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La vida de Freddy Romero: Pájaro negro que danzas

dimecres 26 de novembre de 2025, per  Andrés

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Pájaro negro que danzas, la biografía de Freddy Romero, por Dulcinea Segura.

La biografía de Freddy Romero es mucho más que el compendio de anécdotas que podría reunir un libro biográfico. La vida del bailarín en manos de Dulcinea Segura Rattagan*, su autora, echa luz sobre la forzada epopeya de todo artista del movimiento, nacido en un país latinoamericano. La proyección material de los y las bailarinas provenientes de países hundidos por la economía destinada a la ultra concentración suele ser dura, por no decir insostenible. El libro, sin perder el foco en la vida de Freddy Romero, sugiere esta situación generalizada de abandono por parte de las instituciones públicas y privadas respecto de la vida de cada artista. Los cuerpos, aun los de aquellxs que se destacan y encuentran en el ápice de su talento expresivo, son tratados con desdén, mezquindad, inclemencia. El libro, nutrido de un riguroso trabajo de archivo, con entrevistas a parientes, amigos, alumnos y colegas, cuenta con decenas de fotografías de enorme belleza que dan cuenta de la destreza y las aventuras en las búsquedas del bailarín. Pájaro negro que danzas pone en el blanco a Romero, desde una perspectiva afectiva. Y, por añadidura, repasa el último medio siglo de la danza en el continente latinoamericano. Por Andrés Manrique, ANRed.

Freddy Romero nació en Venezuela en una familia muy humilde. De chico se dio cuenta que el movimiento era su verdadera patria. En principio, cautivaron su atención las corridas de toros, acaso por esa especie de danza que el torero ejecuta en contraste con la tonelada hirviente del animal. Con poco más de 14 años, empieza a estudiar danzas folclóricas a espaldas de su madre, hasta que ya no puede seguir ocultando su pasión. Todavía es menor de edad, pero ya sabe lo que quiere. Cuando le es otorgada la beca para estudiar en México, convence con un helado que le compra a su madre para que le firme la salida del país. En México integra la Compañía Nacional de Danzas. También se destaca. Allí consigue otra beca para seguir desarrollándose en Estados Unidos, donde estudia en la escuela Martha Graham, la coreógrafa y bailarina cuya técnica, Freddy Romero sostendrá y difundirá a lo largo de toda su vida. Sobre todo, en Argentina. Alvin Ailey, bailarín y director de una exitosa compañía de danza norteamericana, ante el asombro que le provoca su performance, le ofrece un lugar. Allí, Freddy obtiene el más alto reconocimiento: una pieza solista compuesta por el propio Alvin Ailey. Poco después de este logro, luego de algunas giras por el país del norte, el bailarín viaja a la Argentina tras la mujer de quien está enamorado. Ya no podrá volver a bailar a Nueva York. La razón: falta de recursos económicos.

Freddy Romero vivió una vida de tensión entre el amor al prójimo y el amor a la danza. Entre 1971 y 2005, como docente del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, formó a decenas de bailarines argentinos. Gracias al minucioso trabajo que realiza Segura Rattagan en el libro, queda claro que es el docente que más a fondo lleva la técnica de Martha Graham, consistente en el dominio riguroso de cada músculo para poder darle movimiento a la emoción, y a todo lo que el artista pueda volcar en escena. Recuerdos acerca de Freddy Romero <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Presentación del libro en el Teatro San Martín. Izq.a der: Jorge Dubatti, Norma Binaghi, Oscar Araiz, Victoria Herrera y Dulcinea Segura Rattagan.

Inés Armas, reconocida docente y fundadora de Galpón Face, coautora de Copia-Original, entre otras piezas de gran belleza, recuerda a Freddy: “fue mi maestro entre los años 1997 y 2005. Estudié con él y fui su asistente en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín, y en el estudio Open Gallo de Buenos Aires, siempre en la asignatura de Técnica Graham. Lo que más me marcó de esa experiencia fue el clima que envolvía sus clases entre el rito y la celebración. La práctica era sumamente desafiante a nivel físico, pero los objetivos de cada encuentro siempre trascendían lo formal y buscaban un estado de arte colectivo, vinculado al movimiento, a la música y al misterio de la vida. Freddy imprimía a sus clases una conexión con sus raíces afro-latinoamericanas, y la técnica Graham en su enseñanza tenía una poderosa carga sexual y vital.

Marina Otero, bailarina y dramaturga de reconocimiento internacional, formada también en sus talleres, dejó también testimonio para esta nota: “Freddy logró que me guste esa técnica por la forma en que la abordaba. De hecho, la caída del corazón, un paso propio de Martha Graham, que dicho sea de paso estuvo diez años tratando de entenderla, está en Kill Me (2024), por ejemplo. La cito en mi trabajo. Y lo más importante que me dejó Freddy Romero, eje de todo mi trabajo es que él decía que la contracción de Graham era como el vómito, la arcada del vómito; esa frase me marcó. En un contexto en que la danza estaba asociada a un tipo de belleza hegemónica, esa idea me pareció fascinante. Tiene mucho que ver con mi estética, que es la danza relacionada con el dolor; con el vómito específicamente: algo que está adentro, te provoca dolor, y hay que sacar para afuera. Más allá de que mi trabajo no tiene nada que ver con la técnica Graham, sí se vincula con algo de ese meterse para adentro, contraer, y expulsar para liberar de alguna manera el dolor.”

Freddy Romero se inició en una época, expresa Segura Rattagan, en la cual lo Clásico iba por un carril y lo Contemporáneo por otro. Las danzas pertenecían a disciplinas que no debían tocarse, rozarse siquiera. Durante su trayectoria, afortunadamente, comienzan los contagios. Por ello es que participa en piezas que demandan una u otra disciplina, indistintamente. En ambos casos, se destaca.

Si komorebi, en idioma japonés, es la palabra que describe las apariciones de sombra que produce la relación entre el sol y las hojas de los árboles, ese brillo que ilusiona verdoso y fugaz; ¿qué palabra habremos de inventar para describir el arco vital de un hombre que transformó la opacidad del cuerpo en el plumaje de una danza luminosa?

Pájaro negro que danzas tracciona la metáfora del bailarín-ave para titular cada parte: “Ave Fénix”, “Ave Freddy”, “El nido”, “Alzar el vuelo”, sólo por mencionar los primeros capítulos. El relato biográfico, tachonado de imágenes de grandísima belleza, se lee a alta velocidad en una virtuosa tensión entre emoción e información. El aleteo de sus páginas levanta vuelo y la vida de este gigante de la danza encuentra lugar donde anidar en la historia de las artes escénicas, tanto de Argentina como de Latinoamericana. La muerte es una fecha; el movimiento disuelve su escultura en piedra. El cuerpo deja su cáscara, pero nada cesa.


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