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Chango Spasiuk: «Tener ríos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo. Son derechos»
6 d’abril, per AuriA contramano de algoritmos y reels, el Chango Spasiuk invita a una pausa para reflexionar sobre el presente, tomar postura y proponer caminos que salgan del individualismo y la mercantilización. Llama a “construir espacios que nos vuelvan a reunir comunitariamente”, califica de «ignorantes» a quienes votan contra la Ley de Glaciares y afirma: «La calidad de vida es cuidar el territorio en el cual vivimos».
“Los pueblos, los hombres, se enfrían por ausencia de espíritu. Pero estamos nosotros, con pedernal y yesca, con melodías y cantares, poemas y reflexiones, alto desvelo y sueños de todo tipo, para entibiar las horas de aquellos que no quieren congelarse todavía”, escribió Atahualpa Yupanqui en 1987. El Chango Spasiuk recupera esas palabras casi cuatro décadas más tarde para definir mucho más que un concierto retrospectivo en torno a su propia obra porque, reflexiona “no es que el mundo necesita que yo haga eso, pero yo lo necesito hacer para encontrar mi lugar en el mundo y para mostrar que hay otra posibilidad de hacer las cosas”.
Camino a las cuatro décadas de actividad colocando el sonido de su acordeón como puente a una vivencia estética que parte del Litoral, se remonta a sus ancestros ucranianos y se proyecta como una música planetaria con los pies enraizados, Spasiuk asume que su manera de “hacer las cosas” está en estrecha relación con lo que acontece a su alrededor.
“Entonces se incendió la Patagonia y fuimos a tocar allí para colaborar pero los incendios volvieron y ahora estamos con el cambio de la Ley de Glaciares y cuesta comprender como una y otra vez aparece esta cosa insaciable y salvaje de la productividad y de creer que la calidad de vida de los ciudadanos y de los pueblos está relacionada con el consumo. Hay como una hipnosis tan grande que perdemos la perspectiva acerca de que la calidad de vida es cuidar el territorio en el cual vivimos, es producir de una manera sustentable y entender y cuidar el espacio en el cual vivimos que es lo que nos posibilita acceder a cosas que son absolutamente vitales y necesarias para nosotros como el agua, la sombra, el aire puro y que no queremos que se vuelvan una mercancía”, apunta el acordeonista y compositor nacido hace 57 años en la ciudad misionera de Apóstoles durante una entrevista con Tierra Viva.

Foto: Ignacio Arnedo Desde esa perspectiva —una de las que nutre la esencia de su música que sabe conciliar el patio chamamecero con los saberes de la academia— se asoma a la amañada audiencia pública a la que la Cámara de Diputados convocó como paso previo al tratamiento en Diputados de la modificación a la Ley 26.639 que protege los glaciares y formula: “No queremos espejitos de colores y eso quedó claro en lo que fundamentó la inmensa mayoría de la gente que pudo expresarse estos días en el Congreso y que habló en nombre de muchos más. Esas voces, además, se contrapusieron a la mediocridad de senadores (que el 27 de febrero dieron media sanción a la reforma de la norma) diciendo tremendas barbaridades de una bajeza, de una ignorancia y de un desconocimiento total de la historia, de la cultura, del territorio. Hay que cultivar la paciencia para soportar esa mediocridad en su máxima potencia”.
Enfático pero sin perder la serena hondura de su expresión, Spasiuk insiste con que “tener ríos, arroyos y lagos limpios no puede ser considerado un lujo, son derechos que debemos defender para cada uno de los ciudadanos y habitantes de este suelo”.
Y buena parte de esa visión pintará el recital titulado “Mundo Chango” que desplegará el viernes 10 de abril en el teatro porteño Coliseo que, avisa, “no tiene que ver con el entretenimiento sino con construir espacios que nos sacudan, que nos vuelvan a la sensibilidad y que nos vuelvan a reunir comunitariamente para poder mirar hacia adelante y refinar nuestros corazones para sentir, para darnos fuerza y para pensar en voz alta y, por sobre todas las cosas, para pensar con memoria”.
Para Spasiuk esta renovada apuesta es otra tentativa a lograr que “a lo mejor el arte nos pueda ayudar a alimentarnos anímicamente para seguir sosteniéndonos en estos tiempos. Sin desesperanzarnos, sin perder la capacidad de la celebración, sin perder la capacidad de la alegría”.
—¿Construir al menos por un rato ese “Mundo Chango” es también encarnar una alternativa, una posibilidad?
—Seguro, porque hay otro mundo posible que en mí se alimenta cuando veo la lucha de los otros también. Yo realmente tengo un profundo respeto por la gente que lucha, que sale, que opina y que hace su parte. Me parecen muy conmovedores esos gestos y esos actos porque son los sostienen al mundo todavía. Conocer a esos grupos que se paran de una manera tan digna y tan hermosa resulta muy inspirador para mí.

Foto: Ignacio Arnedo —Sin por ello pensar en el arte como una cosa utilitaria, ¿sentís que sirve para también abrir esos horizontes?
—Sí, totalmente, es una enorme herramienta de nuestra comunidad, porque ese arte está conectado con la historia de toda esa comunidad. Entonces, no es algo que esté separado. Somos nosotros mismos, es parte de un cuerpo sólido, objetivo y constructivo.
—En momentos donde lo territorial está siendo tan amenazado, ¿cómo resuenan las músicas tan arraigadas a una región, a un paisaje?
—Las expresiones culturales son expresiones del territorio también y al hablar de nosotros nos vinculan con los territorios a los cuales pertenecen esas expresiones. Eso conlleva a una tremenda responsabilidad de conectar y resignificar los territorios que habitamos y de darles un valor. Entonces cuando se modifica de una manera tan violenta, tan agresiva y tan destructiva el territorio se destruye parte de lo que nosotros somos porque estamos arrasando ese corpus histórico que somos, ese cuerpo, esa manera de pararnos ante el mundo y decir “estamos acá y vemos el mundo con estos ojos y contemplamos el sentido de la creación desde esta perspectiva”. La tierra no es tierra nomás porque nosotros estamos hechos de esos elementos, somos portadores de esos elementos y no podemos ser tan imbéciles de creer que todo es productivo sin tener ningún nivel de conciencia. Como dijo Simón Bolívar «un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción» y el desconocimiento de la agresividad de estas decisiones es de una enorme ignorancia y nos lleva a una total destrucción de nosotros como comunidad y por eso duele todo lo que ahora nos intimida.
—¿Qué significa invitar a la gente a entrar en la integralidad de tu obra?
—No es solamente compartir mi música, sino compartir las cosas que a mí me conmueven, las cosas que a mí me parecen bellas. Es como una locura porque no hay un mango, es re-difícil trabajar, cuesta un montón cortar tickets y todo lo demás y sin embargo uno se embarca en cosas como esta que pareciera que no son necesarias, pero para mí son necesarias intentarlas. Para este concierto sumaré al artista visual Martín Schachner a quien hace años conocí por su trabajo en Animática Argentina donde hace máquinas de espejos y de dibujos que son como hablar de lo que no se puede expresar a través de las palabras que usamos para comunicarnos en lo cotidiano y le dije, «quiero que hagas una máquina y que dispares imágenes desde el escenario en momentos de tanto humo, de pantallas de led digitales y todo lo demás”. Y Martín va a estar ahí como sacando magia contra un lienzo proponiendo un arte tan refinado y tan aparentemente simple, pero que para mí es como una manera de volver a la verdad, de volver a la rueca, de volver a algo absolutamente esencial y así resignificar qué es la belleza y lo necesaria que es la belleza en este momento de la humanidad, en donde permanentemente se subraya la productividad, la eficiencia y una carrera de un consumo salvaje y de una explotación del hombre por el hombre. Siento que vivimos tiempos en el que hemos perdido de vista nuestra relación con la belleza, todo lo que nos nutre y lo importante que es para encontrar nuestro lugar en la creación y nuestro lugar en las cosas y por ello me parece un acto absolutamente revolucionario proponer algo así en este momento.
—¿Fue ese el impulso que te llevó a proponer “Mundo Chango”?
—El disparador se dio a partir del cuadro de Heriberto “Cata” Eichenberger, un artista de Romang, en el interior de Santa Fe, que pintó con tierra colorada todo el fondo y dibujó un niño haciendo un mundo con sus brazos. Una vez cuando fui a tocar por Santa Fe, se acercó al lugar del concierto y me regaló ese cuadro diciéndome «esto se llama ‘Mundo Chango’ y ese niño sos vos”. Después de que hice el concierto (en septiembre de 2024) en el Teatro Colón celebrando los 35 años de mi música y todo ese rollo, me dieron ganas de planear algo un poco más amplio todavía de mi mundo sonoro, de mi mundo, de mi música y sentí que ese cuadro simbolizaba un montón de cosas: Ese niño, esa tierra colorada, todo lo que hay ahí adentro y todo lo que ha sucedido desde ese niño hasta ahora en el camino.
—Un montón de facetas y de músicas..
—Absolutamente. Voy a estar con el grupo con el que vengo tocando, va a haber un piano y tocará también una versión reducida de Sur del Sur Ensamble para poder abrazar toda esa paleta de instrumentos y de colores sonoros y atravesar un poco mi manera de entender la música, desde la más tradicional como las polcas, los chotis y el chamamé hasta aquella que compuse para cine.
—¿Extrañás crear música para cine?
—Mucho, pero por suerte estoy trabajando en un proyecto para eso que me está permitiendo retomar un poco mi relación con el cine. Apareció una oportunidad y me entusiasma la posibilidad de poder trabajar estéticamente de otra manera, con otros colores y aunque de una manera u otra aparezca mi raíz. Es una manera de estar muy enfocado tratando de ocupar mi tiempo en todo proceso creativo que tenga a mano y que me mantenga conectado con algo que de alguna manera es mi vida.
—En ese andar aparece recurrentemente una revisión de tu obra que ponés a consideración de la gente que escucha tu música. ¿Hay proyectos en ese sentido?
—Sí, tengo previsto publicar dos materiales. Entre fines de abril y mayo voy a sacar un disco que se va a llamar “Febrero del 2003”, que es una grabación de una sola tarde, en aquella fecha, con Darío Eskenazi, un pianista argentino de jazz argentino que vive en Nueva York hace más de 35 años. Entonces nos juntamos en un estudio para dejar un registro de lo que habían sido unos recitales donde nos encontramos para que quedara como una fotografía, como un recuerdo. Pero el año pasado encontré esas grabaciones y lo llamé a Darío porque se escucha algo hermoso a partir de seis improvisaciones alrededor de mi música. Para más adelante también voy a publicar parte de la una grabación de lo que fue el concierto por mis 35 años de música en el Teatro Colón que es algo que me lleva mucho tiempo porque tiene que tener elementos que no estén presentes en el primero (“Tierra colorada en el Teatro Colón”, de 2014) y debo tomar elementos que se despegan un poco de ese primer disco como para que sea como complementario de aquel, aunque haya 12 o 13 años de diferencia entre uno y otro.
Y en otro soporte, el gráfico, me tiene muy contento el poder editar un libro con 15 composiciones mías arregladas para piano por Matías Martino. El proyecto es muy interesante porque vengo de una tradición oral y me gusta poder tener 15 arreglos para piano de mi música para que la gente que viene de la tradición académica se pueda sentar y encontrarse con lo que hago en cualquier lugar del mundo. Será una publicación de la Editorial Mil Campanas (donde además existen publicaciones de partituras de Diego Schissi, Franco Luciani y Juan Falú, entre más) tanto en formato físico como en formato digital que se ofrecerá en tres niveles de arreglos: uno más accesible, otro intermedio y un tercero para personas virtuosas.
—Y seguís tocando…
—Siempre que puedo. Además estoy desarrollando un proyecto con dos productores de Los Ángeles (el argentino Leandro Álvarez y el español Rafa Sardina) que me proponen cruzarme con otros artistas y dialogar desde el acordeón con esos otros abordajes sonoros.
Publicado originalmente en Agencia Tierra Viva
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Las nuevas desapariciones forzadas
6 d’abril, per AuriEl jueves 2 de abril el Comité Contra las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas (CED) solicitó al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, que remita urgentemente la situación de las desapariciones forzadas en México a la Asamblea General, en vista de que ha recibido indicios fundados de que en México se ha cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas como crímenes de lesa humanidad.
Tomando como referencia el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, el CED fundó su petición manifestando que ha recibido información que, a su juicio, contiene indicios bien fundados de que la desaparición forzada se práctica de forma generalizada o sistemática en el territorio del Estado Mexicano, y tras haber solicitado del Estado Parte interesado toda la información pertinente sobre esa situación, determinó llevar la cuestión, con carta de urgente, a la consideración de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por medio del Secretario General.
El documento presentado por el CED fue rechazado y calificado de tendencioso y falto de rigor jurídico por parte de las Autoridades Mexicanas, a través de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Subrayan que no toma en cuenta los avances que se han alcanzado desde 2018 y además el CED excede su mandato al ampliar indebidamente el alcance de la desaparición forzada. “El Gobierno Mexicano no tolera, permite ni ordena desapariciones forzadas” El marco utilizado por el Comité “no corresponde a la realidad del México actual, que ha emprendido una transformación estructural en la materia”. A este diferendo se sumó la presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos Rosario de Piedra que arremetió contra las organizaciones civiles por manejar información tendenciosa y manipulada. Su postura está lejos de representar a las víctimas al erigirse en vocera de la 4T. Para la Presidenta las desapariciones “han venido descendiendo desde 2018, has prácticamente desaparecer”.
Por su parte, la titular de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, María Dolores González, destacó que le decisión del CED es una oportunidad porque “plantea condiciones para fortalecer el diálogo y la cooperación a fin de consolidar una política integral de Estado… y romper con los círculos de colusión, impunidad y desprotección.” Este domingo la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, en una postura contraria de la presidenta de la Comisión de la Ciudad de México, descalificó el documento del CED y manifestó su respaldo firme a la postura de la Presidenta Claudia Sheibaum que rechazó y descalificó el informe del Comité de la ONU contra la Desaparición Forzada. Lo consideró como un uso político para atacar al gobierno de México.
En su informe el Comité contra la Desaparición Forzada reconoce y acoge con satisfacción las medidas adoptadas por el Estado Mexicano al grado que ha remitido el marco jurídico e institucional mexicano como ejemplo positivo para otros Estados. No obstante, el Comité también ha tenido que subrayar que estos esfuerzos han resultado insuficientes e ineficaces, y que no han permitido contrarrestar las tendencias continuas, como el aumento constante del número de personas desaparecidas; la falta de avances efectivos en la búsqueda y la investigación de la mayoría de los casos denunciados; el ocultamiento de la información; la impunidad casi absoluta de los perpetradores; la alarmante crisis forense y la falta de apoyo a los familiares que luchan a diario para buscar a sus seres queridos.
La impunidad que rodea a la desaparición forzada es avasalladora. En su informe, el Comité hace notar que, hasta 2021, solo entre el 2 % y el 6 % de los casos de desaparición han sido judicializados, mientras que solo se habían dictado 36 sentencias por desaparición forzada de personas. Esto trae a la mente el caso de Arnulfo Cerón, en donde se obtuvo una sentencia de primera instancia. Aunque la pena ha sido controversial, es indudable que representa un caso que puede ofrecer una guía para el combate contra la impunidad.
El CED ha reafirmado que el Estado es responsable por la desaparición forzada de personas incluso cuando esta sea cometida por grupos delincuenciales o empresas privadas. Esto es importante dada la situación de macrocriminalidad que existe en Guerrero, en donde la lucha entre facciones de los cárteles y el contubernio entre el crimen organizado, las empresas y los gobiernos suelen difuminar las responsabilidades que tienen cada uno de estos actores. Más allá de delimitar el grado preciso de participación de cada uno de ellos, lo cierto es que el Estado debe no solo abstenerse de que sus agentes desaparezcan personas, sino también evitar que agentes privados lo hagan. Es por esto que la defensa gubernamental de que la desaparición forzada es una especie de fenómeno entre particulares —generalmente entre grupos criminales— y que por eso no hay responsabilidad estatal no es satisfactoria bajo el derecho internacional de los derechos humanos.
De igual manera, el CED ha reconocido que en muchas ocasiones el impulso de la investigación recae sobre la familia de la persona desaparecida, lo que quiere decir que el Estado está incumpliendo con su obligación de buscar a las personas desaparecidas. Además, existe una seria falta de capacidad financiera y de personal para realizar las investigaciones y diligencias necesarias para localizar a las víctimas.
El CED concluyó que actores no estatales pueden cometer crímenes de lesa humanidad incluso cuando lo hagan sin la autorización, apoyo o aquiescencia del Estado. Esto abre la puerta a considerar que, en Guerrero —así como en casi todo el país—, se están cometiendo crímenes de lesa humanidad, más allá de si el Estado participa, apoya o tolera las desapariciones forzadas. Más aún, sabemos que en Guerrero participan —de alguna forma u otra— elementos del Estado en la desaparición de personas, por lo que esta conclusión solo se ve reforzada.
El CED reconoce que existieron desapariciones forzadas durante la segunda mitad del siglo XX —es decir, durante la Guerra Sucia— como un medio de represión política, aunque es enfático en señalar que la crisis —por lo menos en términos numéricos— se da a partir del 2006 con el inicio de la Guerra contra el Narcotráfico de Felipe Calderón. Para ello, hace notar que, a 2021, el 98 % de las desapariciones se dieron durante el periodo de 2006-2021.
Aunque el CED concede que no hay indicios para suponer que existe una política federal que promueva las desapariciones forzadas, sí señala que hay indicios fundados de que estas se han dado en el marco de ataques a lo largo del tiempo y del territorio nacional, de conformidad con una política estatal ejecutada por “organizaciones” —es decir, grupos delincuenciales— actuando de forma autónoma o, por lo menos, con la aquiescencia de servidores públicos de todos los niveles.
El Comité encuentra que el fenómeno es generalizado por la tendencia al alza de las desapariciones y el descubrimiento de fosas clandestinas y sistemático porque se realiza con base en patrones de conducta bien establecidos.Para el Comité las desapariciones forzadas son un fenómeno sistemático y generalizado en México, y que esto solo es posible con cierto grado de participación del Estado.
El informe del CED tendrá un peso muy importante durante los próximos meses y años. Esto, ya que el comité es una institución con legitimidad a nivel internacional dada su independencia y especialización técnica. Además, muchos de los Estados y órganos de la ONU serán deferentes hacia el criterio del CED debido a que este comité ha tenido, durante años, un acceso privilegiado y balanceado al contexto mexicano. Ha escuchado al Estado, a las organizaciones no gubernamentales, víctimas y colectivos, por lo que existe confianza en que su decisión se da en un marco de equilibrio entre los distintos actores que han aportado información y argumentos
Es importante aclarar que el procedimiento previsto por el artículo 34 no es condenatorio. Esto, porque pareciera que la reacción del Estado mexicano surge de la —errónea— creencia de que el CED está buscando señalar culpables, cuando esto no es así. El procedimiento al que se ha dado paso implica reconocer que la situación de las desapariciones forzadas se ha salido de las manos del Estado examinado y que resulta conveniente —para el Estado, las víctimas, la población y la comunidad internacional— buscar una forma de dar a conocer el asunto a nivel internacional.
Pero eso no es todo, ya que el CED recomendó explícitamente que el asunto sea tratado por la Asamblea General para buscar formas de que los Estados cooperen —técnica y financieramente— con México para atender la crisis. Se busca desvirtuar este informe porque las autoridades Mexicanas consideran que es una forma de obstruir y opacar todos los esfuerzos que se han logrado, que en su mayoría se debe a los colectivos de familiares de personas desaparecidas, es más bien una gran oportunidad para que la comunidad internacional asista a nuestro país en la atención de problemas que no hemos podido resolver, como las capacidades de investigación penal, de búsqueda de personas y la misma crisis forense.
El Comité pone a consideración de la Asamblea General de la ONU la necesidad de brindar la cooperación técnica, el apoyo financiero y la asistencia especializada que México requiera en las áreas de búsqueda, análisis forense, e investigación exhaustiva de las alegaciones de desapariciones forzadas y de vínculos entre servidores públicos y el crimen organizado. De establecer un mecanismo eficaz para esclarecer la verdad y proporcionar la asistencia y protección a las familias que buscan a sus seres queridos, así como a las organizaciones y defensores que las apoyan. Estaremos en espera de lo que determine la Asamblea General de la ONU
Publicado originalmente en Tlachinollan
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Entre el fuego y la caña, los últimos trapiches que endulzan la tradición de la otra Semana Santa en el territorio Xinka de Santa Rosa
6 d’abril, per AuriEn las comunidades del territorio Xinka de Santa Rosa, los trapiches forman parte de la historia, la economía y la tradición. Entre el fuego de las calderas y la molienda de la caña, familias han sostenido por generaciones la elaboración de panela, un producto clave en la alimentación local, especialmente durante la Semana Santa.
El humo blanco se eleva lentamente desde las calderas del trapiche de la familia Florian, en el cantón Pueblo Ralo, en Casillas, Santa Rosa. El sonido constante del molino triturando la caña se mezcla con las voces de quienes trabajan sin descanso. En este espacio, las generaciones ven pasar el tiempo entre horas de cocción, turnos de trabajo o ciclos agrícolas que dependen de la lluvia y de la lectura de la luna.
La familia Florian, una de las pioneras en la producción de panela en la comunidad, ha sostenido este oficio a lo largo del tiempo, preservando una práctica que garantiza el sustento familiar y aporta a la economía local de muchas otras familias.

Los Trapiches inician a trabajar desde las 3:00am. Foto: Glenda Alvarez En Casillas, Santa Rosa, donde la tierra aún guarda la memoria de antiguas prácticas agrícolas desarrolladas por los abuelos, la producción de panela ha sido durante décadas una de las principales formas de sustento económico y un elemento esencial de la cultura alimentaria local. Sin embargo, hoy esta actividad enfrenta un proceso silencioso de olvido.
Lo que antes era una práctica extendida en varias comunidades, hoy sobrevive en pocos trapiches que resisten entre el abandono, los cambios sociales y la migración.
Una herencia que se sostiene en la memoria
Para comprender la importancia de los trapiches, es necesario mirar hacia atrás. En Santa Rosa, la producción de panela no es reciente, forma parte de un sistema productivo que se consolidó en el ámbito rural como una alternativa económica accesible para familias campesinas.
Don Guadalupe Florian, un abuelo del pueblo, recuerda que el oficio ha pasado de generación en generación dentro de su familia.
“Mi papá a eso se dedicaba, y el papá de él también tenía trapiche… en aquel tiempo era de bueyes”, relata.
En sus palabras se dibuja una transición histórica, la de los trapiches movidos por la fuerza de un animal a los sistemas mecanizados que comenzaron a incorporarse con el paso de los años. Durante décadas, los trapiches representaron un ingreso económico y un espacio de aprendizaje comunitario. El conocimiento sobre la siembra, el corte de la caña, la molienda y la cocción se transmitía de forma oral, de abuelos a padres y de padres a hijos.
“Es cosa que traemos de hace tiempo”, afirma Don Guadalupe.
Esa transmisión, sin embargo, comienza a interrumpirse.
El proceso: de la tierra al dulce
La producción de panela es un proceso que inicia mucho antes de que el dulce llegue a las calderas. Comienza en la tierra, con la siembra de la caña entre agosto y septiembre, en función del régimen de lluvias que caracteriza la región.

Siembra de caña, el primer paso para la producción de panela. Foto: Glenda Alvarez Este cultivo requiere cuidados constantes. La calidad del suelo, la disponibilidad de agua y el manejo del terreno determinan el rendimiento de la cosecha. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la caña de azúcar es uno de los cultivos más importantes en América Latina por su capacidad de adaptación a distintas condiciones agroecológicas. En sistemas tradicionales como los de Santa Rosa, puede mantenerse productiva durante varios años sin necesidad de replantación constante.
“Si es buena tierra, la raíz puede durar hasta 15 o 20 años”, explica Don Guadalupe.
La cosecha ocurre generalmente entre diciembre y enero. A partir de ese momento, la dinámica del trapiche se activa.
La caña es trasladada desde el campo hasta el molino, donde se exprime para extraer el jugo. Este jugo de caña es el punto de partida para la producción de la panela.

En cada caldera el proceso puede tardar de 3 a 4 horas de cocción. Foto: Glenda Alvarez Una vez extraído, el jugo de caña pasa a una serie de calderas donde se somete a un proceso de cocción prolongado a fuego alto. Este proceso no ocurre en una sola fase, sino en varias etapas.
“Una caldera puede tardar tres o hasta cuatro horas, dependiendo del material”, detalla Don Guadalupe.
Generalmente, el líquido pasa por dos o tres calderas consecutivas. En cada una, el calor reduce el contenido de agua y concentra los azúcares, transformando progresivamente el jugo en una miel más espesa. El control del fuego y el tiempo de cocción son fundamentales, un descuido puede arruinar toda la producción.
En la última caldera, la mezcla alcanza su punto más denso. Es en ese momento cuando el dulce comienza a espesar y cambiar de textura. A partir de ahí, se retira del fuego y se traslada a un área donde se bate manualmente hasta lograr una consistencia adecuada para su moldeado.

Don Ermelindon Florian depositando el dulce en las marquetas. Foto: Glenda Alvarez Luego, la mezcla se vierte en moldes cuadrados (conocidos localmente como marquetas) donde se enfría y solidifica, dando forma a los tradicionales bloques de panela. Una vez desmoldados, estos bloques se agrupan en presentaciones conocidas como chongos o trenzas, un conjunto de cuatro o cinco piezas apiladas y amarradas con la misma hoja de la caña, lo que facilita su transporte y comercialización en los mercados locales.
Es también en esta fase cuando pueden elaborarse otros productos derivados. Parte de la miel concentrada se utiliza para preparar melcochas batidas, un dulce artesanal que, en algunos casos, se combina con ingredientes como manía, pepitoria o ajonjolí, ampliando así la diversidad de productos que nacen del trapiche.

Chongo o trenza de panela lista para la venta. Foto: Glenda Alvarez El proceso no genera desperdicios. El bagazo (residuo de la caña) se reutiliza como combustible para alimentar las calderas, y las hojas se utilizan para envolver el producto final. Se trata de un sistema productivo circular, donde cada elemento tiene un uso específico.
En este espacio, el trabajo también es comunitario. Mientras algunos alimentan el molino, otros controlan el fuego, remueven la mezcla o moldean la panela.
“Para que un trapiche trabaje normalmente, se necesitan de 15 a 16 personas”, explica Don Guadalupe.
Don Ermelindo Florian, trabajador con más de 15 años en trapiches, lo expresa desde su propia experiencia. “Desde que aprendí a trabajar, siempre me he dedicado a esto”. La producción de panela es un conocimiento que se transmite en la práctica, sostenido por la experiencia y el trabajo compartido, más allá de lo técnico.
Migración, costos y cambios generacionales
Uno de los factores más determinantes es la migración. La salida de jóvenes hacia otros países, principalmente Estados Unidos, ha reducido la disponibilidad de mano de obra.
“Mucha gente ha migrado… y aquí se ha escaseado la gente”, señala Don Guadalupe.

Foto: Glenda Alvarez Este fenómeno ha sido documentado por organismos internacionales, que advierten cómo la falta de oportunidades en el área rural impacta directamente en actividades agrícolas tradicionales.
A esto se suma el aumento en los costos de producción. El pago de jornales, el precio del combustible y los insumos necesarios para mantener el trapiche en funcionamiento han encarecido la actividad.
Además, existe un cambio en las aspiraciones de las nuevas generaciones.
“Los dueños de los trapiches se han muerto… y la familia ya no continúa con la tradición”, dice.
El relevo generacional no se está dando y con ello, el conocimiento corre el riesgo de desaparecer.
La comercialización, una dinámica entre intermediarios y la desigualdad
La comercialización de la panela también presenta desafíos importantes. En muchos casos, los productores dependen de intermediarios que compran el producto en las comunidades y lo trasladan a mercados más grandes.
“Aquí lo vienen a recoger… y lo llevan a la terminal”, explica Don Ermelindo.
Este sistema limita la capacidad de negociación de los productores, quienes deben aceptar precios bajos ante la falta de acceso directo a mercados.

Producción de panela de la semana lista para comercializarse. Foto: Glenda Alvarez Sin embargo, también existen rutas comerciales que conectan esta producción con el extranjero. Parte de la panela producida en estas comunidades llega a Estados Unidos, donde es consumida por la población migrante. A pesar de ello, los beneficios económicos no siempre retornan a quienes la producen.
A este panorama se suman transformaciones en el uso del suelo. En distintas regiones del país, la expansión de monocultivos de caña de azúcar a gran escala (controlados por grandes ingenios), ha desplazado formas de producción campesina más diversificadas. Este modelo, orientado principalmente a la exportación, concentra tierra y recursos, limitando el acceso de comunidades rurales a espacios para cultivar caña de forma artesanal y sostener trapiches familiares.
Las condiciones climáticas también han impactado la producción. La irregularidad de las lluvias, las sequías prolongadas y el aumento de temperaturas afectan el crecimiento de la caña, reducen su rendimiento y alteran los ciclos agrícolas. Para quienes dependen de este cultivo, estos cambios representan un riesgo constante que se suma a las dificultades económicas ya existentes.
Las Guardianas del Fogón y la panela.
La panela ocupa un lugar central en la vida cotidiana de las comunidades y durante la Semana Santa, su uso se intensifica en la preparación de dulces tradicionales como torrejas, molletes, garbanzos en miel y frutas como ayote, mango o durazno en conserva.

Ayote en dulce preparado con miel de trapiche. Foto: Glenda Alvarez Estas preparaciones forman parte de prácticas culturales que se transmiten entre generaciones, especialmente en espacios familiares.
En las cocinas del territorio, la panela también forma parte del día a día. Doña Hortencia Salazar cuenta que el café que prepara para su familia cada mañana siempre lo endulza con un trozo de panela. “El sabor es más rico”, explica, pero también menciona que la considera una opción más saludable y económica en comparación con el azúcar refinada.
Alma Salazar, por su parte, nos cuenta que el uso de la panela es una herencia familiar. Durante la Semana Santa, prefiere preparar las torrejas con miel de caña y utilizar panela en otros dulces tradicionales. “Así nos enseñaron nuestras abuelas”, comparte.
De acuerdo con la FAO, la panela es un producto no refinado que conserva minerales como hierro, calcio y fósforo, lo que le otorga un valor nutricional superior al azúcar procesada.

Torrejas preparadas en Semana Santa con miel de trapiche. Foto: Glenda Alvarez En el territorio Xinka, su importancia va más allá de la comida y se vincula con la memoria, las festividades y la identidad, mientras que los trapiches que continúan funcionando lo hacen en condiciones adversas debido a la falta de apoyo institucional y la presión de mercados industrializados que dificultan su sostenibilidad.
Sin embargo, aún existen familias que continúan trabajando la caña, manteniendo encendido el fuego de las calderas. La inquietud ya no gira únicamente en cuántos trapiches quedan, sino en si existen condiciones para que sigan funcionando y acompañando el paso de las generaciones.
Porque en cada panela se concentran historia, conocimiento y una forma de vida que sigue resistiendo entre la caña y el fuego.

Foto: Glenda Álvarez Este material se comparte con la autorización de Prensa Comunitaria
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Al menos 70 personas mueren en un nuevo naufragio en el Mediterráneo central
6 d’abril, per Admin2El Mediterráneo central y las políticas migratorias europeas se han cobrado este fin de semana una setentena de vidas migrantes que intentaban llegar a Italia. La embarcación, con 105 personas a bordo, zarpó de Libia el sábado. Hay 32 personas supervivientes —que fueron llevadas a la isla de Lampedusa, en Italia— y se han recuperado un par de cadáveres, pero el resto continúan desaparecidos.
La información de esta nueva tragedia llega de la mano de las ONG Mediterranea Saving Humans y Sea-Watch, quienes aseguran que el colapso de la embarcación se produjo en aguas libias y quienes no dudan en seguir apuntando a las políticas europeas de migración, que empujan a las personas a embarcarse en travesías peligrosas que les pueden llegar a costar la vida. “Este naufragio podría haberse evitado si la Comisión Europea hubiera creado un programa de búsqueda y rescate. ¡Hay que acabar con las muertes en el mar! ¡Transporte seguro ya!”, escribió Sea-Watch en sus redes sociales.
We are horrified. Over Easter weekend, about 71 people likely drowned in the Mediterranean. Yesterday, our aircraft Seabird 2 spotted an overturned wooden boat: ~15 people clinging desperately to the hull, others in the water, and some lifeless bodies.
— Sea-Watch International (@seawatch_intl) April 5, 2026
Fabian Melber https://t.co/dl4dtjNFoL pic.twitter.com/yDOBFxyUPd<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>“Estábamos zarpando hacia una nueva operación de rescate cuando la noticia nos llegó. Los equipos del avión de rescate Seabird vieron un barco volcado en medio de la nada. Solo se salvaron aquellos que pudieron subir al fondo del barco y permanecer anclados, luchando contra el frío, las olas y el agotamiento. De 105, 32 sobrevivieron. Por suerte, el avión los encontró. Presionó para un rescate inmediato, y finalmente dos barcos mercantes llegaron a la escena. De lo contrario todos se habrían ahogado y nunca lo habríamos sabido. Todavía tendríamos un naufragio invisible y silencioso como muchos otros”, ha escrito el rescatista griego Iasonas Apostolopoulos (Mediterranea Saving Humans) en sus redes sociales. “Es el comienzo de año más mortal registrado, con más de 920 muertos en solo tres meses. Cada día Europa se pinta las manos con la sangre de inocentes. Los refugiados no son números. Ellos son nuestros vecinos, son nuestros futuros compañeros de clase, nuestros compañeros de trabajo, que son sacrificados a diario en nuestra puerta”.
Más de 600 personas muertas entre enero y febrero de 2026 en el Mediterráneo
Según un informe reciente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la agencia de las Naciones Unidas para las migraciones, al menos 7.667 personas murieron/desaparecieron en las rutas migratorias de todo el mundo en 2025. En 2024 se registraron casi 9.200 muertes.
En este contexto de fronteras cerradas y pocas opciones para las personas que deciden migrar, las travesías marítimas siguen figurando entre las rutas más mortíferas. En el caso del Mediterráneo, en 2025, al menos 2.185 personas murieron o desaparecieron en este mar; 1.214 lo hicieron en la ruta de África Occidental/Atlántico hacia las Islas Canarias. Además, al menos 270 restos humanos aparecieron en las costas del Mediterráneo en 2025 sin estar vinculados a ningún naufragio conocido. Durante los meses de enero y febrero de 2026, se han registrado 606 casos de personas muertas en el Mediterráneo.
Este material se comparte con autorización de El Salto
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Descalificación del gobierno al informe del CED “no altera la realidad” sobre crisis de desaparición, advierten organizaciones
6 d’abril, per Admin2Foto: Gloria Muñoz / Desinformémonos
Ciudad de México | Desinformémonos. “La descalificación de los hallazgos técnicos no altera la realidad de una impunidad superior al 98 por ciento en los casos de desaparición”, señalaron organizaciones de derechos humanos en respaldo al informe técnico con el que el Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU decidió llevar con carácter de urgente la crisis de desaparecidos en México a la Asamblea General.
El gobierno de Claudia Sheinbaum calificó de “tendencioso” y acusó de “falta de rigor” al informe en el que el CED documentó, entre otros datos, que 28 mil 880 personas fueron reportadas desaparecidas entre el 1 de enero de 2023 y el 22 de abril de 2025, así como 4 mil 500 fosas clandestinas con más de 6 mil 200 cuerpos y 4 mil 600 restos humanos hallados. Además, el informe reporta casi 72 mil restos humanos sin identificar a inicios de 2026.
“La disputa por el diagnóstico sólo prolonga la impunidad y la agonía de las familias. El Estado debe entender que la opinión del CED no es un ataque, sino una oportunidad para detener una de las crisis humanitarias más dolorosas de nuestra historia reciente”, señalaron las organizaciones en un comunicado.
Puntualizaron que mientras la cifra de personas desaparecidas continúa en aumento y la impunidad en dichos casos aún supera el 99 por ciento, “cualquier avance normativo es, en la práctica, insuficiente”, frente a las declaraciones del gobierno de Sheinbaum que argumentó como pruebas de progreso la existencia de nuevos marcos legales y la creación de instituciones.
Insistieron en que el rechazo del Estado a la observación del CED sobre la participación de agentes oficiales en las desapariciones “ignora la documentación de miles de familias, colectivos, academia y organizaciones de la sociedad civil” y recordaron que “la responsabilidad internacional del Estado no sólo surge por la acción directa, sino por la aquiescencia”.
Además del aumento en los casos de desaparición, las organizaciones reiteraron que el Estado también “ha fallado sistemáticamente” en la implementación de herramientas para la identificación de cuerpos, como el Banco Nacional de Datos Forenses. “La acumulación de más de 83 mil cuerpos y restos de personas sin identificar en las instituciones forenses del país es la prueba irrefutable de que la respuesta institucional está colapsada”, remarcaron.
Las organizaciones aseguraron que calificar de “falto de rigor” el diagnóstico del CED “es una falta de respeto a la memoria de las víctimas y al esfuerzo de las familias que buscan con sus propias manos”, por lo que llamaron al gobierno mexicano a abandonar “la actitud defensiva” y reconocer la magnitud de la crisis que el Comité llevó a la Asamblea General de la ONU.
Asimismo, hicieron un llamado para que las autoridades federales acepten la asistencia técnica internacional propuesta por el Comité y que establezcan “un diálogo genuino” con las familias, colectivos de búsqueda y organizaciones de derechos humanos para generar estrategias de atención a la crisis de desaparecidos en México.
El gobierno de la Ciudad de México manifestó su respaldo a la justificación de Sheinbaum sobre el informe, mientras que las familias y colectivos de búsqueda de desaparecidos, como el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM), aseguraron que la decisión del CED de llevar la situación a la Asamblea General es una “oportunidad histórica”.
#Comunicado | El Estado mexicano rechaza una decisión histórica del Comité contra la #Desaparición Forzada de la ONU.
— IMDHD (@IMDHyD) April 2, 2026
Pero la crisis no desaparece al negarla: más de 132 mil personas siguen desaparecidas, la impunidad supera el 98% y más de 83 mil cuerpos permanecen sin… pic.twitter.com/YNuyfuNkdE<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>