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“Desestimar la participación del ejército en el 2026 es un crimen”: responden padres y madres de los 43 tras recomendación de la CNDH
13 de juliol, per Admin2Foto: Gerardo Magallón
Ciudad de México | Desinformémonos. “Desestimar la participación del ejército en el 2026 es un crimen, es burlarse de los padres y de las madres de los 43”, aseguró Mario César González Contreras, padre del normalista desaparecido César Manuel González, tras la reciente recomendación que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió para desautorizar todos los informes que señalan al ejército mexicano como responsables de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, elaborados por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia (Covaj) y la sociedad civil.
En representación de los padres y madres de los 43, Mario González Contreras e Hilda Hernández Rivera, ambos padres de César Manuel, se pronunciaron frente al documento oficial que en más de 800 páginas sentenció a los informes de impulsar “un antiverdad histórica” y de incitar “el sensacionalismo” con su señalamiento contra el ejército.
“Es preocupante, porque recordemos que cada año es un atasco sistemático hacia el movimiento. El que empezó fue el PRI y lo están haciendo de manera igual”, agregó González Contreras durante su intervención en Encuentro de Resistencias y Rebeldías, Contra La Copa Mundial de la FIFA, el pasado 11 de julio en la Casa de los Pueblos Samir Flores Soberanes.
González también denunció “la desacreditación” de los abogados de los padres y madres y el “desprestigio total hacia los expertos internacionales” por parte de “una persona que no tiene conocimiento del caso, por querer quedar bien con sus altos mandos y seguir alineándose”.
Lee Desautoriza CNDH informes del GIEI y de la Covaj por impulsar «antiverdad» sobre Ayotzinapa
Un día antes del encuentro, la abogada Ángela Buitrago, exintegrante del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), cuyo informe desmintió la “verdad histórica” del gobierno de Enrique Peña Nieto que apuntaba que los 43 jóvenes fueron asesinados e incinerados en el basurero de Cocula, Guerrero, dijo a Aristegui Noticias que la recomendación de la CNDH “está llena de vacíos, de miprecisiones y de mentiras”, así como criticó que “contradice” muchas de las afirmaciones que hace.
“Es una persecución por la Comisión Nacional de Derechos Humanos contra las organizaciones internacionales, las personas, los representantes de las víctimas, y lo que menos les interesa, realmente, son las víctimas”, aseguró Buitrago en la entrevista.
De acuerdo con la abogada y experta, la CNDH “ignora toda la prueba técnica de la existencia de estas personas [militares] en las calles de Iguala durante la presencia de los estudiantes”, así como “lo que han dicho los mismos jueces al ordenar las capturas correspondientes”.
Además, señaló la contradicción de la propia CNDH al dar un “vuelco absoluto” a la recomendación que la institución misma emitió en 2023, cuando pidió directamente investigar y profundizar en todos los temas relacionados con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Caso Ayotzinapa e indagar sobre lo sucedido en torno al Batallón 27, al igual que solicitaba una serie de recomendaciones estrictas para establecer con claridad las acciones de la Defensa Nacional.
Finalmente, Buitrago señaló en Aristegui Noticias que el rumbo de la CNDH bajo la gestión de Rosario Ibarra “repite” la estrategia de impulsar “campañas mediáticas” y de desprestigio como sucedió con el gobierno priísta de Enrique Peña Nieto, y lamentó que la institución empleó sus recursos para “insultar, atacar y agraviar” a quienes han investigado sobre el la Noche de Iguala, en lugar de acompañar a las víctimas y avanzar en la búsqueda de verdad y justicia.
A pesar de la última postura oficial de al CNDH, los padres y madres de los 43 aseguraron que no cesarán en su lucha para dar con el paradero de sus hijos y saber qué ocurrió el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, cuando fueron desaparecidos.
“Por más que digan mil mentiras. Se tiene que llegar a la verdad con pruebas científicas, nunca con engaños como lo han hecho. Nosotros seguimos aquí, con la frente en alto. Nada nos va a intimidar ni a derrotar para seguirlos buscando”, dijo Hilda Hernández Rivera, en el Encuentro de Resistencias y Rebeldías.
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La fiebre de la IA y los centros de datos abre un nuevo frente por el agua en Chile
13 de juliol, per Admin2El sol del atardecer ilumina las colinas amarillentas de la cordillera de los Andes desde el patio de una vivienda en el barrio residencial de Cerillos, en la periferia de Santiago de Chile. “Aquí no queremos máquinas que se coman nuestra agua”, afirma Jorge López Vega, abogado y miembro de Movimiento Socioambiental Comunitario por el Agua y el Territorio (Mosacat), una organización formada por vecinos de Cerillos.
En 2019, Google anunció sus planes para construir en la comuna uno de sus mayores centros de datos en América Latina. Esta industria, que requiere grandes cantidades de agua y energía para operar, sigue expandiéndose en la región, impulsada en gran medida por el auge de la inteligencia artificial (IA).
Chile arrastra más de 15 años de megasequía. Al mismo tiempo, el país se ha convertido en uno de los principales polos regionales para la instalación de centros de datos
“Empezamos a revisar el proyecto y descubrimos que Google había adquirido derechos para extraer aguas subterráneas de Cerillos: hasta 228 litros por segundo, el equivalente al consumo de unos 40.000 hogares”, explica Tania Rodríguez, una de las fundadoras de Mosacat. “Eso nos puso en alerta, porque iban a llevarse nuestra agua”, añade Rodríguez.
Hoy, el proyecto de Google permanece paralizado tras una denuncia presentada por Mosacat. En 2024, el Tribunal Ambiental ordenó a la compañía incorporar en su evaluación el impacto sobre los recursos hídricos de la zona.
Chile arrastra más de 15 años de megasequía. Al mismo tiempo, el país se ha convertido en uno de los principales polos regionales para la instalación de centros de datos. En los últimos años se han inaugurado 33 nuevas instalaciones y otras 34 se encuentran en construcción, la cifra más alta de América Latina después de Brasil y México.

Vista aérea del centro de datos de Google en el barrio de Quilicura, en las afueras de Santiago. Luis Bustamante La expansión de centros de datos en Chile ha sido impulsada por el Plan Nacional de Data Centers, lanzado el año pasado bajo el Gobierno del entonces presidente socialdemócrata Gabriel Boric. El plan presenta al sector como un motor de crecimiento económico y de creación de empleo local.
Según López Vega, el principal problema es que la regulación de esta industria sigue siendo difusa. Una situación, que, a su juicio, podría agravarse con la llegada al poder del presidente ultraderechista Antonio Kast, elegido en marzo de este año.
Durante la campaña electoral, Kast prometió atraer inversiones mediante una reducción de las exigencias medioambientales. En su primer día de Gobierno, derogó 43 decretos ambientales. “Es un retroceso enorme, que nos tiene muy preocupados”, valora López Vega.

La superficie inundada del humedal de Quilicura ha disminuido de forma sostenida durante las últimas décadas. Luis Bustamante El humedal sin agua
La preocupación de Mosacat sobre la explotación de los recursos hídricos por parte de la industria tecnológica tiene antecedentes en Chile.
Hace unos cinco años, Rodrigo Vallejos, activista ambiental y estudiante de Derecho, empezó a notar que el humedal de Quilicura –la comuna donde vive, en la periferia de Santiago– se secaba ante sus ojos. Se trata de uno de los humedales más grandes del país, con 468 hectáreas protegidas.
“Empecé a investigar y me di cuenta de que en Quilicura existía la mayor concentración de centros de datos de toda América Latina”, cuenta Vallejos.
“Empecé a investigar y me di cuenta de que en Quilicura existía la mayor concentración de centros de datos de toda América Latina”, cuenta Vallejos
En 2015, Google inauguró en Quilicura su primer y mayor centro de datos de la región. Desde entonces, otras empresas han ampliado su presencia en la zona con nuevas instalaciones, entre ellas la brasileña Ascenty, la chilena Sonda y las estadounidenses Cirion y Microsoft.
Solo el centro de datos de Google cuenta con derechos de aprovechamiento para extraer 50 litros de agua por segundo, una cifra equivalente aproximadamente al consumo anual de 8.500 hogares y superior al consumo residencial de la propia comuna de Quilicura. “Hoy lo que vemos aquí es un humedal sin agua”, resume Vallejos.
La investigación académica respalda esta observación: los estudios muestran que la superficie inundada del humedal de Quilicura ha disminuido de forma sostenida durante las últimas décadas, en paralelo al aumento de la actividad industrial en la zona.
Actualmente, Vallejos forma parte del Movimiento Socioambiental de Quilicura, que exige una regulación más estricta del uso del agua por parte de la industria tecnológica.

Los vecinos de Cerillos están protestando contra la construcción del nuevo centro de datos de Google en su comuna. Luis Bustamante La IA amenaza con agravar los impactos de la crisis climática
La rápida expansión del sector se produce en un contexto marcado por la megasequía que afecta a Chile desde hace más de una década. “La megasequía es un fenómeno de gran alcance territorial y temporal. Es algo que estamos observando en buena parte del país”, explica Pablo Sarricolea, climatólogo y profesor asociado del Departamento de Geografía de la Universidad de Chile. Los impactos han sido especialmente severos en la zona central, en torno a Santiago, donde se concentra la mayoría de los centros de datos ya operativos y de los proyectos previstos.
Sarricolea, que ha investigado extensamente los patrones de sequía en Chile, apunta a las proyecciones climáticas para Quilicura, que anticipan una fuerte reducción en la disponibilidad de agua. “Para 2070 se espera una disminución significativa de las precipitaciones anuales, mientras que la temperatura media podría pasar de 15,6°C a 17,4°C. Esto provocará una mayor evaporación y una menor disponibilidad hídrica”, señala. “En Santiago, los centros de datos probablemente ejercerán aún más presión sobre el acceso al agua y agravarán los efectos del cambio climático”, explica.
Algunos estudios estiman que una interacción mediana con la versión GPT-3 de ChatGPT puede consumir una cantidad de agua equivalente a una botella de medio litro
Los centros de datos requieren grandes volúmenes de agua para refrigerar las extensas redes de servidores que generan enormes cantidades de calor. En Chile, el sistema más habitual sigue siendo la refrigeración por agua, ya que alternativas como el enfriamiento por aire implican costes más elevados.
Algunos estudios estiman que una interacción mediana con la versión GPT-3 de ChatGPT puede consumir una cantidad de agua equivalente a una botella de medio litro.
Google guarda silencio sobre su consumo de agua
El Salto contactó con las cinco empresas que operan centros de datos en Quilicura para preguntar de qué manera sus operaciones tienen en cuenta la elevada vulnerabilidad climática de la zona.
Un portavoz de Microsoft señaló que los centros de datos de la compañía en Chile utilizan sistemas de refrigeración por aire que solo requieren pequeñas cantidades de agua para procesos de humidificación.
“Microsoft también está impulsando proyectos de restauración, acceso y reposición hídrica en la cuenca del Maipo, incluidas zonas de la Región Metropolitana”, indicó.
La agencia de comunicación que respondió en representación de la brasileña Ascenty aseguró igualmente que los centros de datos de la empresa en Quilicura emplean sistemas de refrigeración por aire y que su consumo anual de agua equivale aproximadamente al de 16 hogares.
Según el último informe ambiental de Google, en 2024, su centro de datos de Quilicura utilizó aproximadamente 461 millones de litros de agua
“Las operaciones de Ascenty en Quilicura no generan impactos asociados a la degradación del suelo ni representan riesgos para el humedal cercano, debido a las características técnicas de sus sistemas de agua y refrigeración”, respondió la representante de la agencia. Cirion, Google y Sonda no respondieron a la solicitud de comentarios.
Según el último informe ambiental de Google, en 2024, su centro de datos de Quilicura utilizó aproximadamente 461 millones de litros de agua, una cifra que la compañía compara con un consumo inferior al anual de un campo de golf.

El parque urbano impulsado por Google se encuentra en las afueras de Quilicura, en una zona donde el acceso al agua ya está restringido. Luis Bustamante Como medida para compensar parte de su impacto ambiental, Google inauguró en 2019 un parque urbano en las afueras de Quilicura con el compromiso de plantar 1.500 árboles nativos. “El proyecto ha sido un fracaso. La vegetación se secó, los senderos no tienen mantenimiento y no existe un sistema de riego”, afirma Alexandra Arancibia, concejala de Quilicura y también integrante del Movimiento Socioambiental de Quilicura.
Arancibia asegura que no se opone a la instalación de centros de datos, pero cuestiona la falta de rendición de cuentas de la industria tecnológica con las comunidades del territorio.
“Cuando conocimos la magnitud de su consumo de agua invitamos a representantes de las empresas a reuniones del consejo comunitario y les preguntamos cómo pensaban abordar estos impactos. No tenían respuestas claras”, concluye.
La presión energética del crecimiento digital
Más allá del consumo de agua, los centros de datos también generan preocupación por su elevada demanda energética. Diversos estudios estiman que, para 2032, el consumo eléctrico en Chile de estas instalaciones podría multiplicarse por más de cuatro, pasando de 325 MW a alrededor de 1.207 MW.
En territorios con una alta concentración de estas infraestructuras, como Quilicura, este crecimiento podría aumentar la presión sobre el suministro energético local. Actualmente, los centros de datos consumen el 62% de la energía total utilizada en la comuna y para el 2030 se proyecta un aumento hasta 102%.
Cerca del 80% de la matriz energética chilena procede de fuentes renovables. Sin embargo, muchos centros de datos siguen dependiendo de generadores de respaldo alimentados por combustibles fósiles,lo que ha abierto interrogantes sobre su contribución real a las emisiones de carbono.
Tanto Ascenty como Microsoft aseguraron que la energía utilizada en sus operaciones procede de fuentes renovables como parte de sus estrategias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Lo que estamos viendo con el nuevo Gobierno es un retroceso completo de las pocas protecciones ambientales que el país había logrado”, afirma Pamela Poo, experta en políticas públicas de la ONG Ecosur Fundación
Sin embargo, en Chile la electricidad generada por distintas fuentes se incorpora a una red eléctrica común, por lo que no es posible determinar de forma directa el origen exacto de la energía consumida en cada instalación.
Además, el aumento de la demanda energética corre el riesgo de intensificar la competencia por el uso del suelo, explica Soledad Vogliano, investigadora del grupo ETC, una organización que promueve el desarrollo de tecnologías social y ecológicamente responsables.
“Un gran centro de datos consume lo mismo que una ciudad de 50.000 habitantes. Por lo tanto, es previsible que empiecen a surgir nuevos proyectos de generación energética, que a su vez implican otros impactos ambientales y nuevos conflictos”, señala.
Vogliano, que ha investigado ampliamente esta cuestión, sostiene que existen alternativas más sostenibles para el desarrollo de infraestructura tecnológica. “Tenemos que evaluar qué recursos están disponibles y para qué sirve esta tecnología. Hoy predominan modelos generales a los que se les puede preguntar cualquier cosa”, afirma.
“Es posible hacerlo de una forma más soberana. Se pueden desarrollar modelos más pequeños, realmente orientados a resolver problemas relevantes para la humanidad y considerando el coste planetario que implican”, contrapone.
El nuevo Gobierno se opone a endurecer la regulación ambiental
El nuevo Gobierno de derechas se opone a endurecer las normas ambientales para los centros de datos. “La flexibilización de los estándares de evaluación ambiental ya había comenzado con el Gobierno anterior, pero Kast ha ido más allá, dejándonos sin ningún piso regulatorio”, dice Pamela Poo, experta en políticas públicas de la ONG Ecosur Fundación.
Poo sostienen que estos cambios han dejado vacíos en la fiscalización, especialmente en el caso de los centros de datos, que carecen de estándares específicos de evaluación ambiental. “Lo que estamos viendo con el nuevo Gobierno es un retroceso completo de las pocas protecciones ambientales que el país había logrado”, afirma Poo.
En Cerrillos, los últimos rayos de sol de la tarde atraviesan el salón donde los activistas de Mosacat se reúnen en torno a una mesa servida de uvas y frutos de la zona para planificar sus próximas acciones. Todavía no saben qué ocurrirá con el centro de datos proyectado por Google. “Nuestra posición sigue siendo clara: no necesitamos más centros de datos aquí para que personas en el norte global puedan dibujar imágenes divertidas con la IA”, afirma Rodríguez.
Este material se comparte con autorización de El Salto
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Con trajes y sones, estudiantes defienden y revalorizan el legado cultural de Oaxaca
13 de juliol, per Admin2“Concluir un ciclo escolar más no es cualquier momento de la vida, es especial y único”, expresa Mariana Martínez, quien vestida con su enagua y huipil elaborado por su madre acude a recibir sus documentos que la acreditan como egresada de primaria.
En los pueblos de Oaxaca, las clausuras, graduaciones o fiestas de fin de ciclo escolar cada vez más muestran el legado de los pueblos indígenas como una forma de revalorizar sus tradiciones y vestimenta. En la escuela secundaria José Vasconcelos de Unión Hidalgo, Oaxaca, las y los jóvenes vistieron con sus atuendos tradicionales para finalizar su curso escolar, lo que “significó un orgullo”.

“Me gustó vestirme con mi traje tradicional, no pensé que así se hubieran organizado las y los maestros, pero se siente bonito portarlo, sobre todo en esta ceremonia de fin de curso”, dijo una de las estudiantes graduadas.
De la misma forma, en la clausura del Centro de Educación Infantil (Cendi) de Juchitán, las niñas y niños que egresaron de su nivel preescolar vistieron con sus atuendos típicos, al igual que sus maestras, maestros y sus padres.
“Para mi hija fue emocionante recibir su diploma de egresada vestida con su traje típico. Es reafirmar el orgullo de ser mujer zapoteca, y aunque parezca algo normalizado, sentimos mucho amor por nuestra tierra y nuestras tradiciones”, dijo Juana Ramos, oriunda de Juchitán.

Las profesoras y profesores explican que elegir el traje típico antes que cualquier otra prenda tiene un gran arraigo, porque enseña una revalorización que se ha ido perdiendo. Pero eso no es todo. Además de que las niñas y jóvenes portan con orgullo sus enaguas y hupiles y los niños y jóvenes visten su guayabera blanca y pantalón negro, también bailan sones regionales como una forma de revalorizar la cultura.
Sones como La Sandunga, la Petrona y Paulina fueron los más bailados por las y los estudiantes.
“El son reafirma quienes somos, y si desde pequeñas y pequeños se los inculcamos, ellos van aprender. El son regional se baila muchas veces en lugar de un vals, es decir, lo que hacemos es reafirmar la cultura en esta etapa de la educación, y lo mejor es que ha gustado mucho”, explicó un profesor en la ceremonia de clausura.

El orgullo también es para las madres de familia, al ver a su hija e hijo portar los trajes regionales. Dalila López cuenta que cuando su hija egresó del preescolar usaron un traje típico, y que esto se repitió en la primaria y la secundaria. “Eso me da muchas satisfacciones, porque las niñas y jóvenes van a entender que el traje se usa en actos valiosos e importantes, y creo que de eso se trata, de revalorizar desde niños para que en su adultez sigan preservando sus trajes regionales y cultura”, señaló López.
Lo mismo ocurrió en Ayutla Mixe, en la Escuela Primaria Bilingüe “Emiliano Zapata”, donde niñas y niños vestidos con su ropa típica asistieron a la clausura de fin de cursos, en una ceremonia hablada en ayuuk.
Para la comunidad, que desde las escuelas se revaloricen los legados culturales y tradicionales de los pueblos es una forma de resistencia. Las madres de familia aplaudieron a las y los profesores que, a pesar de las circunstancias, siguen privilegiando las culturas de las ocho regiones de Oaxaca.

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La lucha del pueblo Ñuhju de San Pedro Atlapulco. Donde nace el agua, permanece la vida
12 de juliol, per Admin2Texto: Rocío Moreno
Fotos: Ammi García

En el centro de México, en uno de sus puntos más elevados, está enclavada la comunidad Ñuhju (otomí) de San Pedro Atlapulco. No hay forma de hablar de Atlapulco sin mencionar que es un pueblo con bosque, agua-manantiales, montañas, aire, lluvia, hongos y mucho más. Este mes, el episodio de Voces de la tierra, la historia la contamos los pueblos es narrado por dos compañeros Ñuhju: Juan Dionisio y Artemio Callejo, ambos comuneros, con cargo tradicional y un espíritu fuerte formado con su historia e identidad.
Antes de comenzar la narración de su historia, es necesario entender que históricamente la comunidad de Atlapulco ha estado rodeada y conectada con los grandes centros urbanos de la época. Por eso es que este pueblo sabe sobrellevar la vida comunitaria aún en escenarios tan complejos. En otras palabras, Atlapulco no es la típica comunidad indígena aislada geográficamente, es todo lo contrario. Está a tan sólo una hora de la ciudad de México, y lo más impresionante es que en su territorio comunal hace la asamblea, sostiene un gobierno autónomo, hace la fiesta tradicional y el trabajo comunitario.
Una comunidad milenaria
Mas allá de las fechas que puedan dar los arqueólogos, lingüistas e historiadores, los Ñuhju nos recuerdan que hay muchísimas historias nuestras sin fechas exactas, pero que están firmes en la memoria colectiva del pueblo. Juan y Artemio narran cómo la gente antigua, la del más antes, vivía en cuevas, en las partes más altas de las montaña. Eran cazadores-recolectores y los Ñuhju recuerdan desde ese origen. Con el transcurso del tiempo comenzaron a bajar de las cuevas y de la parte alta de las montañas y ahí fue donde se asentaron (en el año 800 d.C. aproximadamente, pero se sabe que la vida comenzó mucho tiempo atrás), en donde se localizan actualmente.
En su territorio se han encontrado piezas arqueológicas, vestigios teotihuacanos, toltecas y mexicas. En algunos lugares del territorio de Atlapulco han encontrado ofrendas con piezas de barro de la figura de Tláloc, una deidad que cobra sentido en esas tierras, ya que la relación que tiene con sus montes y aguas está marcado en toda su historia (pasada y actual). Otro dato que está resguardado por los habitantes de esta comunidad es que su pueblo aparece registrado en el códice de Techialoyan como altépetl (alt ‘agua’ y tepetl ‘montaña’), que además de ratificar que es un pueblo de agua y montañas, también da muestra del periodo de dominio que vivieron bajo los mexicas. Una parte de la historia de Atlapulco se puede conocer a través de su lengua, ahí también la comunidad ha aprendido su historia.
N’donhuani (El gran cerro – La gran loma)
Juan Dionicio explica cómo su origen como Ñuhju está en su lengua. N’donhuani (‘El gran cerro’, ‘La gran loma’) es el nombre antiguo de su pueblo. Después, con los mexicas el nombre cambia a una palabra náhuatl: Atlapulco (‘donde abunda el agua’), y finalmente con el arribo de los españoles y la cristianización, el nombre cambió a San Pedro y San Pablo Atlapulco.
Movilizaciones en el periodo colonial
Después de la guerra de conquista, vino el verdadero trabajo de la colonización, que consistió en ordenar y someter los pueblos y sus territorios. San Pedro Atlapulco fue una república de indios. Los pueblos que tenían esta categoría son los que más lograron permanecer como colectividad, pues se les reconocía cierta autonomía y esto permitía que sus estructuras propias siguieran existiendo. También en este periodo se logran obtener mercedes reales de los manantiales y en 1559, con el virrey Luis de Velasco, se concede el señorío a Ocoyoacac y títulos primordiales a Atlapulco. En su título se tienen códices antiguos, y actualmente la comunidad lo tiene resguardo, ya que con ese documento se ha sustentado la defensa territorial en los últimos quinientos años. Todo el periodo colonial está marcado con alegatos legales y denuncias por parte de los Ñuhju contra los invasores españoles, por ejemplo, con la carbonera que abastecía la Casa de la Moneda en la Ciudad de México, así como con varias haciendas por el uso desmedido de sus aguas.

Atlapulco en continuo movimiento
En todas las comunidades de México se resguardan historias sobre los momentos de cambios profundos, tales como la conquista, la colonia, el movimiento de independencia, la reforma, porfiriato, la revolución mexicana, la titulación de bienes comunales, etcétera. Esto sólo confirma que nuestros pueblos nunca han sido aislados e ignorantes, sino todo lo opuesto. Nuestros pueblos conformaron los movimientos nacionales, ya que había muchas razones por las que luchar, como en la actualidad.
Es por eso que Atlapulco recuerda estas fechas de la historia nacional y la participación que tuvieron en ellas. Por ejemplo, en el movimiento de independencia, el 30 de octubre de 1810, algunos Ñuhju simpatizantes se sumaron al ejército de Miguel Hidalgo y combatieron con él en la batalla del Monte de las Cruces, de la que salió victorioso. En la revolución de 1910 se sabe de la presencia de los zapatistas, incluso se tenía cuartel en Ocoyoacac, por lo que varios pueblos de la región, incluyendo Atlapulco, se convirtieron en poblados zapatistas. Juan y Artemio comentan que Atlapulco siempre ha sido una comunidad en movimiento.
Como vemos, Atlapulco no ha parado de luchar por conservarse como pueblo, con su territorio y autonomía. Después de la revolución mexicana, Atlapulco recibió la titulación de sus tierras con la resolución presidencial de 1946, y ese triunfo fue gracias a la histórica lucha del pueblo Ñuhju. En Atlapulco se sabe que la tierra se defiende con la vida y que la lucha continúa para conservar y practicar la vida comunal.

Territorio milenario
Para describir el territorio de Atlapulco necesariamente debemos partir del aire, como cuando uno siente que toca el cielo. Este pueblo es aire-viento, montañas, bosque y agua, mucha agua. Su territorio es comunal, cuenta con 7 mil 110 hectáreas de terrenos comunales. Se localiza a 3 mil 800 metros sobre el nivel del mar, por eso sus tierras son aire-viento también. Desde sus alturas se puede apreciar el Valle del Anáhuac y el Valle de Toluca. El 80 por ciento de su territorio es bosque. Atlapulco forma parte de una cordillera montañosa que la conforman pueblos otomís de la región y hasta Morelos con los pueblos nahuas. A este corredor biológico se le ha llamado Bosque de Agua, porque verdaderamente es eso. El bosque nace del agua y viceversa, si se pierde uno, se pierde el otro. Los Ñuhju son los guardianes de este bosque de agua, cuidan y defienden sus manantiales y árboles. La comunidad tiene aproximadamente 22 manantiales y varias zonas pantanosas donde brota el agua. El bosque y sus manantiales se deben pensar siempre en su vital simbiosis.
Los Ñuhju han aprendido a luchar por mantener su territorio, no sólo físicamente, sino también a sostener la vida y garantizar las relaciones que se despliegan entre los diversos seres vivos que habitan esas tierras. “El territorio es nuestra vida, está en los cultivos del maíz, en las barrancas, en el bosque, en los manantiales, en las parcelas, en los hongos que nos han alimentado por siglos”, mencionan sus comuneros.

Bosque y manantiales sagrados
No es para sorprendernos que la espiritualidad del pueblo Ñuhju esté justamente en su bosque y manantiales. Los compañeros mencionan que en el bosque vive el aire. El viento-aire es mágico; aunque uno no sea Ñuhju, uno sabe que el viento tiene fuerzas inexplicables, que se sienten a profundidad. En los manantiales también hay viento, y eso hace que el agua siempre fluya, se mueva. Así los seres de vida se ven y sienten como los sitios sagrados de un pueblo.
El abuelo bosque
Artemio recuerda que cuando su hermano y él entraban al bosque para recoger leña siempre pedían permiso al bosque, le ponían un cigarro, los encendían y veían cómo el abuelo bosque tenía ganas de fumar. Algunas veces le ponían una cuba, y así los dejaba entrar. Otra de las prácticas o ritos que se conservan es una ceremonia para pedir agua, un buen temporal de lluvia que les garantice una buena cosecha. Se va a donde nace el agua (en los manantiales) y se le lleva flores, fruta, cigarro, cera y una bebida, y con todos esos cumplidos (regalos) se le habla al agua y se le pide su ayuda. Artemio ha visto cómo mucha gente ha hablado con los abuelos y ahí llora con ellos, porque la conexión y respeto que hay hacia estos seres vivos es simplemente una vivencia única que algunos pueden gozarla y entenderla.
También mencionan que en las barrancas hay un aire enrarecido y que algunas gentes se sienten mareadas, enfermas, que por eso es tan importante entrar con respeto a esos sitios sagrados. Incluso en sus parcelas, donde nace el maíz, también se debe de pedir permiso al bosque y los manantiales. En Atlapulco se conserva maíz criollo azul, y es su cultivo más apreciado. Por eso cada 29 de junio se hace una fiesta al maíz en el día de San Pedro, una fecha vinculada al ciclo agrícola, pero también está la celebración del Día de Muertos y el 21 de diciembre, que se vincula a sus cultivos. En esas fechas la gente recorre su territorio y hace esa conexión con él. Juan y Artemio cuentan que uno puede sentir la neblina, las nubes, el viento y el bosque mismo al caminar el territorio.
Atlapulco debe conservar y luchar por su bosque y manantiales, pues en ellos está la reproducción de la vida como Ñuhju y la espiritualidad como pueblo originario.
¿Cómo viene la nube? Graniceros: los que leen el cielo y el tiempo
Los graniceros son personas a las que les ha pegado el rayo de la lluvia y saben medir el tiempo, por eso en otras comunidades se les conoce como tiemperos. En palabras de Juan, estos hombres saben hablar con la nube, aunque también la pueden soñar y entonces avisan a la gente que puede caer una tempestad en los próximos días. Así están atentos para que no llegue el granizo y arruine los cultivos, la milpa principalmente. Los graniceros también saben curar. En Atlapulco hay algunos que han recibido el rayo, y algunos han muerto.
Aunque sólo unos pocos son graniceros, toda la población realiza prácticas para evitar que el granizo vaya a caer en su milpa. La costumbre es que cuando se observa una nube cargada y sospechosa de traer granizo, con un sombrero se espanta a la nube, tal y como lo hacen los graniceros. Algunas mujeres, si no tenían sombrero, usaban un ramo con hojas de laurel y palma y la guardaban para cuando veían que venía una tormenta, tomaban su ramo y lo quemaban, y esto lo hacían la mayoría de las mujeres, por lo que lograban formar una nube de aire caliente y eso provocaba que se aminorara la tormenta.

Cuando escuchaba estas historias, me recordaba cómo hemos perdido la capacidad de saber leer el cielo, las nubes, la lluvia. La mayoría de las personas no saben siquiera contemplar el cielo, mucho menos comprenderlo y dialogar con él como lo hacen los graniceros y los Ñuhju.
La lucha sigue. Atlapulco, un pueblo en resistencia
El año 1946 es una fecha histórica para Atlapulco porque se le dio la titulación de sus tierras comunales y, desde su visión, esa fecha marca el horizonte de lucha en la actualidad. En los años de 1962-1965 se comenzaron a vender tierras comunales a gente externa de la comunidad. Ese momento es recordado por tener dos posturas al interior de su pueblo. Por un lado, los pobladores que querían vender las tierras y, por el otro, los que se opusieron. Así, en la década de los 60 hubo ventas de tierras. Hasta cierto punto ganó la visión de los que buscaron la venta, sin embargo, lo que hizo despertar a este pueblo históricamente en resistencia fue que algunos de los compradores comenzaron a cerrar el camino al monte, al bosque sagrado, y eso hizo que la gente se molestara y comenzara a luchar por el uso colectivo de los caminos y el territorio. La comunidad inició juicios por restitución de tierras y ganaron. Incluso en esos terrenos recuperados, las cabañas que hicieron los invasores ahora son usadas para rentar a los visitantes.
Esa lucha que se prolongó por varias décadas fue también una lucha por confirmar su identidad como Ñuhju y fortalecer la conexión con la tierra. Después de esto, se logró marcar que no se debe de vender la tierra comunal. Pero eso no quiso decir que estuvieran exentos de problemas agrarios, pues otro momento crítico fue en 1992, con las reformas a la Ley agraria y la Ley de agua, donde ahora se luchaba contra la extracción desmedida del agua de sus manantiales. A todo esto, hay que sumar que las políticas economicistas y sociales del país han golpeado las estructuras y pensamientos comunales. Por eso, una de las grandes amenazas actuales es la pérdida del pensamiento-sentimiento-prácticas milenarias de la comunidad.
En momentos de riesgo, la comunidad de Atlapulco utiliza las campanas de la iglesia para convocar a sus habitantes. Video: Ammi GarcíaJuan Dionisio menciona que él identifica en su pueblo un pensamiento de derecha, asociado a lo privado, individual. Por eso hay un riesgo enorme para la vida comunal. El pensamiento de derecha avanza y está sobre la tierra, el bosque y el agua. Lo que ocurre en Atlapulco está sucediendo en muchos pueblos originarios. El individualismo va tomando poder, incluso en las estructuras milenarias de la comunalidad que ha permitido a nuestros pueblos sobrevivir.
Aun con esta agresiva guerra en contra de la vida comunal, todavía los hombres y mujeres de la tierra siguen luchando para defender los territorios vivos y sagrados y la vida comunitaria. Artemio no duda: “Atlapulco resiste y traemos la cultura de la resistencia”.
Resistir desde la cultura
En 2022 se logró un decreto por la danza tradicional de arrieros. Con mucho orgullo y entusiasmo Artemio comparte que el congreso del Estado de México emitió un decreto que reconoce que la danza de los arrieros nació en la comunidad Ñuhju de Atlapulco, pues retrata la vida del arriero y carbonero que caracterizó por cientos de años a sus pobladores. Esta danza se practica en otras comunidades de la región, pero Atlapulco logró demostrar con documentación histórica que ahí fue donde se inició esta tradición.

Un pueblo, que genera su economía
No existen muchos proyectos en México con los que los pueblos puedan resolver la generación de empleos para sus habitantes, pero Atlapulco ha logrado construir un proyecto turístico controlado por los bienes comunales y sus pobladores. Aunque existen grandes retos, como el tema de la basura, explotación de zonas naturales y el uso y manejo del agua, no podemos dejar de hablar sobre las enormes ventajas que han obtenido al generar su propia economía. Los pobladores de esta comunidad no tienen que migrar para conseguir trabajo, pero conforme pasa el tiempo los retos siguen creciendo. Los visitantes que llegan a sus valles son principalmente de la Ciudad de México, y los Ñuhju han visto cómo el número de visitantes sigue creciendo y esto comienza a golpear las bases comunales, por ejemplo, con la posesión de la tierra. No hay ningún visitante que no pregunte sobre la venta de tierras. Por eso es que ahora han visto que deben trabajar en otras áreas y no dejar que sólo el turismo genere su economía.
Otro de los grandes problemas que enfrenta esta comunidad es la explotación a su bosque con la tala clandestina; la extracción y explotación de hongos por comunidades vecinas; la caza de pájaros, aves de la comunidad que venden en distintos mercados; y el robo y explotación de pencas de maguey que utilizan los productores de barbacoa para preparar este alimento. Además, hay que sumar la explotación de sus manantiales para brindar agua a la Ciudad de México.
Esta comunidad se enfrenta contra gobiernos, poblados, talamontes, individuos-comerciantes, que roban, extraen y explotan su territorio. La lucha actual de Atlapulco es muy compleja y difícil.
De aguas de manantial a la contaminación de ríos, lagunas y arroyos
Las aguas de Atlapulco nutren la cuenca del río Lerma. Esta cuenca es una de las más contaminadas de México y el mundo. Desde que la Ciudad de México comenzó a extraer el agua, algunos de los lagos y ríos de la región empezaron a desecarse, además de que llegaron muchas industrias que contaminan el río. El avance desmedido de nuevos centros urbanos y la falta de políticas de saneamiento han hecho que, desde las primeras poblaciones cercanas, el agua de manantial se contamine rápidamente.

Golpe a la autonomía de Atlapulco: tala clandestina
A mediados de junio de 2026, la comunidad de Atlapulco vivió un golpe a su autonomía, ya que la tala clandestina que promueven principalmente las inmobiliarias cercanas a la Marquesa (pero no sólo) se hizo presente. Ese día los pobladores retuvieron tres camionetas de los talamontes en la carretera México-Toluca, en la colindancia con Cuajimalpa. Este hecho sólo evidenció una parte de cómo la tala clandestina está presente en la región y en la comunidad de Atlapulco. Para Juan y Artemio, este suceso fue un fuerte golpe a la autonomía de San Pedro Atlapulco.
Como podemos ver, las problemáticas actuales de San pedro Atlapulco son con distintos agentes: gobiernos, inmobiliarias, taladores, poblaciones e individuos que extraen los recursos naturales de su territorio y una fuerte demanda por la compra de sus tierras. Todas estas amenazas van sobre el bosque y manantiales sagrados que son el origen de la vida del pueblo Ñuhju.
Atlapulco sólo se explica, comprende y siente con sus sitios sagrados. Si desaparecen, los Ñuhju dejan de existir también. En esta lucha, hay algo que los foráneos podemos hacer, porque esas aguas, viento y bosque son cercanos a nosotros. De muchas formas esta lucha por conservar la vida y la cultura Ñuhju es también responsabilidad de todos los que sabemos la importancia de conservar y luchar para que los seres vivos como el agua y el bosque sigan existiendo y generando vida a nuestras vidas. Su lucha es nuestra lucha también. El pueblo Ñuhju nos enseña y recuerda que la conexión con la tierra es fundamental para la sobrevivencia como especie.
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Atlapulco en voz de su gente
Ricardo Jiménez, habitante de Atlapulco, es coordinador de asuntos indígenas, y su encomienda es trabajar con los cinco pueblos originarios del municipio de Ocoyoacac. Video: Ammi García ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥
Julia Hernández, habitante de Atlapulco, nos habla sobre las costumbres, las mayordomías y las estructuras de gobierno que aún siguen activas. Video: Ammi García✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥
Que permanezca en paz nuestro territorio, pide Juan Rubio, habitante de Atlapulco. Video: Ammi García ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥ ✥✥
Artemio Callejo, representante indígena de la comunidad de San Pedro Atlapulco. Nuestros abuelos nos han enseñado a amar a nuestro territorio. Video: Ammi García ✥ ✥ ✥
Videos
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La danza se camina en comunidad
En abril de 2016, Atlapulco Radio Comunal conmemoró 204 años de la Danza de Arrieros de San Pedro Atlapulco, una historia viva que vuelve a reunir a la comunidad y a quienes quieran ser parte, porque su presencia también hace comunidad. Video: Atlapulco Radio Comunal
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La tía Maxima Jiménez, danza de las pastoras
En nuestra aún hay prácticas que nos ponen en relación con nuestra historia, con ciertos saberes y modos de convivir. Desde pequeña, la tía Masi recorrió los caminos de San Pedro Atlapulco, preservando tradiciones y transmitiendo sabiduría. Como pastora y maestra, enseñó a cuidar lo que somos, a caminar juntos y a mantener viva nuestra memoria. La labor que realizó la tía Máxima Jiménez Cervantes en la Danza de las Pastoras nos recuerda que nuestras tradiciones siguen vivas y que cada uno está invitado a participar para no perderlas. Hoy, más que nunca, debemos recordar que nuestra verdadera fortaleza está en los lazos que tejemos. Como lo hacía tía Masi, cada paso que damos, cada historia que contamos y cada canto que compartimos nos une. Sigamos caminando juntos, siguiendo los pasos que nos dejaron aquellos que nos precedieron. Crédito: Atlapulco Radio Comunal
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Voces del bosque
San Pedro Atlapulco, San Juan Atzingo y ejidos y comunidades de la Cuenca Amanalco-Valle de Bravo proveen de agua y oxígeno a las ciudades cercanas como la Ciudad de México, Toluca y Cuernavaca, pero no reciben un trato equitativo de parte de éstas, sus habitantes y sus gobiernos, y en ocasiones no obtienen un mínimo reconocimiento.
Esta serie busca visibilizar la importancia de los trabajos que realizan comunidades y ejidos del Estado de México por preservar sus bosques, mantener la tenencia colectiva de la tierra, a pesar de enfrentar problemáticas como sequías, incendios, alteraciones en sus ciclos de siembra, el crecimiento de la mancha urbana y la presencia de talamontes.
Una producción de la Agencia de Comunicación La Coperacha.
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Podcast
Pedidores de lluvia

Durante los primeros días de mayo, las abuelas y abuelos realizan rituales para pedir en los cerros, en los ojos de agua, cuevas y lugares sagrados, la lluvia necesaria para la siembra. Para los pueblos originarios, la lluvia y el agua son elementos que forman parte de su territorio, pero también son vistos como un bien limitado que causa disputas. Acompáñanos en este programa a hacer un recorrido por diferentes rituales de petición de lluvias, retomando el agua como un elemento vital para la vida y reflexionemos sobre la importancia de generar construcciones sociales distintas a los usos capitalistas que nos permitan cuidarla.
Créditos: Canto de Cenzontles
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Música
Encarnación Dionicio, de San Pedro Atlapulco, Estado de México, es un granicero. Él sueña, sana y espanta el granizo. Lo recuerdan así: “Comunero, curandero. De niño sus pies descalzos caminaron los montes de Atlapulco con su madre, con su padre aprendió los secretos del monte, supo de los dueños del agua, del «aire», de los hongos que por siglos alimentaron a nuestro pueblo. En la milpa, de niño, el rayo lo eligió, de joven le volvió a recordar su misión”. Créditos: Pedro Sandoval✥ ✥ ✥
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Voces de la tierra -
Las consecuencias del genocidio: la generación perdida en Gaza
11 de juliol, per Admin2Con cerca del 97 % de los centros educativos de La Franja destruidos, incluidas las universidades, 650.000 estudiantes enfrentan dificultades severas para proseguir con su educación.
En la mañana del 22 de junio de 2026, Raghad Ashour, una estudiante de 17 años, salió de su tienda de campaña rumbo a una cafetería del barrio de Rimal, en el centro de la ciudad de Gaza. Allí solía encontrar una conexión a internet que le permitía presentar los exámenes de primero bachillerato, que este año se realizan a distancia mediante una plataforma electrónica accesible desde teléfonos móviles u ordenadores.
Pero nunca logró llegar hasta la cafetería. Un ataque aéreo israelí alcanzó un vehículo en la zona y Raghad murió mientras se dirigía a realizar su examen, convirtiéndose en una más de los miles de estudiantes asesinadas desde octubre de 2023.
Visiblemente devastada, su madre declaró a medios locales que Raghad era “la flor de la casa” y su única hija. “Dormíamos sobre la misma almohada todas las noches”, relató.
La madre explicó que su hija era una estudiante aplicada que se aferró a su sueño de completar sus estudios pese a el genocidio, el desplazamiento forzoso y las durísimas condiciones humanitarias. Aspiraba a estudiar Administración de Empresas con la esperanza de convertirse algún día en directora de una institución o en una líder empresarial.
También recordó al padre de Raghad, fallecido cuando ella aún era una niña. Durante meses, ambas, junto con los cuatro hermanos de Raghad, se desplazaron de un refugio a otro intentando escapar de los bombardeos. Concluyó su testimonio con una frase que resume la impotencia de miles de madres y padres en Gaza: “Llegó el momento en que ya no pude protegerla”.
Rizq Marwan, uno de los testigos presenciales del ataque, explica a CTXT que se dirigía a su trabajo cuando escuchó una fuerte explosión provocada por un ataque contra un vehículo en una zona densamente poblada.
“Todo se llenó de gritos y confusión. Poco después supimos que el bombardeo había causado un muerto. Apenas unos instantes antes, la vida transcurría con absoluta normalidad en la calle; de repente, todo cambió”, relata.
Marwan añade que la misma zona, considerada una de las más concurridas y dinámicas de la ciudad de Gaza, fue atacada en tres ocasiones.
Este episodio se produce en un contexto marcado por las continuas violaciones diarias del acuerdo de alto el fuego, que, según las estadísticas locales, ya superan las 3.200.
La educación bajo las bombas
El asesinato de Raghad no es un caso aislado. Según el Ministerio de Educación palestino, desde el inicio del genocidio han muerto más de 21.000 estudiantes y alrededor de 1.100 trabajadores del sector educativo.
Entre las víctimas se encuentran el rector de la Universidad Islámica de Gaza, Sufian Tayeh, destacado físico y académico palestino, reconocido como uno de los principales investigadores del mundo en física y matemáticas aplicadas; así como el profesor y académico de literatura inglesa Refaat Alareer, quien, en una entrevista concedida poco antes de morir en un bombardeo contra su vivienda, afirmó: “Soy un académico. Lo más duro que tengo en mi casa es un bolígrafo. Pero si los soldados irrumpen en mi hogar, les arrojaré el bolígrafo, aunque sea lo último que haga”.
A pesar del devastador impacto de la guerra sobre estudiantes y personal docente, miles de alumnos de la Franja de Gaza lograron presentarse a los exámenes de bachillerato entre el 20 y el 29 de junio, en circunstancias absolutamente excepcionales. Durante todo el curso académico permanecieron privados de la enseñanza presencial y de la posibilidad de asistir a sus escuelas, como hacían antes de octubre de 2023.
Según datos de la Agencia de Naciones Unidas, más del 97 % de las escuelas de la Franja han sufrido daños como consecuencia de los bombardeos y los pocos centros que todavía permanecen en pie se han convertido, en su mayoría, en refugios para personas desplazadas.
Las dificultades, sin embargo, van mucho más allá de la destrucción de las escuelas. Cada día, los estudiantes deben encontrar un lugar con acceso a internet o una fuente de electricidad para cargar sus teléfonos móviles antes de poder conectarse a los exámenes. A ello se suman los frecuentes fallos técnicos, que en ocasiones impiden completar las pruebas.
El Ministerio de Educación palestino asegura que intenta reducir la interrupción del aprendizaje mediante talleres dirigidos a los estudiantes para enseñarles a utilizar la plataforma electrónica con la que se realizan los exámenes, en un esfuerzo por mantener vivo el proceso educativo pese a las condiciones extremas que atraviesa la Franja.
Aulas convertidas en refugios y refugios convertidos en aulas
En Gaza ya no basta con que suene el timbre para que profesores y alumnos entren en clase. Antes, muchas veces, los profesores tienen que hacer esfuerzos para recuperar las aulas tras la realidad impuesta por la guerra.
Alaa Mahmoud, profesora en las escuelas y puntos educativos de la UNRWA en Gaza, explica a CTXT que los docentes se ven obligados cada día a dialogar con las familias desplazadas que viven dentro de las aulas, pidiéndoles que las desalojen durante unas horas para que los niños puedan recibir clases.
Pero no siempre es posible. Algunas familias se niegan a abandonar el espacio porque no tienen ningún otro lugar al que ir. En esos casos, los profesores improvisan una solución: dividen el aula con una cortina. A un lado se desarrolla la clase; al otro permanece instalada una familia desplazada.
“Cuando les pedimos que salgan, nos responden: ‘Encuéntrennos otro lugar y nos iremos. Nuestras casas han sido destruidas y no tenemos adónde ir’”, cuenta Mahmoud.
El Ministerio de Educación palestino y la UNRWA han habilitado puntos educativos en tiendas de campaña y en aquellas escuelas que, pese a los graves daños sufridos, todavía pueden utilizarse, con el objetivo de preservar un mínimo de continuidad educativa.
Según la UNRWA, 501 de sus 564 escuelas y edificios escolares han sido bombardeadas, destruidas o han sufrido daños de consideración, una situación que ha sometido a una presión extrema a un sistema educativo cuyo deterioro ya era profundo como consecuencia de la destrucción generalizada de las infraestructuras.
Mahmoud asegura que las dificultades no terminan con la falta de edificios o de material escolar. Lo más doloroso para ella es encontrarse con sus alumnos en las calles de Gaza después de las clases, trepando sobre los escombros o rebuscando entre los restos de viviendas destruidas para recoger trozos de madera o cartón que transportan con sus pequeñas manos hasta sus refugios, con el fin de ayudar a sus familias a encender fuego y cocinar.
Según las evaluaciones por satélite del programa UNOSAT de Naciones Unidas, el 92 % del parque residencial de Gaza ha resultado destruido o dañado, ya sea de forma parcial o total, lo que significa que la inmensa mayoría de las zonas residenciales han dejado de ser habitables. Esta devastación ha provocado una crisis de desplazamiento prolongada que afecta a más de 1,8 millones de personas necesitadas de un refugio temporal y urgente.
“Cuando los veo, pienso que deberían llevar mochilas escolares y jugar en los parques, no rebuscar entre los escombros algo que permita a sus familias cocinar, exponiendo además sus propias vidas al peligro”, lamenta.
La profesora subraya que las secuelas de la guerra también son visibles dentro de las aulas. Muchos niños presentan graves dificultades de concentración y aprendizaje como consecuencia de los traumas repetidos, la pérdida de uno de sus padres o de otros familiares, además de la desnutrición, que afecta directamente a su capacidad para aprender.
Mahmoud explica que la mayoría de los alumnos se sientan en el suelo porque no hay pupitres, mientras algunos utilizan sus cuadernos como abanicos para aliviar el calor dentro de las tiendas de campaña o de las aulas improvisadas, en un contexto marcado por los continuos cortes de electricidad y la ausencia de sistemas de ventilación.
Las dificultades no terminan cuando acaba la jornada escolar. Según la profesora, muchos niños regresan con familias que se encuentran completamente absorbidas por la búsqueda de agua, alimentos y otros recursos indispensables para sobrevivir, lo que convierte el estudio o el repaso de las lecciones en una tarea casi imposible.
“Las familias están ocupadas intentando garantizar lo más básico para vivir, y muchas no disponen ni del tiempo ni de la capacidad para sentarse a ayudar a sus hijos con los estudios”, explica.
A pesar de todo, los docentes siguen esforzándose por preservar un mínimo de vida escolar. Mahmoud señala que durante las vacaciones de verano tienen previsto organizar actividades recreativas para los niños, combinadas con clases de lectura, escritura y cálculo, con el objetivo de aliviar las secuelas psicológicas de la guerra, facilitar su regreso progresivo al aprendizaje y estimular nuevamente su desarrollo cognitivo.
Una generación marcada por el genocidio
Según explica a CTXT Margarita Isabel Asensio, profesora e investigadora del Departamento de Educación de la Universidad de Almería, las consecuencias de lo que viven hoy los niños de Gaza no desaparecerán cuando termine el genocidio. A su juicio, lo que está ocurriendo constituye “una destrucción sistemática y planificada del sistema educativo y cultural palestino”, un proceso que, afirma, se prolonga desde 1948 y que busca borrar la identidad, la cultura y la capacidad intelectual de las futuras generaciones.
La investigadora señala que la destrucción o los graves daños sufridos en las escuelas, junto con la devastación de la mayoría de las universidades y centros culturales, el asesinato de centenares de docentes y la privación del derecho a la educación de más de 650.000 estudiantes durante la guerra, hacen que alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4 de la Agenda 2030 –garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad– resulte hoy prácticamente inalcanzable.
Asimismo, advierte de que la prolongada interrupción de la educación, unida a la exposición continuada a experiencias traumáticas, requiere una intervención especializada y sostenida en el tiempo. De lo contrario, alerta, existe el riesgo de que emerja una generación profundamente marcada por el daño psicológico, con consecuencias que se prolongarán durante décadas y afectarán al conjunto de la sociedad palestina.
En su opinión, el reto del futuro no consistirá únicamente en reconstruir edificios y escuelas, sino también en afrontar la enorme brecha educativa provocada por el genocidio y proporcionar un intenso apoyo psicológico y social tanto a los estudiantes como al profesorado que han sufrido traumas.
Entre la universidad y la tienda de campaña: una educación aplazada y una vida en suspenso
Hussam Mohamed, de 27 años, había completado aproximadamente la mitad de sus estudios de Contabilidad en la Universidad Abierta de Al-Quds cuando empezó el exterminio en octubre de 2023. Además de estudiar, trabajaba como taxista y destinaba sus ingresos a construir el apartamento donde pensaba vivir tras casarse. Su plan era sencillo: terminar la carrera, finalizar la construcción de la vivienda y comenzar una nueva etapa de su vida.
La guerra hizo añicos esos proyectos. La destrucción de calles y carreteras, junto con la escasez de combustible y lubricantes necesarios para hacer funcionar los vehículos, le hizo perder su única fuente de ingresos. Poco después, su vivienda también fue bombardeada. Hoy vive en una tienda de campaña que se levanta sobre los escombros de la que fue su casa.
En conversación con CTXT, explica que ahora se encuentra sin trabajo y también sin posibilidad de continuar sus estudios. La pérdida de ingresos le impide pagar las tasas universitarias. Presentó una solicitud para cambiar de la carrera de Contabilidad a Administración de Empresas, pero el trámite permanece paralizado hasta que pueda abonar las cuotas pendientes.
Cuenta que varios de sus amigos se sorprendieron por su decisión de cambiar de especialidad, aunque él trató de explicarles las razones que lo llevaron a tomar esa decisión.
“Asistí a algunas clases cuando la universidad reanudó la enseñanza en línea, pero no entendía las explicaciones como cuando podía acudir al aula. Antes podía acercarme al profesor al terminar la clase y pedirle que volviera a explicar algún concepto o que lo simplificara si no lo había comprendido. Hoy esa posibilidad ya no existe”, cuenta.
Añade que la educación a distancia no se adapta a su forma de aprender. Cree que estudiar Administración de Empresas de manera virtual podría resultarle más sencillo que Contabilidad, aunque insiste en que el problema no radica únicamente en la carrera elegida, sino en las condiciones en las que viven los estudiantes de Gaza.
Asegura que muchos universitarios afrontan las mismas dificultades y recuerda una escena que presenció durante una visita a la universidad: “Vi a un estudiante llorando frente a la administración. Había perdido la conexión a internet mientras realizaba un examen desde uno de los espacios de trabajo habilitados fuera de su casa y la universidad lo dio por suspendido. Me fui sin saber qué ocurrió después con él, pero me quedó una enorme tristeza. Así es nuestra vida en Gaza.”
Un futuro académico amenazado
Incluso antes del genocidio, la Franja de Gaza ya sufría unas tasas de desempleo extremadamente elevadas como consecuencia del bloqueo. Entre los jóvenes, el grupo demográfico más numeroso de la población, el paro superaba el 80 %. Hoy, sin embargo, la prioridad para la mayoría de los habitantes ya no es estudiar ni encontrar trabajo, sino simplemente sobrevivir. La destrucción provocada por la guerra ha agravado aún más el desempleo juvenil, dejando a toda una generación al margen tanto de la actividad educativa como de la productiva.
Las estimaciones de Naciones Unidas indican que la juventud gazatí se enfrenta a desafíos sin precedentes derivados de la devastación generalizada, la inseguridad, el retraso en la reconstrucción y la persistente crisis habitacional. A ello se suma la paralización del proceso de reconstrucción, que constituía uno de los pilares del plan impulsado por Donald Trump para el alto el fuego en Gaza. Todo ello alimenta la frustración y la desesperanza, lo que a su vez lleva a muchos jóvenes a pensar en emigrar en busca de una vida mejor si alguna vez se abren los pasos fronterizos, ya que describen la situación actual como una muerte lenta
Antes del estallido de la guerra, Gaza registraba una tasa de analfabetismo muy baja. Según la Oficina Central Palestina de Estadística, el analfabetismo entre la población de 15 años o más no superaba el 1,8%. Hoy el desafío ya no consiste únicamente en el descenso del número de alumnos matriculados en escuelas y universidades, sino en preservar el derecho mismo de toda una generación a recibir educación, después de que las escuelas se hayan convertido en refugios, las aulas en escombros y los exámenes en un recorrido lleno de riesgos.
En un informe reciente, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) lanzó una seria advertencia sobre el futuro de la educación en Gaza e instó a actuar con urgencia para salvar el sistema educativo. La organización alertó del riesgo de que surja una “ generación perdida” si la situación continúa deteriorándose, y pidió a la comunidad internacional que intervenga para poner fin a esta crisis y garantizar nuevamente el derecho fundamental de los niños y jóvenes a la educación.
Entre esa advertencia y la realidad cotidiana, la población de Gaza contempla el futuro con incertidumbre. Muchos expresan un mismo deseo: si el mundo no ha logrado detener el genocidio durante estos años, esperan al menos que no abandone ahora el sueño de sus hijos ni su derecho a aprender, con la esperanza de que el conocimiento pueda algún día reparar parte de la destrucción que la ocupación y la guerra han dejado tras de sí.
Majd Salem es periodista palestino independiente y estudiante de posgrado.
Publicado originalmente en CTXT