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Colectivas Brasileras se manifiestan en Barcelona contra la Masacre de Río de Janeiro

dilluns 3 de novembre de 2025, per  Lucia Fernandez

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Este domingo 02 de noviembre, varias colectivas migrantes de la comunidad brasilera se congregaron en la Plaza Sant Jaume de Barcelona para denunciar y rechazar la masacre acontecida este pasado 28 de octubre, donde la Policía de Río de Janeiro, dirigida por el bolsonarista Claudio Castro, ejecutó un operativo contra el Comando Vermelho, donde se asesinaron a más de 150 personas.

Hoy en Río no hay música, no hay risas, no hay alegría. La ciudad amaneció en silencio, temblorosa, triste. Ayer una macro operación policial en el complejo del Alemão y en el morro da Penha, se ha cobrado la vida de 150 personas por el momento, aunque la cifra no es definitiva pues se están recuperando aún cuerpos del monte – que son encontrados con las manos atadas a la espalda con bridas, muchos en ropa interior y con disparos de fusil en la cabeza, para además de dificultar la identificación obliga a las familias a hacer el velatorio con el ataúd cerrado, añadiendo insulto al dolor.

Hoy en Río las madres y las abuelas no dejan salir a sus hijos a jugar en la calle, no los mandan a la escuela por miedo a que tengan el mismo destino que el de sus hermanos mayores, de sus primos, sus tías, sus amigas y sus padres. Miedo a que los helicópteros les disparen desde el aire, en el patio del colegio, miedo a que sean confundidos con los poderosos narcotraficantes, que nunca encuentran.

Hoy hay toque de queda, hay alerta dos, se recomienda evitar los desplazamientos, pero ¿quién cuida de los hijos, de los sobrinos, de los mayores, de las mujeres que trabajan en las casas de los ricos? Para las que quedarse en casa es sinónimo de despido o de varias jornadas menos del salario mensual, que a duras penas llega para las cuentas.

Pero no sólo llora Río de Janeiro, Brasil entero llora, las madres brasileñas lloran. Porque, ¿de verdad creemos en la falacia de que los grandes líderes del crimen organizado viven en las favelas? Como decimos allá: Cuando una madre pierde a un hijo, todas las madres pierden uno también.

Esta “operación policial” muestra cómo el Estado y la policía tratan a las favelas y a las personas negras y pobres como prescindibles, como seres desechables. De nuevo, en nombre de la seguridad pública, los cuerpos negros y pobres, mueren. Porque quienes defienden el estado de derecho y el proceso justo, han tenido históricamente una doble vara de medir para las clases explotadas del capitalismo racial del cual se benefician. Desde la lógica de quiénes nos preocupa la violencia racista de estado, si nuestros muertos son delincuentes, limpiadores, chóferes, desempleados o estudiantes, nos es indiferente. Porque, incluso, si varias de las víctimas estaban involucradas en delitos, la matanza selectiva y ejemplarizante es el rostro más crudo de un sistema político supremacista. Estas masacres perpetúan la violencia, encubren la responsabilidad institucional y destruyen a las familias.

Los grandes líderes del crimen organizado viven en condominios de lujo en Brasilia, tienen cargos políticos, disfrutan de inmunidad parlamentaria e incluso utilizan el servicio público para proteger a sus socios en las barriadas. La diferencia es que nadie entra en sus barrios disparando, decapitando o torturando como lo hacen en las favelas.

El gobernador de Río de Janeiro, Cláudio Castro, mano derecha de Bolsonaro, ha elegido convertir las plazas públicas en depósitos de cadáveres. Para medrar y mantener su maltrecha carrera política utiliza la muerte y el derramamiento de sangre como medio.

En lugar de perseguir con inteligencia el crimen donde se organiza y se gana el dinero — en los barrios ricos, paraísos fiscales y los escaños ocupados por delincuentes de cuello blanco y oficinas de milicianos —, el Estado elige exterminar indiscriminadamente en las favelas a personas que ya sufren con la pobreza, el desempleo y la ausencia de políticas estatales, más allá de otro fallido proyecto de masacre que ha gobernado el estado más de 20 años. Toda una carrera construida sobre los cadáveres de cuerpos no blancos.

¿Quiénes financian y llevan las armas a esos sitios? Y principalmente, ¿Quiénes se lucran realmente no sólo con la venta de drogas, sino también con la narrativa de la seguridad y los demás crímenes que rodean al narcotráfico? El crimen organizado no puede existir sin corrupción en la policía, los políticos y el sistema financiero.

Quienes mueren en «operativos policiales» no son delincuentes organizados, son prescindibles. Los «operativos policiales» son propaganda política, un espectáculo, una farsa. Es racismo institucional, militarización injustificada e impunidad bajo la falsa premisa de la seguridad. Una operación policial que sólo mata a pobres y negros tiene otro nombre.

Lo que ocurre en Río además de una tragedia anunciada, es una decisión. Una política de eugenesia disfrazada de seguridad pública, que hace del miedo una metodología y de la muerte un discurso. Tenemos que reaccionar y exigir responsabilidades a quienes han convertido esta brutal violencia en la no tan nueva política de Estado.

Ningún policía, ninguna institución, ningún gobierno, ningún Estado/nación debería tener la legitimidad ni el poder para decidir quién vive y quién muere. Eso es una barbarie y no podemos normalizar que masacres así sigan sucediendo. Centenas de vidas para recuperar 73 armas y un avión que está más para desguace que otra cosa. Los números no cuadran.

En la televisión, la radio y las redes sociales las noticias son confusas. Solo se habla del número de víctimas como si no fueran seres humanos, ni siquiera merecieron un poco de atención y respeto por sus familias. Porque son pobres, negros, marginales que cometieron el crimen de estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Es muy triste ver la deshumanización de tantas personas asesinadas, tiradas como bolsas de basura y a sus familias reconociendo a sus seres queridos bajo las armas de la policía. Ver a personas celebrando, la peor masacre del país, que tiene el triste honor de superar a la de Carandiru y sus 111 muertos hoy convertidos en estadística y películas.

Hoy, vemos que en Abya Yala hay un plan para aprovechar la ola de la caza de narcotraficantes como pretexto para la intervención imperialista en América Latina. La obsesión por mantener un lugar de privilegio en la política exterior de la internacional reaccionaria liderada por Estados Unidos, ha llegado al punto de normalizar – e incluso defender– un Mar Caribe y toda Abya Yala penetrada por la militarización americana y francesa (en este último caso, sobre sus territorios todavía colonizados en Las Antillas). ¿Quieren realmente un debate sobre el narcotráfico? ¿Quieren un debate de cómo el imperialismo americano ha contribuido activamente al crimen organizado cuando les ha interesado?

Hoy ese plan se materializa en lanzar a Brasil al fuego, como un plan de traición. El último suspiro del sueño golpista de Bolsonaro. Exigimos una investigación independiente, que se examinen los cuerpos para determinar cómo murieron, que quede claro que fueron ejecuciones, que se rindan cuentas quienes ordenaron y ejecutaron, y, por supuesto, políticas públicas, que prevengan estas masacres. Justicia, verdad y reparación. Exigimos el impeachment y la prisión del gobernador del Estado de Río de Janeiro, Claudio Castro Exigimos que el Estado brasileño se responsabilize por las familias destrozadas por esta operación genocida Que las víctimas tengan derecho a un entierro digno Que se abra una Comisión Parlamentar de Investigación de las personas involucradas en esta operación Y que el tema de las drogas sea tratado dentro de la Política de Salud Pública y no en la Política de Seguridad Pública

Mulheres Brasileiras Contra o Fascismo e o Racismo (MBCFR)

Casa da Gente

Cnaacat

t.i.c.t.a.c.

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El baile todo

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Veure en línia : https://www.anred.org/colectivas-br...

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