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La magia de nuestro templo laico: el teatro

dimecres 3 de juny de 2026, per  Andrés

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Foto: Nahuel Berger

Hacerse humo: mimetizarse. Modelar el aire, volver invisible la materia. El centésimo mono, escrita y dirigida por Osqui Guzmán, es un compendio de hechizos, de prestidigitación y fantasía que suspende las certezas y hasta pone en suspenso la muerte. Hay alucinación, ilusión, escape. Trastroca la sustancia del mundo, o al menos le juega una zancadilla al modo en que lo observamos. Recorta el tiempo con tijeras. Es una obra de teatro mágica que, sin perder pie narrativo, da lugar a la poesía a lo largo de 90 minutos donde el humor, la frustración, el ensayo, y la pasión por la magia se encuentran. Este año, celebran su 11° temporada ante una audiencia que la vio, en algunos casos, ya 7 veces. En una sala y otra, y otra más que ampara estos ncantamientos y apariciones. Con el humor de un texto que nos devuelve más livianos a nuestros quehaceres, luego de haber experimentado la magia como posibilidad. Por Andrés Manrique (ANRed).

Soltemos amarras

El teatro está lleno. Hay que apagar el teléfono, archivar neuronas cansadas, dejar de lado la atención repartida el viernes de una semana más para estar con todo ahí. Ocupamos las últimas butacas. Aguardamos el inicio. Llegan a la cabeza obras que sucedieron en esta sala de Timbre4: La omisión de la familia Coleman, Dínamo, Prueba y error, Una, La vida extraordinaria. Estas, nomás que algunas que nos movieron quizá porque torcieron algo. No sabemos nunca qué va a quedarse. El cuerpo, con los sentidos dispuestos, caza con más agudeza y, a la vez, puede ser mejor cazado. Activo al trabajo escénico, comienzan a correr líneas de texto que iluminan zonas de asombro, flotantes en medio de la búsqueda y el desencuentro.

Hacia la narrativa

Los tres magos, amigos desde hacía mucho, empezaron a juntarse para ver de qué forma reunir sus artes de una manera narrativa. Luego de un tiempo de pruebas, sin encontrar la línea, pensaron en Osqui Guzmán para que los dirigiera. Guzmán se entusiasmó y fueron armando este experimento donde la magia subraya la narrativa, la historia se hace mágica, y el sueño de nuevo puede ser colectivo.

Un mago sueña en un quirófano, al filo de la muerte, que alguien lo sueña al mismo tiempo que este es soñado por un tercero. La mediación de la mediación de un estado por fuera de la vigilia habilita posibles que responden a fuerzas desconocidas. Que no somos dueños de nuestros sueños lo sabemos desde antes de Freud, y también que ellos nos reparan y nos espantan.

En este caso, hay tres magos que son uno: sin padre ni hijo ni santo, pero con alto espíritu. En escena, además de sorprendernos con técnicas y saberes propios de su oficio, logran cautivar la atención con prodigiosas formas, mientras ponen en boca textos en que las palabras recuperan una zona de asombro donde la previsibilidad no tiene lugar.

La magia no solo deriva de la prestidigitación y de la capacidad individual y conjunta, muy precisas, de Emanuel Zaldua, Pablo Kusnetzoff y Marcelo Goobar. También la magia son los textos. La frustración pierde ante el entusiasmo y el sueño golpea a la vigilia en los dientes con un martillo pequeño.

La poesía detona el umbral de la muerte

La teoría del centésimo mono, formulada en los ochenta a partir de observaciones de primates en Japón, postula que cuando un comportamiento es adoptado por una masa crítica de individuos de una misma especie, se transmite al resto de la especie por fuera de la física, más allá del lugar donde se encuentren. ¿Puedo aceptarlo aunque no pueda verificarlo? ¿Por qué no, si eso constituye la raíz de todo prejuicio? El centésimo mono traba relaciones de sentido favorables a otras formas de vincularse con las experiencias, porque existe otra dimensión compartida en la que el conocimiento se propaga sin contacto. Podríamos plantear que el arte, en su mejor versión, opera en ese plano: por fuera de lo físico. Y que esta obra, vista por tantas personas a lo largo de 15 años, efectivamente se convierte en un fenómeno de transmisión activa. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Foto: Nahuel Berger

Más que dramaturgia: teología herética

De chicos deseamos descubrir la trampa, el truco, el secreto del mago. Si estamos dispuestos a abandonar la razón cartesiana seguramente disfrutemos mucho más que si nos quedamos en devaneos del qué y el cómo. Ese no saber nos lleva a una edad sin tiempo donde ya no nos debemos a una explicación; allí donde nuestra cabeza puede separarse del cuerpo sin dejarnos decapitados, sino provocándonos una risa en voz alta, hasta la carcajada. La escena nos empuja hacia un exceso de sentido que promueve enlaces mágicos.

Las tradiciones esotéricas comparten una pregunta de base: ¿qué hay del otro lado o después de la muerte? Para las que conocemos, morir es ejecutar el truco de desaparecer en un lugar para reaparecer en otro. En la obra, el mago que se somete a la anestesia es un iniciado que atraviesa el umbral, sus sueños son visiones. Y sus visiones son vivencias que los magos realizan en escena. “Su propia muerte puede ser el único momento mágico de su existencia”, dice la sinopsis, de aquí la idea de una teología heterodoxa, donde la vida es alquimia.

Desde una epistemología del no saber, el mago no hace trucos. Consigue suspender la realidad por un instante. Administra cuándo el espectáculo de la realidad será interrumpido y, en este sentido, Goobar, Kusnetzoff y Zaldua son más que magos. Se vuelven, al menos el tiempo en escena, hechiceros de saberes de nuestro templo laico: el teatro.

La obra va los sábados a las 20.30 en teatro Timbre4. México 3554 (CABA)

Enlace a entradas por Alternativa Teatral.

Ficha técnico artística

Dramaturgia y dirección: Osqui Guzmán

Actúan: Marcelo Goobar, Pablo Kusnetzoff, Emanuel Zaldua

Iluminación:Adrián Cintioli

Diseño de vestuario:Gabriela A. Fernández

Diseño de escenografía:Gabriela A. Fernández

Realización de escenografia:Miguel Yanson

Realización de vestuario:Patricio Delgado

Música:Tomás Rodríguez

Asistencia de escenario:Dalmiro Arana

Asistencia de escenografía y de vestuario: Estefanía Bonessa

Asistencia de dirección: Juan Manuel Wolcoff

Producción: Jhonatan Zak

Este espectáculo formó parte del:

Festival Internacional de Teatro en Rosario

Selección 2013 – Fiesta CABA del Instituto Nacional del Teatro

Fiesta Nacional del Teatro – Venado Tuerto 2013

6º Festival Internacional El Teatro Festeja


Veure en línia : https://www.anred.org/la-magia-de-n...

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