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No hay quien lo haga por mí, entrevista con Mauricio Kartun (parte I)

divendres 10 de juliol de 2026, per  Andrés

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Mauricio Kartun en su estudio

Entrevista en tres actos con Mauricio Kartun

PERSONAJES

Mauricio Kartun— dramaturgo, director, maestro.

Los Cronistas, los periodistas.

Mauricio Kartun nos recibe en su departamento, en Villa Crespo. En la puerta el portero nos hace pasar. Claro, pensamos, debe recibir a desconocidos todas las semanas. Arriba, nos abre el maestro, que después de saludarnos nos pregunta si queremos tomar algo, nos pide que nos acomodemos y se retira. Quedamos los dos en su espacio de trabajo. No puedo parar de mirar. Estamos en el estudio del director y dramaturgo más importante de la Argentina. Quizá el más grande en la historia de nuestro teatro. A un paso tenemos el sillón donde pasa infinitas horas leyendo, escribiendo; en esa tarea múltiple del que compone y crea y estudia y ensaya. Ahí nomás está su computadora resguardada por torres de libros. Hay objetos, figuras pequeñas, obras de arte y premios repartidos por todas partes. De las paredes cuelgan cuadros —sabremos por él que alguno es un Larrañaga, de temática circense, que tanto le gusta—. Es difícil no sentirnos allí un poco dentro de su cabeza. En un rincón hay una escultura en madera de lo que parecen un montón de personas amuchadas. Hay una vitrina con libros antiguos y objetos apoyados delante, sobre los estantes. Hay también premios en distintos anaqueles, en una larga mesada. El espacio está atiborrado de objetos que parecen estar reclamando a voz en cuello alguna historia por contarse. Con algo de timidez, saco la cámara, trato de hacer unas fotos, pero es más fuerte la pulsión de seguir mirando. Diez minutos más tarde, vuelve a entrar Mauricio Kartun al living, y se sienta después de preguntar si ahí donde acomoda la silla está bien. Entre la inmensidad que representa y el modo relajado, alegre, dichoso que el director manifiesta existe una tensión que no se resuelve. Mientras más admiremos sus logros, más hablará del modo en que trabaja de manera precarizada, haciendo malabares con planillas y una calculadora de plástico. Entramos buscando al artista, y encontramos a un gestor cultural que, de vez en cuando, se putea llenando un Excel. Preguntamos sobre poética y nos responde con economía, preguntamos sobre lenguaje y nos contesta con las cooperativas del teatro independiente. Contra el mito que deseamos construir, Kartun se reconoce obrero. Contra el dueño de una escritura de jergas, el director se reconoce trabajador de un territorio sin dueño o, como a él le gusta llamarse: Aizetzet.

Por Andrés Manrique y Diego Console para ANRed.

Acto Primero

Mauricio y la dramaturgia

LOS CRONISTAS

Decís que sos una especie de cartonero de imágenes, de pedazos de cosas que vas recogiendo, y eso es lo que te motiva a escribir. ¿Encontraste algo últimamente?

Decís que sos una especie de cartonero de imágenes, de pedazos de cosas que vas recogiendo, y eso es lo que te motiva a escribir. ¿Encontraste algo últimamente?

KARTUN

Sin parar. En realidad, de lo que se trata es de entender que las cosas tienen pátina. La pátina es un lenguaje. Es el lenguaje que el tiempo, el desgaste, el uso ha puesto sobre las cosas. Las cosas nuevas en general no inspiran porque no tienen pátina. Es muy difícil que a alguien se le ocurra escribir sobre un objeto nuevo, o al menos a mí no me pasa. Hace cinco días estábamos de gira en Costa Rica y se nos ocurrió ir a visitar un mariposario. El hecho de entrar a un lugar donde se ponen plantas para crear una especie de vida artificial para una fauna, donde entrás corriendo unos teloncitos de media sombra, que dan la sensación de estar incorporándose a un escenario. Corrés la media sombra, entrás, y sos parte del escenario. Y mientras recorríamos —yo no uso teléfono celular— pero unos amigos que iban conmigo iban sacando fotos con los teléfonos. Había unos mariposones posados. Y cuando encontraban una quieta le sacaban la foto. Hasta que después de la quinta foto descubrimos que las que estaban quietas eran de plástico. Entonces, algo del escenario saltó con toda la gracia: creó un universo dentro del cual también está la artificialidad. ¿Cómo no te va a inspirar escribir algo del territorio maravilloso de las mariposas en el cual las mejores están hechas de plástico para que le saques la foto, para que te saques la selfie con la mariposa? Eso es lo que llamo basura, cosas que no le sirven a nadie salvo a uno que anda buscando esos impulsos para ponerse a escribir. Salí de ahí pensando cuáles son las mariposas paradas que tenemos en el mundo. ¿Dónde están las mariposas de plástico que tenemos alrededor en la vida? En una familia, ¿son todos de verdad o hay algunos tíos de plástico? Entonces la cabeza empieza a generar.

LOS CRONISTAS

Y es un poco la imagen irradiante, ¿no?

KARTUN

Exacto, es la imagen generadora, que es siempre una ruptura. En general, las rupturas en términos poéticos se expresan en figuras, en tropos; es una metáfora, es una paradoja. Siempre algo que nos obliga a mirar desde un punto de vista diferente. Nos saca de lo que llamamos la red conceptual, que es una rutina. Como los que escribimos vivimos buscando el alimento para la escritura, estamos habituados a mirar la vida siempre tratando de corrernos un poquito para el lado de la banquina.

LOS CRONISTAS

¿Y cómo la distinguimos?

KARTUN

La risa es el gran señalador. A través de la sorpresa, ese eureka que certifica la risa.

LOS CRONISTAS

Entendemos que sos muy celoso de los textos, que no querés demasiado que el actor improvise, ¿qué explicación le encontrás a eso?

KARTUN

Soy muy obsesivo. Los actores y las actrices frente a un texto complejo tienen una primera salida muy rápida, que es cambiarlo. El cuerpo tiene que encontrar un mecanismo que lo vuelva orgánico. Frente al cuerpo aparece como inorgánico y el cuerpo tiene que encontrar cómo digerirlo. Y para esto hacen falta distintas pruebas. Cuando uno hace pruebas, las que vas anulando generan un mal momento. Entonces el actor, en cambio de hacer ese trabajo de búsqueda que tiene malos momentos, trata de “ablandar”, que en muchos casos es: le cambio las palabras para ablandar. Yo sé que esa es la primera pulsión, entonces ahí me pongo muy guardabosque, cuida. Soy patova, no te dejo pasar ni en pedo que me cambies una coma, una letra. Ahora, una vez incorporado, puede pasar que ese texto por alguna razón en ese cuerpo no se vuelve orgánico. Y entonces recién ahí, podría cambiarlo. En la vorágine de los ensayos un error o una casualidad puede mostrar o hacer aparecer algo mejor. Siempre estoy abierto a incorporarlo porque me la paso buscando cómo mejorar mi oído. Y durante esos ensayos cambio mucho. Nunca en el momento de empezar a ensayar; se da siempre luego de un proceso y muchas veces durante la obra.

LOS CRONISTAS

En La Vis Cómica, una de las obras que tenés en cartel en el Centro Cultural de la Cooperación, situás a tus personajes en el pasado, con un anclaje en lo que pasa hoy. ¿Por qué lo hacés así?

KARTUN

Es un impulso poético. Sé lo que produce y podría definirlo desde el resultado, pero me parece que traicionaría cierta condición más intuitiva que tiene esa búsqueda. Escribir es un acto que, como todos los actos creadores, busca una satisfacción dopamínica. Hay un momento donde vos leés y decís: “está bueno esto que hice”. El ser humano tiene una pulsión de construcción de patrones ordenados y bellos. Pasa en la vida, pasa en el hablar, pasa en la relación. En mi caso, esa satisfacción se produce cuando puedo jugar con un texto de lenguaje anacrónico, que en un momento se ordena de manera tal que tiende una referencia con el presente. Y entonces deja de ser una reproducción de museo —que es lo que tendría un lenguaje anacrónico— para hacer el guiño y volverse contemporáneo. Es decir, crea con el receptor un negocito, crea un secreto con el receptor: esto es viejo, pero vos sabés que está hablando de hoy. Entonces, dejo de mirarlo como material de museo y empiezo a encontrar cómo con algo viejo construyeron algo nuevo.

LOS CRONISTAS

¿Y pensás que tiene que ver eso con el modo de pensar en un lugar otro que se da en esa relación objeto-vos, vos-objeto, vos-imagen?

KARTUN

El teatro es una máquina de construir un presente aludiendo a un futuro que es el que engancha al espectador como si fuera un anzuelo. Los dramaturgos del teatro dramático trabajamos con conflictos; que no es más ni menos que plantear una dificultad a la cual hay que imaginarle una resolución, lo cual nos lleva siempre a pensar en el mañana. El teatro es una máquina de construir futuro. Es decir, qué quilombo tiene que haber hoy para que mañana se produzca algo que tampoco sabemos. Entonces, siempre está ese tratar de adelantarnos a lo que va a pasar: si ahora pasa esto, qué viene. Siempre está implícito en el trabajo del creador. Yo no he escrito nunca ningún género fantástico que trabaje sobre un futuro lejano, pero si lo hiciese aplicaría el mismo mecanismo, y es el de mirar los conflictos de hoy para ver qué mundo viene.

Viviendo como hoy en un mundo tan pródigo en conflictos, el ejercicio es extraordinario. Por suerte tenemos un mecanismo que nos ayuda mucho, que es buscar analogías en el pasado. Si yo me voy a los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial, encuentro líderes políticos cuya filmación, por ejemplo, de un discurso de Mussolini o de Hitler, me dan la pauta de que van a crear un desastre. Basta verlos para darse cuenta del estado de perturbación que tienen esas cabezas. Tipos que han creado grandes teorías, extraordinarias teorías en la búsqueda de su perfección, absolutamente siniestras luego en el resultado.

Si yo esto lo traigo al hoy, me basta mirar a Estados Unidos y a Argentina para observar la presencia de líderes y adláteres de teatralidades siniestras. Entonces puedo pensar adónde nos lleva ese fenómeno. Así como lo puede hacer el hombre de la calle, pero en cambio de simplemente imaginarlo, lo plasmamos en una novela, en una obra de teatro, en una película.

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LOS CRONISTAS

Mientras preparábamos la entrevista tuvimos una imagen recurrente, vinculada a lo que hacés, a lo que venís pensando y diciendo desde hace tiempo, que tiene que ver con la última escena de Fahrenheit 451, la novela de Bradbury, cuando ya todo está perdido y aún sobrevive un reservorio de seres humanos que se quedan a las afueras de la ciudad, en la clandestinidad, rememorando los fragmentos de libros para que cada cual tenga una especie de reserva: el estar juntos y por afuera. Ese afuera y juntos me hace pensar mucho en esta fascinación por el margen. Por las historias vivas que hay al margen. Podemos citar La Vis cómica, podemos pensar en Terrenal, podemos pensar en Baco Polaco. ¿Qué encontrás vos en ese borde de lo histórico, histórico incluso verbal, que se da en esa yunta entre lo anacrónico que hace pie hoy acá?

KARTUN

Te divido la respuesta, porque primero me gustaría hablar del reservorio. Y si yo tengo que encontrar analógicamente cuál es ese reservorio, es el arte. El arte es el lugar donde queda atrapado lo que conocemos como inteligencia narrativa, saberes del pasado. Y los transforma en mito. El mito es un relato que alguien puede tomar a futuro para revisar una situación. Digo, un mito es un relato —relato es relación, una cosa que se relaciona con otra con otra con otra y producen un resultado—; relato-resultado, eso es inteligencia narrativa. Mito. Vuelvo a ello todas las veces que lo necesito. Ese reservorio lo crea el arte. El arte sigue sosteniendo los momentos felices de la humanidad, y los caminos por los cuales se produjo ese acto de felicidad.

Voy ahora a la segunda parte, que es lo que decías de los bordes. El deslinde es lo más interesante que tiene siempre la posibilidad de creación artística, porque te hace ir más allá del lugar común. Te hace ir más allá de la convención básica, lo que llamo la red conceptual, y por lo tanto la que le vas a proponer al espectador. Si yo trabajo sobre un realismo naturalista rabioso hay algo donde todo se va a parecer tanto a la vida… aparece el costumbrismo. El costumbrismo puede ser simpático, pero no es profundo nunca. Sirve para hacer una telenovela, hay algo de reflejo de costumbres; hay un acto de identificación, pero no te provoca otra cosa.

Para que provoque otra cosa hay que pasar cierto límite. Yo lo encuentro mucho en el límite del tiempo, porque pasando el límite del tiempo voy a un lenguaje anacrónico que ya nadie recuerda y por lo tanto a mí me da la libertad de crear sin límite. En mis obras, por ejemplo, hay muchas palabras inventadas. Cuando no sé cómo decir una cosa, invento una palabra que más o menos suena. Va más por sonido. Y esto crea el extrañamiento, la sensación de estoy extrañado de estar frente a algo, y entonces aparece el fenómeno de sorpresa. Si no hay sorpresa, es como parte de mi vida, que es costumbrismo. La diferencia está en dar un paso más allá del margen. Yo trabajo mucho con lenguajes de época. Alguien decía el otro día: “Kartun es autor de jergas”. Y es cierto, me gustó mucho esa característica. Ser autor de jergas.

Me gusta mucho leer libros que reflejan costumbres del pasado. Para escribir La Vis cómica, por ejemplo, trabajé mucho sobre un libro que se llama El viaje entretenido, un libro de siglos, que habla de las compañías de teatro. No todo el libro habla de eso, pero en una buena parte habla de las compañías de teatro de la época.

LOS CRONISTAS

¿Estás declarando un plagio?

KARTUN

No, al contrario. Es trabajo de campo, de búsqueda: es de pronto leer palabras que definían algo que ya no existe; descubrir que el tiempo ha pasado, que esas palabras ya no tienen sentido porque nombran algo que no existe. Volver a traer esos nombres. Jugar con la creación de eso. A mí me resulta apasionante ese juego.

Yo trabajo con el lenguaje y el lenguaje tiene eso. El lenguaje nombra cosas que ya no existen. Mira, mi segundo apellido, el de mi abuela, en realidad, era Aizetzet. Alguna vez me puse a buscar cuál es el origen: Aizetzet, Aizetzet, hasta que descubrí que era el nombre que se les daba en el campo a una función especial. Cuando en una familia de campesinos que labraban un territorio moría el varón y la mujer enviudaba y por cuestiones físicas no podía sostener el trabajo, pero la tierra seguía siendo de ella, conseguía un aizetzet: un marido sustituto. Un hombre que no tenía derechos sexuales, pero sí tenía derechos laborales. Se incorporaba a la familia a cumplir el rol del hombre que había muerto. A mí me pareció tan extraordinario esto: nombrar algo que no existe me permite entender otra realidad. Entonces, la aparición de este personaje que es como una ficción de marido me encantó. Dije: “Alguna vez tendré que escribir sobre un aizetzet”. Y esto es lo que tiene el lenguaje: porta sabiduría. Nos permite entender el pasado de una manera diferente porque lo nombra y, al nombrarlo, nos lleva a explicarlo en principio. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

Mauricio Kartun

LOS CRONISTAS

Amplía los límites del mundo.

KARTUN

Amplía los límites, pero eso lo encuentro del otro lado de la frontera. Yo tengo que ir a ese pasado, tengo que ir a ese lenguaje para encontrarlo.

LOS CRONISTAS

¿Y hasta dónde te estás esperpentizando hoy en día? El esperpento en el sentido de esto también, de este vuelco que hacés con las jergas, los contagios…

KARTUN

Mi última obra está bastante des-esperpentizada. Es más, es una obra que trascurre en el presente, cosa que yo no había hecho nunca.

LOS CRONISTAS

Muchas de tus obras tienen mucho parentesco con un procedimiento que pone en juego Leopoldo Marechal en su Adán Buenosayres, donde lo sublime y lo profano se encuentran en una arena de lucha común. ¿Podrías decir que Marechal fue una especie de maestro tuyo?

KARTUN

De manera subrepticia debe haber estado laburando porque hay algo de esa mezcla que a mí me gusta y que efectivamente en muchos casos he encontrado como referencia. Tanto es así que el año pasado, a partir de una referencia, busqué el Adán Buenosayres, que no debe estar a más de cuatro o cinco pasos de acá, es posible que esté por acá. Estos libros tienen una lógica en su desorden.

Allá van a parar los que tengo que leer por trabajo o los que quiero releer por alguna razón. Estos son los que tengo abiertos en lectura. Y los que estoy leyendo en el día están siempre ahí al lado de mi compu. Tengo tanto para leer que las decisiones suelen venir por impulsos externos. Me das una buena, así que lo saco de allí y lo pongo acá, que es lo que estoy leyendo.

LOS CRONISTAS

Mauricio, vos decís que es más divertido imaginar que pensar, y le das una categoría importante al divertirse.

KARTUN

Divertirse, claro. Es que la raíz de la palabra es verter por otro lado: di-vertir. Uno vive en una red conceptual que es una rutina. Una ruta que uno la puede recorrer con los ojos cerrados. Cuando trabajaba en el Mercado de Abasto, me estremecía un tipo, un chofer que venía de Balcarce —hacía la ruta de la papa, que se llama, desde Balcarce— y un par de veces me dijo: “Yo a veces manejo dormido”. Y yo decía “la concha de tu hermana”. Esto de manejar dormido para mí es la imagen siniestra de cómo vivimos. A veces manejamos dormidos. Encontrar qué quiebra la red conceptual es divertir. Por eso, el señalamiento de la risa y encontrar que la rutina nos hace manejar con los ojos cerrados, que como nos la ponemos. Y que la única manera, el único acto de lucidez, es divertirse en el sentido de: si me río de algo, lo extraño, lo miro desde otro lado. Por eso creo que no hay nada más idiota que la solemnidad, porque no ponés en tela de juicio nada. Yo creo mucho en el divertirse, vivo el placer extraordinario de divertirme, es la verdadera alternativa a la seriedad que se nos impone.

Por supuesto, está penado. El capitalismo pena la fiesta. No es productiva, no sirve para nada, desorganiza, obviamente no está bien vista. Pero el verdadero placer está siempre en la fiesta, está siempre en tratar de pasarla bien. Cada uno encuentra cuáles son los rituales que lo hacen feliz. Pero ese es el verdadero sentido de la vida. El otro es un medio. El trabajo es un medio, la acumulación es un medio… ¿pero un medio para qué? Si es un medio que a vos no te permite que buena parte del día estés en estado de placer, ¿cuál sería el sentido de un medio? ¿Porque está mediando entre qué y qué? ¿Entre pasarla mal trabajando y pasarla mal en tu casa? La verdad es una especie de gilada incomprensible. Yo creo que el teatro también es un proveedor de diversión. No creo en otra cosa. A mí me parece que el sentido de la vida está en encontrar equilibrio. El equilibrio es estar en estado de satisfacción, creciendo con una comunidad que tiene ese estado, que provee ese estado. En los últimos años lo que ha aparecido son satisfacciones dopamínicas producidas por lo virtual, que empiezan a encontrar como una especie de compensación medio decadente, medio triste de lo que es la fiesta. “Bueno, me quedo en casa, miro, comento por redes…” disgregado, separado, solo. Mi obra Baco Polaco habla de eso, habla justamente de eso, del poder contra la fiesta.

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El grabador y la cámara siguen en el centro de la mesa y la entrevista continúa, tanto como el conflicto que late entre nosotros, los que preguntamos. Entrevistar a Mauricio Kartun es un ejercicio de tensión, no por el entrevistado —que maneja la comodidad de la experiencia y el control de la palabra—, sino por la disputa silenciosa (y a veces no tanto) entre las dos miradas que llevamos como cronistas.

Por un lado, está la obsesión por el Kartun dramaturgo, ese artesano solitario que bucea en la arqueología de la memoria familiar, el almacén de ramos generales y el potrero. Una postura que defiende que su literatura es tan íntima, tan personal que solo vuela libre cuando se independiza de su creador. Esta mirada busca al Kartun de Chau Misterix o al de La Madonnita, textos que resisten al tiempo desde la palabra despojada, la miniatura poética que no necesita el ruido de la puesta en escena para conmover.

Del otro lado, los apuntes exigen al Kartun director de orquesta. Para esta otra mirada, el texto es la partitura de un rito colectivo, de una kermés que exige producción y lío en escena. Y queda más del lado de Terrenal o de Salvajada, donde el fenómeno explota gracias a la fuerza de la cooperativa y a la entrega en el ensayo. Para este lado de la crónica, un Kartun que no dirige es un Kartun a medias, ya que el teatro requiere del cuerpo, del sudor y el asado compartidos, no de un retiro espiritual.

Así llegamos a este acto, tironeados entre las ideas de una escritura sin descanso y las maquinarias de la alegría convertidas en espectáculo, intentando acaso infantilmente definir si el maestro está más en la soledad de su escritorio o en el descalabro del escenario. Para que a continuación, mientras nos desvelamos por entenderlo y analizarlo, él se las arregla para seguir siendo ambas cosas.

Continuará mañana…


Veure en línia : https://www.anred.org/no-hay-quien-...

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