, el Big Tech sigue invirtiendo cantidades obscenas de dinero y sosteniendo su negocio con esquemas laborales explotadores y coloniales que hasta pueden pensarse una nueva forma de colonialismo digital.
El deterioro del trabajo en manos de la tecnología es preIA y se puede rastrear a comienzos de los 2000 con la aparición de modelos de «uberización» del trabajo y la popularización de la “economía de las changas” (gig economy) que llegó para normalizar el empleo temporal, sin protecciones y en condiciones precarias o de multiempleo —con el maestro que también es taxista y que en economías devaluadas como la Argentina son postal corriente—. Modelos que vienen incidiendo en un deterioro general de las condiciones de vida para muchas personas en todo el mundo, pero que tenemos totalmente naturalizados y que son parte de la modernidad.
Lo que quizás sea una novedad es la rapidez con la que este tipo de empleo se está extendiendo a otras áreas, desde las más técnicas, las ciencias exactas —ni quienes se dedican la programación están a salvo hoy—, a las humanísticas ya que cada vez se necesitan más especialistas con conocimientos más específicos sobre los distintos saberes sobre los cuales el asistente virtual debe ser versado. La preocupación, como planteaba un excelente especial de The Verge, es que la inteligencia artificial esté introduciendo en el trabajo intelectual (white collar) el tipo de trabajo precario propio de las plataformas digitales que transformó el transporte o el reparto de comida a domicilio.
Trabajo invisibilizado, no invisible
Si la fantasía de que la IA viene a resolver problemas importantes en el mundo es parte fundamental en la construcción narrativa y el hype detrás de esta industria, es interesante notar que esa fantasía de eficacia y progreso, al menos por ahora, solo se sostiene con trabajo precarizado, tercerizado y ocultado. Así lo señala Milagros Miceli, socióloga e ingeniera de datos, fundadora del DWI (Data Workers Inquiry) y recientemente destacada entre las 100 figuras más influyentes en IA según la revista Time. Pero como explica Miceli, el trabajo no es invisible, sino que está invisibilizado con una intención deliberada para no mostrar las contradicciones intrínsecas a esta industria, que depende de millones de trabajadores (se calculan unos 400 millones, un 5 por ciento de la población mundial) haciendo tareas de generación de datos, verificación, anotación, moderación, suplantación, etcétera para que Gemini funcione de forma más o menos decente. Y aunque no es territorio de análisis de esta nota, vale decir también que estos sistemas no funcionan bien aún (alucinan, mienten, se equivocan, adulan) y que los impactos socioculturales de su uso masivo no son menores.
“Nosotros acuñamos el término trabajo de datos antes se hablaba de microtrabajo, de crowdsourcing. Hoy es el término más aceptado para hablar de esto y a lo que nos referimos es a todo el trabajo que sirve para crear conjuntos de datos que sirven para el entrenamiento de machine learning, pero también para mantener estos sistemas funcionando. Lo que la gente no sabe es que estos sistemas necesitan, una vez que están entrenados, un mantenimiento y supervisión permanentes”, añade Miceli.
Tanto los informes de la Data Workers Inquiry como el especial de The Verge dan cuenta de una gran indefensión laboral en el sector, ya que las personas empleadas son catalogadas como contratistas independientes o freelance, y como tales no tienen derecho a vacaciones pagadas, descansos, atención médica, pago de horas extras ni prestaciones por desempleo. Se da también una deshumanización total en la que el control es absoluto —se instala software en sus computadoras para vigilar el tiempo ocioso— y las contratadas no pueden hacer nada que no sea rentable —ir al baño, descansar, prepararte un café— bajo la amenaza de ser reemplazados. Asimismo, como los ciclos propios del desarrollo y testeo de estas tecnologías son también bastante irregulares, prima la incertidumbre ya que las contrataciones van y vienen azarosamente como los despidos, y la desesperación por conseguir trabajo lleva a las empleadas a competir por sueldos paupérrimos bajo condiciones cada vez peores.
Y esto sin mencionar aspectos como el deterioro progesivo de la salud mental que ocasionan cierto tipo de tareas, las cuales deberían considerarse tan insanas como trabajar en una mina —y que quizá sean su análogo moderno—. Hablamos de las tareas de moderación de contenido, que son a las plataformas sociales como la generación de datos a la IA: esenciales. “Cada video de asesinato, suicidio, agresión sexual o abuso infantil que no se publica en una plataforma ha sido revisado y marcado por un moderador de contenido o un sistema automatizado entrenado por un moderador”, detalla un informe de Noema en el que participa Miceli. Estos moderadores que ven y etiquetan contenido inapropiado (discursos de odio, noticias falsas, violencia, etcétera) sufren ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático debido a la exposición constante al material, pero también, a las formas precarizantes que toma el trabajo: por ejemplo decidir sobre la violencia en los vídeos en un plazo de 50 segundos.
Una precariedad por diseño
“La precarización no es solamente una cuestión económica y de negocio, la precarización tiene un fin ulterior ya que se necesita que estas personas estén en una situación de tal dependencia económica que no cuestionen lo que están haciendo. Vos imaginate que un trabajador de datos promedio no sabe el para qué está etiquetando los datos o para qué los está recolectando o qué tipos de sistema está supervisando, hay una fragmentación del trabajo, se les dan instrucciones muy acotadas y nunca se les dice el propósito o de dónde provienen los datos con los que están trabajando. Hay ahí una cuestión de usar la dependencia y la precarización de estas personas para que no puedan cuestionar”, enfatiza Miceli.
Es así que el trabajo intermitente y los despidos abruptos, el secretismo extremo, la vigilancia como práctica común dentro del sector de los datos se vuelven estratégicos para que las personas trabajadoras vivan en un estado de extremo desgaste y máxima competitividad. Se suma que tampoco pueden hablar de su trabajo por los acuerdos de confidencialidad, ni preguntar nada a sus jefes o relacionarse con otros y compartir preocupaciones o información. Tampoco le da una posición para negociar o establecer cualquier tipo de antigüedad o seniority. ¿Divide y triunfarás? Las prácticas informales también se extienden a la manera de contratación —por Google Forms u oscuras plataformas privadas— y hasta de comunicación —se usan grupos de WhatsApp o Slack donde no se nombran a los clientes, los proyectos y las personas no se conocen—.
Esta “precariedad por diseño” tiene un fin, podríamos decir, epistemológico y formativo, ya que también contribuye al moldeado de los datos que luego van a usar los asistentes a los que recurren millones de personas todos los días. Y ese moldeado depende tanto de cosmovisiones y sesgos subjetivos, como de intereses económicos y políticos, como da cuenta Miceli. “En el mundo del aprendizaje automático hay que simplificar y hay que hacer que los datos le vayan bien al modelo. Se crean datos para que el modelo funcione, no se crean modelos para que tengan sentido con los datos que tengo. Entonces, obviamente, es imposible que estos modelos no sean sesgados. Se busca una uniformidad de los datos, que sirvan a un propósito muy específico, por tanto, se necesita que los trabajadores no usen su subjetividad para trabajar con esos datos, que no tengan una opinión o que no cuestionen. Hay una cuestión de crear sentido a partir de estos sistemas, pero un sentido que sea el de ellos y nada más que el de ellos. Y que no haya nada ni nadie que cuestione estos sentidos”.
Hacia donde vamos, ¿no necesitamos humanas?
Para sumar a un contexto geopolítico muy cargado, en la carrera por desafiar el dominio estadounidense en la IA global, países como China tienden a subcontratar el trabajo de manera más informal todavía, yendo a lugares como Kenia. No es casualidad que sea en este lugar donde en 2023 se hizo historia y se creó el Sindicato Africano de Moderadores de Contenido.
Como esta es una lucha que no se puede llevar adelante de forma individual, de a poco comienzan a aparecer otras iniciativas y proyectos similares como el de Kenia para organizar la lucha (en Argentina tenemos la AGC, Asociación Gremial de Computación que incluye a este tipo de trabajadores de datos); así como demandas colectivas como las de California donde acusan a las empresas de clasificar erróneamente a los trabajadores como contratistas independientes. “En Argentina los informáticos están sindicalizados, lo cual me parece espectacular y poco común en el mundo, e incluyen a los y las trabajadoras de datos”, apunta Miceli.
Tal vez una de las tensiones más incómodas en todo este asunto, más inclusive que el contraste entre el dinero que los laboratorios de IA invierten en datos y el que se le pagan a las empleadas sobre los que se construyen las fortunas de este tecnofeudalismo, sea que estemos invirtiendo millones en nuestra propia obsolescencia. Aunque sabemos que es más probable que la IA siga produciendo nuevas y perturbadoras formas de basura sintética (AI slop) antes que reemplazarnos en lo que hace interesante a un humano, también existe un futuro inquietante en el que no importa si no se cumplen las predicciones maximalistas que tanto les gusta hacer a los “tecnobros” o hay desempleo masivo causado por la innovación. Un futuro en el que el trabajo humano se automatice y degrade cada vez más.
Lo que es seguro es que seguir hablando de “futuro” e “innovación” sostenida por economías esclavistas y para nada modernas es tan absurdo como seguir hablando de gastronomía sostenible con restaurantes de alta gama con stagiers [becarios que no cobran por trabajar]. Y de la misma manera que hoy podemos apelar a los consumidores de a pie mucho más conscientes sobre sus consumos y lo que hay detrás, debemos hacer lo mismo con el consumo de tecnología. “No es una decisión puramente conceptual, es una decisión política. Pudiendo darle laburo a ilustradores, a guionistas, etcétera, estás dándole más dinero a estos monopolios, entonces también eso es una decisión política. También uno puede llegar a entender estas herramientas, estudiarlas muy bien y decidir no usarlas, porque no va con los valores o porque su uso, como en el caso de muchos profesionales, perjudica específicamente tu existencia”, cierra Miceli.
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Nazi muerto en Lyon: Una instrumentalización
26 de juny, per adiospgou26/06/2026Fuente:Etiquetas:Nota de Briega: El pasado 21 de junio en Castro Urdiales en el marco de una concentración de grupos neofascistas contra la acogida a personas migrantes se escucharon palabras sobre el mártir Quentin muerto en Lyon. El pretexto era criminalizar la oposición de un grupo de antifascistas que se presentó para recordarles que no eran bienvenidos. Ello tenía poco que ver con la supuesta preocupación de dichos grupos por el vecindario de Castro urdiales pero no es casual ni gratuita la asociación. Este texto arroja algunas reflexiones sobre como la extrema derecha está instrumentalizando lo que fue un ataque de su propia bandera en beneficio propio a través del victimismo.

Una instrumentalización
De "estudiante inocente“ a „mártir“. La instrumentalización de la muerte de Quentin Deranque. — La muerte violenta de Quentin Deranque, de 23 años, el 14 de febrero de 2026 en Lyon, marca un punto de inflexión en la dinámica de los enfrentamientos políticos en Europa. Lo que ocurrió al margen de una conferencia de la eurodiputada franco-palestina Rima Hassan (La France Insoumise) ha sido reescrito desde entonces por una maquinaria propagandística transnacional y bien engrasada de la extrema derecha.
Quentin Deranque, activista de extrema derecha, neofascista, neonazi y católico tradicionalista de 23 años, murió en Lyon a consecuencia de un traumatismo craneal que le infligieron dos días antes unos activistas antifascistas.
La narrativa difundida de la muerte del neonazi Quentin Deranque dibuja la imagen de un estudiante de matemáticas pacífico y profundamente religioso que fue víctima de un "linchamiento de la extrema izquierda“ únicamente por sus convicciones. Sin embargo, este relato es una ficción deliberada. No sirve para el duelo, sino para la creación estratégica de un nuevo "mártir“ para la extrema derecha. Su objetivo es movilizar a nivel europeo, criminalizar a los oponentes políticos y legitimar la violencia real.
DESCONSTRUCCIÓN DE UN MITO: ¿QUIÉN ERA REALMENTE QUENTIN DERANQUE?
Para comprender la dinámica de esta estilización, es necesario deconstruir el mito del "católico discreto“ creado por la derecha. Deranque no era un transeúnte cualquiera ni un corista apolítico. Las investigaciones y las primeras indagaciones policiales demuestran su implicación en estructuras de liderazgo violentas de la extrema derecha francesa. Deranque fue miembro de "Action Française“, además de cofundador del grupo neofascista identitario "Allobroges Bourgoin“, y practicaba artes marciales en "Audace Lyon“, una organización sucesora del grupo "Bastion Social“, prohibido por actos violentos. La noche de su muerte formaba parte de un „servicio de seguridad“ informal y armado al servicio del colectivo identitario y femonacionalista "Némésis“. Su objetivo no era tanto la seguridad como la confrontación.
La versión de que Deranque cayó en una cobarde emboscada contradice los hechos. La reconstrucción de lo ocurrido esa noche muestra que el suceso fue precedido por una provocación armada por parte del grupo de extrema derecha. Se trató de un ataque armado contra personas de izquierdas. Quentin formaba parte de los agresores, sufrió él mismo heridas graves, se negó a recibir atención médica y fue hallado 90 minutos más tarde, a 1,5 kilómetros del lugar de la pelea; fue trasladado a un hospital, donde falleció a causa de sus heridas. Sus propios compañeros del entorno neonazi glorificaron póstumamente a Deranque afirmando que le encantaba la "lutte à mort“ (la lucha a muerte). Esto pone de manifiesto una flagrante disonancia entre la imagen de víctima edulcorada por los medios de comunicación de extrema derecha y la identidad militante de su entorno.
LA ANATOMÍA DEL "TESTIGO DE SANGRE“ Y EL CULTO AL MARTIRIO
El hecho de que Deranque sea ahora celebrado como héroe y mártir sigue un patrón histórico. La extrema derecha construye deliberadamente un "martirologio secular“ profundamente arraigado en la tradición fascista. El caso de Deranque recuerda al culto en torno al miembro de las SA Horst Wessel durante el nacionalsocialismo, quien en la década de 1930 fue elevado a la categoría de „testigo de sangre“ del movimiento. Tanto entonces como ahora, la muerte de un activista se utiliza para formar una comunidad de víctimas imbuida del espíritu de la „batalla final“. En la retórica de la extrema derecha, el fallecido es sometido a una idealización moral en la que se borran todos sus rasgos militantes y agresivos. En su lugar, se le presenta como un guerrero heroico que sacrificó su vida por la defensa de la "propia civilización“ y la "raza“. Esta idealización apela a una identidad guerrera hipermasculina y transforma el duelo sin fisuras en una misión de venganza.
MOVILIZACIÓN TRANSNACIONAL: DE LYON A DRESDE
Lo más controvertido de este caso es la capacidad de movilización rápida y transfronteriza de la extrema derecha, que utiliza el suceso como catalizador de una agenda internacional. La muerte de Deranque no se quedó en un suceso local en Lyon, sino que desencadenó una onda de choque que llegó hasta los círculos diplomáticos más altos y traspasó las fronteras nacionales.
En Italia, la presidenta del Gobierno de derecha, Giorgia Meloni, calificó la muerte de Deranques como una „herida para toda Europa“ y atribuyó la responsabilidad al „odio ideológico“ de los extremistas de izquierda. En Roma, unos 1.000 neonazis se reunieron en una marcha conmemorativa y glorificaron a Quentin como un "cruzado cristiano“. Los neonazis polacos utilizaron un discurso similar en sus actos conmemorativos. En EEUU, la Administración Trump intervino. El Departamento de Estado de EEUU aprovechó el caso para advertir sobre un supuesto „terrorismo de izquierdas“ que se estaría extendiendo. La red "Active Club“, así como el „Patriot Front“ y otros grupos neonazis militantes, también llevaron a cabo actos conmemorativos en honor a Deranque. En Europa del Este, los neonazis de los países bálticos organizaron actos conmemorativos, al igual que la derecha polaca y checa. Durante el „Día del Honor“, celebrado el 14 de febrero en Budapest, también se tomaron fotografías de solidaridad. En el ámbito germanoparlante, "Lukreta“ organizó un acto conmemorativo en Berlín; la IB llevó a cabo una acción con pancartas en Viena y Patrick Schröder posó con un cartel de „Quentin Presente“ para el „Active Club Germania“ durante la marcha neonazi "Dresden Gedenken“. El "sajón libre“ Max Schreiber convocó, junto con los "Jóvenes Nacionalistas“ (JN), una marcha conmemorativa en Dresde. El hecho de que esta tuviera lugar el 23 de febrero de 2026, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Horst Wessel —el primer "mártir de la causa“—, fue sin duda más que una coincidencia.
UN "MURO DE FUEGO CONTRA LA IZQUIERDA“
Esta canonización internacional persigue un objetivo político claro y de actualidad. La extrema derecha utiliza la muerte de Deranque como palanca moral para desviar el discurso político. En Francia, Jordan Bardella (Rassemblement National) exigió la construcción de un „muro cortafuegos contra la izquierda“. Esta táctica de inversión estratégica tiene como objetivo tachar a los partidos de izquierda y a los grupos antifascistas de la sociedad civil de verdaderos enemigos de la democracia y aislarlos. Esto también se refleja en los parlamentos: mientras que el Parlamento Europeo rechazó la moción del grupo de extrema derecha „Patriotas por Europa“ de guardar un minuto de silencio por Deranque, la Asamblea Nacional francesa sí celebró dicho minuto de silencio. Esto demuestra hasta qué punto la estrategia de normalización de la derecha ya se ha infiltrado en las instituciones democráticas.
EL PELIGRO REAL: LLAMAMIENTOS A LA VIOLENCIA Y REPRESIÓN
La idealización como mártir no se queda en el ámbito simbólico, sino que se traduce en violencia masiva y real. La extrema derecha extrae de la indignación una legitimación directa para llevar a cabo represalias. En los canales de Telegram circulan llamamientos explícitos a la "caza de antifascistas“. Esto condujo directamente a agresiones violentas: en París, la sede del partido LFI tuvo que ser evacuada debido a una amenaza de bomba; se sarracaron sedes de asociaciones de izquierda, oficinas sindicales y despachos de diputados. En Toulouse y Lyon, bandas de matones de extrema derecha patrullaban las calles, atacaban a personas consideradas de izquierdas y coreaban "Justice pour Quentin“.
CONCLUSIÓN
El caso de Quentin Deranque es un ejemplo ilustrativo de los mecanismos de construcción de mitos de la derecha en el siglo XXI. El relato de la víctima inocente y católica es un instrumento estratégico que sirve a la derecha para encubrir sus propias provocaciones violentas, forjar una identidad transnacional de víctima y legitimar llamamientos reales a la violencia. El hecho de que las redes de extrema derecha hayan logrado convertir un ataque contra personas de izquierdas en una epopeya martirial que une a los pueblos —y que incluso ha movilizado a EEUU e Italia y se ha adaptado en las calles de Sajonia— demuestra el enorme y peligroso poder de movilización de este entorno. Asimismo, pone de manifiesto la interrelación entre actores neonazis, populistas de derecha y de extrema derecha. Son capaces de coordinarse a nivel mundial y llevar a cabo acciones en cuestión de horas. (*)
NOTAS:
(*) „La instrumentalización de la muerte de Quentin Deranque”, fuente: Antifa-Infoblatt, 2026-06-13, t¡itulo original: “Die Instrumentalisierung des Todes von Quentin Deranque” (LINK)
IMAGEN:
(*) Antifa (antifainfoblatt)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2026-06-26)
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Una marea de orgullo recorrerá el sábado las calles de Santander para «resistir con fuerza» frente al odio
26 de juny, per adiospgou26/06/2026Fuente:Etiquetas:Una marea de orgullo recorrerá el sábado las calles de Santander para «resistir con fuerza» frente al odio
ALEGA y Cantabria No Se Vende convocan la manifestación a las 18:00 horas hasta la Plaza de las Farolas, donde continuará la programación del día grande
La lucha por la diversidad, el respeto y la convivencia teñirá de arcoiris las calles de Santander este sabado, en el que se celebra el Argullu 2026, el Orgullo, organizado por ALEGA, la asociación LGTBI, y Cantabria No Se Vende.
Si bien hay actos toda la semana y ha habido varias celebraciones por toda la comunidad (de Ruente a San Felices, de Castro a Torrelavega, y aún quedan citas como la del 4 de julio en Astillero), el día grande será el sábado y el escenario de toda la jornada, desde las la Plaza de las Farolas. La manifestación partirá a las 18:00 horas desde la Alameda de Oviedo, con punto de encuentro a las 17:30 horas en la zona de Vargas, 53, para llegar después a la plaza y continuar con la programación.
ALEGA organiza el Argullu con motivo del Orgullo LGTBI+ (lesbianas, gais, trans, bisexuales, intersexuales y otras realidades), cuyo día internacional se celebra el 28 de junio en recuerdo de los disturbios del bar Stonewall, en Nueva York, cuando la comunidad se rebeló frente a los abusos.
La asociación ha señalado que «ahora más que nunca es importante que todas las realidades estén presentes y hacer frente al odio», y ha advertido de que «tal y como se ha ido viendo en los últimos años, la violencia en sus múltiples formas ha ido escalando, sean agresiones discriminatorias, comentarios u otras acciones». «Como cada año, nos reunimos para gritar que esto tiene que acabar», ha añadido.
La asociación ha llamado a «resistir con orgullo ante un sistema que nos discrimina y nos quita derechos tan esenciales como el tener un techo», y ha reivindicado que «al igual que el resto, la comunidad LGBTIQA+ nos merecemos una vida digna y tenemos derecho a reivindicarlo».
La identidad gráfica y visual de esta edición, desarrollada por Luca González, David Urdinguio y Anaïs Poulain, toma como inspiración los ecosistemas marinos y la diversidad que albergan. Bajo el concepto de «diferentes realidades en el mismo mar», la imagen del Argullu presenta olas con los colores de la bandera del orgullo LGTBI+ y diferentes especies marinas representando las banderas del colectivo.
En Cantabria,se produjeron 34 los delitos e incidentes de odio registrados en 2025, frente a los 22 del año anterior. Diez correspondieron a orientación sexual o identidad de género, mientras que 19 estuvieron vinculados al racismo y la xenofobia. Además, se contabilizaron 26 victimizaciones, nueve de ellas por orientación sexual o identidad de género.
DURANTE LA SEMANA
Antes del día grande, la programación continuará este martes 23 de junio con la charla ‘Naturalizando las corporalidades intersexuales’, a cargo de Asmi Molina, activista intersex y miembro del Comité del Año Temático Intersex de la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+), en el Centro Cívico Juan Carlos Calderón, a las 17:30 horas. El miércoles 24 se celebrará el Orgullo en Suances.
El jueves 25 habrá doble actividad en Santander: a las 17:30 horas, la charla ‘Nuestros cuerpos, nuestras reglas’, impartida por Ángela Prellezo, socia de ALEGA, enfermera y matrona del Servicio Cántabro de Salud, en el Espacio Joven; y a las 20:00 horas, la proyección de la película ‘Las líneas discontinuas’, de Anxos Fazáns, en la Filmoteca de Cantabria Mario Camus, dentro del ciclo de La Llave Azul y con presentación y coloquio. Además, el viernes 26 se celebrará el Orgullo de Río de la Pila, en Santander, como antesala de la manifestación del sábado.
El domingo 28, Día Internacional del Orgullo, la agenda incluye una nueva proyección de ‘Las líneas discontinuas’ en la Filmoteca. La película tiene como protagonistas a Bea, una mujer de 50 años que se está separando de su marido, y a Denís, un chico trans de 28 años que afronta la precariedad laboral. Tras pasar tres días juntos, ambos deben continuar su camino.
EL SÁBADO, ENTRE LA CELEBRACIÓN Y LA REIVINDICACIÓN
La jornada del sábado comenzará a las 12:30 horas con la apertura de carpas. A las 13:00 horas se abrirá formalmente el Argullu con bailes regionales de Danzas San Pablo de Torrelavega, la bienvenida del presidente de ALEGA, Víctor Pérez Brezmes, y el pregón de Ricardo Moure, biólogo y divulgador científico nacido en Valladolid y criado en Santander, copresentador de ‘Órbita Laika’, en La 2.
La sesión de mediodía se desarrollará de 14:00 a 17:30 horas, con ambigú de Cantabria No Se Vende (CNSV) y El Lambión, concierto de Jimena Valcarce, sesión DJ con Charlie Miau y taller de pancartas.
A las 18:00 horas comenzará la manifestación convocada por ALEGA y CNSV, con lectura del manifiesto al llegar a la plaza.
Desde las 19:45 y hasta las 00:30 horas se celebrará el espectáculo del Argullu, con la entrega del premio Aleguita 2026 a La Libre, carrera de tacones, Argullosas Drag Show con Mia Moi, Kini Kinientos, Gran Nogara y Mikaella Ritchy, actuación de La Niña Delantro y sesiones de Charlie Miau y Borre.
La Libre es una librería alternativa, asociativa y Centro Social Autogestionado (CSA) situada en la Rampa de Sotileza. Santander Creativa la describe como un espacio dedicado a la cultura crítica, a la difusión de materiales sociales y a la organización colectiva. Este año ha impulsado la campaña ‘La Libre se queda’ para asegurar su continuidad en el local que ocupa desde 2009, y que ha logrado completar con éxito este fin de semana.
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El genocidio contra Palestina se cuela en «FELISA» (Feria del libro de Santander)
25 de juny, per Nadia25/06/2026Etiquetas:El Comité de Solidaridad con los Pueblos – Interpueblos, ante la presencia de Marcos-Ricardo Barnatán, conocido sionista, entre los autores invitados por la Feria del Libro de Santander (FELISA), quiere comunicar lo siguiente:
Hace muchos años que nos hemos posicionado a favor y defendido activamente los derechos del Pueblo Palestino. En particular, atendiendo a su demanda realizada a la comunidad internacional a que aplique el Boicot, las Desinversiones y las Sanciones (BDS) a Israel y a sus colaboradores, a fin de que cesen la limpieza étnica, el apartheid y el genocidio a la que les someten.
Desde que comenzó el genocidio en la Franja de Gaza no hemos dejado de demandar al Gobierno de España, a las instituciones y a las entidades privadas la no colaboración en el mismo. Esta colaboración también se realiza normalizando la presencia de quienes justifican tan horrible crimen en los medios de comunicación y RRSS, como es el caso del autor referido.
La programación de FELISA este año pretende poner en un mismo nivel a la ciudadanía palestina y al sionismo, basándose en la falsa premisa de simetría entre opresor y oprimido, asumiendo que colonizadores y colonizados son igualmente responsables de la situación, algo totalmente deshonesto.
Nos duele especialmente que la connivencia con el Genocidio en Palestina se haya colado en la Feria del Libro de Santander y llamamos a que se excluya de su programación a Marcos-Ricardo Barnatán.
Por coherencia, respeto y defensa de los DDHH del Pueblo Palestino, llamamos al boicot a FELISA, en tanto no se revierta esta situación, e interpelamos a todas las personas participantes en la feria -librerías, artistas, autoras y autores y público en general- a que se sumen al mismo.
"Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor"
DESMOND TUTU. Arzobispo Sudafricano. Premio Nobel de la Paz
Santander, 25 de junio de 2026
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“La guerra es la paz”, Orwelll en Felisa
24 de juny, per Patricia Manrique24/06/2026Adjuntos:Etiquetas:En la fachada del Ministerio de la Verdad, “Miniver” en la neolengua de la distopía orwelliana 1984, se podían leer las tres consignas del Partido: “La Guerra es la Paz”, “La Libertad es la Esclavitud” y “La Ignorancia es la Fuerza”. La neolengua tenía como objetivo manipular a la población y para ello se dedicaban a cortar, simplificar y destruir palabras como medio para limitar el alcance del pensamiento. En la misma línea, llamaban Ministerio de la Paz o “Minipax” al encargado de gestionar los asuntos bélicos, a saber, la guerra eterna con otras superpotencias. No tan lejos de 1984, nuestro actual Ministerio de la guerra se denomina Ministerio “de Defensa”, una forma de dulcificar la realidad que es, en sí misma, neolengua.
A Pedro Sánchez, que nos llenó de esperanza al entonar el “No a la guerra” para, a renglón seguido, aumentar el gasto en defensa, no le gustó el término “rearme” del plan para mejorar las capacidades militares de los países europeos propuesto por Von Der Leiden como “Rearm Europe”. “Hay que dirigirse a la ciudadanía de otra manera”, manifestaba desde Bruselas. ¿Qué pretendía realmente con eso? ¿Se mostraba como un iluso, un cínico o un fan de la neolengua de la Oceanía orwelliana? Lo cierto es que hubo un poco de las tres opciones, pero su praxis, la de su gobierno, es de rearme, no hay duda. Finalmente, el plan se ha ido aprobando en fases con la aséptica denominación “Preparación 2030”, y el enfoque del cambio ha sido meramente terminológico porque lo que nombra es el engranaje del régimen de guerra que se está imponiendo mundialmente y contra el que son indispensables las decisiones más allá de las declamaciones.

Así, en Moncloa no convencía el término "rearme" pero las cifras de la Comisión Europea y de la OTAN han hecho que se imponga con severidad el principio de realidad: el gasto militar español en 2025 creció un 35% respecto al año anterior. España ha puesto en marcha el mayor proceso de rearme industrial y militar desde la profesionalización de las Fuerzas Armadas, que incluye una combinación de nuevos Programas Especiales de Modernización del Ministerio de Defensa y el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa del Ministerio de Industria. El plan ReArm Europe, que compromete 800.000 millones de euros —alimentado por ingeniería contable para ocultar la deuda pública— y la exigencia aliada de elevar el gasto militar al 5% del PIB para 2035 constituyen el marco económico de un giro bélico atlántico en el que España se sitúa a la cabeza del incremento presupuestario militar, con una subida histórica que ya se acerca el 3% del PIB.
Este panorama de rearme, disimulado o no, se financia mediante un indiscutible coste de oportunidad social y ya se traduce en Europa en recetas de austeridad selectiva: recortes en la ayuda al desarrollo, congelación de pensiones, hachazos a las ayudas por discapacidad y globos sonda para retrasar la jubilación a los 70 años. Es la traslación exacta de la consigna de 1984: el bienestar social debe sacrificarse en el altar de la disuasión y, aunque el Gobierno asegure que no afectarán a partidas de asuntos sociales como Seguridad Social, pensiones, Educación o Sanidad, los gastos previstos representarán un retroceso en el bienestar de la población, porque afectaran indefectiblemente al resto de ministerios poniendo en peligro el ya maltrecho Estado de bienestar. Súmese que, según denuncia el Centre Delàs d´estudis per la pau, la inversión armamentística destruye valor social y empleo en comparación con la economía real: por cada mil millones de euros, el sector militar apenas genera 11.600 puestos de trabajo, frente a los 20.000 de la sanidad o los 29.000 de la educación.
Y este régimen de guerra tampoco se sostiene solo con partidas presupuestarias: necesita una profunda reconfiguración cultural que devuelva el nacionalismo marcial al núcleo de la identidad europea. La infosfera, hoy más que nunca, es un campo de continuación y ampliación de la escalada militar y se ocupa de atender al hecho de que el engranaje belicista necesita, además de presupuestos milmillonarios, una masa humana que los ejércitos profesionales ya no logran captar de forma voluntaria. A ello se debe que el fantasma del servicio obligatorio —visto hace una década como una reliquia del pasado— recorra de nuevo el continente: desde los modelos nórdicos de selección forzosa hasta el reciente regreso de la "mili" en Letonia y Croacia, pasando por los modelos híbridos de una Alemania que ya obliga a sus jóvenes a censarse militarmente a los 18 años y obliga a los hombres de entre 17 y 45 años a solicitar un permiso del Ejército para salir del país más de tres meses. Dinamarca ha ampliado la duración del servicio y ha extendido la obligatoriedad a las mujeres, para quienes hasta ahora era algo voluntario.
En España, aunque el discurso oficial niega la vuelta al cuartel forzoso, la maquinaria mediática y cultural ya está en marcha para tantear a la opinión pública. Aprovechando el 25 aniversario de la suspensión de la mili —que no está abolida y sigue en la Constitución oculta tras el deber de defender España— El País Semanal sacaba en portada su globo sonda con el reportaje “¿Lucharías por tu país?” deslizando, de manera sibilina, debates sobre el alistamiento obligatorio o la necesidad ciudadana de combatir porque “en tiempos de amenazas la cuestión es qué tipo de ejército necesitamos”. Así opera lo que el análisis crítico denomina “régimen de guerra”, uno tal que quiere hacernos creer que la necesidad de rearme es indiscutible, para regocijo de empresas militares como Indra o Air bus y para desdicha de la democracia. No se trata de una coyuntura, un momento o un episodio de las relaciones internacionales, sino de una tendencia y una decisión del capitalismo mundial.
Detrás de una estética pulcra de publirreportaje, El País nada incluía en sus páginas sobre el modo en que la maquinaria bélica sigue cobrándose víctimas y no sólo en los lugares en conflicto, también en los eslabones más vulnerables de la cadena que encuentran en el ejército una forma de huir de la pobreza y la precariedad. Casos como el del joven legionario de origen boliviano Kevin Parra Mejía, un muchacho de 23 años fallecido en Ceuta tras sufrir un desvanecimiento en plena instrucción física bajo las órdenes de un superior que, según declaraciones de compañeros, desoyendo sus síntomas con un cínico "esta película me la conozco yo", le obligó a seguir corriendo hasta desplomarse.
Dentro de toda esta estrategia de normalización de la violencia y la guerra es donde cabe entender que este año se haya colado un stand del Ministerio de Defensa en Felisa, Feria del libro de Santander. Y es en ese contexto donde hay que protestar enérgicamente en contra de que un evento cultural se deje utilizar así. Por ello, la Asamblea Cántabra contra el Rearme ha puesto en marcha una petición en Change.org para que se retire el Stand y ha publicado su posicionamiento en Briega denunciando cómo la presencia de este Ministerio en Felisa “responde en realidad a la necesidad de justificar y normalizar una política suicida, la carrera armamentista en la que estamos inmersos”, invitando a acompañarles en su protesta los días 26 de junio y 3 de julio, a las 19 horas en la Plaza Porticada.
En la misma línea de denuncia, el Ágora solidaria Cultura y Memoria Luis Toca ha lanzado un comunicado en el que su presidenta, la escritora María Toca, ha ironizado además: ““Si el Ministerio de Defensa participa en una feria literaria, quizás quienes nos dedicamos a la literatura deberíamos acudir a los desfiles militares a leer poemas de paz y amor”. Toca ha criticado otro de los inexplicables errores de Felisa este año, la presencia del defensor del sionismo Marcos Barnatán. Y es que si la cultura permanece indiferente ante el genocidio palestino, ya no es que sea neutral, es que se convierte en cómplice.
La ironía de Toca desarma, con la precisión de la palabra, la puesta en escena de nuestro particular Minipax en el espacio público. Que los tanques necesiten mimetizarse entre libros no es una anécdota festiva sino la constatación de que el pensamiento crítico está perdiendo la partida contra la neolengua del nuevo militarismo global.
Si Felisa permite que los manuales de instrucción militar ocupen el espacio del ensayo, y que la apología de las armas desfile con impunidad por nuestra feria cultural, estará contribuyendo a que la barbarie sea el único horizonte posible. Si hay quien quiere hacernos creer que la guerra es la paz, deberemos responder que la insumisión y la rebeldía a esa oscura neolengua es nuestro orden.




