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[Comunicado internacional] Triunfa la hegemonía norteamericana: ¡Soberanía para Venezuela y Latinoamérica abajo las hegemonías internacionales!

dijous 8 de gener de 2026, per  Kiko Pavonic

TRIUNFA LA HEGEMONIA NORTEAMERICANA: ¡SOBERANIA PARA VENEZUELA Y LATINOAMERICA ABAJO LAS HEGEMONIAS INTERNACIONALES! <https://www.portaloaca.com/wp-conte...>

El conflicto venezolano no es una anomalía ni un accidente histórico. Es el resultado previsible de un choque frontal entre un país con recursos estratégicos y un sistema imperial que no tolera la soberanía cuando esta interfiere con los intereses del capital transnacional. Venezuela, con una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con gas, oro y minerales estratégicos, fue marcada desde hace décadas como territorio a disciplinar.

Estados Unidos no llega a Venezuela por razones morales. Llega siguiendo una larga secuencia histórica de intervenciones en América Latina: Guatemala en 1954, Chile en 1973, el bloqueo permanente a Cuba desde 1962, las guerras sucias en Centroamérica durante los años ochenta, los golpes “institucionales” en Honduras, Paraguay y Brasil en el siglo XXI. Venezuela no es la excepción: es la continuidad de una doctrina imperial que considera al continente como su zona de influencia natural.

Desde al menos 2015, el ataque contra Venezuela se volvió sistemático. Se activaron sanciones económicas unilaterales, se bloqueó el acceso al sistema financiero internacional, se congelaron activos estatales en el exterior, se restringió la comercialización de petróleo y se desató una ofensiva diplomática para desconocer al gobierno venezolano. En 2019, Estados Unidos y varios de sus aliados reconocieron a una autoridad paralela sin control efectivo del territorio, rompiendo cualquier principio básico del derecho internacional. Todo esto fue presentado al mundo bajo una misma consigna: “defender la democracia”.

Pero la democracia invocada fue siempre selectiva. Mientras se sancionaba a Venezuela en nombre de los derechos humanos, se sostenían regímenes autoritarios aliados, se ignoraban masacres y se legitimaban gobiernos surgidos de golpes blandos cuando estos respondían al capital extranjero. Las sanciones, presentadas como “quirúrgicas”, tuvieron efectos reales sobre la población: caída de ingresos estatales, deterioro de servicios básicos, dificultades para importar alimentos, medicinas y repuestos. El castigo no fue para una élite gobernante, sino para el pueblo trabajador.

Detrás del discurso humanitario se encuentran intereses concretos y verificables: recuperar el control energético del Caribe y Sudamérica, reabrir Venezuela a la privatización masiva de sus recursos, expulsar la influencia de potencias extrahemisféricas y enviar un mensaje disciplinador a toda América Latina. Nicolás Maduro se convirtió así en un objetivo político no por ser autoritario, condición tolerada cuando conviene, sino por obstaculizar un proceso de recolonización económica.

Es necesario decirlo con claridad: Maduro no es el pueblo venezolano. El autoritarismo, la corrupción, la concentración burocrática del poder y la criminalización de la protesta no son defendibles. Un Estado que se proclama popular pero niega la autonomía del pueblo reproduce lógicas de dominación. Defender la soberanía no implica justificar una dictadura; pero combatir una dictadura no legitima al imperialismo.

Si el objetivo real hubiese sido enfrentar un régimen autoritario sin destruir al país, el camino habría sido otro. No sanciones económicas masivas que funcionan como castigo colectivo. No gobiernos paralelos impuestos desde embajadas. No amenazas de captura, recompensas ni

judicialización selectiva. Lo que correspondía era presión internacional multilateral y transparente, sanciones personalizadas con debido proceso, garantías reales para una transición negociada y, sobre todo, respeto a la autodeterminación del pueblo venezolano. Nada de eso se hizo, porque democratizar nunca fue el objetivo. Controlar, sí.

Venezuela se convirtió así en un laboratorio de guerra híbrida: asfixia económica, aislamiento diplomático, guerra mediática y criminalización internacional. El sufrimiento social fue utilizado como arma política. Y cuando el régimen resistió, se intentó presentar esa resistencia como prueba de su “naturaleza criminal”, ocultando las causas estructurales del colapso.

Lo que ocurre en Venezuela es una advertencia para toda América Latina. Cualquier intento de soberanía económica será castigado. Cualquier proyecto no alineado será demonizado. Cualquier pueblo que intente organizarse fuera de los márgenes del capital global será señalado como amenaza

. Las derechas latinoamericanas cumplen el rol de administradoras locales de esta dominación: no tienen proyecto nacional, no producen desarrollo, no defienden pueblos; gestionan dependencia.

Afirmamos que no hay salida en la intervención imperial ni en los autoritarismos de Estado. La emancipación no vendrá de sanciones, bloqueos ni marines, pero tampoco de burocracias que hablan en nombre del pueblo mientras lo silencian.

La única salida real es la organización popular autónoma, la integración regional soberana y la ruptura consciente con la dependencia estructural.

Venezuela no necesita salvadores externos ni caudillos intocables. Necesita pueblos libres, organizados y conscientes. Porque la democracia no se impone con hambre, y la libertad no nace de la mano del imperio.

¡Ni imperialismo ni dictadura: soberanía popular y emancipación real!

¡Las sanciones no liberan: matan pueblos y salvan imperios!

¡El imperialismo no combate dictaduras: castiga soberanías!

¡América Latina no es patio trasero: es territorio de lucha!

AREQUIPA- PERU ENERO 2026

CÉLULA RUSIÑOL AREQUIPA-PERU -GENTE DE FUEGO- GEN Z LIMA- GENZ AREQUIPA- MIKAMARU- CIRCULO DE ESTUDIOS VOCES ¡Haz clic para puntuar esta entrada! (Votos: 0 Promedio: 0)


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