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El peso de la vida: en 10 años se duplicaron los suicidios y hay un suicidio adolescente por día
dimecres 29 de juliol de 2026, per
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Los suicidios triplican a los homicidios. La media argentina supera en 2.7 a la mundial. En ese marco, cada día un adolescente entre los 10 y los 19 años se quita la vida. Por cada caso letal hay hasta 20 intentos. Entre las causas, historias de sextorsión, deudas por apuestas y profundas soledades, mientras crece la vida en las redes. Mientras, en los hospitales nacionales de salud mental, el gobierno recortó el presupuesto en un 44%. «Suicidarse no es un objetivo sino una estrategia. Y esto lo considero importante para evaluar políticas de prevención del suicidio. El suicidio es un mal. Pero no es un absoluto mal. El absoluto mal es todo aquello que lleva a considerar el suicidio como una estrategia», señala Alfredo Grande, psiquiatra, referente del Psicoanalisis implicado y la Clínica Social, y presidente de la cooperativa de trabajo en salud mental ATICO. Por Claudia Rafael, Silvana Melo y Alfredo Grande, para Agencia Pelota de Trapo.
El peso de la vida: en diez años se duplicaron los suicidios
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Esta es la primera parte de un informe sobre el desmesurado crecimiento de los suicidios en el país. Los suicidios triplican a los homicidios. La media argentina supera en 2.7 a la mundial. Mientras se recortan presupuestos en las áreas de salud mental.
Por Claudia Rafael y Silvana Melo.
(APe).- La angustia cuando se hace profunda y el mundo cuando se vuelve intolerable desactivan los hilos que sostienen la vida y empieza a ser cotidiana la tentación de arrancársela. 5.209 personas sintieron ese derrumbe durante 2025 y fueron contabilizadas por el Ministerio de Seguridad de la Nación en una gélida columna de muertes violentas. Cuando en realidad eran suicidios. Que no tenían nada que ver con los homicidios ni con los accidentes. Esa demolición de la voluntad que empuja a terminar con la vida aumentó un 22,6% en la Argentina solamente en un año: entre 2024 y 2025.
No es casual en una docena de meses cuando la miserabilidad desde el poder agudizó la carencia de los más castigados y los culpó de su desgracia.
El informe de Estadística Criminal que el Ministerio de Seguridad dio a conocer en celebración de una baja del 7,1 por ciento en los homicidios dolosos, exhibe también una cifra de diez años escalofriante que, sin embargo, no mereció ninguna reacción oficial: desde 2016 hasta el 2025 la cifra de suicidios aumentó un 79,80 %. En una década la subsistencia de muchos argentinos entró en una espiral de disvalor que casi duplicó a quienes decidieron terminar con su vida.
En esos diez años, 38.283 personas se quitaron la vida. Algo así como la desaparición de toda la población de ciudades como Bell Ville, Funes, Lobos o Chascomús. El 13,60 % de ese total ocurrió en 2025. El año con el mayor número de suicidios a lo largo de toda la historia. Hasta ahora.
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La tasa nacional trepó a 11,8 casos cada 100.000 habitantes, mientras que el promedio mundial que informa la Organización Mundial de la Salud es de 9,1. Provincias como Entre Ríos, que suele perforar todos los extremos, llega al 20,8.
En apenas un año, los suicidios en la provincia de Buenos Aires aumentaron un 55,4%. En CABA, un 38,3%. En Misiones, un 36,93%. En Salta, un 34,6%. En Santa Cruz, un 33,4%. Cada distrito con sus particulares hostilidades hacia diferentes grupos sociales. Buenos Aires abarca un nivel de hacinamiento, disparidad social, pauperización y migración laboral que logra ganar varios premios en frustraciones, precarización, desempleo y pobreza. Una desvalorización de la vida propia que tiende a desencarnarse.
Inseguridades: el suicidio triplica a los homicidios dolosos
Los gobiernos suelen desplegar discursos, planteos y plataformas grandilocuentes contra la violencia y la inseguridad. Pero sus propias estadísticas denuncian que la gente a la que deben representar se mata tres veces más de lo que la matan. Pero para esta tragedia no hay plataformas ni discursos ni programas preventivos. Se desfinancian los dispositivos de salud mental. Y se deja más sola a la gente que necesita escucha y compañía. Se profundiza el silencio y las emociones no nombradas. Nombrar el suicidio, dicen desde la psicología, “no es promoverlo, sino desarmar los silencios que lo rodean”.
Rastrear las razones de ese incremento estremecedor es, de alguna manera, una radiografía social de cómo se vive, de las angustias que superan la vara de lo soportable y de las soledades que atraviesan a una porción creciente de la población. Que en un país como Argentina haya una persona que cada dos horas o menos ¿elija? poner fin a su vida da cuenta de aquello que la psicoanalista Miriam Maidana define al plantear que “no ubicamos tanto al intento de suicidio como un querer morir, sino con no saber cómo vivir. Cómo sobrellevar el día a día”.
Si nos remontamos a otra etapa en la vida nacional, en 1966, hubo 1664 suicidios. Es decir, de 4 a 5 personas por día pusieron fin a sus vidas. En 2025, con 5209 suicidios, se quitaron la vida de 14 a 15 personas cada 24 horas.
Y en un presente en el que día a día, semana a semana, mes a mes, durante los últimos dos años millones de argentinos fueron arrojados a la zozobra de tratar de sobrevivir, el estrés que surge de la crisis económica incide negativamente en la salud psíquica de las y los trabajadores.
El relevamiento del estado psicológico de la población argentina que durante 2025 realizó la Facultad de Psicología de la UBA ubicó la crisis económica ligada a bajos ingresos y deudas como la mayor fuente de angustia de los participantes en el estudio (55,91%).
La pérdida de trabajo, las presiones laborales por acoso empresarial, la inestabilidad en la que innumerables trabajadores se encuentran en la lucha cotidiana por la preservación del trabajo deriva demasiadas veces en la decisión de acabar con la vida. Y esto trasciende fronteras. Hay innumerables espejos en los que reflejarse.
En los doce años transcurridos en Francia entre 2006 y 2017 se produjeron más de 35 suicidios entre trabajadores de France Telecom y Renault por presión laboral. Al punto tal que los sindicatos del sector lograron que las empresas fueran juzgadas y recibieran condenas por “exceso de trabajo” y “acoso moral”.
Del total de las víctimas del aumento exponencial de 2025, el 78,6% eran varones, con una mayor concentración entre los 18 y los 34 años.
Justamente en esta franja etárea está puesta la mayor presión de una sociedad en vértigo, generadora de ansiedad y depresión en edades tempranas, a través del consumo de drogas y el aislamiento digital. La soledad y la necesidad de sortear la hostilidad de un mundo que demanda pero no devuelve, se vuelven crisis a veces inmanejables.
Lo que hasta hace poco tiempo se trataba de cuadros vinculados con trastornos mentales o consumos, en un presente aluvional las crisis son vecinas del empeoramiento de las condiciones de vida, del endeudamiento para el alimento del día, de la falta de empleo, de un mañana que se ha vuelto absolutamente esquivo. Entre los jóvenes de 18 a 30 años, la mora supera el 40%, la tasa más alta entre los distintos grupos etarios. En los últimos dos años ha crecido el trabajo no registrado y precarizado al mismo ritmo que cerraron más de 300.000 empresas. Las plataformas de mandados y de remisería se han extendido de tal manera por la necesidad de empleo que la oferta se ha vuelto superior a la demanda. Y por ahí tampoco aparece el trabajo. Para nadie, ni para jóvenes ni para adultos mayores que no pueden sobrevivir con haberes ofensivos para la dignidad. Y en este contexto –según el informe de la UBA-, quienes necesitan atención psicológica y son conscientes de esa necesidad, pero no acceden a ella porque no pueden afrontar el costo, superan el 43 por ciento.
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La preminencia de género en la mayoría de los suicidios vuelve a poner en debate la masculinidad como proveedora, cuando la posibilidad del sostén de un hogar se quiebra y además ha dejado de ser el único sostén. El mandato cultural persigue a una masculinidad que se queda sin empleo, suma frustraciones, está atrapado por el individualismo feroz de los tiempos, ve imposible construir con dos o más, no ve probable edificar un futuro y ve en el otro un competidor y no un par. La vida entonces se deshilacha, pierde sentido.
Aunque nada de esto significa que un elevado número de mujeres no lo intenten también, que no estén atravesadas por angustias existenciales y otro tipo de crisis y mandatos sino que en un ínfimo porcentaje de casos (2,1%) tienen un resultado mortal. Y ahí será otro el tipo de análisis sobre las razones de fondo.
Muchas de las causas para el incremento desmesurado de las vidas truncadas por decisión propia habrá que indagarlas en el tipo de sociedad y de producción que se fue (im)perfeccionando con el correr de los últimos años. Donde el rol de las soledades que atraviesan a unos y otros, que encuentran consuelo en las vidrieras tecnológicas y artificiales, conminan a un viraje sostenido en la construcción de otro tipo de humanidad. Donde se recupere lo colectivo y el encuentro afectivo que permita reconocerse y sanar vínculos que hoy por hoy están minados por barreras artificiales.
Fuente: https://pelotadetrapo.org.ar/el-peso-de-la-vida-en-diez-anos-se-duplicaron-los-suicidios/ Un suicidio adolescente por día: arrancarse la vida
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Cada día un adolescente entre los 10 y los 19 años se quita la vida. Por cada caso letal hay hasta 20 intentos. Entre las causas, historias de sextorsión, deudas por apuestas y profundas soledades mientras crece la vida en las redes. En los hospitales nacionales de salud mental el gobierno recortó el presupuesto en un 44 %. Última parte del informe.
Por Silvana Melo y Claudia Rafael.
(APe).- Terminar con la vida cuando recién amanece parece ser un síndrome de la orfandad de los tiempos. Cuando la soledad, la desprotección ante los monstruos del mundo cercano, la individualidad epocal, la crueldad institucionalizada y mil causas más en los alrededores íntimos provocan esa necesidad de arrancarse una vida que recién asoma. Que se debate en terribles contradicciones, en una paráfrasis de la letra de Wos qué rabia me da la vida, voy a arrancármela / qué rabia me da la vida, voy a quedármela. En ese remolino de dolor, cada día un chico de entre 10 y 19 años se quita la vida en la Argentina. Y convierte al suicidio adolescente en la segunda causa de muerte en chicos de esas edades.
Cuando la frialdad del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) lanzó en junio las cifras de muertes violentas -con la jactancia ministerial de la baja de la criminalidad de un año a otro- ningún organismo oficial se escandalizó por lo que desnudaba una de las columnas del informe: un 22,6 por ciento de aumento de los suicidios apenas en un año y un 79,80% de escalofriante crecimiento en una década. Dentro de esos números, los niños, los adolescentes y los jóvenes como oscuros protagonistas no desagregados en un total dramático.
La Sociedad Argentina de Pediatría determinó que el suicidio representa alrededor del 33% de las muertes por causas externas en adolescentes de 15 a 19 años. El dato del Ministerio de Salud, ese filo que lastima, dice que un adolescente se suicida por día en el país y que el suicidio es la segunda causa de muerte de chicas y chicos entre 10 y 19 años. A lo que la Organización Mundial de la Salud agrega el detalle escondido: por cada vida que se apaga por una supuesta decisión propia, hay entre diez y 20 intentos. Un mar de angustias no captadas por radares institucionales y humanos de calidad dudosa.
El gobierno nacional adelgazó el presupuesto para los hospitales nacionales de salud mental un 44%.
Un informe del Hospital Garrahan de 2022 se detiene en conductas potencialmente lesivas, autoinfligidas y sin resultado fatal que muestran una evidencia de intencionalidad de provocarse la muerte. La ideación suicida, en tanto, contempla cualquier pensamiento sobre poner fin a la vida propia. En el mismo año, la Sociedad Argentina de Pediatría detectó que hay más suicidios entre los adolescentes de entre 15 y 19 años que entre los chicos de 10 a 14. Los varones tienen mayor tasa de efectividad o letalidad, pero los intentos de suicidio implican a 1 varón cada 4 mujeres.
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El Garrahan diferencia las conductas autolesivas que no siempre están acompañadas por ideación suicida: sólo en el 17 por ciento de los casos, fundamentalmente entre los 15 y 16 años. El resto, suele autolesionarse para aliviar la angustia, para regular la tensión emocional cuando se hace insoportable. Pero no en la búsqueda de morir. Este padecimiento es uno de los que quedan cubiertos con el velo de la sobrevida y de la crisis presente de la salud mental.
El programa presupuestario específico para implementar la ley “Apoyo y Promoción de la Salud Mental”, cuenta en 2026 con 48 millones de pesos. Es decir, una reducción del 91,5% respecto de los recursos del 2025. Aunque hasta septiembre del año pasado apenas se había ejecutado poco más del 30% de la partida disponible. Que habrá sido destinada quién sabe a qué otros rumbos que no fueron el dolor de los adolescentes que se lastiman o mueren.
El deterioro abrumador de las condiciones de vida tiene habitualmente una correspondencia directa en la salud mental. Las presiones sociales, a su vez, van moldeando las decisiones y los rumbos de pibas y pibes que transitan la adolescencia. Que, cuando atraviesan angustias, zozobra existencial y se difumina el deseo como meta vital la posibilidad cierta de acceder a un apoyo terapéutico choca de bruces con la realidad. Los espacios estatales están estallados, las terapias individuales deben reducirse a consultas de media hora y mucho más espaciadas en el tiempo de lo necesitado. Y las consultas pagas exceden los bolsillos de una población empobrecida. La desigualdad social no se observa únicamente en relación a la alimentación, la vivienda o la vestimenta. También, en el tipo de terapia psicológica o psiquiátrica que se obtiene.
A la hora de buscar las causas para el incremento en la tasa de suicidio adolescente aparece una multicausalidad emparentada directamente con los tiempos sociales. Y bucear en esa multicausalidad nos zambulle de lleno en una radiografía del tipo de sociedad que se ha ido construyendo a lo largo de las últimas décadas.
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Entre las historias de pibes en esas franjas etarias el abanico ofrece una heterogeneidad íntimamente ligada a la época. Historias de sextorsión (el acoso por imágenes o videos íntimos ya tiene incluso una palabra que lo define), de deudas por apuestas o por préstamos dentro de las aplicaciones, de presiones sociales ligadas a la propia aceptación o a la necesidad de pertenencia, de vínculos afectivos tóxicos , de la dificultad para establecer relaciones de escucha y confianza con los pares o de intensa soledad.
Hace apenas unos días colegios considerados de elite académica como el Nacional Buenos Aires o el Carlos Pellegrini saltaron al debate mediático cuando un grupo de alumnas y sus padres denunciaron que estudiantes de segundo año crearon un grupo de whatsapp en el que compartían carpetas con
deepfakes
de contenidos íntimos. Ante el escándalo que se generó apareció en bancos de los salones un mensaje: “Ustedes nos pueden delatar, pero no vamos a parar de desnudarlas y venderlas”.
Alrededor de un año antes, Ema, una adolescente de 14 años de Longchamps, en el sur del Gran Buenos Aires, puso fin a su vida 24 horas después de que se viralizara entre sus compañeras y compañeros de escuela un video sexual con un chico de su clase. Su mamá, Laura, logró que se aprobara una guía para las escuelas que lleva el nombre de su hija.
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Nazareno hubiera tenido la misma edad de Ema cuando ella decidió salirse de la vida. Pero no llegó a cumplir los 14. Porque un año antes, un miércoles de frío otoñal, en Pellegrini –un pueblo bonaerense lindante con La Pampa- víctima también de la viralización de un video íntimo acabó con sus días. Sus padres lo supieron durante el velatorio: un chico lo contactó por redes sociales y haciéndose pasar por una chica le pidió que le enviara un video y le dedicara alguna frase. Una vez más: la vergüenza, la angustia por la exposición ante sus pares, la dificultad de ponerle palabras a esa aflicción o de pedir ayuda lo rompieron por dentro.
Esas dos historias están atadas a bromas adolescentes de quienes no dimensionan las consecuencias de sus actos que condujeron a la muerte. Pero también aparecen, ya con otras características, historias como la de Rodrigo, un soldado voluntario de 21 años que fue víctima de
sextorsión
. Detrás operaba una banda delictiva que le hizo creer que una chica con la que se vinculaba a través de una aplicación de citas era menor de edad y que ya estaba radicada la denuncia penal en su contra. A cambio le pedían sumas importantes de dinero.
Juegos peligrosos
La multicausalidad ofrece diversas aristas. Y las apuestas, en el universo adolescente, operan también como la plataforma ideal para la zozobra emocional. Con un aditamento extra exacerbado a límites impensados en tiempos mundialistas. Entre los promotores de plataformas de apuestas hay tres grandes estrellas del fútbol. Por decisión propia, enriquecen sus bolsillos con la promoción de dos firmas de juego online Emiliano Dibu Martínez y Cristiano Ronaldo. Y, por decisión de sus herederos, otra gran firma utiliza la imagen y la voz de Diego Armando Maradona, generadas por IA, en el mismo sentido. A pesar de que se trata de un juego que demasiadas veces concluye en la ludopatía. Dios capital suele estar por encima de la salud.
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Las estadísticas son demoledoras: entre los adolescentes “el 80% está expuesto a apuestas online, principalmente desde el celular, lo que dificulta el control adulto”, escribe Alejandro Rebossio en Diarioar . En un informe en el que analiza los diferentes negocios asociados al Mundial y a sus eternos beneficiarios revela que 6 de cada 10 chicos terminan apostando en las plataformas ilegales porque las legales están bloqueadas a menores. Que el 37 % de quienes apuestan lo hacen casi a diario. Que entre los que apuestan, hay siete de cada diez que sufren cuadros de ansiedad y malestar. Que se alteran los ciclos de sueño y baja notoriamente el rendimiento escolar.
Es un mundo en el que rigen reglas muy particulares. Por empezar no se apuesta con dinero contante y sonante sino que se trata de simples números que aparecen en la pantalla del celular y hay un sistema de promociones especiales para los apostadores noveles.
Como Ema y Nazareno a partir del acoso con videos íntimos, Ignacio se quitó la vida a los 22. Había comenzado a apostar a los 17 años y no le demandó demasiado tiempo para quedar entrampado en una adicción que lo llevó a hacer jugadas hasta por 140.000 dólares.
Franco es el nombre ficticio que utilizó Clarín en la entrevista a su mamá. Con 14 años intentó suicidarse cuando ya, víctima de ludopatía, había vendido gran parte de sus pertenencias y de los dólares que guardaba su mamá para seguir apostando. Y como se movía, como tantos pibes y pibas, como un pez en el agua en el universo digital, adquirió un medicamento opioide a través de Telegram. Todavía continúa en tratamiento de recuperación.
Las deudas no son sólo privativas del mundo de las apuestas. Los cada vez más crecientes trabajadores de plataformas terminan endeudándose con las mismas empresas para las que trabajan en un circuito cruel que les permita seguir trabajando. Es decir, para reparar o comprar una bicicleta o una moto, por ejemplo. El promedio de las deudas, según se publicó en una circular del Banco Central, ronda los 900.000 pesos per capita. Y tienen tasas de interés del 700 % anual. El 70 % de quienes se endeudan con las apps tienen menos de 40 años.
En definitiva, es imposible soslayar el vínculo entre condiciones de vida y de trabajo y salud mental. La desesperación por las deudas y las presiones derivan muchas veces en tragedia.
Cifras que se desangran
El 76% de los intentos de suicidio con resultado mortal corresponde al sexo masculino. Los mayores riesgos caen sobre el grupo de 25 a 29 años, seguido por el de 20 a 24. Los números son del Boletín Epidemiológico nacional.
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El dato tristemente particular: sólo en el grupo de 10 a 14 las tasas de letalidad son mayores en las mujeres que en los varones. Se trata de niñas pequeñas, de una realidad estremecedora. En el grupo de 25 a 29 años, la tasa es cinco veces mayor en los varones que en las mujeres.
Entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 intentos de suicidio al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud. Un 5% con resultado mortal. Aunque el 61% fueron protagonizados por mujeres, la letalidad fue cinco veces mayor en los varones. Las tasas más altas se concentraron en adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años, con una marcada sobrerrepresentación femenina entre los 15 y 19 años.
Mientras tanto, la inversión en salud mental se aleja tristemente de los estándares legales y humanos. En 2024 representó el 1,82% del gasto en salud. En 2025, un 1,68 % y en 2026, un 1,42%. Cifras que se desangran muy por debajo del 10% que establece la Ley Nacional de Salud Mental 26.657.
Fuente: https://pelotadetrapo.org.ar/un-suicidio-adolescente-por-dia-arrancarse-la-vida/
Suicidio: otro hecho maldito del país burgués
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Suicidarse no es un objetivo sino una estrategia. Y esto lo considero importante para evaluar políticas de prevención del suicidio, dice Alfredo Grande. El suicidio es un mal. Pero no es un absoluto mal. El absoluto mal es todo aquello que lleva a considerar el suicidio como una estrategia.
Por Alfredo Grande.
(APe).- En nuestra sociedad, en nuestra cultura, el suicidio es considerado un disvalor. O sea: algo que está mal. Algo que no debería suceder. Como la violencia, como el juego compulsivo, como no pagar impuestos. Como la ira, como la furia, como la venganza.
La cultura represora tiene muy en claro cuál es la tabla de disvalores que más le conviene. Debo decir que en la denominada “guerra cognitiva” vamos perdiendo. La derecha que se hace llamar ultraderecha para habilitar la derecha de centro somete además de por los medios convencionales de la guerra, por la permanente puesta en valor del sentido reaccionario de la vida. Algunos llaman a esto consumismo, economía de mercado y otras denominaciones del formidable marketing libertario.
Desde el punto de vista médico, psiquiátrico y psicoanalítico el suicidio implica dos variantes principales: el suicidio paranoico y el suicidio melancólico.
En el paranoico el peligro está afuera y en el melancólico el peligro está adentro. Pero la esencia del suicidio es terminar con la insoportable sensación de peligro inminente. Pienso que suicidarse no es un objetivo sino una estrategia. Y esto lo considero importante para evaluar políticas de prevención del suicidio.
Acuerdo en que el suicidio es un mal. Pero, al menos para mí, no es un absoluto mal. El absoluto mal es todo aquello que lleva a considerar el suicidio como una estrategia. La única que queda, siempre que el tiro del final pueda salir.
O sea que, si para nosotros el suicidio es un problema, para el suicida es una solución. La única que queda. O sea: una estrategia. A escala individual. A escala colectiva es la conocida historia de Masada. En los compases finales de la primera guerra judeo romana (también conocida como la Gran Revuelta Judía), cuando el asedio de la fortaleza por parte de las tropas del Imperio Romano condujo finalmente a sus defensores a realizar un suicidio colectivo al advertir que la derrota era inminente. Los defensores de Masada tenían claro al enemigo exterior: el Imperio. Practicaron hace siglos lo que la “gorda Lester” escribió en las mazmorras de la cárcel de Trelew: LOMJE. “Libres o muertos jamás esclavos”.
Pero la concepción individual de la vida (lo que me permite decir que el sufragio individual secreto y obligatorio es reaccionario) también llegó al suicidio. Digo con temor a equivocarme que el suicidio es una estrategia política de resistencia. De resistencia a un represor que no se sabe bien quién es. Un Imperio que siempre contra ataca, pero que no siempre contra ataca de la misma manera. Si como dice Silvio Rodríguez “yo me muero como viví”, el suicida también muere como vivió. En absoluta soledad, inclusive la peor soledad, que es la soledad de estar mal acompañado.
Los gladiadores en el Imperio Romano antes del combate moral le decían al Cesar “Morituri te salutant”, los que van a morir te saludan. Los gladiadores actuales quizá no estén en el circo romano, sino en las motos de Rappi. Quizá ya no saludan, pero de algún modo u otro, morirán.
Alguna vez nos daremos cuenta de que la falta de ira, de bronca, de violencia, de lucha, es una forma de suicidio. A largo y mediano plazo.
Pero suicidio, porque el tiro del final finalmente va a salir.
Fuente: https://pelotadetrapo.org.ar/suicidio-otro-hecho-maldito-del-pais-burgues/
Veure en línia : https://www.anred.org/el-peso-de-la...