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Capítulo III: a contracorriente de las salmoneras
dimarts 21 d’abril de 2026, per
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (que en 2021 había votado en contra) aprobó la instalación de megafactorías salmoníferas. ¿Cuál es el impacto ambiental y social de la cría de esos peces hacinados en jaulas marinas? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con esta actividad? ¿Cómo actúa la política? Entre los pescados químicos y las posibles inversiones de Gran Bretaña: la dimensión geopolítica y la ocupación territorial agravada por esta industria.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Hay algunas especies de salmones que nadan a contracorriente. Nacen en el río, a los meses migran al mar y en el último tramo de su vida vuelven al lugar exacto de su nacimiento, como si tuviesen un GPS interno. En ese agua más calma, sin tantos predadores, se reproducen y mueren.
Hay algunas especies humanas que también nadan a contracorriente. Y que, entre tantas otras luchas, se organizan para evitar la instalación de la industria salmonera en Tierra del Fuego, Antártida y las Islas del Atlántico Sur.
Una lucha que lleva muchos años y continúa: en 2021 se había aprobado la Ley 1355 que protegía a todos los espejos de agua de la provincia y regulaba la producción artesanal de salmónidos, pero en diciembre de 2025 la Legislatura habilitó la salmonicultura en el mar, lagos, lagunas, cursos de ríos y arroyos.
Como una de las tantas respuestas y actividades, se organizó el primer encuentro provincial por el ambiente y el territorio del que fue parte MU: un campamento en la base del cerro Jeujepén, lugar paradisíaco de la ciudad de Tolhuin, en tierras ancestrales del pueblo originario Selknam.
“Hay un desmoronamiento tan grande en la sociedad que luchar por las salmoneras se hace complejo, la gente está muy sufriente –dice Nancy Fernández, de la organización Mane’ kenk–. Estar acá es un despertar, nuestra responsabilidad es construir espacios como este, donde se sostenga la vida”.
Todo Negativo
En el encuentro del que participan vecinas y vecinos de Ushuaia, Tolhuin y Río Grande, hay grupos de trabajo con diversos ejes temáticos: cantera y minería, hidrocarburos, extractivismo urbano, soberanía alimentaria y, claro, salmoneras. La salmonicultura es una rama de la acuicultura dedicada a la cría, engorde y procesamiento intensivo de salmones en espejos de agua, mayoritariamente en jaulas flotantes en el mar. Noruega es el principal productor mundial y Chile el segundo.
El movimiento ambiental fueguino sabe lo que pasa en el país vecino y no quiere saber nada con el desembarco de esta explotación en aguas nacionales. A principios de 2018, funcionarios noruegos se reunieron con la entonces gobernadora provincial, Rosana Bertone (Partido Justicialista), para avanzar en un plan de desarrollo acuícola, punto de partida para la creación del colectivo No a las salmoneras, integrado por distintas organizaciones y personas. Carla Wichmann vive en Ushuaia, es parte de la Comunidad Costera y fue una de las organizadoras del campamento. Resume con voz firme: “Cuando hablamos de megafactorías de salmón nos referimos a peces hacinados, contaminación, destrucción del fondo marino, muerte y enfermedades de trabajadores, alteración de las redes tróficas, masacre a lobos marinos y muchas especies, entre otras consecuencias”.
Alejandro Fábrega fue secretario de pesca dos años y medio en el gobierno de Bertone, hasta que mostró su desacuerdo con la salmonicultura: “Llegué de vacaciones y no tenía ni escritorio”, recuerda el costo del NO. “Me opuse como fueguino porque no acepto que destruyan mi lugar y como ingeniero pesquero por ser un proyecto inviable”. Hace zoom en la sostenibilidad: “Deben estar equilibradas la pata económica, social y ambiental, no se puede pensar solo en la balanza comercial porque hay externalidades en las otras dos partes. Tengo una visión productiva e industrial, pero no así”.
En las aguas fueguinas vive la trucha y no el salmónido más requerido mundialmente –el Salmón del Atlántico (Salmo salar)–, se lo traerá para criarlo intensivamente dentro de jaulas y en dos etapas: la primera en agua dulce hasta alcanzar un tamaño “small”; luego en agua salada, donde aumentan el metabolismo. “Las empresas –dice Alejandro– los alimentan para llegar lo más rápido posible a un tamaño de sacrificio”.
Los salmones se venden sobre todo a mercados europeos y asiáticos (aunque el mayor comprador de Chile es Estados Unidos) y quienes defienden la salmonicultura se amparan en el ingreso de divisas. Alejandro habla mientras mueve las manos, como si también quisieran decir. “Solo aumentan la ganancia empresarial. No crea muchas fuentes de empleo porque la producción está automatizada. La teoría del derrame no derrama nada bueno. Es todo negativo en la industria, no tiene gollete, salvo para un par de empresarios que se la llevan toda”. https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...>
En la portada y en esta imagen, el colectivo No a las salmoneras en el primer campamento en la base del cerro Jeujepén, tierra ancestral de los Selknam: «El salmón es un pescado químico que representa un peligro para el ser humano»}. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org Contaminación a gran escala
La creación del colectivo No a las salmoneras además de frenar el coqueteo de Bertone con Noruega en 2018, ejerció una presión social mediante denuncias y actividades de concientización que tres años después logró la sanción de la ley provincial 1355: prohibición de la salmonicultura en agua y regulación de la producción artesanal en tierra hasta 50 toneladas. La Legislatura la aprobó por unanimidad.
Carla Wichmann cree que la manera más didáctica para explicar los daños es con el concepto de escala, que puede aplicarse a cualquier tipo de producción como la megaminería, el agronegocio, el desarrollo inmobiliario. “Cuando se produce de manera intensiva genera un desequilibrio. En el caso de las salmoneras, la acumulación de miles de peces hacinados. No es lo mismo el impacto de la pesca artesanal, acompañada por políticas públicas que la fomenten e inserten a ese pez en el circuito alimenticio de una población. Nosotros no comemos peces de acá, en Ushuaia tenemos dos pescaderías y traen los productos de Mar del Plata. Es un delirio”.
La escala se ve también en el uso de antibióticos, porque los peces hacinados se enferman y deben ser sobremedicados. Según la organización Oceana, en 2024 Chile produjo 1.035.307 toneladas de salmón y usó 351,1 toneladas de antibióticos, un 10,8% más que en 2023. La situación se empeora por la pila de desechos orgánicos de los salmones: la materia fecal y los cuerpos de los peces que mueren. “Todo se acumula en el fondo marino y lo destruye. La materia en descomposición genera pérdida de oxígeno y modifica los parámetros del agua y de todo el hábitat, entonces las especies que viven ahí también mueren”, describe Carla.
Explica además que las jaulas se colocan a una profundidad de 80 metros y se agrupan entre seis y diez por espejo de agua. “Son un tenedor libre para especies como los lobos marinos, las orcas u otros mamíferos que van hacia las jaulas. Si las rompen, son miles de salmones que escapan desesperados y arrasan con todo, devoran langostillas, centollas y alteran las cadenas tróficas. Ese alimento que era de otras especies deja de estar disponible y empiezan a morir”. Suma otro problema: “¿Cómo evitan los empresarios que los animales destruyan las jaulas? Contratan cazadores y los matan. Así de simple”.
Sin grietas
¿Qué cambió entre 2021 y 2025 para que la aprobación por unanimidad de la Legislatura vire en la habilitación en aguas provinciales? “En términos de fundamentos técnicos, jurídicos, socioambientales no pasó nada nuevo –señala Carla–. Nuestra Constitución y la Ley General de Ambiente establecen principios de no regresividad en materia ambiental, esta modificación es una violación y es inconstitucional”. Asegura que el cambio obedece a presiones del Ejecutivo nacional al provincial e intromisiones “obscenas” del gobernador en la Legislatura. Hace un paralelismo: “Lo que pasó con Salmoneras es similar a la intervención del puerto de Ushuaia”.
Para entender el derrotero hay que situarse primero en 2024, cuando los legisladores Agustín Coto y Natalia Gracianía (La Libertad Avanza) presentaron un proyecto de ley para modificar la 1355, manteniendo la prohibición en el agua y permitiendo la producción en tierra pero sin el tope de 50 toneladas. A inicios de 2025 empezó a rumorearse que el gobernador Gustavo Melella presentaría su propio proyecto, que viró a realidad en la primera reunión de la Comisión 3 (Recursos Naturales) para tratar el proyecto libertario. El subsecretario de Pesca, Diego Marcioni, pidió la palabra para hacer unos aportes, pero lo que leyó fue un proyecto que directamente habilitaba la salmonicultura en el agua. Recuerda Carla: “Ahí empezó el revuelo, estaban queriéndolo meter por abajo, sin tener estado parlamentario y contra todo reglamento. Fue obsceno”.
El revuelo instó a un cuarto intermedio y el llamado a una segunda reunión de comisión, donde el Ejecutivo presentó su proyecto prometiendo la creación de puestos de trabajo en un contexto de cierre de fábricas y despidos. Se convocó a una tercera, ya en agosto, donde tras horas de debate la presidenta de la comisión, María Laura Colazo del Partido Verde, levantó la sesión pasando a un cuarto intermedio. Carla Wichmann cambia el tono de voz y la envuelve la furia: “Se fueron los pueblos originarios, las organizaciones, los periodistas, todo el mundo, pero se quedaron cuatro legisladores: Agustín Coto (La Libertad Avanza), Gisela dos Santos (Sumemos Tolhuin), Carlos Pino (PJ) y Myriam Martínez (Forja, el partido de gobierno), levantaron unilateralmente el cuarto intermedio a espaldas del pueblo y sacaron un dictamen de minoría que habilitó el tratamiento del proyecto del ejecutivo. Fue inmundo”.
Entre agosto y el 15 de diciembre, fecha en que se votó la modificación de la ley, sucedieron algunos hitos:
–María Laura Colazo renunció a la presidencia de su comisión denunciando una “maniobra irregular” en el tratamiento del proyecto de ley. A Colazo se la contactó para esta nota y no respondió la solicitud.
–La Legislatura convocó para el 19 de noviembre a una primera sesión, pero se suspendió con el argumento de que las y los trabajadores legislativos estaban de paro, lo que fue desmentido por el propio gremio.
–La legislatura convocó a sesión para el 11 de diciembre, pero la suspendieron a menos de 24 horas.
–Hasta esas horas el legislador Matías Lapadula (presidente del bloque de Provincia Grande) se mantuvo en la postura que lo había acompañado históricamente: “Ya decidimos en Tierra del Fuego que esto no es lo que queremos”. El 15 de diciembre de 2025, la Legislatura aprobó la modificación de la ley 1355 con 8 votos a favor y 7 en contra. Matías Lapadula votó a favor.
A Lapadula se le pidió una entrevista y tampoco respondió.
Carla Wichmann sí respondió: “Melella metió mucha presión para que se vote, igual que Milei le metió a él. A partir de la aprobación, Nación le empezó a girar plata (adelanto de coparticipación, hasta entonces negado). Todo el proceso fue un asco”. https://lavaca.org/wp-content/uploa... <https://lavaca.org/wp-content/uploa...> Foto: Juan Valeiro
La mirada oficialista
Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, habló sobre este tema en la entrevista con MU:
¿Qué cambió para que en 2021 se votara contra la extracción del salmón en el agua y ahora la habiliten en zonas específicas?
Hay lugares en los que no se permite, como el Canal de Beagle. Tanto en mar o en tierra podés tener sistemas más resguardados. Respeto a quien levanta el lema “no a las salmoneras” pero con cuidado podés hacer una producción sustentable. Si se me caen 5.000 puestos de trabajo, tengo que generar empleo resguardando el ambiente.
¿Cómo lo resguardarán?
Pasa lo mismo con el Canal de Beagle y los cruceros y catamaranes bonitos que van y vienen todos los días. Si uno tiene un derrame eso impacta también.
Hay ejemplos de acá enfrente nomás, en Chile, donde las salmoneras destruyeron todo.
Por hacer mal las cosas. Además la tecnología cambió muchísimo.
¿Cómo van a hacer bien las cosas?
Con nuestro control y de especialistas externos. Si vos tenés normas claras lo podés hacer y la ley tiene muchos resguardos. Sé que esto al ambientalista le duele. Yo también quiero al ambiente, no quiero destruir a mi provincia.
Hay lugares que se destruyeron, hay pruebas concretas.
Pero hay pruebas de que no. El problema aparece cuando no tenés control ni una política pública clara. Cuando nosotros ganamos las elecciones dijimos que no queríamos solo administrar el salario de los estatales como sucedía y para eso necesitamos generar empleo. La acuicultura está dentro de un plan de desarrollo. Sé que en algunos lugares se hicieron mal las cosas y nosotros tenemos que hacerlas bien.
Uno de los legisladores que en 2021 votó a favor de la ley 1355 y ahora levantó la mano para modificarla se llama Federico Greve y es del bloque oficialista. “Voté la ley en 2021 por la afección al medio ambiente que veíamos en Chile. La modificación que hicimos cuenta con un montón de garantías ambientales. Para hacer cualquier inversión habrá que hacer primero un estudio de impacto ambiental y ahí se determinará si puede hacerse o no”.
¿Hubo presión de empresarios para modificar la ley, como es el caso de la empresa Newsan (grupo económico líder en la fabricación de electrodomésticos y la exportación de pesca)?
Sí, hubo empresarios que tenían intenciones de que se avance en esto, pero nosotros no la votamos por lo que dijera una empresa, sino por conciencia de ampliar la matriz productiva, para cobrar regalías y ser parte del negocio, como en el petróleo y el gas. Dame un 1%, no me importa ser un monstruo, pero dame un 1%.
¿Por qué solo uno por ciento? Casi nada le queda a la provincia.
El 1% de nada es nada, pero el 1% de un montón de plata, es un montón de plata.
Salmones de sangre
La afección al ambiente en Chile a la que hacía referencia Federico Greve tiene diversas aristas.
En la pata comercial/económica, además de ser el segundo productor a nivel mundial, el salmón es el producto de exportación más importante después del cobre. En 2025 la mega industria superó por tercer año consecutivo el millón de toneladas anuales, valuadas en más de 6.500 millones de dólares. La producción chilena representa el 40% de la oferta global de salmónidos.
De la pata humana habla Juan Carlos Cárdenas, veterinario y director del Centro Ecoceanos, organización que desde 2007 documenta la barbarie. “Chile tiene el récord mundial de muertes en la industria salmonera y la mayor tasa de accidentabilidad global”, dice y lo sostienen sus registros: desde 2013 murieron 90 personas. El promedio anual, hasta empezar 2026, era de siete trabajadores fallecidos en centros de cultivo, plantas procesadoras y transporte marítimo. “Solo en enero de este año murieron siete personas”. Cita a la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante (Directemar) dependiente de la marina chilena: “Entre 2004 y 2022 hubo 245 accidentes de buceo en salmoneras, con 44 trabajadores muertos. En Noruega, el primer productor mundial, fallecieron 3 personas en los últimos 34 años”.
Sentencia: “Quienes comen salmón chileno no imaginan cuánta sangre humana lleva”.
Juan Carlos explica las causas: “Una filosofía empresarial salvaje. Un billonario sector caracterizado por altas tasas de subcontratación y precaria seguridad laboral, que se suma el débil control y monitoreo estatal”. El 40% de los trabajadores son contratados por empresas subcontratistas bajo regímenes precarios y temporales, que impiden su sindicalización y defensa colectiva. Por si faltara más: “La industria del salmón en Chile presenta las jornadas laborales más extensas y los salarios más bajos a nivel global. Producto de la tecnologización, en la patagonia chilena fueron despedidos entre 2024 y 2025 más de 1.500 trabajadores”.
¿Qué se le viene a Argentina? Las inversiones en Chile vienen de Noruega, Dinamarca, Alemania, Japón, China, Estados Unidos y ahora se incorporará Israel. “En Argentina pasará lo mismo y se dice que habrá también inversiones del Reino Unido. Esto le da una dimensión geopolítica a la expansión de la industria, que no solo es producción de salmones: es un mega proyecto geopolítico de ocupación territorial, uso de recursos, eliminación de comunidades y asentamiento productivo de países con aspiraciones antárticas”.
De la pata ambiental, también habla con
MU
Leticia Caro Kogler, de la comunidad originaria kawésqar. Vive en la patagonia chilena, en la zona de Magallanes, “donde la industria salmonera creció desreguladamente, con altas contaminaciones, mortandades, uso excesivo de antibióticos y operando solapadamente con la política”. Subraya: “Acá existe un estado salmonero que hace lo que quiere”.
Leticia cuenta que antes de 2003, cuando se instaló con mayor voracidad la industria, su territorio era “un paraíso inimaginable, con mucho sustento en el mar y especies nativas”. Ahora sus ojos ven “la merma de todo”, desde la flora y la fauna hasta los de puestos de pescados frescos, además de la contaminación de canales y fiordos, y la del mismísimo salmón, “un pescado químico que representa un peligro para el ser humano”. Sobre la creación de empleo: “Los únicos beneficiados son las trasnacionales y los grandes empresarios. Hay siete familias que manejan las riquezas del mar y se escudan en la generación de un trabajo que no es tal. Usan poca mano de obra, la industria está migrando a una independencia tecnológica”.
Habla calma Leticia, como si no dijera lo que dice. Como si no sintiera lo que siente: “Los beneficios no existen. Por eso la ley que evitaba en Tierra del Fuego la salmonicultura representó un triunfo de la humanidad y la reciente modificación un retroceso”. Habla dulce, Leticia, con una esperanza que le sale de algún lado, bien profundo: “Sé que hoy los gobiernos que tenemos en ambos países lo hacen un poco más difícil, pero es posible evitar que ingresen. Argentina todavía tiene esa posibilidad: no pueden entrar, no deben poner esas jaulas porque la destrucción será total. Cuando se instala la salmonicultura no se detiene, es un cáncer, un parásito que degrada todo”.
(Publicada en la revista MU 212, abril 2026)
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Veure en línia : https://lavaca.org/mu-en-tierra-del...