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El esencialismo transinclusivo sigue siendo esencialismo
29 de gener, per Redacción29/01/2026Fuente:Etiquetas:Cualquier discurso que pretenda elogiar lo que las mujeres son (más maduras, comprensivas, mentalmente estables) y denunciar lo que los hombres son (infantiles, violentos, reaccionarios) se vuelve un aparato más de disciplinación y opresión, absolutamente infértil para la práctica política emancipadora.
Todo parece indicar que la década de 2020 será recordada como un periodo de profunda pobreza moral, social, económica e intelectual. La crisis de la vivienda, el genocidio de Gaza, la recomposición de los movimientos fascistas y la reacción global han eclipsado los logros del anterior ciclo político. Lejos quedan ya las multitudinarias manifestaciones de los 8M de los últimos años de la década de 2010, la radicalidad de un discurso que pretendía cuestionar todo aquello que se nos imponía. No pretendo afirmar, como hacen las fuerzas electorales de izquierda, que la juventud se ha vuelto fascista y que, ante ello, urge conformarse con el mal menor —diariamente vemos que una juventud comprometida con la emancipación humana se organiza para luchar contra la reacción, la crisis de la vivienda, la violencia machista, etc.—, pero sí que el giro reaccionario se percibe en todas partes, también en los discursos supuestamente progresistas (sea lo que sea que eso signifique).
El feminismo, con especial hegemonía durante la década pasada, fue capaz de producir una enorme e importantísima transformación subjetiva en toda una generación de jóvenes que se sintieron particularmente vinculadas a la lucha feminista. La explicitación de las expectativas de género y de la violencia necesaria para disciplinar los cuerpos abrieron el camino para la aceptación de un transfeminismo que mostraba que no había verdades eternas o destinos biológicos en el género, sino una domesticación forzosa que neutralizaba las potencias humanas y las enmarcaba dentro de lo permisible. Hombre y Mujer eran producciones sociales, y todo lo que quedaba fuera de ellas suponía una amenaza para la legitimidad de un sistema de género en el que todo el mundo debía encajar. Este antiesencialismo caló con mucha fuerza en los ambientes progresistas y, por un momento, parecía que el transfeminismo podría lograr la aceptación y hegemonía que el feminismo había alcanzado los años anteriores —¡incluso las redes sociales y las grandes empresas habían añadido alternativas a los opresivos hombre y mujer!—.
Ante el vértigo de un futuro incierto y aterrador, se impone la búsqueda de certezas, algo difícilmente compatible con la problematización que hace el transfeminismo
No obstante, con la agudización de la crisis ecosocial y económica, especialmente acentuada en los últimos años, todos estos avances fueron desapareciendo poco a poco. Hacían falta cabezas de turco a las que culpar de todos los males de la sociedad —como siempre, las personas y colectivos más vulnerables: los inmigrantes pobres, las personas trans, etc.—. A las grandes corporaciones no les tembló el pulso para unirse a esta caza de brujas, retirando su apoyo a la causa transfeminista y demostrando, para sorpresa de nadie, que nunca se trató de compromiso social, sino de maximización de beneficios y marketing. Ante el vértigo de un futuro incierto y aterrador, se impone la búsqueda de certezas, algo difícilmente compatible con la problematización de las categorías que proponen el transfeminismo y otras corrientes intelectuales y políticas. En este contexto, es comprensible el repliegue sobre los identitarismos, que ofrecen un mínimo de territorio estable sobre el que reconstituirnos: la nación, la ideología, el género, la religión. El retorno de estas ideas que aparentemente habíamos superado parten de un mismo problema común.
A ello hay que añadir el antiintelectualismo que siguió, en muchos ámbitos; el hartazgo de una generación que se crió rodeada de discursos y problematizaciones de cada una de sus acciones. Si bien el feminismo realizó una importantísima transformación en las subjetividades, a menudo esta se basaba en imperativos morales y reglas de conducta que había que cumplir si se pretendía ser una buena feminista. Pensamiento, palabra, obra y omisión eran puestos en tela de juicio para que un tribunal decidiera si eras una buena feminista, una persona coherente, una buena hermana. Como respuesta a todo ello, y contra las exigencias de género hacia las mujeres, surgió lo bimbo, un término que, en su uso moderno y sobre todo en Estados Unidos, se empleó de forma despectiva para referirse a mujeres consideradas superficiales e ignorantes —el estereotipo de “rubia tonta” demasiado preocupada por su aspecto físico como para mirar más allá de sí misma— y que ha sido reapropiado en redes sociales como una forma irónica de rechazar esas exigencias morales, políticas e intelectuales impuestas únicamente a ellas. En definitiva, lo que se defiende es que esa presión para prepararse, mantener siempre un discurso político claro y actuar como buenas feministas constituye una nueva forma de opresión de género. Una exigencia que, se dice, no se impone del mismo modo a los hombres, que conservan el derecho y la libertad de no estar políticamente formados.
Todo esto apareció en un contexto donde se criticaba la razón ilustrada y patriarcal, acusada de legitimar innumerables violencias en todo el mundo. Pero se expandió hacia una crítica de toda forma de análisis racional e intelectualmente complejo, en defensa de la accesibilidad a la teoría y de la seguridad de que las vivencias de las mujeres muchas veces enseñaban más que un tostón infumable que poco o nada apetecía leer. Las redes sociales posibilitaron, además, la propagación de discursos fácilmente comprensibles y digeribles, lo que ofrecía la posibilidad de sustituir un tedioso trabajo intelectual por la visualización de un par de vídeos y tuits en los que lo esencial de la idea podría ser cómodamente interiorizado. Todo esto, unido a lo exitoso y rentable de este tipo de contenido, ha producido una enorme propagación de contenido político que se fundamenta sobre otros tuits y vídeos, en una vorágine de podredumbre intelectual.
Si seguimos pensando y actuando desde una lógica esencialista y sustancialista, solo lograremos la cristalización de un nuevo poder político neutralizador de las potencias vivas de la realidad
Hemos de entender en este contexto el retorno al esencialismo en sectores aparentemente opuestos a este y que parten de premisas teóricas irreconciliables con él. Así, más allá del obvio y ya denunciado retorno a las expectativas y naturalización del género por parte de las fuerzas más explícitamente reaccionarias (desde los cryptobros y podcasters masculinos a las tradwives y mujeres de alto valor), estamos presenciando una reconsolidación de la más rancia y peligrosa dicotomización del género por parte de sectores teóricamente contrarios a ella. Camuflado bajo un supuesto compromiso transfeminista con la abolición del género, es cada vez más habitual encontrar discursos en los que la dicotomía hombre-mujer opera de manera fundamental, y donde quien entra en cada una de esas categoría parece poseer unos atributos esenciales –aunque esta vez atribuyendo a las mujeres las características positivas–. Que no se me malentienda, no estoy maquillando un not all men bajo una suerte de reflexión intelectual que lo encubra, sino señalando que no podemos responder a un esencialismo con otro, por mucho que este sea más abierto e inclusivo. No basta con ampliar el concepto de mujer a las personas trans y otros cuerpos que habían quedado excluidos hasta el momento, ni con señalar que el género y el sexo no son verdades biológicas sino resultados de un cruel y violento proceso social de disciplinación; si seguimos pensando y actuando desde una lógica esencialista y sustancialista, solo lograremos la cristalización de un nuevo poder político neutralizador de las potencias vivas de la realidad, pero nunca la emancipación humana o la eliminación de las categorías opresivas de género.
Hemos de hablar de producción de subjetividad y sus efectos sobre el cuerpo al que se quiere disciplinar, pero decir que las mujeres son buenas y los hombres malos es siempre reaccionario y peligroso
Por supuesto, no pretendo caer en ningún cinismo, no creo que se trate de un intento de las malvadas mujeres por dominar a los hombres, y entiendo de donde viene esa aversión hacia sectores de la población que se relacionan habitualmente desde la violencia y el maltrato. No vengo a defender a los hombres ni a suavizar la crítica. No obstante, es de vital importancia recuperar la radicalidad (en el sentido de ir a la raíz, no de ser más extremista) del transfeminismo, que no puede operar desde una lógica del es sino, siempre, desde una lógica del hace. En ese sentido, cualquier discurso que pretenda elogiar lo que las mujeres son (más maduras, comprensivas, políticamente comprometidas, mentalmente estables) y denunciar lo que los hombres son (infantiles, violentos, políticamente reaccionarios, inestables) se vuelve un aparato más de disciplinación y opresión, absolutamente infértil para la práctica política emancipadora. Analizar y cuestionar las formas de socialización masculinas y femeninas, y la manera en que eso produce ciertas subjetividades es algo absolutamente necesario. Señalar que las mujeres son de cierta manera y los hombres de otra, sin dejar claro que estás denunciando la producción material del género, es una cosa muy distinta. Hemos de hablar de producción de subjetividad y sus efectos sobre el cuerpo al que se quiere disciplinar, pero decir que las mujeres son buenas y los hombres malos, sin explicitar claramente de qué estamos hablando, es siempre reaccionario y peligroso. Además, la inmensa mayoría de las veces supone una generalización absurda que deja a multitud de experiencias fuera y refuerza las expectativas de género.
Incluso cuando dejamos claro que el género es producido, y que la biología no determina nuestra identidad de género, adscribir a todas las personas que entran en la categoría de mujer o de hombre ciertas características es tan peligroso como incompatible con el pensamiento transfeminista. Por un lado, afirmar que los hombres son violentos, poco empáticos o cualquier otra característica negativa, no hace sino naturalizar y aceptar esa conducta. “Al fin y al cabo los hombres son así, no saben hacerlo mejor, habrá que quererlos con sus defectillos.” Por otro lado, atribuir a las mujeres otras características (como el hecho de que maduran mucho antes, por ejemplo), además de, por supuesto, excluir muchas realidades, bloquea el dinamismo de la identidad de género de las personas. ¿Cómo conjugar el hecho de que un hombre hoy tenga ciertas características con la posibilidad de que en el futuro se identifique como una mujer? ¿Necesita transformar todas esas características “masculinas” para poder ser realmente una mujer? ¿O es que ya las tenía y fue siempre esencialmente una mujer aún sin saberlo? ¿Se trata entonces de realidades eternas que simplemente hemos de descubrir? El transfeminismo no puede aceptar ningún tipo de esencialismo, ni biológico ni construido socialmente, sin volver a discursos reaccionarios de verdades eternas y destinos decididos de antemano, en los que el dinamismo y la expresión cambiante no tienen cabida. La biología no es destino, poca gente —en nuestros sectores— lo duda ya, pero tampoco lo son la socialización masculina y femenina. La producción de subjetividad es plural, heterogénea y discordante. Atribuir a uno de esos vectores de subjetivación un peso excesivo, inevitable, implica nuestra derrota de antemano, e individualizar el problema y demonizar a un grupo social deja intactas las condiciones materiales que lo han generado.
Individualizar el problema y demonizar a un grupo social deja intactas las condiciones materiales que lo han generado
Si bien es cierto que en determinado contexto de articulación y de expansión del feminismo, un discurso como el que aquí denunciamos podía tener cierta utilidad política, cada vez se vuelve más intolerable y peligroso, pues la reconfiguración de un nuevo maniqueísmo, que sitúa esta vez a los hombres en el lado negativo de la balanza frente a las mujeres o las identidades no-hombres, no puede sino reforzar el esencialismo de género con el que pretendemos acabar. No se trata de defender a los hombres como una identidad respetable y a preservar, sino de dejar en claro que tanto el hombre como la mujer son identidades opresivas y disciplinarias a abolir, pues ambas capturan y codifican las potencias humanas bajo cierta forma limitada de actuar. La romantización de la identidad femenina no salvará a nadie, solo traerá nuevos horrores aún por descubrir.
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Imanol Galarraga Castaño
Investiga el pensamiento de Spinoza y de Félix Guattari, para responder a los retos contemporáneos.
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Que el horror no se nos instale dentro
28 de gener, per Patricia Manrique28/01/2026Fuente:Etiquetas:El verano pasado los niveles de indignación ante el genocidio sionista en Gaza alcanzaron máximos: gente por todo el mundo se levantaba para mostrar su indignación ante la inhumanidad intolerable que estábamos, no obstante, normalizando, día tras día. En Laredo y en Cabezón, donde se llevaba tiempo haciendo un trabajo encomiable, la respuesta fue un auténtico clamor. El trabajo incansable e impagable de quienes nunca dejaron de creer en la necesidad de manifestarse por todos los medios a nuestro alcance, rechazando la aniquilación programada de todo un pueblo con el silencio cómplice de la comunidad internacional, tenía por fin sus frutos: nunca minusvaloremos el poder de los pequeños grupos humanos que denuncian lo intolerable, porque han sido la semilla del progreso ético de la humanidad.
Pero nos mandaron para casa y a casa volvimos como ovejitas obedientes. Quisimos creernos —unos más, otras menos, otres nada de nada—la mentira infame de una paz en Palestina que no era sino su sentencia definitiva de muerte: la Paz de Trump, menudo oxímoron. Hoy Trump crea su ONU alternativa, la llamada Junta de Paz, y reúne a todo lo peor de este planeta en un grupo de muchimillomarios —todos ellos hombres, por cierto— cuyo único interés es sacrificar Gaza al dios del capital, pretendiendo convertir el genocidio en una oportunidad inmobiliaria, tal vez ese resort del que hablara el demente presidente de los Estados Unidos para bailar literalmente sobre las tumbas de cientos de miles de seres humanos masacrados por la despiada avidez de los colonos israelíes, esa lacra de la humanidad.
Pero el próximo sábado 31 a las 12.00 horas, volveremos a las calles, de la mano del Comité-Interpueblos, atendiendo con ello al llamado de la Red Estatal Contra la Ocupación y la Colonización de Palestina, y con el apoyo de otras muchas organizaciones, asociaciones y personas de Cantabria. La manifestación partirá del Complejo Ruth Beitia y llegará hasta el Carrefour del Alisal de Santander para pedir un embargo total de armas y la ruptura de relaciones con Israel y con una elección de recorrido que apunta al movimiento internacional Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS). Hay muchas formas de lucha y denuncia, y hoy día una de ellas tiene que ver con el consumo o, mejor, con el desconsumo: el boicot a productos que sustentan la ideología colonialista y genocida sionista.
Y es que la salida del complejo dedicado a la deportista y excandidata fallida del PP quiere subrayar el hecho de que la participación del Israel Premier Tech que tanto nos indignó en la Vuelta ciclista no fue algo puntual: Israel tiene todo un plan para utilizar el deporte como arma propagandística internacional que blanquee su imagen. Ahora es la participación del Maccabi Tel Aviv en la Euroliga de baloncesto el ariete de su ofensiva ideológica, que ha llevado a reactivar el movimiento de boicot en el ámbito deportivo. Van varias visitas protestadas, en Barcelona, Madrid y Valencia, y el movimiento cívico de apoyo al pueblo palestino y la petición de respeto a la legalidad internacional que Israel viola sistemáticamente han sido respondidos por las delegaciones de nuestro progresista Gobierno, que se dice comprometido con Palestina, con cargas policiales y detenidos.
Este mismo Gobierno, por cierto, mediante su policía, no ha dudado en multar a varias personas en Cantabria —y por supuesto, en otros sitios— por aquellas protestas en la Vuelta, aplicando la antidemocrática Ley de Seguridad Ciudadana. Quienes han recibido las multas no van a estar solas para hacerlas frente: tendrán a su lado, en todo momento, el apoyo de los movimientos sociales y las personas comprometidas de Cantabria, que ya están movilizadas para ello. Es demencial y para preguntarse: ¿Acaso sería alguien capaz de censurar o defendería multar a quien se opuso al nazismo de Hitler? Pues estamos en una tesitura en que las comparaciones no son ya desproporcionadas en absoluto.
Vivimos tiempos en los que la ideología más terrorífica del siglo XX asoma más que la patita y quedarse quieto o en silencio te convierte en cómplice del retorno de lo peor. El autoritarismo más brutal está a la orden del día y lo que ayer parecía imposible hoy es ya una realidad en un mundo completamente desregulado en el que han caído hasta los trampantojos legales que transmitían una mínima sensación de justicia, democracia o simple seguridad.
El ICE, la Gestapo de Trump, ha asesinado ya a dos personas, Renee Good y Alex Pettri, ciudadanos comunes y corrientes que vigilaban sus prácticas nazis contra las personas racializadas en Minnesota mientras el demente a los mandos pretende decidir el futuro de Palestina, al tiempo que secuestra presidentes y exige nuevas colonias —véase Groenlandia—para calmar su sed de combustible fósil. En el desorden mundial que habitamos, tumbada ya todo tipo de legislación internacional, por no hablar de los derechos humanos, por la vía de los hechos —algo en que la UE abrió brecha con su negativa a acoger a los refugiados—, debemos cuidarnos de responder al avance de este nazismo descarado. Merece la pena quedarse afónico gritando que Palestina no puede acabar siendo un resort en manos de Trump, Netanyahu y su internacional de la crueldad.
Volviendo a la manifestación, esta finalizará en la explanada del Carrefour del Alisal porque la multinacional minorista con sede en Francia tiene un acuerdo de franquicia con Electra Consumer Products, empresa pública israelí, a través de su filial Yenot Bitan, que manufactura productos con etiquetado de Carrefour que comercializa en todo Israel, según muestra la investigación 'Las actividades comerciales con los asentamientos ilegales' firmado por 80 organizaciones internacionales, entre ellas Oxfam. Nueve tiendas Yenot Bitan están distribuidas en los territorios ocupados, dos de ellas operan con la marca de Carrefour en su fachada. En el mapa promocional de Carrefour Israel, la empresa apoya abiertamente la demanda de soberanía de Israel sobre los territorios palestinos ocupados, contraviniendo el derecho internacional. Apoyar esos acaparamientos ilegales de tierras que expulsan a las familias palestinas indígenas de sus tierras, las despojan de sus recursos naturales y niegan su derecho a la autodeterminación es razón suficiente para dejar de comprar en ese hipermercado y tratar de hacer que nadie más lo haga hasta que no cambien sus lealtades.
Hay que responder cuando la destrucción se normaliza, cuando el lenguaje del progreso encubre el exterminio y cuando el silencio empieza a parecer razonable. Volver a la calle es una forma mínima de esa respuesta. No garantiza nada, pero rehúsa aceptar que todo esté decidido. El cinismo es hoy una forma de dominación: es la actitud más funcional al desastre que nos convenzamos de que nada sirve. Y quizá no podamos detener la maquinaria del horror, pero sí podemos luchar sin descanso para que la atrocidad no se nos instale dentro.
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La Asamblea abierta de Piélagos convoca un encuentro informativo sobre la autorización del vertedero de amianto de Castañeda
28 de gener, per Nadia28/01/2026La Asamblea Abierta de Piélagos ha convocado una reunión informativa dirigida a los vecinos y vecinas del municipio, así como a cualquier persona interesada o preocupada, para explicar la situación actual del proyecto de adaptación del vertedero de Castañeda, que pasaría de ser un vertedero de residuos no peligrosos a un vertedero para residuos que contienen amianto. Todo ello, en un contexto en el que se viene anunciando el inicio, el próximo mes de febrero, de la demolición del antiguo edificio de la Residencia Cantabria, cuyos residuos, incluidas grandes cantidades de amianto, está previsto que vayan a este vertedero.

Los miembros esta asamblea han recabado toda la información a su disposición y, ante la falta de transparencia del proceso, presentaron un recurso de alzada ante la Consejería de Fomento, Vivienda, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria, oponiéndose a la autorización que permite al vertedero de Castañeda recibir residuos de construcción con amianto. El recurso pretende impugnar la resolución publicada en el Boletín Oficial de Cantabria (BOC) el 17 de noviembre de 2025, por la que se modifica la Autorización Ambiental Integrada del vertedero gestionado por Integraciones Ambientales de Cantabria, S.A. (IACAN), para admitir nuevos códigos LER asociados a residuos con amianto en las instalaciones del Monte Carceña. Según el colectivo, esta decisión se ha adoptado sin la debida transparencia ni participación pública, a pesar de las importantes implicaciones ambientales y sanitarias que el almacenamiento de estos peligrosos residuos podría suponer en todo el territorio colindante. A día de hoy, el recurso presentado el pasado 16 de diciembre no ha recibido respuesta.
La Asamblea Abierta de Piélagos denuncia un incumplimiento del Convenio de Aarhus y de la Ley 27/2006, al no haberse abierto ningún proceso de información o consulta pública. Durante meses, señalan, la vecindad solo ha tenido acceso a informaciones parciales y contradictorias a través de los medios de comunicación, sin que se haya publicado la documentación técnica del proyecto. En particular, critican que no se haya hecho pública la Evaluación de Impacto Ambiental, lo que impide conocer las medidas de seguridad previstas y valorar si el proyecto garantiza adecuadamente la protección de la salud y del medio ambiente. La falta de información ha generado una creciente preocupación, por lo que partidos políticos, organizaciones ecologistas y habitantes de los municipios de Piélagos y Castañeda han mostrado su rechazo al proyecto en los últimos meses, alertando sobre posibles deficiencias legales y la falta de controles adecuados, incluidas las licencias municipales que deberían haberse obtenido antes de comenzar las obras.
El recurso también señala como especialmente grave que las obras de ampliación del vertedero se iniciaran antes de que la autorización ambiental fuera definitiva. Según informaciones publicadas en prensa, ya en agosto de 2025 se anunciaba que el proyecto estaría próximo a entrar en funcionamiento. Para la Asamblea, comenzar las obras sin contar con una autorización firme vulnera el derecho de la ciudadanía a recurrir y contradice los principios básicos de control administrativo.
Denuncian que el amianto está clasificado como carcinógeno de categoría 1A, y su inhalación puede provocar enfermedades graves como cáncer de pulmón, mesotelioma o asbestosis, incluso décadas después de la exposición. Cualquier fallo en su manipulación, transporte o depósito puede liberar fibras peligrosas al aire. Asimismo, en el recurso presentado advierten de los riesgos ambientales a largo plazo, especialmente en caso de fallo de los sistemas de impermeabilización o control del vertedero. La preocupación se incrementa por la proximidad de la instalación al manantial de La Aguada, utilizado para consumo humano por vecinos del municipio de Piélagos, un aspecto que, según denuncian, no consta que haya sido evaluado ni se menciona en la resolución administrativa.
Ante esta situación, la Asamblea Abierta de Piélagos solicita la paralización inmediata de las obras, la revocación de la autorización concedida y la apertura de un proceso transparente, con información pública completa y una participación ciudadana real, antes de adoptar cualquier decisión definitiva. Con el objetivo de informar de forma directa y facilitar un espacio de diálogo, la Asamblea Abierta de Piélagos ha convocado una reunión pública el próximo 31 de enero, a las 11:30 horas, en el local municipal de Barcenilla.
El colectivo anima a todos los vecinos y vecinas de Piélagos y Castañeda, así como a todas las personas interesadas o preocupadas por este vertedero de amianto, a participar en este encuentro. Consideran fundamental exigir a los representantes políticos y órganos competentes mayor transparencia para poder acceder a los informes de impacto ambiental y conocer de manera clara cuáles son las medidas preventivas previstas para garantizar la protección de la salud pública y del medio ambiente.
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¡Alerta antifascista!
27 de gener, per adiospgou27/01/2026Fuente:Etiquetas:Las Calles Contra el Fascismo denunciamos la presentación este sábado en Santander de la plataforma Remigración y Reconquista, organizada por el grupo neofascista Alfonso I, al considerar que promueve discursos racistas y excluyentes.
Esta asociación reaccionaria mostrará sus propuestas sobre la remigración, un concepto que está siendo utilizado por partidos de extrema derecha en colaboración con grupos neonazis para normalizar las deportaciones masivas de personas migrantes. Además, justifica un programa racista del que, actualmente, ya estamos siendo testigos en Estados Unidos con las prácticas atroces del ICE, en Europa con las devoluciones en caliente de personas migrantes, o en España con las propuestas que VOX utiliza como promesa electoral.
La remigración está basada en una idea conspiranoica supremacista llamada el Gran Reemplazo, y ahora está intentando ser importada en Cantabria a través del programa de Alfonso I en coordinación con otros grupos neofascistas europeos. La llegada de este tipo de discursos a nuestra Comunidad supone un serio aviso sobre la deriva autoritaria que se está normalizando en distintos puntos del mundo y que algunos actores políticos y sociales tratan ahora de traernos aquí. Defender ideas que justifican deportaciones masivas y violencia institucional —como hacen VOX o la Asociación Alfonso I— es una amenaza directa a la convivencia y la diversidad.Cantabria tiene una responsabilidad colectiva: rechazar el odio y el señalamiento, y reafirmar valores básicos de respeto, solidaridad y apoyo mutuo, que no permitan que el miedo, el racismo y la brutalidad se abran paso en nuestras calles.
Si lo que realmente queremos es que nuestros barrios sean seguros, entonces necesitamos defender el acceso a unos servicios públicos de calidad y el derecho a una vivienda digna para todas las personas. Solo de este modo podremos expulsar el racismo de nuestros entornos.
¡FUERA FASCISTAS DE NUESTROS BARRIOS!
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Cómo se mantiene, apoya y fomenta la opresión de género dentro de los movimientos
27 de gener, per Nadia27/01/2026Fuente:Etiquetas:«De las cenizas…» es un grupo que surge a raíz de una de las actividades de las Jornadas «La cosa está que arde» realizadas en enero del 2024 en el Centro Social La Libre de Santander. Fuimos interpeladas y detonadas por la presentación de «Qué hacer con las cenizas después de que todo arda», a raíz de la denuncia de una compañera que tuvo el coraje de compartir una situación de agresión que había vivido en un espacio de Cantabria. Tras su intervención y de forma espontánea se multiplicaron las intervenciones comentando situaciones similares. Quedó claro que el problema de las agresiones/tratos desiguales de género dentro de los movimientos son algo que se da no sólo en otros lados, sino entre nosotres.
No debería sorprendernos, la violencia de género es un problema estructural del que no podemos escaparnos. Es fácil tratarlo desde lejos y hablar de ello por encima como problema de otra gente, pero es muy difícil de reconocerlo y enfrentar que somos parte de él. Nadie supo bien cómo reaccionar, pero ante el calor de los acontecimientos se hizo una lista de emails de gente que estuvo interesada en crear un grupo que quisiera tratar el tema y ver cómo se le podía hacer frente.
Sin saber muy bien qué queríamos pero con la idea de «hacer algo» entendimos que de momento no teníamos la capacidad para enfrentar distintas situaciones concretas que se nos plantearon. No sabíamos si ser un grupo de formación, de apoyo, de mediación, de amigues, de intervención… queríamos ser todo pero éramos apenas una semilla. El tema está ahí entre nosotres, y no es solo a unas pocas personas a quienes les ha tocado, es un problema de todes y para hacerle frente y empezar a cambiar cosas hay que nombrarlo y reconocerlo como propio.
Para profundizar en el complejo mundo de las violencias que generan las opresiones y las respuestas punitivas a la misma en nuestros entornos, decidimos trabajar con un texto que es el que queremos presentaros en varias entregas. Se titula ¿Cómo se mantiene, apoya y fomenta la opresión de género dentro de los movimientos progresistas, radicales y revolucionarios? Es una traducción y adaptación libre que hemos hecho de una parte del informe «Responsabilidad comunitaria de personas de color progresistas dentro de los movimientos» de la organización INCITE Mujeres de color contra la violencia. El texto, por su extensión, lo hemos dividido en tres partes que se publicarán sucesivamente en este mismo medio.
Durante todo un año hemos estado trabajando el documento y pensamos que es una herramienta muy útil que nos puede ayudar a identificar y reconocer mecanismos que utilizamos en nuestros grupos, asambleas y organizaciones y que mantienen, apoyan y fomentan la opresión de género. Esto sucede porque: La opresión de género no es solo un acto, es un estado mental y una forma de actuar.
El escrito aborda cómo el patriarcado sostiene y apoya la opresión de género, enumerando cuatro herramientas principales para mantenerla y/o y evitar hacerse cargo. Estas son: la negación, la minimización, la culpabilización y la contraorganización. Porque las pautas de poder y control, los actos de abuso y violencia y las culturas y condiciones que toleran, aprueban, fomentan y perpetran el abuso y la violencia parecen seguir ciertos patrones. Reconocer estos patrones que son parte de la herencia del mundo en el que vivimos, nos ayuda a enfrentarnos a ellos e intentar no reproducirlos. Como expresa Nerea Barjola en su Microfísica sexista del poder: «No es una cuestión de mala suerte, no son cosas que ‘a veces pasan’, es una noción política que vertebra y estructura el sistema social».
Pensar desde la estructura ha de pasar, también, por cuestionar las lógicas que mantenemos en nuestros entornos y preguntarnos qué papeles opresores ejercemos y se ejercen en ellos. Hacer esto requeriría no situar las agresiones como algo ajeno, sino como algo que nos atraviesa en conjunto y de lo que queremos y necesitamos hacernos cargo.
Así, pensarse machista, racista u opresor/a en cualquier sentido, analizar la forma en la que ejercemos los privilegios que rodean y constituyen nuestra posición subjetiva, nos facilita la asunción de procesos de responsabilización consciente comunitaria que deriven en alternativas más fructíferas.
Esperamos que el escrito que aquí os compartimos sirva como material de reflexión para iniciar un trabajo colectivo que nos ayude a afrontar desde un horizonte no punitivo las opresiones y las violencias y el daño que estas generan en nuestros grupos, relaciones y entornos. Intentando no recrear nuevos daños al hacerlo.
Deseamos que el texto pueda ayudar a nombrar y afrontar para transformar. ¡Buen provecho!
De las cenizas…
PRIMERA PARTE
(Del texto RESPONSABILIDAD COMUNITARIA DE PERSONAS DE COLOR PROGRESISTAS DENTRO DE LOS MOVIMIENTOS
Selecciones del Informe 2004 de INCITE! Mujeres de color contra la violencia)
¿CÓMO SE MANTIENE, APOYA Y FOMENTA LA OPRESIÓN DE GÉNERO DENTRO DE LOS MOVIMIENTOS PROGRESISTAS, RADICALES Y/O REVOLUCIONARIOS?
PATRIARCADO: LA RAÍZ DE LA OPRESIÓN DE GÉNERO
El sistema patriarcal es la raíz de la opresión de género. Habitamos en un sistema de opresión, que asume unos géneros binarios rígidos, de mujeres y hombres, femenino y masculino:
- que valora a los hombres y a los que se identifican como hombres y devalúa a las mujeres y a las que se identifican como mujeres; que asume la cisheteronormatividad; y ni siquiera reconoce otras identidades.
- que delega en los hombres/niños/identificados con el género masculino roles y posiciones de mayor estatus y que implican mayores niveles de toma de decisiones que los que se delegan en las mujeres/niñas/identificadas con el género femenino;
- que asume los valores masculinos como universales y dados.
Este sistema patriarcal se entrecruza con el racismo, el clasismo, la homofobia/heterosexismo, la transfobia, el capacitismo, el edadismo y el nativismo (antiinmigración) para oprimir a las mujeres y otras identidades no reconocidas. Y con múltiples opresiones en caso de que sean de color o personas queer de color. En última instancia, [el patriarcado] nos oprime a todas, todos y todes. A pesar de nuestro compromiso con la justicia social y la liberación, como activistas, organizaciones y movimientos no somos inmunes.
La opresión de género no es sólo un acto, es un estado mental y una forma de actuar. Las pautas de poder y control, los actos de abuso y violencia y las culturas y condiciones que toleran, aprueban, fomentan y perpetran el abuso y la violencia parecen seguir ciertos patrones.
HERRAMIENTAS PARA MANTENER LA OPRESIÓN DE GÉNERO
Negación, minimización, culpabilización y contraorganización
El patriarcado sostiene y apoya la opresión de género. Las cuatro herramientas principales para mantener la opresión de género y evitar hacerse cargo son: (1) la negación, (2) la minimización, (3) la culpabilización y (4) la contraorganización. En este número se hablaremos de las tres primeras
1. 1. NEGACIÓN.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, como particulares y organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de negar que exista la opresión de género.
¿Cómo puede ser la negación?
Esta se lleva a cabo a través de:
- Silencio
- Incapacidad de actuar
- Desplazar los problemas, actos o pautas de opresión de género al final de nuestra agenda, a un segundo plano (para siempre).
- Caracterizar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales, personales o privados en lugar de hacerlos visibles como actos de opresión de género que requieren responsabilidad y soluciones públicas y colectivas.
- Calificar el acoso sexual o la agresión sexual, p.ej como "cita", “muestra de afecto", "demostrar que le gustas", "flirteo" o "malentendido".
- Ver cualquier cuestión de opresión de género (que requiere algo más que una discusión abstracta) como "burguesa", "de clase media", "feminista blanca", "dividir nuestro movimiento" o "hacerle el juego al enemigo de raza/clase/nación"
2. MINIMIZAR.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, com2. MINIMIZAR.o particulares o organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de minimizar la opresión de género como un problema, y/o minimizar situaciones/actos/patrones de opresión de género.
¿Qué aspecto puede tener la minimización?
- Como en el caso de la negación encontramos formas que se repiten. En primer lugar hacer que los problemas, actos o pautas de opresión de género pasen al final de nuestra agenda en un segundo plano (para siempre) y caracterizar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales, personales o privados, en lugar de actos de opresión de género que requieren responsabilidad y soluciones públicas y colectivas.
- Además, calificar los problemas, actos o patrones de opresión de género como individuales o "sólo un malentendido".
- Ignorar el acoso y/o la agresión sexual tildándolo, por ejemplo, como "salir con alguien" o "invitar a alguien a salir".
- Ignorar la violencia doméstica o de pareja tildándolo, p.ej., como "una pelea", "una discusión", "tienen problemas", "ambos tienen problemas" o "ella debería dejarlo".
- Considerar cualquier cuestión de opresión de género (que requiere algo más que un debate abstracto) como algo que resta importancia al trabajo "real" y/o "importante".
- Esperar que desaparezca o que desaparezcan las personas que plantean o causan los problemas.
- Abordarlo de manera muy ineficaz (y saberlo)
3. CULPAR A LAS VÍCTIMAS.
Nuestra gente progresista, radical y revolucionaria, como particulares y como organizaciones y movimientos (al igual que el resto del mundo), ha sido bastante buena a la hora de "culpar a la víctima" o a otros que piden responsabilidades cuando surge la opresión de género como problema o situación. Culpar a la víctima o a les aliades suele combinarse con la negación y/o la minimización.
¿En qué puede consistir la culpabilización de la víctima?
- Caracterizar a las personas (normalmente mujeres) que plantean la cuestión del abuso, la opresión o la violencia de género como "burguesas", "de clase media", "feministas blancas" o "enemigas de raza/clase/nación"; acusarlas de "dividir el movimiento", "destruir la unidad", "linchar" o "apartarnos del trabajo 'real' o 'serio'".
- Calificar a las mujeres/niñas/personas trans que plantean la cuestión de la opresión, el abuso o la violencia de género como "que se lo merecen", "coquetas", "jóvenes", "que quieren llamar la atención", "que deben haber hecho algo malo", "zorras", "que odian a los hombres", "lesbiana/tortillera" etc. o "hacen el juego al poder".
- Caracterizar a las mujeres/niñas/trans que se oponen a la opresión de género como "zorras", "controladoras", "enfadadas", "odia-hombres", "lesbianas/adictas" o "feministas blancas".
- Convertir a los maltratadores en "víctimas", caracterizando a las personas (normalmente hombres) acusadas de actitudes y comportamientos sexistas, abusivos o violentos como "víctimas", "buenos chicos", "héroes" o "importantes para nuestro trabajo" (léase: más importantes que las mujeres/niñas/trans que plantean el problema o sufren el maltrato).
(Continuará)
* Texto publicado en el boletin Briega en papel nº73 en enero de 2026





