Inici > novedades > Y la lluvia también
Y la lluvia también
dijous 6 de novembre de 2025, per
<https://www.portaloaca.com/wp-conte...>
Quienes deterioran las condiciones de vida son quienes incitan a la rebelión. Para ser rebelde, no basta con poseer una conciencia rebelde; se requieren además condiciones exógenas a la voluntad de rebelión. Entra en juego un elemento subjetivo: la percepción de la realidad. Lo que durante siglos se ha vivido directamente se ha visto sustituido en el último siglo por una relación mediática con el mundo, la existencia y la historia. Esto ha tenido un efecto demoledor sobre la percepción y la conciencia. La velocidad ultrarrápida en la que se mueven actualmente los medios, con internet a la cabeza, repercute de inmediato en ese constructo verbal artificial llamado sociedad, vocablo que viene a sustituir a «pueblo», apelmazando la realidad, embrollando voluntades y, sobre todo, obstruyendo la propagación de la verdad. La verdad es rebelde; bastaría para liberarla no ya con no censurar u omitir, sino sencillamente con no mentir.
Naturalmente, nadie se da por aludid_; todos los medios proclaman su objetividad y su veracidad; algunos, para demostrarlo, rodean al locutor de tertulianos de derecha e izquierda. Así se asegura que se es «neutral», pese a que «ideología neutral» sea un oxímoron más grande que «dura tiene la cara ese engendro fascista empresario llamado Trump». Con el «tú más», «tú peor», «pues anda que tú» con el que se ventila y al que se reduce toda discusión posible, transmisible y permisible. L_s tertulian_s aparentan discutir cuando en el fondo están de acuerdo; la diferencia estriba en a qué políticos defienden. La faramalla consiguiente amenaza con ser eterna. Ya van cincuenta años de chismorreo estúpido, lo cual, comparado con la estulticia nacional-católica anterior, que amenaza con volver, es un pequeño avance. Empero, la posibilidad que otorga la democracia a la extrema derecha para imponerse utilizando los medios que esa misma democracia pone a su disposición demuestra la lasitud pactada con la cual la Transición se comportó con los representantes del régimen anterior, condición sine qua non que pusieron los franquistas para que sus crímenes no fueran perseguidos y juzgados, lo que les ha permitido, después de un período de incubación, volver a levantar cabeza. AP y PP ya eran representantes del franquismo; con lo que no se contaba era con un partido de masas a su derecha, formando parte y siendo la versión autóctona de la ofensiva fascista mundial. Hasta qué punto la convivencia entre las derechas es más bien connivencia lo probarán los resultados y alianzas que puedan formarse tras las próximas generales. Con total seguridad, PP y VOX pactarán una mayoría gubernamental.
Muy de vez en cuando pasa algo realmente significativo, como la intentona independentista catalana, el cribado de los cánceres de mama en Andalucía o la alarma tardía que condenó a muerte a doscientas veintinueve personas en la DANA en la Comunidad Valenciana. Habrá quien piense que estos acontecimientos no son parangonables cuando en realidad remiten al sentido más genuinamente siniestro del concepto «política»: un nacionalismo frente a otro, un desastre humano por construir en terrenos inundables, una omisión criminal en el sistema de salud. Los nacionalismos se enfrentan en realidad por quién debe disponer del poder y el dinero, mientras que los tontos ondean sus trapos de colores; las inundaciones son una catástrofe humana provocada por el afán de lucro y, en el caso concreto de la DANA 2024 en Valencia, aderezado además con una criminal gestión estatal, y el cribado de las mamografías obedece a un trasvase de fondos públicos a la sanidad privada. Pero incluso esto, con el tiempo, se intenta disgregar con las maniobras de distracción periodística y parlamentaria, viviéndose en un presente-pasado continuo y persistente con ínfulas de grandeza, en el que no existe la miseria material y moral y, cuando existe, es solo un momento de veracidad diluido en lo «falso sin réplica» que denunciase Debord. Lo más triste de todo esto es que en la actualidad algunos desastres —no naturales, sino humanos— se pueden prever. Es el sistema homicida siempre en búsqueda del rendimiento económico inmediato el responsable, no la cantidad de lluvia que pueda caer sobre una zona determinada, puesto que ya hay tecnologías que predicen las precipitaciones casi al segundo y al kilómetro. Antes era más bello cuando la lluvia —no me refiero a la inundación— te cogía por sorpresa; ahora no esquiva la predicción ni un simple chubasco. En resumen, es el hombre el que invade los dominios de la naturaleza y no al revés. Por otra parte, el ser humano, como animal contingente, está sometido a lo imprevisible de la naturaleza… un terremoto, una erupción volcánica, un huracán o tifón, una pandemia (esta última producto casi siempre de la acción humana junto con los incendios). No hay que olvidar, por otra parte, que las inundaciones son proveedoras de vida, con el limo que arrastran, son la causa de la extraordinaria fertilidad y de generación de paisajes únicos como el Delta del Nilo, el del Ebro, la Albufera de Valencia, etc. Así que las inundaciones suelen tener esas dos caras: destrucción-regeneración, desgracia-feracidad de los cultivos. El ser humano no puede sustraerse, aunque lo intenta, a la acción nociva de ciertos fenómenos naturales. Antes, el desastre era circunstancial y circunscrito a un determinado territorio. Hoy la información es planetaria y crea la ilusión, junto con las películas de catástrofes americanas, de que están acaeciendo desastres continuamente, mientras que el desastre más humano, la guerra, sigue siendo la más acérrima y culminante de las facultades del Estado.
Lo que subyace bajo el conflicto actual acerca del derecho a la libertad de expresión, entendida esta en su sentido burgués, es decir, como prerrogativa exclusiva del capital privado invertido en medios de comunicación, cuyo objetivo principal es alcanzar una rentabilidad dentro de la economía de mercado, es el más que previsible relevo forzado de los protagonistas y profesionales que viven de tal mercado, bien sea por su expulsión de los medios públicos, como con la retirada de licencias de emisión de medios privados. En la jungla de internet, tod_s están contemplando la visión del mundo que más se ajusta a sus preferencias e intereses, originados estos en la lucha por la supervivencia dentro del sistema capitalista, con individuos que la ensalzan y también quienes la denigran y las repercusiones psicosociales que causan las diferentes maneras de afrontar dicha lucha. Los sentimientos y tendencias, conscientes e inconscientes que provoca la lucha, están determinados en gran medida por la educación —familiar, estatal y privada— y el sector social en el que nazca y se desarrolle el individuo. No obstante, existe todavía cierta movilidad social: burgueses que se proletarizan y, más raro, proletarios que alcanzan e integran la cúspide social. No es casual que la mayoría de integrantes de los parlamentos sean profesionales del Derecho. Al fin y al cabo, a estos profesionales se les adiestra en la modalidad sofista de la dialéctica: defender una cosa y su contraria según sea la tendencia predominante en el conflicto político que la cambiante coyuntura social exija. No hay nada más devaluado que la palabra de un político. Todo el mundo lo sabe. Y tan consciente es la clase política de lo devaluada que está su profesión entre el pueblo que, cuando están en el poder y quieren denigrar una protesta social, la califican de «politizada».
Antes se elegía el diario o el canal de televisión que más afinidades tenía con el consumidor. Ahora los influencers y los medios digitales parcializan igualmente el mensaje, pero su repercusión es mucho mayor, porque la comunicación es mucho más personalizada y directa. Más integral, por calificarla de alguna manera. A quien quiera alucinar con lo que se expande en la red, tanto por el disparate del discurso como por el número de gente que lo sigue, le recomiendo, una entre muchas, que se conecte con la página de Valdeande Mágico.
V.J. Rodríguez González ¡Haz clic para puntuar esta entrada! (Votos: 0 Promedio: 0)
Veure en línia : https://www.portaloaca.com/opinion/...