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Autogobiernos y Descolonialidad como Horizonte de sentido
16 de desembre de 2025, per Admin2Las tenazas de la colonialidad del poder y saber, vía la cooptación, criminalidad y la represión, aceleran la ofensiva de descomposición de derechos e imaginarios populares, y entre ellos, de los pueblos originarios. Al profundizarse el racismo, patriarcado y depredación, es inevitable la respuesta de auto protección popular a través de diversas formas de autogobierno social territorial. Sigue una aproximación sobre este horizonte de sentido o imaginario emancipatorio, que no es un “modelo” ni “teoría” cerrada.
No aislable a lo “étnico” o “identitario”
Se trata de procesos muy dinámicos en pueblos originarios (Chiapas, Cherán Keri, Wampís, Kaapor, etc), pero también emergen en procesos urbanos (Acapatzingo en Mexico DF, Kitu Kara en Ecuador, CUAVES en los años 80, etc) y en movimientos sociales anti raciales y autonomistas, no solo del Abya Yala, sino también en otros continentes (Okupas, Christiania, etc). Además, alimentan y se traducen en “nuevas teorías para nuevos movimientos” como los aportados por Aníbal Quijano, Rita Segato, Raúl Zibechi, Pablo Quintero, entre otros. Contienen un factor étnico e identitario, pero rebasan lo “cultural” ya que confrontan con la agresión del poder moderno/colonial en la racialización, trabajo, género, subjetividad, imaginarios, epistemes, naturaleza o autoridad pública.
Inter aprendizajes local-globales
No se trata de un proceso aislado, “exótico” o “marginal”. Son demandas y ejercicios “de hecho” (y también de “derecho”) de otro tipo de autoridad colectiva social no estatal, que corre paralela a la crisis de civilización, la catástrofe climática, la crisis de los Estados “uni-nacionales” y “uni-culturales”, las democracias fallidas, y la descomposición del estatalismo eurocéntrico.
Son respuestas sociales y no solo “rurales”. Tampoco transitan aisladas sino que interactúan globalmente, aprendiendo de sus elementos comunes y debatiendo las diferenciaciones. No son, ni pueden ni deben ser “modelos” ni menos aún dogmas, sino que transcurren como horizontes de nuevos sentidos, con diversos caminos y formas de autogobiernos, como las tempranas de los Guna Yala (1925, Panamá) y en las décadas siguientes del siglo pasado por los Miskitos y demás pueblos de la Costa Atlántica de Nicaragua; los Inuit en Groenlandia/Dinamarca en el círculo polar Artico; el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en Colombia, y de los Tsotzil, Tseltal y otros pueblos de Chiapas. Que continúa hasta el presente en las autonomías de los Purépecha en Cherán Keri (2011, Mexico); la Nación Wampís (2015) y Awajun (2021) en el Perú; de los Qhara Qhara y Charagua Iyambae en Bolivia; los Ka’apor y Munduruku en Brasil.
Autogobierno, no secesionismo
Los objetivos y sustento jurídico y político de las autonomías originarias están basados en compromisos internacionales como el Convenio 169 OIT (arts.6, 7, 13, 14), Declaración de Naciones Unidas de Derechos de los Pueblos Indígenas (arts.3, 4, 9, 26), jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (sentencias Awas Tingni del 31/08/2001, Garífuna, Yakye Axa del 17/06/2005, Pueblo Saramaka del 28/02/2007,) y la Declaración Americana sobre Derechos Indígenas (art. 25).
Es autogobierno interno, dentro de sus territorios, y de acuerdo con la cultura, historia y procesos de cada pueblo. Las principales organizaciones originarias aceptaron el art. 46 de la Declaración ONU de derechos indígenas de que “nada se interpretará para quebrantar o menoscabar la integridad territorial o la unidad política de los Estados”. Porque su horizonte no es generar nuevos pedazos estatales de verticalidad. Entonces, el argumento de secesión, es falso, y ocurre por ignorancia, prejuicio o pretexto de ciertos empresarios y tecnócratas estatales para facilitar el despojo extractivista que exige dictadura represiva.
Y surgen precisiones. En la amazonía del Perú, la Nación Wampís cuenta con un “protocolo de relacionamiento con el Estado” de mutuo respeto, en el marco constitucional nacional y para la construcción conjunta de políticas sociales. En la periferia urbana en Ecuador, el autogobierno Kitu Kara estableció su camino de “En, Con o Contra el Estado” donde según las circunstancias, estarán trabajando, unas veces dentro del Estado, en otras en conjunto y cuando sea requerido, en contra de lo que atente a sus derechos.
Territorialidad, Titularidad y Autogobierno
El proceso autonómico es al ritmo y camino de cada pueblo aunque podría señalarse algunas dimensiones generales, solo analíticas. Incluye recuperar la unificación de cada pueblo, superando su partición en pedazos comunales, aldeas o poblados. Recuperar la memoria y saberes de la ocupación territorial ancestral, y consensuar sus fronteras con los pueblos colindantes. Construir la sustentación histórica, ecológica, jurídica. georreferenciadas y de auto zonificación, para notificar a las autoridades estatales, para que sean excluidas las operaciones extractivistas.
Recuperar la personería o personalidad jurídica originaria, ya que no se ha respetado la institucionalidad colectiva propia de cada pueblo, sino que se le ha partido en personerías de múltiples fracciones comunales, y encima con burocráticos procedimientos registrales como cualquier asociación civil urbana. Se trata del reconocimiento jurídico estatal de la integralidad de cada pueblo originario.
Complementar con el Estatuto del autogobierno, donde se sintetiza la historia de cada pueblo, cosmovisión, delimitación territorial, estructura de la autoridad colectiva, relaciones con las “bondades naturales” (al decir Wampís) así como las visiones de educación, salud y justicia propias, participación de los sabios, sabias, mujeres y jóvenes, la relación con los poblados de migrantes y las áreas naturales protegidas estatales. Continúa y evoluciona con la adopción de resoluciones del gobierno territorial de profundización estatutaria y normativa de la vida de cada Pueblo.
Autogobiernos y descolonialidad del poder
Hay una relación estrecha entre las autonomías y las transformaciones en la sociedad y en el Estado “uni-nacional”. La territorialidad integral del suelo, subsuelo y vuelo forestal, junto con la personalidad jurídico-política colectiva del Pueblo/Nación originario y el respeto a la autoridad colectiva social del autogobierno territorial, implican el auto reconocimiento de que somos sociedades plurinacionales (y no solo “pluriculturales”) y la necesaria transformación hacia Estados Plurinacionales, con mecanismos de socialización del poder y democracia radical social.
Las experiencias frustradas de cambios sociales en Bolivia (Morales), Ecuador (Correa), Venezuela (Maduro), Nicaragua (Ortega), entre otras, indica que no basta con “incluir” esta visión dentro del mismo tipo de Estado, porque la colonialidad del poder sigue actuando en la sociedad y en el Estado. La vigencia de las autonomías, implica construcciones (y conflictos) de largo plazo, y su continuidad se garantiza con capacidad popular para ejercer su autogobierno cotidiano de “hecho”. Los autogobiernos territoriales y las autonomías sociales aportan a la descolonialidad del poder y del saber, de sus sociedades nacionales, y éstas a su vez, tienen su anclaje mayor en esos autogobiernos territoriales. Procesos que podrán ser reprimidos, desviados y hasta derrotados, pero llegaron para quedarse, y regresarán una y otra vez, porque son horizontes de sentido para seguir caminando en tiempos oscuros.
(*) Sociólogo, colaborador de pueblos originarios y miembro de la Red Descolonialidad y Autogobierno https://plataformadeautogobierno.org/ https://www.facebook.com/descolonialidad *