Inici > novedades > Entrevista a Georges Ibrahim Abdallah, de Argentina al Líbano: “Juntos, solo (…)
Entrevista a Georges Ibrahim Abdallah, de Argentina al Líbano: “Juntos, solo juntos venceremos”. Segunda parte
diumenge 18 de gener de 2026, per
<https://www.anred.org/wp-content/up...>
Beirut (18/12/2025). Georges solidarizándose con el prisionero político, chicano, Xinachtli
Georges Ibrahim Abdallah es un militante comunista, antiimperialista, antisionista e internacionalista nacido en el Líbano en 1951. Georges, hasta el día de hoy sigue siendo un fedayin (un combatiente), un “pecado” que el sistema capitalista nunca perdonó. A pesar de sus 41 años privado de la libertad en Francia, torturado y aislado, liberado en julio de 2025 y expulsado a Líbano, sigue sosteniendo que su identidad es la del militante revolucionario: “En realidad, yo fui un militante dentro de la prisión. Nunca fui un prisionero que aspira a convertirse en militante; soy militante, y como tal lucho incluso en condiciones excepcionales…”. El 18 de diciembre (2025), en la ciudad de Beirut (Líbano), junto a compañeros de Masar Badil (Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina) pudimos dialogar y entrevistar a Georges Ibrahim Abdallah. Por Lisandro Brusco – Masar Badil (Movimiento Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina) para ANRed.
Primera parte: https://www.anred.org/entrevista-a-georges-ibrahim-abdallah-primera-parte/
Entrevistador: La operación del 7 de octubre, el Diluvio de Al-Aqsa… ¿Cómo la viviste? ¿Esperabas una operación de esta magnitud? ¿Cuáles fueron tus impresiones en ese momento y cuáles son ahora?
George: Soy árabe, palestino y libanés, y abordo esta cuestión como algo que concierne a cualquier ser humano de esta gran patria árabe. Además, soy comunista, y desde esa posición analizo esta operación no solo en su dimensión local, sino a partir de sus efectos a escala global y en relación con la dinámica de la lucha revolucionaria árabe e internacional.
Desde el punto de vista estrictamente militar, el 7 de octubre fue una operación relativamente limitada; no fue una operación de gran envergadura en términos históricos. La revolución palestina tiene más de cuarenta años. Que grupos de combatientes —mil, más o menos— realicen una acción de este tipo es algo natural, incluso algo que podría haberse repetido periódicamente. Sin embargo, lo que ocurrió produjo una serie de efectos que fueron mucho más allá de lo esperado.
En el plano político y social, en el nivel de la reacción popular inmediata, la respuesta fue espontánea. Como tantos otros hijos de nuestro pueblo árabe, cuando vimos a un fedayín capturando a un soldado israelí sobre un tanque, aplaudimos y estallamos de alegría. Esa fue una reacción natural, al ver a los combatientes actuar como corresponde a combatientes. Más tarde, al analizar la operación en detalle, es legítimo decir que algunas cosas podrían haberse hecho de otro modo. Pero, en su orientación general, fue una operación militar altamente exitosa.
Ahora bien, hubo efectos que no todos percibieron de inmediato. Esta operación reveló una realidad que no estaba completamente visible. Cuando Israel se enfrentó a la violencia palestina, respondió de manera bárbara, como era previsible. Pero esa respuesta transformó a toda la región en una zona insegura para el capital global, y este es el punto central.
Para comprenderlo, hay que entender qué es Israel. Hasta la década de 1970, Israel no contaba con grandes instituciones financieras privadas: bancos, sistemas de seguros y estructuras financieras clave seguían siendo de carácter público. En los años ochenta, con la llegada de cerca de un millón de colonos procedentes de la Unión Soviética, llegaron también enormes cantidades de capital, muchas veces por vías ilegales desde el punto de vista del propio capitalismo. Junto con ese capital llegó una masa humana altamente cualificada, formada científicamente, lo que permitió a Israel dar un salto cualitativo y construir lo que se conoce como su “Silicon Valley”. El 7 de octubre golpeó ese núcleo estratégico. No porque lo destruyera físicamente, sino porque el capital no puede permanecer donde existe un conflicto armado abierto. Nadie esperaba este efecto. Y es precisamente esto lo que sitúa a Israel en la fase final de su existencia histórica.
El proyecto de la llamada “Gran Israel” era viable mientras ese Silicon Valley funcionara. No se trataba de una ocupación militar clásica, sino de un dominio económico y administrativo de toda la región, similar al que se ejerce sobre los llamados Estados del Golfo. El 7 de octubre canceló ese proyecto, incluso sin que quienes lo llevaron a cabo fueran necesariamente conscientes de esta dimensión estratégica.
Además, el 7 de octubre impidió la normalización entre Arabia Saudí e Israel. No debemos olvidar que Gaza es una enorme prisión, y que los planes consistían en ampliar aún más ese encierro. El 7 de octubre fue la explosión de esa prisión, y esa explosión alteró todos los proyectos regionales.
Occidente respondió desplegando todo su arsenal de barbarie y criminalidad, pero el pueblo palestino permaneció en pie, con sus heridas y con sus niños, sin rendirse. Ofreció un ejemplo de resistencia que la humanidad no había visto ni en Dien Bien Phu ni en Stalingrado. Nunca un pueblo había combatido de esa manera en defensa de su propia existencia.
A escala mundial, el impacto fue inmediato. Por primera vez en la historia del capitalismo occidental, una guerra de exterminio pudo ser observada en tiempo real, hora tras hora. El argentino, el boliviano, el pakistaní pudieron ver diariamente el genocidio desplegarse ante sus ojos. Esto empujó a amplios sectores de la juventud a levantarse: primero desde una solidaridad humana, luego desde una comprensión política más profunda. Esa movilización comenzó a adquirir un carácter claro de confrontación con la “fascistización del exterminio”. En un contexto global marcado por la crisis del capitalismo y la posibilidad real de una tercera guerra mundial, la causa palestina se convirtió en una bandera contra el avance del fascismo en Europa y en el mundo.
Por eso, cuando comenzaron las manifestaciones en Europa y en Estados Unidos, los gobiernos intentaron prohibirlas y criminalizarlas. Llevar una kufiya o una bandera palestina podía llevar a la cárcel o ser acusado de antisemitismo. Hoy, sin embargo, no hay ciudad en el mundo donde no se levante la bandera palestina y la kufiya como símbolo no solo de solidaridad, sino de resistencia al fascismo en los propios países.
Netanyahu es una expresión concreta del fascismo. Israel, como entidad, es una extensión orgánica del imperialismo occidental, que se formó históricamente a través de guerras de exterminio. Estados Unidos, América Latina, Australia: todos estos proyectos estatales se construyeron sobre genocidios masivos. Israel es la última expresión de esa lógica.La guerra de exterminio contra el pueblo palestino no comenzó en Gaza; comenzó a finales del siglo XIX. En 1948, cuando el pueblo palestino no llegaba al millón de personas, resistió. Hoy supera los catorce millones. Dentro de Palestina histórica, los palestinos son ya más numerosos que los colonos. Esto demuestra que la guerra de exterminio ha fracasado.
El 7 de octubre le dijo a este proyecto colonial: has llegado a tu final. La violencia desatada hoy en Gaza y en el Líbano es la expresión de ese último capítulo. Israel ya no puede presentarse ante los pueblos del mundo como una “democracia”. Se ha revelado como lo que es: un símbolo absoluto de barbarie. Sin ese respaldo moral y político del Occidente imperialista, Israel no puede sostenerse. Podrán seguir enviándole armas, pero las armas no cambian la historia. Son los pueblos quienes la hacen. Y el pueblo palestino, con medios rudimentarios, ha demostrado una fuerza superior a todo el arsenal militar.
Durante más de un siglo, el pueblo palestino ha resistido una guerra de exterminio en nombre de todo el Mashreq árabe. El proyecto colonial no apuntaba solo a Palestina, sino a toda la región. Y ha sido el pueblo palestino, vanguardia de esta nación, quien pagó el precio con la sangre de sus hijos y ha triunfado. Hoy, el mundo le dice: no solo has resistido, has vencido. Y no solo como palestino, sino como bandera de la lucha contra el fascismo que avanza en todas partes.
Estos son los efectos históricos del 7 de octubre.
Entrevistador: Con el llamado alto el fuego se ha visto cierta desmovilización a escala mundial. ¿Cómo analizas esto?
Georges: Lo que se denomina “alto el fuego” es una etapa dentro de este conflicto, una etapa importante. Pero hay que analizar cuáles son sus fundamentos reales. El trasfondo principal es el papel de las reacciones árabes en el intento de desarmar a la resistencia.
La preocupación central que sacude al imperialismo es que la lucha armada en Palestina ha producido un efecto global que no esperaban. El fedayín se ha convertido en el representante del verdadero humanismo, el que transformó la kufiya en un símbolo universal de libertad y de oposición al fascismo. Por eso recurren a todos los medios posibles para poner fin a esta forma de lucha. Eso es, en esencia, lo que está en juego en el llamado alto el fuego. Han dividido este proceso en tres o cuatro fases.
La primera fase consiste en decir: “les permitiremos comer, no hemos logrado exterminarlos”.
Luego plantean una segunda fase: que, bajo cobertura religiosa o regional, la reacción árabe entre en Gaza. Pero para que entre, exigen la presencia de fuerzas internacionales destinadas a desarmar a los llamados “terroristas”.
Nosotros decimos con claridad: ese armamento no será desarmado. Ese armamento es un símbolo de humanidad. Es ese armamento el que permitió que miles y cientos de miles de jóvenes salieran a las calles del mundo levantando la bandera de la libertad representada por la kufiya palestina.
Si esa reacción árabe intenta entrar en Gaza, la aplastaremos. Y si las fuerzas imperialistas intentan entrar en Gaza, las enfrentaremos y las destruiremos en el pleno sentido de la palabra.
Las burguesías europeas y globales, bajo la presión de las movilizaciones populares en Europa, en Estados Unidos y a escala mundial, han comenzado a hacer ciertas concesiones en el plano discursivo. Hoy te dicen: pueden solidarizarse con la “víctima palestina”, con el pueblo palestino hambriento, asesinado, bombardeado. Eso está permitido. Pero no pueden solidarizarse con quienes son antiimperialistas.
Puedes solidarizarte con la víctima en tanto víctima. Pero que esa víctima se transforme en sujeto histórico, en actor político, eso no: entonces pasa a ser “terrorista”. Puedes denunciar que un pueblo está siendo exterminado, puedes afirmar que es una víctima. Pero no tienes derecho —según ellos— a solidarizarte con quienes luchan en armas para defender a ese pueblo.
Las fuerzas imperialistas dicen claramente: el verdadero problema es que hoy se plantee el antiimperialismo como una posición política legítima, con presencia real en la lucha. Esa es la cuestión que no los deja dormir.
Te dicen: “Puedes solidarizarte humanitariamente con los niños, con las madres… pero cuidado, mucho cuidado con decir que existe una resistencia antiimperialista y que tú te solidarizas con ella. Eso es criminal”.
Ese es su planteamiento. Nosotros decimos lo contrario. Estas condiciones históricas que han convertido a los niños de Gaza en un símbolo universal de la libertad no existirían sin el 7 de octubre. No serían un símbolo de la libertad si no existieran esos fedayines que cargaron una bomba y la colocaron sobre un tanque. Solo la posición fedayín encarna verdaderamente el contenido del humanismo. Ese “humanismo” que hoy muchos dicen defender no es otra cosa que la traducción práctica del sacrificio de esos combatientes que pusieron su vida y su cuerpo frente a la maquinaria militar.
Los imperialistas, en todas sus variantes, repiten: “Solidarízate con la víctima, pero cuidado… cuidado con solidarizarte con los fedayines antiimperialistas”.
Y nosotros respondemos con claridad: somos antiimperialistas porque somos fedayines. Y representamos el verdadero humanismo porque somos fedayines que practican la lucha armada, en Palestina y fuera de Palestina.
Entrevistador: Queremos enviar un mensaje a los pueblos del mundo y también a América Latina.
George:
El mensaje a las y los militantes de América Latina es claro: estamos en una misma batalla. El gran temor del imperialismo es que la lucha antiimperialista deje de ser una consigna abstracta y se convierta en una realidad concreta, legítima y asumida por las masas. Ese es su verdadero miedo.
“Juntos, y solo juntos, venceremos”. Nosotros, junto a las y los militantes de América Latina y de otros lugares del mundo. Aislados, no podemos vencer en ningún sitio. Si se nos fragmenta, ninguno de nosotros vencerá. Cuando las masas de América Latina se movilizan por sus propias reivindicaciones bajo la bandera palestina, lo hacen como parte de la lucha contra el fascismo. De ese modo expresan la forma más concreta y efectiva de solidaridad con los presos de la revolución palestina y con cada palestino que lucha.
Este principio no es solo un lema. Las masas argentinas, palestinas, egipcias, tienen intereses comunes frente a la barbarie del capital. Cuando la masa social en Argentina se moviliza contra su propio fascismo, está defendiendo también a Palestina. Cada victoria allí es una victoria aquí. Cualquier triunfo en cualquier lugar del planeta es una victoria para todos nosotros.
Cada paso adelante en cualquier punto del mundo fortalece el conjunto de las fuerzas revolucionarias. Cuando las hijas y los hijos del pueblo argentino avanzan en sus luchas, ese avance es también nuestro. Y cada victoria en Palestina es una victoria para los pueblos de Argentina, del Perú y de otros lugares.
Las direcciones reales de la masa popular deben comprender que nuestras luchas deben coordinarse. Tenemos que aprender a hacerlo. Cada batalla en el Líbano debe pensarse en relación con una batalla en Argentina, en Europa o en cualquier otro lugar. Debemos relacionarnos entre nosotros como lo hace el capital a escala global, pero sin reproducir sus contradicciones. “Juntos, y solo juntos, venceremos”. Ese es nuestro lema hoy, mañana y pasado mañana.
Así construimos la masa popular con interés histórico en el cambio. Esa masa se construye aquí y allí, y a través de esa solidaridad se forja lo que llamamos la internacional revolucionaria. La defensa de Venezuela, la defensa de Argentina, la defensa de la masa popular en cualquier lugar, es una sola y la misma defensa. Cada victoria en Cuba, en Venezuela, en Rusia o en cualquier otro punto del mundo es una victoria colectiva.
Las direcciones revolucionarias deben tener esto en cuenta al definir las prioridades de la lucha. Nuestro enemigo es el capital global; nuestros aliados son las masas populares. La masa popular no se construye al margen de la coordinación: se construye dentro de ella, y parte de su identidad nace de ese proceso. El nivel de desarrollo de la lucha popular se refleja en la naturaleza de sus direcciones. Cuando predominan direcciones reformistas, reaccionarias o rendidas, eso constituye una derrota también para otros pueblos. Cuando hay direcciones revolucionarias en Palestina, eso es una victoria para Argentina. Cuando en Argentina hay combatientes revolucionarios, eso es una victoria para Palestina.
Esta interacción es la que permite construir una masa popular global capaz de acabar con el sistema capitalista, un sistema en crisis permanente que solo puede ser superado mediante su derrocamiento por las masas organizadas. Pero esto no se logra con discursos abstractos. La masa popular se construye mediante la práctica cotidiana del “juntos, y solo juntos, venceremos”. Así se construye en Argentina y fuera de Argentina. Enfrentarlos es nuestro deber: en Palestina y en cualquier lugar. Cada paso aquí es un paso adelante allí. Cada paso allí es un paso adelante aquí. “Juntos, y solo juntos, venceremos”.
Esto exige a las direcciones revolucionarias una posición clara. En el plano práctico, las vanguardias palestinas y libanesas deben identificar en cada país quiénes son los verdaderos combatientes contra el capital y contra Israel, y aliarse con ellos. No con los discursos vacíos de las burguesías, sino con quienes ponen su cuerpo en la lucha. Esos son nuestros verdaderos aliados, y sobre esa base debemos actuar. <https://www.anred.org/wp-content/up...>
Beirut (18/12/2025).
Veure en línia : https://www.anred.org/entrevista-a-...