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Gaza: 71 mil millones para sobrevivir y reconstruir
20 d’abril, per AuriUn informe de la ONU, la Unión Europea y el Banco Mundial señala que Gaza que las agujas del desarrollo en Gaza ha vuelto 77 años atrás. Los sectores más gravemente afectados: vivienda, salud, educación, comercio y agricultura. La urgencia es inmediata: 26,300 millones deben movilizarse en los próximos 18 meses para poner en marcha los servicios vitales.
Después de dos años de guerra en Gaza, la factura es vertiginosa: serán necesarios 71,400 millones de dólares en diez años para reconstruir el enclave palestino, según un informe de la Unión Europea, la ONU y el Banco Mundial.
La urgencia es inmediata: 26,300 millones deben movilizarse en los próximos 18 meses para poner en marcha los servicios vitales, reconstruir las infraestructuras devastadas y reactivar una economía paralizada. Una tarea colosal, a la altura de la magnitud de la destrucción y la crisis humanitaria.
Más allá de la estimación global de las necesidades de reconstrucción, el informe detalla también la magnitud de los daños causados por el conflicto, que se calculan en 35,200 millones de dólares. Las pérdidas económicas se evalúan en 22,700 millones de dólares, lo que eleva el importe total estimado de los efectos del conflicto sobre los bienes materiales a 57,900 millones de dólares.
La destrucción es masiva: salud, vivienda, educación y agricultura
El informe no se limita a las pérdidas financieras globales y precisa también los sectores más gravemente afectados: vivienda, salud, educación, comercio y agricultura. Cerca de 372.000 viviendas han sido destruidas o dañadas; más de la mitad de los hospitales están fuera de servicio; la práctica totalidad de las escuelas han sido destruidas o dañadas; y la economía de Gaza se ha contraído un 85%.
Más allá de la constatación de los daños, el informe jerarquiza las necesidades de reconstrucción por sectores. La vivienda encabeza la lista con 16,200 millones de dólares.
Le siguen la agricultura y el sistema alimentario (10,500 millones de dólares), la salud (10.000 millones de dólares) y el comercio y la industria (9000 millones de dólares). Estos sectores representan conjuntamente casi dos tercios de las necesidades totales de reconstrucción y constituyen las «prioridades más urgentes», según el documento.
En el plano geográfico, las gobernaciones de Gaza y del norte de Gaza han sufrido los daños más importantes. En comparación con los conflictos de 2014 y 2021, el nivel de destrucción en la Franja de Gaza es de una magnitud completamente diferente.
El reloj de Gaza vuelve 77 años atrás
Si los daños se concentran en ciertas zonas, el informe amplía la constatación a los efectos humanos en el conjunto de la Franja de Gaza. Pone de manifiesto el impacto catastrófico sobre el desarrollo humano en todo el enclave palestino, cuyo retroceso se estima en 77 años. Alrededor de 1,9 millones de personas han sido desplazadas, a menudo en múltiples ocasiones, y más del 60% de la población ha perdido su vivienda.
Casi tres cuartas partes de la población activa de Gaza antes del conflicto han perdido su empleo, lo que ha dado lugar a una tasa de empleo del 9,3%. Esta situación, combinada con la pérdida de empleo en Cisjordania, ha provocado una caída de trece puntos porcentuales de la tasa combinada para Cisjordania y Gaza, situándola entre las más bajas de la base de datos del Banco Mundial.
Ante el colapso del empleo, el documento detalla las prioridades inmediatas de recuperación: la lucha contra la inseguridad alimentaria, las necesidades de protección social, las cuestiones de acceso a la vivienda, la reanudación de la educación, así como el apoyo en salud mental y psicosocial a las poblaciones.
Necesidad de un acceso humanitario sin trabas
El informe también identifica varias otras urgencias inmediatas, como la reanudación de los servicios básicos (salud, agua, saneamiento e higiene) y la retirada de escombros. Los costes de retirada y gestión de más de 68 millones de toneladas de escombros ascienden por sí solos a más de 1,7 mil millones de dólares.
Estas prioridades operativas inmediatas presuponen, sin embargo, condiciones de seguridad y humanitarias mínimas. Según la ONU y sus socios, un alto el fuego duradero y una seguridad adecuada son condiciones mínimas. «Un acceso humanitario sin trabas debe ser el fundamento de la recuperación», insiste el informe, señalando que la libre circulación de personas y bienes dentro y entre Gaza y Cisjordania es esencial.
«La comunidad internacional debe movilizar recursos de manera específica, secuencial y coordinada, y todos los obstáculos al despliegue de la experiencia y los equipos deben levantarse rápidamente», concluye el informe.
Publicado originalmente en Noticias ONU
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Confirman asesinato del ambientalista Lázaro Mendoza en Michoacán
20 d’abril, per Admin2Ciudad de México | Desinformémonos. Autoridades confirmaron que los restos hallados en la localidad de Cungo, Michoacán, corresponden al ambientalista Lázaro Mendoza, quien se encontraba desaparecido desde el pasado 14 de abril, cuando salió para trabajar en una huerta.
El pasado 18 de abril, la fiscalía de Michoacán informó a los familiares que los restos hallados en un vehículo calcinado en las inmediaciones de la huerta tuvieron una coincidencia del 100 por ciento en la comparativa de AND de Mendoza.
Previo a su desaparición, Mendoza realizó un reporte para Fragua Radio en la comunidad de El Querendal y se dirigió a la huerta. Luego de que sus familiares dejaron de tener contacto con él, habitantes de Paramúen realizaron rondas de búsqueda y un bloqueo carretero para exigir a las autoridades su localización.
“Él fue encontrado a distancia del predio donde labora y en éste se localizaron algunas pertenencias personales, una gorra, por ejemplo, pero también residuos hemáticos y algunos casquillos”, informó el fiscal.
Mendoza formó parte de los grupos de autodefensas en Michoacán que se organizaron a partir del 2014, y posteriormente se dedicó al activismo social y ambiental en su comunidad. Desde hace tres meses empezó a colaborar en la radio comunitaria Fragua, cuyos integrantes fueron amenazados en enero de 2025.
El asesinato de Mendoza sucede días después de que el defensor de los bosques, Roberto Chávez, fuera asesinado en el poblado de El Zangarro, poco antes de formalizar una denuncia penal ante la Fiscalía General del Michoacán por las amenazas recibidas de talamontes.
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Fracking de transformación: un veneno edulcorado
20 d’abril, per Admin2Noticieros, redes sociales, entrevistas, boletines, anuncios gubernamentales, cuchicheo, opiniones, defensores, ofensivas, descalificaciones, ninguneo, todo hierve alrededor de la actual promoción al fracking que realiza la presidencia de la república. La fractura hidráulica o fracking es una técnica de extracción de hidrocarburos prohibida en países como Francia, Bulgaria, Luxemburgo, Italia, Alemania, Irlanda y Uruguay, e incluso en estados y provincias de España, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Argentina y Brasil, debido a los graves impactos que genera en cuerpos y afluentes de agua superficiales y subterráneos, suelos, aire, agricultura, salud humana y más que humana y, particularmente alarmante para los tiempos que corren, por la contribución de Gases de Efecto Invernadero (GEI) como el metano, franco acelerador del calentamiento global (cf. CHPNY y PSR, 2023). La literatura existente presenta algunas innovaciones en la implementación de esta técnica, que si bien son experimentales, logran reducir el uso de agua, que ordinariamente puede requerir para extraer tan sólo el 1% de gas no convencional, de entre 5 millones 466 mil litros a 47 millones 97 mil litros de agua, dependiendo del tipo de pozo que sea necesario (Flores y Llano, 2025). La reutilización de agua, el empleo de agua salada o la implementación de componentes menos tóxicos a los que actualmente se emplean, requiere de procesos que imponen mayor inversión económica, por lo que su uso se vuelve muy limitado. Los costos del fracking son de por sí suficientemente altos, su baja productividad y el pronto declive que presenta cada pozo fracturado (en aproximadamente un año) hacen que sean inversiones cuantiosas con riesgos muy elevados (Ferrari, 2026). Y sin embargo, pese a las promesas de campaña que afirmaban su prohibición hoy, desde las más altas esferas del poder gubernamental, el fracking se promociona como solución a la dependencia energética.
El argumento se presenta bajo la imperante necesidad de soberanía energética –abanderada desde el sexenio anterior que, por cierto, financió numerosos proyectos de exploración de yacimientos no convencionales–, frente a los cada vez mayores volúmenes de importación de gas que se requieren para la generación de energía eléctrica (más del 75% que produce el 65% de esa energía), al haber orientado esta rama de generación energética a ciclos combinados que imponen combustión de fósiles. La apelación al nacionalismo que en nada extraña como recurso ideológico de las últimas administraciones, no deja de presentar la paradoja de apostar la supuesta soberanía energética hacia empresas estadounidenses de fracking, quienes no sólo participarán con tecnología, experiencia y patentes, sino también con recursos económicos invertidos en proyectos con la empresa petrolera más endeudada del mundo. Más aún, nada garantiza que la producción de gas generada por fracking en nuestro país salde la demanda nacional de forma constante, ni mucho menos duradera, pero eso sí, el privilegio residirá en dar continuidad a la injusticia y racismo ambiental que caracteriza la implementación de esta técnica, tal como ha sucedido en la cuenca Tampico-Misantla con el proyecto Aceite Terciario del Golfo (González, 2023; 2024), porque en materia de producción de zonas de sacrificio no hay que olvidarlo, “primero los pobres”.
El pasado 15 de abril la Doctora Claudia Sheinbaum presentó un comité científico que evaluará las posibilidades de implementación de fracking de nueva generación, integrado por connotados investigadores de diferentes centros de trabajo que, no sin el recurso de legitimación realizado por tres rectores de tres importantes universidades del país, ofrecerán los argumentos para ponderar la pertinencia en materia de ingeniería e impacto ambiental que presentan las innovaciones sobre el fracking. El perfil de los científicos no presenta duda sobre la prioridad técnica –y colonialidad del saber– que se impone, dejando de lado dimensiones fundamentales como las relacionadas a la salud, a derechos humanos y a las implicaciones socioculturales de la implementación de esta técnica. La presidenta enfatizó a su vez que no se realizará nada sin diálogo con las comunidades, lo cual no debería obviar lo que al menos tres asambleas regionales intercomunitarias han expresado: la Asamblea del Trueno, en Papantla, el Foro Regional Huasteca No al fracking en defensa del territorio, el agua y la vida, en San Luis Potosí, y la Asamblea en defensa del territorio para la construcción de planes de vida de los Pueblos Masewal, Tutunakú y mestizo, de la Sierra Norte de Puebla, quienes rechazan contundentemente la utilización de fracking. Todo indica que la necesidad de un diálogo que opere más allá de la opinión de expertos resulta más que necesario.
El recurso de validación edulcorada por expertos es algo más que conocido, “expertos del desarrollo para ampliar su área de atención y para vigilar el agua y los suelos, el aire y la utilización de la energía. Pero el desarrollo se queda en lo de siempre, en una gama de invenciones para elevar el PNB [Producto Nacional Bruto]”, habría dicho Wolfgang Sachs al dar cuenta del modo en que el medio ambiente fue considerado a partir de los años 70. Cuesta trabajo pensar que una decisión como la de implementar una políticas energética que implica la utilización de técnica tan impactante y polémica como la del fracking implique sólo opiniones científicas asépticas: la matriz energética fósil es fundamental en el sistema de acumulación contemporáneo, participar en ella, apostar por ella, tal como hace la actual administración, es dar continuidad a las esferas de explotación y muerte que le caracterizan históricamente (cf. Malm, 2020 [2017]).
A finales de los años 80 el antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla escribió un libro que resultó significativo para dar a ver la situación de numerosos pueblos en la constitución nacional: México profundo. Una civilización negada (1994 [1987]) mostraba que había dos realidades en la que una, ilusoria, borraba una pluralidad constitutiva fundamental para el futuro de la nación. Así pues, podríamos decir que, en el México ilusorio que presenta la cuarta transformación, las decisiones en materia de política energética se realizan de forma soberana, lejos de presiones geopolíticas, objetiva y científicamente informadas, realizadas bajo las mejores prácticas internacionales a través de un concierto de empresas que se hacen cargo de sus “externalidades” –obviando el “secreto sucio” del capitalismo, como le llamaba Wallerstein (1998)– cuya producción subsana la dependencia energética a la cual se condenó al país por décadas y que, mejor aún, es sensible a las necesidades y aspiraciones locales y planetarias. No obstante, en el otro México, aquel constituido por numerosos pueblos a los que hemos acompañado por más de 15 años en los apremios que impone la indolente extracción petrolera, la promoción de fracking no es otra que un agravio más sobre su autonomía y autodeterminación, que se encarna en pozos de agua contaminados como los de Venustiano Carranza, en el estado de Puebla, o la violencia de larga duración ejercida por élites caciquiles del municipio de Pantepec, también en Puebla, que no prescinden de la coerción e intimidación a opositores que constatamos en municipios como los de Papantla, en Veracruz y que hoy, comprometen los medios de vida de modos de existencia vernáculos que en acto desprecian, como los desplegados en sociedades maseual de la Huasteca veracruzana y tutunakú del Totonacapan, subordinadas a intereses económicos que benefician a élites poderosas que siempre les han sometido, que siempre les han subalternizado. Oponerse al fracking es apostar por un futuro en donde la pluralidad energética se ejerce en escalas coordinadas por pluralidad sociocultural, donde los mundos posibles operan en un planeta dañado que, sin embargo, se vuelve casa común al cuidado de todas y cada una de las expresiones de vida. Oponerse al fracking no es otra cosa que luchar por la vida.
Bibliografía
Bonfil Batalla, Guillermo, 1994 [1987], México profundo. Una civilización negada, México, Grijalbo, 250 pp.
Concerned Health Professionals of NY and Physicians for Social Responsibility, 2023, Compendium of Scientific, Medical, and Media Findings Demonstrating Risks and Harms of Fracking and associated Gas and Oil infrastructure, Ninth Edition, October, 637 pp.
Ferrari, Luca, 2026, “¿Fracking en México?”, Revista Serendipia, 4 de abril [documento electrónico].
Flores Hernández, José Rafael y Manuel Llano Vázquez Prada, 2024, Estimación del consumo requerido de agua para la explotación de recursos petroleros no convencionales mediante fracturación hidráulica en México, Ciudad de México, CartoCrítica A.C. / Plataforma Nacional Energía, Ambiente y Sociedad (Planeas), Pronace ECC-CONAHCyT, 79 pp.
González González, Mauricio, 2023, Ecología insumisas. Antagonismos al geontopoder de la extracción petrolera, Guadalajara, U de G / CLACSO Retos (Cátedra Jorge Alonso), 416 pp.
González González, Mauricio, 2024, “Desaparición y violencia en tempo lento. Racialización y racismo ambiental en la Huasteca poblana, Ichan Tecolotl, Año 36, No. 390, Ciudad de México, Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social [documento electrónico].
Malm, Andreas, 2020 [2017], Capital fó$il. El auge del vapor y las raíces del calentamiento global, trad.: Emilio Ayllón Rull, Madrid, Capitán Swing, 622 pp.
Sachs, Wolfgang, 1996 [1992], Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, Perú, PRATEC, 383 pp.
Wallerstein, Immanuel, 1998, Utopística o las opciones históricas del siglo XXI, trad.: Adriana Hierro, México, CEIICH-UNAM / Siglo XXI (El mundo del siglo XXI), 91 pp.
*Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio Huasteca-Totonacapan (CORASON)
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La ley del hielo, los ojos del gigante
20 d’abril, per Admin2
Tal vez las historias se van contando de muchas maneras y contribuyen a un cinema interior, emotivo, que nos hace nosotros y nos alimenta en alguna de las noches del alma como la que atravesamos.
Rescato este relato de los fuegos del tiempo, y vuelvo a poner en circulación las historias que se me quedaron alojadas cuando estuvimos en Helsinki y en Turkuu, Finlandia, en 2005
Entre castillos medievales, que trasminan la humedad de siglos y el lustre de las duelas y de los arbolajes de los barcos vikingos en el muelle, y las discusiones de obreros y obreras sindicalizados, parroquianos todos en una antigua sala de sauna en Helsinki, estas memorias se vuelven futuro.
Cuenta nuestro amigo Riisto que en la era del hielo todo el Báltico fue un enorme glaciar de dos kilómetros de alto, lo que significaba un peso enorme que fue sumiendo una vasta extensión de tierra. Al momento del deshielo este tracto inmenso quedó, en promedio, unos 57 metros más hundido y hoy lo conocemos como mar Báltico —en realidad un ente intermedio entre un mar y un lago porque su agua es mucho menos salada que la del resto de los mares. Un mar que aloja uno de los archipiélagos más numerosos del mundo. Como en un espejo extraño, la actual Finlandia es tal vez el país con más lagos del mundo.
Y cuando la presencia humana se hizo sentir en ese vasto territorio hoy finés, el pueblo suomi y el pueblo sami estuvieron relacionados, pero con los años los sami del sur y del centro —los samis de los bosques— fueron asimilados al más numeroso pueblo suomi y por supuesto poco a poco se asentaron y convirtieron en pueblos campesinos (que sembraban, recolectaban hongos, bayas, almendras y otros frutos del bosque; cazaban, pastoreaban y pescaban). Con el paso de los siglos, los suomi fueron asumiendo un papel más dominante y arrinconaron a los sami insumisos en la tundra de ese norte más inhóspito y helado. Este arrinconamiento produjo una transformación ideológica muy penetrante que no sólo le ocurrió a los sami sino que le sigue ocurriendo a muchos pueblos del mundo: los suomi se instauraron como la población “nacional” y a la minoría sami se le consideró de ahí en adelante como un pueblo indígena, como una minoría étnica. La institucionalidad suomi, finesa o finlandesa como llegó a conocerse, declaró desde entonces que los sami no tenían raíces comunes con la mayoría de la población. Hoy los sami siguen hostigados y sus derechos no son plenamente reconocidos ni respetados por los “finlandeses”.
Pero los avatares entre agredidos e invasores tienen asegunes y éstos configuran las historias.
Hay quienes después de ser los pueblos dominantes en una región se ven atacados por otros que ambicionan territorios y riquezas naturales o espirituales. Así los suomi y otros muchos pueblos del norte de Europa. Para ellos eran sagrados sus bosques, el corazón de sus territorios. Pero el clero romano católico sintió que esa veneración por los bosques amenazaba la religión impuesta desde el Vaticano. Así, en 1228 el papa Gregorio IX declaró impía la veneración de los bosques y mandó talarlos para poner iglesias en los claros.
Ahí comenzó la prolongada deforestación de Finlandia, una nación que hoy, olvidada totalmente de su historia de agravios, promueve la deforestación de los bosques más importantes del planeta a través de la empresa Indufor —que incluso ambiciona los bosques del pueblo sami del norte.
Riisto cuenta que por las fechas en que el clero decretó el desmonte de los bosques de Carelia, uno de los señores feudales finlandeses llegó a su casa tras un largo viaje y ahí se enteró que el arzobispo había llegado, había violado a su esposa tras maltratarla y someterla con brutalidad, había golpeado a sus sirvientes pese a que le habían obedecido en las arbitrarias órdenes que les dieran y había cortado varios de los árboles sagrados con ayuda de su guardia personal y de los espantados siervos del castillo.
El señor feudal supo esto de labios de su desconsolada esposa, se indignó al saber que el arzobispo y su séquito habían dispuesto de sus sirvientes sin consultarlo, se enojó al saber que los había maltratado, se puso furioso al punto de la rabia con la noticia de la violación de su esposa y se puso literalmente fuera de sí al enterarse que el arzobispo había talado los árboles sagrados: entonces el guerrero fue por la espada, buscó al arzobispo y lo atravesó sin mediar palabra ni amenaza tiñendo de sangre el hielo aledaño a los estanques de su propiedad. El cuerpo del arzobispo quedó ahí varios días hasta que el rojo se volvió negruzco y luego se escondió por la nieve que seguía cayendo, hasta que el cuerpo del arzobispo quedó congelado en un rictus indigno.
Nadie podría acabar impunemente con los bosques sagrados. Así pasaron los siguientes 500 años, pero el trabajo de deforestación y la proliferación de las iglesias rurales y la construcción de las ciudades a partir de los castillos y casas solariegas, fue de inicio el trabajo de los curas, como parte de sus deberes parroquiales.
Ellos penetraron como el mismo imperio romano nunca pudo. La conquista del norte de Europa la frenó el escorbuto, que diezmó las huestes de los emperadores, ignorantes de los saberes de los bosques con los que los pueblos pudieron combatir la enfermedad consumiendo moras de varias clases, fuente de vitamina c que les permitió sobrevivir siglos de invierno cruel.
La paradoja helada del pueblo finlandés de ahora es que pese a la imposición general de los suomis sobre los sami, Finlandia a su vez haya sufrido el sojuzgamiento sucesivo por ser siempre un territorio disputado por la Rusia zarista y después la Unión Soviética, por un lado, y por la Suecia imperial protestante, por el otro.
Hoy, el pueblo sami sigue buscando alcanzar la justicia: no se trata sólo de ser reconocido en sus derechos sino de que se respeten sus territorios, y su autonomía plena, sin sangre derramada sobre el hielo.
Con contradicciones así, vive el pueblo finlandés, y a la vez su historia les separa de prácticamente el resto de Europa. Recorríamos Helsinki y nos insistieron que visitáramos la sala de sauna Kotiharjun, una de las más renombradas por sus parroquianos obreros, una de las más antiguas de la ciudad, situada en un barrio antiguo. El modo es que se entra al tórrido vapor tras unos minutos se sale al frío de la calle para que sentados en banquetas de madera envueltos en toallas, con un trago de vodka, whisky o brandy se requilibran los humores del cuerpo, se disipa la cabeza entonces se regresa a los vapores depurativos. Esas salidas y entradas promueven convivencia y es la ocasión de que se cuenten historias y la gente discuta, recuerde, proponga, estableciendo comunalidad en toalla y chanclas de baño a una temperatura de 3 grados centígrados en plena calle. A mi compadre Pepe y mí, esos obreros nos pensaron griegos, por parloteadores y más oscuros de piel y cabello. Saber que éramos mexicanos les dio gusto y comenzaron no sólo a contar historias sino a discutir de política y de lucha de clases. Uno de esos parroquianos nos dejó estas reflexiones y este relato que va quedando muy con los tiempos de apocalipsis y sus cuatro jinetes, como está el mundo ahora. El parroquiano, un obrero de algún astillero del Báltico, abrió esta conversación que nos fue colectiva y muy iluminadora entre las y los que participamos.
“La historia de la migración, que hoy nos parece un fenómeno natural, pudo haber tenido uno de tantos comienzos con el secuestro perpetrado por caciques de antaño cuando decretaron: ustedes ya no deben crear para ustedes. Deben trabajar para mí. Los quiero aquí, acasillados. Esta primera dislocación, artificial, contribuyó a apuntalar el despojo de las tierras de los secuestrados, y estableció una desigual relación entre el campo y eso que sería la ciudad. Se exigió que la gente, en vez de dedicarse a sí misma y sus necesidades comunitarias, en vez de resolver con gran enfoque, los menesteres de la subsistencia, de la producción propia de alimentos, de los remedios y curaciones, de los saberes compartidos, trabajara (por la fuerza o con remuneración) para los señores regionales. Secuestrados a los castillos, las personas que además de sembrar eran herreros, carpinteros, hábiles con las cuentas o en la doma de caballos, comenzaron el viaje al servicio de otros, escindidos de lo comunitario. Las relaciones se enajenaron. Tal desmantelamiento comenzó a mover personas de una región a otra e instauró al castillo-ciudad como centro devastador de territorios, recursos, productos y gente reducida a mano de obra.
“El crecimiento del castillo y el diseño de sus escaleras, aposentos, drenajes, chimeneas y fogones, letrinas, espacios para dormir y áreas de aire libre, prefiguran con gran precisión las megaurbes de hoy: no es sólo la aglomeración de personas que trabajan para los de mayor poder, es la matriz misma de los enormes edificios de apartamentos y la textura de los barrios. (Hay un castillo en Turkuu, en la costa de Finlandia, donde es diáfana esta lógica de condominio de la construcción. Al recorrer las salas y aposentos uno imagina los planos detallados con lógica industrial de la unidad habitacional moderna.)
Los habitantes de los territorios fuera de los límites de la muralla comenzaron a ser vistos como exóticos, ajenos, ignorantes, diferentes e incapaces. El término pagano que alguna vez denotó únicamente al campesino (el habitante del pagus, el espacio rústico comunitario) hoy es sinónimo de otredad e intolerancia y objeto de desprecio, sobre todo religioso.
En suma, lo que comenzó como un trabajo forzado para los señores devino con los siglos en la remachona idea de que la gente no puede subsanar sus propias necesidades sin trabajar para otros en la economía del dinero que la ciudad expande, cual verdadero límite. Que la gente aceptara más fácilmente la idea de que vender trabajo en el ámbito urbano representaba progreso, confort, abundancia y sabiduría, y que aceptara el orden divino, monárquico, militar o civil de una “superioridad”, comenzó a ser posible al instituir la escuela como única manera de ascender en la escala social (aparte del robo, las incursiones de pillaje, la corrupción y las traiciones palaciegas)”.
Alguno de los parroquianos viejos dijo después de dos salidas al frío: “Como lo entendemos ahora, todo poder es la apropiación, brutal, desmedida, de las relaciones existentes, trastocadas de inmediato en servidumbre, dislocación y secuestro de voluntades y saberes. El poder no es sino acumulación. Acumular procesos o instrumentos monetarios deviene lo mismo. Esto implica un extrañamiento con los verdaderos fundamentos de la vida y las relaciones. La ciudad es un virus que fagocita los campos aledaños y en su guerra de conquista devasta los antiguos y “ajenos” territorios haciendo que enormes cantidades de campesinos la inunden, precarizados, lo que de nuevo expande la ciudad en un círculo vicioso que no habrá de parar con ningún modelo mientras no minemos los cimientos de la lógica del progreso, en su acumulación-devastación. Esto abrió la siguiente conversación, que colectivamente nos enriqueció dos veces: por lo conversado, y por ejercer la comunalidad y la memoria.
Al campo lo vacían. Se insiste en que los campesinos dejen de estorbar, dicen, la expansión de la ciudad, industrializada, al ámbito rural. Las agro-empresas, extensión de lo urbano, intentan sustituir la labor campesina de producción de alimentos, aunque unos 3 800 millones de personas en el mundo sigan reivindicando que la autonomía más primera es producir su propia comida, en mayor o menor medida con una lógica comunitaria, y produzcan alimentos para sí mismas y para las ciudades o estén implicadas en los sistemas agroalimentarios. Según cifras de la FAO, Cerca de 1230 millones de personas trabajaban en los sistemas agroalimentarios de todo el mundo en 2019, y más del triple de esa cifra, o casi la mitad de la población mundial, vive en hogares vinculados a los sistemas agroalimentarios, según una nueva investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Como ahora la tecnología, los políticos y militares, el mercado y la fusión corporativa intentan desmantelar todo el legado de saberes y relaciones de la humanidad, mientras no le demos peso a la historia remota de cómo se expandió el capitalismo no podremos entender cómo realizar un trabajo de resistencia que nos incluya a urbanos y rurales desde una perspectiva de hermanamiento, y no meramente de solidaridad con “los excluidos”.
La ciudad no podrá desarmarse así nomás. Tal vez deba corroerse desde dentro cambiando su lógica, de una de consumo enajenado de alimentos, alojamiento y servicios, a partir de vender trabajo, a la producción de alimentos propios y la recuperación de los ámbitos comunes de la humanidad que la ciudad-capitalismo fragmenta y desperdicia. Como bien señala Jean Robert, la ciudad no siempre fue ajena a la agricultura, ni tuvo su lógica un extrañamiento con lo rural.
No podremos revertir la tendencia actual de las urbes si no asumimos un horizonte de larguísimo plazo para atrás y hacia adelante, agregando que, sin embargo, “son estos quinientos años de cultura los que nos permiten ver el panorama completo”, como bien señala John Berger.
Se hace necesario detallar y armar (con piezas que aparentemente no embonan) una figura, hoy incompleta, de la devastación capitalista. Mientras asumamos una historia deslavada y lineal, estamos condenados a creer que un cambio de gobierno o una revolución que lo posponga todo hasta tomar el poder por cualquier medio, son la medicina que “cura” un problema para el que no hemos pensado soluciones realmente radicales. Hoy con la guerra cubriendo con su manto de violencia y vileza todas las relaciones, imaginar salidas se vuelve todavía más urgente
Inquieta entonces la siguiente historia de Simbad el marino, que el mismo parroquiano nos relató. “Cuentan que tras una tormenta devastadora, Simbad se vio arrastrado en una balsa, solo, y llegó a una costa remota. Adormilado todavía, lo despertó la fuerza aplastante de un gigante que ya estaba apostado sobre sus hombros y una atronadora voz que le decía: levántate, camina, miserable, trabajarás para mí y para ti y me llevarás a donde yo quiera.
“Así lo hizo Simbad tras luchar un rato con el gigante, que desde su posición, le restaba movilidad y fuerza.
“Pasaron los días. A veces Simbad se esforzaba por tirar al gigante, sin lograrlo. En otras ocasiones lloraba y se lamentaba de su suerte, recibiendo en respuesta las risotadas de su torturador. Simbad trabajó y transportó a su dueño y éste, ni por un instante fugaz, se bajaba de sus hombros. Con el tiempo trabaron relación (qué otra, pensaba Simbad). Ante los sollozos, la ira, o ante el reconocimiento de que se le menguaban las fuerzas, el gigante se conmovía por momentos, incluso por días. Y comenzó a preguntarle: qué necesitas, Simbad, dime y te lo daré con tal de que me sirvas. Y Simbad le alegaba y cansado le pedía más comida, agua, reposo, diálogo. Pero el gigante, ni por un instante fugaz, se bajaba de los hombros de Simbad. Vamos, ni para dormir. Eso sí, cada vez parecía entender más a Simbad, y lo consentía con aguas deliciosas, con frutas fortificantes, con guisos exquisitos. Comenzó a preguntarle por sus preocupaciones y hasta comenzó a consultarlo en muchas cuestiones que el gigante desconocía. Simbad, paciente, y a veces esperanzado, supuso que el gigante se ablandaba y hasta llegó a agradecerle que hablara con él y que hubiera una relación más humana entre ambos. Llegaron a reír juntos, sí, pero ni por un instante fugaz se bajó de los hombros de Simbad.
“Pasaron los años, algunos dicen que siglos. Llegaron a conocerse muy bien, y el gigante comenzó a prever los intentos de fuga de Simbad. A veces lo fustigaba salvajemente y otras le hablaba con dulzura. Le proveyó de placeres, mujeres y vino, le prometió riquezas —pero ni por un instante se bajó de sus hombros.
Una noche, con la luz de las estrellas alumbrando el firmamento, mientras caminaban hacia un risco, Simbad sacó de entre sus ropas una cimitarra que había ocultado por semanas y de un certero tajo le cortó ambas piernas al gigante que, sorprendido, cayó al abismo.
Simbad respiró aliviado y lloró y lloró, sin saber bien por qué.
Tal vez tendremos que entender que ya no basta un arreglo parlamentario, una conferencia de las partes, una revuelta local o regional, una revolución nacional o un cambio de gobierno, sea pacífico o armado, para quitarnos de las espaldas ese gigante planetario que produce aceleradamente miseria y desperdicio, devastación y muerte. Ocupamos un cambio radical que habrá de venir, no de las ideologías en boga, no de las ideologías olvidadas, sino del paciente y urgente trabajo de derrumbamiento del sistema que quiso desmantelarlo todo para erigirse en los hombros del mundo.
Esta tarea requiere estudio, detalle, y verle los ojos al gigante. Ocupamos herramientas para cortarle los pies. Cómo pensamos esto ante la trabazón violenta de los poderosos que no tienen conmiseración alguna por las infancias y por cualquier persona, por la comunidad y la historia milenaria, pensemos en Palestina, Irán, Líbano.
Tan sólo en Palestina según Wikipedia, cifras oficiales del Ministerio de Salud de Gaza y de las autoridades israelíes, hasta diciembre de 2025, señalan más de 72 000 personas habían muerto este genocidio[1][2][3], en su gran mayoría en la Franja de Gaza. Entre los muertos se cuentan unos 1600 trabajadores sanitarios,[4] 390 trabajadores de la UNRWA —el mayor número de muertos en la historia de la ONU—,[5]120 académicos[6] y más de 259 periodistas.[7] Se cree que hay miles de cadáveres más bajo los escombros de los edificios destruidos.[8] Una serie de estudios académicos han estimado que el 80% de los palestinos muertos son civiles.[9][10][11] Un estudio de la OACDH, que verificó las muertes de tres fuentes independientes, encontró que el 70% de los palestinos muertos en edificios residenciales o viviendas similares eran mujeres y niños.[12]
La gran mayoría de las víctimas de la guerra han tenido lugar en la Franja de Gaza, donde los bombardeos que Israel ha lanzado han provocado la muerte de al menos 71 660 personas,[13] en su gran mayoría civiles (el 83 % según datos de inteligencia de las FDI[14]), entre ellos al menos 20 179 niños y más de 10 000 mujeres (en torno al 72 %), a los que se suman más de 171 419 heridos (incluidos al menos 40 500 niños y 19 000 mujeres)[15] —de los que se estima que un cuarto sufren secuelas de por vida, como amputaciones, quemaduras y lesiones craneales—[16] y más de 14 400 desaparecidos, lo que elevaría la cifra de fallecidos aún más,[15][17] entre ellos 4400 mujeres y niños,[18]
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La Global Sumud Flotilla logra desviar un buque que transporta materias primas a Israel
20 d’abril, per Admin2Foto: La Global Sumud Flotilla en Barcelona el 12 de abril de 2026. (Montecruz foto)
En una “acción sin precedentes”, 13 barcos de las Global Sumud Flotilla han conseguido “desviar” la trayectoria del buque MSC Maya, un portacontenedores de 400 metros de eslora que había partido de Singapur el 21 de marzo. El barco se dirigía hacia los puertos israelíes de Ashdod y Haifa, donde tiene previsto atracar el 24 de abril. Según sostienen desde la flotilla, el buque transporta materias primas “destinadas a abastecer la maquinaria de guerra israelí”. La acción se realizó entre la isla de Sicilia y Túnez.
El buque forma parte de la Mediterranean Shipping Company (MSC), una “arteria logística clave del aparato militar de ocupación israelí”, denuncian en un comunicado. Pese a su aparente neutralidad, los informes señalan un “patrón sistemático de transporte de acero aleado de alta calidad utilizado en la fabricación de artillería pesada, a través de complejos centros de transbordo”.
A través del uso de rutas “poco transparentes” y puertos como Singapur, MSC “facilita el flujo de materias primas que sostienen la industria militar israelí”. Esta acción pretende eliminar el “anonimato” y la impunidad con la que opera esta compañía que, según defienden, viola los Convenios de Ginebra, la Convención sobre el Genocidio y el Tratado sobre el Comercio de Armas, que obligan a los Estados a detener las transferencias de armas a Estados que violan los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.
El equipo organizador de la flotilla destaca el carácter histórico de esta acción directa: “Es la primera vez en la historia que una flotilla civil interviene directamente para interrumpir el flujo marítimo de materiales vinculados a las operaciones militares de un Estado”.
El trabajo del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel había llegado al consumo de productos, a acciones de bloqueo y protestas en supermercados, calles, sedes, fábricas e incluso puertos, pero nunca hasta ahora habían conseguido desviar un buque en alta mar. La Global Sumud Flotilla se enorgullece de ser parte de esa tradición de luchas y de haberla “trasladado al mar”. También defienden la necesidad y urgencia de la acción realizada ante la “inacción” de los gobiernos que han decidido ignorar las “pruebas abrumadoras de atrocidades masivas”.
No se trata de un “caso aislado”, dicen, sino una llamada de atención para generalizar la resistencia contra el genocidio. “Esta misión envía un mensaje inequívoco: si los gobiernos no detienen la maquinaria de la violencia, lo hará la gente”, añaden.
Los más de 100 barcos de la Global Sumud Flotilla, con cerca de tres mil participantes, salieron definitivamente de Barcelona el pasado 15 de abril, una partida aplazada por el mal tiempo.
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