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Israel asesina a 11 palestinos más en Gaza y destruye la sede de la UNRWA en Jerusalén
22 de gener, per Admin2El último episodio de violencia por parte de Israel en Gaza se saldó, durante el día de ayer, miércoles 21 de enero, con la vida de 11 palestinos, entre los que se encontraban dos niños de 13 años —uno de ellos fue abatido a tiros por soldados israelíes— y tres periodistas que se estaban desplazando por motivos de trabajo. Según el Ministerio de Salud palestino, con estas, ya son 466 las personas asesinadas en Gaza desde que se firmara el alto el fuego, en el mes de octubre.
Un niño de 13 años, asesinado cuando iba a por leña
Mohammed Salah Qashta, Abdul Raouf Shaat —colaborador habitual de la Agencia France-Presse— y Anas Ghneim son los nombres de los tres periodistas, asesinados en su vehículo cuando iban a filmar a un campo de desplazados. En su estrategia de hacer pasar a los periodistas por combatientes de Hamás, Israel asegura que los atacaron porque “operaban un dron afiliado a Hamás”, cosa que representaba una “amenaza” para su “seguridad”.
Según informaciones de la cadena Al-Jazeera, los tres periodistas trabajaban para el Comité Egipcio para el Socorro en Gaza, que supervisa la ayuda egipcia en el enclave. Iban a documentar un campamento de desplazados recién instalado. Según Mohamed Mansour, el portavoz de dicho comité, el vehículo en el que viajaban los periodistas estaba perfectamente identificado. Según las cifras que maneja Reporteros Sin Fronteras (RSF), con ellos ya son casi 220 los periodistas palestinos asesinados en Gaza desde el inicio del genocidio, en octubre de 2023.
En el caso de los menores asesinados, uno de ellos fue alcanzado por un dron mientras se encontraba con su padre; y el otro fue asesinado a tiros por las tropas israelíes. La madre asegura que el niño había salido a por leña para cocinar, según informó France-Presse.
Además de estos asesinatos, en las últimas horas, Israel ha vuelto a atacar Rafah, en el sur de Gaza, y ha violado, una vez más, el alto el fuego y el derecho internacional. Además, continúa restringiendo la entrada de la ayuda humanitaria para los 2,2 millones de gazatíes en la Franja, que malviven en tiendas de campaña y sin los productos básicos necesarios.
La sede de la UNRWA en Jerusalén, reducida a escombros
En Cisjordania, el martes empezaron los trabajos de demolición de la sede de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, la UNRWA, situada en Jerusalén Este y en desuso desde hace año. Israel prohibió operar a la UNRWA a principios de 2025; fue entonces cuando canceló decenas de visados de personal humanitario internacional que trabajaba en la organización y les obligó a salir del territorio. Muchos de estos trabajadores y trabajadoras se instalaron en Jordania para continuar trabajando desde allí.
Junto a las excavadoras se presentó el ministro ultra de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, una de las caras más visibles y extremistas del Gobierno de Netanyahu. Dijo que se trataba de un día “histórico”; mientras que desde la organización advertían del precedente que significaba este acto mucho más que simbólico. La demolición del complejo es otra más de las violaciones del derecho internacional por parte del Estado de Israel; ya que este terreno “fue arrendado al Gobierno de Jordania en 1952”, dijo Philippe Lazzarini, comisionado general de la UNRWA, para desmentir el argumento israelí, por el cual aseguran que ese terreno les pertenece.
Desde los albores de la ocupación israelí en Palestina, pero más intensamente desde octubre de 2023, Israel ha puesto en el punto de mira a todas las organizaciones que trabajan en el terreno para asistir a la población palestina. Para intentar acabar con su trabajo y borrar todo rastro, recientemente ha prohibido que unas 37 organizaciones humanitarias internacionales operen en terreno. Para ello les ha revocado las licencias bajo el pretexto de que no cumplen con las regulaciones que se les exigen. Una de las demandas del Gobierno israelí es que las organizaciones proporcionen datos personales y financieros de las personas que trabajan en las organizaciones, algo que quebranta la ley.
Este material se comparte con autorización de El Salto
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Davos y el feudalismo-corporativo siglo XXI
22 de gener, per Admin2¿Quién decide qué pueblos sobran y qué territorios son sacrificables? En Davos se reúne una élite que concentra poder y riqueza administrando guerras, genocidios, desigualdad extrema y catástrofe climática. No es gobernanza global, es feudalismo corporativo. Occidente colapsa; las resistencias del Sur Global siguen vivas.

Administrando el colapso
Algo ya es evidente, esta cumbre no busca transformar las causas estructurales de la crisis global, sino asegurar que sus costos recaigan, una vez más, sobre los pueblos, los territorios y los ecosistemas del Sur Global, mientras se preservan los privilegios de una minoría transnacional.
Davos no intenta evitar el colapso civilizatorio en curso, sino administrarlo. El orden que allí se reproduce puede entenderse como una forma avanzada de feudalismo corporativo, en la que corporaciones, fondos financieros y milmillonarios concentran tierras, datos, recursos y poder político, mientras los Estados se degradan a meros administradores y las mayorías sociales son despojadas de derechos, autonomía, futuro y felicidad.
Cada año, la Reunión Anual del Foro Económico Mundial (WEF) en Davos congrega a jefes de Estado, altos funcionarios, directivos de corporaciones transnacionales y a una fracción ínfima, pero obscenamente poderosa, de los seres humanos más ricos del planeta. Davos es uno de los principales espacios donde se define la arquitectura del poder global occidental y se trazan estrategias económicas, geopolíticas y tecnológicas que luego se traducen en políticas públicas, guerras comerciales, endeudamiento estructural, extractivismo y disciplinamiento social a escala planetaria.
La edición 2026 se celebra en un momento histórico particularmente convulso, el mundo presencia un genocidio impune, la expansión de guerras abiertas y encubiertas, y el declive acelerado de Occidente y de la hegemonía estadounidense quien ahora acude a la ruptura de los basamentos normativos internacionales, a respuestas cada vez más agresivas, autoritarias y fascistas. Para Nuestra América, este escenario no es abstracto, la reactivación de una Doctrina Monroe ahora Donroe, recargada, neocolonial y racista, la cual se traduce en amenazas directas a la soberanía, la autodeterminación y la vida de los pueblos.
En este contexto de militarización global, crisis civilizatoria y catástrofe climática, esas élites responsables de buena parte de la barbarie contemporánea vuelven a reunirse en los Alpes suizos para trazar la hoja de ruta del mundo próximo. Tal vez para “gestionar riesgos”, tal vez para decidir, con frialdad tecnocrática, qué territorios, pueblos y ecosistemas son hoy sacrificables.
Los recientes informes Global Risks Report 2026, publicado por el WEF en la antesala de Davos, en diálogo directo con otros documentos igualmente alarmantes, el Global Climate Highlights 2025 del Servicio de Cambio Climático de Copernicus; el informe sobre desigualdad extrema elaborado para el G20 bajo liderazgo de Joseph E. Stiglitz; y el informe de Oxfam 2026 “Contra el imperio de los más ricos”.
Radiografía de un cáncer planetario
Bajo el subtítulo “La era de la competición”, el Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial describe un mundo fragmentado, polarizado y “al borde de un precipicio”. Según su propia Encuesta de Percepción de Riesgos (GRPS 2025–2026), el 50 % de las élites consultadas prevé un escenario global “turbulento o tormentoso” entre 2026 y 2028, cifra que asciende al 57 % hacia 2036, mientras apenas un 1 % imagina un futuro estable. La incertidumbre deja de ser coyuntural y se consolida como condición estructural del capitalismo en crisis. Sin embargo, las respuestas que propone el informe permanecen atrapadas en la misma lógica que ha producido el desastre, no hay ruptura, solo ajuste.
El riesgo inmediato más señalado para 2026 es la confrontación geoeconómica, incluso por encima del conflicto armado entre Estados. Este desplazamiento no implica menos violencia, sino su transformación, sanciones, bloqueos financieros, control tecnológico, militarización de cadenas de suministro y coerción monetaria se consolidan como armas centrales de la guerra contemporánea.
Para el Sur Global, esta dinámica termina siendo una estructura permanente de vulnerabilidad que impone alineamientos forzados y profundiza la dependencia.
En el plano económico, el propio WEF anticipa un “ajuste de cuentas” marcado por inflación persistente, riesgo de recesión, burbujas financieras y niveles récord de endeudamiento. Lo que el informe evita politizar es que estos ajustes nunca son socialmente neutros. Históricamente, las crisis del capitalismo global se resuelven mediante transferencias masivas de costos hacia las clases trabajadoras, los pueblos empobrecidos, las economías periféricas y la Madre Tierra.
La desigualdad, reconocida por el propio WEF como el “riesgo más interconectado de la próxima década”, constituye el eje estructural de este orden. El informe presentado ante el G20 a finales de 2025 es contundente, el 10 % más rico del planeta concentra cerca del 76 % de la riqueza global, mientras el 50 % más pobre posee menos del 2 %. Esta desigualdad extrema no es accidental; es el resultado de decisiones políticas deliberadas, desregulación, regresividad fiscal y debilitamiento sindical, que, socava tanto la democracia como la capacidad colectiva para enfrentar la crisis climática.
El informe de Oxfam 2026 lleva esta radiografía al límite de lo obsceno. En 2025, la riqueza de los milmillonarios creció más de 16 %, alcanzando los 18.3 billones de dólares, mientras casi la mitad de la humanidad vive en pobreza y una de cada cuatro personas carece de acceso garantizado a alimentos. Desde 2020, esta élite incrementó su fortuna en 81 %. Es un sistema diseñado para transferir riqueza hacia arriba y para acelerarlo se requieren contextos de guerra, pandemia y colapso climático. Esta concentración extrema se traduce, además, en concentración de poder político, mediático y simbólico, una expresión clara del feudalismo corporativo contemporáneo.
A esta obscenidad se suma la negligencia moral frente a la catástrofe climática. El Global Climate Highlights 2025 confirma que el promedio de temperatura global del período 2023–2025 superó por primera vez el umbral de 1.5 °C y que el 91 % del planeta registró temperaturas por encima del promedio histórico. Los océanos, principales reguladores térmicos, alcanzan niveles críticos de saturación. Pese a ello, los riesgos ambientales son relegados en el corto plazo por las élites económicas. No se trata de ignorancia, sino de una decisión política que prioriza la estabilidad del capital por sobre la vida.
De la desesperanza a la potencia de lo posible
El WEF define el presente como una “multipolaridad sin multilateralismo”. Para el Sur Global, lejos de abrir horizontes emancipadores, esto consolida su lugar como zona de sacrificio, proveedor de materias primas, laboratorio de ajuste y frontera extractiva. La conclusión es clara, el problema no es la mala gestión del riesgo, sino un modelo civilizatorio agotado.
Lo que colapsa no es la humanidad, sino Occidente como proyecto histórico de dominación. Frente a ello, los pueblos originarios, campesinos, comunidades afrodescendientes, la clase trabajadora y sectores urbanos conscientes continúan resistiendo y construyendo alternativas para la vida.
Insistir en las mismas ruta de accion esperando resultados distintos es una forma de locura, la salida no vendrá de Davos ni de Occidente, sino de los territorios, de la organización popular, la soberanía colectiva, la justicia climática y la redistribución radical de la riqueza.
No se trata de hacer el colapso más “resiliente”, sino de detenerlo y superarlo. Frente a un sistema que concentra el poder y administra la catástrofe, la alternativa no puede ser meramente técnica ni adaptativa, es profundamente política. La insurgencia de los pueblos, se vuelve un imperativo histórico, pues el “orden” vigente es, en sí mismo, la desgracia. La transformación real no solo es necesaria, es inaplazable, está en juego la propia continuidad de la vida y la dignidad colectiva.
Referencias bibliográficas:
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Copernicus Climate Change Service. (enero de 2026). Global Climate Highlights 2025. Obtenido de Copernicus Climate Change Service: https://climate.copernicus.eu/global-climate-highlights-2025
G20. (noviembre de 2025). World Inequality Report 2026. Obtenido de G20 Independent Experts Group (incluyendo a Joseph E. Stiglitz).: https://wir2026.wid.world/
OXFAM. (19 de enero de 2026). Contra el imperio de los más ricos. Obtenido de OXFAM: https://oxfam.mx/wp-content/uploads/OxfamGlobal_InformeDavos2026_ContraElImperioDeLosMasRicos.pdf
World Economic Forum. (enero de 2026). Global Risks Report 2026. World Economic Forum. Obtenido de World Economic Forum.: https://es.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/-
*Docente investigador universidad de san buenaventura Medellín, integrante grupo de investigación y Editorial Kavilando y red interuniversitaria por la paz -REDIPAZ- Colombia. Alfonso.insuasty@gmail.com