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Utopías poscapitalistas

dijous 11 de juny de 2026, per  pegasus

«Si queremos […] que nos garanticen un futuro, debemos enterrar nuestras raíces más profundamente y no solo agitar las ramas». Hermann Hesse, Sobre “El retorno de Zaratustra”. Obstinación. <https://www.portaloaca.com/wp-conte...>

En un texto premonitorio, Jean Baudrillard auguraba el advenimiento del poscapitalismo: «El proletariado no ha conseguido negarse como tal […] No ha conseguido negarse como clase y con ello abolir la sociedad de clases. Tal vez se debe a que no era una clase, como se ha dicho, a que sólo la burguesía era una auténtica clase y que, por tanto, sólo ella podía negarse como tal. Cosa que ha hecho realmente, y el capital con ella, engendrando una sociedad sin clases que no tiene nada que ver con la que hubiera resultado de una revolución y de una negación del proletariado como tal. El proletariado, por su parte, se ha limitado a desaparecer. Se ha desvanecido al mismo tiempo que la lucha de clases […] El capital (pero ¿podemos seguir llamándolo así?) establece el estancamiento de la economía política y la ley del valor […] A partir de ese momento, funciona más allá de sus propias finalidades y de una manera completamente desprovista de referencias».[1]

Baudrillard exhortaba entonces a cuestionarse si realmente era adecuado llamar capitalismo a la transformación galopante que provocó el fin de los capitalismos territorializados durante las tres últimas décadas del siglo pasado. A esta desterritorialización del capitalismo, Félix Guattari la denominó capitalismo mundial integrado (CMI), puntualizando que dicha mundialización lejos de constituir un factor de crecimiento, correspondía de hecho «a una reformulación radical de sus bases anteriores, que puede desembocar, tanto en una involución completa del sistema, como en un cambio de registro […] volviendo a transformar las relaciones sociales y desarrollando mercados cada vez más artificiales, no solo en el ámbito de los bienes, sino también en el de los afectos [y,] es precisamente esta oscilación entre la involución de un cierto tipo de capitalismo que tropieza con su propio cercamiento y un intento de restructuración sobre bases diferentes [lo que le conduce] a aceptar, tal cual, su finitud –en particular la de sus mercados– y la necesidad de redefinir permanentemente sus campos de aplicación».[2]

Con la imposición del nuevo paradigma tecnológico, las reflexiones de Guattari han ganado actualidad en diferentes frentes, generando nuevas interpretaciones realmente inesperadas en torno a la naturaleza de la estructura económico-social emergente. Tal fue el caso de Paul Mason. Este periodista y ensayista británico, decretó en 2015 el fin del capitalismo como modelo económico. Convocaba entonces a prepararnos para la transición a un nuevo sistema basado en las tecnologías. En su libro Poscapitalismo. Hacia un nuevo futuro, dejó constancia de los cambios en las técnicas productivas, emanados del avance de las tecnologías de la información y de cómo estas variaciones estaban destruyendo el mecanismo de fijación de los precios y el concepto de valor económico. Además, predijo el ascenso al poder de los partidos radicales impulsados por «la gente corriente» y, cómo los Estados tratarían de «imponerse unos a otros los costes de la crisis» (léase aranceles), induciendo al desmoronamiento de la globalización y la obsolescencia de las instituciones globales. De resultas, pronosticó que «los conflictos soterrados durante los últimos veinte años —las guerras de la droga, el nacionalismo, el yihadismo, las migraciones incontroladas y la resistencia a estas— [provocarían] un cataclismo en el centro mismo del sistema».[3]

Mason percibió que la tecnología de la información había «robado a las fuerzas del mercado su anterior capacidad para crear dinamismo». Esta sustracción establecía «las condiciones propicias para una economía postcapitalista».[4] Sin embargo, como atinadamente señaló McKenzie Wark, pese a su certero diagnóstico, Mason dejaba dos cuestiones fundamentales sin resolver: 1. «cómo plantear un lenguaje renovado para describir la situación actual, y [2.] cómo identificar aquello que en nuestro lenguaje heredado sobre el capitalismo nos impide avanzar en el pensamiento y la acción»[5]. En su ensayo El capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista, Wark confirma la hipótesis de Baudrillard y rechaza la teoría crítica que continúa «apegada a la idea de un capitalismo que sigue y sigue, y no deja de seguir».

De acuerdo con Wark, estamos ante un nuevo modo de producción que ya no es capitalismo «sino algo peor». En esta realidad social, que ha reemplazado al capitalismo, la clase dominante «ya no detenta su dominio a través de la propiedad de los medios de producción, como hacen los capitalistas; ni tampoco por la propiedad de la tierra, como hacen los terratenientes. La clase dominante de nuestro tiempo es la que posee y controla la información». [6]

Pero, Mason, Wark, Nick Srnicek y Alex Williams, [7] no son las únicas voces que pregonan el poscapitalismo. Si bien para la mayoría de los economistas (liberales y marxianos) el mundo continúa rigiéndose por el sistema capitalista —es decir, por la economía de «libre mercado»—, tras el desplome del capitalismo de Estado (1989) como forma de organización económica en los países del socialismo «realmente existente», comenzó a gozar de popularidad en ámbitos académicos el concepto poscapitalismo. El primero en acreditar este término fue Peter Drucker. Este profesor ultraliberal, considerado «el filósofo de la administración del siglo XX», en su libro La sociedad Post Capitalista,[8] editado originalmente en inglés en 1993, introduce este término y lo describe como la nueva forma de organización económica emanada de la revolución tecnológica de la información y las telecomunicaciones.

Drucker consideraba que el conocimiento se había convertido en «el único factor de la producción» desplazando al trabajo y al propio capital como factores productivos,[9] lo que nos situaba, ipso facto, en un momento poscapitalista. Varios años después, el economista y sociólogo marxiano Wim Dierckxsens, emplearía el concepto en el marco de los Foros Sociales del llamado «movimiento altermundista». Según este intelectual proto chavista de origen neerlandés, el poscapitalismo no es otra cosa que la transición al «socialismo del siglo XXI». Por consiguiente, la instauración global del «otro mundo posible» que enarbola la retórica bolivariana. Esto es, el avance de más capitalismo populista por la senda «izquierda».

Robert Kurz —mucho más lúcido— sería el único marxiano capaz de avizorar la debacle del capitalismo en tiempo real. En El colapso de la modernización, este integrante del grupo Krisis, sentenció que la hecatombe del capitalismo de Estado en el hemisferio oriental era el inicio de un imparable proceso de decadencia del sistema capitalista en occidente. Como acertadamente resaltó en 1999: «El “mercado planificado” del Este, ya desde su denominación, no dejó de lado las categorías del mercado. En consecuencia, en el socialismo real aparecieron también todas las categorías fundamentales del capital: salario, valor y lucro (la ganancia en la administración de empresas)». Ergo, el derrumbe del capitalismo de Estado era el presagio del colapso capitalista en su conjunto.[10]

Para Mark Fisher —el teórico cultural ciberpunk, discípulo (primero) y crítico (después) de Nick Land—, el término poscapitalismo posee ciertas ventajas que permiten describir un punto de partida. O lo que es lo mismo, detallar el lugar dónde nos encontramos: «lo que somos y la situación en la que estamos ahora». Esta ubicación nos concede la oportunidad de imaginar «algo más allá del capitalismo». Según el difunto pensador inglés, profesor del Departamento de Culturas Visuales del Goldsmiths College en la Universidad de Londres, el concepto goza de «una especie de neutralidad de la que carecen los términos “comunismo”, “socialismo”, etc.». Es decir, «no está contaminado por asociaciones con proyectos fallidos y opresivos del pasado». A su vez, el prefijo pos indica que hemos dejado atrás al capitalismo, que hablamos de un después. Lo que implica una victoria: «una victoria que llegará a través del capitalismo». Empero, no es «simplemente lo opuesto al capitalismo». No se trata de «una absoluta alteridad, un puro afuera» sino de «trabajar con los placeres del capitalismo, así como con sus opresiones».[11]

Como punteara Fisher en sus últimas clases, el concepto, a pesar del prefijo, continúa atado al capitalismo: no nombra un proyecto positivo, permanece en la temporalidad del pos y, no necesariamente resulta «progresista».[12] O sea, el poscapitalismo es una moneda al aire. Consciente de esto, nos remite a la «ciencia ficción social» de Peter Frase y afirma, junto a este amante de la guillotina, que «el mero hecho de que algo sea postcapitalista no significa que sea deseable».[13] En efecto, entre los cuatro futuros poscapitalista (comunismo, rentismo, socialismo y exterminismo) que Frase proyecta para una sociedad automatizada, resultante de las combinaciones abundancia de recursos versus escasez e igualitarismo versus jerarquía, la mutación de la forma de propiedad —de real a intelectual— cataliza la transformación de la sociedad en algo que no es reconocible como capitalismo. De tal suerte, hoy la clase dominante continúa acumulando dinero mediante la apropiación del flujo de renta que surge del control de la propiedad intelectual.[14] Lo que nos exhorta a centrar la mirada en ciertas tendencias feudalizantes de la acumulación actual.

Yanis Varoufakis —conocido exministro de Syriza y militante de la pandilla socialdemócrata griega— emplea el concepto «tecnofeudalismo» para describir el modo de producción naciente a partir de la apropiación de la renta de la propiedad intelectual.[15] En realidad, no se trata de una idea original. Este político impresentable toma «prestado» el término de estudios previos en el campo de la filosofía, la economía política y la teoría social.[16] De tal forma, sintoniza con el consenso marxiano contemporáneo que adhiere la tesis del retorno al feudalismo, junto a Jodi Dean,[17] Michael Hudson, Wolfgang Streeck, Mariana Mazzucato, Robert Kuttner, Katherine V.W. Stone, entre otros economistas y académicos. En esa tesitura, el eco-marxiano de origen francés Cédric Durand, planteó la misma hipótesis en su libro Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital.[18] Si bien puede resultarnos una bufonada el calificativo —en particular, para quienes se niegan a aceptar esta regresión y adhieren al hipotético «desarrollo en espiral» que esquematiza la historia como un recorrido de progresos inexorables sujeto a leyes determinadas y a un ritmo sin variaciones ni sorpresas—, la argumentación de este par de marxianos amerita un escrutinio agudo.

Para Durand: «el auge de las tecnologías de la información toca los fundamentos del modo de producción […] perturba las relaciones competitivas en beneficio de relaciones de dependencia, cosa que desarregla la mecánica de conjunto y tiende a hacer prevalecer la depredación sobre la producción».[19] De acuerdo con su hipótesis, esta prevalencia proporciona las condiciones propicias para el desarrollo del «tecnofeudalismo». Las razones por las que eligió el término las ejemplifica recurriendo al clásico Principios de economía política de John Stuart Mill.[20] A partir de este texto, Durand establece una analogía que lo lleva a concluir que la «dependencia generalizada a los propietarios de das Digital es el horizonte de la economía digital, el devenir caníbal del liberalismo en la era de los algoritmos.[21]

Varoufakis coincide con este veredicto y reconoce que el asesino del capitalismo ha sido el propio capital. No obstante, enfatiza que:

«No el capital tal como lo entendemos desde el inicio de la era industrial, sino una nueva forma de capital […] mucho más poderosa que […] ha demolido los dos pilares del capitalismo: los mercados y los beneficios. [Estos] han sido expulsados del epicentro de nuestro sistema económico y social, se han desplazado a sus márgenes y han sido reemplazados […]. Los mercados, el medio del capitalismo, han sido sustituidos por plataformas de comercio digitales que parecen mercados pero no lo son, y que se entienden mejor si las consideramos feudos. Y el beneficio, el motor del capitalismo, ha sido sustituido por su predecesor feudal, la renta. En concreto, una forma de renta que debe pagarse para tener acceso a esas plataformas y, en general, a la nube».[22]

Llámese como se llame este dilatado impasse poscapitalista, lo cierto es que no tiene antecedente. Esta forma inédita de explotación que impone un nuevo modo de «rentismo» en el marco de la actual repolarización imperial del mundo, está siendo impulsada por las grandes corporaciones tecnológicas con matriz en los Estados Unidos y China. En plena competición —a imagen y semejanza de la carrera armamentista—, estas corporaciones dominantes (Google, Meta, Amazon, Microsoft, Apple, Baidu, Alibaba, Temu, Xiaomi, Huawei, etc.), dedicadas a la recolección intrusiva de información a través de la vigilancia por geolocalización basada en publicidad, no solo rastrean y analizan lo que hacemos y pensamos, sino que gestionan en base a intereses heterogéneos todo lo extraído, rentabilizando la explotación de la información y su aprovechamiento por las agencias de inteligencia y las corporaciones militares y policiales.

De tal suerte, diversos softwares especializados y plataformas de inteligencia (Gotham, Foundry, Trapdoor, Quadream, Tangles, Webloc/PenLink, etc.) facilitan la introducción de programas malignos (malware) en millones de dispositivos móviles en todo el mundo con la intención de rastrear su geolocalización en tiempo real y procesar —léase clasificar e interpretar mediante inteligencia artificial— la información recolectada: desde el tiempo que pasamos en las redes hasta las preferencias políticas y sexuales o la frecuencia cardíaca de cada usuario, sondeando e interviniendo

todas nuestras interacciones

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En su libro Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia, Byung-Chul Han advertía como la nueva dominación utilizaba el acceso a la información «para la vigilancia psicopolítica y el control y pronóstico del comportamiento».[23] Según este autor, la tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia: «Cuantos más datos generemos, cuanto más intensamente nos comuniquemos, más eficaz será la vigilancia. El teléfono móvil como instrumento de vigilancia y sometimiento, explota la libertad y la comunicación. Además, en el régimen de la información, las personas no se sienten vigiladas, sino libres. De forma paradójica, es precisamente la sensación de libertad la que asegura la dominación».[24]

En consecuencia, mediante los dispositivos tecnológicos de uso individual, la dominación optimiza el control social sin que nadie (o casi nadie) se percate de ello. Lo que engarza con otras tecnologías de vigilancia igualmente imperceptibles que operan con IA y nanotecnología, como los diminutos drones confeccionados en «microaviarios» de la Base Aérea Wrigth-Patterson en Ohio, que replican la mecánica de vuelo de las polillas y demás insectos o, los patrones de desplazamiento de los halcones y otros pájaros de diverso tamaño, diseñados «para esconderse a plena vista». Como aseguró, hace poco más de una década, el ingeniero aeroespacial Greg Parker en entrevista para el New York Times.[25]

Empero, esta operación de control y vigilancia tecnológica está en marcha desde hace más de medio siglo, gestionada en Estados Unidos por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa [Defense Advanced Research Projects Agency], más conocida como DARPA (su acrónimo en inglés). [26] Por su parte, su homónimo chino, la Agencia de Investigación en Ciencias Militares, también ha desarrollado «enjambres de abejas» y «lobos robóticos» concebidos para «la primera línea de combate», así como sistemas de vigilancia operados con IA y confeccionados con nanotecnología, capaces de ocultarse a «plena vista».

Este desempeño ha proporcionado el camuflaje de positividad que hoy presume la nueva dominación. De esta manera, toda la negatividad del poder ha pasado a ser pretérito, desde las técnicas coercitivas hasta la reglamentación del trabajo, principales ejes rectores del antiguo régimen disciplinario. Esta obsolescencia ha motivado la hipótesis de la transición del panóptico de Bentham —ampliamente conceptuado por Foucault— al ban-opticon (banóptico),[27] inaugurando la entrada a la era post panóptica. Tal mutación ha tenido lugar de forma simultánea al proceso de integración de las sociedades disciplinarias en las «sociedades de control».

Sin embargo, Zygmunt Bauman advierte cierta vaguedad en esta afirmación y la rebate de manera contundente. Según el teórico de origen polaco: «el modelo panóptico está vivo y goza de buena salud, y de hecho está dotado de una musculatura mejorada electrónicamente, como la de un ciborg, lo cual lo hace tan fuerte que ni Bentham, ni siquiera Foucault, hubieran sido capaces de imaginarlo. Pero también es cierto que ha dejado de ser el patrón universal o la estrategia de dominación que esos dos autores creían que era en sus respectivas épocas. Ya ni siquiera es el patrón o estrategia principal, o el más utilizado. El patrón panóptico se ha desplazado y se utiliza con las partes “inmanejables” de la sociedad, es decir, en las prisiones, los campos, las clínicas psiquiátricas y otras “instituciones totales”».[28]

Para el sociólogo Maurizio Lazzarato: «la sociedad de control ejerce su poder gracias a las tecnologías de acción a distancia de la imagen, del sonido y de los datos, que funcionan como máquinas de modular, de cristalizar las ondas, las vibraciones electromagnéticas (radio, televisión) o de modular y cristalizar los paquetes de bits (los ordenadores y las redes digitales)».[29] Por ello, afirma que los distintos dispositivos de poder, nacidos en épocas diferentes y con finalidades heterogéneas, no se sustituyen entre sí, sino que se agencian unos con otros. Y pone de ejemplo a Estados Unidos como «el modelo más logrado de una sociedad de control que integra los tres dispositivos de poder». A saber, los dispositivos disciplinarios de encierro, los dispositivos biopolíticos de gestión de la vida y los nuevos dispositivos de la no-política (que se apoyan en la informática y la telemática).[30]

Que en la actualidad se encuentren perfectamente integrados los tres dispositivos de poder, explica la coexistencia de la hiperpositividad del modelo de «vigilancia líquida» (imperceptible) y la hipernegatividad de la vigilancia cruda (palpable). Una prueba categórica de la utilización de los dispositivos disciplinarios de encierro y vigilancia contra «las partes inmanejables de la sociedad», son las mazmorras reales de nuestros días, donde yacen las afinidades anárquicas —desde Chile a Italia— condenadas a cumplir sentencias monstruosas. También son muestra fehaciente de la permanencia de los dispositivos disciplinarios de encierro y vigilancia cruda los tanques en las calles de Washington D.C. y la brutal cacería de migrantes, desplegada de forma inimaginable en las principales capitales del mundo.

En cambio, los nuevos dispositivos de vigilancia líquida han sustituido «el encarcelamiento y el confinamiento por la exclusión como máxima amenaza para la seguridad existencial y como máximo motivo de ansiedad. La condición de ser observado y visto cambió de categoría pasando de ser una amenaza a ser una tentación. La promesa de una visibilidad más amplia, la perspectiva de “estar al descubierto”, a la vista de todos y visto por todos, encaja con la búsqueda más ávida de pruebas de reconocimiento social, y mediante ellas de existencia válida […] Tener toda nuestra persona, con lo bueno y lo malo, registrada y accesible al público parece ser el mejor antídoto profiláctico contra la exclusión, así como una poderosa vía para prevenir la posibilidad de expulsión. Es más, es ésta una tentación a la que pocos sujetos con vidas sociales precarias podrán resistirse […] la historia de los espectaculares éxitos recientes de las “páginas web sociales” ilustra perfectamente esta tendencia».[31]

Gracias a esa avidez de visibilidad y «reconocimiento social» que nos describe Bauman, la tecnología ha logrado reclamarse soberana sobre la totalidad de la experiencia humana. A la vista de este escenario de «soberanía tecnológica», con nuevos mecanismos de control e hiperproducción de subjetividad informacional, Gilles Deleuze se sintió obligado a trasmitir sus inquietudes en torno a lo que «ahora se está instalando» y auguró la posibilidad de que «tras las adaptaciones correspondientes, reaparezcan algunos mecanismos tomados de las antiguas sociedades de soberanía».[32]

En sintonía con la idea de Deleuze, hoy se hace evidente, tras las adaptaciones de rigor, la confluencia de tres regresiones que demuelen los fundamentos marxianos —y en consecuencia, kropotkinianos— del cacareado «progreso moral de la Humanidad»: la reterritorialización cultural, la vuelta a la gleba y el retorno al absolutismo. Por supuesto, muchos pensadores han identificado estas regresiones y advierten el peligro. Todo parece indicar que las utopías poscapitalistas han agotado sus posibilidades emancipadoras y que, en su lugar, ha llegado para quedarse una distopía cibernética, cuya instauración no es fortuita sino producto de la inquietante supremacía tecnológica y su desarrollo irrestricto.

Gustavo Rodríguez,

Planeta Tierra, 11 de mayo de 2026.

[1] Cfr: Baudrillard, Jean. (1990) La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremos. Barcelona: Editorial Anagrama, trad: Joaquín Jordá, p.p. 16-17.

[2] Guattari, Félix. (2004) Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares. Madrid: Traficantes de sueños. Edición y notas Raúl Sánchez Cedillo, trad. Marisa Pérez Colina, Raúl Sánchez, Josep Sarret, Miguel Denis Norambuena y Lluís Mara Todó. P.61. Énfasis mío. Disponible en: https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Plan%20sobre%20el%20planeta-TdS.pdf (Consultado 5/6/2026).

[3] Cfr. Mason, Paul. (2016) Poscapitalismo. Hacia un nuevo futuro. Barcelona Ediciones Culturales Paidos, trad: Albino Santos Mosquera. Versión digital disponible en: https://revolucioncantonaldotnet.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/08/postcapitalismo_-_paul_mason.pdf (Consultado 5/6/2026).

[4] Ibíd.

[5] Wark, McKenzie. (2021). El capitalismo ha muerto. Barcelona: Holobionte Ediciones, trad. Federico Fernández Giordiano, p.16.

[6] Ibíd., p.p. 14-15.

[7] Tanto Srnicek y Williams, como los llamados «aceleracionistas de izquierda», impulsan la redirección de la infraestructura capitalista a través del agenciamiento acelerativo colectivo y la apropiación de «los medios de aceleración». Vid: Srnicek, Nick y Williams, Alex. (2017). Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo. México: Malpaso Ediciones, trad: Adriana Santoveña.

[8] Drucker, Peter. (1994) La sociedad Post Capitalista, Bogotá: Editorial Norma, trad. Jorge Cárdenas Nannetti.

[9] Ibíd., “Del capitalismo a la sociedad del conocimiento” (Cap. 1). p.p. 21- 53 y, “El conocimiento: su economía; su productividad” (Cap.10). pp. 197-211.

[10] Kurz, Robert. (2016) El colapso de la modernización. Del derrumbe del socialismo de cuartel a la crisis de la economía mundial. Buenos Aires: Editorial Marat, trad. Ignacio Rial-Schies. p. 45.

[11] Cfr. Fisher, Mark. (2024) Deseo postcapitalista. Las últimas clases. Buenos Aires: Caja Negra Editora, trad. Maximiliano Gonnet y Sofía Stel. p.p. 67-68.

[12] Ibidem., p.69.

[13] Ibíd.

[14] Vid., Frase, Peter. (2020) Cuatro futuros. Ecología, robótica, trabajo y lucha de clases para después del capitalismo. Barcelona: Blackie Books.

[15] Cfr. Varoufakis, Yanis. (2023) Tecnofeudalismo. El sigiloso sucesosr del capitalismo. Barcelona: Ediciones Deusto, trad. Marta Valdivieso, Versión digital disponible en: https://ia903407.us.archive.org/26/items/tecnofeudalismoyanisvaroufakis/Tecnofeudalismo_Yanis_Varoufakis.pdf (Consultado 5/6/2026).

[16] Jürgen Habermas enunciaba la «refeudalización» de la esfera pública. Vid. Habermas, J. (1988) Espace public et démocratie délibérative: un tournant, Paris: Payot.

[17] Autora de Capital`s Grave: Newfeudalism and the New Class Struggle [La tumba del capital: neofeudalismo y la nueva lucha de clases ] New York: Verso Books, 2025.

[18] Cfr. Durand, Cédric. (2021)Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital. Adrogué: La Cebra/Donostia: Editorial Kaxilda, trad. Víctor Goldstein.

[19] Op. cit., p. 261.

[20] Este economista británico, teórico del utilitarismo, plantea en su libro una hipotética situación en la que todas las tierras de un país pertenecen a un solo hombre, escenario que obliga a todo el pueblo a depender de él para asegurarse la existencia, aceptando a pies juntillas las condiciones que el propietario impone.

[21] Ibidem., p. 263.

[22] Varoufakis, op. cit., p. 7.

[23] Cfr: Han, Byung-Chul. (2022) Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia. Buenos Aires: Taurus, trad. Joaquín Chamorro Mielke, p.9.

[24] Ibidem., p. 14.

[25] Bumiller, E. & Shanker, T. (2011, 20, 06). Research advances on spy drones. “Natural’ flight the wave of future”. New York Times. Disponible en: https://www.telegram.com/story/news/local/north/2011/06/20/research-advances-on-spy-drones/49993392007/ (Consultado 5/6/2026).

[26] La DARPA se había mantenido fuera de los reflectores hasta que saltó a la fama durante la pandemia de COVID 19 (SARS-CoV-2). Pionera en las tecnologías fundamentales de ARN mensajero (ARNm) y los «métodos de respuesta rápida», desde 2011 la Agencia otorgó subvenciones millonarias (mil millones de dólares) a empresas como CureVac y Moderna mediante sus programas ADEPT y la Plataforma de Prevención de Pandemias (P3). El objetivo militar era desarrollar «plataformas de respuesta rápida ante amenazas biológicas emergentes» que faciliten la fabricación de inmunógenos en tiempo récord, a través de las cuales buscan acelerar los procesos de inmunidad —en lugar de inyectar el virus debilitado (como las vacunas tradicionales), inyectan secuencias genéticamente manipuladas para que, a partir de anticuerpos monoclonales, el propio cuerpo humano actúe como «fábrica» de anticuerpos—. Estos fondos sentaron las bases para que, al momento de estallar la pandemia, Moderna pudiera liberar rápidamente la vacuna del SARS-CoV2. A finales de 2020, la DARPA le otorgó a Moderna un nuevo contrato por $56 millones de dólares destinados a la creación de «prototipos móviles» capaces de fabricar vacunas de manera rápida y en lugares remotos. Cfr: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=4495566 (Consultado 7/6/2026).

[27] Bigo, Didier. (2006) Globalized (in)Security: the Field and the Ban-opticon, Cambridge: Harvard Conference Paper. Disponible en: http://www.ces.fas.harvard.edu/conferences/muslims/Bigo.pdf . (Consultado 7/6/2026).

[28] Bauman, Zygmunt y Lyon, David. (2013). Liquid Surveillane: A conversation. Cambridge: Polity Press. [hay trad. Cast.: Vigilancia líquida, Barcelona/Buenos Aires/ México: Paidos, 2013, trad. Alicia Capel Tatjer]. p. 40. Disponible en versión digital en línea (diegoam): https://www.academia.edu/39843688/Vigilancia_liquida_Zygmunt_Bauman (Consultado 7/6/2026).

[29] Lazzarato, Maurizio. (2006) Por una política menor. Acontecimiento y política en las sociedades de control. Madrid: Traficantes de sueños,p.92.

[30] Ibidem., pp. 93-94.

[31] Bauman y Lyon, op. cit., p. 32.

[32] Deleuze, Gilles. (1996) Conversaciones 1972-1990. Valencia: Pre-textos, trad. José Luis Pardo. pp. 284-285.

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