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“Infancias huérfanas”: una realidad invisible que vive Juchitán, Oaxaca
30 d’abril, per AuriOaxaca.- María tenía 5 meses de edad y Juan 2 años de edad cuando mataron en el 2016 a su padre Francisco Javier. Desde entonces, su madre Jesy de 31 años de edad, y sus abuelos han sido los encargados de su crianza. Historias como la de esta familia son una realidad invisible en Juchitán, Oaxaca donde la orfandad infantil derivada del crimen organizado crece sin estadísticas ni datos oficiales.
Era una noche de octubre, cuando Jesy recibió la noticia de que habían matado a su esposo. Ella tenía 21 años, era muy joven aún. Cargaba en brazos a su pequeña María cuando llegó a la escena del crimen y lo vio lleno de balas, es algo que no olvidará jamás.
Los días transcurrieron y no concibe lo sucedido, y cada vez se preguntaba: ¿De qué voy a vivir?. Ella no trabajaba, el sustento de la casa era su esposo y ya no estaba.
Han pasado 10 años y aunque ya no hay lágrimas, la herida sigue abierta confiesa Jesy, quién aprendió de estilismo para criar a sus hijos. Hoy es una mujer autónoma, que con la ayuda de sus padres logró criarlos en un contexto sano y lleno de libros.
“Mis hijos no saben que mataron a su padre, y eso es doloroso. Sólo les he dicho que falleció cuando ellos eran muy pequeños. Ninguno se acuerda de él. En la escuela luego les preguntan mucho porque no tienen padre. Otros les cuestionan, porque su papá no pasa a recogerlos, es una realidad que no podemos evitar, y duele, porque no hay respuestas”, cuenta.
Agrega, que criar en la orfandad es una sobrevivencia diaria, porque eres tú sola contra el mundo, te llegan los recuerdos, maldices también y tienes que salir adelante, pues los hijos no te preguntan sí tienes o no, ellos comen, se visten, van a la escuela y son niñas y niños en crecimiento.
“Yo, no sé qué haría sin mis padres, ellos fueron quienes me sostuvieron, y siguen sosteniéndome, porque para las autoridades ni siquiera estadísticas somos, cuándo la realidad es que sí somos victimas indirectas de toda esta violencia”, asegura.
También reconoce, que el daño emocional es fuerte. En su caso, concebir que se había quedado sola y criar a dos menores de edad le costó depresión, ansiedad y estrés postraumático.
“El que te maten a tu esposo, y te quedes a la crianza de la noche a la mañana no es nada fácil, o al menos para mi no lo ha sido, y más cuando te das cuenta que la violencia no se detiene, los homicidios, y bueno, también los feminicidios siguen”, agrega.
Confiesa que la ayuda psicológica la salvó, pues al caer en depresión, todo se olvidó para ella, inclusive sus hijos.
Señala, que su propuesta como víctima colateral, cómo mujer autónoma y con hijos huérfanos de padre, es que exista atención desde la raíz, es decir, que las mujeres sientan el acompañamiento, la contención psicológica, que existan círculos y redes de apoyo entre mujeres, porque sólo así una no se siente sola y abandonada.
“Cuando matan a un hombre y vemos en la escena del crimen que llegan los familiares, la esposa y los hijos, de inmediato imagino que esa mujer y los menores requieren de muchos abrazos, de mucha armonía, de un contexto seguro, pero difícilmente lo hay, creo que eso le falta al estado colaborar, crear espacios sanos para esos niños que perdieron y les arrebataron a su papá o mamá, urge esas atenciones”, reafirma.

La historia sigue repitiéndose
Y es que la violencia no cesa en esta ciudad oaxaqueña. El año pasado -2025- registró 88 homicidios dolosos, y en lo que va del 2026, suman más de 40 crímenes, sin que los operativos de justicia o los programas de seguridad, como “Juchitán Seguro” implementadas por las autoridades detengan las agresiones violentas.
Luis de 12 años de edad también es huérfano. A su padre lo mataron el año pasado mientras manejaba una mototaxi. El y su madre emigraron, y desde una ciudad, que por seguridad omitieron su nombre, han tratado de reconstruir su vida lejos de sus seres queridos, pues aseguran que vivir en Juchitán, Oaxaca- considerada la quinta ciudad más violenta del país- ya no es vida.
“Allá yo vendía antojitos tradicional, pero tuvimos que salir, porque mi hijo le afectaba ver a las mototaxis, saber de la inseguridad, ver por las redes sociales, que ya habían matado a otra persona, y así sucesivamente, todos estos hechos me hicieron emigrar, y no debería, pero no hay apoyo del estado, mataron a mi esposo y ahí dejé de existir, al contrario me juzgaron y demás”, señala.
Martha, quién ha buscado un refugio seguro para ella y su hijo confiesa, que los daños han sido fuertes, su hijo vive en constante estrés, ansiedad, y también depresión, duerme poco y tiene deseos de venganza, pero con la ayuda psiquiátrica y emocional ha podido sobrevivir.
“Acá ya no vivimos, sobrevivimos, pero también reconozco que salirme de Juchitán ha sido lo mejor, allá mi hijo quién sabe dónde andaría, porque las amistades, la zona donde vivimos, que es la novena sección cuenta también, ahí han asesinado a muchas personas”, dice.

No nos cuentan
A pesar de qué en Oaxaca, se han impulsado reformas para crear un registro estatal de niños y adolescentes en orfandad por el asesinato de sus padres, tal y como lo indica la Ley Estatal de Victimas, la realidad es que ni María, ni Juan ni Luis tienen y ni han tenido un acompañamiento psicosocial ni económica del estado, por ser victimas indirectas.
En entrevista con Eduardo Vila, Comisionado Estatal de Víctimas del Estado de Oaxaca, reconoce que no hay un programa de seguimiento de atención a las infancias en orfandad, y actualmente lo están realizando de manera conjunta con dependencias del estado como la Secretaria de la Mujer es crear un registro de hijas e hijos víctimas de feminicidios en la entidad, y brindarles ayuda.
Datos de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) detallan que en la entidad, hasta el 2021 había 39 menores de edad considerados como víctimas indirectas de feminicidio, de los cuales, 20 son hombres y 19, mujeres, sin embargo, en la actualidad no hay cifras actualizadas ni tampoco un apoyo integral para las infancias huérfanas.

La prevención ante la violencia extrema que viven las infancias
Ansiedad, depresión, insomnio, falta de apetito, irá, bajo rendimiento escolar y comportamientos agresivos son algunos de los síntomas que viven las infancias como víctimas indirectas, asegura Claudia Valeria Hernández Esteva, coordinadora del Centro de Atención a la Mujer Istmeña (CAMI).
Cómo experta en el tema de la contención y acompañamiento a víctimas de la violencia asegura que las niñas y los niños están cada vez más conviviendo con contextos violentos, lo cual es un factor de riesgo social.
Apenas, hace quince días, las autoridades de justicia de Oaxaca informaron que en Juchitán, las niñas, niños y adolescentes han sido reclutados por el crimen organizado para participar en tareas como halconeo, venta de drogas, sicariato, o cuidado de casas de seguridad.
Cómo coordinadora del CAMI señala que sí han brindado acompañamiento psicológico a hijas e hijos de padres que han sido asesinados, y su realidad es de extrema violencia.
A la semana, unas 40 personas, entre mujeres e infantes visitan este espacio de acompañamiento legal y terapéutico, y la respuesta es que están viviendo violencia desde física, psicológica y sexual.
“Las madres llegan con sus hijos diciendo que tienen bajo rendimiento escolar, y cuando descubrimos la raiz, es violencia, entonces vamos entendiendo que muchas y muchos de ellos son huerfanos de padres y otros de violencia sexual o bullying escolar, muchas veces las mamás trabajan y son las abuelas las que los crían, entonces es un circulo de la violencia que sigue imperando”, asegura.
En el CAMI el servicio que se brinda es integral, desde trabajo social, acompañamiento psicológico y legal, y no solo para la sociedad de Juchitán, Oaxaca si no de pueblos y comunidades vecinas.
Claudia reconoce que la única alternativa para detener la violencia, es la prevención, y por eso han recorrido y siguen visitando escuelas, firmando convenios de colaboración, para hacer entender a las y los menores que la violencia simplemente destruye familias y sociedades.
“Hemos normalizado la violencia, y en efecto, no hay una estadística de las y los niños que viven la orfandad, es una situación que es real en nuestro Juchitán, y para cambiarlo, solo una sociedad organizada y qué en verdad piense, que nuestras infancias ya no son el futuro, si no el presente”, concluye.
Publicado originalmente en Istmo Press
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Niñez indígena vive «entre la pobreza, la exclusión y la discriminación»: CSIM
30 d’abril, per Admin2Ciudad de México | Desinformémonos. «Contrario al discurso oficial, pese a los múltiples actos y celebraciones que realizan el día de hoy todos los niveles de gobierno y con independencia del partido político que ocupa la administración pública, la niñez indígena continúa viviendo entre la pobreza, la exclusión y la discriminación», señaló el Consejo Supremo Indígena de Michoacán (CSIM), con motivo del Día de las Infancias en México.
«No tenemos nada que celebrar, ni mucho menos nada que aplaudir», aseguró el Consejo en pronunciamiento, en el que recordó que 84.8 por ciento de la población indígena de entre tres y 17 años vive en situación de pobreza; y que 47.9 por ciento de la niñez indígena vive en situación de pobreza extrema, de acuerdo a los datos oficiales incluidos en el informe Pobreza Multidimensional 2016-2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Además, enfatizó que con base en los mismos datos 36.1 por ciento de las niñas y niños indígenas viven en situación de carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad; que 21.8 por ciento de la población indígena menores de edad vive en situación de rezago educativo; y que 55.5 por ciento de la infancia indígena vive en situación de carencia por acceso a servicio de salud, mientras que 40.5 por ciento vive en situación de carencia por calidad y espacios de vivienda.
Entre las desigualdades que atraviesan las infancias indígenas, el CSIM incluyó el rezago en la escolaridad, pues el promedio para hablantes de una lengua indígena es de 6.3 años. De acuerdo con el Estudio Diagnóstico del Derecho a la Educación 2024, 46.4 por ciento de la niñez indígena no concluye la educación básica, y sólo el 9.4 por ciento de los jóvenes indígenas pueden iniciar el nivel medio superior y superior, mientras que 60.5 por ciento de la población indígena comienza su vida laboral a partir de los 12 años, de acuerdo con los datos de El Mundo Indígena 2025.
«En este contexto, el presupuesto para fortalecer las políticas públicas dirigidas a la niñez indígena, en lugar de incrementar, decrecen, como lo ejemplifica la reducción del monto asignado al “Programa de Apoyo a la Educación Indígena” del ramo Entidades no sectorizadas, que sufrió un recorte de 22 por ciento en el Anexo Transversal de Recursos para la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes del Presupuesto de Egresos de la Federación entre 2025 y 2026», denunció el Consejo.
Las autoridades del Consejo indicaron que los pueblos y comunidades originarias tienen la responsabilidad de luchar por la niñez, que representa, explicaron, «nuestra raíz ancestral, la semilla cultural, la esperanza colectiva y el fuego de nuestros pueblos».
«Sueñen en grande niñas y niños indígenas que nuestro presente es de lucha, para que ustedes levanten las banderas de las futuras victorias», concluyó el CSIM.
A continuación el comunicado completo:
AL GOBIERNO DE LA REPÚBLICA Y DE MICHOACÁN
A LOS PUEBLOS Y COMUNIDADES ORIGINARIAS
AL PUEBLO DE MÉXICO Y DE MICHOACÁN
A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Comunidades indígenas y afromexicanas de Michoacán a 30 de abril de 2026.
K´eri Kunkorhekua Iretecheri, el Consejo Supremo Indígena de Michoacán #CSIM, consejo autónomo e independiente de gobiernos, partidos políticos e instituciones religiosas, constituido por autoridades tradicionales de 80 comunidades de los Pueblos P’urhépecha, Otomí o Hñahñú, Matlazinca o Pirinda, Mazahuas, Nahuas y Afromexicanos, manifestamos colectivamente lo siguiente:
Contrario al discurso oficial, pese a los múltiples actos y celebraciones que realizan el día de hoy todos los niveles de gobierno y con independencia del partido político que ocupa la administración pública, la niñez indígena continúa viviendo entre la pobreza, la exclusión y la discriminación, no tenemos nada que celebrar, ni mucho menos nada que aplaudir.
En México, de acuerdo con su cultura, se autoidentifican 3.8 millones de personas de 3 a 11 años, como indígenas (Fuente: Cuestionario Ampliado del Censo de Población y Vivienda 2020 / INEGI), de las cuales, 1 millón es hablante de algún idioma indígena y 280 mil no hablan castellano o español.
En nuestro país, el 84.8% de la población indígena de 3 a 17 años, vive en situación de pobreza; el 47.9% de la niñez indígena vive en situación de pobreza extrema; el 36.1% de las niñas y niños indígenas viven en situación de carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad; el 21.8% de la población indígena menores de edad, viven en situación de rezago educativo; el 55.5% de la infancia indígena vive en situación de carencia por acceso a servicio de salud y el 40.5% de la población infantil indígena vive en situación de carencia por calidad y espacios de vivienda (Pobreza Multidimensional 2016-2024/ INEGI).
El promedio de la escolaridad para hablantes de una lengua indígena es de 6.3 años; el 46,4 % de la niñez indígena no concluye la educación básica, y apenas el 9,4% de los jóvenes indígenas pueden iniciar el nivel medio superior y superior (Estudio Diagnóstico del Derecho a la Educación 2024 / CONEVAL); por otro lado, el 60,5 % de la población indígena comienza su vida laboral a partir de los 12 años (El Mundo Indígena 2025 / IWGIA).
En este contexto, el presupuesto para fortalecer las políticas públicas dirigidas a la niñez indígena, en lugar de incrementar, decrecen, como lo ejemplifica la reducción del monto asignado al “Programa de Apoyo a la Educación Indígena” del ramo Entidades no sectorizadas, que sufrió un recorte de 22% en el Anexo Transversal de Recursos para la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes del Presupuesto de Egresos de la Federación entre 2025 y 2026 (Situación de los derechos de la infancia y adolescencia indígena en México /REDIM).
Los pueblos y comunidades originarias tenemos la responsabilidad de luchar por nuestra niñez, misma que representa nuestra raíz ancestral, la semilla cultural, la esperanza colectiva y el fuego de nuestros pueblos “Sueñen en grande niñas y niños indígenas que nuestro presente es de lucha, para que ustedes levanten las banderas de las futuras victorias»
Consejo Supremo Indígena de Michoacán #CSIM
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Con 200 policías, desalojan a familias de edificio en la Narvarte
30 d’abril, per Admin2Ciudad de México | Desinformémonos. Con un operativo que contó con alrededor de 200 policías capitalinos, autoridades del gobierno de la Ciudad de México desalojaron un edificio habitacional en la colonia Narvarte, sin permitir que las familias recogieran sus pertenencias y sin informar sobre su reubicación.
Durante el desalojo, las familias acomodaron muebles, ropa y otros objetos en la banqueta, mientras los policías mantenían el cerco en el predio, ubicado en avenida Cuauhtémoc, esquina con la calle Esperanza, para evitar el ingreso. El Frente Anti-Gentrificación Ciudad de México denunció el desalojo en redes sociales y advirtió que se trata de un caso más de la “mafia inmobiliaria”.
Un nuevo desalojo en Av. Cuauhtémoc 508 en la #Narvarte Las familias no pudieron sacar nada de sus pertenencias.#MafiaInmobiliaria pic.twitter.com/lQFxpGJBee
— Frente Anti-Gentrificación CDMX (@antigentricdmx) April 29, 2026<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>Tras el operativo, las autoridades colocaron sellos de aseguramiento del edificio, sin informar a los habitantes sobre su situación legal y si podrían recuperar parte de sus bienes y sin ofrecer alguna alternativa habitacional para reubicarse.
El operativo fue realizado la mañana del miércoles en el número 508 de la avenida Cuauhtémoc, en la alcaldía Benito Juárez, en cumplimiento de una orden judicial impulsada por el propietario del inmueble, del que reclamó que presuntamente se encontraba invadido por personas desconocidas.
El desalojo contó con un despliegue de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), en coordinación con efectivos de la Policía de Investigación y personal de la Secretaría de Gobierno.
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Imparten talleres de creación audiovisual en bachilleratos comunitarios de Oaxaca
30 d’abril, per Admin2Cae la tarde en la comunidad de Santa Cruz Mixtepec, en la mixteca oaxaqueña. Frente a la pantalla, que se dispuso con sillas y equipo de sonido para la ocasión, jóvenes de distintas comunidades de Oaxaca se reúnen para proyectar varias producciones audiovisuales que han realizado ellxs mismxs de la mano de la Red de Defensoras y Defensores Comunitarios de los Pueblos de Oaxaca (REDECOM). El encuentro de Bachilleratos Comunitarios Maristas es el escenario perfecto para que las y los jóvenes compartan los resultados de los Talleres de Creación Audiovisual, donde aprenden el proceso para realizar contenido audiovisual, desde pensar la historia que van a contar, discutir la planificación en grupo y finalmente grabar imágenes y sonidos, actuar, hacer animaciones, música y voces.
Los Talleres de Creación Audiovisual son un esfuerzo de la REDECOM en el marco de la campaña “La justicia ambiental no puede esperar”, que tiene como objetivo generar conciencia sobre las afectaciones del cambio climático en nuestros entornos y ecosistemas y narrar acciones y propuestas de las comunidades de Oaxaca para hacer frente a la crisis climática. En estos encuentros, donde hicimos los materiales que fueron proyectados en Mixtepec, lxs jóvenes estudiantes narraron historias sobre los orígenes de sus comunidades, muchas de ellas asociadas a los cuerpos de agua. Por ejemplo, en la comunidad de San Pedro Mártir Quiechapa, que en zapoteco significa “mujer de piedra”, el grupo nos cuenta la historia de una muchacha que se convierte en piedra por un amor imposible, sus lágrimas son el origen del río que alimenta al pueblo desde la parte alta de la montaña.
En el bachillerato de San Felipe Zihualtepec, jóvenes de Nuevo Ixcatlán representaron los pedimentos al nacimiento de agua de la comunidad. Es tradición que las personas se acercan a las aguas con fe, para pedir la solución de problemas de salud o solicitar favores. En el mismo bachillerato, originarios de San José Río Manzo, contaron cómo el río Tesechoacán se llena de visitantes en la temporada de Semana Santa, que van a compartir botanas y aprovechar el período vacacional mientras se refrescan en las aguas del río, que atraviesa esta comunidad de la región del Papaloapan.
Las historias de lxs jóvenes ejemplifican la cercanía de las comunidades con los cuerpos de agua, fuente vital para un estado multicultural y geográficamente diverso como Oaxaca. La disponibilidad, cantidad y calidad del agua son un tema emergente, que si bien es de mayor gravedad en los asentamientos más poblados, comienza a ser una preocupación generalizada. Lo vivimos claramente con la sequía que asoló al estado en 2023 y 2024, que ocasionó pérdidas en la producción agrícola, incendios y racionamiento del vital líquido. El desarrollo de actividades económicas y la satisfacción de necesidades hídricas para consumo humano han ocasionado la degradación de las fuentes de agua, como resulta evidente en el alto nivel de extracción del acuífero en Valles Centrales y la contaminación de los ríos Salado y Atoyac (Nava, 2019).
Frente al riesgo climático que amenaza un alto porcentaje de comunidades en Oaxaca, la REDECOM apuesta por documentar y narrar acciones y alternativas desde lo local. Hasta ahora se han realizado Talleres de Creación Audiovisual en los Bachilleratos Comunitarios de San Francisco La Paz, Santa María Quiegolani, San Pedro Mártir Quiechapa, San José el Paraíso y San Felipe Zihualtepec, donde hemos comenzado procesos de formación audiovisual para que sean las y los jóvenes quienes puedan contar sus propias historias.
Este material se comparte con autorización de Educa Oaxaca
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“El árbol de los deseos”: el cuento como práctica reflexiva en torno al trabajo con infancias que habitan la crisis de Derechos Humanos
30 d’abril, per Admin2En un barrio, un árbol que escucha deseos se convierte en un refugio para niñas y niños que no son escuchados por los adultos. A partir de este relato y de experiencias de campo, reflexionamos sobre la necesidad de reconocer las voces de las infancias y la escucha como una práctica fundamental ante la violencia.
Esta columna surge de experiencias de campo compartidas con infancias en contextos de violencia a finales de 2024 e inicios de 2025. A través del cuento que presentamos en la segunda parte de la columna, buscamos reconocer que las infancias son actores activos dentro del entorno que habitan y que sus voces, vivencias y formas de comprender el mundo merecen ser escuchadas.
La escalada de violencia en la que hemos vivido desde 2006 y hasta la fecha, también es la realidad para muchas de las infancias [1] y adolescencias de México y América Latina. La cotidianidad de las infancias se ha desarrollado en medio de operativos, retenes, balaceras, asaltos, narcotráfico, reclutamiento forzado, desaparición de personas y la búsqueda en vida o de restos humanos de familiares desaparecidos. En este contexto moldean su entendimiento del presente y el futuro y generan sus propias perspectivas y expectativas sobre su lugar en la sociedad.
Sin embargo, los acercamientos hacia niñeces y adolescencias en entornos violentos no acostumbran entender estas perspectivas de las infancias desde sus propias lógicas. Regularmente, estos acercamientos se encuentran atravesados por los intereses de personas adultas, que en contextos de violencia se traduciría en considerar como territorio prohibido el hablar de hechos violentos a niñas, niños y adolescentes.
Lo anterior deriva en incomodidad o miedo de hablar de la violencia con niñas y niños, o prácticas como limitar o prohibir su participación en labores de búsqueda sin ofrecer una explicación, o evitar dar respuesta a las inquietudes que les surgen en torno a la desaparición de un familiar o después de un acontecimiento violento. En suma, se coloca el discurso del adulto en el centro sin reconocer a las infancias y adolescencias como sujetos con agencia.
Frente a esto, es que reivindicamos que la relación infancias-adultos debe iniciar, ante todo, con la escucha, en especial en contextos de violencia y violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Mediante la escucha es que podemos acercarnos a la subjetividad de las infancias, a las narrativas que construyen a partir de cómo experimentan la violencia en su cotidianidad, sus miedos, incertidumbres y los deseos que nacen en medio de un entorno conflictivo.
Asumir que, como adultos, no tenemos derecho a ignorar lo que las infancias quieren decir [2], nos permite entender lo necesario que es construir espacios de reflexión entre adultos para cuestionar las relaciones de poder que se presentan en el trabajo con niñeces. También la pertinencia de ejercitar la escucha activa y preguntarnos sobre las capacidades con las que contamos para manejar las experiencias e inquietudes de las infancias desde una lógica de validación, respeto y horizontalidad.
Con esta reflexión constante podemos, además, favorecer espacios donde niñas, niños y adolescentes expresen libremente sus inquietudes, compartan experiencias y generen propuestas a partir de la escucha entre ellas y ellos.
***
Dicen que en el barrio hay un árbol que cumple deseos. Es un olivo grande, imponente y de tronco fuerte. Sus ramas son alargadas y se mecen con el viento. No recuerdo cómo empezó, pero todos sabemos cómo funciona: basta con acercarse, pensar muy fuerte en algo y pedirle al árbol que lo cumpla.
Yo no estaba muy segura de que todo eso de la magia y los deseos fuera cierto. Hasta que un día le pedí tener un amigo y esa misma tarde cuando regresaba de la escuela, lo vi. Manchitas estaba mirándome al final de la calle: un perrito blanco pequeño, peludo y con dos manchas color café en cada uno de sus ojos, casi como un antifaz. Manchitas me siguió y caminó conmigo hasta que llegamos a mi casa.
Y esa tarde nos convertimos en mejores amigos.
Desde entonces no volví a dudar de la magia del árbol.
Por eso, todas las tardes mis amigos y yo regresábamos, sabíamos que el árbol de verdad nos escuchaba, y eso era algo difícil de conseguir.
Porque cuando le cuento a los grandes cómo me siento, casi siempre me ignoran o me dicen que estoy exagerando. Cuando pregunto algo, a menudo me dicen que son cosas de adultos y que no me meta en esos temas. Eso también le pasa a todos mis amigos y amigas. A veces, aunque intentemos explicar lo que sentimos, nos interrumpen, nos corrigen o no nos creen.
En cambio, el árbol siempre estaba ahí, en silencio, pero atento; él no nos regaña ni nos apura, no dice que nuestros deseos son imposibles ni que estamos equivocados. Nos deja hablar hasta el final, como si cada palabra fuera importante. Y aunque nunca responde con su voz, de alguna forma sabemos que nos entiende, porque cuando nos vamos, el corazón se siente más ligero.
Pero un día, algo empezó a cambiar. Al principio fue algo casi imperceptible. El viento ya no jugaba entre sus hojas como antes. Las hojas, que antes brillaban como si guardaran la luz del sol, empezaron a perder su color. Algunas se volvieron opacas, otras se arrugaron, y otras más cayeron.
Fue entonces cuando lo sentimos.
El aire empezó a oler raro, como a podrido, la noche dejó de ser silenciosa, y las calles se pintaron de verde, un verde militar. Poco a poco mis amigos y yo dejamos de salir a jugar. Nuestras mamás y papás nos advertían de lo que nos podía pasar, pero no nos daban más explicación, nosotros solamente escuchábamos:
—Es peligroso salir
—Te puede pasar algo
Yo empecé a tener miedo de lo que me podía pasar cuando lastimaron a mi amigo Álvaro, él solo quería probar su bici nueva en la calle. Ese día se escucharon varios disparos, me dijeron que fue cerca de su casa. Lo único que supe después fue que él estaba en el hospital y desde ese día sólo está permitido jugar dentro de casa.
Ellos creen que no lo notamos, pero nosotros sentimos la oscuridad que está invadiendo nuestro barrio. Cada día se vuelve más grande. La sombra es tan grande que ha llegado al árbol. Ahora a su tierra no le da el sol, y la lluvia que cae ya no lo nutre, sus raíces se esfuerzan por sostenerlo pero es cada vez más difícil.
Mis amigos y yo visitamos el árbol más que nunca, pero nuestros deseos ya no son los que pedíamos antes. Ahora le pedimos deseos opacos, grises. Les falta color, como a las hojas del árbol, que también se han vuelto cafés aunque estemos en primavera.
Un día, mi amigo Daniel llegó a la escuela muy triste. Cuando le pregunté qué le pasaba me dijo en voz baja:
—Mi casa se siente como un laberinto frío y oscuro, con gritos y peligro en cada esquina, ya no hacemos cosas en familia y mi papá se enoja mucho.
Él le contó lo mismo al árbol y le pidió un deseo.
Otro día, Lucía me contó por mensaje
—Extraño mucho a Luis, ¿te acuerdas de él?
—Es tu primo mayor, ¿no?
—¡Sí! ¡ese! Siempre jugábamos videojuegos los fines de semana, pero de repente me prohibieron verlo, dijeron que era una mala influencia y que necesitaba estar un tiempo lejos. No entiendo qué pasa, ¿por qué se tiene que ir? El otro día escuché a mi mamá diciendo que se había metido en cosas que le estaban haciendo daño.
Hay otras historias, todas ellas de distintos colores, pero algo las une: los colores son fríos, apagados, como las hojas del árbol.
El deseo que le pido al árbol cada que vengo es más bien negro o morado, porque lo único que anhelo es que mi papá aparezca. Cuando le digo al árbol mi deseo, cierro los ojos y creo que se vuelve azul, y luego blanco, porque una vez que lo digo en voz alta me siento en calma.
—Gracias por escucharme.
—¿Estás bien?
Escuché una voz y abrí los ojos
Frente a mí estaba un niño con las cejas arqueadas y mirándome fijamente. Siempre vengo aquí a hablar con el árbol pero no lo había visto antes.
—….
—¿También vienes a pedir un deseo? Si me cuentas el tuyo, yo te cuento el mío.
Le conté mi deseo y él me contó el suyo. Juntos nos recargamos en el tronco del árbol, y por un momento, después de escucharnos todo se volvió a sentir colorido y el aire tuvo un aroma dulce, como a pancito recién hecho.
—Me gustaría que todos los días fueran así de coloridos.
Y así, escuchando los deseos, el árbol vivió un día más.
Para D.
Referencias
[1] En este texto usamos de manera indistinta los términos infancias y niñeces. Sin embargo, reconocemos la crítica que se le hace al concepto infancias por la raíz latina infans, que designa a las niñas y niños como incapaces de hablar o de razonar.
[2] “no tenemos derecho a no escuchar”, cita de Wikinski, Mariana (2016). El trabajo del testigo: Testimonio y experiencia traumática. Adrogué: Ediciones La Cebra.
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*Brenda Alexa López Triana es egresada de la Licenciatura en Antropología por la UNAM y estudiante asociada al GIASF.
**Karla Eulise Rosas Jácome es co-coordinadora del área de redes del GIASF, colaboradora del Colectivo Buscadoras Guanajuato, y egresada en proceso de titulación de la Licenciatura en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Imagen de portada: Eulise Rosas
El Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF) es un equipo interdisciplinario comprometido con la producción de conocimiento social y políticamente relevante en torno a la desaparición forzada de personas en México. En esta columna Con-ciencia, participan miembros del Comité Investigador, estudiantes asociados a los proyectos del Grupo y personas columnistas invitadas . Las responsables de la misma son Erika Liliana López y Sandra Gerardo (Ver más: http://www.giasf.org).
La opinión vertida en esta columna es responsabilidad de quien la escribe. No necesariamente refleja la posición de adondevanlosdesaparecidos.org o de las personas que integran el GIASF.
Publicado originalmente en A dónde van los desaparecidos

