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A medida que el poder de Trump se desvanece, se abre una ventana al cambio
13 d’abril, per adiospgou13/04/2026Fuente:Etiquetas:El ruido y la furia de un orden que se derrumba
A medida que el poder de Trump se desvanece, se abre una ventana al cambio
En la fase final del reinado de Donald Trump, se abrirán oportunidades para un profundo cambio social. Aquí exploramos la naturaleza de las dificultades que acosan a su administración y proponemos algunos puntos de partida para aquellas personas que aspiran a hacer algo más que simplemente sustituirlo por otro político.
En menos de un año y medio, Trump ha agotado por completo las ventajas con las que comenzó su segundo mandato. Ha pasado de parecer imparable a agitarse patéticamente. Obsesionado con proyectar una imagen de fortaleza, Trump es, en efecto —como dijo Shakespeare—, un mal actor cuya hora sobre el escenario pronto llegará a su fin. El torrente de falsedades y amenazas que emana de su administración puede verse tal y como es: una historia contada por un idiota, llena de ruido y furia, que no significa nada.
Los mercenarios al servicio del régimen de Trump han desperdiciado cualquier pretensión de autoridad moral.
La salida de Bovino allanó el camino para las salidas de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y de la fiscal general, Pam Bondi. El hecho de que Trump hubiera comenzado su segundo mandato decidido a evitar la continua rotación de personal que caracterizó al primero subraya lo grande que es esta derrota para él. A medida que sus secuaces se marchan en desgracia, esto no solo socava la lealtad de sus subordinados restantes —que pueden ver su propio futuro en los ignominiosos destinos de sus colegas—, sino que también debilita los argumentos con los que los lacayos que se han ido intentaban justificar los actos de la administración. Despedir a Greg Bovino y a Kristi Noem equivale a admitir que las operaciones del ICE en Los Ángeles, Chicago y Minnesota no fueron más que torpes intentos de aterrorizar a la población de Estados Unidos para someterla.
Al invadir Irán un mes después de despedir a Bovino, Trump intentó reparar su imagen repitiendo su aparente éxito en Venezuela. En cambio, al igual que en Minnesota, se vio envuelto en un desastre del que aún no ha logrado salir.
Todos los vinculados al régimen de Trump son conocidos ahora por sus mentiras continuas y patológicas.
Tras cambiar continuamente sus argumentos sobre el objetivo de la ofensiva a lo largo de marzo, Trump intentó poner fin al conflicto a principios de abril amenazando con ataques masivos contra la infraestructura civil —técnicamente, un crimen de guerra—. El 6 de abril, Trump seguía insistiendo en que la propuesta de diez puntos de Irán para un alto el fuego «no era lo suficientemente buena». A la mañana siguiente, declaró: «Esta noche morirá toda una civilización», lo que aterrorizó a mucha gente, que creyó que amenazaba con utilizar bombas nucleares —y tal vez repitiendo sin saberlo la profecía del Oráculo de Delfos, quien le dijo a Creso que si entraba en guerra, «un gran imperio caería», sin especificar que se trataba del imperio de Creso.
Una hora y media antes de la fecha límite que él mismo se había impuesto, Trump anunció que, en diálogo con el primer ministro de Pakistán —y no con ningún representante del Gobierno iraní—, había llegado a un alto el fuego, calificando la propuesta de diez puntos que había rechazado anteriormente como una «base viable» para las negociaciones.
Desde Minnesota hasta Irán, Líbano y Palestina, no tienen nada que ofrecer salvo muerte y destrucción para el enriquecimiento de unos pocos magnates.
El Primer Ministro de Pakistán afirmó que Estados Unidos, Irán y todos sus respectivos aliados habían acordado un alto el fuego inmediato en todo el territorio, incluido el Líbano. Sin embargo, al día siguiente, el ejército israelí seguía atacando el Líbano y, en respuesta, Irán continuó cerrando el estrecho de Ormuz.
Es difícil imaginar un peor desenlace para Trump. No ha logrado ninguno de sus objetivos expresos en Irán, ni el cambio de régimen ni la supresión del programa nuclear iraní. Ya no parece ser un interlocutor creíble en las negociaciones. Tanto su amenaza de atacar infraestructura civil como su afirmación de haber negociado un alto el fuego han resultado ser falsas. Ni el gobierno iraní ni el israelí están cumpliendo los acuerdos que él afirma haber concertado. Se ve obligado a generar tensión con el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mientras la presión sobre la economía global continúa sin cesar.
Sigue sin estar claro si Trump consideró seriamente un ataque masivo contra infraestructura civil —o incluso un ataque nuclear— o si simplemente profirió amenazas vacías por interés propio. En cualquier caso, el hecho de tener que pasar un día preguntándose si desplegaría armas nucleares dejó claro a millones de personas lo peligroso que es vivir bajo el yugo de un autócrata senil; al mismo tiempo, no hizo que Trump resultara más temible para sus enemigos. Se muestra a la vez volátil y débil.
Sea cual sea el próximo suceso en Irán, las derrotas consecutivas en Minnesota y Oriente Medio marcan otro punto de inflexión para el régimen de Trump.
La estupidez armada
Cuando Trump ganó las elecciones de 2024, gran parte del debate sobre cómo responder giró en torno a la pregunta de si él y sus colaboradores eran genios malvados o simples beneficiarios sin ingenio de las fuerzas históricas. Gran parte de la parálisis provocada por su regreso al poder se centró en esta cuestión. Los liberales advirtieron de que cualquier tipo de resistencia le haría el juego a Trump, permitiéndole declarar la ley marcial; los centristas se aprovecharon cínicamente de la situación para argumentar que el Partido Demócrata debería adoptar posiciones de extrema derecha sobre la inmigración. Apenas diecisiete meses después, es casi imposible recordar, y mucho menos comprender, hasta qué punto sus adversarios se convencieron a sí mismos de rendirse sin luchar.
Desde entonces, la pregunta ha sido respondida de forma concluyente. Trump tiene un único truco —apelar a lo más vil de los elementos más cobardes y odiosos de la sociedad— que repite con una consistencia inhumana. En un orden social que es en sí mismo degradado, que recompensa el interés propio rapaz mientras castiga la generosidad y la consideración, esta estrategia le ha llevado lejos. Pero ahora se está topando con un muro tras otro.
La formación de un gobierno basado en esta estrategia dio lugar a agencias llenas de bufones incompetentes centrados principalmente en cultivar una imagen pública y en competir por el favor de Trump. Llevar a cabo la política estatal sobre esta base ha vuelto a la mayoría de la población en contra del ICE e incluso ha empujado a la gente de vuelta a los brazos del Partido Demócrata, una de las únicas instituciones tan impopulares como Trump.
Uno de los gestos más característicos de la era Trump es la deshonestidad deliberada como forma de transgresión intencionada que denota fuerza. Cuando Donald Trump proclama falsedades fácilmente refutables, sus seguidores lo interpretan como una expresión de audacia; pueden demostrar la intensidad de su lealtad proclamando su creencia en esas falsedades, tal y como hacían los secuaces de Stalin. Pero no se pueden tomar decisiones militares basadas en falsedades: tarde o temprano, habrá consecuencias.
La mayor parte de la fuerza de Trump se compone del miedo que ha inspirado en la gente. Sus rápidos éxitos iniciales, como los ataques de guerra relámpago de Hitler de 1939-1941, se debieron a la debilidad de sus adversarios: políticos, ejecutivos y administradores que, al igual que el propio Trump, solo se mueven por la avaricia y el sentido de derecho. Solo después de que él y los mercenarios que le sirven se enfrentaran a una resistencia real fue posible calibrar su verdadera fuerza. Como dijo Mijaíl Bakunin en una carta a Maria Reichel: «Solo en el combate vemos lo que una persona es capaz de hacer».
O de lo que no es capaz.
El principal imperativo que impulsa las decisiones de la Administración Trump es la necesidad de proyectar fuerza. Lo han apostado todo a la construcción del poder duro en lugar del poder blando, a la intimidación en lugar de la persuasión. Ahora que han agotado la mayor parte de su capital político, el terreno se abre para otros.

Un manifestante soporta los agentes químicos en Minneapolis para defender lo mejor de la humanidad.
Ahora es el momento
Tras vivir la Primavera de Praga, Milan Kundera escribió algo en el sentido de que la forma ideal de gobierno es una dictadura en desintegración.
Todas las formas de gobierno se basan en la jerarquía y la violencia. La desigualdad política y económica se refuerzan mutuamente: cuanto más se concentra la riqueza en unas pocas manos, más verticales se vuelven las estructuras políticas, y viceversa. Sin embargo, esto permanece en gran medida invisible mientras la gente perciba a los gobiernos que los gobiernan como legítimos, o al menos inevitables. El sufrimiento por sí solo no hace que la gente desee el cambio; la gente desea en función de lo que es capaz de imaginar. Solo cuando un régimen desacreditado comienza a derrumbarse —creando una tensión entre lo que la gente ve a su alrededor y lo que es capaz de imaginar— muchas personas empiezan a plantearse cómo les gustaría cambiar la estructura de la sociedad.
Hoy en día, estas preguntas son más urgentes que nunca, a medida que se amplía la brecha entre ricos y pobres y los políticos recortan las redes de seguridad y las ayudas que antes amortiguaban el impacto del capitalismo en las comunidades y los ecosistemas.
En este momento, Trump es históricamente impopular, con pocas perspectivas de que mejore su imagen ante el público. Sin embargo, aún le quedan casi tres años de mandato por delante. Para millones de personas, el ascenso al poder de Trump y la inutilidad de las instituciones que se suponía que debían controlarlo están poniendo en tela de juicio todo el sistema político. Podemos ver cómo surge esta rabia y radicalización, aunque sea de forma confusa, entre los participantes de base en las manifestaciones masivas que han tenido lugar durante el último año.
Esta es una oportunidad sin precedentes para anarquistas, abolicionistas y otras personas que tienen propuestas concretas para lograr un cambio social estructural. Ahora mismo, cuando ninguna fuerza institucional es capaz de proponer una solución al problema, deberíamos hacer causa común más allá de nuestras diferencias, demostrando el poder de la solidaridad y la eficacia de la acción directa, compartiendo lo que hemos aprendido en el transcurso de nuestros esfuerzos por resistir al Gobierno, y exponiendo nuestra visión de un mundo mejor.
Esta oportunidad no durará mucho. Cuanto más nos acerquemos a las elecciones de mitad de mandato de 2026, más gente se centrará en la política electoral, incluidas muchas de las personas que actualmente participan en iniciativas de base. Es posible que en este momento estemos en una posición más sólida para dirigirnos a la gente de lo que volveremos a estarlo en toda la era Trump.
A menudo, el momento de mayor peligro, por ejemplo, cuando los fascistas o los agentes del ICE están asesinando a personas en Charlottesville o Minneapolis, resulta ser, en retrospectiva, el momento de mayor posibilidad. Para cuando el terror ha remitido y reconocemos el potencial de la situación, el momento ya está pasando.

Mercenarios federales agrediendo gratuitamente a la gente en Portland. Ninguna cantidad de fuerza bruta bastará para someter a una población cada vez más desesperada.
Debemos recordar esto, porque a medida que la posición de Trump se debilita, Él y sus seguidores intentarán llevar a cabo planes cada vez más aterradores y descabellados para mantener su control sobre el poder. Él y sus seguidores aún disponen de tiempo suficiente para causar un enorme sufrimiento, tanto en Estados Unidos como en el extranjero. Deberíamos prepararnos para rondas mucho más agresivas de represión. Del mismo modo, ya hemos visto que Trump no abandonará el cargo de buena gana.
Con toda probabilidad, el resultado de las elecciones de mitad de mandato vendrá determinado por lo que ocurra en los próximos meses, no por el éxito de las campañas de los políticos, sino más bien por la medida en que la resistencia de base haga imposible que la clase dominante imagine que Trump pueda seguir promoviendo sus intereses, y por la medida en que algunos elementos de la clase dominante sean capaces de reagruparse en torno a otras fuerzas institucionales, como el Partido Demócrata.
Mientras planificamos el Primero de Mayo y el verano, debemos adoptar una perspectiva a más largo plazo. ¿Cómo contribuirán las tácticas que mostremos durante estos eventos a familiarizar a un gran número de personas con el tipo de tácticas que necesitarán emplear junto a nosotras para frustrar el segundo intento de Trump de dar un golpe de Estado? ¿Cómo nos posicionarán los discursos que difundimos para seguir luchando contra todos los demás defensores del capitalismo y la opresión una vez que Trump se haya ido?
Debemos apresurarnos a poner al descubierto todas las conexiones entre fascistas, multimillonarios, militaristas, sionistas y nacionalistas cristianos, estafadores de criptomonedas, magnates tecnológicos, plataformas corporativas y de redes sociales, agencias federales como el ICE y la policía y los sheriffs que les dan cobertura, y los centristas y demócratas que allanaron el camino para las tragedias de la segunda era Trump al reprimir la resistencia de base al término de la primera. Debemos establecer líneas rojas dentro de la oposición a Trump, haciendo impensable promover o excusar a cualquiera de estas fuerzas, y mostrando lo tóxicos que han resultado ser los compromisos con ellas.
He aquí algunos objetivos concretos que nuestros movimientos podrían adoptar:
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Rechazar todas las propuestas insulsas de realizar reformas superficiales en el ICE y el Departamento de Seguridad Nacional, abogando en su lugar por una resistencia total con el objetivo a largo plazo de abolirlos. Quienes se han incorporado o han permanecido en esas agencias bajo el mandato de Trump han demostrado su odio hacia el resto de la población, dejando claro que estas instituciones existen con el propósito expreso de servir a los autócratas. A quienes han sido encarcelados o deportados se les debe permitir reunirse con sus seres queridos.
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Vincular la lucha contra el ICE con los movimientos abolicionistas contra la policía y las prisiones. Si los políticos demócratas no hubieran dedicado tanto esfuerzo en reprimir estos movimientos entre 2021 y 2024, los movimientos sociales habrían estado mucho mejor preparados para la segunda era Trump, y el régimen habría tenido menos armas a su disposición con las que imponer el control.
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Organizarse para liberar a las personas presas y obligar a los fiscales a retirar los cargos contra los acusados en todos los casos derivados de la resistencia al ICE y al régimen de Trump en general. Podemos aprovechar las negativas de los grandes jurados a imputar y de los jurados a condenar a los acusados de resistirse al ICE. A medida que se haga evidente para más gente que la ley es un instrumento político al servicio de quienes ostentan el poder, en lugar de una institución neutral, muchas personas buscarán formas de abordar la injusticia que no concentren el poder en manos de un Tribunal Supremo compuesto por reaccionarios de extrema derecha.
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Vincular la lucha contra Donald Trump a la lucha contra las cámaras Flock y los centros de datos y, de manera más general, a la resistencia contra los tecnofascistas especuladores como Elon Musk y Mark Zuckerberg.
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Canalizar la organización contra la guerra para centrarse en las empresas armamentísticas responsables del genocidio en Gaza y la limpieza étnica de Palestina.
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Demostrar cómo el racismo, la misoginia, la transfobia y otras formas de intolerancia facilitan las prácticas despiadadas mediante las cuales los multimillonarios están empobreciendo a nuestras comunidades.
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Crear proyectos de ayuda mutua, proyectos educativos de base y otras formas de infraestructura social ajenas al Estado que no puedan ser desmanteladas por las medidas de austeridad del Gobierno ni amenazadas por la represión contra las instituciones académicas y las organizaciones sin ánimo de lucro.
El colapso de los movimientos sociales radicales a finales de 2020 es una advertencia. Debemos salir de la segunda era Trump más fuertes de lo que entramos en ella. Esto es especialmente importante porque las verdaderas batallas apenas están comenzando. Se avecina una ola de victorias políticas fascistas en Europa, aunque si Trump es derrotado de forma contundente, eso podría minar su impulso. La inteligencia artificial apenas está comenzando a empujar a un gran número de personas al desempleo, al tiempo que intensifica la vigilancia estatal y el militarismo.
Como hemos argumentado antes, en el siglo XXI, cuando el Estado poco puede hacer para mitigar el impacto del capitalismo, el poder estatal es una patata caliente que quema a quien lo ostenta. Las mismas condiciones que están llevando al poder a los partidos de extrema derecha en todo el mundo también les están dificultando mantener el control. Pero eso también se aplica a quienquiera que suceda a Trump: Si Trump es destituido de su cargo, su base se dividirá en facciones sionistas y neonazis, cada una más virulenta que la última generación de republicanos, mientras que cualquier administración que le suceda también provocará ira y desilusión, lo que probablemente movilizará una nueva ola de impulso desde la extrema derecha. Si se repite lo ocurrido bajo la administración Biden, la reacción la próxima vez será más horrible de lo que podamos imaginar. Por eso debemos abordar de raíz los problemas que está creando el capitalismo, y no limitarnos a protestar contra sus figuras más nocivas.
Debemos asegurarnos de que a todo el mundo le resulte fácil distinguir nuestros proyectos de base de cualquier gobierno que ostente el poder, y seguir ampliándolos y profundizándolos independientemente de si hay un demagogo incompetente impulsando a la gente a salir a la calle. Como hemos aprendido una y otra vez —a veces por valentía, a veces por cobardía— es más seguro estar al frente.

Manifestante devuelve un bote de gas lacrimógeno a los asesinos que lo lanzaron durante las manifestaciones en Minneapolis en mayo de 2020, en respuesta al asesinato de George Floyd.
Apéndice: Sobre la estupidez
En este texto, cuando hablamos de estupidez, no nos referimos a una falta de aptitudes naturales, sino más bien a la cuestión de si uno elige hacer uso de sus aptitudes o suprimirlas activamente. A estas alturas, debería resultar evidente para todas las personas que aquellas que allanaron el camino para el ascenso de Trump —muchas de las cuales están extrañamente obsesionadas con la idea de que poseen aptitudes naturales que otros no tienen— se han negado de forma deliberada y obstinada a ver lo que tienen justo delante de sus narices. La estupidez, en este sentido, no es una condición intelectual, sino una falta moral.
Nadie lo expresa con mayor claridad que el pastor Dietrich Bonhoeffer, que fue testigo del ascenso de los nazis:
La estupidez es quizás menos un problema psicológico que sociológico. Es una forma particular del impacto de las circunstancias históricas en los seres humanos, una consecuencia psicológica de ciertas condiciones externas. Al observarlo más de cerca, resulta evidente que todo fuerte resurgimiento del poder en la esfera pública, ya sea de naturaleza política o religiosa, contagia de estupidez a gran parte de la humanidad. Incluso parecería que se trata prácticamente de una ley sociológico-psicológica. El poder de unos necesita la estupidez de otros. El proceso que opera aquí no es que determinadas capacidades humanas, por ejemplo, el intelecto, se atrofien o fallen de repente. En cambio, parece que, bajo el impacto abrumador del poder en ascenso, los seres humanos se ven privados de su independencia interior y, de forma más o menos consciente, renuncian a establecer una posición autónoma frente a las circunstancias emergentes. El hecho de que la persona estúpida sea a menudo obstinada no debe impedirnos ver que no es independiente. Al conversar con él, uno tiene prácticamente la sensación de que no está tratando con él como persona, sino con eslóganes, consignas y cosas por el estilo que se han apoderado de él. Está hechizado, cegado, manipulado y maltratado en lo más profundo de su ser. Al haberse convertido así en una herramienta sin mente, la persona estúpida también será capaz de cualquier maldad y, al mismo tiempo, incapaz de ver que es maldad. Aquí es donde acecha el peligro del abuso diabólico, pues es esto lo que puede destruir de una vez por todas a los seres humanos.
Sin embargo, en este mismo punto queda bastante claro que solo un acto de liberación, y no la instrucción, puede superar la estupidez. Aquí debemos aceptar el hecho de que, en la mayoría de los casos, una auténtica liberación interna solo es posible cuando la ha precedido una liberación externa. Hasta entonces, debemos abandonar todo intento de convencer a la persona estúpida. Esta situación explica por qué, en tales circunstancias, nuestros intentos por saber lo que «el pueblo» piensa realmente son en vano y por qué, en estas circunstancias, esta cuestión es tan irrelevante para la persona que piensa y actúa de forma responsable.
-Dietrich Bonhoeffer, «Sobre la estupidez» en Cartas y escritos desde la cárcel

Las personas que eligen servir a los tiranos pueden ser capaces de reprimir todo lo sabio y bello que hay en ellas mismas, pero no lograrán destruir la sabiduría y la belleza.
La fotografía de cabecera fue tomada por Mark Graves el domingo 1 de febrero de 2026 en las instalaciones del ICE de Portland. Era el segundo día consecutivo en que los agentes federales atacaban las manifestaciones con agentes químicos.
Traducción: A planeta
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En Puertochico; mercado tradicional SÍ, McDonald’s NO
13 d’abril, per adiospgou13/04/2026Fuente:La Asociación de vecinos de las plazas de Pombo-Cañadío y Ensanche impulsa una iniciativa colectiva de financiación para oponerse al Macdonalds por vía judicial ante el vacío completo del Ayuntamiento de Santander ante sus demandas.
A continuación el texto que introduce la inicicativa que han creado desde la Plataforma "Migranodearena".
El Ayuntamiento de Santander prometió rehabilitar el Mercado para compatibilizar la venta de producto de calidad y kilómetro 0 con la pequeña hostelería. Tras nueve años de obras aún sin acabar, el Ayuntamiento quiere entregar un tercio del mercado y la plaza pública a McDonald's durante 40 años. Todo ello está emplazado junto a un centro cultural, a una biblioteca pública y muy próximo a tres centros educativos.
Desde la Asociación de Vecinos hemos presentado varias alegaciones al proyecto porque hemos confirmado que elementos sustanciales del mismo son ilegales al incumplir varias normativas. Todas nuestras alegaciones han sido rechazadas por el Ayuntamiento, sin que hayamos recibido ni aclaración, ni subsanación de ninguna de ellas. Esta opacidad nos deja sin más alternativa que acudir a la justicia.
Esta franquicia destruye la identidad de un mercado de abastos destinado a promover el producto de cercanía, el pequeño comercio y los productores locales. Además, supondrá una apropiación del espacio público, la degradación de la actividad cultural, la muerte del comercio local colindante y la promoción del consumo de comida no saludable.
Para interponer el recurso contencioso-administrativo antes de que la actividad se implante, necesitamos actuar ya. Este contencioso judicial tendrá un coste aproximado de 8.000 euros. Con la ayuda de todos, podemos conseguirlo. Cualquier aportación económica, por pequeña que sea, nos acerca al objetivo. Por ello, te animamos a realizar una contribución económica que nos permita abordar este proceso. Tu apoyo no es solo una valiosa ayuda económica, sino también un impulso que nos anima a seguir adelante. Ojalá decidas formar parte de este proyecto colectivo.
Más info aquí
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Agenda semanal del 13 al 19 de abril
13 d’abril, per Ak-rata13/04/2026Etiquetas:Este lunes arranca con dos propuestas para cerrar la tarde en Torrelavega y en Cabezón de la Sal. En Torrelavega un Cinefórum con la película «Mariposas negras» de David Baute en la filmoteca (Casa de la Cultura, Avda. de España, 9) a las 19:00 organizado por Ecologistas en Acción y las AFAC. En Cabezón de la Sal por otro lado tendremos un encuentro a la misma hora con la Plataforma en defensa de la sanidad pública en la Casa de Cultura Conde San Diego.
El martes 14 en Laredo la restauración del memorial de los deportados laredanos en la Alameda Manuel Llano a las 18:00. Una actividad que llega con aniversario de la II República española. En el CSA La Libre a las 19:00 la presentación del libro «Kitab al-‘Ayn, una breve historia de los diccionarios del mundo» que narra la historia de Kitab al-‘Ayn y una breve historia de los diccionarios del mundo hasta el siglo XVII. A la misma hora en el IES Villajunco en Santander tenemos una charla con Yayo Herrero: «No normal. Guerras por el petróleo y transiciones fallidas». En esta charla analizará las consecuencias de la guerra, la lucha por los recursos, la deshumanización y la expulsión salvaje de personas y poblaciones, como resultado de un sistema que le ha declarado la guerra a la vida.
El miércoles 15 en el CSA La Libre se reunirá en convocatoria abierta la Asamblea Cántabra contra el rearme y la militarización a las 19:30.
El jueves 16 en Torrelavega en el Centro Cívico Lázaro Bayuque a las 18:30 la proyección «De Senegal a Canarias: ruta de los cayucos» organizada por Las Calles contra el Fascismo y CNSV.
El viernes 17 CNT Santander nos invita a otra proyección a las 19:00 con un cinefórum protagonizado por «Querer». Primer capítulo de la serie dirigida por Alauda Ruiz de Azúa (directora de Cinco lobitos). Esta actividad entra dentro de las jornadas propuestas por CNT en torno al 8 de marzo.
Cerramos la semana con una nueva marcha convocada por los Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio bajo la consigna «No al sacrificio de Iguña- Campoo- Los Valles». La marcha responde a las recientes noticias de la paralización de las obras del PE «El Escudo» y la trama que está rodeando a la industria eólica. La salida será desde la Estación de Renfe de Bárcena de Pie de Concha a las 11:00.
Sigue nuestra agenda para no perderte nada y ¡buena semana!
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“ Cultura(s) de Barrio(s)”, un proyecto itinerante de Cantabria
12 d’abril, per adiospgou12/04/2026“ Cultura(s) de Barrio(s)” es un proyecto cultural, artístico y social que lleva tiempo existiendo en Cantabria y que está revitalizando centros sociales y estimulando los tejidos sociales que se mueven en torno a estos espacios, proponiéndoles hablar de su iniciativa, dandoles voz y haciéndoles reflexionar sobre el nivel de contacto y relación que tienen con la vecindad de los barrios en los que se ubican.
“ Cultura(s) de Barrio(s)” llega a un centro social, pone micro a sus integrantes, participantes, voluntaries, militantes, entablan conversación sobre las problemáticas y las virtudes del barrio en el que habitan y, acto seguido, despliegan un micro abierto con actuaciones de poesía, música, literatura etc. Han llevado muchas actividades por espacios como el Smolny o La Libre en Santander, o el Espacio Abierto en Astillero. En vísperas están de pasar por otros espacios como el centro social okupado La Lechuza de Monte.
“ Cultura(s) de Barrio(s)” es un proyecto que pone atención y escucha en quienes día a día mantienen con dedicación y esfuerzo los centros sociales autogestionados. Se trata de un ejemplo de de acción cultural y gratitud desinterasada. A continuación difundimos su manifiesto:
“ Cultura(s) de Barrio(s)”
“ Cultura(s) de Barrio(s)” es un proyecto que busca visibilizar, a través del arte y la acción colectiva, las múltiples formas en que las personas construyen comunidad desde lo cotidiano. Inspirado en la frase de Rayuela — “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”—, este encuentro pone el foco en los barrios como espacios vivos de lucha, solidaridad y resistencia.
Frente al relato oficial que muchas veces ignora lo común, este proyecto quiere hablar de lo que sí existe: las redes vecinales, la autogestión, el apoyo mutuo, la acción directa. Mostrar cómo, desde lo pequeño, se transforma lo grande. Cómo levantar una rampa, acompañar a una vecina, defender un espacio o crear una escuela puede ser un acto de cambio.
“ Cultura(s) de Barrio(s)” no idealiza, pero sí celebra. Reconoce la potencia de quienes actúan sin buscar reconocimiento, de quienes tejen redes que sostienen y abrigan. Es un acto de visibilidad para que lo que sucede en nuestros barrios no quede silenciado, para que las historias que no salen en los medios tengan su lugar.
A través de intervenciones artísticas, talleres, encuentros y espacios de diálogo, se busca poner en valor aquello que nos hace más justos, más solidarios, más humanos. Porque la realidad no es inamovible, y cuando nos reconocemos, nos cuidamos, nos organizamos, somos capaces de cambiarla.
“ Cultura(s) de Barrio(s)” es una invitación a mirar de cerca, a escuchar con atención y a actuar colectivamente. Porque en los barrios se construye presente y futuro. Porque hablar de lo que existe es el primer paso para transformarlo.
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Tiempo de paz en la Nación Queer. Asimilación, homonacionalismo y el declive de la lucha de clases
12 d’abril, per adiospgou12/04/2026Fuente:Etiquetas:Este texto analiza cómo las disidencias sexuales han sido progresivamente integradas en un espacio pacificado que no cuestiona las estructuras de poder. Lo queer se acepta cuando adopta la forma del sujeto homonacional, normalizado en el mercado y la familia. El miedo y el identitarismo han desplazado la radicalidad hacia la búsqueda de protección estatal, dejando en segundo plano las condiciones materiales que permitirían una política queer verdaderamente transformadora.
Si queréis recibir el cuaderno en papel (formato libro) y apoyar este proyecto, suscribíos por poco más de 4 euros al mes, o incluso menos si sois precarias. Este es un medio militante: gracias por hacerlo posible.
Os dejamos en este post un fragmento del artículo, que podéis descargar completo aquí.
No estoy dispuesta a abrazar a toda persona queer como mi aliada política marginada. De la misma manera, no asumo que compartir una posición o identidad racial, de género y/o de clase garantice o produzca compromisos políticos similares. Por lo tanto, las identidades y comunidades, aunque son importantes para esta estrategia, deben ser complejizadas y desestabilizadas mediante el reconocimiento de las múltiples posiciones sociales y relaciones con el poder dominante que existen dentro de cualquier categoría o identidad.1
Los movimientos queer se han hallado históricamente enfrentados a una doble tensión: la búsqueda de visibilidad y el rechazo a la asimilación. En esta diatriba se han visto inmersos en la complejidad por encontrar un espacio dentro de la sociedad en el que la opresión y la violencia fueran erradicadas, mientras que su propuesta estructural, la ruptura con la norma, pretendía evadir los canales por los que se ha pretendido integrar a estos sujetos. No ha sido tarea fácil. ¿Qué escoger? ¿Qué implica lo uno que acaba con lo otro? Porque parece complicado que se puedan lograr ambos objetivos a la vez.
A lo largo de este texto trabajaremos con la siguiente hipótesis: las subjetividades LGTB-Queer han sido asimiladas e integradas en un proceso de pacificación que les ha acercado a la norma social y a lo que se ha venido a llamar homonacionalismo. No solo ha sido algo que haya afectado a aquellas individualidades o colectivos que han luchado por la demanda de derechos y de reconocimiento público sino que también, en este punto histórico en que nos encontramos, los movimientos de luchas autónomas se han acercado cada vez más a ese lugar de la paz social.
Empecemos por esto: el paralelismo discursivo de las instituciones de gobierno, los medios de comunicación y los movimientos sociales está en su punto más alto. Nunca como hoy han hablado de forma tan similar las instituciones parlamentarias y la sociedad en general. Los partidos de la Transición y también aquellos que venían a cambiar la política tras el estallido del 15M han sabido adaptarse a las reclamos y consignas que se gritaron en 2011 en las plazas, primero, y desde las redes, después. Las exigencias de los movimientos sociales y, sobre todo, el formato demandante y falto de acción directa en el que transmiten esas mismas exigencias es perfectamente acomodable a las voces de los representantes que se dirigen a sus electores desde el Congreso de los Diputados. Así se da la situación en la que a nadie pareciera extrañarle cuando desde ahí se enarbolan banderas como «Me cuidan mis amigas», «Los cuidados en el centro» o «Fuera fascistas de nuestros barrios», todos estos lemas lanzados en las distintas movilizaciones sociales de los últimos años tales como el Orgullo Crítico o la Huelga Feminista. Podemos entender, pues, que la paz social es un hecho: esta imbricación discursiva nos indica que, justo al contrario de lo que se cantaba en el 15M, ahora «que sí, que sí nos representan». La representación ha vuelto a funcionar y, por lo tanto, la posibilidad de revolución ni está ni se la espera.
A este contexto se le suma un agente añadido que aún puede sorprendernos, pero que lleva acompañándonos ya varios años. El relato compartido entre gobierno y movimientos sociales es el marco de una reacción imprevista. Pareciera como si lo único capaz de entrar en conflicto con el dictamen oficialista fuera aquello que se ha venido a llamar ultraderecha. Son los partidos e individualidades de ese lugar político los que se han erigido como algo parecido a un contrapoder. Es innegable su posicionamiento fascista y el aroma a muerte que desprenden, pero también lo es que algunos jóvenes están leyendo en su falsario posado antisistema una posibilidad distinta a una voz oficial con la que no comulgan. Pareciera como si adherirse a la ultraderecha fuera la única vía para reconocerse como outsider: son los únicos capaces de aglutinar hoy cada vez más gente por reaccionar contra la verdad democrática2 y ofrecer otra cosa. En palabras de Santiago Abascal: «Todas las mierdas ideológicas que están enseñando a los chavales en los institutos, de repente tienen respuesta. Es maravilloso ver el Twitter de algunos de estos profesores mostrando su preocupación porque, claro, los chavales ya no tragan con el feminismo exacerbado ni con la memoria histórica que nos dice lo que tenemos que pensar sobre nuestro pasado ni con todos los mantras izquierdistas. Es eso de que la derecha es el nuevo punk».3
¿Qué ha ocurrido, pues, para que los movimientos de contrapoder, provenientes de una corriente histórica de la política autónoma, el marxismo, el anarquismo, el obrerismo, la crítica y la diferencia, hayan pasado de confrontar a seguir la corriente de la agenda política oficial? ¿En qué momento y de qué manera se ha asumido un discurso que no era propio o que, incluso, se ha regalado para que se deformara y se proyectara desde una tribuna parlamentaria? ¿Dónde quedó la lucha contra todo y contra todos, el habitar los márgenes, la encarnación de la marginalidad? ¿Por qué unos movimientos de emancipación que localizaban como enemigo esta estructura de monarquía de representación parlamentaria que ha operado en los últimos cincuenta años en este país, han dejado atrás la búsqueda del conflicto y buscan la interlocución directa con la institución?
En las siguientes páginas vamos a tratar de dar cuenta de ello analizando el proceso de asimilación de los movimientos sociales dentro de la norma y el triunfo de la paz social. Si antes hablábamos de que el 15M y su estallido ha acabado con la adaptación de ciertos eslóganes de las plazas en las bocas de los representantes públicos,4 es precisamente aquel de «Se va a acabar la paz social» el que deja ver mejor la metamorfosis vivida: la imposición de esa paz social y la pacificación de los movimientos sociales. La guerra contra el Estado para poner en nuestras manos nuestra vida es cosa de otro tiempo.
Evitaremos la abstracción de hablar de los movimientos sociales en general y nos centraremos concretamente, como decíamos al inicio, en uno de los que con mayor velocidad y de forma más cómoda se ha visto asimilado (o ha aceptado y acompañado su asimilación). Hablamos del movimiento LGTBIQ+. De hecho, a lo largo del relato viraremos entre estas siglas y el movimiento queer, tratando de ver qué hay de asimilado en lo uno, qué potencias le quedan a lo otro, hacia dónde va toda esta lucha y frente a qué estamos. Vamos a tratar de ver, pues, qué ha sucedido para que lo queer esté entrando a día de hoy en la deriva de convertirse en otro nuevo producto de consumo, una entidad mainstream a la moda, una norma legalizada y una política más pendiente de la agenda de un afuera que de la propia.
No creemos poder hacer propuesta más allá de este análisis. Una verdadera propuesta necesitaría de una comunidad sólida y cargada de afecto político que pretendiera la alternativa. Al fin y al cabo, esa alternativa solo puede generarse construyéndola. Esperar o seguir la corriente no provocará viraje alguno. Ya lo sentimos si alguien asistía a este lugar con la esperanza de una realidad otra. Lo que aquí nos trae es más una impugnación al modelo, un decir no, que de alguna manera ya está en su seno construyendo esa alternativa que no sabemos dónde está. «Quien os presenta la necesidad de alternativas, está cayendo en la trampa de todos los políticos de izquierda, incluidos sindicatos, incluidos todos, es decir, pensar que a la gente no se le puede ir con meras propuestas de decir NO, sino que hay que ofrecerles algo a cambio; por ahí es por donde se han perdido todos los movimientos de protesta, por ahí, por aceptar teóricamente esa necesidad de alternativas».5 Poco más nos queda que enarbolar ese NO rotundo. Aquí sigue su justificación.
¿Qué hay más allá del límite?
De forma un tanto simplificadora, podemos decir que lo queer ha sido algo que se ha mantenido en los márgenes de lo social, si no es que ha estado más allá de lo social. Lo que pudiera parecer una zona liminal es prácticamente el otro lado del muro, una frontera. Lo queer tiene una gran carga de habitar un lugar fuera del mundo y la aparición de eso queer en el mundo es, simbólicamente, una migración, una entrada ilegal y un salto de valla. ¿Cómo se asimila eso y se hace norma? Vamos por partes.
Atendamos a la lógica pura y a uno de los pilares fundamentales de la misma: «El mundo es todo lo que es el caso».6 El mundo es lo que es, nos dice Wittgenstein. Lo que no es, no es el mundo. Una roca es el mundo. Una conversación es el mundo. Un dildo es el mundo. Todo lo que hay, todo lo que veo, toco, nombro, ya es, o ya está siendo. No puedo negar la existencia de ello porque está ahí, conmigo, percibido por mi consciencia de ese propio mundo. Por lo tanto, lo que abarcan mis ojos7 es el tablero en el que me muevo. Puedo imaginar y soñar y generar abstractos, pero siempre de la forma y manera en la que los elementos son reales para mí. El mundo se configura y yo configuro al mundo con lo que el mundo es. Todo lo que es mundo, lo puedo nombrar y lo puedo reconocer. Por otro lado, «de lo que no se puede hablar hay que callar».8 El otro gran axioma wittgensteiniano, el cierre del tratado. Lo que no percibo, lo que no veo, lo que no puedo tocar y, ni siquiera, me puedo llegar a imaginar, no es, no existe. De ahí que sea este un fundamento de la lógica: lo que es, es; lo que no es, no es. No puedo nombrar la nada.
¿Por qué estamos entorpeciendo el hilo argumental con estas cuestiones? De manera muy breve queremos reforzar esa idea de que el mundo tiene unos sujetos que lo reconocen. Es en ese reconocimiento que los mismos sujetos tienen la capacidad de entender que el mundo llega hasta un lugar. Hay un límite del mundo, siendo además este seco y cortante. Hay una frontera del mundo, tal y como decíamos más arriba. Algo tiene de esas proyecciones terraplanistas medievales en las que una cascada anunciaba el límite del mundo en una caída al abismo plagado de monstruos. Ahí está la cosa. ¿Qué pasaría si esos monstruos a fine mundi tuvieran la capacidad de nadar a contracorriente, escalar la cascada y aparecer en la tierra de los sujetos? Lo nunca visto, la criatura maravillosa que acontece en la vieja tierra y se presenta como lo que alguien auguró una vez, pero de la que no hubo evidencia alguna.
Esa es la forma en la que los sujetos que ahora llamamos queer se han relacionado históricamente con el mundo. La diferencia está en que la frontera no estaba colocada en los confines de un océano del que era imposible escapar. La propia frontera entre el mundo de la norma y los sujetos queer estaba bordeando su propia subjetividad y estableciendo un cerramiento en contacto directo con sus propios cuerpos. Aún así, tenemos que insistir en que esta simplificación es reduccionista en cuanto a su ámbito geográfico y temporal. Si nos acercamos al historiador Christopher Chitty y su Hegemonía sexual, podremos comprobar cómo el desarrollo de las subjetividades queer (específicamente, de los hombres homosexuales de clase baja que él estudia) no ha sido tan opresor o siniestro como estamos acostumbrados a entender. De hecho, es el triunfo de la clase burguesa, acompañada de la moral, la que propicia un movimiento marginador de los sujetos queer.
El paradigma solía asumir que el sentimiento antihomosexual es una especie de ideología atemporal desatada por la crisis social. La tolerancia se concibe negativamente como la ausencia de homofobia; sin embargo, el hecho de que las culturas de la sodomía fueran tan públicas indica que algo diferente a la ausencia de miedo y de pánico permitió que estas culturas florecieran, algo positivo o constitutivo, tal vez la solidaridad con los marginados sexuales o la oposición a la cultura dominante.9
Sea como fuera, hay algo de ese monstruo abismal en la aparición de los sujetos queer en el mundo normado. Cuando el sujeto queer se desvela en el espacio público, el ojo del otro que se encuentra con él, lo coloca automáticamente en un lugar de extrañamiento. «Eso que estoy viendo no debería estar ahí». Por lo menos, es algo que parece haber ocurrido en esta Europa hasta que acabara el breve siglo pasado. El ente queer era un monstruo tenebroso, que asustaba, al que se quería devolver al otro lado de la frontera que se había atrevido a traspasar. No era asumible ni aceptable la presencia desvelada. De ahí, lo que ya sabemos: la violencia, el ostracismo, la opresión y el silencio.
Pero hay algo curioso en los monstruos. Hay unos, similares a los que estamos hablando, que habitan junto a las monstruosidades queer: dan miedo, aterran y se les pretenden alejar. Todos esos fantasmas, vampiros y hombres lobo que la cultura popular ha construido para localizar lo prohibido y a lo que no hay que acercarse. Sin embargo, y a pesar de que habitualmente no tengan tal categoría de monstruosidad, sino más bien de criaturas mágicas, encontramos todas esas hadas, ninfas y unicornios, que generan una atracción y que quieren ser encontrados por parte del mundo de la norma. Esos seres que brillan y que hacen soñar. Hay algo de eso en lo queer y en su propia asimilación. ¿Cómo unos sujetos que aterrorizaban y eran devueltos a la sombra por parte del discurso oficial han sido retomados a día de hoy por esa misma institución y son expuestos (ocupando cargos políticos, lugares de visibilidad pop, plataformas de streaming, prime time televisivo, opinología en redes) con las partículas iridiscentes que desprenden? Tenemos que acudir al último gran monstruo queer que se atrevió a saltar el muro: vamos a hablar del VIH y el sujeto sidoso…
Este es un fragmento del artículo original; descárgalo completo aquí.
- Cathy J. Cohen, «Punks, bulldaggers, and welfare queens. The radical potential of queer politics?», GLQ, vol. 3, 1997, p. 459. ↩︎
- Entendemos democracia en un sentido negativo al reconocer en ella la cesión del poder por parte de los votantes a los partidos representativos. La pacificación social ha colocado a los ciudadanos en un lugar de aceptación del orden en el que no se valora la posibilidad de conflicto, todo se resuelve mediante las urnas. ↩︎
- «La Misa», programa de streaming argentino en el canal Carajo Stream; disponible online en https://www.youtube.com/watch?v=uNpCmaiZA3I&ab_channel=Carajo ↩︎
- Ejemplo claro de ello ha sido Irene Montero en múltiples ocasiones: lanzando el «Amiga, date cuenta» a Isabel Díaz Ayuso el 8M de 2024, o defendiendo el «Sola, borracha, quiero llegar a casa» desde la cuenta de X del Ministerio de Igualdad en marzo de 2020. ↩︎
- Agustín García Calvo, Contra la paz. Contra la democracia, Barcelona,Virus, 1993, p. 58. ↩︎
- Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, Madrid, Alianza, 2003, p. 57. ↩︎
- Usamos esta figura literaria de forma práctica, entendemos que la percepción del mundo no se hace únicamente a través de la vista. Es más, que la percepción del mundo sea visual para la gran mayoría es lo que lo ha configurado de la manera en la que es. ↩︎
- Ludwig Wittgenstein, Tractatus logico-philosophicus, ob. cit., p. 145. ↩︎
- Christopher Chitty, Hegemonía Sexual, Madrid, Traficantes de Sueños, 2023, p. 63. Desarrolla al respecto los distintos tratamientos de la homosexualidad en la Grecia antigua, las ciudades-Estado italianas, los bajos fondos del París del siglo XIX y la actualidad, para destacar esas diferencias y los usos políticos-morales de la represión de la homosexualidad. ↩︎
IG: @charliebarbarie





