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Una plaza para sobrevivir

divendres 22 de maig de 2026, per  Andrés

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20.05.26. Marcha de jubilados en el Congreso. Foto: Sofía Cúntari

Cada miércoles, decenas de jubilados y jubiladas se reúnen frente al Congreso para reclamar una jubilación vinculada al trabajo que efectivamente realizaron. Además de lo que les corresponde, exigen lo que el gobierno les recorta a las y los trabajadores de la salud, a las y los discapacitados, a las y los docentes, y a las universidades. Ponen de relieve mucho de lo que los gobernantes falsean, disfrazan y esconden. Por ello, un despliegue desproporcionado de fuerzas represivas levanta piquetes que cortan todos los miércoles las avenidas Entre Ríos, Callao, Avenida de Mayo y Rivadavia. Los mete en un corralito, los ningunea y los humilla a la espera de que la misma ciudadanía los castigue. El gobierno cree que así los aísla. No obstante, los vecinos comprenden que estas políticas contemplan privilegios de muy pocos. Aquí, la crónica de una tarde marcada por el frío, la rabia y la insistencia ante la injusticia. Por Sofía Cúntari para ANRed.

Llegué a la marcha un poco antes de las tres y media de la tarde. El frío empezaba a bajar sobre la plaza mientras los jubilados volvían a reunirse frente al Congreso, un miércoles más. Algunos llegaban solos. Otros se saludaban con abrazos fuertes, como quien se conoce de toda una vida, para luego acomodarse alrededor de una radio abierta.

Carteles escritos a mano, bastones levantados en el aire como si allí no fueran ya necesarios, como si el impulso fuese ahora otro. Banderas que se agitan entre el ruido metálico de una ciudad que continúa frente a su lenta disolución. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

20.05.26. Marcha de jubilados en el Congreso. Foto: Sofía Cúntari

Mientras caminaba entre las banderas y el sonido del megáfono a viva voz, sentí que los ojos me empezaban a pesar. Siempre lloro en las marchas, pero esta vez no era emoción, esta vez era de pura rabia. Rabia de tener que volver a una plaza a reclamar aquello que debería estar garantizado. Después de una vida entera de trabajo, esas personas tendrían que estar en otro lado. Pero están acá. Y acá permanecen. Frente a un Congreso enorme y acorazado, cada vez más ajeno.

Me sequé las lágrimas. Empezamos a marchar alrededor de la plaza, como si todos estuviéramos buscando algo. Los jubilados vuelven porque alguien decidió que podían soportar un poco más de frío. Un poco más de hambre. Un poco más de indiferencia. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

20.05.26. Marcha de jubilados en el Congreso. Foto: Sofía Cúntari

Me pregunto qué se ve desde las ventanas del palacio acorazado que seguimos llamando Congreso. Si alcanzan a escucharse los bastones golpeando el suelo, las voces cansadas a través del micrófono abierto, el ruido de una plaza que insiste por los derechos básicos, supuestamente inalienables. Me pregunto si alguna vez su corazón hace una pausa, suspendido al menos un segundo, al mirar abajo y reconocer, entre la multitud, acaso la edad de sus propios padres. <https://www.anred.org/wp-content/up...>

20.05.26. Marcha de jubilados en el Congreso. Foto: Sofía Cúntari

Y sin embargo.

Sin embargo cuesta creer que alguien pueda solo observar sin sentir que algo se rompe apenas en la garganta.


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