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Conurbano rosarino: jóvenes, desaparición y muerte

divendres 17 de juliol de 2026, per  anred

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El futuro es pasado. Todo pasó entre abril y julio de 2026. En tres viernes, tres jóvenes del Gran Rosario, o del Cordón Agroindustrial Sanlorencino, el más importante del país, se los vio salir de sus casas por última vez. Uno de ellos, fue secuestrado a punta de pistola y hallado luego sin vida, asesinado. Se llamaban Joaquín Fiant, Gastón Montenegro y Benjamín Scerra. Tres familias, un mismo agujero. En el conurbano rosarino nadie se anima a decir en voz alta que los casos están conectados. ¿No lo están, o acaso sí? Los funcionarios muestran estadísticas que dicen que la criminalidad baja, muestran números, no hablan de personas. Mientras tanto, un «fantasma» recorre esta región; algunos murmuran “narcomenudeo”, pero otros dicen que el fantasma es punk y grita: «No hay futuro». Por Marcelo I. Sicoff.

La noche del viernes 17 de abril, Joaquín Fiant, de 19 años, salió de su casa en el barrio Los Robles, en Granadero Baigorria. Su entorno se dio cuenta después. No se llevó su teléfono celular, tampoco sus documentos. A su casa no volvió más.

Sus familiares, amigos y vecinos lo buscaron con todos los medios habidos y por haber: movilizaciones, campañas en redes sociales y en medios de comunicación que conmovieron a toda la región. La búsqueda desesperada duró dos semanas. El sábado 2 de mayo, un grupo de personas que caminaba por la costa central de Rosario, a la altura del Parque España, divisó un cuerpo flotando boca abajo. Llamaron a la Comisaría Segunda. Los uniformados tuvieron que trasladar el cuerpo unos cinco kilómetros río abajo.

Horas más tarde, en el Instituto Médico Legal, los familiares de Joaquín reconocieron el cuerpo, que se encontraba en un avanzado estado de descomposición. Aún hoy se desconoce la causa del fallecimiento y la investigación penal sigue abierta en busca de respuestas. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Joaquín Fiant tenía 19 años, era de Baigorria, fue desaparecido y su cuerpo fue encontrado flotando en el Río Paraná a la altura del Parque España de Rosario, luego de más de dos semanas.

Sandra, su mamá, es empleada doméstica. Desde aquella noche de abril tuvo que elegir entre ir a las casas donde trabajaba o salir a buscar a su hijo: la búsqueda no dejaba tiempo para lo otro. Por eso se movilizó la comunidad. Los vecinos armaron una colecta para bancarle los gastos básicos mientras ella no buscaba trabajo, sino a Joaquín. «Cada aporte, por más pequeño que sea, hace una gran diferencia», era la frase impresa en un folleto. Pero decía algo que ningún comunicado oficial dijo nunca: que buscar a un hijo, en esta región, también sale caro.

Benjamín Scerra salió de su casa también un viernes y nunca regresó.

Había pasado todo ese día trabajando junto a su papá, Félix, en el emprendimiento familiar. «Hacemos pollos a la parrilla y empanadas porque me quedé sin trabajo hace un tiempo», recordaría el hombre. Esa noche, Benjamín invitó a un amigo a cenar. Cerca de la medianoche, salió a acompañarlo hasta su casa, a tan solo tres cuadras de distancia.

Su familia pasó casi una semana buscándolo. Lo hacían ellos solos porque la Justicia no puso el más mínimo recurso a su servicio. El padre intentó radicar la denuncia en la comisaría el sábado, y otra vez el domingo. La respuesta fue un no, las dos veces. El protocolo —ese fetiche de los burócratas— se activó tarde, cuando el tiempo era un lujo que la familia ya había perdido. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Benjamín Scerra, también de Granadero Baigorria y de 19 años, salió de su casa el 8 de mayo. Su cuerpo fue encontrado sin vida en el Monte Celulosa, propiedad de Celulosa Argentina S.A en Capitán Bermúdez, con múltiples puñaladas.

Mientras tanto, la comunidad hacía lo que la institución negaba: moverse. El reclamo se transformó en marcha en el cruce de San Martín y Eva Perón. Pero a las cinco de la tarde del día del hallazgo, los padres de Benjamín ya no estaban para discursos; les había llegado el rumor de una pista en el monte de Celulosa. Hacia allí marchó un grupo de vecinos. Para las seis y media, el paisaje de la zona de El Espinillo ya se había teñido con el azul de los patrulleros. Fue entonces cuando empezaron a escucharse esos gritos desgarradores que la televisión a veces usa como cortina musical, pero que en el lugar rompen el alma.

Lo más alarmante —por llamarlo de algún modo piadoso— fue el comportamiento de la prensa local y regional: una sinfonía de silencios. Cuando el secreto a voces se volvió ensordecedor, algunos portales publicaron notas apuradas que, minutos después, borraban o editaban a una velocidad indigna. El colmo de la impericia llegó al sembrar dudas sobre si el cuerpo existía o era un invento. A muchos, la realidad casi siempre les resulta incómoda.

Pasadas las ocho de la noche, Canal 3 de Rosario transmitía en vivo lo inevitable: el estallido. Vecinos indignados, allegados enardecidos, piedrazos, un auto envuelto en llamas, y las fuerzas de seguridad en el medio, estupefactas ante la furia que ellos mismos habían sembrado. En el revoleo, al equipo de exteriores de Telenoche le pincharon las ruedas del móvil mientras salían al aire.

Recién cerca de las diez de la noche, los medios rosarinos se vieron forzados a confirmar la muerte, pero llegaron tarde. Para esa hora, Crónica, Infobae, Cadena 3 y La Voz del Interior lo habían publicado. Queda flotando en el aire una pregunta de esas que molestan: ¿qué hubiera pasado si los medios de Buenos Aires y Córdoba no encendían las luces? ¿A qué le temen los cronistas del pago chico?

También fue un viernes cuando vieron por última vez a Gastón Montenegro en Capitán Bermúdez. Era el 26 de junio y tenía 25 años. Carina, su madre, denunció desde el primer momento que al joven lo habían secuestrado.

«A punta de pistola, lo subieron a un auto y se lo llevaron», expresó durante una de las marchas que movilizaron a la región para exigir el esclarecimiento del hecho. De inmediato, vecinos de Capitán Bermúdez y de la zona de Serodino y Andino se unieron en una red solidaria para difundir su imagen y recolectar datos que ayudaran a encontrarlo. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Gastón Montenegro tenía 25 años, era de Capitán Bermúdez. Buscado desde la noche del 26 de junio. Se supo que fue secuestrado, subido a un auto a punta de pistola, en plena vía pública. Su cuerpo fue encontrado una semana más tarde, enterrado a la a la vera de la ruta provincial 10, entre Serodino y Andino. Tenía dos orificios de bala.

Carina dijo lo que nadie con cargo público se había animado a decir: «No queremos otro Benjamín, actúen ya». No estaba usando una metáfora. Nombraba al chico de Baigorria como quien nombra una fecha en un calendario que se repite. Fue la primera vez que alguien, desde adentro de estas historias y no desde afuera, dijo en voz alta lo que este texto pregunta desde la primera línea.

La esperanza se rompió días después. El cuerpo del joven fue encontrado enterrado en una zona rural de Serodino, a unos 35 kilómetros de donde se lo habían llevado. «Fue una muerte violenta», se limitó a asegurar el director de la investigación.

Los funcionarios muestran estadísticas que dicen que la criminalidad baja. Muestran números. No hablan de personas. Hablan de números.

Un fantasma recorre el conurbano rosarino. Algunos murmuran “narcomenudeo”. Otros dicen que el fantasma es punk y grita: «No hay futuro».

Futuro, en esta región, es una palabra que se usa cada vez menos en presente.


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