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Crítica al marxismo (Abdullah Öcalan)
dijous 15 de gener de 2026, per
Fragmento de «Sociología de la Libertad» , Tomo III del «Manifiesto por una Civilización Democrática» de Abdullah Öcalan . Publicado en castellano por Descontrol Editorial (2024). Páginas 393-401.
El legado del socialismo real
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El comunismo fue uno de los primeros movimientos en reaccionar conscientemente contra el sistema capitalista. Sus fundadores Karl Marx y Friedrich Engels reconocieron haber intentado desarrollar su contrasistema en base a tres fuentes primarias: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo utópico francés. Podría parecer que tomaron el materialismo dialéctico de la filosofía alemana, su teoría del valor de la economía política inglesa y el concepto de lucha de clases del socialismo utópico francés. Desarrollaron una interpretación novedosa sintetizando estas tres fuentes. Su primera incursión en la oposición se produjo entre los años 1840 y 1850, un período de grave crisis capitalista que les afectó bastante, dando lugar a la esperanza de que el sistema podría ser destruido inmediatamente. En ese momento, Alemania luchaba por mantener su unidad nacional, mientras que en Francia la república tenía sus propios problemas. Inglaterra, por su lado, estaba en su apogeo como potencia hegemónica del sistema. Las revoluciones populares de 1848 en Europa se consideraron una señal de que esta esperanza se cumpliría. El Manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels fue concebido como un programa general para estas revoluciones [134]. Mientras tanto, la Liga Comunista se estableció como el primer partido u organización internacionalista. Estas dos iniciativas indican claramente que esperaban el éxito y la victoria de la crisis del capitalismo y de los movimientos revolucionarios populares.
Cuando se suprimieron las revoluciones, Marx y Engels sintieron la necesidad de examinar el capitalismo más a fondo. Karl Marx se exilió a Londres, estableciéndose en la kaaba del capitalismo [135], donde se mantuvo en contacto con Friedrich Engels. La Primera Internacional de 1864 fue producto de este período. Un acontecimiento igual de importante en ese momento fue comprender que la revolución podría retrasarse. Eso hizo necesario un trabajo evolutivo más prolongado, para el que podrían ser adecuados los sindicatos y el trabajo parlamentario. Aunque la Comuna de París de
1871 renovó las esperanzas, la pronta supresión del levantamiento condujo a centrarse cada vez más en cuestiones como la dictadura, el poder y el Estado. Se tomó una posición favorable al estado-nación centralizado lo que provocó la oposición de anarquistas. Eso dio lugar a los primeros debates sobre revisionismo.
La Segunda Internacional se estableció en 1889 bajo una sombra de chovinismo nacional. Vladimir Lenin, en su trabajo La revolución proletaria y el renegado Kautksky [136], llamaría “revisionismo” a lo que se vivió durante ese período y culparía al Sozialdemokratische Partei Deutschlands (SPD: Partido Socialdemócrata de Alemania) –el partido original bajo Eduard Bernstein) de liderar este revisionismo. La Revolución de Octubre rusa reforzó de nuevo las esperanzas de que la utopía comunista pudiera hacerse realidad (logrando lo que la Comuna de París no pudo). Esta revolución resultó en acontecimientos a escala mundial. El apoyo al movimiento de liberación nacional turco-kurdo de Anatolia fue una primera contribución al éxito de la era de la liberación nacional. La tem-
prana muerte de Lenin, el período de “lucha contra el liquidacionismo”, la construcción socialista, la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial, el Pacto de Varsovia establecido en oposición a la OTAN durante la Guerra Fría, el trabajo realizado en los viajes espaciales, la competencia económica con el capitalismo y el apoyo generalizado a los movimientos de liberación nacional fueron acontecimientos clave.
La Tercera Internacional se formó en 1919, pero al igual que en la Segunda Internacional, se vivieron liquidaciones internas a causa de un bloqueo en torno a la cuestión del estado-nación. La Rusia soviética iba a ser la nueva candidata para la hegemonía e iba a tener influencia en un tercio del planeta. En última instancia, la Rusia soviética dejaría abandonados a su suerte a los movimientos socialistas de los distintos estados-nación y seguiría el mismo camino revisionista que el SPD alemán, encaminando al Partido Comunista de la Unión Soviética hacia el capitalismo. Por otro lado, las efímeras resistencias china (período bajo Mao de 1960 a 1976) y albana no consiguieron producir resultado alguno. La rápida integración de los movimientos de liberación nacional y los movimientos obreros sindicalistas en el sistema capitalista, seguido de la renuncia oficial de China al socialismo real en la década de 1980, además de Rusia y sus aliados siguiendo su ejemplo en la década de 1990, pusieron fin a la era.
Los doscientos años de experiencia (si tomamos la Revolución francesa como punto de partida) que dieron lugar a estos movimientos llamados realsocialistas nos permiten hacer una evaluación:
1) Parecían oponerse principalmente a los monopolios privados sin criticar el capitalismo de Estado, ni en términos de poder ni de monopolio de capital, lo que conducía a un análisis superficial del poder y del Estado. Estos movimientos tenían una fe profunda en su capacidad para construir el socialismo si conseguían hacerse con el control del Estado y convertirse en el poder gobernante. No se les ocurrió nada más. Incluso interpretaron la democracia como la dictadura de una de las dos clases (la burguesía o el proletariado). Hicieron un análisis muy limitado del capitalismo como resultado de su dependencia de la economía política inglesa.
2) Parecían desconocer la base clasista de la modernidad o, al menos, no veían motivo para analizarla. Y cuando lo hicieron, el resultado fue una desviación total hacia la derecha. No fueron capaces de extender el capitalismo, primer pilar de la modernidad más allá de las dicotomías patrón-trabajador, beneficio-salario, valor-plusvalía para ver que el capitalismo era un modo de acumulación que había existido desde la sociedad sumeria. No consideraron los trescientos años de capitalismo de las ciudades italianas el comienzo del sistema, sino que trataron la aparición del capitalismo en la Inglaterra y los Países Bajos del siglo XVI como una especie de comienzo de la historia. Se alabó el industrialismo, el segundo pilar de la modernidad. No se criticó su vínculo cualitativo con el capitalismo ni los posteriores inconvenientes relacionados. Al contrario, fue tratado como un salvador. Al considerar al estado-nación, el tercer pilar, como un paso adelante, dejaron la puerta entreabierta al posterior chovinismo nacional y social. En lugar del confederalismo preferían el estado-nación centralizado. Al igual que historiadores e historiadoras tradicionales de la civilización, no pudieron evitar evaluar la otra cara de la modernidad como “movimientos retrógrados, latentes bárbaros y reaccionarios que invierten las ruedas de la historia”.
3) Al aceptar ideológicamente como ciencia la forma materialista más vulgar del positivismo, cometieron un error histórico también en este campo. Trataron el socialismo que construyeron como científico del mismo modo que las revoluciones de Darwin y Newton en las áreas de la biología y la física. Su enfoque sociológico nunca fue más allá de un vulgar darwinismo. No tenían la necesidad de determinar las diferencias cualitativas de la naturaleza social; en su lugar creían que estaban sujetas a las mismas leyes naturales que la primera naturaleza, dejando la puerta abierta a un determinismo rígido. Durante la fase de desarrollo posterior, sus seguidores aprovecharon esta apertura para equiparar incluso las interpretaciones más vulgares con rígidos hechos científicos.
4) No analizaron el poder en general ni el estado-nación en particular; consideraban que el estado-nación estaba compuesto por comisiones que gestionaban los asuntos de la burguesía. La deficiencia más importante de su teoría era la incapacidad de comprender que el poder, particularmente el estado-nación, era la forma más concentrada de capitalismo monopolista. Su análisis no era más que una afirmación del estado-nación. Estaban seguros de que el socialismo se podría construir mejor con un estado-nación. No sólo eran incapaces de superar el análisis de Hegel sobre el Estado, sino que estaban seguros de que si lograban tomar el Estado podrían utilizarlo para realizar todo tipo de ajustes y establecer la libertad y la igualdad. La relación entre socialismo y democracia es una de las cuestiones mayores que abordaron más superficial e incorrectamente. Las revoluciones rusa y china se llevaron a cabo siguiendo este planteamiento. Otras aplicaciones del poder de liberación nacional y de la socialdemocracia no consiguieron producir nada diferente. Lo único que les diferenciaba del capitalismo privado era su preferencia por el capitalismo de Estado, tal como muestra su utilización del poder.
5) Su crítica de la civilización es aún más superficial e insignificante. No reconocieron que la fase de la civilización capitalista es parte de la civilización histórica, el último eslabón de la cadena principal. No sintieron la necesidad de determinar el carácter de poder que tenía la naturaleza de la histórica acumulación creciente. No pensaron en que su sistema fácilmente pudiera convertirse en un tipo similar de poder y civilización. En lugar de comprender que el poder es capital acumulado, suciedad, guerras, mentiras, fealdad y tortura, intentaron desarrollar teorías sobre cómo podría utilizarse para lograr el progreso histórico. La historia ha demostrado que sus opiniones eran insensatas y equivocadas.
6) No sentían que tuvieran la necesidad de analizar las fuerzas anticivilización que constituyen el segundo polo de la dialéctica histórica a la que parecen adscribirse. Lo que comentan sobre estas fuerzas es en general negativo. En contraste, no han dejado de elogiar el carácter progresista del colonialismo capitalista en América, Asia y África, acusando a sus oponentes de defender las antiguas sociedades. Tenía mucho que ver con sus realidades de clase burguesa y pequeñoburguesa el hecho de que no fueran capaces de ver que el polo opuesto de la civilización tenía un gran significado, tradición democrática, resistencia y libertad, y que había perseguido la igualdad y la justicia y experimentado la comunalidad. No eran capaces de verlo, porque quienes proceden de esas clases no tienen la mirada preparada para ver esas realidades.
7) Un enfoque metodológico positivista, universalista, lineal-progresivo de la naturaleza condujo a concebir el socialismo como algo inevitable y que era cuestión de tiempo. La escatología de los libros sagrados, de algún modo, se refleja en el socialismo. Se describían las sociedades como modelos que evolucionaban de modo lineal, de la sociedad primitiva a la esclavista, pasando por el feudalismo y el capitalismo, para llegar finalmente al socialismo. Aquí entra en juego una especie de fatalismo. En la raíz de estas concepciones dogmáticas, que nos afectan profundamente, estaba el fatalismo religioso y la creencia en el apocalipsis. Cuando se entendió esto, ya era demasiado tarde. Fueron incapaces de ver que la naturaleza social tiene esencialmente un carácter moral y político y que los sistemas de civilización erosionaban estos rasgos, sustituyéndolos por vulgares reglas de derecho y administración estatal. La modernidad capitalista llevó a cabo este proceso hasta una profundidad y amplitud ilimitadas, dando lugar a una crisis económica y social, así como a una crisis del poder y del Estado. No previeron que lo correcto, lo bueno y lo bello es un sistema confederal democrático que garantice por completo el carácter moral y político de la sociedad y, para ello, avance sobre la base de la política democrática. No se ha hecho un análisis de ese tipo. No fueron capaces de entender que una sociedad libre, igualitaria y democrática no podía establecerse a través de los aparatos poder y del Estado y, que, más bien, se encontraba en contradicción con esos aparatos. De este modo, no fueron capaces de crear una teoría y práctica de convivencia con la modernidad capitalista en base a una paz bien fundamentada y en base a que una parte acepte la existencia de la otra. Cuando se acepta la revolución-poder-socialismo como paradigma fundamental, no debería sorprender que solo sea posible el capitalismo de Estado.
Otra razón por la que el movimiento realsocialista derivó en capitalismo de Estado está relacionada con su base de clase. Debo volver a enfatizar que la burguesía y la pequeña burguesía, así como la burocracia que en su mayor parte procede de estas clases, no encontraron lo que esperaban en los monopolios privados, no pudieron acumular capital y, de hecho, agotaron el que tenían. Entonces, la única opción era utilizar el Estado para convertirse en un capitalista colectivo. La burguesía nacional y el capitalismo nacional no son más que esto. Adquieren así una posición muy firme como monopolio colectivo basado en el capitalismo de Estado, o, dicho de otro modo, como estado-nación. Por eso el estatismo nacional del socialismo real tiene mucho más poder que el de otros estados-nación. Esta base material también explica por qué pudieron reconciliarse fácilmente con la modernidad e integrarse en ella.
8) Los movimientos feministas, ecologistas y culturales han sido vistos como un obstáculo para la lucha de clases. Pero la extrema colonización que han sufrido las mujeres, no solo en términos de trabajo, sino también colonización de sus cuerpos y almas no se ha analizado con la suficiente seriedad. Al tratar de resolver estas cuestiones, el socialismo real no logró superar las normas de igualdad del derecho burgués. Esta mano de obra, que es a la vez la más antigua y la más nueva, así como la que queda sin remunerar con más frecuencia o, en el mejor de los casos, recibe remuneración mínima, en consonancia con la historia dominada por los hombres, no son más que objetos. Está claro que la clase que se analiza es la masculina. La ecología se abordó de modo similar. No solo no se previeron estos problemas, sino que se consideró que tenían un efecto negativo en el conjunto de la lucha de clases. Los movimientos culturales, por su parte, se consideraron el renacimiento de algo antiguo y, por tanto, como algo más que perturbaba la lucha de clases. El resultado final fue una ideología de clase abstracta y desvinculada de toda possible alianza y asfixiada por el economicismo.
9) La división de clases no se consideraba un desarrollo negativo en términos morales y políticos. En lugar de ello, se evaluaba como positivo, progresista y necesario para la libertad, una etapa inevitable. No se comprendió que aceptar la división de clases era estar objetivamente al servicio del poder y de las clases estatales. La esclavitud, la servidumbre y ser proletariado se interpretaron como el precio a pagar por el progreso histórico y quedar libres de la naturaleza. Sin embargo, podemos afirmar que, por el contrario, las tres divisiones de clase son esencialmente lo mismo y no tiene nada que ver con el progreso y la libertad. La sociedad moral y política convive con esta división de clases y debemos librar una lucha moral, política e intelectual contra la división.
No podemos decir que los actuales sucesores de los doscientos años del movimiento realsocialista hayan pasado por una transformación radical, por mucho que haya habido una limitada autocrítica. Sin embargo, están pasando por una gran crisis de confianza y se han debilitado. Aun así, es un movimiento que tiene un lugar en la historia y aunque fuera incapaz de superar el sistema capitalista, lo puso en jaque. Desempeñó un papel simultáneamente positivo y negativo para llegar a donde nos encontramos ahora. Su crisis es parte de la crisis estructural del sistema. Sin embargo, es importante reconocer el socialismo real como la fase que más ha influido en quienes se oponían al sistema y, considerando las lecciones de su legado, sería el enfoque adecuado verlo como parte de la construcción de la modernidad democrática y, en consecuencia, relacionarse con él y formar alianzas desde esa perspectiva.
NOTAS:
[134] Marx, Karl, and Friedrich Engels. 2016. «Manifiesto del Partido Comunista». En Obras Escogidas, 1. Vol. 1. Akal.
[135] Pequeño edificio cúbico situado en el patio de la Mezquita Mayor de La Meca que contiene una piedra negra sagrada. La Meca es considerada por musulmanes la Casa de Dios y el objetivo de sus peregrinaciones.
[136] Lenin, Vladimir Ilich. 1918. «La Revolución Proletaria y El Renegado Kautsky». Kommunist. ¡Haz clic para puntuar esta entrada! (Votos: 0 Promedio: 0)
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