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Renuevan el 41 bis a Alfredo Cospito
5 de maig, per Nadia05/05/2026Fuente:Etiquetas:
El ministro de Justicia, Carlo Nordio, ha decidido renovar el artículo 41bis para Alfredo Cospito. La medida, prevista para el 4 de mayo, fue notificada al abogado defensor Flavio Rossi Albertini y confirma la línea más dura posible: ni marcha atrás, ni revisión, ni duda. No es un tecnicismo. No es un trámite administrativo. Es una decisión política deliberada que debe llamarse por su nombre: venganza.
El artículo 41 bis no es simplemente una medida restrictiva. Es un aislamiento prolongado, privación de contacto, supresión de la libertad de expresión y la reducción de la vida social hasta el punto de la insoportabilidad. Es un régimen que consume al individuo, reduciendo la existencia a una mera supervivencia controlada. Por esta razón, durante años, juristas, observadores y organizaciones lo han descrito como una forma de tortura. No es una metáfora: es una descripción.
El caso de Alfredo Cospito obligó al país a examinar este sistema desde dentro. Seis meses de huelga de hambre, entre 2022 y 2023, rompieron el silencio. Mostraron lo que significa vivir bajo ese régimen: aislamiento casi total, relaciones reducidas al mínimo, vigilancia constante. Plantearon una pregunta simple y radical: ¿puede un Estado constitucional infligir todo esto? La respuesta de Nordio fue igualmente simple: sí, y una vez más.
Sin embargo, el hecho persiste, arraigado en la realidad. Cospito está sometido al régimen penitenciario de máxima seguridad por un ataque —el de Fossano en 2006— que no causó muertos ni heridos. La desproporción no es un detalle: es la esencia del problema. Porque el artículo 41 bis, en este caso, no sirve para impedir las conexiones operativas, sino para enviar un mensaje. Para demostrar que el Estado no retrocede. Para utilizar el cuerpo de un recluso como plataforma para afirmar su poder.
No es justicia. Es una ejecución punitiva. En el artículo 41 bis, la liberación no es un proceso de reeducación. Es rendición. Es colaboración, disociación, abnegación. Este es el verdadero mecanismo: no corregir, sino doblegar. No reintegrar, sino quebrar.
Y a medida que este régimen se renueva, se suman más privaciones. A Cospito incluso se le niega la posibilidad de leer libremente o escuchar música. Incluso el pensamiento, incluso la imaginación, incluso el espacio interior se convierten en objetos de control. Es la lógica de la aniquilación la que se vuelve total.
Todo esto choca frontalmente con el artículo 27 de la Constitución italiana. No como una fórmula abstracta, sino como un principio concreto: el castigo no puede consistir en un trato contrario a la humanidad y debe tener como objetivo la reeducación. Es difícil argumentar que un régimen basado en el aislamiento prolongado y la supresión sistemática de las relaciones pueda tener una función reeducativa.
Lo cierto es que el caso Cospito se ha convertido en un caso de prueba. Y el gobierno ha tomado partido. Nordio defiende y refuerza el artículo 41 bis. Argumenta que este modelo penitenciario no solo es legítimo, sino necesario. Está ampliando los límites de lo aceptable, normalizando lo que no debería serlo.
El problema ya no se limita al caso Cospito. El problema radica en el Estado que utiliza el castigo para aniquilar, que responde a la disidencia con un aislamiento extremo, que confunde seguridad y venganza, y que ya se está desviando de los límites constitucionales. Y cuando esto sucede, no es el preso quien está siendo juzgado, sino el sistema.
La renovación del artículo 41 bis no resuelve nada. Lo confirma todo. Confirma que los regímenes penitenciarios severos en Italia no son una herramienta excepcional. Se han convertido en un lenguaje político. Un mensaje. Una advertencia. Y esto, en un Estado constitucional, debería ser inaceptable.

https://www.osservatoriorepressione.info/la-vendetta-dello-stato-nordio-rinnova-il-41bis-a-cospito/
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La labor de la razón en el mundo crepuscular
5 de maig, per adiospgou05/05/2026Etiquetas:LA LABOR DE LA RAZÓN EN EL MUNDO CREPUSCULAR
Los motivos de la segunda edición del libro “La Revoución Traicionada. La verdadera historia de Balius y Los Amigos de Durruti”“El anarquismo es el viandante que va por las calles
de la historia y lucha junto a los hombres como son, y
construye con las piedras que le proporciona su época.”
Camilo BerneriDurante la década de los setenta del pasado siglo hubo en el Estado español un movimiento obrero autónomo, “salvaje”, acompañado por un renacimiento libertario. El franquismo se revolcaba en el fango de una crisis sin salida, y si el proletariado no había cambiado de objetivos finales, a saber, la autogestión total de la sociedad, el simple conocimiento del pasado, de su pasado, era fundamental. Solamente así los nuevos protagonistas de la lucha de clases podían comprender la posición real que ocupaban en la sociedad presente, cuál era su finalidad y hacia dónde tenían que avanzar. Pero el pasado permanecía mitificado. Los vencidos suelen compensar el mal sabor de las derrotas subiéndolas al altar. Bajo una perspectiva revolucionaria una desmitificación se volvía necesaria mediante la revisión crítica de la historia de la guerra civil. Los hechos de Mayo del 37 constituían el momento crucial de la revolución española y por consiguiente deberían ser el eje de esta revisión. La agrupación de Los Amigos de Durruti sería el elemento lúcido y ejemplar que resaltar. Balius vivía todavía.
En su momento, un muro de dificultades me impidieron escribir la verdadera historia de Balius y Los Amigos, y cuando ya podía hacerlo la situación había cambiado radicalmente. La sociedad capitalista es hiperdinámica y se renueva sin cesar, aprovechando todo lo que se le pone por delante, sea bueno o malo. Debido a los pactos sociales, a la reconversión de la industria nacional, a la expansión del funcionariado y al trabajo de zapa de los sindicatos oficiales, la clase obrera se había disgregado; ya no aspiraba a una transformación social ni tenía ideales por los que combatir.. A finales de los ochenta sobrevivía desvinculada de cualquier meta transgresora. Nunca pasó a la ofensiva contra el capital, por lo cual los organismos autónomos -comités, consejos, asambleas...- no pudieron consolidarse, ni las finalidades revolucionarias concretarse La organización de pequeños sindicatos libertarios abrió la puerta a estériles disputas burocráticas, y obviamente, no aportó ninguna solución al enorme retroceso proletario. Entonces, el mundo del trabajo sufrió las consecuencias de los rápidos cambios capitalistas. La principal fue la pérdida de centralidad de los trabajadores en la economía. La clase dirigente imponía sus reglas neoliberales sin oposición que contara. Atomizado, pasivo y sometido a liderazgos espurios, el proletariado había dejado de ser un factor político y social a tener demasiado en cuenta por la clase dominante. Menos aún el anarquismo, su fallida punta de lanza.
No obstante, la publicación de “La Revolución Traicionada” sacudió los residuos de aquel naufragio al colocar a los libertarios recién venidos ante un dilema histórico no resuelto. La prueba es que fue muy leída y bastante citada. No pasó desapercibida. La revelación de un anarquismo de Estado muy manifiesto por encima de la anécdota ministerial tuvo efectos desmitificadores positivos e hizo más difíciles las adhesiones sentimentales a siglas devaluadas. Los historiadores orgánicos del anarcosindicalismo nunca han podido con ello. Tampoco la indiferencia desdeñosa de los nuevos pequeño burócratas. Asimismo, la primera edición fue útil para trabar las manipulaciones de los historiadores profesionales destinadas a legitimar el régimen político vigente desde la universidad. El golpe de estado militar no fue jamás un simple alzamiento ilegal contra un régimen democrático, sino una revolución que pronto mostró sus dos vertientes, la fascista y la republicana. Pero sobre todo, en julio de 1936 arrancó una revolución obrera y campesina que fracasó por las concesiones hechas al estado forzadas en nombre de un antifascismo ficticio.
Bueno. Los cambios sociales tan intensos y exhaustivos provocados en las masas asalariadas por el consumismo, la internacionalización de los mercados financieros, el extractivismo, el desarrollo exponencial de la tecnología y el refuerzo sin precedentes de la capacidad represora de los Estados, hacen que el planteamiento de la cuestión social sea hoy mucho más complejo que en los años setenta y ochenta; no digamos en los años treinta. La clase obrera ya no es la misma. Tampoco es demasiado clase, ya que no tiene la cohesión suficiente, ni vida fuera del capitalismo. De entrada no es la principal fuerza productiva y tal característica resta rasgos anticapitalistas a la lucha sindical y al obrerismo político. El concepto abstracto de “clase obrera” portadora de virtudes revolucionarias es tan solo el reflejo de la demagogia friki de las sectas populistas leninistoides. El auténtico sujeto de la revolución se configurará –o no- a medida que las nuevas luchas prosigan en los diversos frentes abiertos y se alejen tanto de la administración estatal como de los elementos políticamente equívocos.
La distancia en el tiempo nos permite una mayor objetividad y, por consiguiente, una mayor aproximación a la verdad histórica, aquella que, según el dicho conocido, nos hará libres. A día de hoy, la nueva edición, aunque bastante ampliada, puede no ser demasiado provechosa en los detalles para los rebeldes actuales, pero viene al pelo para reafirmar la separación completa entre sociedad civil y Estado como punto de partida de cualquier proceso revolucionario, y a la vez, el carácter reaccionario de cierto antifascismo burgués o pequeño burgués. Eso es básico para la elaboración de una estrategia rupturista, o como antes se decía, una estrategia de clase. También la posesión de muchos más datos facilita el estudio de la sicología de los protagonistas, sobre todo de su evolución ideológica, como es el caso de Balius. Y precisamente este aspecto, ligado al paso del separatismo insurreccional al anarquismo revolucionario, y así pues a la deserción de las filas de la pequeña burguesía por una causa superior, universal y liberadora, es lo que devuelve al presente la lectura de “La Revolución Traicionada.”
Miquel Amorós
Charla del 29 de abril de 2026 junto con Luis Blanco en la librería Anònims de Granollers. -
La Organización: Eficiencia vs Alienación militantista
5 de maig, per adiospgou05/05/2026Fuente:Etiquetas:Es muy común, en las distintas militancias, ver personas saturadas, sobrecargadas de trabajo y estrés acumulado. Al mismo tiempo, y por contra, se viven escenas de inactividad y sensaciones de tiempo perdido en largas asambleas y reuniones de las que se sale con la sensación de no haber avanzado, sin llegar a acuerdos claros, sin tareas definidas de cara al futuro, poco espacio para intervenir o grupos de trabajo inoperantes. A lo largo de la historia se han repetido estos fenómenos en organizaciones políticas revolucionarias; situaciones que no solo desgastan y repelen a la potencial militancia, sino que frenan el avance de las organizaciones en el logro de sus objetivos.
Estas situaciones, las emociones y dolores que suponen para los miembros de la organización son igual o más preocupantes que cuando se producen en el ámbito laboral dentro del sistema capitalista (y quizás las repliquemos porque estamos dentro del sistema capitalista). Debemos prestar atención a las distintas áreas de mejora que ha tenido y tiene el anarquismo a nivel organizativo para superarlas y crear organizaciones fuertes, amplias, eficientes y que alcancen sus objetivos siempre con cuidados hacia su militancia.
En 1972 se publica un punzante, autocrítico y hasta humorístico panfleto por la Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires, traducido por Ediciones Esfuerzo en 2016. El artículo en español recibe el nombre de «La militancia, estadio supremo de la alienación» aunque la traducción literal sería «Militantismo, estadio supremo de la alienación» título con el que se busca remarcar el aspecto doctrinal de la militancia. En este crudo análisis de la militancia en organizaciones revolucionarias y políticas se habla sin tapujos de un masoquismo voluntario de los militantes ya que «el esfuerzo al que se compelen, y las dosis de aburrimiento que son capaces de aguantar, no deja lugar a dudas: estas personas son, en primer lugar, masoquistas». Al margen de los posibles debates que podrían derivar de la lectura detallada del artículo, no hay que dejar pasar la evidencia de que efectivamente hay dinámicas que repelen a potencial militancia y quema a actuales compañeras, porque un militante no debería ser «el tipo de persona para el cual las ocho o nueve horas de embrutecimiento diario no son suficientes» ni la militancia debería tener un «aspecto doctrinal» per se, como tiene en muchas ocasiones y expone el citado artículo.
El exceso de trabajo con su consiguiente estrés y la inactividad o sensación de tiempo perdido son dos de los principales males que se pueden dar en una organización, tan antagónicos y por momentos, tan simultáneos. La rigidez dogmática, falta de dinamismo, incapacidad para escuchar e integrar nuevas propuestas, la verticalidad y la consideración de la organización como algo inmutable son las características que rechazan y temen muchas personas militantes y que una organización libertaria, hoy día, debería superar si no quiere que el desgaste de sus miembros acabe por impedir su avance. Se hace urgente encontrar fórmulas organizativas que favorezcan la flexibilidad, participación y dinamismo al mismo tiempo que se consensúan objetivos y acciones a llevar a cabo, con los cuidados, corresponsabilidad y confianza necesarios entre sus miembros para no caer en la anteriormente descrita alienación militantista.
Estas deficiencias organizativas deben ser analizadas con perspectiva histórica y científica para tratar de evitarlas y sanear las organizaciones de cara a construir una militancia cohesionada que se sienta partícipe y cuidada al mismo tiempo que se avanza en posiciones y se obtienen resultados, lo cuál aumenta la motivación y anima a seguir en la lucha.
Para entender la atomización, falta de organización y derrotismo de la lucha anarquista actual recomiendo la lectura del artículo «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». Sus autores analizan el fracaso de lo que se llamó «organización informal» que durante esos 90s y 00s primó en el movimiento libertario en torno al insurreccionalismo y el autonomismo. Al mismo tiempo, afirman no lamentar nada de lo llevado a cabo ni creen haber perdido el tiempo, lo cual es interesante porque pone el foco en los errores de las organizaciones previas al mismo tiempo que entienden las limitaciones de su estrategia. Sentencian que esa «falsa crítica olvida, por interés o ignorancia, los condicionantes que operaban entonces». Se torna pues, de vital importancia entender esos «condicionantes que operaban entonces» y extraer los errores cometidos en las distintas épocas de anarquismo ibérico, de los que da luz el citado artículo. Evidencian cómo el sectarismo del «anarquismo oficial» anterior a estas décadas, excesiva burocracia y la incapacidad por incluir nuevos militantes de forma activa o ampliar sus actividades, objetivos y estrategias choca de plano con lo que denominan «antagonismo juvenil» y que fuera de las organizaciones formales del anarquismo desplegó distintas prácticas como «okupaciones», fanzines, distribuidoras, actividades culturales o participación en movimientos como el antimilitarista, antirrepresivo, antifascista, antitaurino, antisexista, etc. Es decir, el «anarquismo oficial», que «en sus congresos estipulaba con gran delicadeza excluyente-incluyente, que el Movimiento Libertario estaba formado por la CNT, la FAI, la FIJL y Mujeres Libres» no supo acoger las nuevas y jóvenes fuerzas anarquistas que querían ser protagonistas de nuevas luchas. No existió un movimiento anarquista organizado capaz de acoger esas iniciativas, esas ganas y esas nuevas y amplias formas de entender la lucha por la emancipación.
Estas jóvenes anarquistas criticaron las dinámicas burocráticas, congresos, delegaciones, periodicidad de reuniones y demás obligaciones organizativas, dando prioridad a la acción concreta, sin aspiraciones de largo plazo ni de conquistar la hegemonía; se basaban y nutrían del compañerismo, la afinidad y la agilidad de discusión, del apoyo mutuo y la colaboración práctica. Permitían volver a pensar la organización como un medio y no como un fin, concebida para luchar, ganar y desaparecer.
En la organización informal no había lugar para la alienación militantista e impedía un fetichismo de la organización, como pudo ocurrir con las citadas y mitificadas organizaciones, pero tampoco quedaba lugar para una estrategia y objetivos de medio y largo plazo. En este punto entendemos cómo las organizaciones clásicas, al no prestar atención a las ineficiencias mencionadas se cargaron a su potencial militancia, descuidando tanto a las personas como a los objetivos, lo que dio lugar, junto con otros condicionantes, al actual estado de las cosas en cuanto a lucha libertaria. Por ello tenemos la misión de conformar organizaciones acogedoras al dinamismo que pedía el «antagonismo juvenil» y no caer en los errores del «anarquismo oficial» al mismo tiempo que se mantiene estructura y estrategia a largo plazo.
En el acertadísimo artículo Traballar para vivir ou vivir para militar?, escrito por Inés Kropo en esta misma revista se dice que «só unha militancia que se coida pode durar e só aquela que dura pode transformar», dejando claro que nuestras organizaciones no se pueden permitir reproducir una alienación militantista que desgaste con un reparto del trabajo de forma desequilibrada. En este mismo artículo se examina la militancia y se expone con claridad por qué debemos considerarla un trabajo aunque no en el sentido mercantilista del término.
«Estruturalmente, a militancia encaixa no traballo reprodutivo. Non produce mercadorías nin valor de cambio, pero produce algo fundamental: as condicións de posibilidade da propia política. Produce tempo colectivo, produce confianza, produce aprendizaxe, produce continuidade. Produce, en definitiva, suxeitos capaces de actuar politicamente de maneira sostida. Produce poder. Como o resto do traballo reprodutivo, adoita ser invisible cando funciona e só se volve evidente cando falla.»
Finalmente, el artículo habla de «o coidado da convivencia, os límites, a redistribución do traballo e do poder». Si bien lo hace desde una acertada perspectiva feminista, me interesa llevar la reflexión, en este punto, a analizar qué aspectos clave debemos tener presentes para desarrollar nuestras organizaciones, y más concretamente, organizaciones que buscan generar una estrategia con dinámicas que funcionen y alcancen resultados.
El trabajo en nuestras organizaciones no debe alienar (ni sobrecargar ni dar sensación de tiempo perdido), debe incluir y ser práctico, debe alcanzar objetivos y debe «durar para transformar». Es decir, debe estar organizado de forma que todas las personas puedan aportar según sus capacidades y de estas aportaciones colectivas obtener los mejores resultados. Debe ser un trabajo eficiente.
El punto óptimo, en el que se logra la eficiencia organizativa, en términos productivos, se da cuando se alcanza mayor producción con los menores recursos utilizados, y podemos extrapolarlo a nuestra organización política como la consecución de objetivos o el logro de mayor avance estratégico con el menor desgaste de los y las militantes, siempre respetando los principios básicos acordados.
Debemos entender la búsqueda de la eficiencia, no en un sentido capitalista que busca el aumento de la productividad para lograr mayor producción, ventas y margen de beneficios, sino en un sentido libertario que vaya alineado con un aumento de la libertad, capacidad de desarrollo y goce de las personas.
No se debería permitir que una organización que pretende impulsar un mundo mejor genere los mismos males que la peor y más inhumana cadena de producción u organización jerárquica al uso, que explota a los y las trabajadoras con el único fin de robarle el fruto de su trabajo y ampliar los beneficios empresariales. Es preocupante, que este fenómeno se de en organizaciones que buscan horizontalidad, sin un jefe supervisor que exige que aprietes 70 tuercas por minuto como Chaplin en Tiempos modernos. Y sin embargo, uno de los problemas fundamentales de la alienación militantista, del hartazgo, la frustración y desgana viene precisamente de que en ocasiones no hay un solo jefe supervisor que exige apretar 70 tuercas en una cadena de montaje, sino que podemos ser entre cinco y 20 militantes las que vamos tuerca por tuerca, todas juntas, supervisándonos unas a otras, «decidiendo» en asamblea quién es la que aprieta la siguiente y, por supuesto, discutiendo si se haría mejor con una llave inglesa, llave de tubo, llave de doble boca o una llave acodada. Es decir, podemos estar generándonos la misma o más presión entre nosotras mismas que el perro guardián del patrón industrial y, además, consiguiendo el efecto contrario al que busca el perro supervisor: ser mucho menos productivas.
Cuando se consensúan objetivos (qué hacer) y la acción está guiada por unos principios y valores acordados (cómo hacer), solo debe quedar la confianza en las compañeras que ejecutarán las tareas. En una organización sana las personas militantes deben actuar con libertad, confianza y de buen gusto, eligiendo sus propias herramientas, equivocándose y aprendiendo de las demás compañeras, el colectivo debe apoyar y aportar, deben ahorrarse discusiones y debates efímeros que no impulsan un avance, sino que frenan el trabajo. La organización debe ser eficiente para revalidar el argumento de que tres personas trabajando juntas hacen más que la suma de tres personas trabajando por separado.
De manera inversa al hecho de que organizaciones que se dicen horizontales replican efectos negativos similares a los producidos por organizaciones jerárquicas del sistema productivo capitalista, podemos explorar la vía de entender qué es lo que lleva a la productividad y eficiencia en estas organizaciones y tratar de llevarlo a nuestro terreno, bajo nuestros principios.
Con ánimo de provocar irritación en los intransigentes estómagos anarquistas de algunos lectores, voy a citar al economista clásico Adam Smith, que en su libro La riqueza de las naciones (1776) fue el primero en analizar cómo la división de un trabajo en distintas tareas aumentaba la productividad de los trabajadores. Poniendo de ejemplo talleres de fabricación de alfileres explicó cómo en ellos se dividían las distintas tareas: unos se encargaban de alisar el metal, otros operarios del corte, el siguiente grupo afilado y por último estaban los encargados de colocar la cabeza del alfiler y pulir las piezas . Repartirse el trabajo en distintas tareas propicia la especialización de los trabajadores en una tarea, que harán mejor y más rápido y permite una mejor organización espacio-temporal, lo que reduce tiempos.
Esta realidad observada por el economista liberal del siglo XVIII, le sirvió para acuñar el término de división del trabajo y defenderlo como vía para lograr una mayor productividad en las organizaciones. Como suele ocurrir, no hizo falta tiempo para que muchos empresarios de la época tomaran la palabra de Smith y llevasen a cabo transformaciones fatales en sus industrias. Estamos hablando del surgimiento de modelos industriales basados en buscar la máxima división del trabajo para aumentar productividad, producción y consecuente beneficio empresarial. Una división hasta el punto de que los operarios realizaban un único movimiento, exacto y medido, de forma repetida durante toda su jornada, todos los días del año, es decir, la perfecta alienación por definición. Todo esto, haciendo oídos sordos a la advertencia del propio Adam Smith, que en el mismo libro aclaraba que «un hombre que dedica toda su vida a ejecutar unas pocas operaciones sencillas no tiene ocasión de ejercitar su inteligencia o movilizar su inventiva. Por ello pierde naturalmente el hábito de ejercitarlas y en general se vuelve tan estúpido e ignorante como pueda volverse una criatura humana» (La riqueza de las naciones; p.717).
Autores anarquistas como Emma Goldman o Piotr Kropotkin alertan de los peligros y la alienación que supone esta división del trabajo. Por un lado se evidencia que genera jerarquías, ya que sitúa en distintos niveles las tareas intelectuales y las tareas manuales subordinando las unas a las otras y por otro la brutal alienación y deterioro intelectual, físico y mental del proletariado.
No obstante, aunque críticos, son conscientes de las ventajas que supone un buen reparto del trabajo. El propio Proudhon reconoce las bondades que pueden llegar de esta división del trabajo en su libro Sistema de las contradicciones económicas de 1846, advirtiendo que «es útil cuando el trabajador permanece dueño de sí mismo y de su obra». Por su parte, Kropotkin, en el capítulo XV dedicado a la división del trabajo en La conquista del pan, hace una dura crítica hacia el planteamiento capitalista de la misma y el embrutecimiento y alienación a la que da lugar sin menospreciar la búsqueda de productividad en sí misma, centra la crítica en los efectos sobre el individuo, afirmando que llegaría mayor productividad con la variedad de ocupaciones de las personas. Lo cuál no debería invalidar el proceso de análisis y división de las tareas a realizar para ser más eficientes sino que añade esa rotación que permite ampliar conocimientos, aportar en otras áreas y eliminar la alienación.
En el capítulo primero de Campos, fábricas y talleres (1899) se arremete de nuevo contra las consecuencias de la división del trabajo y en este caso sí las focaliza en su consecuente especialización y afirma que «mientras que una división temporal de funciones sigue siendo la más segura garantía de éxito en cada empresa particular, la división permanente está condenada a desaparecer, siendo sustituida por una variedad de ocupaciones intelectuales, industriales y agrícolas, correspondientes a las diferentes aptitudes del individuo, así como a la variedad de las mismas dentro de cada agregación de seres humanos» (Campos, fábricas y talleres, p.14).
De este análisis crítico, lo que debemos entender es que muchos de los problemas de saturación de las personas militantes vienen de estructuras organizativas que pueden mejorarse, en las que, a partir de unos objetivos, principios básicos y tareas a llevar a cabo consensuados, se realice una división del trabajo o reparto de tareas que permita que cada persona o grupo se ocupe de acciones concretas y alcanzables. Con el trabajo bien definido, repartido y consensuado no habrá militantes con exceso de carga ni militantes ociosas. Además, dejando claros los roles y las rotaciones en los mismos, teniendo en cuenta disponibilidades y capacidades se evitarán jerarquías formales e informales y se da respuesta a la necesidad de redistribución de la carga de trabajo invisible que se analiza en el artículo de Inés Kropo. Pero para todo ello se necesita un buen análisis de la organización y la creación de grupos y tareas de forma precisa. El resultado será una militancia más sana y con menos carga, lo cuál no debe cortar la libertad de acción de cada individuo ya que como defendía Emma Goldman, dentro de las organizaciones se debe respetar, por encima de todo, la voluntad y la iniciativa individual (Anarquismo: lo que significa realmente, p.9)
Esta división del trabajo no debe servir para jerarquizar la organización, debe servir simplemente para organizarse, definir roles y responsabilidades, para no interferir ni acumular trabajo ni poder. Debe servir para mejorar la coordinación, cooperación y colaboración. Debe servir para evitar las sobrecargas e ineficiencias generadas por la falta de debate previo en la formulación de objetivos y acciones a llevar a cabo. A partir de ahí, en una organización que se dice libertaria debería bastar con la confianza y el compromiso para que no se produzcan fallos ni desvíos importantes. Cuando una parte de la organización debe tomar una decisión de urgencia por algún contratiempo o evento inesperado, tan solo mirar los objetivos y los principios previamente establecidos debería bastar para guiar esa toma de decisiones, que pudiendo ser errónea debe hacerse desde la humildad y la confianza. Finalmente, cuando se revise la consecución de los objetivos se evaluará en grupo todo lo ocurrido, que en la mayoría de las ocasiones será mejorable. Pero dar libertad, revisar y proponer mejoras una vez hechos los avances siempre es mejor que no avanzar por por falta de definición de objetivos y acciones o por debates y burocracias que frenan la acción.
El fenómeno que ocurre cuando hay más personas de las necesarias realizando una tarea en economía se tiene muy estudiado. Se le llama ley de rendimientos decrecientes e ilustra muy bien ciertas deficiencias que se dan en espacios de militancia. Esta ley afirma en términos productivos, que a medida que se aumenta un factor (trabajadores), si no se aumenta el espacio de trabajo o la maquinaria, la producción resultante irá en inicio en aumento, pero cada vez este aumento será menor, hasta que comience a disminuir. Un ejemplo fácil sería imaginar preparar bocadillos. Pongamos que, en una hora, una persona es capaz de hacer diez bocadillos con todos sus ingredientes. Dos personas cooperando, con un reparto de tareas (división del trabajo) bien hecho, pueden hacer 25 bocadillos, que es más que la suma de dos personas por separado. En el caso de tres personas, pueden llegar a preparar 45 bocadillos, que es mucho más que tres por separado. Sin embargo, llegará un momento en que ese aumento de productividad descienda, por dos motivos: uno, no hay tantas tareas que realizar; dos, si el espacio es limitado comenzarán a estorbarse, de modo que no solo habrá personas ociosas, sino que pueden impedir el buen desempeño de las demás, llegando a impedir alcanzar el objetivo.Este hecho evidencia la falta de organización, de roles y responsabilidades definidas que lastran el buen hacer de las organizaciones, desmotivan a la militancia e impiden el avance en posiciones.
En las organizaciones capitalistas estudian este fenómeno al milímetro con el objetivo de reducir costes y no pagar trabajadores que resten productividad, en nuestro caso no buscamos eso, y si se producen ineficiencias por el natural desarrollo de las actividades, adelante; sin embargo sí que hay que ser conscientes de los perjuicios que puede suponer para compañeras que se ven frenadas en sus tareas y compañeras que sienten que no están aportando y que bien podrían estar realizando otras tareas de mayor provecho.
Debemos comprender que la horizontalidad y la cooperación no implican estar presentes todas las personas en todos los procesos. En ocasiones, tanto los egos como los miedos a liderazgos y jerarquías impulsan a las militantes a querer estar en todas las tomas de decisiones, todas las actividades y todos los procesos de la organización, dejando en algunos casos tareas «menos divertidas» por hacer o para quien se carga de ellas en la sombra.
Por todo lo anterior, podemos decir que el especifismo tiene por delante la difícil misión de crear organizaciones que rechacen el sectarismo y se abran a toda la sociedad y nuevas militancias, que no se estanquen en procesos burocráticos desgastando la motivación, que alcancen estructuras ágiles y dinámicas a la hora de consensuar objetivos y diseñar estrategias, que se basen en la confianza y compañerismo para crear grupos de trabajo y procesos que no saturen a unas pocas ni impidan la participación de otras y que sean lo suficientemente maduras y flexibles como para revisar dichos procesos y logros, modificando la estrategia las veces que sea necesario sin caer en un derrotismo fatalista —por complicaciones tácticas— que frustre e impida seguir avanzando hacia objetivos de medio y largo plazo. Solamente logrando organizaciones ágiles, con buen reparto de tareas, con principios, estructura y estrategia se podrá superar la dicotomía entre quienes se fosilizaron en el viejo, sectario y burocrático «anarquismo oficial» y la practicidad y fugacidad de las organizaciones informales, que tampoco consiguieron consolidar sus logros a nivel social, además de evitar sobrecargas y ociosidad. Pensar la fórmula organizativa, acordar unos principios y objetivos que enmarquen las acciones y facilitar así el reparto de tareas nos permitirá una militancia eficiente, inclusiva y equilibrada, evitando la alienación militantista y logrando la eficiencia en procesos y eficacia a la hora de lograr objetivos.

c. Militante de Hedra
Bibliografía:
Adam Smith. La riqueza de las naciones. Alianza Editorial (2004)
Emma Goldman. Anarquismo: lo que significa realmente (2022) Ed. Edu Robsy Recuperado de:
https://www.textos.info/emma-goldman/anarquismo-lo-que-significa-realmente/pdf
Inés Kropo.“Traballar para vivir ou vivir para traballar?” Revista Regeneración Libertaria (2026)
Los tigres de Sutullena. «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». Revista resquicios, números 4 y 5 (2007-08) Recuperado de:
https://www.briega.org/es/historia/epidemia-rabia-espana-1996-2007
Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires. La militancia: Estadio supremo de la alienación. Ediciones Esfuerzo (2016) Recuperado de:
Pierre Joseph Proudhon. Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria (1870) Recuperado de:
https://www.marxists.org/espanol/proudhon/filosofia-de-la-miseria.pdf
Piotr Kropotkin. La conquista del pan (1900) Editorial B. Bauza Recuperado de:
https://www.marxists.org/espanol/kropotkin/kropotkin-la-conquista-del-pan.pdf
Piotr Kropotkin. Campos, fábricas y talleres (1898) Reeditado por Solidaridad Obrera Recuperado de:
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Organización autónoma de un punto de información y apoyo mutuo para el proceso de regularización
4 de maig, per adiospgou04/05/2026Etiquetas:Un grupo autónomo de personas se ha organizado como espacio de acompañamiento gratuito mediante la creación puntos de apoyo mutuo para el proceso de regularización extraordinaria actual en Santander y Cabezón de la sal.
¿Necesitas orientación con tus trámites de regularización? ¿conoces a alguna persona que precise orientación? No estás sola, no estás sole, no estás solo. Somos un grupo de personas que creemos en el apoyo mutuo y en la resistencia colectiva.
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De 16:00 a 20:00 h.Centro social Smolny (C/Sta Teresa de Jesús 11.
Lunes, martes, miércoles y viernes
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Sábados de 11:00 a 13:00 h
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Jueves de 17:00 a 19:00
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santanderregularizacion@gmail.comJuntes somos más fuertes,
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El Bocal: la crónica de una tragedia anunciada. Quién decide y quién paga las consecuencias
4 de maig, per adiospgou04/05/2026Etiquetas:El Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca acogió la ponencia de Marisa Maliaño, una reflexión crítica sobre el caso de El Bocal, convertido en símbolo de un modelo de gestión pública que transforma lo evidente en discutible y lo denunciado en invisible.
El drama del Bocal no se presenta como un hecho aislado, sino como el resultado de una cadena de decisiones —o de la ausencia de ellas— que responden a un patrón repetido: ignorar las advertencias hasta que la tragedia se materializa. Durante años, el vecindario alertó del peligro de unas pasarelas inseguras. Lo hizo desde el conocimiento directo, cotidiano, de quien habita y transita el territorio. Sin embargo, esas voces fueron sistemáticamente ignoradas frente a la inercia de una administración que solo actúa cuando ya es demasiado tarde.
Cuando finalmente ocurre lo inevitable, el relato institucional recurre a términos como “accidente” o “fatalidad”, evitando así asumir responsabilidades. Pero, como plantea la ponencia, no fue mala suerte, sino desinterés; no fue un fallo puntual, sino una forma de gestionar basada en la desatención y la falta de prevención. El caso de El Bocal evidencia cómo lo que podría haberse evitado acaba convirtiéndose en una consecuencia lógica de la inacción.
Además, el análisis va más allá del suceso concreto, señalando el contexto en el que se enmarca: un proyecto más amplio vinculado a desarrollos urbanísticos como un campo de golf, que introduce un conflicto entre intereses económicos y derechos del vecindario. Lo que para unos se presenta como “desarrollo”, para otros supone un proceso de imposición y pérdida de control sobre su propio entorno.
La ponencia aborda también cómo se construye ese modelo: proyectos impulsados sin participación real, ejecución de infraestructuras problemáticas, advertencias ignoradas y, finalmente, ausencia de responsabilidades. Un sistema que convierte lo público en un espacio de impunidad donde el vecindario queda relegado a un papel pasivo, soportando las consecuencias de decisiones ajenas.
Frente a ello, se plantea una reflexión necesaria sobre el significado real del “bien común” y sobre quién asume el coste de determinadas políticas. Porque detrás de este caso hay consecuencias irreparables, vidas que no pueden reducirse a informes ni a discursos institucionales.
Sobre la ponente Marisa Maliaño Toca
Es médica, feminista y ecoactivista, y miembro del área feminista de Ecologistas en Acción Cantabria. Licenciada en Medicina por la Universidad de Cantabria, inició su trayectoria como médica rural en la región. Posteriormente desarrolló su labor profesional en Melilla, donde fue secretaria de Empleo y Formación de CCOO y creó y dirigió el FOREM. Durante los últimos 22 años de su carrera fue profesora titular de Microbiología en el Ciclo Superior de FP de Análisis Clínicos en Santander, además de impartir formación al profesorado. Desde 2012 divulga ciencia en espacios como el Skeptik Camp de Madrid, con intervenciones como “De mayor, quiero ser bacteria”. Mantiene el blog Los microbios no son machistas y colabora en proyectos audiovisuales de divulgación científica con perspectiva feminista. Comprometida con la defensa de los ecosistemas, ha participado en diversas iniciativas de protección del litoral de Santander y comparte su vínculo con el mar en el blog Navegar en el Narval.





