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II Encuentro Ibérico de Monedas Sociales, comienzan los preparativos
6 de febrer, per Redacción06/02/2026Tras doce ediciones celebradas desde aquella primera convocatoria en 2012 en Vilanova i la Geltrú —impulsada por las personas promotoras de la moneda social La Turuta—, el Encuentro Estatal de Monedas Sociales dio un paso significativo en su trayectoria en 2025. La edición celebrada en Lisboa marcó un antes y un después al incorporar activamente proyectos de monedas sociales de Portugal y adoptar, por primera vez, la denominación de Encuentro Ibérico de Monedas Sociales.
Después de esta experiencia compartida al otro lado de la frontera, el grupo motor del encuentro acordó que el II Encuentro Ibérico de Monedas Sociales se celebre en Carballo, una localidad de cerca de 32.000 habitantes situada en la provincia de A Coruña. La organización del encuentro contará con la colaboración de la asociación Casino de Carballo y la Rede polo Decrecemento de Carballo, dos agentes locales comprometidos con la transformación social y económica del territorio.
La celebración del encuentro en Galicia supone, además, un hito importante: será el primer Encuentro Ibérico de Monedas Sociales que se celebre en el norte del Estado. Esta ubicación abre nuevas posibilidades y se espera que, por razones de cercanía, facilite la participación de proyectos de monedas sociales de Euskadi, Cantabria y Asturias, así como, de nuevo, de Portugal. Al mismo tiempo, el encuentro quiere servir como un espacio de impulso y visibilización para A Sabia moeda galega, fortaleciendo su desarrollo y arraigo.
Aunque la fecha exacta y otros aspectos organizativos aún están por concretar, el equipo impulsor quiere construir el encuentro de forma colectiva. Con este objetivo, se ha elaborado una encuesta abierta para recoger opiniones, propuestas y necesidades de las personas y colectivos interesados, y así favorecer una participación lo más amplia y diversa posible.
Desde la organización se agradece especialmente la colaboración de todas las personas que puedan dedicar unos minutos a cubrir el formulario y a difundirlo a través de sus redes y canales habituales. Cuanta más información se recopile, mejor se podrá diseñar un encuentro que responda a las expectativas y realidades de las distintas monedas sociales.
Carballo os espera para seguir tejiendo redes, compartiendo aprendizajes y fortaleciendo alternativas económicas comunitarias.
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«Otra guerra de exterminio». Carta del preso anarquista Luca ‘Stecco’ Dolce
5 de febrer, per Nadia05/02/2026Fuente:Etiquetas:Ahora que las masas de todo el mundo han expresado su solidaridad con Gaza, me gustaría saber cómo el científico social Elias Canetti (1) describiría su concepto de las «masas » en una era tan tecnológica, belicista y, al mismo tiempo, exterminadora como la nuestra. Canetti afirma que la sociedad de masas existe en la mente de los seres humanos antes de expresarse materialmente. Si las sociedades antiguas eligieron ciertas formas sociales y económicas de mera subsistencia, fue porque deliberadamente decidieron no utilizar métodos burocráticos o autoritarios: previeron sus peligros. Nuestros antepasados, por lo tanto, eran perfectos animales políticos, observadores conscientes y activos de la vida social de la comunidad.
¿Qué son entonces esas plazas y calles llenas de gente hoy, si en nuestra vida cotidiana volvemos al cauce de una vida organizada e impuesta por otros?
Ahora que la «tregua» en Gaza se divulga e impone con el estampido de las botas militares y la propaganda mediática sobre la Flotilla, ahora que se silencia y amortigua la oleada contra la masacre, ¿cómo transformarla en una acción que vaya más allá de la manifestación y expresión de opiniones? El poder utiliza las emociones humanas como abrelatas; a menudo, las primeras dan lo mejor de sí en su «reacción retardada», la emoción empática y durante las «emergencias», y se coagulan en peaks de desprecio. Una humanidad que, sin embargo, sigue viva a pesar de todos los esfuerzos por atomizarla. Sus componentes más progresistas se muestran unidos ante la evidencia de un exterminio.
Sobre el tiempo de reacción, deberíamos reflexionar extensamente. Desafortunadamente, aún no hemos comprendido a fondo cuán engañosas y chantajistas son las tácticas de lxs enemigxs de la vida, hasta qué punto las comodidades y la vida tranquila logran recuperar los movimientos, incluso los sinceros, al menos aquí en Europa. Para ser más incisivxs y perspicaces, deben superar con tenacidad las trampas esparcidas por el terreno de la lucha, cuya función es precisamente hacer que todos regresen a la pluma indecisa de la moral democrática, a cuestiones como el uso o no de la violencia liberadora, a la inacción.
Pasemos de las emociones a la autoorganización y la acción directa. Si se obstaculizan los caminos de la libertad, los movimientos revolucionarios del pasado nos enseñan opacidad y clandestinidad.
Toda la hipocresía de los Estados y sus diversas autoridades nacionales está a la vista de todos; no hay tregua, no hay resolución del conflicto ni conversaciones de paz. Estas mentiras son las mismas que se han utilizado en diferentes períodos históricos; sirven de apoyo a la continuación de los proyectos sionistas y colonialistas de Israel, Occidente y los Estados que colaboran con ellos por meros intereses geoeconómicos. El mercado de la «reconstrucción» colonial es enorme y se mueve en paralelo con la cuestión de Ucrania. Egipto, por ejemplo, ha seguido vendiendo alimentos, cemento, fertilizantes y otras materias primas a Israel durante todos estos años. La fachada de solidaridad que muestran muchos países es solo el resultado de cálculos cínicos. Taiwán apoya los asentamientos coloniales en Cisjordania construyendo un hospital para ellos en Sha’ar-Binyamin.
Paralelamente, las deportaciones de palestinos de Gaza, definidas como «evacuaciones» en vuelos chárter a Sudáfrica, Malasia e Indonesia, constituyen otra táctica de desplazamiento, apoyándose en procesos migratorios informales ahora controlados por grupos criminales, opacando el mercado de seres humanos; monetizando y brutalizando una práctica utilizada desde siempre por los seres humanos: la migración. Una vez más, como en muchas otras ocasiones anteriores, la presión para irse es inducida por una violencia sistémica.
El mundo entero conoce el papel que desempeñan las Naciones Unidas, una organización en cuyo seno se distinguen algunas personas valientes e imparciales, que sin embargo no pueden actuar desde dentro contra un mecanismo creado a propósito por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, que en decenios solo ha demostrado su voluntad de mantener el statu quo y la filantropía del imperialismo estadounidense y occidental y de los países emergentes, también colonialistas a su vez.
Otro truco. Recordemos las guerras en Yugoslavia y Somalia. Los responsables políticos que dictan la agenda militar en Gaza son lxs nietxs políticos de quienes, el 2 de noviembre de 1917, abrieron el
camino a los proyectos sionistas.Hablando de Italia, su presencia en Palestina se concentra en la nueva base de Kiryat Gat, a 20 km de la Franja de Gaza, donde, en una reedición de la «coalición de los dispuestos», similar a la que se está llevando a cabo en el frente ucraniano, opera a través del CMCC (Centro de Coordinación Civil-Militar). Liderado por el general Sergio Cardea, comandante del COVI, creado en 2007 para gestionar zonas de crisis, y
que ahora, junto con sus compinches, pide papeleo a la ONU para justificar esta operación.Esta institución fue creada para implementar el «Plan de Paz» del presidente estadounidense Trump. Aquí encontramos plataformas tecnológicas como Palantir, Maven y Datamiur, encargadas de mejorar los ataques aéreos estadounidenses en Oriente Medio. La creación de la Fuerza Internacional de Estabilización (FSI) con tropas de diferentes países impondrá el terror como régimen de vida para los palestinos.
Este mismo sistema tecnológico se utiliza contra migrantes en un radio de 100 km de las fronteras estadounidenses. Ahora sabemos que la IA se utiliza para crear objetivos en Gaza, al tiempo que se deporta a personas indeseables de EE. UU.
Considerando que el 20 de noviembre el Ministro de Asuntos Exteriores italiano discutió si las instalaciones de la CoESPU (Escuela Internacional de Policía dirigida por la policía militar italiana), situada en la base militar “Ederle” de Vicenza, podrían ser el mejor lugar para el entrenamiento de 3.000 futuros policías mercenarios palestinos, controlados por esta coalición y las FDI. Industria civil y militar
En los últimos meses, varios periódicos compitieron entre sí para denunciar la connivencia entre la industria militar y la civil, sobre cómo se lucran con las guerras que se libran. Casi a diario se exponen nuevos vínculos entre intereses creados en toda la cadena tecnológica, su historia, sus afiliaciones políticas y civiles, quiénes son los responsables; en pocas palabras, cómo se articula la red mundial de contratos, colaboraciones, experimentos y avances científicos, todos ellos de doble uso, con fines de control y represión social. Gaza y el frente ucraniano, las favelas de Río, la crisis climática, la revuelta sudanesa son lugares perfectos para experimentar y publicitar sus sofisticados aparatos y experimentos en una arquitectura de panóptico social, de compra y venta entre Estados y empresas. Todo esto prácticamente anula el trabajo realizado en la última década por el movimiento contra la guerra. Incluso la propia propaganda oficial nos abofetea con la magnitud del complejo tecnoindustrial.
Las preguntas que deben plantearse son: ¿dónde está la diferencia? ¿En la cantidad o en la calidad de la información? O bien: ¿qué hacer con ella y hacia qué objetivos y perspectivas debe utilizarse? Dado que Elbit Systems está en el centro de la lucha de Palestine Action, cabe mencionar que, hace apenas unos días, Alemania, tras una pausa de 100 días en las transacciones de armas con Israel, ha reanudado el envío de suministros. Lo más importante son las piezas de repuesto de Renk para los conocidos tanques Merkava. Los motores de tanque de MTU, con sede en Baden-Wurtemberg, nunca tuvieron problemas para eludir el embargo a través de EE. UU. Con este nuevo comienzo, Elbit Systems venderá munición LMS a Berlín por 700 millones de euros. Gundbert Scherf, director general de la compañía, ha prometido que, a partir de 2026, la empresa fabricará entre diez mil y veinte mil drones de combate.
Este ejemplo alemán es emblemático porque debería conmocionar a quienes creían ciegamente que los Estados democráticos tendrían algún problema real en interrumpir el conflicto y sancionar al Estado de Israel. Sabemos que toda guerra es rentable, tanto en su fase destructiva como en la de reconstrucción. Mientras tanto, la carnicería engorda los bolsillos tanto de los industriales como de la clase política. La lucha contra el militarismo debe continuar sin pausa y con una visión crítica constante, llevando la práctica de la denuncia y la agitación hacia una campaña incesante de acción y levantamientos sociales subversivos de vastas proporciones.
Detrás de las líneas del enemigo de clase uno de los personajes principales, a menudo olvidados, de la crítica al militarismo y su industria es el trabajador. Esa masa de seres humanos que, en todos los países industrializados, crea y forja las cadenas y engranajes útiles para que la clase dominante muerda y masacre a voluntad a sus súbditos. La propaganda nacionalista, la cultura racista, el afán de conquista, el miedo ficticio a los extranjeros y la hegemonía económico-territorial hacen el resto.
¿Cómo romper el vínculo entre esta enorme fuerza laboral chantajeada con un plato de lentejas y la ilusión de una existencia tranquila y pacífica? ¿Cómo reducir la brecha moral que debería impulsar la conciencia a la deserción, incluso antes que la de los soldados, la de los trabajadores que fabrican y montan la maquinaria de guerra?
La clase dominante sabe muy bien cómo romper la solidaridad de clase internacionalista. En Italia tenemos un claro ejemplo, en una colonia del interior como la región insular de Cerdeña, donde el peso de la guerra es inmenso en ese país económicamente desfavorecido. Por un lado, por ejemplo, tenemos a los trabajadores de Euroalllumina en Iglesiente, donde la empresa Rusal, propiedad de un oligarca ruso, se encuentra en una situación desesperada debido a las sanciones de guerra impuestas y al bloqueo de 300 millones de euros de inversiones previstas para la modernización de la planta y la seguridad del depósito de almacenamiento.
Al otro lado, a pocos kilómetros de distancia, en Domusnovas, la empresa alemana RWM solicita a la Región de Cerdeña un permiso para duplicar la superficie de la instalación, ya que su principal producto son bombas vendidas desde hace años a Arabia Saudí en su guerra contra Yemen.
Los mercados prosperan actualmente gracias a las políticas europeas (y no solo) de rearme y fortalecimiento de las fuerzas militares. Las contradicciones emergen con claridad y, una vez más, los sindicatos oscilan entre la retórica de la protección del empleo a ultranza y la crítica a la industria bélica, que en los últimos meses ha dado lugar a huelgas por Gaza, bloqueos de puertos o huelgas generales de un día, que no lograron extenderse ni incitar a la deserción radical de la industria belicista, de las industrias químicas, de los laboratorios, etc. Hacerlo sería «dar un paso en la oscuridad», lo que a su vez resquebrajaría su fachada de protectores responsables del trabajo asalariado y de la división industrial y económica nacional.
También en otras industrias italianas estas contradicciones emergen de manera inequívoca, viéndose ahora de moda la fuerte retórica bélica, resonando a todo volumen.
Una sociedad como la nuestra actual, fuertemente patriarcal, y en sus visiones del mundo, nos impone la dicotomía guerra fría/guerra caliente, en la que la «paz» es en realidad simplemente la «ausencia de guerra». Este concepto de sociedad se revela en estas «pausas» de la guerra mediante tratados, «altos el fuego», memorandos, etc. Si bien estas conversaciones pueden de alguna manera interrumpir un conflicto, en realidad son solo la demostración del poder de algunos, utilizando términos y argumentos que muestran la “debilidad” de lxs “derrotadxs” en el campo o puestos contra la pared entre la pinza económica y la militar-estratégica.
Retirada, derrota, desarme y luego de nuevo palabras como trinchera, asalto, son términos que llevan el imaginario bélico hacia el concepto de guerra de Heráclito, que la guerra es “padre de todo y rey de todo”. De nuevo en Alemania e Italia, la industria automotriz, en crisis debido a la competencia internacional, se reconvertirá para adaptarse al nuevo y gigantesco plan europeo de rearme; mientras tanto, de Polonia a Suecia, de Croacia a Francia, se restablece el servicio militar obligatorio o voluntario; en las escuelas y universidades italianas, el militarismo está cada vez más presente. La izquierda institucional y reformista oscila entre la fachada de una postura antibélica y el intento de subirse a la ola de los movimientos contra la guerra y el genocidio en Gaza. La amnesia masiva sobre lo que dijo esta clase dominante tras el ataque ruso y el 7 de octubre en Palestina, en realidad, debería alertar a todos sobre el doble juego y la retórica de estos sepultureros de toda exuberancia radical o revolucionaria. Ante cada acto de violencia liberadora que ocurre en la sociedad, la izquierda institucional y reformista se une inmediatamente al coro moralizador contra la lucha armada, el «terrorismo», los «malos maestros», y contra el estallido de quienes no caen en la red de la moralización hipócrita.
Millones de trabajadores y estudiantes, jóvenes y mayores, se ven arrastrados a una mentalidad de miedo belicista. Expertos selectos en la esfera pública explican la verdad de la clase dominante: los seres humanos son agresivos por naturaleza, la sed de poder es innata en ellos. Al evitar así la movilización de las conciencias contra la guerra, la sociedad queda atrapada en estas garras.
Historiadores, antropólogos, etc., como Lawrence H. Keeley (2) , introdujeron en el discurso público argumentos para consolidar la idea de que, desde los albores de la humanidad, los humanos han librado una «guerra interminable», reforzando la omnipresente y «consoladora» filosofía hobbesiana. Las interpretaciones de fosos y murallas, de algunas armas de caza, de símbolos de pueblos y ciudades del Paleolítico o Neolítico, vistos únicamente como herramientas de defensa contra enemigos externos, siempre dispuestos a atacar y depredar, se relacionan con una guerra fratricida.
Nada podría ser más falso.
Hoy estamos rodeados y adictos a imágenes, símbolos, representaciones, objetos, filosofías, campañas de comunicación que nos inducen y nos devuelven a todos a la guerra. Obrerxs, científicxs, técnicxs están inmersos en una retórica competitiva, nacionalista y terrorista, en la que el “progreso” es hijo del productivismo, del poder y del dinero. Esta pesadilla que dura ya un siglo quizá esté empezando a resquebrajarse lentamente: debemos alimentar el sueño, el reencantamiento de una nueva imaginación del mundo.
Podemos debatir extensamente sobre necropolítica, ecocidio, totalitarismo, y escribir tomos sobre todo ello, manteniendo nuestras manos ágiles y nuestras extremidades y músculos suaves. Puede ser útil para enviar un mensaje contra la cúpula asfixiante de la modernidad y sus crímenes, pero si no tomamos decisiones individuales, potencialmente compartidas por otros, priorizando la acción, nada cambiará jamás. Solo contaremos nuestras amargas lágrimas.
Es un momento de nerviosismo y sonrisas subversivas que se burlan del enemigo común después del esfuerzo y el riesgo asumido.
Lucha internacionalista, anticolonialismo y revolución
La resistencia palestina y el paradigma Sumud han creado una profunda herida en el mundo. En las mentes de los poderosos reina la envidia y el odio, porque quienes viven según los principios del «hombre fuerte» saben perfectamente cómo reconocer la valentía y la tenacidad del adversario; esta es también una de las razones por las que su respuesta es tan despiadada y total. El desafío y el fervor abaten el ansia de poder de todo un sistema. Quienes ostentan el poder saben que la Resistencia no se detendrá y que otros la imitarán, con otras fórmulas y perspectivas, pero se inspirarán en ella. Entonces, el temeroso amo
empleará todas las tácticas históricas y tecnológicas para desestabilizarla, para aniquilarla de raíz.Pero el eco ahora es mundial, como ocurrió en otras décadas con otras resistencias, anunciando que resistir es posible y necesario. La respuesta de los gobiernos será dura y profunda; ya estamos presenciando sus reacciones desordenadas. En Estados Unidos, el movimiento antifascista «Redneck Revolt» en Carolina del Norte, activo en las zonas rurales del sur y que lucha junto a los trabajadores por la liberación de clase, ha sido criminalizado. Dos anarquistas en Texas han sido arrestados por una acción contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo las disposiciones de la nueva ley contra «Antifa».
En Europa conocemos bien la represión que se está produciendo contra los movimientos que se oponen a la guerra. Pero el río subterráneo de la lucha por la libertad lleva agua por vías desconocidas para el enemigo: como un río subterráneo, aparece y se esconde, permanece en silencio y luego ataca con rugido.
En Marruecos, el movimiento “Gen Z 212”, contra el gobierno y los enormes gastos previstos para la construcción de estadios de fútbol para el Mundial de 2030, reivindica la liberación de todos los detenidos en las protestas, también las de 2017, y lucha contra la pobreza, la destrucción del medio ambiente, etc.
En Túnez, la lucha contra la fábrica química de Gabès, que produce fosfatos cancerígenos, moviliza a masas de jóvenes cada vez más indignadas y desilusionadas con la clase dirigente.
En Madagascar, Nepal, Mongolia, las movilizaciones y los derrocamientos políticos se han producido gracias a la fuerza de la lucha y su perseverancia.
Europa responde de diferentes maneras. En todas estas luchas, la resistencia palestina resuena con fuerza. En Serbia, los estudiantes, en contra del gobierno corrupto de Vucic y de las multinacionales chinas que destruyen ríos y montañas, portan banderas palestinas. En Polonia, ocurre lo mismo durante las manifestaciones contra la ola fascista belicista.
En las calles de las ciudades europeas la juventud está respondiendo en masa. En las metrópolis de esta vieja y decadente Europa imperial se critican los muros y las tácticas coloniales, las explicaciones histórico-morales de sionistas y capitalistas; la solidaridad internacionalista se expresa y recuerda las luchas del pasado.
Pero si todo esto es un indicio de la realidad actual, si el virus de la lucha se extiende por las calles, al mismo tiempo aún no ha conseguido desbordar los diques imponiendo su paz social, su estado de derecho, su prohibición de atreverse y soñar algo diferente y más profundo que la mera indignación. Aquí, en la quietud de la noche anónima, manos inquietas y sin ataduras actúan y atacan. En Francia, anarquistas sabotean líneas eléctricas e instalaciones de almacenamiento de materias primas en zonas industriales y focos de la industria bélica. En Alemania, grandes empresas como Tesla pierden millones de euros debido a los apagones. El 9 de septiembre de 2025, un importante sabotaje contra el complejo militar-industrial tiene lugar en Berlín. En Canadá, los ferrocarriles han sido atacados sistemáticamente durante años contra la industria minera y sus multinacionales, necesarias para la cadena de suministro de materias primas necesarias para la guerra y para el mundo que la produce y financia.
En Grecia, lxs compañerxs que actúan contra las políticas de un gobierno fascista y conmemoran a Kyriakos Xymitris, caído en el camino hacia la libertad, también han relanzado la solidaridad con Gaza. Lxs anarquistas, y no sólo ellos, no esperan que la revolución se produzca por sí sola, la viven ardientemente, estudiándola y organizándose.
Sabotear y atacar el sistema de dominación no basta para impulsar un cambio radical, pero nos acerca y nos permite contemplar la vida que deseamos, actuando contra un enemigo que nos ata a su sistema, del que queremos liberarnos. Esta vida libre se nos niega cada vez más; desconocemos la capacidad de elegir, de reflexionar y activar un libre albedrío que dicta las pautas y las normas sociales que rompen con las
actuales, autoritarias, eligiendo conscientemente las rutas y los métodos que evitan un sistema asesino, tóxico e injusto.Necesitamos destruir la idea moralista de la «confrontación democrática»: nos aleja de ciertas posibilidades de lucha, y creo que el mejor ejemplo de fractura insurreccional se da en los disturbios indonesios de estos últimos meses. En respuesta a las peticiones del pueblo, a sus propuestas de autoorganización y comunismo antiautoritario, la autoridad se ha manifestado arrogante y violenta. La respuesta subversiva ha sido clara y precisa; el ardid democrático se desmoronó en el incendio de las casas de los políticos. Su arrogancia les salió por la culata y se convirtieron, por una vez, en el blanco material, en la presa de una furia liberadora.
En Europa, ¿quién sigue produciendo, financiando y justificando una conducta asesina por parte de los Estados israelí y estadounidense? ¿Debería darse una respuesta a esta desvergüenza y a esta sensación de omnipotencia? ¿Siguen las relaciones de poder en el conflicto social a su favor? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cómo podemos revertirlas a nuestro favor?
Si su intención es armar a las masas de jovenes para la inminente masacre, sabemos bien que, históricamente, los soldados conscriptos han sido la piedra angular de algunos movimientos revolucionarios, en una época en la que la labor de rebeldes y subversivos se fusionaba con propuestas concretas y la difusión del derrotismo revolucionario. Quizás no podamos frenar la oleada belicista, pero es deber de quienes luchan contra la guerra seguir apoyando y estimulando la acción que opera
dentro del tejido social, con las ideas más avanzadas contra cualquier mecanismo nacionalista, racista e imperialista.El frente interno debe convertirse en el más alarmante para nuestros enemigos de clase comunes. Para llevar adelante la solidaridad con Gaza y con todos aquellos que sufren la guerra de los Estados, nosotrss – compañerxs europeos – tenemos la necesidad de sacudirnos un poco el lastre.
La campaña de prensa en apoyo a Israel se inserta en una hegemonía cultural de fuerzas coloniales y dominantes; muchos conocemos bien las ideas de Edward Said (3) sobre el pensamiento orientalista. Su articulada observación de la telaraña que limita nuestra visión y la dirige hacia conceptos creados y estratificados en los procesos históricos de los últimos siglos, en particular los llamados «Occidente» y «Oriente», nos aconseja transitar por caminos incómodamente difíciles. El papel de los intelectuales, de las nuevas disciplinas científicas, refuerza esta división histórica y humana. Las ataduras que nos impiden actuar —a menudo ni siquiera las sentimos— separan a quienes, en todo el mundo, comparten la misma necesidad de liberarse de la opresión común, por diversa que sea, y que opera de forma diferente según el ámbito en el que se ejerce. La hybris de los eruditos y la de las naciones deben combatirse desde todos los frentes.
En “ El Holocausto y la Nakba”, Amos Goldberg y Bashir Bashir nos cuentan que estos dos acontecimientos históricos se yuxtaponen. Sin embargo, en Occidente, para que lo entendamos, se ha construido un régimen de memoria que prohíbe comparaciones y similitudes, lo que lleva a pensar que un genocidio, para ser mencionado, debe asumir la forma radical del Holocausto. Los autores sugieren el camino de la perturbación empática, es decir, confrontar el trauma del otro para generar una nueva gramática moral. La ingeniería geopolítica, cuyas fronteras variables hoy en día analistas y expertos, generales y líderes de opinión racistas desvelan en los medios, nos insensibiliza mediante análisis complejos que a veces oscurecen el impulso solidario. Liberados de este lastre, ¿qué podríamos ver?
Si observamos la microhistoria, censurada y olvidada a propósito, cuyos eventos son casi impronunciables, sabemos que el movimiento sionista empleó en repetidas ocasiones tácticas contra los judíos campesinos subversivos en Europa del Este (especialmente en Polonia, Ucrania y Rusia), utilizando ideas y prácticas reaccionarias. En Bialystok, anarquistas organizadxs, junto con otrxs simpatizantes, defendieron a las comunidades judías campesinas y proletarias de los pogromos. Posteriormente, fue el movimiento machnovista ucraniano, entre 1919 y 1921, el que defendió a las comunidades, y muchxs compañerxs de origen judío denunciaron y criticaron al sionismo, que contiene en su base filosófica y cultural también una reacción antiproletaria y antisocialista en el sentido más amplio del término.
Hoy, el sionismo ataca a quienes en Israel no quieren sufrir la brutalización cultural y se ven obligados a huir, creando un nuevo tipo de diáspora: 130.000 personas ya abandonaron el país entre 2022 y 2024. Un éxodo que marcha a la par con una masacre genocida. La violencia desmedida de los colonos inunda Cisjordania por dentro y por fuera; el sionismo actúa en múltiples direcciones.
En Ucrania y Rusia, la masa anónima de desertores, buscados por los respectivos ejércitos, se cruza con los partisanos que contribuyen a obstaculizar la maquinaria de guerra en ambos frentes, trayendo consigo una ráfaga de aire fresco en esta guerra fratricida.
La lucha anticolonial de finales del siglo XIX contra el imperio español condujo a la deportación de revolucionarios filipinos a la prisión de Montjuïc en Barcelona, España. Los presos españoles, muchos de ellos encarcelados debido a la prolongada lucha contra el sangriento dictador Cánovas, vieron a estos hombres en el patio, vestidos con la ropa ligera típica de su tierra. Dentro de la prisión, la solidaridad se movilizó de inmediato, pues los grupos se reconocieron como compañerxs en la misma lucha contra un régimen opresor. Desde las ventanas de las celdas, pesadas prendas de invierno cayeron al patio como muestra de cercanía a lxs rebeldes filipinxs, azotados por uno de los regímenes colonialistas más feroces y prolongados.
Las luchas anticolonialistas de la época, en Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Corea o China, se cruzaron con los movimientos revolucionarios y las ideas anarquistas y socialistas. Compañerxs europexs abandonaron sus países para participar en insurrecciones en todo el mundo. En Egipto, Argelia, Argentina y Japón, prácticamente en todas partes, las luchas de liberación nacional conspiraban y se conjugaban con ideas más amplias de emancipación revolucionaria y social.
Estos experimentos subversivos crearon hipótesis de vida comunitaria que ponían en práctica “el mundo por el que luchamos”, con auténticos planes insurreccionales, fruto de una época conspirativa. Las ideas circularon gracias a una vigorosa actividad de traducción de libros y panfletos. Esta efervescencia se sumó a la solidaridad internacionalista que llevó al anarquista Angiolillo a asesinar al dictador Cánovas, torturador de filipinos y cubanos en el extranjero y de los revolucionarios en el país. Las luchas anticoloniales en todo el mundo y los movimientos insurreccionales europeos dialogaban entre sí; no existían Cartas de la ONU ni de Derechos Humanos a las que apelar con macabro engaño y vanas esperanzas. Marchaban juntos hacia la conquista de una libertad largamente anhelada, sofocada por el capitalismo y por el gobierno de la sanguinaria patria.
La ideología de la «guerra sin fin» se infiltra en las mentes y los corazones con su alambre de púas. La violencia de la subyugación, donde la vida no vale nada y no hay vergüenza en disparar contra mujeres y hombres inofensivos, donde el odio religioso, impregnado de promesas territoriales y supremacía racista, crea ese caldo de cultivo que borra cualquier empatía humana y alimenta disputas y venganzas que siempre atacan a los más bajos, nunca a los más altos de la jerarquía social, puede deprimir y crear una sensación de injusticia que llega al punto de ser percibida como un dolor físico.
Hoy vemos a mujeres y hombres en Gaza plantando olivos entre los escombros, mostrando al mundo su amor por la tierra que los vio nacer; hombres que siguen cosechando aceitunas pase lo que pase; niños cavando desagües para conseguir un lugar seco donde jugar y estudiar; jóvenes que aún resisten. El pueblo palestino nos demuestra cada día lo que significan la dignidad, la tenacidad y el infinito ingenio práctico y moral, todos ellos formados durante décadas de vida en una prisión a cielo abierto.
El 28 de noviembre, Fadi y Jumaa’ Tamer Abu Asi fueron asesinados a tiros por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) por estar recogiendo madera de desecho para vender en las inmediaciones de la infame «línea amarilla». Tenían 8 y 10 años. La tierra de Palestina está llena de historias como esta, y son las que conmueven a la opinión pública progresista, llevándola a ponerse del lado de los débiles, algo aceptable para la visión colonial europea, en tanto víctimas y vulnerables.
Algunos periódicos están dispuestos a mostrar los ojos de niños que sufren. Luego está ese lado abiertamente racista, que aprueba incluso las prácticas homicidas y represivas más viles del Estado israelí. Ambos bandos, al final, son partes de una estructura social que se sostiene porque, aunque difieran en apariencia, en realidad defienden los mismos privilegios e intereses. Claro que es importante denunciar e indignarse, pero todo esto forma parte del espectáculo permitido por los amos, que funciona como una válvula de escape para disipar la indignación y volver a dormirse. Ni hablar de despertar del letargo y comprender qué lleva a una persona a pasar de la indignación a la acción. Peor aún si se organiza a largo plazo.
El palestino está bien si le falta una pierna y tiene un cuerpo hambriento. Si se pone una kefiah y porta un fusil de asalto, si lanza cócteles molotov o piedras, el espejo de la aceptabilidad occidental se resquebraja, ya sea liberal o sociodemocrática.
Generalmente estamos acostumbrados a aceptar con flojera algo sólo si parece débil e inofensivo a nuestros ojos. El/lx prisionerx que estudia su plan de fuga durante meses y luego, una noche, corta los barrotes y se escapa, perturba a la hipócrita sociedad burguesa. El «loco» que, a quemarropa, explota en actos «inusuales», destroza y babea «sin sentido», impacta por su imprevisibilidad. El/lx niñx que juega y grita «desconsideradamente», creando vergüenza, hoy en día corre el riesgo de ser catalogado como «hiperactivo». El/lx palestinx que odia a quienes asesinaron a su familia y lo alimentaron a la fuerza con miedo y polvo, ya está moralizado y marcado por el hombre blanco occidental. El animal enjaulado que «de repente» muerde y hiere debe ser asesinado.
Ahora que el foco mediático –al menos aquí en Italia– se está apagando, es hora de actuar con mayor energía y de algún modo sacudir esa parte de la sociedad que, de diversos modos, ya ha tomado posición, pero no ha ido demasiado lejos, no ha cruzado los límites morales impuestos por las leyes del Estado y del cristianismo, y no ha transformado su vida cotidiana, convirtiéndola en un campo de batalla irrecuperable para el Estado.
Conocemos los objetivos del colonialismo italiano en Gaza. ENI (la principal empresa energética italiana) quiere el gas natural de la costa de Gaza, mientras que el gobierno de Meloni continúa con su «Plan Mattei», que es la continuación del colonialismo italiano. Sabemos que si empezamos a poner trabas a ENI, tendremos que lidiar con el Servicio Secreto. Si en Italia empezamos a escuchar el eco de Gaza y decidimos
echar a los yanquis por la borda, imponiendo su hegemonía económica y política en Italia desde el desembarco en Sicilia en 1944, también sabemos que los tiempos de ahogamiento simulado, desestabilización política y bombas podrían fácilmente volver, como en décadas pasadas.Debemos ser conscientes: con tales poderes no se juega. Ahora que nos acercamos al inicio de la fase 2, ya podemos afirmar que la población de Gaza y Cisjordania solo y exclusivamente recibirá políticas de terror y eliminación.
Mientras termino estas notas, el 8 de diciembre se supo que la justicia belga emitió una orden de arresto internacional contra un consultor italiano que actuaba en nombre de Elbit Systems, por unos contratos estipulados con una agencia de la OTAN. Magistrados y policías de otros países también están imputados en el proceso.
Que la actividad de esta u otras empresas similares sea «limpia» o «sucia» importa poco. Su labor sigue siendo criminal y debe detenerse.
Esta lucha no debe desarrollarse con una lógica de emergencia, sino con una campaña amplia y de largo alcance: necesitamos confrontar y organizarnos. Al hacerlo, podríamos, de diversas maneras, aspirar a una liberación integral del Estado y del sistema tecnoindustrial.
Stecco-Luca
Escribe a Stecco:
Luca Dolce
c/o Casa Circondariale Sanremo
Strada Armea, 144
18038, San Remo (IM)
ItaliaNotas delx traductorx (DK):
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Elias Canetti, búlgaro, 25 de julio de 1905 – fallecido en Suiza, 14
de agosto de 1994; autor de Multitudes y poder y otros títulos. -
Lawrence H. Keeley, EE. UU., 24 de agosto de 1948 – 11 de octubre de
2017); autor de La guerra antes de la civilización: el mito del salvaje
pacífico. -
Edward Said, palestino-estadounidense, nacido en Jerusalén el 1 de
noviembre de 1935 – fallecido en Nueva York el 24 de septiembre de 2003.
Profesor, autor de Orientalismo.
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Elias Canetti, búlgaro, 25 de julio de 1905 – fallecido en Suiza, 14
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La policía desaloja el CSO «La Diskordia» en Carabanchel. Palabras de su asamblea y compinches
5 de febrer, per Nadia05/02/2026Etiquetas:El CSR²A (centro social ruidoso y ReOkupado autogestionado) Diskordia fue un espacio que se empezó a gestionar como proyecto a finales de 2023, después de que la gente de antiguo proyecto de okupación (la última Gatonera) decidiese dejar su proyecto a un grupo nuevo de peña que le quisiese dar vida.
La ciudad basura MadR.I.P pasaba por un momento en el que tras ciertos desalojos los espacios punks y antagonistas venían cayendo y se encontraban extintos, de aquí es donde sale la necesidad de tomar un espacio como la Diskordia.
Entonces, Diskordia se alzaba como una propuesta de ruptura con el exterior, su sociedad del consumo y el mundo hostil y autoritario en el que malamente conseguimos sobrevivir. Un espacio punk en el cual se han llevado a cabo alrededor de 80 eventos desde el enero de 2024 que se hizo el primero; conciertos, charlas, debates, presentaciones de libros y encuentros entre iguales con la intención de analizar y crear estrategias de combate contra el poder, la propiedad y la basura autoritaria que nos amordaza y nos rodea.
Entendemos la okupación no como una simple alternativa a los alquileres abusivos (¿qué alquiler por "mínimo" que sea no lo es?), sino como una confrontación constante, de principio a fin, contra la propiedad privada, el sistema de productividad y el Capital.
El punk como medio de difusión anárquico y antagónico va intrínsecamente ligado a esta, como modo de vida y de contestación. Gracias a sus conciertos y a toda la peña que lo vive y lo es de la misma manera, podemos cubrir los gastos represivos que conllevan el accionar anarquista. Pretendemos salir de la postura de víctimas para pasar a la ofensiva y difundir esta misma, desmarcarnos del culpables e inocentes que la legalidad conlleva para levantar la cabeza con orgullo y decir; okupas y anarquistas.
De esta manera es como afrontamos el actual desalojo que hemos vivido. Desde luego que nos hierve la sangre por cómo se han dado las cosas y la poca capacidad de resistencia que hemos tenido ya que no éramos conocedorxs del supuesto proceso y orden de desalojo que teníamos impuesta ya que no hemos sido notificadxs de ello.
Alrededor de las 7 de la mañana se han presentado entorno a 5 furgones de la policía municipal con sus compañeros desokupas, en este caso mano a mano la empresa OPS2 desokupaciones y algunos integrantes de Suburbios Firm y otros desgraciados. Dentro se encontraban tres compañerxs que hicieron todo lo posible para atrincherarse, y como mínimo, ralentizar todo el proceso. Finalmente consiguieron entrar sacando la puerta principal y sin capacidad de actuación de lxs compañerxs presentes calle abajo debido al cordón policial y el importante despliegue policial que se fue formando.
Una vez los maderos entraron escaldaron a lxs compañerxs a golpes, lxs pusieron contra la pared a punta de pistola y golpearon en la cabeza a unx de ellxs. Sorprendentemente les dejaron salir sin ser detenidxs y más tarde se pudo recuperar cierto equipo, pertenencias socializadas y parte del archivo contrahistórico y antagonista que se quedaron encerradas dentro.
Rato después fuimos encapsuladxs para ser identificadxs todxs lxs que estábamos allí.
Entendemos esto como un nuevo ataque a la okupación consciente y confrontativa, entendiendo el riesgo que suponemos para los pilares del Estado y el Capital. Un nuevo ataque contra lxs jóvenes punx que hacen reivindicarnos nuevamente en la amenaza que les suponemos.
Dicho esto hacemos un llamado este mismo día miércoles 4 de Febrero de 2026 a concentrarnos en la plaza de Oporto para combatir este desalojo. Porque desalojos son disturbios, sus ataques no quedarán impunes y hagamos que para la siguiente se lo piensen dos veces. Porque okupación es confrontación allá donde exista.

Esto no es ni mucho menos un final, para que acaben con nosotrxs se lo tendrán que currar un tanto más, mientras haya espacios vacíos y okupas y punks dispuestxs a hacer de ellos espacios de encuentro, redes y difusión seguiremos guerreando. No permitamos que las propiedades y los dirigentes del capital sigan merodeándonos y atacándonos sin consecuencias.
Sigamos difundiendo este bonito germen, abriendo y liberando espacios y tejiendo redes fuera de las dinámicas autoritarias que nos rodean.
Este mundo no podrá con nosotrxs.
Asamblea y compinches del CSR²A Diskordia
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Nota de Briega: enviamos todo nuestro apoyo y cariño a lxs compañerxs desalojadxs y represaliadxs, no estáis solxs.
Podría haber seis personas en los calabozos de la policía, mañana actualizaremos la noticia.
Que cada desalojo multiplique las okupaciones, que la solidaridad se haga acción directa.
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A los pacientes de TEC no se les pregunta sobre las causas de sus problemas
4 de febrer, per Nadia04/02/2026Fuente:Etiquetas:Traducción del articulo «ECT Patients Not Asked About Causes of Their Problems» del doctor John Read, publicado originalmente en la edición inglesa de Psychology Today el 11 de diciembre de 2025.
Una encuesta ha revelado que se ignoran las causas sociales de los problemas de los pacientes de TEC.
Claves:
- Una encuesta global ha revelado que la mayoría de los pacientes sometidos a TEC identifican causas sociales para los problemas por los que se les administra la terapia.
- A la mayoría de los pacientes sometidos a TEC nunca se les pregunta por las causas de sus problemas, como el maltrato infantil y el abandono.
- Los pacientes sometidos a TEC rara vez reciben ayuda para las causas que ellos mismos señalan como responsables de sus problemas de salud mental antes de la terapia.
- Los investigadores piden un cambio de paradigma fundamental que se aleje del actual enfoque biomédico, demasiado limitado.
La terapia electroconvulsiva (TEC) consiste en administrar electricidad al cerebro humano, bajo anestesia general, con el fin de provocar convulsiones de tipo generalizado. Un ciclo típico de TEC comprende entre seis y doce tratamientos a lo largo de tres o cuatro semanas. Aunque su uso ha disminuido desde su apogeo en los años setenta y ochenta, todavía se administra a aproximadamente un millón de personas al año, en su mayoría mujeres y personas mayores.
El primer estudio en preguntar a los pacientes de TEC qué creían que había causado los problemas de salud mental por los que se les había prescrito dicha terapia acaba de publicarse.1 El artículo también informa sobre si los servicios de salud mental preguntaron alguna vez por esas causas o las abordaron terapéuticamente.
Una encuesta, diseñada por un equipo de investigación formado por tres personas que habían recibido TEC y tres psicólogos clínicos, entre los que me incluyo, fue contestada por 858 personas que habían recibido TEC y 286 familiares y amigos, de 44 países.
La mayoría de los pacientes tratados con TEC (84 %) informaron de adversidades durante la infancia, como abandono emocional o abusos sexuales y físicos. De ellos, el 78 % creía que estas experiencias adversas habían contribuido a los problemas por los que se les había prescrito la TEC. Sin embargo, solo el 32 % afirmó que los servicios de salud mental les habían preguntado alguna vez por estas adversidades, y solo el 30 % consideraba que se habían «abordado terapéuticamente».
Tampoco se reconocieron la mayoría de los factores estresantes recientes. Alrededor del 81 % de los pacientes que recibieron TEC informaron al menos un factor estresante significativo en los seis meses previos al tratamiento, siendo los más comunes la soledad o el abuso emocional/coercitivo. El 67 % creía que estos factores estresantes influyeron en sus dificultades, pero solo al 34 % se le preguntó al respecto y solo el 21 % sintió que se habían abordado.
El artículo1 concluye:
«Los profesionales de la salud mental deben asegurarse de preguntar a los pacientes sobre los acontecimientos y circunstancias de su vida que, en su opinión, han contribuido a las dificultades por las que se está considerando la TEC, y ofrecerles ayuda al respecto».
Los resultados concuerdan con numerosos estudios previos que muestran que, debido al predominio de un enfoque estrictamente biomédico, los servicios de salud mental rara vez preguntan sobre adversidades infantiles como el abuso sexual o el abandono. Mi revisión de la investigación, realizada junto con colegas de la Universidad de East London, constató que solo entre el 0 % y el 22 % de las personas usuarias de servicios de salud mental afirman haber sido alguna vez preguntadas por abusos infantiles por parte del personal de salud mental.2
Sin embargo, este estudio reciente es un ejemplo especialmente inquietante de lo que ocurre cuando el sufrimiento y la desesperación humanos se medicalizan y se consideran síntomas de una «enfermedad mental» que debe tratarse biológicamente. ¿Cómo pueden la electricidad y las convulsiones abordar el abuso y el abandono infantil, la violencia doméstica o la soledad?
Nuestros hallazgos son una clara llamada de atención para un sistema que necesita urgentemente un cambio de paradigma fundamental. Los resultados de la encuesta coinciden con las preocupaciones de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud de que los sistemas de salud mental están descuidando determinantes sociales como la pobreza, la violencia y la discriminación.
Mis colegas y la organización benéfica británica dedicada a la salud mental Mind aportaron comentarios para el comunicado de prensa de la Universidad de East London sobre la investigación.
La coautora Sue Cunliffe, que se sometió a la TEC, dijo:
«La desesperanza y el aislamiento causados por el maltrato doméstico me dejaron una única opción, el suicidio, para aliviar el dolor. Por eso, me sometieron a terapia electroconvulsiva y acabé con daños cerebrales tan graves que tuve que dejar mi trabajo como doctora. En un informe reciente, mi médico de cabecera escribió: «Maltrato doméstico mal diagnosticado y aplicación errónea de TEC… causando daños cerebrales».
Otra coautora, Sarah Hancock, también sometida a TEC, añadió:
«Los resultados de nuestra encuesta a pacientes de TEC ponen de relieve la ausencia de identificación y tratamiento rutinarios de las causas reales de nuestros síntomas. Estos resultados demuestran que no soy la única persona a la que se le ha prescrito prematuramente la TEC sin averiguar qué estaba pasando realmente y qué era lo que realmente necesitaba».
Rosie Weatherley, directora de contenidos informativos de Mind, la mayor ONG dedicada a la salud mental del Reino Unido, afirmó:
«Mind se hace eco de las preocupaciones planteadas por esta investigación: la base empírica de la TEC nunca ha sido adecuada para su propósito, y este último estudio corrobora aún más la necesidad de replantearse si se debe ofrecer este tratamiento a los pacientes y cuándo hacerlo».
Esperamos que estos hallazgos fomenten un replanteamiento radical del apoyo a la salud mental, que vaya más allá del diagnóstico y los procedimientos invasivos y adopte un enfoque más holístico y basado en el trauma para abordar el contexto social del malestar.
Los resultados de la encuesta sobre otros temas relacionados con la TEC también se han publicado y resumido en Psychology Today, incluyendo la eficacia,3 la pérdida de memoria,4 otros efectos adversos,5 la información proporcionada a los pacientes y sus familias,6 y las diferencias entre sexos.7
Referencias
- READ, J., CUNLIFFE, S., HANCOCK, S.P., HARROP, C., JOHNSTONE, L., MORRISON, L. (2025). A survey of ECT recipients, family members and friends: Are the self-reported reasons for their problems being addressed? International Journal of Mental Health Nursing, https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/inm.70187
- READ, J., HARPER, D., TUCKER, I., KENNEDY, A. (2018). Do mental health services identify child abuse and neglect? A systematic review. International Journal of Mental Health Nursing, 27, 7-19. https://doi.org/10.1111/inm.12369
- READ, J., JOHNSTONE, L., HANCOCK, S.P., HARROP, C., MORRISON, L., CUNLIFFE, S. (2025). A survey of 1144 ECT recipients, family members and friends: Does ECT work? International Journal of Mental Health Nursing, https://doi.org/10.1111/inm.70109
- READ, J., HANCOCK, S.P., MORRISON, L., JOHNSTONE, L., HARROP, C., CUNLIFFE, S. (2025). A survey of 1144 ECT recipients, family members and friends: Incidence, severity and duration of memory deficits. Ethical Human Psychology and Psychiatry, http://dx.doi.org/10.1891/EHPP-2025-0009.
- READ, J., CUNLIFFE, S., HANCOCK, S.P., HARROP, C., JOHNSTONE, L., MORRISON, L. (2025). The adverse effects of electroconvulsive therapy beyond memory loss: An international survey of recipients and relatives. International Journal of Mental Health, doi:10.1080/00207411.2025.2576946
- READ, J., HARROP, C., MORRISON, L., HANCOCK, S.P., JOHNSTONE, L., CUNLIFFE, S. (2025). A large exploratory survey of ECT recipients, family members and friends: What information do they recall being given? Journal of Medical Ethics, doi:10.1136/jme-2024-110629
- MORRISON, L., CUNLIFFE, S., HANCOCK, S.P., HARROP, C., JOHNSTONE, L., READ, J. (2025). Electroconvulsive therapy and women: An international survey. Health Care for Women International, doi:10.1080/07399332.2025.2568222
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El Salvador: cómo se vive el estado de excepción de Bukele en un pueblo
4 de febrer, per Nadia04/02/2026Fuente:Etiquetas:Guarjila es un pueblo que nació dos veces. De la primera nadie se acuerda de la fecha exacta, pero las ocho casas que por aquí había fueron destruidas en 1980, durante un bombardeo del Ejército. Esta fue una de tantas comunidades que sufrieron la política de “tierra arrasada” que desplazó a más de 11.000 campesinos hacia Honduras. “Había mucha injusticia en este país, por eso hubo guerra. El Gobierno hizo cosas horribles. Masacres. Fuimos a Honduras por miedo”, resume un hombre que entonces tenía nueve años. La guerra civil salvadoreña (1980-1992) entre el Estado y una coalición de fuerzas guerrilleras reunidas en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), dejó más de 75.000 personas asesinadas, 15.000 desaparecidas y más de un millón en el exilio.
Guarjila volvió a nacer en 1987, cuando la guerrilla trajo de vuelta a los refugiados. “Si el Ejército despobló esta región, nosotros la vamos a repoblar”, dijeron los dirigentes locales del FMLN. La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados logró que el Ejército se retirara un poco, que la Iglesia católica aportara algunos granos y, apenas tres días después de su retorno, los refugiados empezaron a construir algunas champas –casas con palma y leña– y a limpiar la tierra para sembrar. “Aquí estaba desolado, no había nada de infraestructura, solo el Ejército esperándonos –dice otro hombre que pide que lo llame Andrés–. Estábamos en plena guerra. Vivíamos bajo bombardeos, ametrallamientos y combates. Salíamos a trabajar en grupos. Si uno salía solo, el Ejército lo agarraba y lo desaparecía. Pero en ese momento éramos bien unidos, había mucha solidaridad entre las familias”.
La repoblación fue un éxito. No solamente trajeron a refugiados de regreso a su país, se estaba haciendo comunidad en medio de la guerra. También fue un éxito táctico: muchos de los jóvenes que crecieron en el exilio y volvieron a la repoblación con sus papás entraron entonces a las filas del FMLN y combatieron durante los últimos años de la guerra.
Después de la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, se regularizaron las tierras de los refugiados y se entregaron pequeños lotes a los excombatientes. Por muchos años, Guarjila mantuvo la fama de ser una comunidad unida y organizada, pero todo fue cambiando entre las heridas abiertas que dejó la guerra civil, los encantos del guaro –un aguardiente de caña de azúcar–, las drogas, la emigración y las remesas. Ahora tiene una población oficial de 2200 personas, en su mayoría campesinos que fueron o son miembros del FMLN, la guerrilla convertida en partido. Este es uno de los únicos dos distritos del municipio de Chalatenango donde Nayib Bukele no ganó las elecciones de 2019. De hecho, aquí perdió brutalmente: 1191 votos para el FMLN, contra 171 para Bukele y 33 para el partido Alianza Republicana Nacionalista. En las elecciones legislativas en mayo de 2021, Guarjila fue el único distrito electoral en el municipio donde ganó el FMLN. A nivel departamental, Bukele y su partido arrasaron en ambas elecciones.
Este es uno de los únicos dos distritos del municipio de Chalatenango donde Nayib Bukele no ganó las elecciones de 2019.
Llego a Guarjila en mayo de 2022, cuando lleva poco más de un mes el régimen de excepción, la suspensión de las garantías constitucionales por decreto. La propaganda política del FMLN está regada por el suelo de la plaza de la comunidad. Nayib Bukele y la Policía Nacional Civil celebran las cifras de las detenciones masivas. Hay patrullajes y retenes por todas partes, incluso en las tranquilísimas calles de un pueblo como Guarjila. De día se ve a pocos jóvenes andar y, al caer la noche, no queda nadie.
El acoso en Guarjila inició con el arresto de ocho jóvenes que rondaban entre los 16 y los 35 años; el día que llegué a cubrir la situación, se llevaron a otro más. La cuenta de Twitter @chalateplus, un medio electrónico con sede en Chalatenango, publica fotos de los detenidos custodiados por soldados, con textos como el del 21 de abril, que declara a cuatro chicos “miembros de la MS-13 que atemorizaban a los habitantes del cantón Guarjila de Chalatenango”.
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“Esos muchachos no le dan miedo a nadie. La verdad, aquí en Guarjila, no me da naditita de miedo. Yo nunca he visto a una persona pandillera, así declarada, que ande con tatuaje de esta pandilla u otra, que tenga eso de las letras, los números”.
Quien habla es Fanny Orellana, una mujer de veinticinco años, codirectora del programa de becas de la Tamarindo Foundation, un espacio comunitario creado en 1992 por John Giuliano, un jesuita neoyorquino de 61 años que abandonó los hábitos y trabajó con los refugiados que llegaban a Tijuana y luego se trasladó a El Salvador, donde buscó “acompañar a la gente en ese proceso revolucionario”, el de las guerrillas y la paz. Después de los Acuerdos, Giuliano se quedó en Guarjila, apoyó a los jóvenes salvadoreños y consiguió fondos hasta construir una comunidad de formación integral con una cancha de hockey, otra de fútbol, clases gratuitas de inglés, becas, préstamos para microempresarios locales, respaldo a grupos de mujeres y clases de equidad de género. En Guarjila todo el mundo conoce este espacio como “el Tamarindo” –por los únicos árboles que sobrevivieron a los bombardeos del Ejército en la guerra civil–, donde ahora los niños pasan tiempo jugando y estudiando. De hecho, Fanny logró titularse en Trabajo Social gracias a una beca del Tamarindo. Cuando se graduó, regresó a Guarjila para ayudar a otros como ella. Fanny me enseña la foto de @chalateplus y luego me cuenta la historia de Marvin Dubón Guardado, un chico de 16 años, arrestado dos días antes, a las siete de la mañana, cuando iba a comprar pan por encargo de su abuela. La policía lo tuvo esposado bajo el sol durante horas y después maniatado alrededor de un árbol en la Procuraduría en Chalatenango. Lo acusan de pandillero.
Vuelvo a mirar en @chalateplus la foto de los cuatro hombres detenidos. ¿Quiénes son? ¿Qué historia habrá detrás de esta imagen, una entre tantas que se publican por todo el país? ¿Qué mostraría su contexto sobre el régimen de excepción? Pienso en Foucault y sus precauciones de método: “Captar el poder en sus extremos, en sus últimos lineamientos, donde se vuelve capilar”.

Esa fotografía es un punto capilar del régimen de Nayib Bukele. Los cuatro hombres detenidos que aparecen en esta imagen con las manos esposadas hacia atrás, de izquierda a derecha, son Kevin Otoniel López, de 29 años; Jonathan Alexander Dubón, de 19; José Samuel Alfaro, de 33, y Jesús Alexander Miranda, de 18. Kevin Otoniel, el más alto, ve hacia abajo, su mirada alerta como si hubiera recibido un golpe o una amenaza. Jonathan Alexander baja la cabeza y cierra los ojos. José Samuel y Jesús Alexander miran de frente, resignados. Ninguno reta la cámara. Visten playeras, short, chancletas, pants, zapatos deportivos. No se les ve ningún tatuaje o emblema pandillero. Dos soldados enmascarados los flanquean con sus armas largas.
Decido ir a las casas de los cuatro, hablar con sus familias, algunos de sus empleadores, amigos y conocidos. Lo que surge es un retrato de jóvenes que trabajan y tienen aficiones distintas. Puede que alguno fume “un cigarrillo de los que dan risa” o “se va a tomar con sus amigos”, pero igual y ni eso. Entre ellos se conocían, como en todo pueblo pequeño, pero no formaban un grupo de amigos, ninguno es muy cercano al otro. Lo que los une es su captura el 21 de abril de 2022.
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Stela Cruz se mueve como si caminara por debajo del agua, el dolor en su rostro resiste todo esfuerzo por disimularlo. Ella es la madre de Kevin Otoniel López. El 21 de abril, Stela estaba trabajando en la clínica de Guarjila, encargada del área de estadística, cuando Kevin Otoniel llamó para avisarle que había policías en la puerta de la casa y amenazaban con llevárselo. Stela regresó corriendo a tiempo solo para ver cuando lo subían a una patrulla. Desde entonces no pudo verlo. Las autoridades le prometen audiencias sin especificar fechas. “Las audiencias las están haciendo de manera virtual y con 150 o 200 detenidos. No tienes derecho a un abogado ni a nada”. El día de su arresto “estaba cocinando, ni le dio tiempo de almorzar”, dice desesperada.
Kevin Otoniel habla inglés y trabajó como intérprete para delegaciones de estudiantes de Estados Unidos que visitaban el Tamarindo. “Es increíblemente amable –dice John Giuliano, el fundador–, muy inteligente y respetuoso. No es ningún pinche terrorista”. El chico cantaba y tocaba el kazoo con un grupo de ska-punk local llamado Guarjila Alternativa Libertaria. Había empezado a estudiar la licenciatura en Inglés en la Universidad Nacional de San Salvador, pero la dejó durante la pandemia. Desde entonces trabajaba como jornalero, ayudaba a su mamá en la casa; le encantaba salir a caminar por los cerros y tomar fotografías con un dron.
“Las audiencias las están haciendo de manera virtual y con 150 o 200 detenidos. No tienes derecho a un abogado ni a nada”.
Le pregunto a su madre si sabe en qué cárcel tienen detenido a Kevin Otoniel. “Cuando pregunté al abogado de la Procuraduría, me dijo que el penal de Izalco está lleno, que todos los últimos casos han ido para Mariona –dice con la mirada quebrada, la voz en pedazos–. En las mismas queda uno, en la misma angustia. No resuelven nada”.
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La casa de Teresa tiene un pasillo bajo un techo de lámina que hace también de patio. Aquí detuvieron a su hijo Jonathan Alexander Dubón el mismo día que se llevaron a Kevin Otoniel López. Los policías también llamaron desde la reja, dijeron que habían visto a alguien corriendo por ahí. Jonathan Alexander estaba sentado en calzones y bajo la sombra, apenas había vuelto del trabajo, hacía un calor espantoso, apenas iba a comer. Se puso unos shorts y una playera y fue a la reja. Lo esposaron de inmediato, sin más explicaciones. “Los llevaron al parque. Les tomaron fotos y se fueron. No hemos sabido nada de él. Fui a la Procuraduría para llevar los documentos del proyecto donde él trabaja y me dijeron que lo tienen en Mariona”, dice Teresa, negando con la cabeza lo absurdo de la situación.
Jonathan Alexander tiene 19 años. Hasta esa tarde trabajaba en Mi Granja Guarjila, una microempresa de cultivo de hortalizas y cría de cerdos. Les iba bastante bien. Vendían sobre pedido, se agotaba la producción. “En 2019, Johnny tuvo intenciones de migrar –dice Marcos Antonio Rivera, presidente de la empresa–, pero conversando con el equipo de Mi Granja decidió quedarse. Soy testigo de cómo se ha ido escalando en tres años y medio de este proyecto. Se ve cuando un joven quiere superarse”. Después de dos años trabajando, Jonathan Alexander aplicó para una visa de trabajo de dos años, como aprendiz de carnicero en Canadá, donde podría estudiar y trabajar a la vez, con un salario y el viaje pagado. Fue una de esas oportunidades que pueden cambiar el rumbo de la vida de alguien. Jonathan Alexander esperaba noticias de su solicitud, emocionado. La embajada canadiense llamó a la casa el día después de su detención para informarle que le habían otorgado la visa.
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José Samuel Alfaro es el tercer joven, de izquierda a derecha, que aparece en la foto de @chalateplus. “Ya no aguanto la depresión que tengo. Yo no sé dónde está mi hijo. No he podido ir a ver. No tengo dinero para irlo a buscar y llevarle dinero. Lo sacaron del taller donde estaba trabajando, debajo del carro, sin darle ninguna explicación al dueño del taller. Adonde quieras, eso no es justo”, dice Julia Alfaro, su madre, quien habla con una mezcla de agotamiento, cólera y desesperación, sentada en una hamaca que se menea suavemente, mirando al suelo, tragando angustia.
Marlo Morales, dueño del taller Los Primos, donde José Samuel trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde, dice que el arresto ocurrió con prepotencia: “Dijeron que estábamos en régimen de excepción y que ellos tenían autoridad para entrar donde fuera”. Preguntaron quiénes tenían antecedentes penales, José Samuel admitió que había estado preso por portación y tenencia de un arma en 2013, que había cumplido con su condena. “A él lo vamos a llevar, búsquenlo en la cárcel”, dijo el policía.

José Samuel nació en un campamento de refugiados en Honduras, después de que sus padres fueron expulsados del país. Llegó a Guarjila de niño, durante la repoblación. Ha tenido muchos trabajos: campesino migrante en Estados Unidos, soldador y obrero de circo que va montando y desmontando el espectáculo, y arquero del equipo de hockey del Tamarindo, que ganó un campeonato centroamericano. Llevaba dos años como aprendiz de mecánico y guardia nocturno en el taller Los Primos.
Julia llevó a las autoridades una carta firmada por abogados constatando que el chico había cumplido su sentencia previa y otra más de su empleador, pero no las quisieron recibir. Suplica que venga una comisión de derechos humanos a El Salvador para investigar a Nayib Bukele y su régimen. “No hay derechos humanos. Nada. Él ha quitado todos los derechos –dice y baja la mirada–. El señor Bukele pidió a los jóvenes que votaran por él y mira las consecuencias, a todos los jóvenes los tiene atemorizados aquí en la comunidad, que ya no pueden ir ni a las tiendas”.
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Volvamos a la foto. Jesús Alexander Miranda mira directamente a la cámara, tiene 18 años. Ama las motos. Su madre pudo comprarle una con el dinero que le envió su padre, que trabaja como carpintero migrante en Estados Unidos. Apenas tuvo su moto, Jesús Alexander la desarmó por completo. Su madre casi se infartó. Tres meses estuvo intentando rearmarla pieza por pieza, viendo tutoriales en YouTube, hasta que pudo arrancarla de nuevo. Así aprendió la mecánica, y a sus 16 puso un taller de reparación en el patio de la casa de su abuela. Ahí llegó la policía ese fatídico 21 de abril, a las dos y media de la tarde. Le pidieron su identificación y él se las dio. Uno de los policías dijo: “Ya solo uno nos falta, completemos el viaje”. Sacaron al muchacho a la calle, y cuando su madre, Deisy Miranda de Serrano, les preguntó adónde lo llevaban, le respondieron: “Va a ir a declarar, ya vendrá, señora”.
Deisy, quien como muchas personas con familiares en Estados Unidos tiene un poco más de recursos, subió a su coche y siguió a los policías. Esperó afuera de la comisaría ese día y el posterior, sin recibir información. A las tres de la tarde del día siguiente, vio que subían a los detenidos a un autobús. Alguien le dijo que los llevaban a Mariona. No le dieron nada de información, pero a las siete de la noche publicaron la foto en @chalateplus. “Esas cosas horribles de que [los jóvenes] atemorizaban a la comunidad no son ciertas. No es cierto eso de ‘quien nada debe, nada teme’. Ahora esto es un ‘régimen de decepción’, porque deja a toda la familia llorando”, lamenta Daisy.
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En Guarjila dicen que no hay pandillas, pero sí hechos de violencia, como en cualquier lugar. Me cuentan de alguien que volvió de Estados Unidos a la comunidad hace un par de años y quiso controlar la venta de drogas; que mandó a matar a tres jóvenes que vendían marihuana en su territorio, un crimen que quedó impune.
Alfredo Hernández, alcalde de Chalatenango, me dice que los padres son las últimas personas en saber qué hacen sus hijos. Admite que ese municipio es “de los que tienen más bajos índices de violencia”, pero aun así, desde su oficina decorada con fotografías de Nayib Bukele, defiende el régimen de excepción. La entrevista dura una media hora, durante la cual el alcalde juega con su bolígrafo y mira constantemente a una asesora que no levanta la mirada de su celular. Dice que esto es constitucional, que puede haber fallas porque “ningún proceso dirigido por humanos es perfecto”, que no importa si es un período difícil, si algunos tienen que “sacrificar” algunos meses de sus vidas encerrados mientras “se limpia el país”. Dice: “Que si dañamos derechos como Estado a algunos ciudadanos, pues eso pasa siempre, en cualquier proceso. Y a lo mejor usted perdió tres meses de vida estando detenido sin causa justificada”, y poco después agrega: “Entonces, si ponemos con una mente racional y objetiva las cosas, creo que, así como muchos ofrendaron vidas en la guerra en su momento, creo que muchos dirían bueno, que fueron tres meses y gracias a Dios se limpió el país”. Nunca deja de sorprender la facilidad con que se habla del sacrificio ajeno desde el poder.
El alcalde de Chalatenango dice que esto es constitucional, que no importa si es un período difícil, si algunos tienen que “sacrificar” algunos meses de sus vidas encerrados mientras “se limpia el país”.
Luego, en uno de los más extraños y desafortunados usos de la primera persona para dar un ejemplo, Hernández me dijo: “Una cosa es que anden tatuados con el 13 o 18. Y otra cosa es que no anden tatuados. Pero usted al cerrar la puerta, no sabe qué hace esa persona. Usted puede estar hablando conmigo, pero no sabe si yo tengo algún tipo de nexo con un narcotraficante, con un pandillero, con un vendedor de drogas”.
Efectivamente, eso no lo sé.
Luego dice algo que puede explicar en parte la gran popularidad de Bukele: “La población había dicho, ‘y si ya sabemos quiénes son los pandilleros, los que mueven droga, ¿por qué no los van a traer?’ Eso decíamos siempre. Ahora estamos viendo que sí los están yendo a traer”. Y respecto a las personas detenidas que no han cometido ningún tipo de delito: “Nos tocó estar privados de libertad a lo mejor sin haber cometido un ilícito, pero si se demuestra en la justicia nuestra inocencia, vamos a salir”.
Si el sistema funciona, continúa, “tendrían que lograr una condena en más de 90% [de los arrestos]”, pero “esperamos que la gente que no tenga nada que ver pueda comprobar su inocencia, ¿verdad?”. La ambición de ese porcentaje poco tiene que ver con la presunción de inocencia, la investigación o el debido proceso, ni mucho menos con los hechos en sí. Pareciera corresponder, más bien, a la lógica política de una cuota.
Busco otras fuentes oficiales. María Chichilco, la legendaria comandante del FMLN que combatió en estas montañas y cañadas, retratada en el documental María’s story (La historia de María), hoy es miembro del gabinete de Bukele, primera ministra de Desarrollo Local. Converso con ella en el patio de su casa en Guarjila. Simultáneamente cariñosa y directa, me dice: “Estoy en un puesto que no lo busqué, pero estoy contenta porque ese puesto me permite hacer alguna cosa por la gente como yo. Unos hablan pestes de mí, los que están en contra del gobierno. Pero yo me lleno de felicidad cuando llegamos a un lugar y la gente no tiene agua y allá un charquito y allí va alguien con una cántara en la cabeza y le hacemos un proyecto de agua potable”.
Le pregunto sobre el régimen de excepción. “Yo le voy a decir la verdad con todo el dolor de mi corazón: yo creo que este arriscón que le están dando es bueno, porque conozco hechos terribles”, dice. Habla de ejecuciones de pandilleros a personas pobres, de violencia imparable. Cuenta una historia de una mujer que tenía un puesto de aguas frescas en Soyapango. Un día llegó un pandillero y le exigió 12 aguas. La mujer dijo que no le alcanzaba para regalar 12 aguas, que así no podría comprar el azúcar para preparar las aguas del día siguiente. El pandillero, dijo María Chichilco, sacó una pistola y la mató.
No tengo idea si esta historia es apócrifa o no, pero es verosímil. En Guarjila están sacando a los jóvenes de sus casas y de sus trabajos, no son pandilleros; aquí no se vivía bajo ese terror. Pareciera que están llevando a muchas personas que no tienen nada que ver con las pandillas, le digo.

Sopesa cuántos inocentes serán detenidos. “Debe haber. Habrá algunos que se van, en río revuelto, ganancia de pescadores. Pero yo le voy a decir una cosa, la inmensa mayoría están un poquito tentaditos, hay algún lío, hay alguna alianza. El que no la deba saldrá, pero la inmensa mayoría la deben”.
No me convence su confianza en el proceso y busco hablar con alguien de la policía nacional. Un detective se niega, pero luego accede un oficial que pide no revelar su nombre. Afirma que él no quiso ser policía. Fue guerrillero y su comandante lo mandó a enfilarse en la entonces nueva Policía Nacional Civil después de la firma de los Acuerdos de Paz. Conoce bien los operativos en todo Chalatenango y dice no saber de pandillas en Guarjila. A la pregunta de por qué los arrestan, si tienen una cuota que cumplir, responde sin rodeos: “Hay que agarrar a como cincuenta mil, creo. Sí hay una pequeña cuota: son veinticinco diarios, o treinta, algo así. Hay que llegar a una cantidad diariamente en cada departamento. Sí hay una cuota”.
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A mediados de mayo de 2022, semanas después de los arrestos, las calles de Guarjila están semi vacías. Los niños caminan a la escuela de ida y vuelta sin detenerse a jugar en el parque o las canchas. Camino por toda la comunidad y vuelvo a visitar las casas de los jóvenes detenidos para preguntar si hay novedades. Sus familiares me reciben siempre con rostros desencajados de dolor y la respuesta es la misma: nada.
Julia Alfaro viene regresando de la Procuraduría en San Salvador, donde le dijeron no saber de su hijo. Ella teme que lo desaparezcan. Y mientras cuenta eso, un hombre joven que no había visto antes sale de su cuarto y se sienta en el patio junto con nosotros. Se llama Hernán, es el hermano menor de José Samuel, tiene 30 años, es ayudante de albañil y padre de dos niñas. Relata cuánto le gusta el hockey a José Samuel y también pintarse el cabello, algo que en la Procuraduría dijeron que era prueba de agrupación ilícita. Para Hernán, el régimen de excepción tiene un modo claro: “Los que vamos a pagar somos nosotros, de estos cantones, que somos pobres. Aquel que tiene posibilidad no lo va a sentir tanto, pero nosotros que somos pobrecitos sí lo vamos a sentir”, dice, y agrega que el régimen le da miedo, que no sale de su casa por miedo a que lo detengan, solo va al trabajo; que le teme más a la policía que a los pandilleros. Y con razón: dos meses más tarde, en julio, la policía llegará por Hernán, lo sacará de su casa a las cuatro de la madrugada, ya despierto para ir al trabajo, a punto de desayunar.
Dos días después de este encuentro, en mi último día en Guarjila, paso por el Tamarindo a entrevistar a un grupo de mujeres que trabajan ahí, entre ellas a Noemí Alfaro Ayala. Después voy a la casa de Stela Cruz, la mamá de Kevin Otoniel. Me dice que en la Procuraduría le dijeron que no se preocupara, que en cuatro o cinco meses harán otra audiencia virtual y masiva en la que igual lo podrían condenar, dejarlo otros seis meses de cárcel mientras lo siguen investigando o soltarlo. “Yo ya no veo las noticias porque me pongo mal. Están muriendo en las cárceles, están sacando muertos ya todas las noches”.
Vuelvo al Tamarindo más tarde y veo a Noemí hablando por celular, caminando en círculos, llorando. “¡Se llevaron a mi sobrino! –dice–, ¡ahorita!”. Salimos a toda velocidad. Adán Alfaro Cruz tiene 21 años, es un campesino nacido en Honduras, hijo de refugiados que llegó a Guarjila con su esposa y su bebé hace cuatro meses para ayudar a su padre en el campo. Atravesamos el pueblo a pie, casi corriendo. Le pregunto a Noemí qué le habían dicho en la llamada, pero está tan preocupada –su hijo adolescente también se encontraba en la casa de su hermano donde entró la policía– que no puede articular más que “¡Se lo llevaron! Mi hijo está ahí también”.
Al llegar a la casa encontramos a Clemente, el padre de Adán, hablando con un vecino, aguantando el llanto. Justo el día anterior había entrevistado a Clemente. Tiene 57 años, doble nacionalidad salvadoreña y hondureña y creció entre los dos países. Estuvo en Chalatenango durante una parte de la guerra. Su hermano era comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que se unió al FMLN. Clemente estuvo en combates en los años 1984-85 y fue herido en un brazo con secuelas que persisten hasta hoy. Su hermano lo engañó para sacarlo a Honduras, fuera de peligro. Su hermano desapareció poco tiempo después. Clemente volvió con los Acuerdos de Paz y se dedicó a la agricultura, sembrando maíz y frijol para el consumo. Ahora trabaja cuidando casas, gana 6 dólares al día. Cuando le pregunté sobre el régimen de excepción, me dijo: “Este presidente está abusando mucho del poder. Lo que está haciendo con las maras está bien, pero están agarrando a mucha gente inocente, gente sin tatuajes que no andan en malos pasos. Aquí capturaron a unos muchachos. Ponen unos titulares en la prensa que esos muchachos extorsionaban, atemorizaban a la comunidad. ¿Cómo? Si esos muchachos pasaban por aquí en bicicleta…”.
A las cuatro de la tarde entraron seis policías a la casa de Clemente preguntando por Adán, pidiendo sus documentos. A Adán lo conocí en mi primer día en Guarjila. Estaba trabajando, cortando maleza en un terreno empinado justo enfrente de la casa de John Giuliano. Pasó por un vaso de agua y conversamos brevemente. Me dijo que venía de Honduras a ayudar a su papá con la siembra.
Adán les mostró a los policías su identificación hondureña y les dijo lo mismo, que había venido a ayudar a su padre. Un policía respondió que ya lo habían investigado, que era un gran pandillero, y se lo llevaron. Clemente dice que vio a un hombre al que todos conocen en la camioneta con los soldados: “Él es el que anda poniendo el dedo. Es un soplón”.
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Monitoreo la situación en El Salvador durante los siguientes meses. El 14 de julio de 2022, la policía salvadoreña y los soldados realizan una redada en Guarjila durante la madrugada y se llevan a diez personas, entre ellas a Hernán Alfaro, el hermano de José Samuel. John Giuliano, el fundador del Tamarindo, me llama preocupado; dos semanas después organiza un evento comunitario –en contra de las prohibiciones del régimen– con el obispo de Chalatenango, Oswaldo Escobar Aguilar, para escuchar a la comunidad. El obispo fue la única figura pública que en entrevista conmigo criticó a Nayib Bukele. “El estado de excepción es un problema dirigido especialmente a una clase social”, me dijo. “El Salvador es un país que ha tratado siempre mal a la juventud. Cuando estábamos en la guerra civil se reclutaban jóvenes para uno u otro bando. Pasó la guerra y los reclutaron para alguna de las maras. Y las maras han sido crueles también, crímenes groseros ha habido. Y ahora tenemos este otro caso donde el Estado directamente está atacando a la juventud, y son jóvenes de un estrato de media para abajo. A los niños de las grandes colonias no les está pasando esto, nunca van a hacer un operativo por allí, ¿verdad?”
“Mi posición sobre el Estado de Excepción, si acaso debería de durar una semana”, dijo. Pero, en cambio, dura todo 2022, todo el 2023 y sigue. Cada mes el poder legislativo extiende el régimen por otros treinta días, una maniobra anticonstitucional que los jueces puestos por Bukele permiten.




