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Malvinas y Antártida en la mira: La guerra invisible
dimarts 28 d’abril de 2026, per
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy: Gran Bretaña ocupando colonialmente el 25% de la superficie argentina, y el arte de pasar desapercibida. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
Por Sergio Ciancaglini
Fotos Martina Perosa/lavaca.org
Existe una grieta entre quienes aseguran que el centro geográfico argentino está en Córdoba y quienes lo ubican en La Pampa. Algunas sectas suponen que el centro de toda la existencia nacional está en la ciudad autómata de Buenos Aires. La charla con Juan Rattenbach permite ubicar otra perspectiva a partir de una cartografía que suele resultar un tanto relegada.
En los mapas convencionales figura el bellísimo, enigmático y a veces escabroso territorio que va desde Jujuy hasta Ushuaia a lo largo de 3.694 kilómetros.
La Antártida aparece en un pequeño recuadro al costado derecho.
Pero el Mapa Bicontinental muestra la proporción de la Antártida con respecto al resto del territorio y permite ver cómo es en realidad esa parte del mundo: la distancia desde Jujuy hasta el Polo Sur es de casi 8.000 kilómetros.
El mapa bicontinental revela entonces un inesperado centro del país: Tierra del Fuego.
“Y se puede ver que Tierra del Fuego es la puerta de entrada a la Antártida y por eso es el lugar más importante de la geopolítica nacional”, explica Rattenbach. ¿Y qué hay en la Antártida? Petróleo, gas, toda clase de minerales, alimento (peces). En un mundo decrépito la Antártida es un continente casi virgen que funciona como tentación geopolítica.
Aclara: “Lo principal para mí es el agua. Allí está el 90% del hielo y el 70% del agua dulce del mundo. Y otra cuestión. Tierra del Fuego, la Antártida y por supuesto Malvinas, son parte de nuestra identidad. Entonces estamos hablando de un tema geopolítico porque esa porción del planeta le pertenece a la Argentina. Pero esto también nos habla de nuestra historia y futuro, de qué somos como país”.
Siempre se habla de buscar un norte. Aquí aparece un sur, que para Juan incluye de modo fundamental a Malvinas, al modo en el que Gran Bretaña ha logrado volverse invisible pese a ocupar el 25% del territorio bicontinental, y a nuevos y eternos enfoques sobre la historia, incluyendo una pregunta biográfica: ¿cuándo nació el país?
Juan Rattenbach tiene 36 años, es abogado egresado de la UBA, magister en Economía Aplicada de la Universidad Torcuato Di Tella, coordinador del Grupo de Trabajo de Malvinas, Antártida, Atlántico Sur y Cuenca del Plata de OCIPEx (Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior), asesor de contenidos del Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur y describe así otros aspectos de su biografía: “Soy malvinero, peronista, católico y ricotero: no me falta ninguna”.
El abuelo y el papá
Nació en una infrecuente familia militar. Es nieto del teniente general Benjamín Rattenbach, quien presidió la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades Políticas y Estratégico Militares en el Conflicto del Atlántico Sur, que integró con otros siete militares en 1982. El resultado de esa gigantesca investigación sobre lo que hicieron y deshicieron las Fuerzas Armadas durante Malvinas se conoció en 1983 como Informe Rattenbach, que calificó a aquella guerra una “aventura militar”, determinando para las máximas jerarquías (Galtieri, Anaya, Lami Dozo) tipificaciones de penas que incluían la de muerte ante la cantidad y calidad de los errores y delitos cometidos. Además, el Informe reivindicó aquellos casos en los que se actuó incluso con heroísmo, empezando por las propias tropas.
El padre de Juan, el coronel Augusto Rattenbach, fue uno de los fundadores e integrantes del CEMIDA, el Centro de Militares para la Democracia Argentina, surgido en 1984, junto a colegas de armas como los coroneles Horacio Ballester y Juan Luis García (ambos declararon en el Juicio a las Juntas de 1985) y, entre otros, el general Jorge Leal, su primer presidente. Leal había encabezado en 1965 la primera expedición a pie que llegó hasta el Polo Sur, la Operación 90 (por los 90º de latitud sur). Una travesía que entre ida y vuelta llevó 66 días para recorrer 2.900 kilómetros, con dos trineos tirados por perros, cruzando cerros de 3.000 metros de altura a temperaturas muchas veces menores a los 40º bajo cero, para izar allí la bandera argentina.
Estos ex militares fundaron el CEMIDA, según lo escribieron, “hastiados de golpes de Estado y sistemas dictatoriales, avergonzados de la impunidad de algunos delincuentes que con su accionar pretendieron mimetizarse con las instituciones que su conducta había deshonrado” y buscaban “hacer conocer a la opinión pública y en particular a los Oficiales de las Fuerzas Armadas, la existencia de un pensamiento militar genuinamente constitucionalista opuesto a toda manifestación militar que exceda los límites de lo legal, lo moral y lo ético; según las más puras tradiciones sanmartinianas”. Osvaldo Bayer escribió sobre el CEMIDA: “Ni Alfonsín, ni Menem recurrieron a ellos. Al contrario, se los aisló; los medios de prensa apenas si los mencionaban, a pesar de que dieron conferencias de alto valor donde se resaltaba la ética que debía tener un nuevo ejército en la democracia”. Se disolvió a comienzos de este milenio.
El joven Rattenbach ceba un mate binacional, que mezcla yerba argentina con uruguaya, y se queda pensando: “A mi abuelo no alcancé a conocerlo, falleció en 1984. Renunció a todo tipo de honorarios por su trabajo en el Informe y fue muy duro con los comandantes de la dictadura. Aparte de los temas del CEMIDA, yo veía que en abril de cada año entrevistaban a mi padre para que hablase sobre el Informe. Cuando lo desclasificaron en 2012 empecé a meterme en la cuestión Malvinas. Después pude entrar al Museo en 2014 y conocer todo el tema del Atlántico Sur con una profundidad que antes no tenía”. Sobre su abuelo y su padre dice: “Creo que ambos cumplieron con su deber”. https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
Juan Rattenbach frente al Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur: «Si partimos de la Argentina bicontinental desde La Quiaca hasta el Polo Sur, tenemos como mínimo el 25% de la superficie total del país ocupada por Gran Bretaña. Las islas, y además el mar”
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El agua del mundo
Antártida, Tierra del Fuego, Malvinas. Juan mapea toda esa complejidad: “Estamos en una línea de tiempo de la posguerra de Malvinas, que es paralela a los 43 años de democracia. Los británicos reocuparon colonialmente Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y pasaron a ocupar 200 millas alrededor de cada isla. Si partimos de la Argentina bicontinental que iría desde La Quiaca hasta el Polo Sur, tenemos como mínimo el 25% de la superficie total del país ocupada por Gran Bretaña. Las islas, y además el mar”.
Ese escenario, dice, suele ser barrido bajo las alfombras: “Pero esa ocupación significa que la Patagonia austral, y en particular Tierra del Fuego, se convierte naturalmente en el espacio más sensible no solo de cara a sostener nuestra presencia en la Antártida, sino que es el lugar de tierra emergida por el cual nos vamos a proyectar hacia los territorios marítimos insulares. En el escenario de posguerra, Argentina geopolíticamente hablando se replegó en Tierra del Fuego y la Patagonia. De ese repliegue tiene que nacer la proyección hacia el Atlántico sur como corresponde. Además Tierra del Fuego es la gran puerta hacia la Antártida. Por eso su importancia: tenemos el doble de ventaja que Australia y Nueva Zelanda, y el triple de ventaja de Sudáfrica por nuestra cercanía privilegiada”.
La Antártida parece una pizza cortada en siete porciones que representan a los países que reivindican territorios allí: Argentina, Chile, Noruega, Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelandia y Francia. “Y tenés que sumar a Estados Unidos y a Rusia, que en el Tratado Antártico plantearon reservas discrecionales sobre toda su extensión: pueden reclamar un metro cuadrado, o el continente completo”. Detalle: ese continente es más grande que Europa.
Argentina es el país con más bases antárticas, 13, de las cuales 7 son permanentes y 6 temporales. Rusia tiene 5, Estados Unidos 3, Chile 4 permanentes y 6 temporales. China no reivindica territorios pero ya construyó 5 bases. Juan: “Somos el único país del mundo que tiene una escuela operativa en Antártida”, dice en referencia a la “Raúl Alfonsín”, para hijas e hijos de quienes invernan en la Base Esperanza. “Por esas cosas en Antártida somos una potencia real”.
¿Qué es lo que está en juego allí? Uno de los temas es la pesca descontrolada con potencias como Rusia, China y Noruega, que está rompiendo las cadenas alimentarias de todas las especies, provoca desequilibrios en el ecosistema y amenaza la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono, como lo denuncia la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA). Rattenbach advierte: “Pero la mayor pesca ilegal que tenemos actualmente es la de Gran Bretaña alrededor de Malvinas y el Atlántico Sur”.
Otra trama: el Tratado Antártico y su protocolo ambiental prohíben el extractivismo de recursos minerales y petróleo, definiendo al continente como lugar de ciencia y paz. Rattenbach: “Y aunque se habilitara sacar petróleo, sería antieconómico. El peligro mayor para la Antártida es que es la reserva de hielo (90%) y agua potable (70%) más grande del mundo”. Para calibrar la importancia del planteo, conviene recordar que en una época de ciencia ficción como la actual, la escasez de agua y su contaminación ya no son un pronóstico sino un problema que afecta cada vez a más países y sociedades, con efectos que mejor ni imaginar.
Agregado: “A diferencia del Ártico –que es una masa de hielo en el agua– Antártida es un continente que además funciona como aire acondicionado del mundo: nivela las temperaturas, y las corrientes frías que se desprenden de allí influyen en el resto de los océanos. Sin la Antártida el planeta sería casi invivible”.
Geopolítica inteligente
¿Cómo entender en ese contexto la crisis en el centro del país? “Parecería que el principal problema de la economía argentina es Tierra del Fuego. La dinamitamos, y se arregla todo. Para el gobierno y también para economistas que deambulan dentro del campo nacional y popular. Milei es admirador confeso de Margaret Thatcher, aunque en realidad el que gobierna es Sturzenegger con Caputo, y empezaron a tomar medidas contra la industria fueguina de la mano de las visitas del Comando Sur de Estados Unidos”.
En 2021 había llegado el general Craig Fallen, en 2024 su sucesora, la generala Laura Richardson (MIlei se disfrazó de fajina para recibirla) y en 2025 el nuevo jefe, Alvin Hosley: una sobredosis de interés en la zona.
Rattenbach: “Estados Unidos, con demócratas o con republicanos, no quiere a China en Sudamérica. Ni en Perú con el puerto de Chancay, ni en la estación de observación espacial en Neuquén. Ni el Polo Logístico Antártico ni la Base Naval Integrada de Ushuaia. Esa es su agenda, pero creo que la posguerra de Malvinas ha invisibilizado la existencia misma de Gran Bretaña que ocupa una enorme porción del país y es preponderante para el no desarrollo, para que no haya una infraestructura de defensa, para que no accedamos o cuidemos nuestros recursos en el Atlántico Sur y nos convierte en sujetos pasivos de nuestro propio territorio: el arte británico es pasar desapercibido”. Sobre Estados Unidos: “Los demócratas quieren hacer de Sudamérica un santuario de reserva, por si estalla todo en el hemisferio norte, y los republicanos en cambio proponen hacer de esto una aspiradora de recursos para su beneficio”. ¿Y China? “No da puntada sin hilo. Creo que la idea que tenía de invertir en infraestructura sensible en Tierra del Fuego como el Puerto Multimodal o el Polo Logístico en Ushuaia tiene que ver justamente con avanzar en su despliegue hacia la Antártida”.
¿Y entonces? “Tenemos que plantear un modelo argentino inteligente, una especie de tercera posición ambiental donde se contemple el desarrollo económico con el cuidado de la Casa Común, como decía el Papa Francisco, y tener una estrategia de soberanía con los otros países sudamericanos”.
¿La relación con Tierra del Fuego? “El régimen de promoción económica en la isla es de 1972, ratificado en 1974 por el Congreso. El objetivo siempre fue geopolítico: ir generando condiciones económicas para cuando Argentina recupere el ejercicio pleno de soberanía en Malvinas, y además garantizar nuestra posición en la Antártida con incentivos para que familias de otras provincias elijan a Tierra del Fuego como proyecto de vida. La idea de bajar los aranceles a cero a la importación de bienes finales pone en juego 7.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Proporcionalmente, es como si en la ciudad de Buenos Aires 120.000 personas perdieran su trabajo. Además, ya pasó con Macri y se repite ahora: la importación no baja los precios de productos electrónicos, se genera desempleo y se destruye una industria en un lugar de importancia geopolítica crucial para el país”.
Aclara el joven Rattenbach: “Con esto no se defiende el statu quo, ni a determinadas empresas. La discusión es simple: o se avanza, se profundiza y se mejora el régimen, o se desmantela, se retrocede y se produce el empobrecimiento y desmantelamiento de la Isla Grande, que por supuesto no produce semiconductores y elementos que se hacen en Taiwan o en China, pero que tiene un desarrollo industrial que deben tener 20 países del mundo, no más. Uno de los proyectos para hacer competitiva a la industria fueguina es el puerto multimodal de Río Grande, que bajaría los costos de producción que en muchos casos es para exportar, como pasa con los silobolsas o componentes de vehículos como la Toyota Hilux, entre otros. Pero el puerto iba a contar con financiación china y se frenó al llegar el Comando Sur. Entonces nos quedamos sin trabajo, sin ingresos y con una industria electrónica importada cara. Tampoco se ejecuta el Fondo para la Defensa y está paralizado el Fondo de la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP) con aporte de las empresas fueguinas a través de cada uno de sus productos destinado al Polo Logístico Antártico de Ushuaia, para que el país sea referencia en la exportación de servicios logísticos. La destrucción fueguina es un tema social, industrial y también defensa nacional”.
¿Qué es lo que está en juego? “Ver quién será el principal receptor de la logística antártica a nivel mundial, que se cobra carísima en dólares: si Punta Arenas (Chile), Puerto Argentino en las Islas Malvinas bajo el control colonial británico, o el eje Ushuaia-Río Grande, que es el punto geográfico más cercano a la Antártida, donde parece que tenemos más retrocesos que avances”.
La fecha que falta
Para Juan comprender todo esto parte de su pasión: Malvinas. “Creo que el pueblo argentino es malvinero, se vio hasta en el último Mundial con las canciones. El problema está en la élite argentina, la dirigencia empresaria, política y hasta universitaria, que ha omitido la guerra de Malvinas en los planes de estudio de las carreras de historia. No dejo de ver los tiempos: en Ushuaia a La Libertad Avanza le fue muy bien, no así en Río Grande. Desde el norte, uno espera instrucciones: ver qué va pasando con los fueguinos, que son protagonistas de su propia realidad provincial”.
Como malvinero, menciona al CECIM (Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas) de La Plata, crítico de la dictadura, que denuncia las violaciones a los derechos humanos sufridas por los soldados en Malvinas por parte de sus propios jefes, y tiene como lema: Memoria, Verdad, Justicia, Soberanía y Paz.
“Malvinas es una causa del pueblo, que es el que fue en serio a defender la soberanía con oficiales, suboficiales y soldados conscriptos desbordando a los Galtieri, Costa Méndez, Anaya y demás. Hago un paralelismo con las invasiones inglesas de 1806 y 1807: el pueblo resistiendo a pesar de una élite desbordada. Por eso creo que no hubiéramos tenido 1810 ni 1816 sin una fecha previa: el 12 de agosto de 1806 cuando el pueblo organizado desde cero en milicias, votando a sus jefes y peleando en las calles logró la rendición de los ingleses. Para mí el pueblo argentino nace con el rechazo a las invasiones. Y no tenemos que dejar que nos borren esa historia”. https://lavaca.org/suscripcion"... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
Veure en línia : https://lavaca.org/colonialidad/la-...