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La Nieta 127 como trofeo: falsa moral “libertaria” y reedición de la Teoría de los Dos Demonios

dimarts 7 d’abril de 2026, per  anred

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Miriam Poblete Moyano, Nieta Recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, se hace llamar Miriam Fernández, tal como la anotó en 1977 Armando Fernández Miranda, sanguinario genocida mendocino. En un video de Casa Rosada, la mujer reproduce el relato creado por sus apropiadores y festejan los liberfachos. No hay “memoria completa”, hay nostalgias del terror estatal. Por Daniel Satur (La Izquierda Diario).

Sabían que la Plaza de Mayo iba a reventar de pañuelos blancos, rostros de desaparecidos y un masivo repudio a las actuales políticas dignas de José Martínez de Hoz. Pero no querían quedarse callados. Menos en el aniversario 50 . Tras consultar a “expertos” como el Tata Yofre o Nicolás Márquez, resolvieron armar un mensaje de “reconciliación”. Fue el mismo 24, con un video de Youtube filmado en la Casa Rosada, mal editado y peor subtitulado.

A diferencia de 2024 y 2025, el Gobierno de les hermanes Milei buscó correrse de la reivindicación explícita del genocidio. Apeló a una versión “libertaria” de la Teoría de los Dos Demonios, en la que ambos representantes del mal ya no están diferenciados (las violencias “de izquierda y derecha”, al decir del Nunca Más alfonsinista), sino que conviven mezclados.

Semejante maniobra requería una historia fuerte, que hiciera pie en ambos “demonios”. Márquez propuso utilizar a Miriam Fernández, a quien conoce hace años. El biógrafo oficial de Milei y la Nieta 127 recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo tienen amigos militares y policías en común. ¿Qué mejor para la “batalla cultural” que una hija de desaparecidos atacando a organizaciones de derechos humanos y hablando maravillas de sus apropiadores?

Habrá que reconocerles a los mercaderes de la moral que gracias a esa puesta en escena quedaron en evidencia. Quisieron presentar como víctima del “revanchismo setentista” a alguien que, en realidad, es un producto refinado del plan genocida.

“Nosotras la encontramos, si ella niega su origen es como si uno dijera que es inglés y en realidad es argentino. Que se quiera quedar con lo anterior y lo demás no le interese es cuestión suya”, dice Estela de Carlotto de Abuelas de Plaza de Mayo.

“Crecer en una casa de milicos te marca la existencia con discursos paternos muy difíciles de deconstruir. El Gobierno usó el testimonio de esta mujer para una verdadera campaña de apología del robo de bebés”, reflexiona Erika Lederer. La hija de Ricardo Lederer, obstetra y capitán del Ejército que condujo la maternidad clandestina de Campo de Mayo, desobedeció el mandato familiar y hoy lucha por Memoria, Verdad y Justicia. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

«Tengo cuatro padres», dice Miriam Moyano Poblete, consumando el «logro» de la Teoría de los Dos Demonios

Cuento falaz

El video inicia polarizando con el kirchnerismo, a quien acusa de “lanzar una campaña” en 2003 para “imponer en la sociedad un relato sobre los trágicos acontecimientos de la década del 70” con una visión “sesgada y revanchista”. Primera falsedad histórica. Tras el sacudón de diciembre de 2001, los Kirchner (que venían de ser menemistas y duhaldistas) se vieron obligados a prestarle atención al reclamo de Memoria, Verdad y Justicia de una sociedad movilizada. No fue al revés.

A esa falsedad se suma otra, según la cual aquel “relato” fue funcional al beneficio económico de sobrevivientes y familiares. Pero más de dos décadas después, el patrimonio de quienes luchan por los derechos humanos está igual o peor. Algo lógico siendo parte de la clase trabajadora.

Es cierto que hubo cierta militancia que trocó lucha por cargos y hasta familiares cooptados con privilegios a cambio de hacer silencio sobre las nuevas violaciones a los derechos humanos (miremos si no cómo actuó cada quien ante la desaparición de Jorge Julio López en 2006). Pero es canallesco tomar esa pequeña parte para “explicar” un todo inabarcable. Especialmente tratándose de crímenes de lesa humanidad conocidos internacionalmente.

Tras esa presentación, el video muestra los testimonios de la Nieta 127 y de Arturo Larrabure, hijo del coronel del Ejército Argentino del Valle Larrabure, muerto en 1975. Sobre éste ya se escribió acá . Aquí sirve recordar que en todas las instancias judiciales a las que acudió la familia del fallecido ya hubo sentencias coincidentes en que esa muerte no tuvo nada que ver con un crimen de lesa humanidad. Fin.

Pero es en el relato en primera persona de Miriam Fernández que buscan sustentar su versión recargada de la Teoría de los Dos Demonios. Desmenuzar lo contado por ella y mostrar el reverso de aquello en lo que aparenta creer firmemente, es necesario para comprender la operación de propaganda progenocidio.

De los más crueles

¿Qué es verdad? Que Miriam nació en junio de 1977 en la ESMA, el centro clandestino de la Armada por el que pasaron unos cinco mil detenidos desaparecidos. Poco tiempo antes María del Carmen Moyano había caído en ese infierno montado por los militares. Cursaba su último mes de embarazo. La habían trasladado desde Córdoba, tras haber pasado un tiempo detenida con su compañero Carlos Poblete en el centro clandestino La Perla.

A la recién nacida la llevaron a Mendoza, de donde eran oriundos María del Carmen y Carlos, quienes al día de hoy siguen desaparecidos. Pero no fue entregada a sus familiares paternos ni maternos, sino a la pareja conformada por Armando Fernández Miranda e Iris Luffi, quienes la inscribieron como hija natural en la seccional Guaymallén del Registro Civil.

Fernández Miranda fue un jerarca del siniestro Departamento de Informaciones (D2) de la Policía de Mendoza, donde funcionó un centro clandestino entre 1975 y 1980. Él manejó el área de Inteligencia hasta 1979. Tras varios juicios y sentencias a cadena perpetua, si hay algo claro es que Fernández Miranda es uno de los genocidas más crueles que pisaron la provincia. Aquí te contamos buena parte de su prontuario. Participó en cientos de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones.

Para fraguar el robo de Miriam, Fernández Miranda y Luffi les pidieron a dos amigos del D2 que oficiaran de testigos ante el Registro Civil y dijeran que la niña era hija biológica de la pareja. La macabra “legalización” quedó oficialmente demostrada 34 años después , cuando el Tribunal Oral Federal 1 de Mendoza condenó a varios años de prisión al matrimonio y a Abelardo Garay, uno de los “testigos”, por la sustracción y apropiación ilegítima de la niña.

Iris Luffi murió en 2023, sin llegar a cumplir su condena tras las rejas. Y pese a semejante prontuario, Armando Fernández Miranda (de 85 años) goza de una placentera prisión domiciliaria. “Prisión” que ni siquiera cumple. En 2024 un grupo de familiares de víctimas del genocidio lo encontró paseando (sin custodia alguna) por el centro de la capital mendocina. Lo filmaron cuando, mostrando un envidiable estado de salud, les gritaba “menos mal que estoy preso, porque si no los mataría todos”.

Genocidas sueltos: Armando Osvaldo Fernández fue escrachado en las calles de Mendoza. Es el apropiador de la nieta 127

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A ese genocida defiende la víctima directa de una de sus máximas crueldades. Y el gobierno de Milei disfruta al escucharla. A ese genocida Miriam Fernández le sigue llamando “papá” e intenta salvar su supuesto honor.

Hay quienes hablan de síndrome de Estocolmo. Una visión psicoanalítica dirá que en casos como éste opera una identificación con el agresor. Un mecanismo de defensa mediante el cual la víctima incorpora rasgos, discursos o mandatos de su victimario para hacer tolerable una situación a priori insoportable. Esa identificación, lejos de ser una decisión consciente, suele operar como síntoma que encubre una verdad no elaborada. Algo que sin dudas se refuerza al ser objeto de una calculada instrumentalización política.

En el nombre del “padre”

En el video lanzado por La Libertad Avanza el 24 de marzo, Miriam despliega una narración en la que abundan los clichés, las lagunas y las intrigas.

Ante todo ella recuerda su infancia como una etapa “hermosa” junto al matrimonio y los cinco hijos biológicos a los que llama “hermanos”. Y les agradece a Fernández Miranda y Luffi por la “educación, el amor y el montón de valores” que le inculcaron. Lo dice a los 48 años, sabiendo desde hace tiempo la verdad.

Reconoce que los apropiadores le ocultaron hasta donde pudieron su origen (el que, lógicamente, conocían en detalle) y sólo dieron su versión de la historia cuando ella se les plantó llena de sospechas. “Un día encaré a mi papá y le dije que ya sabía la verdad, él no se lo esperaba obviamente, me contó más o menos cómo había sido”, dice ante cámara. “Mi mamá negaba todo, decía que ella me había parido”, agrega. Y afirma que fue ella la que les pidió no hablar nunca más del asunto. Ellos, claro, festejaron.

Pero la historia que hoy cuenta Miriam es por demás vidriosa:

Un día de julio de 1977 un militar “compañero de trabajo” llegó a la casa familiar con una beba en brazos. Les pidió cuidarla hasta el otro día mientras buscaban al padre, ya que la madre estaba en un hospital. Aunque Fernández Miranda “dudó un poco”, aceptó.

El militar “nunca volvió”. Tras pasar algunos días, Fernández Miranda fue a buscarlo al destacamento, pero le dijeron “esa persona no existe” y le pidieron que se retirara.

Justo “se cruzó” a un abogado de la fuerza, que le recomendó que buscara testigos, anotara a la beba como hija natural “y en el camino se iría viendo”.

Finalmente la acogieron en el hogar y la criaron con mucho amor.

Miriam considera que la apropiación de medio millar de niñas y niños por parte de la dictadura (la mayoría aún hoy apropiados) “no fue un plan sistemático”. En su caso, “el plan que había era de restituirme”. ¿De dónde saca eso? De algunos relatos de sobrevivientes que escucharon a los militares decir a las parturientas que sus hijos serían entregados a sus familias. Debería saber que no es aconsejable creerle a un militar, menos en un campo de concentración.

La conclusión parece guionada por Yofre o Márquez: “Lo que hicieron no fue con el afán de apropiarse de una niña y criarla porque no podían procrear, al contrario, tuvieron cinco hijos”… “Me adoptaron y me dieron amor”… “Mis padres cuidadores cometieron un error, eso es la parte legal, pero hay que rescatar la parte humana”, dice Miriam Fernández.

Si Armando Fernández Miranda es un comprobado criminal genocida, cuya crueldad quedó demostrada de sobra en los estrados judiciales, ¿cuál es el objetivo de Miriam al aferrarse a la fantasiosa imagen de un padre ejemplar que apenas cometió algunos “errores” y cuenta con valores humanos tan nobles como elevados? <https://www.anred.org/wp-content/up...>

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Maneras de encubrir

Varios sobrevivientes identificaron a Jorge Luis Magnacco como el obstetra que atendió en la ESMA, entre otras detenidas, a la madre de Miriam. Por su accionar recibió múltiples condenas. Las familias Moyano y Poblete encararon la búsqueda de la niña. En 2012, sospechando que ella era la hija de María del Carmen y Carlos, se presentaron ante la Oficina Fiscal de Asistencia en causas de lesa humanidad de Mendoza.

En diciembre de 2017, tras un examen de ADN al que Miriam se resistió durante meses (con altas dosis de negación), se confirmó científica y judicialmente su origen. Habían pasado 40 años del robo de su cuerpo y su identidad. Y cinco desde que se había iniciado la denuncia penal. Sin embargo, para ella en el caso nunca hubo impunidad.

Cuesta pensar que Miriam eligió transitar un camino de encubrimiento consciente. Pero ella misma siembra las dudas. En varios juicios contra su padre, mucho antes de aquel análisis de ADN, ella se enfrentó a la verdad que nunca había sido parte de las charlas familiares. Esos “errores” que hoy le achaca a su “padre” fueron crímenes atroces. Lo que sí le parece grave es haber pasado “feos momentos” al concurrir a los tribunales como parte del contingente de familiares de los acusados.

Su razonamiento se repitió en 2021, cuando se juzgó a Fernández Miranda y a Luffi por su apropiación. Tras conocer la sentencia, Miriam declaró al diario UNO: “Podría haber sido peor (…) Mi papá ya tenía una condena en juicios anteriores de cadena perpetua, por lo que estos diez años no le mueven la aguja, pero lo que más me preocupó fue lo de mi mamá, que ya tiene 70 y una salud muy frágil. Menos mal que quedan instancias y la sentencia no está firme”.

La apropiadora murió dos años después, declarada culpable pero en libertad. “Fue una mujer muy querida, la acompañaron un montón, pero esos dolores íntimos la llevaron a sufrir en silencio, un miedo social por esta situación, por ese acoso”, dice su víctima, quien sigue compartiendo la vida con el viudo apropiador.

En el video de la Casa Rosada Miriam afirma que conoce a “muchos nietos” que no quieren saber su historia ni hacerse el ADN por el supuesto miedo a que se invada su intimidad y sean obligados a separarse de sus “familias”. Es curioso que ningún fiscal o juez la haya llamado aún para que declare todo lo que sabe, tanto de esas otras víctimas como de sus apropiadores.

¿Memoria completa?

Miriam Fernández sabe lo que hicieron con ella, quiénes fueron y cómo lo hicieron. Si no sabe más, es porque no pregunta. Así y todo, presta su imagen y su voz para una operación de propaganda en favor de los verdugos de su verdadera historia. Con la excusa de la búsqueda de “memoria completa”, no repara en las consecuencias de su propio relato.

Se niega a llamarles apropiadores a quienes se quedaron con ella. Mucho menos sale de su boca la calificación de “genocida” para el exjerarca de la D2 mendocina. Y por si fuera poco, afirma: “Cuando encarcelaron a mi padre, encarcelaron a toda mi familia”.

Para los paladines de la “memoria completa” es clave atacar y desprestigiar a los sobrevivientes, familiares y organismo de derechos humanos. Y para eso sirve también el relato de Miriam. Dice que en los juicios vio a “testigos que terminaban de declarar y decían ‘¿por dónde paso a cobrar?’” Pero pese a que supuestamente mentían en un tema muy sensible para ella, no hizo ninguna denuncia.

Semejante intriguismo es un golpe muy bajo a tantos sobrevivientes que dieron testimonio arriesgando sus vidas, como Jorge Julio López y Silvia Suppo . A eso se suma que llama terroristas a sus padres biológicos y cuestiona sus militancias por “violentas”. Rara forma de concebir la violencia cuando se inocentiza, ama y absuelve a un perverso torturador y ladrón de bebés.

“Una vez que se pongan todas las cartas sobre la mesa y se cuente la verdad, vamos a aprender a sanar, como yo aprendí”, sentencia. Pero no exige al Estado que se abran todos los archivos de la dictadura para saber todo lo que pasó. Por el contrario, sugiere que “no podemos vivir veinte, cincuenta años tirándonos la pelota (…) ya está”. Rozando el esoterismo, duda: “Pienso si no habré venido a esta vida para conciliar una historia y otra”. Y clama: “Construyamos para adelante y sigamos viviendo”.

Mercaderes de la moral

Más allá de lo dicho, lo peor del video oficial del 24 de marzo no es el relato de Fernández, sino para qué lo manipuló el Gobierno. Ella asegura que sólo accedió a contar su “experiencia” y su “verdad”, sin ninguna intención política. Algo imposible estando de por medio apologistas del genocidio como Nicolás Márquez.

Pero, además, sus definiciones son muy políticas. Cuando dice que intenta ser “objetiva” y reconoce que “de un lado las fuerzas cometieron errores y del otro lado también”, se alinea con la versión libertariana de la Teoría de los Dos Demonios. Lo mismo cuando dice que “quiere paz”, “cerrar el pasado” y “mirar para adelante” a la vez que siembra intrigas sobre el largo proceso de búsqueda y recuperación de identidades robadas.

Erika Lederer, hija desobediente del genocida Ricardo Lederer, dice a La Izquierda Diario que “hay algo que está poco estudiado, es la existencialidad de las personas que fuimos criadas en el seno de familias de genocidas. El psicoanálisis demostró que un niño es hablado por los discursos paternos. Y esos discursos son muy difíciles de deconstruir luego de décadas de convivencia, en este caso, con tu apropiador. Tu existencia está marcada por el discurso hegemónico del milico”.

En ese marco, mirando su propia experiencia, afirma que “los hijos desobedientes de genocidas logramos deconstruirnos en relación al proceso valorativo del genocidio, pero no necesariamente en otras cosas. En ese marco, muchos no pueden evitar reproducir habitus construidos en esas familias de criminales”.

Lederer agrega que “en muchos casos de niños apropiados hubo resistencia al inicio, pero con los años fueron comprendiendo su historia y terminaron cambiando su posición, acercándose a las familias biológicas y alejándose de sus apropiadores. Todo lo contrario a lo que pasó con esta mujer, cuyo testimonio utiliza el Gobierno para hacer una verdadera campaña de apología del robo de bebés”.

“Se puede mentir, se puede imaginar, pero las Abuelas la encontramos y encontramos su origen”, dice Estela de Carlotto tras conocer el contenido del video del Gobierno. “Se dicen cosas para confundir a la sociedad. Nosotras nos manejamos con mucho respeto y vemos actitudes maravillosas de hermanos que se encuentran, donde uno fue robado y el otro no. Nuestra experiencia siempre busca el bien de la persona, si después esa persona saca otra impresión de su vida y de todo lo demás…”, deja picando el remate.

Quien escuche a la Nieta 127, a Miriam Poblete Moyano (Fernández, según ella), podrá creerle o no, pensar que es víctima del síndrome de Estocolmo o considerarla una encubridora de crímenes de lesa humanidad. Lo cierto es que la verdad histórica se aleja cada vez más de la historia que le contaron, que ella reproduce con aparente convicción y que los apologistas del terror usan en su beneficio. Nunca mejor dicho: ni olvido, ni perdón ni reconciliación.

Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/La-Nieta-127-como-trofeo-falsa-moral-libertaria-y-reedicion-de-la-Teoria-de-los-Dos-Demonios


Veure en línia : https://www.anred.org/la-nieta-127-...

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