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Otro petrolero secuestrado por Estado Unidos cerca de Venezuela
dilluns 22 de desembre de 2025, per
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Petrolero Centuries, atracado por última vez en Venezuela, mientras es detenido por la Guardia Costera de Estados Unidos el 20 de diciembre de 2025. (AFP)
La reciente incautación de buques petroleros vinculados a Venezuela en el mar Caribe marca un nuevo capítulo en la histórica política de injerencia de Estados Unidos en América Latina. En menos de dos semanas, fuerzas yankees interceptaron al menos dos petroleros y avanzaron sobre un tercero en aguas cercanas a la costa venezolana, bajo el argumento de hacer cumplir sanciones unilaterales impuestas por Washington. La operación, encabezada por la Guardia Costera y respaldada por el despliegue naval estadounidense en la región, fue presentada como una acción legal contra lo que Estados Unidos denomina “flota fantasma”, pero desde Caracas y otros gobiernos fue denunciada como una confiscación arbitraria y un acto de piratería moderna. Por ANRed.
Según informó la propia administración estadounidense, uno de los buques transportaba crudo venezolano y fue incautado pese a no encontrarse en territorio ni jurisdicción de Estados Unidos. La persecución de un tercer petrolero, aún en curso, confirma que no se trata de hechos aislados sino de una estrategia sostenida de control marítimo. En la práctica, estas acciones configuran un bloqueo de facto sobre las exportaciones petroleras venezolanas y consolidan la ocupación militar del Caribe como espacio clave para disciplinar a los países que se apartan de la agenda geopolítica de Washington.
El economista y activista griego Yanis Varoufakis explica los acontecimientos polìticos detràs del ataque contra Venezuela y situaciòn de debilidad que implica que Estados Unidos deba hostigar a una economia que a pesar de todo ha logrado sostenerse en el tiempo:
Este tipo de intervenciones no es nuevo en la historia continental. Desde la Doctrina Monroe hasta las invasiones, golpes de Estado y bloqueos económicos del siglo XX y XXI, Estados Unidos ha considerado a América Latina como su área de influencia exclusiva. En el caso venezolano, esa lógica se expresa hoy a través de sanciones extraterritoriales y del uso directo de la fuerza naval para impedir el comercio internacional de un país soberano. La incautación de buques no solo afecta a Venezuela, sino también a terceros países y empresas que comercian con ella, ampliando el alcance de la injerencia estadounidense más allá de sus fronteras.
La militarización del Caribe se inscribe así en una política más amplia de presión económica, diplomática y militar destinada a forzar cambios políticos internos. Bajo discursos como la lucha contra el narcotráfico o la evasión de sanciones, Estados Unidos refuerza su presencia armada en una región estratégica para el tránsito energético mundial, condicionando la soberanía de los países ribereños y reinstalando prácticas propias de un orden imperial. En este escenario, el control de los buques petroleros se vuelve una herramienta central para asfixiar economías y enviar mensajes disciplinadores al conjunto del continente.
Las reacciones internacionales no tardaron en llegar. China y otros actores denunciaron la incautación de buques como una violación del derecho internacional y de la libertad de navegación, advirtiendo sobre el peligro de normalizar acciones unilaterales que socavan la estabilidad regional. Para Venezuela, estas medidas confirman que el conflicto con Estados Unidos ha dejado de ser exclusivamente económico o diplomático para convertirse en una intervención directa sobre su capacidad de comerciar y ejercer soberanía sobre sus recursos naturales.
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