Inici > novedades > www.briega.org
Articles
-
El compa POPE INICIA una HUELGA DE HAMBRE del 20 al 30 de diciembre contra las puertas del congreso de diputados
22 de desembre de 2025, per Nadia22/12/2025Fuente:Etiquetas:
El compañero Honorio Gómez Alfaro (Pope) ha decidido tomar la iniciativa de ponerse en huelga de hambre frente al congreso de diputados desde el 20 al 30 de diciembre, pero no descarta prolongarla si su salud se lo permite. A pesar de haber estado ingresado en un hospital hace apenas dos meses, Pope decide usar su cuerpo como arma, una vez más, para visibilizar en mitad de la vía pública, la hipocresía institucional que cuesta cientos de vidas año tras año en las prisiones del estado español. Una hipocresía respaldada con cada vez mas fuerza por sindicatos fascistas de carceleros que construyen un relato victimista que nada tiene que ver con la realidad, y eso lo sabemos los familiares y amigos de personas presas, los y las compañeras y cualquier persona que haya ingresado en prisión alguna vez en su vida. Pope, tras mas de 25 años preso, padeció incluso la amputación de dedos de la mano por la desidia y dejadez cómplice de médicos, carceleros y torturadores. Esta fórmula mortal sigue vigente, muy vigente.
------
NADA HA CAMBIADO
Acaban de cumplirse 50 años de la muerte del dictador. L@s que en aquellos años cumplían condena en las cárceles franquistas, y viven para contarlo, coinciden en señalar las pésimas condiciones de las dependencias, la brutalidad de los carceleros y del régimen penitenciario, que no dudó en aplicar penas de muerte hasta el final.
A partir de ahí, se hizo imprescindible para fortalecer el tránsito a la "democracia" parlamentaria aprobar una ley de amnistía para todos los actos de intencionalidad política, considerados delitos en aquellos momentos, y ejecutados hasta el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones "libres". Amnistía para l@s pres@s politic@s y sobre todo para las autoridades, funcionarios y agentes del orden franquista.
L@s pres@s sociales, organizados en esos momentos en torno a la COPEL con el objetivo de lograr la amnistía y libertad para tod@s, fueron l@s que más arriesgaron y confrontaron con el nuevo régimen, fueron l@s que no salieron; tuvieron que fugarse. Las escasas mejoras que por breve tiempo experimentaron las cárceles fueron gracias a est@s pres@s y a l@s que desde el exterior se solidarizaron con su causa.
Luego vendría la represión más salvaje contra l@s rebeldes, mientras de cara a la galería se iban aplicando políticas reformistas y supuestas mejoras cuyo fin último sería la reinserción del pres@.
Han transcurrido 50 años y lo único que ha pasado en las cárceles es que la brutalidad se ha refinado. Hay cosas que nunca cambian: siguen los chinches, las cucarachas, las ratas.... Otras han empeorado notablemente. Es el caso de la atención sanitaria, insuficiente por no decir inexistente.
Faltan médic@s, personal sanitario, especialistas de todo tipo y sobran pastillas y metadona, dispensadas generosamente (el gasto farmacéutico en 2024 ascendió a casi doce millones de euros, de los cuales tres fueron destinados a la compra de psicotrópicos), y que sirven para controlar tanto la conflictividad como la demografía. El año pasado, según datos de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, 148 personas murieron en prisión y otras 34 mientras "disfrutaban" de un permiso. 182 personas con una media de edad de cincuenta años. Solo en los últimos nueve años han muerto 1.605 pres@s, contando por lo bajo. Hay cifras que pueden servir para vislumbrar la magnitud de esta tragedia.
Por ejemplo, 3.846 personas se quitaron la vida el año pasado en el estado español, más de 30 cumplían condena.
Otra cifra: el total de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas entre 2003 y 2025 alcanzó las 1.298, sin contar a las asesinadas en estos últimos días.
Entre las causas de las muertes bajo custodia figuran en primer lugar las naturales. De qué mueren chavales con 21, 28, 30 años? El segundo y tercer lugar lo ocupan los suicidios y las sobredosis.
Estos datos son reveladores de una realidad de la que nadie quiere hablar: la enorme desigualdad económica y social que nuestra democracia resuelve con el encierro, el abandono y la muerte de cientos de presos cada año
Así las cosas, aprovechamos las navidades (del 20 al 30 de diciembre) para denunciar las pésimas condiciones sanitarias que sufren miles de personas en las cárceles de este país y lo hacemos plantándonos frente al Congreso de los Diputados para recordar a sus inquilinos que, a pesar del tiempo transcurrido, nada ha cambiado.
.............A continuación, os dejamos esta iniciativa de la asociación vasca GGEBE-ADDSI y lxs compas de Borrokan, a lxs que saludamos y felicitamos por su apoyo a esta acción:
Kaixo lagunak!!!
En noviembre, en el contexto de las movilizaciones en apoyo a los presos Toni Chavero (preso en Teixeiro) y Antonio Arevalillo (preso en Estremera) y las denuncias de una docena de presos de la cárcel leonesa de Mansilla de las Mulas, por iniciativa del ex-preso y activista Honorio Gómez Alfaro "Pope" , se empezó a organizar una acampada en Madrid para denunciar la desasistencia sanitaria que sufren lxs presxs.
Entre los días 20 y 30 de diciembre se va a realizar una acampada permanente frente al Congreso de los Diputados en Madrid. Y de cara al hacer pública la iniciativa y el cartel, se va a estar recabando el apoyo de las asociaciones, colectivos y grupos que están implicados en la lucha por los derechos de las personas privadas de libertad.
Desde la asociación vasca GGEBE-ADDSI y la red anarquista "Borrokan" nos hemos adherido a esta iniciativa desde sus inicios y os animamos a mostrar vuestro apoyo a la acampada.
Agur bero bat! Un saludo!
Borrokan
borrokan ARROBA canaglie.org
GGEBE-ADDSI elkartea
ggebe-addsi ARROBA protonmail.com.......................................................
-
2ª Marcha al psiquiátrico de Santa Isabel
21 de desembre de 2025, per adiospgou21/12/2025Etiquetas:Este fin de año afrontamos de nuevo en León que en el psiquiátrico también se encierra.
La marcha al Santa Isabel del 31 de diciembre pretende apoyar a la gente que sufre el encierro en los psiquiátricos y amplificar la posición en lucha de Jose Alfredo, encerrado en el Santa Isabel.Los previos ya han comenzado. Toda acción autónoma es celebrada.
No queremos psiquiátricos.
No queremos psiquiatría.
Se acabó la calma.
¡ABAJO LOS MUROS DE LAS PRISIONES!
-
Europa blanquea la ocupación del Sáhara Occidental con sellos de “sostenibilidad”
19 de desembre de 2025, per Redacción19/12/2025Etiquetas:Un informe internacional denuncia que la UE y sus Estados miembros permiten que certificaciones privadas legitimen la explotación ilegal de recursos saharauis, en abierta contradicción con el derecho internacional y sus propias sentencias judiciales
Europa está certificando, de facto, la ocupación del Sáhara Occidental. Así lo concluye el informe Certified Occupation (“Ocupación certificada”), publicado por la organización Western Sahara Resource Watch (WSRW), que sitúa a los sistemas internacionales de certificación de sostenibilidad en el centro del engranaje económico que normaliza la explotación de un territorio ocupado ilegalmente por Marruecos desde 1975.
La investigación documenta cómo productos agrícolas y pesqueros extraídos del Sáhara Occidental ocupado entran sin obstáculos en los mercados europeos —también en el Estado español— bajo sellos que los presentan como de origen marroquí y “responsables”. Esta práctica oculta deliberadamente su verdadero origen, vulnera el derecho internacional y desarma cualquier posibilidad de control democrático sobre las cadenas de suministro que abastecen a la gran distribución, engañando tanto a consumidores como a operadores comerciales dentro de la Unión Europea.
No se trata de fallos administrativos puntuales. El informe describe un mecanismo estructural de falseamiento: Las entidades certificadoras reproducen información geográfica falsa, aplican marcos legales marroquíes a explotaciones situadas fuera de Marruecos y legitiman actividades económicas realizadas sin el consentimiento del pueblo saharaui. Todo ello contradice frontalmente las reiteradas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que reconocen al Sáhara Occidental como un territorio “separado y distinto” y exigen el consentimiento expreso de su población para cualquier explotación de recursos.
Certificación como herramienta política
Uno de los elementos centrales del informe es el papel de la certificación privada como instrumento de blanqueamiento jurídico y político. Sellos de sostenibilidad, seguridad alimentaria o calidad —presentados como técnicos, neutros y ajenos a los conflictos— funcionan en la práctica como avales de legalidad dentro de las cadenas de suministro europeas. Bajo esta apariencia burocrática se integra la ocupación en el circuito normal del comercio internacional, invisibilizando el conflicto y diluyendo responsabilidades.
El informe subraya que estas certificaciones permiten a empresas, importadores y autoridades mirar hacia otro lado mientras se consolida una economía de ocupación basada en el expolio de recursos naturales.
Complicidad institucional
En el contexto europeo actual, la situación resulta especialmente grave. En lugar de hacer cumplir las resoluciones judiciales que excluyen explícitamente al Sáhara Occidental de los acuerdos entre la UE y Marruecos, las instituciones comunitarias y los gobiernos de los Estados miembros están impulsando vías administrativas y normativas para neutralizar sus efectos reales. El resultado es una subordinación sistemática del derecho a los intereses económicos y geoestratégicos.
El Estado español ocupa una posición especialmente relevante. Según Naciones Unidas, España sigue siendo potencia administradora del Sáhara Occidental y mantiene obligaciones jurídicas claras respecto al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui. Permitir la entrada en el mercado europeo de productos del territorio ocupado certificados como marroquíes implica participar activamente en la normalización económica de la ocupación.
Una ocupación que llega al supermercado
El informe de WSRW deja poco margen para la ambigüedad: mientras la certificación siga ocultando el origen real de los productos y sirviendo de coartada técnica para eludir responsabilidades políticas, la ocupación del Sáhara Occidental continuará reproduciéndose también en los supermercados europeos.
La ocupación no es solo militar o diplomática. También es económica, cotidiana y perfectamente integrada en el mercado. Y hoy, los sellos de “sostenibilidad” forman parte de ese engranaje.
-
Radio Argayo, la radio libre de Cantabria, cambia de estudio
18 de desembre de 2025, per adiospgou18/12/2025Etiquetas:RADIO ARGAYO, LA RADIO LIBRE DE CANTABRIA, CAMBIA DE ESTUDIO
Desde Briega queremos hacernos eco de una novedad en el proyecto amigo y hermano Radio Argayo. Quienes no conozcan esta iniciativa se preguntarán ¿Qué es Radio Argayo? Se trata, tal y como describen en su web, de una Radio Libre en Cantabria, que se adscribe al Manifiesto de radios libres de Villaverde. Forma parte de la red de radios libres del Estado español colaborando mediante la aportación de programas, así como dando difusión a los contenidos que se generan en otros lugares adscritos al manifiesto. Ni usan ni quieren subvenciones. Se definen como una asamblea horizontal, buscando acercar lo máximo posible un lenguaje y espíritu anticapitalista, feminista, libertario, antirracista y antiespecista.
Radio Argayo surge como idea en 2019, de la mano de un reducido grupo de amigues con ganas de hacer radio. Parten de cero, sin ningún tipo de material profesional y experimentando con el Audacity y con un micrófono precario. Tras un podcast dedicado a Amparo, una vecina víctima del PGOU en Santander.
Meses más tarde, este reducido grupo, apoyado por otras, deciden apostar por organizar un encuentro de medios libres en Santander, en el CSO La Lechuza. Durante la preparación de este encuentro de medios libre sirve para formar a alianza de Radio Argayo y Él Pájaro Observador, una radio libre sin programas y un programa sin radio (crush radiofónico). En su descripción de la historia de la radio, les compañeres dicen que, como Cupido, la difusión y el contacto de Briega fue clave en esta bonita historia.
En la primavera de 2020 surgen los cadenazos en el territorio y globales de radios libres, a los que Radio Argayo es invitada. Así empieza a resonar como radio libre y participa en varios cadenazos a través de sus programas como El Pájaro Observador, La Tertulia de las Comadres y colaboraciones y a través de apoyo en la técnica. A lo largo del otoño y el invierno de 2020, además de ir incluyendo la reemisión de diversos programas de otras radios libres, nacieron nuevos programas locales en la parrilla de Radio Argayo, y tras una asamblea amplia con los distintos proyectos de programas, la asamblea de Radio Argayo creció de nuevo.
Pero… ¿Cuál es la novedad entonces? Pues que Radio Argayo vuelve a mudarse de estudio. En el verano de 2021, ubicó su primer estudio en el Centro Social Autogestionado «El Toju», en Ruente. Posteriormente, en diciembre de 2023 la asamblea decide mudarse a Torrelavega, concretamente al Espacio Creativo José Manuel Illera. Entonces… ¿A dónde se mudan ahora? Os dejamos con sus propias palabras expresas para este boletín en papel.El estudio de Radio Argayo se muda y va a parar al espacio de La Libre, una propuesta que promete estar repleta de sinergias. Tras su paso por el espacio Illera, un interesante proyecto de autogestión de espacios musicales y que ha dado acogida al estudio de la radio desde 2023, Argayo se mueve para incorporarse al CSA La Libre en Rampa de Sotileza.
Desde allí se podrán grabar los programas de Cantabria que actualmente suenan en la parrilla de Radio Argayo:
- El pájaro observador:
Con 7 temporadas a sus alas, este programa con diferentes formatos como Las Pájaras Nómadas o El Pájaro Sin Fronteras. Un programa que pretende dar altavoz a los movimientos sociales y colectivos con el ojo puesto en la naturaleza.- Los relatos de Alejandro.
El espacio del cuento en Radio Argayo, Alejandro nos trae sus relatos que nos llevan desde la sutil magia del Realismo Mágico hasta la profundidad de las experiencias humanas y la aventura de lo desconocido, estos cuentos te transportan a paisajes emocionales y lugares donde lo imposible se torna posible.- Desde otras islas:
Pódcast de Vicente Gutiérrez. Ecografías del hundimiento del capitalismo termo-industrial. Observatorio de la metástasis capitalista. Análisis crítico de la descomposición de la civilización mercantil y del desastre en marcha. Surrealismo. Vida.- Libroteca.
Un pódcast que nos lleva a través del mundo descubriendo los diferentes conceptos, formatos y formas de entender las bibliotecas. Desde las más cercanas a las más lejanas.- Música para aburrir:
Aunque su título pueda inducir a error este interesante pódcast que nos descubre de manera semanal las relaciones entre los diferentes estilos musicales, así como la influencia mutua de la música académica con la música popular a lo largo de la historia.- Steppin:
Programa compartido con otra radio pero que nos apetece compartir en esta lista, ya que hace poco comenzó a sonar en Argayo. Steppin es un programa centrado en el reggae, sus orígenes y su desarrollo posterior.- Fuera de campo:
Crítica de cine y repaso de las novedades en la cartelera. Grabado desde Cantabria, con Dani y Jose.- La tertulia de las Comadres:
Aunque nuestras comadres no han renovado temporada, nosotrxs las echamos mucho en falta, así que suenan en reposición con una selección de sus programas anteriores.- Los amigos de Artax:
¡Y aunque la periodicidad es de unos 3 meses…! Artax siguen en activo! Y junto a sus amigos siguen emitiendo desde el subsuelo de Santander.
Para descansar sin desconectar y para subvertir lugares menos habitados por la crítica social.Podéis escuchar Radio Argayo en la red a través de la web radioargayo.noblogs.org
Grupo de difusión de Radio Argayo, radio libre de Cantabria por Internet.
Telegram
Conócenos en radioargayo.noblogs.org/
En directo tinyurl.com/3fbr424s
Contacta radio_argayo@riseup.netArtículo del boletín Briega en papel nº 72 diciembre de 2025
-
El anarquismo frente a la crisis multidimensional del siglo XXI
18 de desembre de 2025, per Redacción18/12/2025Etiquetas:Como hemos dicho en otras ocasiones desde Embat, la actual crisis de producción de recursos minerales y energéticos es un reto complejo y multidimensional que refleja la tensión entre el crecimiento económico impuesto por nuestro modelo hegemónico y la sostenibilidad ambiental, la justicia social o la ética humana. En otras palabras, el conflicto radica en cómo nos posicionamos ante el mundo y la vida.
El sistema actual de crecimiento infinito y desarrollo material es, en todas las luces, insostenible para nuestro planeta, y hoy esto se ha hecho evidente de múltiples maneras. “Crecimiento infinito” busca su justificación en el aumento de la población mundial, así como en el desarrollo de los países emergentes. También en el enriquecimiento de la población occidental, que en su mayoría se considera “clase media”, dada su aspiración de no depender completamente de su fuerza de trabajo para sobrevivir y garantizar el bienestar propio, ya sea a través de la vida de los ingresos, la inversión o el patrimonio o a través de la intervención del estado de bienestar. Solo en este caso, esta clase media ya está en crisis, retrocediendo en su poder adquisitivo durante años, si no décadas. En cualquier caso, el efecto de todos estos factores es que la demanda se intensifica y generaliza. Casi toda la humanidad quiere vivir como lo hacen las sociedades capitalistas avanzadas. Esto es especialmente palpable en Asia, donde su nivel de vida ya rivaliza, o incluso supera, al de esa Europa que una vez fue el modelo a seguir.
Mientras se construye la infraestructura y se fabrican todo tipo de bienes, la producción se acelera. El capitalismo ha logrado desvincular el producto de la producción. Mientras nos centramos en la utilidad, novedad, sofisticación o belleza de un producto, olvidamos cómo se produce y qué impacto tiene. Por supuesto, este progreso acelerado choca con los límites geológicos del planeta. En un planeta finito, los recursos son finitos. Y esto se aplica tanto a los minerales (litio, cobalto o tierras raras) como a la energía (uranio, carbón, gas y petróleo). Existe preocupación por cómo se cubrirán las necesidades del mercado y de la población a largo plazo, pero por ahora solo se ha recorrido por el camino fácil: reemplazar la energía fósil con energía “verde” (solar o eólica), sin entender que también tienen un impacto y que su disponibilidad actual depende del petróleo en gran medida. Es un problema de modelo económico.
El impacto ambiental y climático que produce nuestra forma de vida es altamente destructivo para el planeta. La minería daña ecosistemas enteros, contamina el aire, el agua y el suelo y, como si eso no fuera suficiente, desplaza a las comunidades. Podríamos recordar los desastres ecológicos y sociales que han producido la explotación del coltán en el Congo, las arenas bituminosas en Canadá, o el litio en los salarios sudamericanos o los cientos de miles de tambores llenos de desechos radiactivos que pueblan el fondo del Atlántico. Además, a medida que los combustibles fósiles dominan la producción mundial de energía, el calentamiento global continúa acelerándose. Con Donald Trump en la Casa Blanca, la política ambiental de Estados Unidos sufre un fuerte revés debido a su cero preocupación por el cambio climático. Es decir, el capitalismo pisa el acelerador directo hacia el precipicio. La naturaleza se considera un mero recurso y está separada de la vida.
Con respecto a estas energías supuestamente “limpias”, cabe señalar que dependen en gran medida de minerales como el cobre, el litio o el níquel. No tienen nada limpio. Las cadenas de suministro de esta energía “verde” tienen un alto costo socioambiental desde las minas hasta las fábricas de paneles solares o en las pistas en medio de la montaña para levantar molinos gigantes con enormes grúas.
Hay toda una geopolítica de la desigualdad, a nivel macro, que se basa en el hecho de que hay algunos países que controlan los recursos esenciales (tierras raras de China, petróleo de Arabia Saudita, etc.), generando tensiones y disputas sobre los recursos minerales, el agua o por los oleoductos, puertos, ferrocarriles, presas y canales. Pero además, las empresas que explotan los recursos son fuentes de explotación laboral y favorecen subrepticiamente los conflictos armados, la miseria generalizada y el desplazamiento de comunidades que se oponen al modelo extractivista.
Aunque los centros de estudio, las campañas de los municipios, la UE o incluso la ONU tienen buenas intenciones y hablan de economía circular, innovación tecnológica, lucha contra la obsolescencia planificada, consumo responsable y otros, todo queda en una fiesta navideña y en propuestas para la galería que no lograrán un impacto duradero entre los estudiantes. Lo cierto es que la crisis no solo es causada por la escasez física, sino porque tenemos un modelo insostenible de producción y consumo. El responsable no es otro que el modelo capitalista globalizado, basado en la extracción de plusvalía, el crecimiento infinito, la explotación extractivista y la mercantilización de la naturaleza.
Los científicos del clima nos advierten que para 2050 (en solo 25 años) alcanzar los 3 ° C no solo es plausible, sino probable debido a la retroalimentación y la inercia política, como lo demuestra el reciente compromiso de Trump con la remilitarización de Europa o las políticas negacionistas de Trump. Supere los 2 ° C ya en caso de que pueda desencadenar ciclos de retroalimentación irreversibles que harían que los 3 ° C (o más) sean inevitables, incluso con rápidos recortes de emisiones. De esta manera, la esperanza pasa por una movilización a gran escala para descarbonizar, restaurar el albedo, suponiendo que nuestro clima se desestabilizará durante décadas. Los científicos dicen que si no hacemos esto, los sistemas ecológicos y climáticos del planeta llevarán a la civilización más allá de sus límites de adaptación para mediados de siglo. Esperamos sinceramente que se equivoquen, pero dado el momento histórico en el que vivimos, podemos darles mucha credibilidad.
Ante esta situación amenazante, es vital no obsesionarse con lo negativo –el colapso, el fin de la civilización, la extinción de la humanidad y la vida– y hacer propuestas para modelos alternativos que busquen priorizar la reproducción de la vida, la sostenibilidad ecológica, la justicia social y la satisfacción de necesidades básicas sin devastar el planeta. Por lo tanto, en Embat pensamos que se requiere un equilibrio entre innovación, cooperación global, justicia socio-ambiental y propuestas viables para la transformación radical de las relaciones sociales y la producción. Los desafíos son muy grandes, hay que considerar medidas severas y dar todo por ellos.
Las alternativas actualmente sobre la mesa
Actualmente, hay varias alternativas en boga –las llamamos “post-capitalistas” – que promueven otro enfoque del desastre ecosocial del siglo XXI. Enumeraremos y definiremos brevemente algunos, que nos parecen los más relevantes:
Decrecimiento
Cuestiona el dogma del crecimiento económico infinito y propone reducir el consumo material de los países ricos, centrándose en el bienestar no mercantilizado (salud, educación, cultura, tejido comunitario y cuidado). Las propuestas de decrecimiento buscan reducir o eliminar la dependencia de la subsistencia y el trabajo asalariado, que en el mundo occidental es casi absoluto. Hacia este objetivo, se hacen propuestas como la reducción de la jornada laboral, la redistribución de las ocupaciones o la renta básica universal. También propone la reubicación de la producción, estableciendo cadenas de producción más cortas y eliminando bienes de lujo.
El decrecimiento también se postula como una transformación de la vida y para disociar el mundo, nuestro bienestar, el ocio, e incluso nuestra razón de ser, de los dictados del mercado capitalista. En esta línea destaca la propuesta de “sencillez voluntaria”, una filosofía que invita a evitar el consumo de masas superfluas y a centrarse en lo estrictamente necesario para “vivir bien”. Como crítico, debemos reconocer que este modelo requiere un profundo cambio cultural y un “sentido común” hegemónico. Sin esto, es presumible pensar en una resistencia de las clases altas y medias a “vivir peor” que pueda conducir a graves choques sociales. La oposición a un recorte voluntario en el nivel de vida sería fácilmente instrumentalizable por un movimiento político de extrema derecha, como ya está sucediendo en muchos lugares.
En Cataluña existe una tradición asociacionista consolidada y autogestionable que podría ser la semilla para construir una cultura popular de decrecimiento. Sin embargo, por ahora hay muy poca evidencia de que este proceso esté en marcha más allá de los casos aislados. A nivel económico, cada vez más empresas han llevado a cabo pequeñas reducciones en la jornada laboral, y el plan piloto de renta básica universal aprobado inicialmente en 2021 fue derribado en el Parlamento antes de comenzar.
Cooperativismo y economía social y solidaria (ESS)
Es un modelo autogestionado en el que los trabajadores (y en algunos casos también los socios o la “comunidad”) controlan los medios de producción. Las cooperativas limitan la privatización de los dividendos con el objetivo de poner fin a la explotación laboral y democratizar la economía. Además, muchas propuestas de cooperación también se basan en la equidad social y la sostenibilidad ambiental. Destacaremos las redes cooperativas, la banca ética, las cooperativas de servicios (energía, comunicaciones, etc.), las cooperativas y los grupos de consumo ecológico, entre otros. Tradicionalmente, han estado muy arraigadas propuestas en el territorio, ya que tienen una escala mayoritariamente local, lo que ha permitido la consolidación de una cultura cooperativa en diversas partes del territorio. En los últimos años, el movimiento de economía social y solidaria ha asumido un fuerte compromiso con las colaboraciones con el sector público, con un importante resultado en la legislación y la financiación en varios países.
Su punto débil es su escala limitada frente a las corporaciones globales, lo que limita su competitividad y alcance, convirtiéndolo a menudo en una propuesta de nicho. La ESS también ha sido instrumentalizada por ciertos partidos institucionales que buscan privatizar encubiertamente sectores del estado de bienestar sin producir alarma social. Además, el aparato estatal ha visto en el movimiento cooperativo una estrategia para reducir el conflicto social, proporcionando medios de subsistencia a personas que a veces son militantes y activistas de base, alejándolos de las propuestas politizadas mientras legislan las actividades de las cooperativas. Finalmente, y dada la integración de esta economía en el sistema capitalista actual, existe el riesgo de reproducir las relaciones productivas actuales, perpetuar la explotación y la desigualdad y desplazar el interés en ser un instrumento de transformación radical.
En la última década, Cataluña ha experimentado un auge en el movimiento de la ESS, impulsado en gran medida por la administración pública, que ha promovido una red territorial de ateneos cooperativos y comunidades urbanas. Sin embargo, y aunque algunas de las propuestas concretas han podido proponer modelos relativamente transformadores, el compromiso del sector público con la ESS no se ha reflejado en una consolidación del modelo, exponiendo claramente los límites mencionados anteriormente. El apoyo institucional ha sido, por tanto, un arma de doble filo, ya que podemos decir que gran parte de las cooperativas catalanas tienen una gran dependencia de las subvenciones públicas. Esto los coloca en una posición de fragilidad frente a posibles cambios políticos y problematiza su papel dentro de una estrategia transformadora.
Ecosocialismo
Actualiza la crítica marxista a la explotación capitalista con los recientes postulados de la ecología política, apuntando a las intersecciones entre las estructuras de dominación y la destrucción ambiental. Propone una economía planificada y democrática, en la que la producción se ajuste a las necesidades humanas y a los límites del planeta y no al beneficio capitalista. En el campo práctico, se articula en diversas propuestas como la nacionalización de los sectores energéticos y su control popular, la reducción de la jornada laboral para reducir los viajes, el consumo energético y el desperdicio; o la transición energética a las energías renovables, siempre teniendo en cuenta el empleo digno. También propone la desmercantización de las necesidades básicas, como la vivienda, el transporte, los suministros básicos, la salud o la educación. A diferencia de las propuestas anteriores, el ecosocialismo ofrece un modelo de organización ecosocial de carácter estatal e incluso supra-estatal, ambientes donde las alternativas transformadoras tienen una influencia muy baja. Esta es una de las razones por las que, hasta la fecha, las administraciones municipales han sido espacios mucho más propensos a la implementación de propuestas ecosocialistas. Sin embargo, limita sus posibilidades de éxito, ya que aspira a influir en los espacios políticos con muchos intereses en juego. Otras posibles debilidades son las dificultades y prácticas técnicas de coordinación y participación a tan gran escala, así como el riesgo de burocratización y/o autoritarismo si no hay participación real de las bases.
En el contexto catalán, podemos identificar como propuestas ecosocialistas la campaña Water Is Life, que ha impulsado la remunicipalización del suministro de agua en algunos municipios, o la creación de Barcelona Energia, un comercializador público de energía basado en la eficiencia energética y el uso de energías renovables. A nivel estatal y europeo, algunas de las propuestas de nuevos pactos verdes que surgieron durante la recuperación económica después de la pandemia de Covid-19 contenían elementos ecosocialistas. Sin embargo, y como era de esperar, estos pactos están totalmente ausentes en la propuesta de fondo de la Próxima Generación que finalmente fue aprobada, dejando en claro la dificultad de influir en las altas esferas de la gobernanza.
Comunalismos y Economía Comunitaria
Consiste en una actualización y contextualización de la tradición de los bienes comunes, con gran peso en las economías precapitalistas e incluso hoy en día en los entornos rurales e indígenas. Propone la desmodificación y autogestión de los recursos básicos, poniendo la subsistencia en manos de comunidades basadas en la democracia directa y la cooperación. Una de las ventajas de esta propuesta es su adaptabilidad, ya que se puede implementar fácilmente en diferentes contextos y situaciones. A nivel práctico, en los últimos años esta alternativa se ha estructurado en propuestas comunalistas, especialmente en ambientes rurales y periurbanos, que proponen redes de comunidades de convivencia con gran conciencia ecológica y un impacto ambiental reducido. Estas nuevas comunidades se centran en el desarrollo de infraestructuras comunitarias (huertos, viviendas, talleres, etc.) que permiten a sus miembros reducir su dependencia del trabajo salarial y así construir la soberanía popular.
Otro tipo de propuestas que surgen de esta alternativa son las economías comunitarias, que proponen modelos económicos de proximidad que ponen el bienestar de las personas y el medio ambiente en el centro de la actividad económica. El principal objetivo de estas economías es, por lo tanto, comunalizar los bienes y tareas reproductivas, cuestionando la jerarquía del productivismo. A nivel práctico, las economías comunitarias incluyen desde redes de bricolaje y cultura autogestionada hasta grupos de consumidores y cooperativas, en claro ejemplo de las intersecciones entre la alternativa comunalista con otras de las propuestas anteriores..
En cuanto a las limitaciones, suele apuntar a la complicación de imaginar un salto en escala más allá de proyectos muy localizados, aunque existen experiencias específicas de redes regionales. Otro posible riesgo es la formación de comunidades herméticas enfocadas exclusivamente en su propia actividad, impidiendo el acceso de nuevos miembros y limitando su potencial de transformación social. Por último, también es justo reconocer que la expansión de esta propuesta choca con el sentido común hegemónico consumista e individualista en la sociedad occidental actual.
En Cataluña, el ejemplo más claro del comunalismo es la red informal de comunidades intencionales, formada por casi un centenar de experiencias que combinan diferentes tipos de viviendas colectivas, infraestructuras populares y proyectos (re)productivos. En un campo más formal, la Fundación Emprius se ha consolidado recientemente como un proyecto que busca consolidar y ampliar esta red. En los entornos urbanos, el ejemplo más claro serían los edificios ocupados para facilitar el acceso a la vivienda y establecer centros sociales autogestionados que albergan multitud de funciones vinculadas a la subsistencia de la comunidad: colegios populares, gimnasios, huertos, redes alimentarias, etc.
Más allá de estas cuatro propuestas integrales que abarcan simultáneamente las dimensiones económica, sociocultural, ecológica y política, cabe destacar otros dos conceptos que, aunque menos completados en el contexto occidental, contienen elementos notables.
Ecofeminismo
Propone sistemas en los que la vida está en el centro y denuncia que el capitalismo explota tanto la naturaleza como el trabajo reproductivo, que en su mayoría es femenino. Sin el trabajo reproductivo no existiría tal base que permita la reproducción del capital, necesaria para el sistema hegemónico que estamos sufriendo. Entre sus propuestas estaría la valorización económica del trabajo de cuidado, la soberanía alimentaria basada en el conocimiento tradicional (a menudo atesorado por mujeres) o la despatriarcalización de la toma de decisiones integrando perspectivas comunitarias. Puesto que nada es fácil en esta vida, su punto débil está en la dificultad de llevar estos postulados a la población en general, tan dominado por la educación patriarcal. Se requiere una profunda transformación cultural. Y, como contrapunto positivo, este sistema es muy compatible con los otros modelos alternativos al capitalismo.
Durante la última década hemos visto el surgimiento de un ecofeminismo más político a nivel internacional, con propuestas como la Huelga de Todos, que contribuyeron extraordinariamente al crecimiento del movimiento feminista global. Algunas de sus propuestas tácticas fueron incluidas en los programas y formas de hacer de los partidos de izquierda y los sindicatos, así como de los movimientos sociales. Incluso algunos postulados han sido adoptados por alguna administración pública.
Modelos indígenas y visiones del mundo no occidentales
Son sistemas diferentes, dependiendo de cada territorio y de cada comunidad que los proponga. En América Latina tenemos el Buen Vivir, en África Ubuntu, y hay otros similares. Se caracterizan por comprender que la humanidad es parte de la naturaleza, y no de su dueño. Entre sus propuestas se encuentran las economías comunitarias (en plural) basadas en la reciprocidad y no en la acumulación. Estos modelos son famosos por lograr la defensa legal de algunos territorios sagrados para sus pueblos, logrando así también la protección de la biodiversidad. Algunos de estos derechos están incluidos en la constitución de algunos estados. El riesgo de este modelo es la cooptación de los líderes populares y su integración en el Estado capitalista o también la posible reacción de los Estados y las grandes corporaciones extractivistas, que no dudan en utilizar la represión estatal, o si esto no es posible para ellos, los organismos paramilitares.
Como se puede ver, en todas estas alternativas al capitalismo actual no hay un modelo único, pero se observan principios comunes: límites ecológicos, justicia redistributiva, democracia participativa y descomodificación de la vida. La transición del capitalismo a algunos de estos sistemas u otros requerirá la combinación de elementos de las diferentes propuestas de acuerdo con el contexto y necesitará un gran cambio cultural. Debemos pasar del individualismo consumista a una ética de interrelación con la naturaleza y la responsabilidad hacia las generaciones futuras. La pregunta clave no es qué sistema proponemos, sino quién decide, y cómo se garantizará que las mayorías dirijan el cambio y no a las élites. Porque si fuera por ellos, tendríamos ecofascismo, capitalismo verde o tecnodistopías.
Como podemos ver, estos casos no revelan cambios revolucionarios, entendidos como derrocamientos repentinos de los gobiernos, sino profundas transformaciones sociales y políticas que podrían ocurrir a largo plazo. La viabilidad de cada modelo dependerá de factores como la cultura política, el grado de desigualdad existente en este territorio, la fuerza colectiva acumulada o la capacidad de adaptarse institucionalmente a las presiones populares desde abajo.
Existen sistemas de estos que permiten avanzar sin rupturas significativas, aprovechando los marcos democráticos existentes. Esto ocurriría en los países del norte de Europa, debido a sus instituciones y la conciencia ciudadana, más propensos a participar en las políticas públicas. El ecofeminismo podría beneficiarse de esto. Otro posible beneficiario sería el cooperativismo, ya que es un sistema económico alternativo que coexiste con el capitalista hegemónico. El modelo de pueblos indígenas también ha logrado avances basados en la lucha parlamentaria y legal en ciertos países latinoamericanos.
Por el contrario, hay otros que requerirán cambios estructurales que desafíen al establishment, lo que podría implicar procesos revolucionarios. Por ejemplo, el ecosocialismo generalmente se propone a partir de opciones políticas de izquierda con aspiraciones de controlar el aparato estatal. Muchas veces, para lograrlo, requerirán una movilización masiva y la conquista gradual de las instituciones (primero a nivel local, luego regional, etc.). La disminución estaría en una situación similar. Dependiendo de la teoría del decrecimiento que se utilice, hay algunos tipos de transición ecosocial que serían aplicables a los estados avanzados de Europa debido a la alta conciencia. Sin embargo, es casi seguro que su aplicación a gran escala produciría una fuerte resistencia de las élites económicas y una evasión de capital que socavaría la viabilidad del proyecto, volviendo en su contra las capas más vulnerables de la sociedad.
Con toda probabilidad, la clave para hacer que los modelos alternativos sean viables a gran escala pasaría por una crisis que los legitime. Por ejemplo, un colapso de energía debilitaría el soporte para el sistema actual. Cualquier tipo de cambio requeriría movimientos populares muy fuertes, un sindicalismo alineado con ellos y redes internacionales de solidaridad. También requerirá el control de materiales críticos, recursos, energía y rutas comerciales para resistir las presiones externas. Nos parece lógico que estos modelos también necesiten la existencia de sectores políticos y económicos dispuestos a estar de acuerdo con estos movimientos populares alternativos. Una vez más, la pregunta clave es cómo acumular suficiente poder popular para imponer un modelo alternativo al capitalismo de tal manera que no pueda ser rechazado y restablecer la injusticia al superar la tentación autoritaria de las élites globales que están comenzando a adoptar objetivos ecofascistas o tecnofeudalistas. Por supuesto, incluso el modelo más moderado requerirá una movilización masiva para imponerse.
Otra pregunta que surge es si todas las alternativas post-capitalistas son algún tipo de socialismo, excepto el ecosocialismo. La respuesta es que todo se basa en quién posee los medios de producción y cómo se desarrolla la gobernanza.
Similitudes entre el anarquismo y los modelos alternativos
Al leer lo anterior, puede estar considerando que el anarquismo es bastante similar a estos modelos expuestos anteriormente. Incluso podremos reconocer que estos modelos ya incluyen algunos aspectos de las ideas libertarias tradicionales. Todos tienen similitudes básicas: critican al capitalismo, buscan la autonomía, la autogestión y promueven la toma de decisiones democrática. Sin embargo, los modelos mencionados anteriormente no son equivalentes al anarquismo clásico o al anarco-sindicalismo, incluso si comparten algunos principios. Dejo las principales diferencias aquí:
Apariencia
Anarquismo/Anarco-sindicalismo
Modelos propuestos (Ecosocialismo, Decrecimiento, etc.)
Estado
El rechazo total del estado y de cualquier jerarquía coercitiva.
Algunos aceptan Estados reformados (por ejemplo, el ecosocialismo con planificación democrática) o proponen su desmantelamiento gradual.
Estrategia
Acción directa, autogestión y construcción de energía desde abajo sin intermediación institucional.
Varía: desde reformas legales hasta revoluciones (ecosocialismo radical).
Propiedad
Colectivización total (medios de producción gestionados por la Comuna o los sindicatos).
Algunos modelos permiten la propiedad mixta (por ejemplo, cooperativas + sector público).
Escala
Enfoque local y federaciones voluntarias de comunidades.
Algunos elevan escalas globales (por ejemplo: gobernanza climática internacional).
Relación con el capitalismo
Busca abolirlo completamente, sin transiciones intermedias.
Algunos proponen coexistir (la mayor parte del cooperativismo) o reformarlo (Green New Deal).
Mesa. Anarquismo vs. Otros Modelos: Principios Básicos
Dada la tabla, podemos ver que estos sistemas no son lo mismo que el anarquismo. El anarquismo es abiertamente antiestatal, mientras que la mayoría de los modelos en exhibición aceptan alguna forma de institucionalidad, incluso si se transforma. Estos sistemas suelen ser bastante híbridos, dejando un papel en el Estado o en el mercado en coexistencia con las instituciones populares. La clave sería ver si cada movimiento popular busca reformar, reemplazar o ignorar el Estado y el mercado. El anarquismo sería poco o nada favorable para negociar con el sistema actual. Sin embargo, incluso si no son iguales, todos estos movimientos podrían estar aliados en luchas comunes contra la desigualdad o el extractivismo, así como en la construcción de contrapoderes locales y la extensión del poder popular.
Análisis de los modelos estatistas comunistas
Entre las alternativas anteriores, no hemos hablado del comunismo clásico. El comunismo estatista, generalmente vinculado al marxismo, aunque no siempre, se basa en el poder del Estado para impulsar los cambios estructurales que se hacen desde arriba, desde el gobierno. Es por eso que fue reetiquetado como “capitalismo de Estado” por las corrientes libertarias y por otros marxistas. En términos generales, las posibilidades de implementar estos cambios dependen de muchos factores como el contexto histórico, la estrategia revolucionaria, el grado de fuerza de la contrarrevolución y la relación con otros actores o movimientos políticos y sociales en el país que hace esa revolución socialista.
Históricamente, la Unión Soviética o la China de Mao logró modernizar las economías agrícolas de la parte trasera en unas pocas décadas. Sin embargo, el costo humano y ambiental era muy alto, como se sabe. Consiguieron mejorar los indicadores sociales, como la salud, la vivienda o la educación, y redujeron la desigualdad a pesar de los bloqueos y guerras a las que fueron sometidos. A cambio, liquidaron la disidencia interna brutalmente y sin contemplación y sometieron a ciertas minorías étnicas y sociales a grandes penas. El bloque soviético dominó o tuvo influencia en la mitad del planeta, apoyando los movimientos anticoloniales del Sur Global, lo que lo colocó como un contrapeso al capitalismo.
Sin embargo, tenía problemas estructurales recurrentes, como el autoritarismo y la represión. Su centralización del poder en partidos individuales siempre fue problemática, y persiguió la disidencia sin importar cuán pequeña sea. Además, la burocracia no es eficiente, ya que se ve socavada por la corrupción. Todo esto significaba que había mucha desconexión entre las élites y las necesidades populares.
El Estado era el único propietario de los medios de producción y esto hizo que los trabajadores se distanciaran emocionalmente de las necesidades productivas que se les requerían o que los paneles técnicos intermedios manipularan las cifras de producción creando un desequilibrio estructural entre lo que se exigía, lo que se tenía sobre el papel y lo que realmente se fabricaba. Y finalmente, tenían una fuerte dependencia de los líderes carismáticos como el eje del vehículo del sistema, lo que dificultaba las transiciones generacionales pacíficas.La cuestión geopolítica sería otro factor. El bloque capitalista lo declaró una guerra sin cuartos durante décadas, la Guerra Fría. Esto hizo que muchos estados socialistas fortalecieran el ejército para sobrevivir. La situación de conflicto global dificulta el comercio internacional, retrasa la adopción o adaptación de innovaciones tecnológicas e incluso aisló a muchos países socialistas en el resto del mundo.
Como si eso no fuera suficiente, los modelos de estado socialistas o capitalistas eran tan productivos y depredadores como los capitalistas liberales, y explotaban la naturaleza sin considerar la causa de graves desastres ambientales.
Después de la caída del muro de Berlín, el comunismo se reinventó. En Occidente, una parte de ella se integró en el sistema del partido occidental abandonando sus posiciones rápidamente. Ellos adoptaron el progresismo en algunos casos y en otros la socialdemocracia. El resultado fue su adaptación al sistema, mientras que las partes que no lo hicieron fueron marginadas. Y donde han logrado llegar al gobierno (en las últimas décadas en Grecia, Chipre, Moldavia, Brasil, Nepal, Chile, Colombia, España...) nunca han podido aplicar cambios significativos, lo que ha desalentado sus bases.
Por otro lado, los estados socialistas sobrevivientes (Cuba, China, Laos, Corea del Norte y Vietnam) mantuvieron su orientación socialista sobre el papel, pero mostraron un fuerte pragmatismo económico adaptándose al capitalismo global a pesar del boicot y el bloqueo imperialista en algunos de estos estados.La experiencia histórica nos deja con la cuestión de si el comunismo democrático es posible desde el Estado promover las transiciones post-capitalistas como proponen las personalidades de la izquierda política estadounidense y europea. Esto requeriría una democratización radical de las instituciones estatales, una alianza con los movimientos populares y una política exterior independiente de las instituciones globales o continentales, lo que lo pondría en el centro de atención del militarismo global. Pensamos en los retos globales que debe afrontar cualquier alternativa socialista: crisis ecológica, globalización capitalista y, sobre todo, cultura política individualista.
Dado su legado político, se puede entender que un hipotético futuro gobierno liderado por neocomunistas tiene alguna tentación autoritaria, incluso siendo un gobierno bien intencionado y sinceramente democrático. Otra tentación sería terminar gestionando un neoliberalismo ultratecnológico desregulado, al estilo chino, que difícilmente se puede llamar socialismo. Otra posibilidad sería que gobernaran con miedo a romper la paz social y no tomar ninguna medida innovadora y beneficiosa para la mayoría social, como sucede muy a menudo. Y finalmente, la inercia burocrática permanente, dado que las estructuras estatales tienden a perpetuarse.
Para que el comunismo estatista tenga futuro, debe tender hacia el ecosocialismo y aprender de los errores históricos (rechazar el autoritarismo, cuidar con la burocracia, integrar la perspectiva ecológica, etc.), combinar el poder estatal con la autonomía social, enfatizar la gobernanza comunitaria de ciertos servicios públicos, sin entrar en la vida cotidiana de las personas, y ser un internacionalista, que es al menos algo que siempre han defendido.
El dilema es el habitual de la Primera Internacional: el Estado es una herramienta de dominación de clase y no puede ser utilizado para abolir las clases sociales. ¿Se puede lograr una verdadera descentralización del poder desde el Estado hasta su desaparición? Hasta ahora ningún Partido Comunista ha respondido a esta pregunta afirmativamente.
Afilar la alternativa libertaria
Los modelos anarquistas y el anarco-sindicalismo, con su énfasis en la autogestión de los trabajadores y la planificación económica descentralizada, podrían integrarse con modelos ambientales sociales, comunalistas, ecosocialistas o cooperativos a través de estructuras flexibles y horizontales. La clave es cómo articular la planificación colectiva de la economía sin caer en centralismos ineficaces o reproducir jerarquías o dejar descubiertas las zonas del territorio, que van totalmente a las suyas.
Así, por ejemplo, basado en el modelo anarco-sindicalista, es el sindicato como unidad de gestión. De acuerdo con este modelo, serían los sindicatos (o las federaciones de la industria) quienes gestionarían las fábricas, la tierra o los servicios. Estos se coordinarían bajo asambleas y congresos sectoriales que elegirían consejos de economía local, regional, nacional o sectorial de acuerdo con las necesidades. Su función sería cubrir las necesidades básicas teniendo en cuenta los límites de recursos y ecológicos disponibles. El modelo promueve la transparencia en los datos sobre las reservas de recursos, de manera que los ayuntamientos y todos los ciudadanos interesados tengan información probada para tomar decisiones.
El anarco-sindicalismo se podía encontrar y mezclar con otros modelos, como los que hemos visto anteriormente. Por ejemplo, junto con el ambientalismo, los modelos de decrecimiento y el comunalismo, la transición ecosocial podría planificarse de acuerdo con las capacidades ecológicas locales y la implementación de cuotas de extracción o límites al consumo. Organismos como un Consejo de Economía o una hipotética “confederación de sindicatos y comunas” podrían decidir reducir la extracción de minerales si dañan los acuíferos, priorizando la reutilización, el reciclaje o la “minería urbana”. Es esencial que quienes ven su trabajo amenazado por la conversión industrial tengan voz en el proceso. Este es el papel de un sindicalismo sociopolítico como el anarco-sindicalismo.
Per tant, el sindicat passa de ser un organisme reivindicatiu a dissenyar la reorganització de tot el sistema de producció, consum i distribució. Avui mateix, els sindicats que vulguin apostar per aquella societat futura poden planificar els conflictes i la seva acció col·lectiva amb base en criteris ecosocials, a més dels merament econòmics. El sindicalisme transformador actual ja pot impulsar unitats econòmiques de producció en el marc d’un nou model que propugni una nova societat. Aquest podria ser un punt de contacte entre el sindicalisme i el cooperativisme o l’economia social.
Con la ecología social, el comunalismo o el municipalismo de base, se podría desarrollar una alianza, delimitando el alcance de las funciones entre cada entidad (unión o común / municipio). Cada municipio o barrio podría gestionar los bienes comunes a través de consejos o asambleas abiertas, y se coordinaría con los sindicatos para necesidades técnicas. La confederación de municipios podría decidir sobre objetivos regionales o proyectos específicos (como levantar una presa, o demolerla, gestionar los bosques, planificar la producción de la tierra o proceder a la importación de los bienes de consumo necesarios).
Los sindicatos tienen el potencial de crear o vincularse con cooperativas de consumo. Hoy en día, estas cooperativas se crean para acordar precios justos y cortocircuitos y para evitar la dependencia del mercado capitalista global, así como para dar algunos ingresos a personas relacionadas con los movimientos sociales de izquierda y ambientalistas. Pero en el futuro estas cooperativas de consumo, también a nivel local, podrían sustituir a los grandes centros comerciales que componen el capitalismo de mercado. Lo importante en esta ecuación es que la unión también tiene una visión comunitaria, que es un espacio de sociabilidad más allá de lo estrictamente laboral y que converge con las entidades en su área.
En cualquier caso, se requieren mecanismos de participación masiva y coordinación descentralizada, como los congresos sectoriales y territoriales. Puede designar, supervisar o rotar los cargos de los consejos de economía, sindicatos o comunas. Esto se puede hacer con el fin de coordinar mejor y evitar la fragmentación del territorio o el aislamiento de ciertas comunidades. Las plataformas digitales abiertas también se pueden utilizar para mapear recursos, necesidades y capacidad de producción en tiempo real. Así que cualquiera podría auditar los datos y proponer ajustes y cambios. Otro mecanismo podría ser los contratos directos de apoyo mutuo. Por ejemplo, un sindicato de pescadores podría comprometerse a abastecer a una comunidad agrícola de pescado a cambio de hortalizas, sin más intermediarios. Las posibilidades son múltiples.
En el modelo puede haber espacio para una auditoría ambiental, por nombrarla de alguna manera. Es decir, los ciudadanos evaluarían los daños ecológicos y propondrían reparaciones. Del mismo modo, se puede construir una ciencia colaborativa para monitorear los ecosistemas o mapear la biodiversidad. La ética colectiva también debe promoverse a través de la educación y el debate público, de modo que ningún sindicato o común viole los acuerdos ambientales.
Como podéis ver, este sistema que proponemos desde Embat es muy adaptable. Las decisiones se toman desde cero, permitiendo respuestas ágiles a posibles crisis ecológicas, geopolíticas y sociales. Como hay menos burocracia, las estructuras son menos rígidas, lo que reduce el riesgo de corrupción y desperdicio. Por el contrario, si no hay suficiente coordinación, se podrían dar lugar a desequilibrios regionales (algunas comunidades tendrían excedentes y otras carecerían de productos) y, tal vez, dificultarían la toma de decisiones a escalas que superen el nivel local. Y, por supuesto, como con el modelo comunista de Estado, los estados capitalistas enemigos podrían sabotear esta sociedad construida de esta manera.
El anarco-sindicalismo o el anarquismo es una alternativa creíble al colapso capitalista. Tienen la capacidad de escalabilidad e interacción e integración con otros modelos alternativos al capitalismo. Hace hincapié en su flexibilidad organizacional y su ética solidaria. El modelo requeriría herramientas para la democracia directa, mecanismos de coordinación no jerárquicos y una cultura política ecológica y comunitaria.
Se habla más bien de anarcosindicalismo y no de otros modelos anarquistas, como el comunalismo o el municipalismo libertario, porque entendemos que vivimos en una sociedad compleja, en su mayoría urbana y donde hay una enorme diversidad de intereses y funciones en cualquier comunidad que estudiamos. Por lo tanto, el factor productivo debe ser integrado en la ecuación. Una comuna podría gestionar toda la producción por sí misma, pero hasta una cierta escala. Cuando la comunidad es demasiado grande, se hace necesario dividir el trabajo por ramas de la producción o por fases y secciones. Una cooperativa o red de cooperativas podría gestionar una producción a gran escala, como lo demuestra el conocido grupo cooperativo Mondragón, pero quizás sus intereses se alejarían de los intereses generales, como se acusa de este grupo empresarial cooperativo vasco. El sindicato o el consejo de trabajadores es el organismo que falta en esta ecuación. Y como ya tenemos sindicatos trabajando, serán los que gestionen esta parte de la economía hoy dominada por el motivo de lucro privado.
El verdadero desafío es si esto podría crecer lo suficiente antes de que la crisis ecológica y social nos supere.
Los desafíos del comunismo y el anarquismo
Ambas son ideologías y tradiciones políticas socialistas que surgieron en el siglo XIX y alcanzaron su punto máximo en el siglo XX. Ambas tradiciones beben de los comunales, de aquellas sociedades rurales tradicionales desarticuladas por el liberalismo, que terminó siendo mano de obra barata en las fábricas. Todavía existen restos de esas tradiciones comunitarias. También debemos contextualizar que estas tradiciones coexistieron con el surgimiento de las ideas de la Ilustración, una época con grandes aspiraciones para la humanidad. Otro factor que contribuyó a las ideas socialistas fueron los gremios artesanales, también destruidos por el liberalismo a principios del siglo XIX. En su posterior reconstrucción, los gremios dieron lugar a mutualidades y cooperativas. En cada país las tradiciones eran diferentes, pero más o menos tenían estos parámetros mixtos de ser hijas de la Ilustración europea, defender los bienes comunales y tener una artesanía posterior al gremio junto con la necesidad intrínseca del proletariado de organizarse para la defensa de sus condiciones en medio de la explotación despiadada que reinaba en las fábricas.
Ahora volvamos a los desafíos del siglo XXI y evaluemos qué es bueno para cada socialismo.
Como hemos visto, el comunismo de Estado tiene la capacidad de planificar la economía para priorizar las necesidades básicas en contextos de escasez. Se basa en un aparato estatal fuerte, que podría soportar embargos o ataques militares, y el estado centralizado podría reorientar los recursos masivamente, dependiendo de las necesidades estratégicas del estado.
Pero también tiene sus riesgos, y es por eso que en Embat nos alejamos de este modelo, como la excesiva concentración de poder, que degenera en burocracias represivas, dependencia de líderes carismáticos y productivismo insostenible, que rivalizaría con la insostenibilidad del capitalismo mismo. Estos problemas convertirían al comunismo estatista tradicional en un modelo que no se adapte a la actual crisis civilizatoria, en la que la participación de la base es clave.
El anarquismo, por su parte, implica una resiliencia descentralizada. Sus sistemas autogestionados pueden adaptarse a las crisis locales. Además, es más probable que tenga una lógica basada en los ciclos locales y una reciprocidad con la naturaleza. Y, por supuesto, sin un monopolio estatal del poder, la corrupción y la creación de élites es más difícil (pero no imposible). Sin embargo, también reconocemos sus debilidades, como en función de una cultura política cooperativa, algo raro hoy en día que era bastante común en el siglo XIX con aquellas sociedades arraigadas en la tierra y las tradiciones comunitarias. El mayor desafío del modelo anarquista es la escalabilidad y su capacidad para defender su sociedad liberada. No en vano todas nuestras revoluciones han sido derrotadas por las armas.
En consecuencia, el comunismo estatista podría imponer medidas drásticas muy rápidamente, por ejemplo frente a una crisis climática o frente a una invasión externa, pero la población podría verlas como medidas totalitarias, mientras que el anarquismo podría regenerar los ecosistemas desde abajo, pero no habría garantía de coherencia, ya que cada comunidad podría hacer las cosas a su manera o, tal vez, no haría los cambios lo suficientemente rápido. Pero si nos fijamos en el capitalismo de hoy, vemos que también está cargado de burocracia y está sujeto a los grandes grupos de presión que actúan contra cualquier tipo de cambio beneficioso para el planeta o para las personas.
Creemos que podría marcar la diferencia en cuanto a coherencia y velocidad de implementación de cambios sociales drásticos si el modelo que elegimos fuera de tipo anarco-sindicalista, siempre y cuando la mayoría de la población sea miembro de los sindicatos o asociaciones productivas y, por tanto, podríamos suponer que hasta cierto punto estaría impregnada de las formas de funcionamiento de los mismos.
Continuando con las diferencias, el comunismo estatista reemplazaría el capitalismo global por un sistema internacional basado en estados socialistas, algo que tenían entre 1945 y 1990. La tendencia del anarquismo, por otro lado, sería crear economías biorregionales y redes internacionales de áreas liberadas, siguiendo un modelo confederal. Esto chocaría con la actual interdependencia, en nuestro mundo del comercio, las comunicaciones y los intercambios globalizados. En una hipotética sociedad libertaria post-revolucionaria, tal vez no sería muy bien recibido tener que producir casi todo en una escala reducida casi autárticamente. La lógica es que lo que ya se produce de manera eficiente y económica en otros lugares no debería ocurrir en casa siempre y cuando no vulnere factores ambientales, huella ecológica o derechos laborales. Pero esto podría variar si las áreas liberadas son múltiples y se desarrollan en varias partes del mundo lejos unas de otras.
En cuanto a la cultura política, el comunismo requiere que la población siga fielmente las directrices de las instituciones estatales, algo en declive en las sociedades conectadas, diversas y bastante increíbles de nuestro tiempo, a menos que estén adoctrinadas con propaganda, mientras que el anarquismo tiene la oportunidad de encajar con las exigencias de horizontalidad, transparencia y participación, pero al mismo tiempo exigiría un cambio radical en los valores individualistas prevalecientes.
En un escenario de colapso global generalizado, imaginamos que tendrá lugar en pocos años o décadas, lo más probable es que surjan modelos híbridos en línea con la democracia económica que se basarían, por ejemplo, en estructuras comunales de naturaleza local, industria reubicada transmitida a través del anarco-sindicalismo y el cooperativismo, servicios articulados en torno al municipalismo, el cooperativismo y las redes regionales y regionales. Este sistema podría combinarse con instituciones públicas limitadas (municipios, sistema de justicia, transporte, servicios sociales, salud, educación, pensiones, seguridad, defensa...). No podemos proponer una respuesta binaria, ni una ni la otra, ya que la supervivencia probablemente requerirá tomar alternativas complejas, combinando varios modelos, como vivieron las generaciones predecesoras durante la Guerra Civil de 1936-39.
Como hemos dicho, esta podría ser una de las diversas formas que una sociedad liberada tomaría de acuerdo con las tesis libertarias y comunistas. Sin embargo, todo dependerá de la fuerza social que tengamos para imponer nuestro modelo comunitario.
El El gran desafío
La posibilidad de que un modelo alternativo gane terreno en un contexto de desencanto generalizado con los sistemas políticos y económicos actuales depende de varios factores. Estos pasarán por la capacidad de los movimientos populares y el sindicalismo para conectarse con las necesidades inmediatas de la gente, para construir alternativas viables y huir del derrotismo sabiendo cómo comunicar una proyección esperanzadora sin caer en abstracciones.
Hoy vivimos en una crisis de legitimidad del modelo capitalista liberal. Los indicadores económicos y geopolíticos hablan de una creciente desigualdad a pesar de un aumento económico visible en los países del Sur Global. Tenemos una crisis climática sin precedentes. Y en Occidente tenemos un creciente descrédito de los gobiernos y de todo el sistema en general. El populismo es la reacción típica del desencanto. Pero igualmente, este populismo cuando tiene posiciones de gobierno termina repitiéndose en el extractivismo, la desigualdad, la corrupción, el despotismo gubernamental y el desempoderamiento o criminalización de las clases subalternas. El populismo lleva la semilla de su autodestrucción.
Otros factores también convergen a este desencanto, como los de la caída del poder adquisitivo, con el aumento especulativo del precio de los bienes y servicios básicos como la vivienda. Para el Estado español, la política industrial se decide en Bruselas, como ha sucedido con el compromiso actual de rearmar Europa. Los gobiernos nacionales y las grandes empresas están involucrados en estas decisiones estratégicas, pero nunca se pregunta a los sindicatos, que ya han dejado de ser actores relevantes más allá de la negociación de la pre-jubilación y la reubicación del trabajo, y mucho menos la comunidad.
Decimos que un sistema democrático en el que la gente vota con emociones no es viable, y los políticos gobiernan el pensamiento sobre la cartera. Los ciudadanos ven a los gobiernos de un signo u otro como el mal menor, votan sin el más mínimo entusiasmo para que el otro lado no gane. El miedo se radicaliza hacia la derecha y esta desorientación se aprovecha de las opciones de la derecha radical para atraer a nuevas masas descontentas. La reacción está creciendo a veces.
Añadimos que las opciones de la nueva izquierda han tenido su oportunidad y la han desperdiciado: Lula y Dilma en Brasil, Morales en Bolivia, Tsipras en Grecia, Boric en Chile, Petro en Colombia, Iglesias en España... todos los gobiernos progresistas desperdiciaron las esperanzas depositadas en ellos porque no rompieron con la lógica capitalista. Han sido ineptos cuando se trata de impulsar cambios estructurales que realmente benefician a las personas.
Esto y nada más ha creado la base del boom reaccionario de nuestro tiempo. De lo contrario, si el progresismo hubiera cubierto mínimamente las expectativas populares, no habría habido una ola reaccionaria de este tipo, a pesar de que las redes sociales son cooptadas para la reacción más recalcitrante.
Sin embargo, esta crisis de legitimidad es también una oportunidad para la izquierda transformadora o una intención revolucionaria. Necesitamos encontrar una manera de llegar a toda esta población infeliz. Para ello, es necesario ejercer un diálogo desde la diversidad, sin tratar de imponer una “línea correcta”, sino construir puentes entre sindicatos, movimientos sociales, ambientalismo, feminismo, movimiento vecinal, y todos los demás. Es necesario demostrar que el apoyo mutuo es la mejor opción, y que también es la forma más transparente y efectiva de funcionar para garantizar la supervivencia de la vida.
Tienes que concentrarte en lo que puedes ganar y no tanto en lo que puedes perder. Es importante apelar a la esperanza y la ilusión y no al miedo al colapso y al fascismo. Se pueden difundir ejemplos reales para demostrar que no son sueños imposibles. Es inútil permanecer en el sentido de que el sistema actual está funcionando muy mal si no se propaga una alternativa creíble. En este sentido, también es importante celebrar los triunfos. Estas celebraciones refuerzan la identidad colectiva y propagan una imagen positiva de los movimientos populares.
Necesitamos construir alternativas tangibles, donde sea que puedas, en todas partes. Pero estos nuevos proyectos, ya sean alternativos, comunalistas, ecosociales, anarquistas o lo que sea, deberían tener una identidad clara. No sólo deben demostrar el poder de la autogestión en la acción, sino también demostrar que otro mundo es posible aquí y ahora. Esta identidad y este “otro mundo posible” deben estar conectados a lo que sucede en otros lugares y ser considerados parte del mismo movimiento global que en los tiempos de la Primera Internacional o, al menos, como lo hizo la Acción de los Pueblos Globales de finales de los años noventa y principios de los 2000s.
Trabajamos desde la vida cotidiana para conectar con las luchas locales y promover soluciones desde abajo. Las redes de solidaridad, las asambleas populares, los grupos de apoyo mutuo, los sindicatos verdaderamente transformadores sirven para construir confianza y tejido social. Es necesario promover espacios para debatir y conocer nuevos modelos. Es esencial difundir nuevas ideas de manera accesible y todas las dudas deben resolverse y dar espacio para nuevas contribuciones.
Por muy negativo que sea el contexto geopolítico, no podemos perder de vista el hecho de que la historia no termina allí. Por el contrario. Las autonomías están haciendo su camino en contextos de colapso político. Así, la crisis mexicana en los años 90 dio lugar a un movimiento zapatista que controlaba un tercio del territorio de Chiapas. O el desgaste del MAS en Bolivia, durante la última década, ha dado lugar a debates en torno a la autonomía indígena y los modelos postcapitalistas como los descritos anteriormente. O en Siria, en medio de la guerra, floreció la autonomía del noreste del país, o en Libia o Mali la de los pueblos Tuareg y Amazigh.
Hay riesgos graves. - Él lo sabemos. En un contexto de creciente militarización y sofocante control social, será difícil construir redes estables de zonas liberadas sin recibir represión o ataques de algún tipo. Otro riesgo es la cooptación por parte de los partidos o instituciones políticas. Por ejemplo, aceptar financiación o subsidios dificulta el mantenimiento de la autonomía y comprometer la horizontalidad, bajo la premisa de que “quién paga los mandos”. El cooperativismo, el municipalismo o el movimiento de barrio siempre han tenido estas cargas, siendo relativamente fácil de ser cooptado. También existe el peligro de fragmentación y aislamiento. Es por eso que es necesario tener en cuenta en todo momento nuestros objetivos, coordinación regional y confederaciones para crear un cuerpo lo suficientemente voluminoso como para enfrentar el Estado o el capitalismo.
Como dicen, tenemos que actuar localmente y pensar globalmente. Pero tienes que hacerlo ahora. La combinación de una crisis multisistémica y el desencanto generalizado abren ventanas de oportunidad, pero estas no durarán para siempre. Los modelos alternativos deben prosperar, echar raíces en el territorio y considerar un salto en escala. ¡Y tienen que hacerlo en unos años! El desafío es muy grande y está a la altura de los graves problemas de nuestra era




