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La escuela que nació de una guerra contra la basura en la comunidad indígena Alpuyeca
23 de juliol, per AuriLas campanas de la iglesia empezaron a sonar con una frecuencia inquietante: cada repique anunciaba una muerte. En Alpuyeca —una comunidad indígena náhuatl del sur de Morelos, México—, un par de preguntas se volvieron cotidianas: “¿Quién se murió ahora? ¿De qué?”. A mediados de los años 2000, mientras el humo de un tiradero a cielo abierto seguía levantándose detrás de los cerros y los lixiviados —líquidos altamente contaminantes— escurrían hacia la tierra y el agua, los habitantes comenzaron a relacionar esos repiques —y el aumento de muertes y enfermedades respiratorias y estomacales, entre otras— con el basurero que durante décadas recibió residuos de la ciudad de Cuernavaca y de municipios vecinos.
“Yo nací con el basurero”, dice Guadalupe Záyago, maestra y defensora del territorio. El tiradero de Milpillas —ubicado en la comunidad vecina de Tetlama— estaba ahí desde que ella recuerda: en el humo de los incendios recurrentes, en el mal olor, en la sensación de que el pueblo convivía con una amenaza que nadie había elegido. Con el tiempo, la comunidad lo bautizo con otro nombre: el Basurero de la Muerte.
La defensa que llegó después no nació solo del miedo a enfermar, sino del miedo a perder el territorio entero. “No hablamos del territorio como la franja geográfica”, explica Záyago. “Hablamos de todo lo que está en él: la música, la danza, la lengua, la comida, la forma de vivir, organizarnos y relacionarnos con los otros, con el medioambiente, con la noche, con el día, con el temporal de lluvias y de secas”.

Los primeros niños y niñas que formaron parte de la escuela primaria habían sido expulsados de otras escuelas. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 En marzo de 2006, la asamblea comunitaria de Alpuyeca decidió frenar al basurero. La resistencia tomó la forma de un plantón y de un bloqueo carretero para impedir el paso de los camiones recolectores de basura. Hubo guardias, una comisión que sostuvo las medidas y un consejo de ancianos y ancianas que acompañó el proceso. Los manifestantes no estuvieron exentos de amenazas y hostigamiento, pero la presión que lograron ejercer sobre Cuernavaca y otros municipios se volvió tan fuerte que Alpuyeca provocó una de las peores crisis de basura en la historia reciente de Morelos. La presión obligó al Gobierno a decretar el cierre del basurero ese mismo año, en junio, apenas tres meses después.
Pero la victoria dejó una pregunta incómoda. Si la basura dejaba de llegar a Tetlama y Alpuyeca, ¿adónde iría? ¿A qué otra comunidad rural o indígena le tocaría cargar con los residuos de las ciudades? El cierre del tiradero no resolvía el problema: apenas lo desplazaba. La respuesta de Alpuyeca fue más ambiciosa: no bastaba con sacar la basura de su territorio, había que cambiar la relación con ella.

En 2006, la comunidad de Alpuyeca dio un ultimatum al gobierno de Morelos para clausurar el tiradero de Milpillas, en Tetlama. En las asambleas, colgaban una lona con la cuenta regresiva. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 De esa reflexión nació el Decálogo de Cero Basura, una apuesta colectiva para reducir al mínimo los residuos de la comunidad y revisar la vida cotidiana desde otro lugar: la comida ultraprocesada, el consumismo, los desechables de un solo uso. La basura dejó de ser solo un problema sanitario o de gestión municipal y se volvió una pregunta sobre cómo vivir sin reproducir el abuso sobre otros territorios.
Las familias crearon sus propios centros de compostaje, los comercios dejaron de dar bolsas de plástico y contenedores de unicel. Incluso crearon una vajilla comunitaria: reunieron platos, vasos y cucharas reutilizables que le daban la vuelta a todo tipo de festejos durante el año.
Pero cinco años después del cierre del basurero, en 2011, esa iniciativa tomó forma en su apuesta más grande: la creación de la escuela primaria comunitaria 17 de abril de 1869, una extensión de aquel proceso de Alpuyeca, pensada como un laboratorio para ensayar otra relación con el territorio. No para enseñar, en abstracto, a separar residuos, sino para preguntarse cómo criar colectivamente a niñas y niños sin repetir la lógica que había enfermado a su territorio.

Escuela Primaria 17 de abril de 1869 en sus inicios, en 2011. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 La basura también entra por el cuerpo
“La escuela era tres saloncitos con niños y niñas que no querían en otras escuelas”, dice la maestra Susy Rojas. “Los reprobados, los que robaban, los violentos con conductas inapropiadas para otras escuelas y que no sabían qué hacer con ellos”, recuerda. La escuela se construyó en las faldas de uno de los muchos cerros que rodean a Alpuyeca, por exigencia de la comunidad a una empresa constructora como parte de un acuerdo para que le permitiera realizar un desarrollo inmobiliario en la zona.
Eran los tres salones en un terreno baldío seco, sin árboles ni una barda perimetral. “Solo dos maestras soñando, queriendo crear, y estos niños fueron la primera generación”, recuerda Záyago sobre el arranque de la escuela que fundó junto con María del Carmen Pantitlán Aguirre, directora del plantel.
Para pensar en su modelo pedagógico, las maestras se pusieron a mirar a las infancias fuera del aula: cómo andaban en bicicleta, cómo se subían a los árboles, cómo nadaban en el canal de riego, cómo montaban a caballo. “Tenían muchísimas virtudes: eran niños y niñas libres, que venían de escuelas donde querían someter su libertad a cuatro paredes, en una butaca, en un cuaderno”, explica Záyago.

Al principio la escuela era de apenas tres salones pequeños, pero fue creciendo con los años. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 Entonces, ¿cómo sostener esa libertad dentro de la escuela? La respuesta de las maestras fue pensar la primaria como “un territorio dentro de otro territorio”, en palabras de Záyago: un lugar donde pudieran entrar la milpa, la cocina, la asamblea, los cerros, las plantas, la lengua y los saberes que la comunidad no quería perder.
“Lo que queríamos para la comunidad, lo hicimos en la escuela”, dice Záyago. Rojas lo explica desde el trato con las infancias: “Significó intercambio y comunicación, que los niños y niñas tuvieran voz y voto, que dijeran qué querían, qué les gustaba y qué no; que se sintieran en casa, pero una casa mejorada”. La frase no es menor: varios también cargaban con violencia en sus hogares.
Poco a poco, montaron un comedor escolar para pensar la alimentación como parte de la salud y para que ninguna infancia se quedara sin su comida diaria. También un huerto escolar y una milpa —sistema agrícola tradicional donde el maíz es el centro— para recuperar el vínculo con la tierra y para cerrar el paso a la comida chatarra. Crearon un sistema de composta para devolver a la tierra lo que la tierra había dado; un banco de semillas para resguardar variedades y memorias; y una farmacia viva de plantas medicinales sembradas con el conocimiento de sus abuelas y abuelos.

El comedor escolar atiende diariamente a los estudiantes. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 
Los niños y niñas de Alpuyeca trabajan en el mantenimiento de los cultivos escolares. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 En otra parte del predio, las maestras decidieron no podar un espacio para que las niñas y los niños observaran qué hierbas brotaban en tiempo de lluvias y cuáles resistían la temporada de secas. La escuela abrió espacio a las faenas comunitarias, a los talleres y a la participación de madres, padres, campesinos, abuelas y abuelos que entraban no como invitados, sino como parte de la enseñanza colectiva. En palabras de las maestras, es como si la escuela tuviera una barda “porosa”, donde los muros son abiertos para que el conocimiento circule de ida y vuelta.
“No somos niños hotdogs ni hamburguesas; somos niños milpa, nopales, zompantles, quelites y verdolagas”, resume Záyago como centro de la filosofía de sus estudiantes. “Eso nos implicó invitar a los campesinos a que nos enseñaran cómo se cultivaba la tierra de manera limpia y cómo se captaba el agua de lluvia; a buscar en otros pueblos a gente nahuahablante para que nos ayudara a recuperar la lengua; hicimos que las abuelas nos enseñaran a cocinar con el saber de la cultura alimentaria propia”.

Las infancias de Alpuyeca se identifican con sus plantas, sus cerros y la cultura náhuatl. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 El libro Salud integral comunitaria. Un ejercicio transdisciplinario en escuelas de educación pública de México, es una publicación colectiva coordinada por la investigadora Juanita Ochoa, que documenta el trabajo realizado con cinco escuelas del país —entre ellas la de Alpuyeca— para pensar cómo una primaria puede ser, al mismo tiempo, espacio de alimentación, identidad, salud psicosocial, resguardo de saberes y organización comunitaria.
La antropóloga e investigadora independiente Mercedes Campiglia, coautora del estudio y quien acompañó a la escuela 17 de abril de 1869 a documentar su proceso, dice que esta se volvió un referente precisamente porque convirtió la defensa del territorio en una forma de producir salud desde lo comunitario. “La 17 de abril fue el modelo del cual partió la propuesta porque ellas tienen un camino recorrido increíble en este proceso de defensa de la vida”, dice Campiglia.

Las maestras María del Carmen Pantitlán Aguirre, Guadalupe Záyago y Susy Rojas. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 El proyecto reunió a investigadoras e investigadores de distintas disciplinas con maestras, familias y comunidades para registrar huertos, radios, talleres, procesos pedagógicos y formas de cuidado, pero también para traducir esas experiencias en materiales, manuales y propuestas que pudieran servir a otras escuelas públicas.
Una de las claves de Alpuyeca es que las maestras no avanzan como figuras aisladas, sino como parte de un mandato colectivo, agrega Campiglia. “Ellas no van solas. Van a partir del respaldo de la comunidad de la que vienen”, dice la investigadora. “Han logrado esa legitimidad porque no avanzan por su propio pie: cada paso lo consultan en asamblea y lo que se acuerda colectivamente es lo que empujan”.

La escuela cuenta con espacios de huerto, composta, banco de semillas y farmacia viva. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 Tekuan Radio: el refugio de la palabra
El cierre del basurero no trajo una paz duradera. Entre 2006 y 2019, Alpuyeca enfrentó nuevas disputas por el territorio, presiones y amenazas contra integrantes del movimiento —incluida la propia maestra Záyago, quien recibió amenazas de muerte—, y un clima de violencia que fue debilitando la vida comunitaria. Fue entonces cuando la escuela empezó a volverse algo más que un proyecto pedagógico. Se volvió refugio.
“Trajimos la casa a la escuela y llevamos la escuela a la casa”, dice Záyago. Las maestras y las familias intentaron resguardar, dentro del plantel, una parte de la vida comunitaria que afuera ya no podía sostenerse del mismo modo. En la primaria siguieron las asambleas de niñas y niños, las reuniones de madres y padres, el trabajo con la comida, la milpa, las plantas y el intercambio entre generaciones.
Ese intercambio terminó encontrando otra herramienta: la radio.

Tekuan Radio es un espacio organizativo desde el que se promueve la defensa del territorio con la participación de las infancias. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 En 2020, Záyago fundó Tekuan Radio, una emisora comunitaria que nació para sostener la educación, la memoria y la organización del pueblo. El proyecto ya tenía un transmisor, pero todavía no arrancaba. El detonante fue el asesinato del defensor del territorio Samir Flores, en Amilcingo, Morelos. “Ese evento nos hizo salir a los micrófonos”, recuerda Záyago. “Bajamos a la radio, así como pudimos… no teníamos lenguaje radiofónico, no sabíamos nada. Con un celular empezamos a transmitir”.
La radio comenzó hablando del asesinato de Samir, del proyecto energético al que el defensor se enfrentó y de la violencia que atravesaba la región. Pero pronto se volvió también una prolongación de la escuela y del proyecto de defensa territorial.
El nombre de la emisora no es casual. Tekuan Radio se presenta como “La voz de los guardianes de los cerros”, por los cerros de La Calabaza y del Jumil, dos elevaciones que resguardan a Alpuyeca y que forman parte de su memoria territorial. En sus laderas sobrevive la selva baja caducifolia —con coyotes, armadillos, zorrillos, serpientes, biznagas y palmas—, pero también las barrancas que, como decían los abuelos, son “el camino del viento”: corredores por donde corre el aire y se regula el clima de los pueblos asentados más abajo. Para Záyago, defender esos cerros no es solo proteger flora y fauna, sino preservar la lengua, los saberes y la cosmovisión del pueblo.
“Cuando un cerro deja de tener flora y fauna, nosotros perdemos palabras”, dice. “Se pierden plantas y animales, pero también se pierden palabras en nuestra lengua. Si se destruyen esos cerros, se destruye el hábitat y entonces ya no nombras a esos animales, ya no existen”.

En la escuela las niñas y niños practican una estrecha relación con la tierra. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 
El huerto escolar está vinculado con la alimentación y la salud de las infancias. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 En la radio, niñas y niños aprendieron a hablar al micrófono, a entrevistar a personas mayores, a preguntar por la lengua, el cerro y la cultura náhuatl. Los niños que “hablaban más” fueron probándose como locutores. Organizaciones como Sandía Digital, Boca de Polen y Fondo Comunidad ayudaron con talleres, acompañamiento técnico, micrófonos y una computadora.
“La radio aparece como un espacio organizativo importante desde el que promovemos la salud, la recuperación y la defensa del territorio”, dice Záyago. Con el tiempo, la emisora comunitaria terminó de asumir una función que la escuela ya venía ensayando: “Se volvió refugio de la palabra, refugio de la forma de vida de nuestros pueblos”, sostiene la maestra.

Las infancias participan en la talleres para la preparación de alimentos tradicionales. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 Sembrarse para no ser despojados
Para las maestras, una de las lecciones más profundas de la historia de Alpuyeca es que antes del despojo de la tierra viene el despojo del cuerpo y de la identidad de un pueblo. “Hablo de despojarnos de nuestras creencias, de nuestros saberes, de nuestras formas de vida, de nuestras formas organizativas”, dice Guadalupe Záyago. “Entonces, hay que tener el oído y el corazón muy agudo para que esto no ocurra. Si nos despojan del cuerpo, nos despojan de la tierra y si nos despojan de la tierra, no tenemos posibilidades de vivir”.

Niños cosechando sandías del huerto escolar. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869 Cuando Záyago intenta explicar lo que Alpuyeca ha hecho desde la batalla contra el basurero hasta la escuela y la radio, termina hablando de la milpa: “Así como sembramos la semillita del frijol, de la calabaza y del maíz, así tenemos que sembrarnos nosotros para crecer juntos y alimentarnos los unos de los otros”. Susy Rojas nombra esa misma defensa de otra manera: “Es muy importante, necesario, urgente, recuperar nuestra identidad. No solo en el sentido de nuestro nombre, de dónde vivimos, de dónde somos, sino de qué es la tierra. Reconstruir nuestra comunidad es recuperarnos a nosotros mismos”.
En Alpuyeca, esa reconstrucción ocurre en una escuela levantada con tres salones, sin barda y con dos maestras soñando. Ocurre en una comunidad que decidió que no bastaba con sacar la basura de su pueblo: había que impedir que el despojo regresara por otras vías. Por eso el proceso siguió en la escuela, donde Alpuyeca intenta que las nuevas generaciones no hereden solo la memoria del basurero, sino también la experiencia de haberlo derrotado.
*Imagen principal: en 2011 se fundó la escuela primaria comunitaria 17 de abril de 1869, donde la defensa ambiental y la recuperación de la vida tradicional se convirtió en su pedagogía. Foto: cortesía Archivo Escolar 17 de abril de 1869
Publicado originalmente en Mongabay
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Crece la indignación en Italia tras el asesinato de un hombre marroquí a manos de la Policía
23 de juliol, per AuriEl domingo 19 de julio, Abderrahim Fakir fue asesinado por la policía en el barrio obrero de Pilastro, en Bolonia, Italia. El vídeo que mostraba su muerte se viralizó inmediatamente en las redes sociales y provocó indignación en todo el país, lo que derivó en convocatorias de huelga y manifestaciones masivas en las calles de la ciudad.
El domingo 19 de julio, Abderrahim Fakir, un hombre de 42 años de origen marroquí, fue asesinado por la policía en el barrio obrero de Pilastro, en Bolonia, al norte de Italia. Pilastro, uno de los últimos barrios verdaderamente obreros de la ciudad, con una importante población inmigrante, ha sido durante años un objetivo prioritario de la retórica racista y centrada en la seguridad de la derecha italiana.
Fue aquí donde se filmó un video de varios minutos de duración que se viralizó en las redes sociales. En él se ve a Abderrahim Fakir inmovilizado en el suelo, boca abajo sobre el asfalto, rociado con gas lacrimógeno, esposado y siendo asfixiado por varios policías mientras los paramédicos observan. En esta horrible escena, dos agentes sujetan a Fakir boca abajo mientras un tercero le inmoviliza las piernas. Le atan las muñecas a la espalda y luego los tobillos con bridas de plástico mientras se le oye repetir: «Aiuto, aiuto, basta» («Ayuda, ayuda, basta»). Su voz se debilita gradualmente hasta desaparecer. Su cuerpo deja de moverse mientras los agentes continúan sujetándolo.
Las imágenes inevitablemente recuerdan las del asesinato de George Floyd en Estados Unidos: un hombre inmovilizado hasta su último aliento, suplicando desesperadamente ayuda antes de sucumbir, todo bajo la mirada de las cámaras. Pero lejos de ser un incidente aislado, el asesinato de Abderrahim Fakir forma parte de un clima de endurecimiento de las medidas de «seguridad» y racismo que actualmente se extiende por Italia y, en general, por toda Europa.
Violencia policial, clima racista y obsesión con la seguridad
El asesinato de Abderrahim Fakir se produjo en un contexto particularmente reaccionario en Italia. Apenas unos meses después de la aprobación del nuevo decreto de seguridad por el gobierno de Meloni, se activó de inmediato el «escudo penal» otorgado a los agentes de policía. Los dos agentes implicados, así como los cuatro paramédicos presentes, se benefician de un procedimiento específico que, por el momento, les impide ser investigados y facilita el archivo del caso si se identifica una «justificación», como la legítima defensa.
Este asesinato no es un incidente aislado. El pasado mes de enero, otro inmigrante marroquí, Abderrahim Mansouri, de 28 años, fue asesinado de un disparo en la cabeza cerca de Milán por un agente de policía que alegó haber actuado en legítima defensa. Sin embargo, pocas semanas después, la investigación condujo a la detención del agente por homicidio involuntario.
Este crimen también se produjo en un clima político profundamente racista. El general Roberto Vannacci, figura emergente de la ultraderecha italiana y afín a Meloni, lleva varios años abogando cada vez más por la «remigración» de los inmigrantes y lanzando ataques contra personas negras y árabes, feministas y homosexuales. Como era de esperar, el viceprimer ministro Matteo Salvini y Galeazzo Bignami, jefe del grupo parlamentario del partido gobernante Fratelli d’Italia, defendieron de inmediato a los agentes de policía implicados. Vannacci, por su parte, prefirió denunciar «la violencia de la izquierda» tras las manifestaciones que siguieron al asesinato.
Mientras tanto, la cadena de televisión pública italiana censuró la noticia sobre la muerte de Abderrahim Fakir. La dirección del noticiero regional de la RAI se negó a emitir las imágenes del hombre pidiendo ayuda y exigió al periodista que eliminara la frase «intervención violenta», lo que provocó una fuerte reacción de los sindicatos de periodistas italianos.
Finalmente, el abogado de Fakir reveló que su cliente temía desde hacía varios meses ser deportado de Italia a pesar de haber vivido allí desde los cinco años y de tener una situación migratoria perfectamente legal. El nuevo Pacto Europeo sobre Migración y Asilo y el endurecimiento progresivo de las políticas migratorias habían alimentado legítimamente sus preocupaciones.
El temor diario a la deportación acabó siendo sustituido por la violencia letal del Estado. «Mataron a mi hermano a sangre fría. Exijo justicia», denunció su hermana Khadija Fakir, dando voz a una ira que, pocas horas después, estallaría en las calles de Bolonia.
La movilización está ganando terreno en las calles y en los lugares de trabajo
La reacción pública fue inmediata. La noche del asesinato, miles de personas se congregaron espontáneamente en las calles del barrio de Pilastro. Al día siguiente, se organizó otra manifestación en la Piazza Maggiore, a petición de la familia de Fakir, que reunió a casi 5.000 personas. En un intento por apaciguar la ira y el conflicto que habían estallado el día anterior, el alcalde Matteo Lepore, del Partido Demócrata (centroizquierda), se sumó a la convocatoria. En la manifestación, no dudó en reiterar su «plena confianza en el Estado», añadiendo que Bolonia tenía «muchos motivos para dudar del Estado», pero que este seguía «de su lado».
Al igual que gran parte de la izquierda institucional del país, empleó cuidadosamente eufemismos, explicando que Fakir simplemente estaba «muerto» o «desaparecido», sin nombrar en ningún momento a los policías que lo asesinaron. El discurso provocó la ira de algunos manifestantes, quienes respondieron que había sido asesinado, coreando «¡Asesinos! ¡Asesinos!». Las pancartas exigían » Justicia y verdad para Fakir» y pedían la retirada inmediata de la protección legal otorgada a las fuerzas del orden.
Tras la manifestación, un gran contingente de manifestantes marchó hacia la prefectura y la sede judicial y policial de la ciudad para denunciar la responsabilidad de la policía y del Estado en el crimen. La respuesta de las autoridades fue inmediata: cargas policiales y golpes de porra contra los manifestantes. Entre cañones de agua y una lluvia de gases lacrimógenos que cayeron sobre las calles del centro de la ciudad, el Estado respondió con una muestra de represión sin precedentes. Ante la violencia de la represión, el alcalde de Bolonia consideró distanciarse de los manifestantes, llegando incluso a afirmar que quienes habían acudido a la prefectura se habían situado «fuera de nuestra comunidad democrática».
Pero la movilización no se limitó a las calles de Bolonia. La noche del 20 de julio, el sindicato local SI Cobas, con el apoyo de la Comunidad Urbana de Burdeos (CUB), convocó una huelga regional de 24 horas en el sector logístico. En Interporto Bologna, el principal centro logístico de la región y donde Abderrahim Fakir trabajó anteriormente, los trabajadores bloquearon el acceso a los almacenes y a los camiones que transportaban mercancías. El propio Fakir fue activista de SI Cobas. Mientras tanto, USB Logistica convocó una huelga de dos horas en todos los almacenes del país.
La huelga logística tras la muerte de Fakir muestra el camino a seguir: llevar la lucha contra la violencia policial del ámbito legal al lugar de trabajo. La burguesía italiana explota a una fuerza laboral racializada y a menudo indocumentada para mantener sus ganancias en sectores tan diversos como la logística, el textil y la agricultura. Al mismo tiempo, alimenta el racismo para dividir aún más a los trabajadores y mantener una hegemonía cada vez más frágil. En un momento en que Meloni comienza a debilitarse y alguien como Vannacci promueve una forma de racismo aún más flagrante, es urgente que el movimiento obrero italiano haga de la lucha contra el racismo y la violencia estatal una de sus prioridades.
Si bien el asesinato de Fakir recuerda al de George Floyd en Estados Unidos, es importante recordar que la muerte de Floyd desencadenó un vasto movimiento antirracista de masas con Black Lives Matter. De manera similar, la experiencia de la lucha contra el ICE en Minneapolis es una fuente de inspiración: al combinar la autoorganización popular, la movilización juvenil y la amplia intervención de los trabajadores, fue posible construir un verdadero equilibrio de poder frente a la ofensiva racista y represiva del Estado.
La movilización que exige justicia y verdad para Fakir ya se extiende por toda Italia. En los últimos días, se han celebrado concentraciones y manifestaciones en decenas de ciudades italianas: Roma, Nápoles, Pisa, Florencia, Milán, entre otras. Debemos aprovechar esta indignación masiva expresada en las calles y vincularla a la convocatoria de huelga lanzada por Si Cobas y la USB (Unión de Trabajadores) para extender el movimiento a amplios sectores de la fuerza laboral. Se ha convocado una nueva asamblea para este viernes 24 de julio en Bolonia para debatir los próximos pasos del movimiento: solo a través de esta organización de base, ya sea en los barrios o en los centros de trabajo, será posible hacer frente a la violencia estatal.
Tras el fracaso de su referéndum sobre la justicia y su retractación respecto a Palestina, Meloni está más golpeada que nunca. El revuelo causado por el asesinato de Fakir demuestra que las brasas de «Blocchiamo Tutto» (Bloqueamos Todo) siguen vivas. El reto ahora es reavivarlas para exigir verdad y justicia para Fakir, y para derrotar la agenda racista y obsesionada con la seguridad de la ultraderecha italiana.
Publicado originalmente en Izquierda Diario
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Expertos en no proliferación nuclear advierten que el acuerdo de EE.UU. con Arabia Saudí podría derivar en el desarrollo de armas nucleares por parte del país árabe
23 de juliol, per AuriEl secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, está defendiendo el acuerdo del presidente Trump para proporcionar a Arabia Saudí un programa nuclear civil que incluya el uso de tecnología estadounidense. Rubio habló al margen de la Cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en Filipinas.
Secretario de Estado Marco Rubio: “Dejaré que el acuerdo hable por sí solo. Basta con decir que todo acuerdo sobre energía nuclear civil que alcancemos con cualquier país del mundo tendrá protecciones para garantizar que no se convierta en un programa de armas. Y una de las mejores protecciones es asegurar que la tecnología y las empresas estadounidenses sean las que participen en ello”.
Es probable que el acuerdo tenga un valor de decenas de miles de millones de dólares para las empresas estadounidenses de energía nuclear como Westinghouse, cuyos reactores producen plutonio como subproducto. Los expertos en no proliferación nuclear advierten que los desechos podrían ser reprocesados y utilizados en ojivas nucleares. James Acton, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, escribió al respecto: “Si es cierto, esto equivale a que Estados Unidos renuncie a la no proliferación [nuclear]”.
Publicado originalmente en Democracy Now
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«Cambió el color del gobierno, pero no cambió la realidad» para los pueblos: Asamblea por la Reconstrucción del Movimiento Social en Oaxaca
23 de juliol, per Admin2Ciudad de México | Desinformémonos. Pueblos, comunidades, colectivos y organizaciones denunciaron la violencia, el despojo, el abandono institucional y la criminalización por parte del Estado mexicano y el gobierno en Oaxaca, y aseguraron que a pesar de que «cambió el color» del partido en el poder, «no cambió la realidad que enfrentan los pueblos y comunidades».
En el marco del Día Estatal contra el Extractivimo y contra las Violencias, los pueblos y organizaciones que integran la Asamblea por la Reconstrucción del Movimiento Social en Oaxaca protestaron este 22 de julio para denunciar «la impunidad que lacera la vida» en la entidad y las diferentes manifestaciones de la violencia, a través de imposición de megaproyectos, criminalización de defensores del territorio, el extractivismo y las crisis de feminicidios y desapariciones.
«Denunciamos la corrupción y el nepotismo del gobierno. Quienes hoy gobiernan no pueden seguir escudándose en discursos de “transformación” o “primaveras” mientras persisten las mismas prácticas que durante décadas han negado los derechos fundamentales de la población», acusó la Asamblea en un pronunciamiento.
Las comunidades enfatizaron que actualmente los megaproyectos y el extractivismo son «la principal expresión de un sistema capitalista contra los pueblos» en Oaxaca, impulsados por los gobiernos federal y estatal «bajo el discurso del desarrollo, la modernización y la inversión», y pusieron por ejemplos el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, la presa Mujer Solteca, el Corredor Zapoteco, los proyectos inmobiliarios y empresariales como el Parque Oaxaca y la expansión de concesiones mineras en el Istmo, la Costa, la Sierra Norte, la Sierra Sur, los Valles Centrales y la Mixteca.
«Estos proyectos avanzan mediante consultas manipuladas, simulaciones de participación, corrupción, opacidad y captura de las instituciones públicas por intereses empresariales y políticos. El desarrollo no puede seguir utilizándose como argumento para justificar los despojos», puntualizaron.
La Asamblea exigió el respeto pleno al derecho de los pueblos y comunidades a la libre determinación, el respeto a sus declaratorias de territorios prohibidos para proyectos de inversión, así como la cancelación de todos aquellos proyectos impuestos que amenazan la vida comunitaria, el agua, los bosques y los territorios. Además, demandó la protección de la vida, justicia para las víctimas de la violencia en Oaxaca y que los gobiernos asuman plenamente su responsabilidad de garantizar los derechos fundamentales de todas las personas.
A continuación el comunicado completo:
Posicionamiento de la Asamblea por la reconstitución del movimiento social en Oaxaca, en el marco de la movilización por la Justicia, contra los despojos y por la defensa de los derechos colectivos:
El mundo atraviesa una crisis civilizatoria sin precedentes. El contexto de guerra en Europa, Asia, África, las invasiones en América, el avance del extractivismo, el colapso climático, la concentración de la riqueza por tecnócratas y la disputa por los bienes comunes están reconfigurando el planeta bajo la lógica del capital. Los territorios se convierten en zonas de sacrificio para garantizar minerales, agua, energía, biodiversidad y corredores comerciales, mientras millones de personas enfrentamos el desplazamiento, la violencia y la destrucción de las condiciones que hacen posible la vida. Oaxaca no es ajena a esta realidad. Por el contrario, nuestros territorios indígenas, diversos, campesinos y comunitarios se han convertido en un objetivo estratégico para quienes pretenden convertir la naturaleza, la cultura y la vida en mercancía. En este escenario, quienes integramos la Asamblea por la Reconstitución del Movimiento Social en Oaxaca, hacemos el siguiente posicionamiento:
- La organización de los pueblos es nuestra mayor fuerza.
Oaxaca nunca ha esperado que los gobiernos le concedan sus derechos. Cada una de las conquistas alcanzadas por los pueblos indígenas, las comunidades agrarias, el movimiento social, las organizaciones civiles y sociales, las mujeres, las diversidades, la juventud y el sindicalismo ha sido fruto de la organización, la movilización, la resistencia y la rebeldía. Nuestra historia demuestra que frente al autoritarismo, la represión y el despojo, los pueblos de Oaxaca siempre han respondido construyendo organización desde abajo, fortaleciendo la vida comunitaria y defendiendo el territorio. Esa memoria colectiva es la que hoy nos vuelve a convocar.
Por ello, las organizaciones sociales, pueblos indígenas, comunidades, colectivas, sindicatos, feministas, diversidades sexo-genéricas, personas defensoras de derechos humanos y ciudadanía organizada hemos decidido construir una amplia alianza como una expresión legítima de organización y resistencia frente a la profunda crisis de derechos humanos. Nos movilizamos porque la justicia continúa siendo una deuda para las víctimas, porque los despojos avanzan bajo la protección del poder político, criminal y económico, y porque la defensa de los derechos colectivos exige hoy más que nunca la unidad de los pueblos, los movimientos y la sociedad. Reafirmamos que la organización y la movilización social son derechos fundamentales y que ningún gobierno tiene legitimidad para intentar debilitarlos.
- Cambió el gobierno, pero no cambió la realidad de los pueblos.
La autonombrada Cuarta Transformación prometió un cambio profundo para Oaxaca. Sin embargo, las condiciones estructurales de desigualdad, exclusión e impunidad permanecen prácticamente intactas. Oaxaca continúa siendo una de las entidades con mayores niveles de pobreza del país: el 58 % de su población vive en situación de pobreza y el 20 % en pobreza extrema. Las consecuencias siguen recayendo sobre los pueblos indígenas, las mujeres, las personas defensoras de derechos humanos, las personas de la diversidad sexual, las y los trabajadores y las comunidades que sostienen la vida en el estado.
Decidimos movilizarnos porque estamos hartas y hartos de la impunidad que lacera la vida de Oaxaca. Denunciamos que cambió el color del gobierno, pero no cambió la realidad que enfrentan los pueblos y comunidades. La violencia, el despojo, la criminalización, el abandono institucional continúan siendo la respuesta del Estado frente a las legítimas demandas de justicia y dignidad. Denunciamos la corrupción y el nepotismo del gobierno. Quienes hoy gobiernan no pueden seguir escudándose en discursos de “transformación” o “primaveras” mientras persisten las mismas prácticas que durante décadas han negado los derechos fundamentales de la población. Exigimos investigaciones independientes e imparciales para todos los crímenes, castigo a los responsables materiales e intelectuales, reparación integral para las víctimas y garantías efectivas de no repetición. La justicia no puede seguir siendo una promesa incumplida ni un privilegio reservado para unos cuantos.
- El desarrollo que nos ofrecen significa despojo, cárcel y muerte para los pueblos
Los megaproyectos y el extractivismo constituyen hoy la principal expresión de un sistema capitalista contra los pueblos y comunidades de Oaxaca. Bajo el discurso del desarrollo, la modernización y la inversión, los gobiernos federal y estatal impulsan un modelo económico que privilegia la rentabilidad privada sobre los derechos colectivos. El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, la presa Mujer Solteca, el Corredor Zapoteco, los grandes proyectos inmobiliarios y empresariales como el Parque Oaxaca y la expansión de concesiones mineras en el Istmo, la Costa, la Sierra Norte, la Sierra Sur, los Valles Centrales y la Mixteca forman parte de una misma estrategia para apropiarse de los territorios y de los bienes comunes.
Denunciamos que estos proyectos avanzan mediante consultas manipuladas, simulaciones de participación, corrupción, opacidad y captura de las instituciones públicas por intereses empresariales y políticos. El desarrollo no puede seguir utilizándose como argumento para justificar los despojos. Exigimos el respeto pleno al derecho de los pueblos y comunidades a la libre determinación, el respeto a sus declaratorias de territorios prohibidos para proyectos de inversión, así como la cancelación de todos aquellos proyectos impuestos que amenazan la vida comunitaria, el agua, los bosques y los territorios.
- La criminalización y la desmovilización son políticas para imponer el despojo
Cuando los pueblos se organizan para defender sus derechos, la respuesta del Estado no ha sido el diálogo, sino la persecución. La criminalización de la protesta principalmente en el Istmo de Tehuantepec, la fabricación de delitos, el uso de grupos de choque contra las manifestaciones públicas, la vigilancia, las amenazas, el hostigamiento, la estigmatización, la cooptación de liderazgos y las campañas de desinformación no son hechos aislados: forman parte de una estrategia sistemática para fragmentar a las comunidades y movimientos sociales, sembrar miedo y abrir paso a los intereses económicos sobre los territorios.
Denunciamos la responsabilidad del Estado mexicano en la construcción de este clima de persecución y exigimos el cese inmediato de toda forma de criminalización contra quienes defienden derechos humanos y territorios. La obligación del Estado es garantizar la libertad de expresión, el derecho a la identidad, la protesta social, la organización colectiva y la defensa de los derechos humanos, no perseguirlas ni debilitarlas.
- Las luchas sindicales defienden los derechos del pueblo
La historia democrática de Oaxaca no puede entenderse sin las luchas sindicales. Las organizaciones de trabajadoras y trabajadores han sido protagonistas en la conquista de derechos laborales, en la defensa de la educación pública, de la salud, de la seguridad social y de condiciones dignas de trabajo. Muchas de las libertades de las que hoy gozamos son resultado de décadas de movilización sindical y popular, no son una dádiva de los gobiernos.
Denunciamos los intentos permanentes por desprestigiar, dividir y criminalizar al movimiento sindical, así como las políticas que buscan restringir el ejercicio de los derechos laborales y la libre organización. Exigimos el respeto irrestricto a la libertad y autonomía sindical, a la negociación colectiva y a todas las conquistas alcanzadas por generaciones de trabajadoras y trabajadores que hicieron de la organización una herramienta para transformar la realidad, alto a los despidos injustificados.
- Las mujeres seguimos en resistencia y sostenemos la vida
Las mujeres hemos sido protagonistas de la digna historia de organización y transformación de Oaxaca. Desde las comunidades indígenas y afromexicanas, los barrios, los sindicatos, las organizaciones sociales, las colectivas feministas, las diversidades sexo-genéricas y los movimientos en defensa del territorio, hemos sostenido procesos fundamentales para la defensa de los derechos colectivos, la reproducción de la vida comunitaria, el cuidado de los bienes comunes y la construcción de alternativas frente a la violencia y los despojos. Sin embargo, nuestro trabajo político, comunitario y de cuidados continúa siendo sistemáticamente invisibilizado, mientras persisten profundas desigualdades que limitan el ejercicio pleno de nuestros derechos, aunado a la grave crisis feminicida y de desaparición que también aqueja a Oaxaca, tratándola de disfrazarla y ocultarla con la Guelaguetza comercial operada por el Estado que ha mercantilizado a Oaxaca, su gente y sus formas de vida.
Oaxaca sigue siendo uno de los estados donde las mujeres y las diversidades sexo-genéricas enfrentan mayores condiciones de desigualdad económica, exclusión social y violencia. La discriminación, la sobrecarga de los trabajos de cuidado, las brechas salariales, el acceso desigual a la tierra, la violencia política, la violencia comunitaria y la violencia institucional se entrelazan con un contexto de impunidad que permite la continuidad de los feminicidios y otras formas de violencia machista. Tan sólo durante 2026, 43 mujeres han sido asesinadas en Oaxaca, una cifra que evidencia el fracaso del Estado para garantizar el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia.
Denunciamos que la violencia contra las mujeres la expresión de un sistema patriarcal que se articula con el modelo económico de despojo y con instituciones que continúan respondiendo con indiferencia e impunidad. Exigimos al Estado asumir acciones serias que no sean solo simulaciones como las que han plagado a la Primavera Oaxaca para ellos, pero ha sido un oscuro invierno para las mujeres.
Exigimos garantías plenas para todas las mujeres presidentas municipales quienes están en riesgo por defender los intereses de sus pueblos y para todas las que ocupan cargas electas por sus sistemas normativos internos.
- No aceptamos que conviertan nuestra cultura y nuestra vida en mercancía
Oaxaca es reconocida mundialmente por la riqueza de los pueblos originarios, las lenguas, nuestros conocimientos, las expresiones artísticas, los sistemas comunitarios y la diversidad cultural. No obstante, mientras las comunidades enfrentan pobreza, desplazamiento y despojo, las instituciones gubernamentales y los intereses privados utilizan esa riqueza cultural como un recurso para atraer inversiones, promover megaproyectos, expandir el turismo y fortalecer una imagen comercial del estado.
Denunciamos la mercantilización de las culturas originarias y la utilización del Estado para apropiarse simbólica y económicamente del patrimonio colectivo de los pueblos. Rechazamos la folklorización de las identidades, la apropiación de los conocimientos y la reducción de la cultura a una mercancía. La riqueza cultural de Oaxaca no pertenece a los gobiernos ni a las empresas; pertenece a los pueblos que la han creado, defendido y transmitido durante generaciones. La cultura no puede utilizarse para encubrir políticas de despojo ni para convertir la vida comunitaria en un producto de consumo.
- Mientras exista despojo e impunidad, habrá organización y resistencia
Frente a la desigualdad, la violencia, la impunidad y el despojo, reafirmamos que la movilización social constituye un derecho humano y una expresión legítima de la participación democrática. A la Cuarta Transformación y la Primavera Oaxaqueña: ¡No podrán dividir nuestras luchas! La historia de Oaxaca demuestra que los pueblos siempre han sabido organizarse para defender la vida y construir alternativas frente a la injusticia.
Exigimos al Estado mexicano y al Gobierno de Oaxaca que asuman plenamente su responsabilidad de garantizar los derechos fundamentales de todas las personas; proteger a quienes defienden la tierra, el territorio y los derechos humanos; combatir la impunidad; detener la imposición de megaproyectos; respetar la libre determinación de los pueblos; garantizar los derechos laborales y sindicales; y reconocer a las culturas originarias como sujetos colectivos de derechos, no como mercancías al servicio del mercado.
Oaxaca de la resistencia, Oaxaca a 22 de julio del 2026
¡Los pueblos de Oaxaca seguiremos organizándonos, alzando la voz y defendiendo la vida, la tierra, el territorio y nuestros derechos!
¡22 de Julio, Día Estatal contra el Extractivimo y contra las Violencias!
ASAMBLEA POR LA RECONSTITUCIÓN DEL MOVIMIENTO SOCIAL EN OAXACA
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El algoritmo no habla zapoteco
23 de juliol, per Admin2
En el aula del Centro Cultural Zapoteco Uken Ke Uken de Yalálag, una tarde de febrero, una joven de preparatoria tecleó en su teléfono una pregunta sencilla. Quería saber el nombre botánico de una planta medicinal que su abuela conoce en zapoteco serrano para un trabajo escolar. Escribió en su lengua materna. El sistema de Inteligencia Artificial, uno de los más avanzados del mercado, respondió en inglés con una disculpa automatizada: “I’m sorry, I don’t understand your request.” Ella volvió a intentarlo, esta vez en español. La respuesta llegó inmediata, detallada, con nombre científico y usos documentados. Sin embargo, ninguna de las dos respuestas nombraba lo que su abuela sabía.Esa escena se repite miles de veces al día en la sierra, en los valles, en las cabeceras municipales de Oaxaca. Desde SURCO lo hemos observado en campo, y los datos lo confirman con una contundencia que incomoda: en 2025, LLYC, BID Lab y Microsoft publicaron un estudio en el que sometieron a los cinco modelos más avanzados del mercado a pruebas en las lenguas originarias americanas más comunes. Los resultados documentaron una falla sistémica. Apenas en el 54% de los casos la IA logró articular una respuesta vagamente correcta. La calidad gramatical obtuvo 2.4 sobre 10; la comprensión semántica, 2.3. Las respuestas generadas fueron, en promedio, cuatro veces más cortas que aquellas formuladas en lenguas hegemónicas. En el 35% de las fallas, el algoritmo ignoró el prompt en lengua indígena y respondió en español o inglés. En el 11% restante devolvió texto contaminado: hispanismos innecesarios, bucles lógicos, disculpas corporativas automatizadas.
Estos números tienen una explicación estructural, no técnica. El rendimiento de un modelo de IA en una lengua tiene una correlación estadística del 91% con el volumen de contenidos digitales disponibles en esa lengua. Una de cada 20 páginas web del mundo está escrita en español; hay que rastrear entre 125,000 páginas para encontrar una sola redactada en cualquier lengua indígena americana. La jerarquía algorítmica es una jerarquía de mercado: las lenguas se procesan en proporción a su rentabilidad comercial, y las que no representan un mercado suficientemente grande sencillamente no existen en la cosmovisión de los sistemas. Wikipedia lo confirma: el náhuatl tiene 4,272 entradas; el mixteco, 113; el mixe del norte, 10.
Y esos datos del estudio ni siquiera miden las lenguas oaxaqueñas. Las pruebas se realizaron en quechua, guaraní, náhuatl, maya yucateco —las lenguas con mayor peso demográfico del continente. El zapoteco, el mixe, el chinanteco son fantasmas incluso en los estudios que intentan medir la invisibilidad. Las lenguas de la sierra no representan un mercado suficientemente rentable para ser medidas.
Hasta aquí, el argumento parece señalar un problema de acceso: la IA excluye a las comunidades hablantes de lenguas originarias, y esa exclusión debe corregirse. Pero la situación es más compleja, y vale la pena mirarla de frente. Imaginemos que un modelo de IA lograra “incluir” el zapoteco. ¿Cuál zapoteco? El zapoteco de la Sierra Norte difiere estructural y fonológicamente del de los Valles Centrales y del del Istmo. Dentro de la Sierra Norte conviven variantes que los hablantes mismos distinguen con claridad. Un algoritmo entrenado en datos disponibles en internet —escasos, fragmentados, sin consenso de escritura— tendería a estabilizar una variante, a fusionar rasgos incompatibles o a producir una forma híbrida que ninguna comunidad reconocería como propia. Esto no es hipotético: es lo que ocurrió históricamente con la escritura alfabética, que fijó la variante que los misioneros o lingüistas documentaron primero y desplazó a las demás. La máquina repetiría ese gesto, pero a mayor velocidad y con menos transparencia.
Las consecuencias de la dinámica actual son de dos tipos. La primera es la exclusión directa: la joven de Yalálag no puede interactuar con los sistemas de IA en su lengua, lo que significa que hay un dominio entero de la vida contemporánea —búsqueda de información, traducción, apoyo educativo, comunicación de emergencia— que solo le está disponible si abandona su idioma. Cada dominio que se pierde reduce el espacio vital de una lengua y contribuye a su desplazamiento. La segunda consecuencia es más silenciosa: cuando la IA sí produce texto en una lengua indígena, produce una versión estandarizada, decontextualizada y potencialmente contaminada que circula como si fuera legítima. Esa versión entra en repositorios, se usa para entrenar nuevos modelos, y la lengua que sobrevive en los sistemas va pareciéndose cada vez menos a la lengua que hablan las comunidades.
Ese segundo proceso es el que más nos preocupa desde SURCO, porque opera sin que nadie lo declare ni lo firme. Un acuerdo como el que mencionamos en el ensayo anterior tiene nombre, fecha y funcionarios. El proceso de degradación del corpus lingüístico no tiene ninguno de esos elementos. El estudio citado documentó que el 11% de las interacciones en lenguas originarias producen respuestas contaminadas. Cuando ese material se inyecta en plataformas colaborativas y alimenta los próximos ciclos de entrenamiento, el error se hereda y se amplifica. La lengua que sobrevive en el algoritmo deja de ser la lengua que custodia la asamblea y se convierte en un artefacto que nadie reconoce.
La pregunta que queda abierta, entonces, no es si la IA aprenderá a hablar zapoteco. Es quién decide si queremos que lo haga, en qué condiciones, bajo qué protocolo de consentimiento y con qué beneficio para las comunidades. La respuesta no es abstracta: la localización de Firefox al zapoteco, impulsada desde Mozilla Nativo con la participación directa de hablantes comunitarios, demuestra en la práctica qué implica una inclusión tecnológica con autonomía. Son los hablantes quienes deciden qué términos usar, qué variante registrar, qué tan rápido ir. El proceso no disuelve todas las tensiones —la pregunta de cuál variante es válida sigue siendo difícil, y lo seguirá siendo— pero la diferencia es que esa tensión la habita la comunidad, no un algoritmo entrenado a distancia con datos que nadie consintió ceder. La inclusión corporativa, sin esas condiciones, no es una solución al problema que describimos. Es otra forma del mismo problema. Lo que el siguiente ensayo mostrará es que el ciclo de contaminación no necesita mala intención para funcionar: le basta con el mismo automatismo con que el mercado ha operado siempre.
Material de referencia para ficha editorial interna:
- LLYC, BID Lab y Microsoft (2025). El desempeño de la inteligencia artificial en el uso de lenguas indígenas americanas. Autoría: Miguel Lucas, Alejandro Burgueño, Carazas (LLYC); conceptualización y guía estratégica: César Buenadicha, Smeldy Ramírez, César Rosales (BID Lab). Licencia CC BY 3.0 IGO. Disponible en publications.iadb.org.
- Mozilla Nativo: https://wiki.mozilla.org/Nativo — https://rising.globalvoices.org/lenguas/2024/03/11/mozilla-nativo/
- Kiado Cruz, localización de Firefox al zapoteco: https://rising.globalvoices.org/lenguas/2019/04/22/presentamos-a-kiado-cruz-anfitrion-de-la-semana-22-al-28-de-abril-para-actlenguas/
- Nota de campo: Yalálag (Villa Hidalgo Yalálag), municipio zapoteco, distrito de Villa Alta, Sierra Norte de Oaxaca.
Publicado originalmente en Indigital