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Nina Suárez: Ser de luz
dilluns 27 de juliol de 2026, per
Una expresión de la nueva generación que se gana un lugar en la música a fuerza de ideas y talento. Publicó el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora que remite a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...> Para Nina una banda también es una organización afectiva, y un proyecto que debe sostenerse. Fotos: Lina Etchesuri/lavaca.org.
Ganó Milei, y es de noche. La casa está vacía; la pareja se fue, mamá ya no está. Nina duerme sobre una alfombra gigante que ocupa casi todo el living, obsequio de un amigo. A su alrededor, una botella de whisky y restos de una noche agitada, de rap hasta la madrugada y preguntas que todavía no encuentran respuesta…
Tal vez ahí y así haya empezado el segundo disco de Nina Suárez, El lado oscuro. Una pieza exquisita que habla de la separación, la soledad, la muerte, la familia, los deseos que no terminan de encajar con la realidad y la sensación de que ciertas emociones, postergadas durante años, finalmente llegaron todas juntas. Y salen a borbotones de la garganta y la guitarra de Nina.
Dirá ella, generación 2001:
“Ahí me di cuenta de que estaba sola. En realidad no estoy sola, pero estaba sola familiarmente o con respecto a mi vieja, y no me había caído esa ficha. Cuando me quedé sola, sola, sola, en mi casa sola… Me había quemado la mano haciendo salchichas a las tres de la mañana porque estaba viviendo así, sin orden. Y en esa época empezaron a salir todas las canciones más oscuras”.
Nina acaba de cumplir frescos 25 años y siente que está entrando en otra etapa. No habla -solo- de la música: habla de la ropa limpia, de tener comida en la heladera, de barrer la casa. De aprender a ocuparse de sí misma. Lo cuenta riéndose pero también con una convicción que parece recién descubierta: “Tener 25 es otra cosa, es como ajustarse los botines” define magistralmente. “Ya no quiero estar más en el ‘uy, no hay nada para comer’ o ‘uy, no limpié’. Quiero estar al tiro con todo. Tener la ropa limpia. Ser una buena ama de casa de mí misma”, bromea.
Esa mezcla de humor, observación cotidiana y reflexión inesperada atraviesa toda la charla. Y así, una anécdota sobre lavar los platos deriva en una teoría sobre el tiempo; una película infantil termina convertida en una discusión sobre la industria musical; un perro dormido en el subte dispara una reflexión sobre la soledad…
Porque para Nina todo parece estar conectado con todo, tal vez porque esa frontera entre el arte y la vida está borroneada naturalmente; desde su madre, sí, pero también como su madre, su vida es una obra de arte en sí misma; una obra de arte que acapara la totalidad de una vida de alguien que vive para dar.
Al igual que su madre, además de tocar, Nina actúa. Además de escribir canciones, se graba a ella misma, y está aprendiendo a filmar. Tiene varias películas en su haber, y obras de teatro, dos discos, decenas de escenarios en decenas de ciudades. Y ya empezó a cruzar la frontera hacia Chile y Uruguay. Pero vamos por partes.
Motorizada
Cuando cumplió 18 años hizo el CBC de Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Duró poco. En simultáneo comenzó a tocar sola, a actuar en una obra del Teatro Sarmiento y a descubrir que había una vida posible fuera de los recorridos tradicionales:
“Cuando empezó a pasar eso dije: chau, no quiero hacer más nada. Esto está buenísimo”.
Se refiere al recorrido artístico.
La obra era Recital Olímpico. Ella interpretaba a Nadia Comaneci, la mejor gimnasta de la historia; justo ella, que se define como “una de las personas menos deportivas de la historia”.
Ese trabajo terminó siendo decisivo por una razón inesperada: una noche fue a verla Santiago Motorizado, líder de Él Mató, que luego le escribió para invitarla a protagonizar un videoclip de su banda.
Allí fue.
El rodaje era en La Plata. Y aunque en ese momento nadie podía saberlo, ese viaje iba a ser algo más que un cambio en la agenda o un un laburo para agregar en el cevé.
“Filmamos en un día pero me quedé todo el fin de semana. Me dijeron: quedate, vamos a hacer un asado. Después había una feria de comics. Después otra cosa. Y de repente entré en un nuevo grupo de amigos. Mi primer grupo de amigos de la vida real post secundaria”.
Desde entonces Nina empezó a ser parte no de una escena musical, sino de una especie de nueva familia de la que son parte los motorizados y otras bandas como 107 Faunos, Bestia Bebé y en general las del sello Laptra, con el que años más tarde sacaría su primer disco Algo para decirte.
Sin embargo Nina no los define ni como amigos ni como un sello, sino como una pandilla. Es decir: un grupo de personas que comparten música, fechas, comidas, viajes, salas de ensayo y una determinada manera de entender la vida y la música. “Me sentí instantáneamente parte de esa pandilla. Me adoptaron”.
La palabra tampoco es casual. Mientras esa familia elegida crecía, la familia biológica atravesaba algunas transformaciones profundas.
Su madre y su padre ya estaban viviendo en La Pampa. Después llegó la pandemia. Después, la muerte de Rosario. Su padre se quedó allí. Y desde entonces Buenos Aires empezó a parecerse a un territorio cada vez más solitario.
La música ya venía de sangre y maduró a partir de los platenses.
Porque Nina no estudió conservatorio ni tuvo una formación tradicional; aprendió como aprenden muchas bandas de esa escena independiente: tocando.
“Me enseñaron a tocar, era full escuela de rock. Me llamaban para una fecha y tenía que aprender mil temas. Se puede decir que aprendí tocando con amigos”.
La consecuencia de esa educación sentimental y musical es una ética muy particular que incluye concebir la música como un trabajo en el que subirse a un escenario es fundamental:
“Hay algo del oficio del músico” que es tocar, tocar, tocar, tocar. Es la única forma de mantenerse”.
La autogestión aparece así no como una consigna sino como una práctica diaria. Nina lo ilustra así:
“Mi principal herramienta de trabajo es el auto. Gracias al auto podemos llegar a otros lugares. Todo sale de ahí. Las cuerdas, los cables, el merch, las púas. Todo se sostiene porque la rueda sigue girando”.
Nina va donde nadie recomienda ir. Toca donde no parece conveniente tocar. Vuelve una y otra vez a los mismos lugares hasta construir algo.
“Nosotros hacemos Rafaela. Hacemos Venado Tuerto. Hacemos Necochea. Capaz otra banda te dice que hagas una sola fecha grande en la ciudad principal y que la gente viaje. Nosotros vamos. Vas una vez y hay tres personas. Después cinco. Después ocho. Y así”.
Nina se entusiasma no como quien cuenta una fórmula ni un secreto, sino una experiencia que la atraviesa a flor de piel. Con lo bueno, y con lo oscuro de ello. https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
Dark side
El disco El lado oscuro nació de un proceso largo que pone a Nina en contexto de líder de una banda.
Si bien “las primeras canciones ya estaban desde antes de grabar el primer disco (temas como El lado oscuro, Querido chico, Adónde), todo el resto vino después. Refleja los años de tocar con la banda”. Y así suena.
Cuando habla de esos años no se refiere solamente a la música. Habla de una transformación más amplia que implica pasar de la soledad al círculo platense, a empezar a ser responsable de otras personas. De entender que una banda también es una organización afectiva, y un proyecto que debe sostenerse. Que además de canciones hay viajes, fechas, dinero, compromisos, expectativas y problemas que resolver. Un auto que arreglar.
“Empezar a ser líder de un proyecto tiene una responsabilidad laboral y emocional. En un punto se despersonaliza tu figura porque estás todo el tiempo pensando qué les pasa a los demás. A los otros integrantes, tratando de mantener todo unido, equilibrado”.
Algo de esa experiencia también se terminó colando en las canciones. No como una crónica literal, sino como una forma nueva de mirar: la adolescencia había quedado atrás y las preguntas empezaban a ser otras.
“Hay veces que no te podés enredar en sentimentalismos. Hay que decidir. Hay que avanzar. Estás cerrando cosas con gente, comprometiéndote a viajes, a shows”.
La cosa se puso seria porque va en serio, no como una pérdida de alegría, sino como la conciencia de que crecer implica hacerse cargo de algunas cosas. Tal vez ya no alcanza con improvisar siempre. Era hora entonces de mirar de frente el lado oscuro, emociones que habían quedado suspendidas durante años.
La muerte de la madre aparece de manera fragmentaria a lo largo de toda la conversación, más bien como una presencia que atraviesa distintos recuerdos y que parece explicar algunas cosas mucho tiempo después de haber ocurrido.
El lado oscuro parece construirse exactamente ahí: en el intento de entender qué hacemos con las ausencias. Qué inventamos para llenarlas. Qué historias nos contamos. Qué deseos proyectamos sobre otras personas.“Todo tiene una consecuencia. Empecé a ahondar en eso. Ahondar, ahondar, ahondar. Y ahí empezaron a salir todos esos temas”.
Cuenta que durante ese período se enamoró fugazmente de una chica que tocaba en una banda. Era de Mar del Plata. Su madre también era de Mar del Plata. Hoy la anécdota le resulta casi evidente, pero en aquel momento no.
Nacía la canción Esos barcos, una de las perlitas del disco.
Nacía Tiburón, otra canción increíble de desamor, seducción y trucos.
El proceso del disco cruza esta forma de vida de vivir la música y las preguntas sobre el amor, el desamor y las ausencias.
¿Por qué queremos algunas cosas? ¿Por qué insistimos con ciertos proyectos? ¿Por qué nos hacemos la peli?
Algunas respuestas llegaron a través de fotos familiares guardadas en cajones. Fotos de Mar del Plata. Fotos de los abuelos. Fotos de una historia que parecía pertenecer al pasado pero que de repente empezó a dialogar con las canciones, porque Nina empezó a asociarlas como en una especie de constelación.
Si una canción hablaba de amor, la imagen podía ser una fotografía de su abuela en la playa. Si una canción hablaba de una pérdida, la respuesta estaba en otro recuerdo familiar. Como si la experiencia individual fuera apenas una puerta de entrada hacia algo más amplio.
“Ya ni siquiera se trataba sobre mí. Se trataba sobre todo”.
El lado oscuro no funciona como un diario íntimo, sino tal vez como una especie de investigación sobre los vínculos familiares, sobre las herencias invisibles, sobre los deseos que vienen de antes de que uno exista y siguen insistiendo muchos años después.
Por eso la tapa del disco no es un simple recurso visual, sino el Hotel Llao Llao donde trabajaban sus abuelos…
Por eso el manifiesto que acompañó la edición terminó siendo tan intenso como las canciones. Unas palabras escritas por Nina que pueden leerse en la página de LAPTRA y que ella reparte como fanzine en sus shows.
Y que tiene pasajes como éste:
“Es común asociar al miedo con lo desconocido, pero El Lado Oscuro es sobre lo cercano, sobre lo familiar. Lo que uno lleva consigo inevitablemente. No es oscuro por ser maligno, es porque no se ve. Como la genética, la crianza, el trauma que se entrelaza tierna y devastadoramente con el mundo exterior. Es en la incertidumbre de no saber si el peligro real está afuera o dentro nuestro donde se anida El Lado Oscuro. En esa franja. No tiene forma y no se nombra. No es un monstruo. Es una sombra adherida a lo que somos. Lo que se transmite entre generaciones y está en todos nosotros”.
Ahí aparece otra vez la misma idea.
En la oscuridad, una verdad. https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
Meteora
Al momento de la entrevista Nina está obsesionada con dos personajes entrañables: Rocky y Meteoro.
Acaba de ver la versión de las hermanas Wachoski de Speed Racer, donde se refleja la historia del joven Meteoro que se enfrenta a la corrupción de las carreras y a los rivales más despiadados. Todo a bordo de su poderoso Mach 5, construido por su padre.
“Lo veía y pensaba: me respira esto. Hay algo ahí que me hace acordar mucho a la industria musical”.
A Nina, que maneja un auto, la conmueve no la velocidad ni la historia de superación. Lo que la conmueve es la pelea entre dos maneras de entender el mundo: esta idea de que por un lado están las corporaciones, los patrocinadores, las estructuras que organizan el negocio. Y del otro, alguien que insiste en hacer las cosas a su manera.
“Hay un momento donde el malo le dice: no existen los buenos pilotos, está todo arreglado. ¿Qué vas a cambiar? ¿Te pensás que vas a salvar algo manejando un auto?”.
Lo dice entre risas pero no es una broma.
Porque la respuesta puede ser sí.
Una parte importante de la entrevista está atravesada por la conciencia de que la industria cultural existe y está ahí. Que detrás de los festivales, de las giras, de los escenarios grandes y de las carreras exitosas hay una enorme cantidad de trabajo invisible. Personas negociando, armando contactos, consiguiendo oportunidades, moviendo piezas.
“En algo el malo de Meteoro tiene razón”.
Nina lo dice como alguien que empezó haciendo música desde un circuito completamente autogestionado y de a poco fue descubriendo de reojo que existe otro mundo paralelo, donde aparece una distancia con ciertas ideas sobre el éxito que circulan hoy en la música. “Si hablás con alguien que no tiene idea de nada, la imagen que tiene de un músico oscila entre pensar que no existís o pensar que sos rico”.
La frase, de nuevo, la hace reír pero también resume una incomodidad. Entre esos dos extremos desaparece algo que para ella es central: el oficio.
“No necesitamos una productora para hacer muchas cosas. Tenemos amigos. Es escribir y decir: che, armamos algo”.
Asegura ella, que parece estar a punto de cruzar a esa franja.
No hay ansiedad en su progresión; Nina maneja con paciencia y con la confianza de quien entiende que las cosas importantes suelen construirse lentamente y con el corazón.
“Hay que tratar de estar preparado”.
¿Y qué significa estar preparado?
“No sé. Supongo que tratar de ser honesto”.
Nina no habla de estrategia ni de marketing.
“Quiero tratar de ser lo más honesta posible. No tener miedo de decir la verdad”.
La frase parece simple.
Y aplica a todo: a las canciones, a los vínculos, a las decisiones, a los límites, al trabajo, al amor.
“Quiero esto. Quiero ir para acá”.
Maneja Nina, que va escuchando a Iorio cuando lo cita:
“Como dijo Ricardo: con la verdad para adelante”.
Epílogo
Nina vio estas pelis gracias a que acababa de descubrir un cine escondido en la calle Florida. La historia de esa sala ocupa apenas unos minutos de la conversación, pero funciona como una especie de epílogo involuntario.
Un espacio cinematográfico en un edificio medio vacío.
Películas proyectadas por amor al cine. Gratis.
Una comunidad improvisada. Rocky. Meteoro.
“Apenas entré sentí que era joven”. Dirá ella, que empezó y terminó hablando de la edad y de la madurez pero en realidad habla de sensación, de esa energía que aparece cuando algo vuelve a sorprenderte. Porque sí: todavía existen lugares y películas y artistas por descubrir. “Y cuando salimos del cine estábamos tan felices que nos pusimos a correr por Avenida de Mayo”.
La imagen es hermosa.
Como si fuese parte de otra película.
Corren los créditos mientras Nina completa que, si bien durante años creyó que sólo quería tocar, que no necesitaba nada más, que la música podía ocupar todos los espacios, ahora también piensa:
“También quiero ser feliz”.
Eso a veces no implica abandonar la música, ni la búsqueda, ni el tocar, tocar, tocar.
De hecho, está grabando en su casa y planea ¡un disco triple! Uno de rap, uno con su banda, y uno de ella solista…
Significa que tampoco se olvida del resto: invitar a un amigo a comer. Preguntarle cómo está. Visitar a la abuela. Ir al cine. Correr por la ciudad.
Intentando entender este mundo raro mientras avanzamos.
Con dudas, con contradicciones y con canciones.
Y sobre todo, con la verdad para adelante. https://lavaca.org/suscripcion"... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
Veure en línia : https://lavaca.org/mu214/ser-de-luz...