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La solidaridad internacionalista recorre Cantabria frente a la agresión militar de EE. UU. a Venezuela
4 de gener, per Redacción04/01/2026Etiquetas:Cientos de personas se han concentrado este domingo en Santander y Torrelavega para denunciar la operación bélica iniciada por la administración de Donald Trump. Los colectivos cántabros señalan la "guerra de rapiña" por los recursos energéticos y conectan esta ofensiva con la estrategia imperialista que golpea también a Palestina y Ucrania.
En la madrugada de ayer, el gobierno de los Estados Unidos inició una operación militar a gran escala contra territorio venezolano. Lo que Washington intenta vender bajo el eufemismo de «intervención necesaria», es una agresión bélica criminal que ha incluido bombardeos sobre zonas civiles y militares en Caracas y otras regiones, dejando decenas de víctimas.
Esta ofensiva no es un hecho aislado, sino la culminación de décadas de bloqueo económico, sanciones ilegales y guerra híbrida. El objetivo: el control de recursos estratégicos como el petróleo, el oro y el coltán, y el desmantelamiento de cualquier proyecto de soberanía popular en América Latina que resulte incómodo para los intereses de la Casa Blanca.
Respuesta en la tierruca
Frente al ruido de los tambores de guerra, la solidaridad internacionalista ha brotado con fuerza en Cantabria. Diversos colectivos sociales, sindicatos y organizaciones de la izquierda transformadora han convocado movilizaciones de urgencia para denunciar el papel de EE. UU. y la complicidad, por acción u omisión, de la Unión Europea y el Estado español.
Este domingo, 4 de enero, la Delegación del Gobierno en Santander ha sido el escenario de una concentración masiva. Bajo el lema «Solidaridad con Venezuela. No al imperialismo», las manifestantes han subrayado que Cantabria no puede permanecer impasible mientras el imperialismo siembra el terror. En el acto se leyó un manifiesto conjunto firmado por la Asamblea Antifascista de Cantabria, Interpueblos, la Asamblea Contra la Guerra y el sindicato CGT, en el que se exigió la ruptura de relaciones con Washington y el cierre de las bases de la OTAN.
Simultáneamente, en la capital del Besaya, la movilización ha secundado el llamamiento del Rincón Cubano Granma y COSPAZ. Con un contundente ‘¡No a la invasión de Venezuela!’, las asistentes llamaron al boicot de los intereses estadounidenses, recordando que «la lucha contra el capital y sus guerras es la misma en Caracas que en Torrelavega».
Un mismo engranaje: De Gaza al Caribe
Durante las protestas, se enfatizó que el uso de misiles y el despliegue de tropas no busca la «libertad», sino el control territorial. En este sentido, se trazaron paralelismos con el genocidio en Palestina y la guerra en Ucrania, denunciando un modelo de dominación global que sacrifica poblaciones enteras en favor del complejo militar-industrial.
El comunicado de la Coordinación Anarquista Latinoamericana (CALA), difundido recientemente, alerta sobre la continuidad de estas políticas de dominación que afectan directamente a la población, enfatizando la importancia de construir resistencias basadas en la cooperación y la autonomía, lejos de depender de estructuras estatales coercitivas.
La jornada en Cantabria, aunque simbólica, ha servido para visibilizar la solidaridad internacional mostrando que la opresión de las potencias imperialistas no es un asunto de fronteras lejanas. Es una amenaza directa a la vida cotidiana y a la capacidad de todos los pueblos para decidir su propio futuro sin tutelajes externos.
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Transfeminismo y anarquismo: la ola de la que no nos hablaron
2 de gener, per adiospgou02/01/2026Fuente:Etiquetas:Transfeminismo y anarquismo: la ola de la que no nos hablaron
La Màquia
Somos un grupo transfeminista autónomo no mixto (de mujeres, lesbianas, trans y personas no binarias). Nos organizamos y luchamos para subvertir los sistemas de dominación. Puedes leer nuestra propuesta política en lamaquia.cat«Los asuntos humanos, como la vida misma, son como los ciclos de la naturaleza. Es como la marea baja y alta del mar yendo desde el océano hasta la orilla. Esas olas vienen, juegan su papel y se van, pero todas dejan su huella, hasta el océano mismo se desgasta con el tiempo. Y entonces no hace falta que la gente se desanime porque estas oleadas de fortaleza humana que hay en el movimiento radical van y vienen. Todas dejan su huella» (Discurso pronunciado por Lucy Parsons en Chicago durante el 1º de Mayo del año 1930).
Para muches de nosotres1 el anarquismo y el feminismo se encontraron en el transfeminismo. No sabemos decir con exactitud cuándo ni por qué, pero tenemos la certeza de nuestra experiencia vital. La ola del transfeminismo no aparece en la genealogía feminista, pero su impulso bebe de la fuerza de nombres como Lucy Parsons, Rosa Cortés, Emma Goldman o Voltairine de Cleyre, y organizaciones como Las Rote Zora o Mujeres Libres.
A inicios del siglo XXI, algunas mujeres e identidades sexogénero disidentes tuvimos dificultades para tejer espacios organizativos que respondieran a las necesidades políticas del momento. Por un lado, los feminismos —aunque con cierto distanciamiento del feminismo liberal burgués—, seguían generalmente centrados en las opresiones específicas de las mujeres blancas, occidentales y cisheteronormativas. Las principales consignas eran el derecho al aborto, la libertad sexual y la denuncia de las violencias machistas (Cuadrado, 2022). Sin obviar que estas eran y siguen siendo cuestiones extremamente relevantes, nos resultaban insuficientes; ¿dónde quedaban las reivindicaciones de las pobres, las okupas, las putas o las negras? Por otro lado, convivíamos con un anarquismo con dificultades para ser creativo, asumir el reto de complejizar el sujeto de lucha y actualizarse ante el nuevo siglo.
Fue entonces cuando se celebraron las Jornadas de Granada (2009), que contribuyeron a la consolidación del transfeminismo. La decisión de organizarlo en Granada fue en honor a las II Jornadas Estatales de la Mujer, que habían tenido lugar 30 años atrás en la misma ciudad y que contaron con la presencia de Simone de Beauvoir.2 Participaron 4.000 mujeres e identidades sexogénero disidentes y hubo más de 130 ponencias. Las Jornadas alentaron a la organización a partir del Manifiesto para la Insurrección Transfeminista, con cierto paralelismo al alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Chiapas) y a las combatientes de la revolución cubana. El Manifiesto clama:
«Llamamos a la insurrección, a la ocupación de las calles, a los blogs, a la desobediencia, a no pedir permiso, a generar alianzas y estructuras propias; no nos defendamos, ¡hagamos que nos teman! Somos una realidad, operamos en diferentes ciudades y contextos, estamos conectadxs, tenemos objetivos comunes y ya no nos calláis. El feminismo será transfronterizo, transformador, transgénero o no será, el feminismo será TransFeminista o no será…». (Red PutaBolloNegraTransFeminista, 2009)
Pese a la movilización, diversidad y consenso, las Jornadas no generaron una propuesta estratégica organizativa amplia y continuada en el tiempo. Sin embargo, muchas hicimos florecer propuestas organizativas y políticas que dieran continuidad a esas Jornadas.
A continuación, desgranamos qué entendemos por transfeminismo y por qué apostamos por él como forma de relacionarnos y crecer políticamente como anarquistas, haciendo de lo personal algo político. Terminamos presentando la propuesta política de La Maquia, nutrida de la relación entre anarquismo y transfeminismo. Nuestra finalidad es contribuir a debates actuales desde nuestra práctica política.3
El transfeminismo como eje político
El debate histórico en torno al sujeto político del feminismo ha hecho aguas en el movimiento: las mujeres, la mujer trabajadora, la clase obrera… El transfeminismo amplía la idea de sujetos de lucha desde la transversalidad, poniendo el foco en sujetos que el feminismo hegemónico tradicionalmente había olvidado: lesbianas, negras, latinas, gitanas… Nace a raíz de las críticas de estas subjetividades hacia el feminismo hegemónico, generalmente centrado en mujeres heterosexuales, blancas y de clase media, con la voluntad de generar un frente común —pero transversal— de autodefensa y resistencia. En este sentido, implica el reconocimiento de distintos ejes de opresión: la orientación sexual, los estados de tránsito de género, la procedencia geopolítica, la racialización, la clase socioeconómica, el capacitismo, etc.

Caja de cerillas en encuentro transfeminista «Mujeres más allá de las armas». Imagen: La Màquia
El transfeminismo ha sacudido cuestiones clave como la memoria histórica, los dogmas ideológicos o la complejidad del sistema capitalista. La memoria es lucha, y ampliar el sujeto de lucha nos ha permitido encontrar respuestas y honrar las historias silenciadas de muchas compañeras. Nos ha permitido crear genealogías transfeministas de resistencia, que beben de la resistencia de Rosa Cortés y la fuga de 53 gitanas de la Casa de la Misericordia en Zaragoza (Martínez Martínez, 2019), de Mujeres Libres (Ackelsberg, 1987), de las trans y putas en Stonewall en 1969 tirando piedras a la policía o de la marcha de las Carolinas en el puerto de Barcelona en 1931 (Martínez, 2017). La genealogía transfeminista, lejos de quedar en anécdota, resulta una herramienta hacia la construcción de identidades de lucha en el presente y en el futuro.
Asimismo, la visión amplia y transversal del transfeminismo nos ha permitido alejarnos de la «necesidad dogmática» de representar las luchas en una única corriente ideológica. Cada comunidad tiene su propia genealogía y, por ende, acoge distintas luchas, identidades individuales y colectivas, y feminismos. Tal y como nos compartía Paqui Perona, activista y feminista gitana, las genealogías de las comunidades pueden ser radicalmente distintas aun compartiendo el mismo momento y lugar histórico: «en mi cultura, aunque vivamos en un sistema individualista y neoliberal, encontramos herramientas y maneras de poder continuar manteniendo nuestra vida comunitaria». En este sentido, el transfeminismo no se entiende como una etiqueta o identidad hermética, sino como un punto de encuentro hacia la construcción de un frente común de lucha: una trinchera que no es abstracta y que constituye una fortaleza tácita y desafiante, forjada por semejanzas y alianzas, con valores y posicionamientos políticos compartidos hacia futuros que contrarresten el odio.
¡Esto puede ser también feminismo, no hace falta cambiar el nombre!
Consecuentemente, el transfeminismo ha sido capaz de recoger la complejidad del sistema capitalista y su alianza criminal con los demás sistemas de dominación —colonialismo y patriarcado, entre otros—. No jerarquizar entre sistemas de opresión ha permitido el reconocimiento mutuo y una política basada en alianzas y acciones, creando así comunidades de resistencia diversas y con un hacer cotidiano y práctico para hacer frente a las violencias desde el apoyo mutuo.
Gran parte de los esfuerzos del transfeminismo se han dedicado a la cuestión del género, entendido como una construcción social —«mujer se hace, no se nace» (de Beauvoir, 1949)— y como herramienta indispensable del patriarcado para perpetuar su poder, imponer el binarismo y limitar los cuerpos al servicio del orden social. Sin embargo, la ampliación y complejización de los sujetos de lucha ha permitido nuevos horizontes de alianzas y luchas.
¡Esto puede ser también feminismo, no hace falta cambiar el nombre!
Para nosotres, el transfeminismo es una trinchera estratégica ante el discurso feminista mainstream actual (Castejón, 2018). Estamos presenciando el auge de un feminismo mainstream que criminaliza a quienes habitan en los márgenes y sostiene las violencias estructurales. Un feminismo que sitúa a las personas migrantes y pobres como focos de violencia machista, a las trabajadoras sexuales como proxenetas o víctimas, y a las personas trans y no binarias como identidades misóginas y liberales. Asimismo, que obvia el enriquecimiento del norte global lo que significa guerra y miseria para las mujeres y disidencias del sur, actuando como cómplice del capitalismo y colonialismo (Drullard Marquez, 2020; Puar, 2007).

Corte de tráfico 8M 2024. Imagen: La Màquia
Este feminismo está impulsado por Estados, gobiernos e instituciones. Ejemplos concretos son las políticas y discursos del sionismo, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de instituciones como la Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia (DGAIA) o de la represión policial. El sionismo y sus cómplices han utilizado la instrumentalización de los derechos pro‐LGTBIQ+ para justificar la ocupación y el genocidio de Palestina (pinkwashing; Puar, 2010). El PSOE, autoproclamado como el «gobierno más feminista de la historia», ha eliminado la sigla Q+ de su documento ideológico LGTBI por su significado «misógino, liberal y antifeminista» (Mar Escobedo, 2024), ha propuesto excluir a las mujeres trans de las categorías femeninas en el deporte, y ha registrado la tercería locativa —una propuesta de ley que persigue a las trabajadoras sexuales—. La DGAIA premia sistemáticamente a las mujeres autónomas, pero ha reportado múltiples casos de racismo y clasismo mediante la retirada de custodias (Brizuela González, 2025), mientras la policía reprime a las trabajadoras sexuales autoorganizadas en sindicatos y plataformas en nombre de la protección de «las mujeres».
El transfeminismo pone el foco en la denuncia de esta capitalización del feminismo por parte de las instituciones y Estados. El componente radical que lo atraviesa —señalar todos los sistemas de dominación que atraviesan nuestras vidas— nos permite distanciarnos del feminismo mainstream y cultivar la radicalidad y la transformación social.
La confluencia entre transfeminismo y anarquismo aporta una vuelta de tuerca: entender la lucha contra el patriarcado también como la abolición del género y… el reconocimiento de las identidades individuales y colectivas que cuestionan el binarismo como herramientas radicales de lucha revolucionaria
La alianza silenciosa entre transfeminismo y anarquismo
Como el transfeminismo, el anarquismo también se ha centrado en abolir el patriarcado como forma de jerarquía. Los anarcofeminismos han puesto énfasis en el impacto del Estado en los cuerpos de las mujeres, por ejemplo, a través del control de la natalidad. Para nosotres, la confluencia entre transfeminismo y anarquismo aporta una vuelta de tuerca: entender la lucha contra el patriarcado también como la abolición del género y, por ende, el reconocimiento de las identidades individuales y colectivas que cuestionan el binarismo como herramientas radicales de lucha revolucionaria. Si bien el orgullo de ser lesbiana, trans, negra o gitana no es un fin político, puede devenir una poderosa herramienta de lucha.
Existen críticas del anarquismo hacia el transfeminismo que señalan los riesgos de identitarismo: caer en la reivindicación de la identidad como fin mismo y no como herramienta de radicalización, concienciación y transformación social. Las críticas del anarquismo al feminismo no son algo nuevo y referentes como Mujeres Libres, Emma Goldman o Lucy Parsons nunca se definieron como feministas, tal y como ilustra Ackelsberg:
«No tardé en sospechar que, si bien el marco político español de los años treinta difiere enormemente del de los Estados Unidos de los ochenta, podría haber algunas semblanzas entre el rechazo de Mujeres Libres a identificarse como feministas y la vacilación de muchas mujeres obreras y de color de este país [EEUU] en adoptar la etiqueta feminista». (Ackelsberg, 1987)
Mujeres Libres y obreras negras no solo no se definieron como feministas, sino que tampoco han formado parte de la genealogía del feminismo ni, durante muchos años, del anarquismo. Sin embargo, nosotres estamos convencidas que, de haberlo hecho, ambos movimientos, el anarquista y el feminista, hubiesen tenido referentes donde reconocerse e inspirarse para enfrentar las luchas actuales e intentar no cometer los mismos errores.
Tras el estudio de la historia y acción política de Mujeres Libres, identificamos paralelismos entre su capacidad de hacer la revolución allí donde nadie la hacía —en los márgenes— y el transfeminismo. Pese a que algunas compañeras siguen enquistadas en posturas binarias, esencialistas y abolicionistas referenciando a Mujeres Libres o Emma Goldman, nosotres enfatizamos que para ellas solo la abolición de la explotación económica era sinónimo de la abolición de la prostitución y consideraban que la prohibición no era la solución, y que toda propuesta política estaba sujeta a su tiempo y contexto.
Tal como recoge Vanessa Gómez Bernal, la experiencia de Mujeres Libres representa una contribución al feminismo contemporáneo que lucha por desarrollar una concepción de la subordinación y la capacitación de las mujeres que atienda a las diferencias de etnicidad, clase, sexualidad, capacidades, etc. Las palabras de Mujeres Libres nos recuerdan algo vital en la actualidad: «para descubrir nuevos horizontes es preciso descubrir atalayas nuevas. Nos repugna la política porque no entiende de problemas humanos, sino de intereses de secta y de clase» (Revista Mujeres Libres. Volumen: 1,1936). Para nosotres, profundizar en la relación entre anarquismo y transfeminismo representa subir nuevas atalayas, y junto con el antirracismo, «descentrar la mirada para ampliar la visión» (Birzuela, Florancia. López, Uriel. 2018).
La propuesta de La Màquia
Nuestra propuesta política bebe de la relación silenciosa entre anarquismo y transfeminismo, la cual nos ha permitido trascender y ampliar, a nuestro parecer, ambos marcos. En primer lugar, desde el anarquismo identificamos múltiples formas de dominación que aparecen y se reformulan a lo largo de la historia para optimizar la acumulación de unos pocos y la explotación y desposesión de muches. El patriarcado, el racismo y la colonización, el capitalismo y la propiedad privada son sistemas interrelacionados que construyen relaciones económicas, sociales y culturales. Se adaptan al contexto geográfico e histórico, pero nunca dejan de perpetuar violencia, despojo y muerte. El Estado, «padre del pueblo» (no solo en su concepción moderna, sino en cualquiera de sus manifestaciones históricas), es la estructura desde donde se ejerce el dominio político‐militar, autoritario y centralizado. Desde el Estado se garantiza y legitima la perpetuación de las formas de dominación mediante el aniquilamiento, la represión o la asimilación de las disidencias, tanto individuales como colectivas y organizadas. En segundo lugar, desde el transfeminismo hemos establecido estrategias como la no‐mixticidad de género o la política de alianzas, con las que hemos podido responder con formas organizativas revolucionarias que buscan el fin de la dominación mediante la lucha, la autodefensa y las alianzas entre distintas identidades individuales y colectivas. En el presente 2025, interpretamos las alianzas que se nombraron en las Jornadas de Granada no solo como la coordinación o el apoyo simbólico, sino como la construcción de relaciones políticas y organizativas en el plano estratégico hacia un frente común transfeminista.

Ilustración de Sinsituarte para la revista Dones Més Enllà de Les Armes Vol.I (2)
A nuestro entender, el diálogo entra anarquismo y transfeminismo supera —o al menos trata de superar— la dificultad histórica del anarquismo en recoger la experiencia de Mujeres Libres —con su crítica a una excesiva centralidad en el sujeto de la clase trabajadora hegemónica— y los aprendizajes de las teorías decoloniales y del movimiento antirracista. Asimismo, plantea la posibilidad de superar la centralidad de un único sujeto político —a su vez, excluyendo a otros y perpetuando así las jerarquías—. Sabemos que una exclusiva lectura de clase o de género deja otras identidades en los márgenes, imposibilitando la construcción de relaciones de lucha y apoyo mutuo. Así pues, trasciende el plantear marcos únicos que llevan a estrategias únicas que pueden perpetuar otras formas de opresión.
Nuestra propuesta se estructura en múltiples ejes (La Maquia, 2024). Uno de ellos consiste en reenfocar la mirada con la que relatamos las historias y los análisis que nos precedieron y que coexisten en la actualidad. Es la de recuperar la memoria transfeminista para reconocernos e imaginar futuros y horizontes de lucha colectivos. Esto nos lleva a reconocer la diversidad, amplitud y complejidad de los sujetos de lucha, las múltiples ideas y las luchas que resisten al ataque de los sistemas de dominación. Es en el andar donde podemos reconocer a nuestras aliadas en los valores éticos compartidos.
Reconocernos y tejer alianzas nos permite construir frentes de lucha contra todos los sistemas de dominación y la interrelación entre ellos. Nuestros valores y práctica anarquista implican radicalidad y construcción comunitaria. A su vez, nuestra práctica transfeminista nos obliga a ver las diferencias entre nosotres en la construcción de dichos frentes. Sin una mirada que reconoce como la explotación y el expolio arrasan de forma diferente distintas vidas —dependiendo, por ejemplo, de si tienen papeles o sobrecargas familiares— nunca seremos capaces de librar una batalla ética a la opresión.
Estas prácticas implican poner el cuerpo en la lucha. Nuestras identidades no son el fin en sí mismo, son herramientas de radicalización, concienciación y organización. Nuestra lucha va más allá de gestos simbólicos, instituciones o gobiernos. Nuestro anarquismo y nuestras luchas son radicalmente transformadoras; reconocen las contribuciones prácticas y teóricas de múltiples movimientos para incorporarlas en su huella.
Referencias
- Ackelsberg, M., Mujeres Libres. Organising Women During the Spanish Revolution. DAM Direct Action Movement, 1987. Hay traducción en castellano editada por Virus en 2017 con el título Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres.
- Avrich, P. & Hems, R. P., An American Anarchist. The Life of Voltairine de Cleyre. Princeton University Press, 1978
- Birzuela, Florencia. López, Uriel. Reflexiones entorno a los movimientos sociales desde una perspectiva feminista y antirracista. Barcelona, Editorial Descontrol, 2018
- Brizuela González, F., «Contra la infancia migrante y racializada (tercera parte)». Pikara Magazine 2025. https://www.pikaramagazine.com/2025/06/contra-la-infancia-migrante-y-racializada-tercera-parte/
- Castejón, M., «Feminismo mainstream: feminismos para tiempos digitales, mutaciones y nuevos retos». En N. Alabao, L. Cadahia, G. Cano, M. Castejón, A. Giménez Adelantado, T. Llaguno, S. López Gil, J. Montero, C. Serra & F. Vila Núñez. Un feminismo del 99%. Lengua de Trapo, 2018, pp. 45‐63. https://doi.org/10.3917/s.ldt.alaba.2018.01.0045.
- De Beauvoir, S., El segundo sexo. París, Gallimard, 1949. Hay versión en castellano en Ediciones Cátedra 2017.
- Drullard Marquez, W. J., «Capitalismo mutante: pinkwashing y purplewashing». El Salto, 10 de septiembre de 2020. https://osalto.gal/mapas/capitalismo-mutante-pinkwashing-y-purplewashing
- La Maquia, «Propuesta política», 2024. https://lamaquia.cat/cas/wp-content/uploads/sites/2/2024/11/Propuesta_politica_cast.pdf
- Mainer, S., «Rote Zora in Spanish: Anarcha‐feminist activism in translation». In O. Castro & E. Ergun (Eds.), Feminist Translation Studies, Routledge, 2017, pp. 181– 194. https://doi.org/10.4324/9781315679624
- Mar Escobedo, D., «El PSOE borra la Q y el ‘plus’ de las siglas LGTBIAQ+ y los colectivos responden: “Se trasladará en violencia”», El Salto, 2024. https://www.elsaltodiario.com/psoe/psoe-borra-q-plus-siglas-lgtbiaq+-colectivos-responden-se-trasladara-violencia
- Martínez, R., Lo nuestro sí que es mundial. Una introducción a la historia del movimiento LGBT en España (3ra. edición). Editorial Egales, 2017. p. 67.
- Martínez Martínez, M., La mujer gitana en la historia. Una lección de resistencia (1539‐1765). Editorial Académica Española, 2019.
- Puar, J. K., Terrorist assemblages: Homonationalism in queer times. Duke University Press, 2007.
- Puar, J. K., «Israel’s gay propaganda war». The Guardian, 1 de julio de 2010. https://www.theguardian.com/commentisfree/2010/jul/01/israels-gay-propaganda-war
- Red PutaBolloNegraTransFeminista, «Manifiesto para la Insurrección Transfeminista», 2009. https://paroledequeer.blogspot.com/2022/01/manifiesto-para-la-insurreccion-transfeminista.html
- Romero Delgado, Marta. Lucy Parsons: antología de una anarquista olvidada, Editorial Imperdible, 2022.
- Solá, M. & Urko, E. (Coord.), Transfeminismos Epistemes Fricciones y Flujos, Txalaparta, 2014.
- En este artículo utilizamos el pronombre e o el femenino genérico indistintamente para referirnos a mujeres e identidades sexogénero disidentes, acogiendo una visión no‐binaria del sujeto de la lucha transfeminista https://lamaquia.cat/blog/no-mixticitat/. ↩︎
- No existen referencias documentadas de la presencia de Simone de Beauvoir en las II Jornadas Estatales de la Mujer, aunque hay voces que participaron en ellas que afirman su participación. ↩︎
- Nuestras elaboraciones provienen de una reflexión y formación política a partir de la práctica. Así pues, pueden estar alejadas de formulaciones teóricas que siguen procesos más academicistas. Recomendamos leer el libro de Solá & Urko (2014) para ampliar algunas ideas que aparecen en el texto. ↩︎
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Crónicas de Naada en Gaza [3ª parte]
31 de desembre de 2025, per Ak-rata31/12/2025Etiquetas:Mientras probablemente estáis preparando la cena y los últimos arreglos para celebrar la salida y la entrada de año, yo estoy acabando mi jornada de dar vueltas por Gaza. Ahora estoy montada en el coche con el sol de las 3 de la tarde dándome en la carita. Qué gusto que en los últimos dos días no haya llovido ni soplado el viento muy fuerte.
En un kiosko unas niñas compran patatas y snacks salados (de marcas americanas mundialmente extendidas). Esas comidas rápidas y poco saludables están a precios más asequibles que las frutas y verduras... Y ya ni hablemos de los huevos, el pescado y la carne. Una mujer con hiyab morado está sentada delante de su tienda, pensativa. Ajena a que esta noche es nochevieja.
Los niños corretean y serpentean entre los coches y carros tirados por burros que pasan. Me parece increíble que los conductores tengan los reflejos suficientes para no llevarse ninguno por delante. Un grupito incluso nos increpa, porque nuestro neumático está a punto de pasar por encima de su juego en la arena. Juegan a algo llamado Bananeer, que es un agujerito en la arena donde tienen que colar las canicas desde cierta distancia.
Unos niños están volando unas cometas blancas en medio del campamento de tiendas. Otros niños están ayudando a su padre a cargar una bombona de gas en su carretilla. Afortunada su familia sí, hoy cocinan con gas, porque el Kg está a 100 shekel (casi 30 euros), es decir, una bombona de 5kg son 135€, que es mucho aquí.
En un puesto en que venden los esqueletos de lo que fueron árboles, los señores se afanan en despedazar en piezas más pequeñas las ramas y los troncos con un cincel y un martillo. Bendita paciencia. Unos chavales están traspasando unos sacos muy pesados, de lo que parece arena, de una carreta a otra. Hay un continuo trajín de burros que arrastran carretas, coches, personas yendo y viniendo del mercado.
Todo parece tranquilo. Todo parece seguir su curso. La población sigue como un día más. Ajena a que esta noche se acaba el año. Y ajena, en parte, a que podría ser un día menos en la cuenta atrás para que más de 30 ONG internacionales sean vetadas por Israel para continuar sus actividades en Gaza y Cisjordania. Mi prolongado silencio se ha debido a una falta total de energía para escribir ante tanto sufrimiento. Al paisaje de destrucción y al sonido de las detonaciones se le ha sumado la bajada drástica de temperaturas y la incertidumbre de lo que pasará con las nuevas reglas de registro de las ONGs internacionales que Israel ha implantado y que pueden dejar en peligro de perder ayuda vital y urgente para toda la población de Gaza.
Empecemos por el tema del invierno. Ha llegado, y lo ha hecho con fuerza. No es que haya sido una sorpresa o un acontecimiento extraordinario. Claro que el invierno siempre llega después del otoño, también en esta parte del mundo. Así que las consecuencias drásticas que está teniendo en la población eran totalmente previsibles y prevenibles. Sinceramente estoy cansada de esto. No es un drama climático. Es un daño hecho por el ser humano, premeditadamente. Mientras hay bebés muriendo de hipotermia los camiones llenos de tiendas y materiales de invierno esperan haciendo cola en Karem Salam a que Israhell dé luz verde. El clúster de refugio y abrigo ha confirmado que de 270.000 tiendas que deberían haber entrado sólo lo han hecho 50.000. Habréis visto vídeos en las redes sociales o noticias sobre la gente intentando salvar sus tiendas, que se las está llevando el viento, las olas o se están inundando.

La noche del pasado sábado hubo un temporal muy fuerte. El domingo 28 las imágenes desde el coche me rompieron el corazón, viendo cómo las inclemencias meteorológicas han dejado a muchas personas sin ningún tipo de refugio. El paisaje era desolador. Todas las tiendas en la arena de la playa se habían volado o mojado. El temporal está trayendo olas muy muy grandes que alcanzan incluso las tiendas en la calle más cercana a la arena. Incluso el hospital de campaña de la Media Luna roja Palestina tiene una laguna enorme en medio de su recinto.
Durante las noches de temporal dormir escuchando la lluvia tan fuerte afuera se convierte en un imposible... Ni me puedo imaginar cómo son estas noches para la población. Muchos pasan la noche en pie porque el agua llega por encima de los tobillos. O salen a trazar un perímetro alrededor de sus tiendas, construyendo murallas chiquititas de arena, y una canalización por fuera para tratar de controlar las riadas que corren. Como construir castillos de arena en la playa, con foso incluido, intentando que el mar no se los lleve.... Pero sin ser un juego.

Ojalá más sol. Más y más sol. Una compañera gazatí me decía el otro día... «Siempre habíamos pedido al cielo agua para nuestros cultivos, pero ahora... insha'Allah tengamos sol. Si Allah quiere». Otras compañeras me dicen que adoraban el invierno. Solían amar esta época del año. Pero apreciar su belleza es un lujo y privilegio del que ahora no gozan. El privilegio de tener un refugio donde el frío no duela, donde poder disfrutar de una bebida humeante y un sofá que abrace mientras afuera el mundo se enfría y se sigue cayendo a pedazos.
A pesar de que todo se desmorona el pueblo palestino es impresionante. Son increíblemente solidarios y amorosos. No sé cuántos regalos he recibido en las últimas semanas. La expresión de gratitud y aprecio se derrama en cada detalle de la vida cotidiana. El guarda de nuestra casa me acerca un ramito de dátiles en la noche, mientras hago una reunión frente al ordenador en el patio y me estoy quedando heladita. Mi amiga y compañera Najla me regala una taza de leche caliente muy espesa con especias (sajlab), porque he llegado al centro de salud por la mañana temprano y a la sombra hace un frío increíble. Shymaa, también enfermera y amiga me manda por medio de un conductor una cajita hasta el hospital. Al abrirla pone «Para la chica más fuerte que he conocido. ¡Sigue así!» Y es un collar de plata con la silueta de una escaladora en una montaña.¿Yo la mujer más fuerte? Me lo dicen chicas que han sobrevivido 26 meses a un genocidio. Que han perdido familia y amigos. Shymaa perdió a su prometido. Por fin habían decidido dar el paso, tras conocerse durante 5 años en la universidad. Me dice que aún hoy no lo ha superado. Seguir levantándose cada mañana a entregar lo mejor de sí misma en las urgencias, sonreír con amabilidad a los pacientes y mostrarse esperanzada. Eso es la fortaleza más grande.
Hoy enumero mis propósitos de año nuevo: Alto al fuego definitivo y real ya. Que los palestinos tengan autodeterminación y puedan elegir su gobierno y su futuro. Que se permita la libre circulación en las fronteras. Que las tropas se replieguen y dejen a los gazatíes volver a poblar su tierra (Siempre suya y de nadie más). Que los niños y las niñas que esperan en camas de hospitales puedan irse a otros países a recibir la atención médica que les corresponde por derecho de nacimiento. Que se reconstruyan colegios, hospitales, casas y edificios civiles, que haya restaurantes y cafeterías para encuentros. Que los niños y niñas vuelvan a estudiar en las escuelas. Que dejemos a Gaza y a Palestina vivir y recomenzar, una vez más. Que Israel permita a todas y cada una de las ONGs registrarse y continuar sus trabajos en todos los Territorios Palestinos Ocupados.
Hoy cuando brindéis con champán y deseéis feliz fiestas y feliz año a vuestros seres queridos guardad un pedacito de deseo para estas personas. Mandad un poquito de calor a los palestinos que me están cuidando y me siguen enseñando los valores más importantes en la vida. La vida misma, la legitimidad de vivir en libertad, dignidad, el genuino placer que se encuentra en lo simple y lo cotidiano. La fuerza y el entusiasmo en respirar ahora y en el segundo que sigue.
Felices fiestas y gracias por estar ahí, por una Palestina libre en el 2026 y siempre.
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El año en que logramos resistir juntas: 4.500 personas han participado en los 135 eventos organizados por La Vorágine
31 de desembre de 2025, per Redacción31/12/2025Etiquetas:Cada año tiene más sentido este resistir en comunidad, este intento de entrelazarnos para aguantar la deriva autocrática en la política y la violencia económica y social del sistema. Por eso, cuando echamos la vista atrás e intentamos narrar la historia a contrapelo, nos topamos con nuestro territorio de certezas, ese en el que podemos disentir, cuidarnos, aliarnos, anhelar…
En 2025, desde la colectiva La Vorágine os hemos propuesto 135 actividades distintas: debates, charlas, presentaciones de libros, talleres, proyecciones… Excusas para pensar críticamente, alimento necesario para la caldera de la resistencia y la rebeldía. Y habéis respondido de forma masiva sin ser masa: 4.547 personas han pasado por estas acciones y han dejado su huella en nuestro espacio común.
Este mundo de acciones ha sido facilitado por 111 mujeres de diversas procedencias y por 59 hombres. Eso habla de la diversidad y de la dispersión del protagonismo que tratamos de alimentar y acoger en LaVora.

Ha sido un año intenso en que hemos colaborado con Interpueblos para producir la impresionante exposición sobre Palestina “Para contar mi historia”, hemos celebrado la 12 edición de Cine Sin Niebla —en esta ocasión dedicada a las infancias arrebatadas—, hemos aprendido y desaprendido con el ciclo (Des)Esperanza climática, hemos sido casa para acciones del colectivo Mirera, hemos estrenado nuestro primer documental —¡Niebla!—, hemos colaborado con Urbanbat (Bilbao) y Taller en Blanco (Logroño) en el proyecto “Ni tan lejos ni tan cerca”, y hemos hecho acciones en municipios como Reinosa, Cabezón de la Sal o Castro Urdiales.

Homenaje a Isabel Tejerina en febrero de 2025
También ha sido el año en que participamos del homenaje colectivo a nuestra Isabel Tejerina, el maldito año en el que nos ha dejado el compa Tino Brugos y en el que lo hemos recordado en comunidad, y en el que invocamos a Xuan Bello entre muchas tras su muerte repentina.
Este repaso es tan parcial como necesario y no podemos olvidar que en medio de toda la actividad pública —y la que no hay que contar— hemos editado seis libros con el sello de La Vorágine (Abrir la visión, Noctambulandia, Al cabo de los años, Modelar la memoria, Guerra cognitiva y cultural, y El Faro). Y con los libros de La Vorágine hemos viajado a Francia (Collioure), Madrid (Casa de América y Traficantes de Sueños), Barcelona (La Central), Burgos (Medina de Pomar) y Asturias (Gijón/Xixón y Oviedo/Uviéu). Resistimos construyendo y no es poco.
Que el 2026 nos pille con fuerza y con comunidad suficiente para la tarea. ¡Os queremos, humanas!
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El territorio como tablero: una reflexión necesaria tras la presentación del PROT de Cantabria
31 de desembre de 2025, per Redacción31/12/2025Etiquetas:El pasado lunes 29 de diciembre, el Gobierno de Cantabria presentó oficialmente el nuevo Plan Regional de Ordenación Territorial (PROT). El documento se presenta, en apariencia, como un marco técnico destinado a organizar el futuro de la región. Sin embargo, basta con rascar bajo la superficie del anuncio oficial para descubrir un proyecto que revela una arquitectura profundamente centralista. Bajo una retórica de sostenibilidad, equilibrio territorial y planificación racional, se despliega un modelo de desarrollo que concibe la tierra no como un hogar compartido ni como un bien común, sino como un activo administrable al servicio de la rentabilidad y de la gestión institucional.
El conflicto fundamental del PROT reside en su concepción del poder y de quién decide sobre el territorio. El plan se configura como una estructura normativa diseñada desde las alturas administrativas que tiende a anular la capacidad de decisión real de las personas y comunidades a escala local. No es casual que el propio PROT se defina como un instrumento de ordenación supramunicipal y de obligado cumplimiento, capaz de prevalecer sobre el planeamiento municipal, desplazando el centro de gravedad de las decisiones hacia una lógica regional centralizada. Una verdadera organización del territorio debería nacer de abajo arriba, partiendo de las necesidades materiales, sociales y ecológicas de cada valle. En cambio, el PROT impone una visión tecnocrática que simplifica la complejidad del territorio cántabro para hacerlo legible a los intereses del mercado, despejando el camino para grandes proyectos industriales o turísticos que, de otro modo, encontrarían una resistencia vecinal mucho más firme.
Esta lógica de desposesión es muy clara en el tratamiento de los montes comunales. Estas tierras, históricamente custodiadas y gestionadas por la vecindad a través de concejos y formas colectivas de decisión, representan una de las últimas reservas de autonomía comunitaria en Cantabria. Pero el PROT, al apoyarse en figuras amplias como los “proyectos de interés regional” o las “actuaciones estratégicas”, define desde lejos qué se puede hacer y qué no, asfixiando la capacidad de autogobierno local. Bajo el paraguas difuso del “interés regional”, el plan abre la puerta a que tierras de uso común sean tratadas como espacios vacíos, disponibles para ser entregados a empresas privadas o gestionados por una burocracia ajena a la vida rural, rompiendo el vínculo histórico entre la comunidad y el monte y convirtiendo el patrimonio colectivo en un activo concesionable al mejor postor.
En el plano ecológico y energético, el plan peca de un productivismo que choca frontalmente con los límites biofísicos del territorio. Aunque el texto utiliza un lenguaje cargado de términos como resiliencia, sostenibilidad o transición ecológica, en la práctica favorece la fragmentación del paisaje y la industrialización de las cumbres. Al centralizar la planificación energética, se anula la posibilidad de que las comarcas desarrollen infraestructuras a pequeña escala, adaptadas al entorno y bajo control comunitario. El territorio se convierte así en una zona de sacrificio: los pueblos aportan el suelo y soportan los impactos, mientras que el control y los beneficios se concentran en grandes centros de poder económico y político. Lo que se presenta como “progreso verde” no es más que una profundización de la dependencia, al servicio de un sistema que necesita crecer sin descanso, incluso por encima de los límites de la naturaleza.
Además, el PROT parece olvidar una verdad elemental: el mundo rural está vivo. Trata a los pueblos como decorados para el turismo o como extensiones residenciales de las ciudades, ignorando a quienes apuestan por una gestión directa, arraigada y colectiva de los recursos. Al concentrar las decisiones en instituciones alejadas del territorio, se debilita el vínculo cotidiano entre las personas y la tierra, fomentando una dependencia estructural del exterior en lugar de fortalecer circuitos locales de cooperación, apoyo mutuo y equilibrio entre campo y ciudad.
En definitiva, este plan de ordenación representa la culminación de un modelo que confunde el bienestar con la acumulación, la organización con el control y la planificación con el blindaje del orden existente. Una ordenación territorial madura y verdaderamente transformadora no debería ser un manual de instrucciones dictado por expertos y políticos, sino un proceso abierto de diálogo y corresponsabilidad. Un proceso en el que la técnica aporte herramientas, pero donde sean las personas que habitan el territorio quienes marquen el rumbo. Solo así la tierra dejará de ser un tablero para la extracción de beneficios y podrá volver a ser reconocida como lo que siempre ha sido: un hogar común que decidimos cuidar y gestionar colectivamente, sin dueños, sin jerarquías y sin jefes.


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