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¿Mi pronombre? ¡Negación!

dijous 23 de juliol de 2026, per  Kiko Pavonic

Este texto fue escrito originalmente en septiembre de 2009, tras las protestas de la Cumbre del G20 en Pittsburgh, y se refiere a las acciones emprendidas por los participantes del bloque negro en el barrio de Oakland de Pittsburgh, que más tarde se conoció como Bash Back! Black Bloc, debido a su composición queer. Se convirtió en un texto influyente en los círculos anarquistas queer y trans de principios de la década de 2000 y ha sido republicado en varias publicaciones, incluyendo el fanzine Dangerous Spaces: Violent Resistance, Self Defense, & Insurrectional Struggle Against Gender de Untorelli Press y el libro What is Gender Nihilism?. Traducción desde el inglés por Tía Akwa <https://www.portaloaca.com/wp-conte...>

Jueves por la noche, tras un discurso motivacional queer radical sobre el motín, emergió un bloque negro como cuarta ronda de los enfrentamientos callejeros del día. Este bloque, particularmente visceral (más tarde denominado Bash Back! black bloc) se desplazó por Oakland rompiendo incontables ventanas, volcando contenedores y prendiéndolos fuego.

Un amigo comenta: ¿qué hay de queer en eso? La gente solo llevaba puesto negro y quemaba cosas en la calle. Respondemos: la práctica de vestirse de negro y destruir todo puede muy bien ser el gesto más queer de todos.

De hecho, toca el núcleo del asunto: queer es negar. En esta intersección de nuestros cuerpos desviados experimentamos con convertirse-muchedumbre [becoming-mob], problematizando nuestras propias fronteras corporales. Varitas mágicas de hadas, tiaras, martillos y máscaras fueron anexadas a nuestros miembros como prótesis peligrosas. Rocas, contenedores y vestidos de lentejuelas negras fueron profanados y puestos en uso —lanzados a través de ventanas, incendiados, y drapados sobre nuestros hombros como una interpretación más fabulosa del atuendo para disturbios. Nuestros umbrales del yo se disolvieron aún más en un suelo de vidrio astillado y basura humeante a través del campo de juego.

Sin vacilación, las personas queer deshicieron las restricciones de identidad al convertirse en autónomas, móviles, y múltiples con diferencia variable. Intercambiamos deseos, gratificaciones, éxtasis, y emociones tiernas sin referencia a las tablas de valor excedente de las estructuras de poder. Brazos musculosos construyeron barricadas y rompieron cosas al ritmo de himnos imaginarios de riot grrrl (¿o era La Roux?).

Si la tesis es correcta que el género es siempre performativo, entonces nuestras mismidades performadas resonaron con el género más queer de todos: el de la destrucción total.

A partir de ahora nuestros pronombres de género preferidos son el sonido de vidrio rompiéndose, el peso de martillos en nuestras manos y el aroma dulzón-asqueroso de mierda ardiendo.

¡Trátennos acorde a esto!

La marcha continuó su pillaje por Forbes, encontrándonos con algún aspirante a homófobo de poca monta que nos llama maricones. Antes de que pudiera darse cuenta de su error, le infligimos al imbécil un sadismo particularmente cruel. Le mostramos su error bajo una ducha de patadas, puñetazos, y una abundante rociada de gas pimienta. Antes incluso de tocar el suelo, la lógica immunitoria del biopoder fue vuelta del revés. Su poder para moldear nuestros cuerpos y exponernos a la muerte colapsó sobre sí mismo.

Sí, nuestros cuerpos han sido moldeados, pero en vasijas monstruosas de potencial y revuelta. Él fue hecho nuestro objeto en cambio y fue expuesto a nuestra violencia. Una amalgama de nuestra delincuencia cruda y deseos desagradables saturó sin disculpas las calles (y baños y hoteles y callejones) de Pittsburgh esta semana pasada. Con irresponsabilidad burlesca destruimos, follamos, luchamos, y nos extendimos por todo el terreno simbólico de la política, sincronizados únicamente por nuestra sed de desorden.

Usando nuestros cuerpos cabalgantes contra la restricción misma, no teníamos mensaje. Elegimos en cambio dejar ruinas de fronteras y un camino tangible de demolición. Nuestra liberación de aspiraciones violentas sobre hermanos homófobos y adicciones diarias sin vida se desbordó mientras perseguíamos estimulación adicional en cada uno. Nos mojamos y vinimos duro sobre un montón de dinero sucio, corrompiendo cada pulgada de esterilidad con el hedor de nuestros cuerpos sudando, doliendo con satisfacción impura. Nuestros cuerpos intrigantes y ávidos de placer entraron en conflicto con realidades inferiores y emergieron victoriosos. Dejamos huellas de lo más queers por todos los fragmentos rotos del capital que fueron bendecidos por nuestra presencia.

Dos preguntas surgieron este verano. En Chicago: «¿barricarse o no barricarse?» Y en Nueva York: «¿le importa a ella la insurrección?» el jueves respondió ambas, definitivamente, de manera afirmativa. A la pregunta de barricadas respondemos que solo nos concernimos correctamente con cómo hacerlas más altas, más fuertes, más terribles. A lo último, ofrecemos una forma de vida que podría leerse como reunión de barricadas y piernas sin afeitar.

Pero qué más: una síntesis de dildos en arnés, martillos, pelucas extraordinarias, ladrillos, fuego, gas pimienta, felaciones, fisting, y siempre ultraviolencia.

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Veure en línia : https://www.portaloaca.com/opinion/...

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